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Continuación.

“…que ni a Manuel ni a su padre Juan fueran molestados, que habían prestado servicios de consideración a la causa que defendían ellos…”

Juan a la edad de 54 años, 1870

1859 fue significativo en la vida de Juan Castañeda. Fue el año en que nació el primer hijo de su segundo matrimonio y en que vivió la aventura que lo llevó a participar, así fuera indirectamente, en la Guerra de Reforma después que Marcelo Popoca, su tío, erróneamente le informara que su hijo Manuel había fallecido en Temascaltepec.

Para saber más sobre Marcelo Popoca busqué datos extra sobre él en las actas eclesiásticas y los registros civiles de Zacualpan, pero sin éxito. En ambas entidades hay libros de registros faltantes.

La familia Popoca Sáez fue muy extensa. Tuvo varios hijos, de los cuales la mayoría falleció a temprana edad. Entre los que sobrevivieron estuvo Marcelo. José Manuel Popoca y María Ignacia Josefa Sáez fueron abuelos maternos de Juan Castañeda, quien tuvo una relación cercana con su tío Marcelo.

Deduzco que Marcelo era mayor que Juan, a quien seguramente Marcelo contaba cuentos e historias si Juan estaba en casa de sus abuelos o cuando Marcelo visitaba a su hermana María Antonia Josefa Popoca, madre de Juan. Supongo también que entre ellos hubo un trato frecuente a lo largo de su vida. Cuando ambos fueron adultos, coincidían en la plaza de Zacualpan. Sabemos que instalaban sus puestos uno al lado del otro.

En muchos casos, cuando niños, escuchamos historias que nos impresionan y en lugar de “entrar por un oído y salir por el otro”, se atoran en nuestra memoria para siempre. Considero que esto ocurrió con uno de los relatos que Marcelo contó a Juan, quien al final de su manuscrito, escribe tres párrafos con el sabor de los recuerdos de un tío a quien conoció durante su vida y admiró entre las buenas y las malas.

Lo que Juan describe se refiere a la participación de su tío Marcelo en un episodio de la lucha de Pedro Ascencio Alquisiras (1778-1821), guerrillero de sangre indígena pura[1]. Aunque lo más probable es que mezcle dos momentos diferentes de la larga lucha por la Independencia. Uno, donde intervino Filisola, ocurrido hacia 1812, y el segundo, donde el protagonista fue Ascencio, hacia 1820.

La narración de Juan comienza con una frase que probablemente dijo el comandante Vicente Filisola[2] a Marcelo Popoca. Las palabras anteriores que debieron explicarnos esto no existen porque el pliego original del manuscrito subsiste roto. Se perdió la parte superior de la hoja que contiene esta historia, de tal forma que faltan las dos primeras líneas del texto:

—Quedarás agregado a mi fuerza.

A los dos ó tres días se supo en Coatepec que en la Goleta, había sido derrotada la fuerza del Gobierno nombrada regimiento de Santo Domingo; y con tal noticia el comandante Filisola emprendió su marcha para el sur con su tropa, y con ella, mi tío Marcelo de clarín; que llegaron a un punto al pie de la Goleta en donde encontraron una numerosa y horrorosa osamenta de cadáveres humanos, como de caballo de los primeros.

Había muchos [cadáveres] enteros porque las aves carnívoras no daban basto a comerlos; pues supieron por algunos de los que escaparon que de los quinientos que eran, solo trece habían salido de los que iban en lo último, a retaguardia; y por algunos de estos supieron que don Pedro Ascencio los fue llamando, hasta llevarlos a una cuesta o barranco para subir al plan o cima de la Goleta.

Y habiendo la fuerza del Gobierno tomado el camino, que era un callejón cerrado, y barranca por encima y por abajo, Ascencio con treinta indios comenzó a rodarles piedras. Como el camino estaba cerrado, comenzaban a matar desde los primeros hasta los últimos. Que en esa acción se hizo don Pedro de muchas armas, y qué a él le mataron dos hombres, que esto se supo porque encontraron dos sepulturas en donde estaban las piedras que echaron a rodar: y que ellos no corrieron la suerte que los de Santo Domingo porque a los insurgentes les llamaron la atención por otra entrada que entonces la Goleta tenía, pues entonces solo por las entradas se subía a ese punto, y que estando ya encima las dos fuerzas del Gobierno no vieron ya a nadie, pues dizque ese cerro tiene encima grandes planes montuosos y muchas barrancas.

La amplia ayuda que hemos recibido de la familia Castañeda, así como de amigos y conocidos, para recopilar información genealógica la hemos integrado mi primo Rafael Rodríguez Castañeda y yo, quienes hemos buscado, además, la mayor información histórica posible para poner en contexto el devenir de nuestra rama familiar Castañeda.

Hace dos años Rafael me envió la copia digitalizada de un testamento escrito en mayo de 1870. El testamento, dictado por Marcelo Popoca, consideró entre sus legatarios a Juan Castañeda, y es precisamente en la etapa de que se ocupa este capítulo cuando resulta propio y oportuno mencionarlo. Aunque Juan no habla de esto en su manuscrito, nos ilustra sobre la trama familiar en que ambos se desenvolvieron.

Quise saber más sobre este documento y pregunté a Rafael los detalles pertinentes. Como en muchos casos, más que responder, Rafael hizo una presentación completa y transcribió el testamento que ahora conserva. Presento el texto resultante, que hace referencia a Juan Castañeda:

Marcelo Popoca Sáez no sabía escribir. No obstante, cuando sintió próxima su muerte, dispuso la repartición de su patrimonio en un pliego testamentario elaborado con elegancia y esmero profesionales por don Hipólito Patiño, quien firmó al calce de este documento “por sí y por el testador”. Otras seis personas también lo firmaron como testigos.

¿Cómo y en manos de quién fue posible que se conservara durante tanto tiempo? No lo sabemos, pero podemos suponerlo: la primera persona en tenerlo fue Sotera Popoca Soria, única hija superviviente de Marcelo, la albacea, quien recibió la mayor parte de la herencia.

De Sotera Popoca, el pliego pasó como mero recuerdo a manos de su hija, Margarita Porcayo Popoca (1859-193#), nieta de Marcelo. Fue Margarita quien lo llevó consigo entre su menaje de Zacualpan, Edo. De México a Pachuca, Hidalgo y durante varias mudanzas, hasta que lo depositó con otros documentos en un ropero, en la casa que adquirió para ella su hijo Austreberto, y que fue su última morada. Cuando murió, sus pertenencias las conservó Rosario Castañeda Porcayo, Rosita (1891-1975), su hija.

Tocó a Miguel Rodríguez Castañeda revisar el legado documental de su tía Rosita. Entre cartas, fotografías y otros recuerdos, en un sobre común encontró el testamento que dictó su retatarabuelo más de cien años atrás. Con enorme generosidad, Miguel entregó el testamento a Rafael, su hermano.

Descripción del documento.  La subsistencia de este documento, 145 años después de la fecha en que fue escrito, es un portento. Se trata de un frágil pliego de 44 por 32.5 cm de un papel parecido al que hoy llamamos de China, doblado por la mitad, de manera que resultaran cuatro caras, de las cuales el redactor o amanuense utilizó tres. El texto fue manuscrito a tinta. Las páginas 1 y 2 ocupan el anverso y reverso de la primera mitad, y la página 3 una cara del otro medio pliego.

Notas sobre esta transcripción.  El siguiente texto respeta puntualmente la grafía del manuscrito original: carencia de puntuación, acentos en desuso sobre palabras monosílabas, así como faltas ortográficas.

Los números fuera del margen no aparecen en el original; indican el contenido de cada una de las tres caras escritas en el pliego.

RRC

Gracias al envío del Testamento de Marcelo Popoca Sáez digitalizado por Rafael Rodríguez Castañeda, lo adjunto forma PDF  y Words.

Testamento Marcelo Popoca Sáez PDF

Testamento Marcelo Popoca Sáez Words

Testamento

1. En el nombre de Dios todopoderoso, uno en esencia y trino en personas. Yo Marcelo Popoca natural y vecino de este Mineral hijo legítimo de Don José Manuel Popoca y de María Ignacia Josefa Saez difuntos, naturales de Coatepec Harinas, hallandome enfermo en cama de la enfermedad que Dios nuestro Señor se ha servido enviarme, pero en mi entero juicio y cabal memoria; creyendo, como firmemente creo, todos los misterios de nuestra santa fé católica, en cuya fé y creencia quiero y protesto vivir y morir, y esperando en que la Divina misericordia me perdonará mis culpas y pecados por la intersesión de María Santísima Nuestra Señora, á cuyo patrocinio me acojo, para que con el Santo Angel de mi guarda, santo de mi nombre y demas santos de mi devoción me amparen y favorescan en el trance de mi muerte; hago, otorgo y ordeno este mi testamento en la forma siguiente:

Primeramente encomiendo mi alma a Dios, que la crió de la nada y mi cuerpo á la tierra de que fue formado.

Que su entierro se verifique sin pompa alguna.

Que fue casado de primeras nupcias con María Soria natural de este Mineral y ya difunta, que ningún capital poseían ambos al tiempo de su enlace.

Que en nuestro matrimonio tubimos nueve hijos en el orden siguiente: Rafael, María, Víctor, Francisca, Cresencio, Epigmenia, Secundina, Zeferina, Juan ya difuntos y Sotera

Que Don Sabino Hernandez de Pilcalla me es deudor de siete pesos y medio

2. saldo de la cera labrada que le dí quedando ya pagado de dos pesos que yo le debía á dicho Sr. de una poca de azúcar y las demas personas que constan en la adjunta lista y que forman un total de treinta y seis pesos veinticinco cent: advirtiendo que de los doce pesos que adeuda Hilario Hernandez se deben dar seis en el orden siguiente: tres a Pedro Reynoso y tres a Juan Castañeda. Que sus intereces consisten en la casa de su habitacion que posee sin gravamen alguno, en un caballo colorado ensillado y enfrenado, de cuyos objetos deja las constancias necesarias a su albacea.

Que de todo lo que forman mis intereses ya dichos declaro por mi única heredera á mi hija Sotera Popoca.

Que nombro por testamentaria, albacea y ejecutora de mi testamento á mi referida hija Sotera e insólidum le doy la de mi poder cumplido, cuanto en derecho se requiere para que pueda entrar y entre en todos mis bienes y los venda y remate en pública almoneda ó fuera de ella segun le paresca conveniente, para que cumpla mis disposiciones dentro del término legal ó el mas tiempo que necesite, pues al efecto se los prorrogo y le doy facultad para que pueda sustituir sus oficios y subrogar otros en su lugar que lo lleven á debida ejecución, a los cuales doy por nombrados, y les concedo la misma facultad y potestad que á la espresada.

Y por el presente, revoco y anulo cualquiera protestamento o testamentos, codicilo o codicilos que

3. yo haya hecho y otorgado, para que no valgan ni tengan efecto alguno en juicio ó fuera de él, ahora ni en tiempo alguno que paresca y sea mostrado, aunque tenga clausulas derogatorias, y palabras particulares de que haya que hacer especial mension, de las que al presente no me acuerdo y doy por espresadas literalmente; y quiero y mando que el presente se cumpla y ejecute como mi última y deliberada voluntad, en la forma y modo que mejor lugar haya en derecho. Así lo otorgo firmando por mí por no saberlo hacer uno de los testigos presentes.

Zacualpan, Mayo 6 de 1870

Por sí y por el testador

Hipólito Patiño Mariano Chimalpopoca

José D Uribe Antonino Sotelo

Miguel Ocampo Jesús Ocampo

Melesio Ocampo

Juan a los 57 años de edad

Aparte de sus maneras de ser, las cuales todas fueron positivas, Juan fue una persona de alta inteligencia. Esta capacidad se demuestra párrafo por párrafo a través de su manuscrito en como deshebra la vida positivamente, siempre sin sentirse víctima.

Saber que uno mantiene un alto nivel de inteligencia causa orgullo personal. Este sentimiento es evidente cuando Juan nos relata los siguientes episodios que ocurrieron durante la época que su hijo Gonzalo empieza sus estudios.

Antes de hablar de Gonzalo, Juan nos narra cómo él mismo fue ganador de un premio de doce pesos que le brindaron sus conocimientos de aritmética, seguramente cuando era niño o adolescente.

Los signos de añadir y substraer fueron introducidos por el alemán Johann Widman en el siglo XV. Según Juan, aun no se los habían enseñado para el siglo XIX cuando un comisionado del Honorable Ayuntamiento de Zacualpan puso Juan a sumar, restar, multiplicar y partir (dividir). El resultante de esta prueba o concurso fue el premio de doce pesos.

Juan no menciona el año en que incrementó sus posesiones con tal cantidad, pero si suponemos que fue durante su adolescencia, entonces el hecho debió ocurrir alrededor de 1830. En sí misma, la cantidad de doce pesos habrá sido una buena suma.

En otro caso, cuando Juan era niño, tuvo un compañero de escuela llamado Francisco Ramírez con quien seguramente lo mismo jugaba que se peleaba.

Aunque Juan ganaba las peleas, no le gustaban tales enfrentamientos porque su padre lo castigaba por ser pendenciero, sin que importara si había ganado o perdido un pleito.

Un viernes en que convivían en buenos términos, decidieron irse de pinta (absentismo escolar) para no tener que dar cuenta por oraciones y la doctrina de Ripalda[3]. Nunca sabían los artículos de la fe, “las bienaventuranzas ni la doctrina”; el maestro los amolaba y le tenían miedo.

Para no ser detectados, se metieron a un bosque donde se encontraron con una grande culebra. Pensando que era castigo del Dios por haberse servido una libertad no autorizada, volvieron inmediatamente a la escuela. Al regresar, el maestro ya enojado porque nadie sabia la lección y ellos tampoco, los azotó como a bestias de carga.

Al final de ese relato, Juan afirma algo que permanece vigente hasta este día con mucha verdad.

Casi en todas las escuelas me pasaba lo mismo porque no sabían los maestros enseñar ni los discípulos aprender”.

“[Gonzalo] era muy travieso y llorón”. Tal es la primera aseveración de Juan sobre su hijo Gonzalo, quien llegaría a ser un gran médico en la historia de México.

Corría 1873. Gonzalo tenía cinco años. Era, por tanto, muy chico para la escuela, pero con tal de que no los molestara en casa, Juan decidió mandarlo al colegio con Bernardino, su hermano mayor, quien para este tiempo tenía catorce años de edad.

Juan y Gabina solamente tuvieron dos o tres días de descanso, porque el preceptor Miguel Ocampo lo regresó con un recado: con sus travesuras, Gonzalo le quitaba el tiempo y debido a su tierna edad no se le podía dar castigo corporal.

Pasó el tiempo y llegó el momento en que fue enviado a la escuela. Gabina avisó a Juan que Gonzalo no quería ir.

Con lágrimas en los ojos de Gonzalo, Juan lo tomó de un brazo:

—¡Marche para la escuela!

Juan lo llevaba, Gonzalo se escapaba y Juan lo regresaba. Después de ofrecerle un tlaco y otros estímulos, Gonzalo perdió el miedo y atendió a sus clases.

El mundo de la educación se abrió y Gonzalo corrió con ella tan aceleradamente que su maestro lo nombró su caballo de batalla porque le ayudaba a enseñar. Era también el niño a quien comisionaba para tomar la palabra en nombre de los alumnos para saludar a las autoridades políticas y educativas que visitaban la escuela.

Una vez en un discurso que pronunció Gonzalo, dijo al gobernador: “Ojala, señor, que usted tuviera a bien darme un lugar en el Instituto Literario”. Pero como en muchos casos, palabras caen en oídos que nunca oyen.

El gobernador habrá tenido audiencia selectiva, pero Gonzalo no consideró ese detalle de manera que siguió adelante, calificando bien en sus exámenes, los cuales le generaban carpetas con moños y monedas de plata.

Un día Juan y Gabina recibieron la sorpresa de una visita del alcalde, don Jesús Lechuga, y de un regidor. Juan se preguntó, a qué se debía tal visita.

En representación del Ayuntamiento, los visitantes expresaron con agrado la razón de su visita. Iban a felicitarlos por el adelanto de Gonzalo en la escuela, así como la expectativa de quienes lo examinaron de que en el futuro siguiera aplicándose con el mismo entusiasmo.

Juan se sobrepuso a la emoción que le anudó la garganta y les dio las gracias por el honor que les hacían a Gabina y a él.

“Dios quisiera que mi joven siguiera con el empeño que hasta entonces tenía —reflexionó Juan—, y que acaso llegaría el día que fuera útil no solo a sus padres, si no a su patria, y por fin, a la sociedad”. La realidad es que sus fervientes deseos se realizaron: Gonzalo llegó a ser una eminencia en la Medicina, satisfizo a sus padres, honró a su patria y benefició a la sociedad.

Don Mariano Sotelo no sólo era preceptor de la escuela municipal; también promovía la participación de los alumnos en actividades teatrales. Representaban comedias y sainetes, y Gonzalo era el actor preferido para los papeles principales. De estas pequeñas obras de teatro escolares, Juan menciona dos.

En una de sus actuaciones, asignaron a Gonzalo el papel de un amante que gritaba con enfado el nombre de su novia, y ella el de él. Juan abandonó la representación porque consideró inmoral el sainete, impropio para un niño de nueve años de edad. Este episodio debió ocurrir en 1877.

En otra ocasión en que Gonzalo debía actuar, todo su vestuario estaba listo, menos los zapatos, porque el zapatero no cumplió.

La víspera de la representación, en medio de su angustia y su llanto, Gonzalo pidió a Juan que fuera a casa de su compadre don Zenón porque sabía que Lolita, la hija de Zenón, tenía dos pares de zapatos, uno de los cuales le venían bien.

En casa del compadre Juan sólo encontró a Lolita, se entendió con ella y el asunto quedó arreglado.

Quienes presenciaron aquel número aplaudieron la actuación de Gonzalo, particularmente su habilidad para bailar, de tal manera que cuando Gabina, Bernardino y Gonzalo iban a un baile, los asistentes le pedían a Gonzalo que bailara el jarabe, pues lo hacia muy bien, especialmente con Lolita Suárez.

Sin cesar, Gonzalo buscaba la forma de continuar sus estudios. A pesar de las estrecheces de la familia, esa inquietud se la planteaba a su padre, a quien le revelaba sus deseos mediante interrogatorios cuya intención Juan entendía claramente. Las siguientes preguntas, según mis cálculos, procedían por lo menos de un muchacho de catorce años de edad. Juan tenía entonces sesenta y seis. El año era 1882.

—¿Cuánto es lo que se paga en un colegio porque entre uno a estudiar?, ¿qué pasos se dan para entrar en un colegio? ¿Cuánto se pagará en un navío por ir a Francia o a España o a otra parte que vaya uno en un navío?

Juan respondió:

—En los colegios que paga el Gobierno no se paga nada y se enseña; pero estos necesitan de tener proporción para poder sus padres subsistir en México, y si sus padres viven fuera, necesitan tener para mantenerlos y vestirlos.

Juan agregó, considerando su pobreza:

—Que casi nunca es el que remiten el de más aplicación e inteligencia tiene, sino el hijo del Alcalde, del más rico o del de más influencia, aunque éste, por quien dan su voto, sea un burro. [Así proceden], menospreciando al pobre aunque, sea más adelantado e inteligente que los demás.

Juan ignoraba el costo de un pasaje a España, Francia e Inglaterra, pero explicó a su hijo que la situación económica del pasajero dictaba su comodidad durante el viaje y que el pobre comía los desperdicios que el rico dejaba.

Las ambiciones de Gonzalo por avanzar escolarmente eran grandes y a Juan lo mortificaban. Carecía de los medios. Lo único que si podía hacer, era pedirle a su Dios.

Con grandes esfuerzos y con la ayuda de familiares, Gonzalo llegó a Cuernavaca para avanzar en sus estudios en plena adolescencia. Hubo un momento en que allí se reunieron Juan y dos de sus hijos, Bernardino y Gonzalo. Ese momento quedó capturado en la siguiente fotografía, que conocemos gracias a la gentileza de Claudia Infante Castañeda, nieta del Dr. Gonzalo Castañeda.

De izq. a der., Bernardino Castañeda Escobar, Juan Francisco Castañeda Popoca y Gonzalo Castañeda Escobar. Foto gracias a la generosidad de Claudia Infante Castañeda, nieta del Dr. Gonzalo Castañeda Escobar

Más de medio siglo después, el 28 de enero de 1941, el doctor Gonzalo Castañeda explicó en una carta dirigida al Sr. Rodolfo González Hurtado algunos detalles acerca de su niñez.

Continuara…

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición Rafael Rodríguez Castañeda


[1]. http://guerrero.gob.mx/articulos/alquisiras-pedro-ascencio/

[2]. Vicente Filisola. (Riveli, Nápoles, 1785-México, 1850) Militar mexicano de origen napolitano. Luchó en el ejército realista contra los insurgentes. Es probable que el episodio que narra Juan Castañeda haya ocurrido hacia septiembre de 1812 en las inmediaciones de Sultepec, Amatepec, Tejupilco, Temascaltepec e Ixtapan de la Sal. V. Gaceta del gobierno de México, Volumen 4. Ed. Imp. de Arizpe. Original de la Universidad Complutense de Madrid digitalizado en enero de 2009. (Gaceta del Gobierno de México del sábado 31 de octubre de 1812. Tomo iii. Núm. 309. pp 1143 y ss.)

https://books.google.com.mx/books?id=7W4OOxaCV5gC&pg=PA1147&lpg=PA1147&dq=comandante+filisola&source=bl&ots=SL8prHlK5P&sig=8ERuKnS-Mt1yiIW35wr5y7ympIw&hl=es&sa=X&ei=6kZuVdO8L8-OyATKoYKQCQ&ved=0CCgQ6AEwAg#v=onepage&q=comandante%20filisola&f=false

[3]. Jerónimo Martínez de Ripalda (Teruel, 1536 – Toledo, 1618) Jesuita español, autor de un famoso Catecismo (1618). Provista con las novedades del Concilio de Trento, la obra de Ripalda pasó a Hispanoamérica. Se tradujo a las lenguas indígenas. Del de Ripalda se hicieron traducciones cuando menos en náhuatl, otomí, tarasco, zapoteco y maya. (Fuente: Wikipedia).

Continúa.

Juan Castañeda quedó viudo a los 39 años…

Nota del autor:

Durante la elaboración de esta serie de artículos, una y otra vez me he referido al manuscrito de Juan Castañeda, fuente esencial para documentar su vida y escribir este ensayo biográfico. Debo aclarar que por un escrúpulo personal, salvo la cita de frases indispensables, me he abstenido de copiar literalmente el texto del manuscrito. Tanto mi investigación histórica como mi afán de difundir la biografía de don Juan están ajenas al propósito de ganar notoriedad o compensación monetaria. Mi interés fundamental ha sido conocer más sobre su vida. Para ello he buscado el contexto histórico y he intentado llenar las lagunas informativas entre los episodios que el propio manuscrito narra con fechas, nombres y acontecimientos que no solo aclaran, sino también ayudan a entender la fascinante vida de este ancestro mío, también ancestro común de cientos de descendientes. Conservo la íntima satisfacción de realizar este rescate. De no hacerlo, supongo que permanecería en las catacumbas de la oscuridad por muchos años adelante.

RCG

Una reliquia de Juan sin fecha precisa, ca. 1850-1855

En septiembre de 2011, en la ciudad de Pachuca, Hidalgo, México, los Castañeda celebramos una reunión a la que ha asistido el mayor número de familiares en la historia.

Durante este evento, Gonzalo Juan Infante Castañeda, bisnieto de don Juan Francisco presentó una reliquia de familia. El pequeño tesoro es un daguerrotipo de Juan Castañeda que se ha preservado durante más de siglo y medio en una cajita que mide aproximadamente 12 por 18 cm.

Daguerrotipo 1845-1850 probablemente en Toluca, México

Daguerrotipo de Juan Francisco Castañeda Popoca.  Foto cortesía Gonzalo Juan Infante Castañeda.

El daguerrotipo, invento precursor de la fotografía, se dio a conocer en París en enero de 1839 y rápidamente se divulgó por el mundo. En febrero de 1840 un periódico mexicano anunciaba la rifa de un ejemplar del aparato que diseñó el inventor francés Louis Jacques Daguerre.

El ejemplar que contiene la imagen del joven Juan es una placa de cobre recubierta de plata pulida. La imagen nítida y detallada, es pieza única e irrepetible. Fuera de su estuche o caja de protección es frágil. Si se tocara, se dañaría irreversiblemente. Se debe conservar bajo temperatura y humedad regulada, como los negativos de película.

Los daguerrotipos se utilizaron hasta 1860. Fueron sustituidos por placas negativas de colodión húmedo y positivos en papel de albúmina. Los superó la fotografía, invento de 1880. Se conjetura que Juan Castañeda se hizo retratar en México, Toluca o Cuernavaca entre 1850 y 1855 poco antes o después del fallecimiento de su esposa María De Jesús. Este daguerrotipo pasó a manos de su hijo Gonzalo, nacido de su segundo matrimonio, y sucesivamente, a su nieta Carmen y a Gonzalo Juan Infante Castañeda, su bisnieto.

Juan es el único familiar de quien conocemos un daguerrotipo. El siguiente enlace ilustra el proceso para obtener una sola imagen y cómo los sujetos debían permanecer inmóviles mientras la imagen era capturada. Así se obtenía una sola imagen.

http://photohistory-sussex.co.uk/dagprocess.htm

En sus memorias, Juan no mencionó la experiencia de sentarse y mantenerse quieto entre quince y treinta minutos mientras se capturaba su imagen. No obstante, esta reliquia concuerda con otras aseveraciones que sí escribió, y que lo revelan como un hombre inquieto y alerta, interesado en las novedades que surgían en la ciencia y el progreso tecnológico del siglo xix.

El avance de la fotografía no fue ajeno a muchos de nuestros ancestros, a quienes les gustaba fotografiarse. Gracias a esta afición tenemos imágenes de otros ancestros.

¿Cuántos pesos mexicanos le habrá costado a Juan obtener ese retrato entonces? En 1842 un daguerrotipo costaba entre $ 2.50 y $ 4.00 dólares, según el lugar de los Estados Unidos donde uno estuviera. Ese rango de precios equivalía a $ 82.00 y a $ 200.00 dólares de hoy.

Juan a los cuarenta años

Después de haber permanecido viudo catorce meses, nuestro autobiógrafo contrajo matrimonio casi un mes antes de cumplir los cuarenta y un años, el 26 de diciembre 1856. Su segundo matrimonio fue con María Gabina De Jesús Escobar Mojica.

En el acta de matrimonio, el Cura Juan Francisco Domínguez subscribe que después de haber practicado todas las diligencias, estar satisfecho según las testaciones y no haber algún impedimento, casó y veló a Juan Castañeda y María De Jesús Gabina Escobar.

Gabina, doncella de veintidós años de edad, originaria de la Gavia Chica, era hija legítima de Manuel Escobar, difunto, y de Margarita De Jesús Mojica, originaria también de la Gavia Chica.

Hasta la fecha no hemos encontrado el acta de nacimiento de Gabina.

Los padrinos fueron don Ignacio Ocampo González —cura escribe Gonsales—y su esposa, doña María De La Luz Figueroa, ciudadanos de Tetipac.

El acta matrimonial de los contrayentes no dice mucho más que los nombres de los testigos, quienes fueron Guadalupe Zamino de veintiséis años y Alvino Salinas de veintinueve.

27 diciembre 1856 Acta matrimonial Juan Francisco Castañeda Popoca con María Gabina De Jesús Escobar Mojica. Cortesía https://familysearch.org

 

Se sabía que Gabina sobrevivió a Juan, pero no por cuantos años. Mi búsqueda por varios registros fructificó con el hallazgo de su acta de defunción. Gracias a las fichas digitalizadas por familysearch.org entre los registros civiles de Zacualpan asentados entre los años 1900-1903 llegué a saber que Gabina permaneció viuda hasta el 2 de octubre 1902, cuando falleció de litiasis renal y complicación uremia.

Juan y Gabina tuvieron tres hijos; dos barones y una mujer. Sus nombres, fechas e información general son:

Feliz Bernardino. Bautizado por el cura Agustín Gómez en la Parroquia de la Purísima Concepción de Zacualpan el martes 20 de mayo 1859 a los tres días de nacido. Hijo legítimo de Juan Castañeda y María Gabina De Jesús Escobar. Los padrinos fueron don Guadalupe Sámano y doña María Figueroa, vecinos de la Hacienda Nájera.

Como su padre, Bernardino fue azoguero. También fue comerciante de materiales de minería, actividades que lo llevaron al Estado de Hidalgo. Estuvo en el Real Del Monte, en Omitlán y en el Mineral de El Chico. Tuvo numerosa descendencia. Su acta de fallecimiento aún no se encuentra.

Julián Gonzalo de Jesús: Fue registrado civilmente en Temascaltepec, Edo. de México por el juez Bernardino Rodríguez, el viernes 10 de Enero 1868 a un día de haber nacido. Hijo legítimo de Juan Castañeda y Gabina Escobar. Los testigos fueron los ciudadanos Julio De Noria y Juan Escobar. Su nombre eclesiástico nos dice que seguramente fue bautizado, pero existe la posibilidad de que su acta de bautizo se haya convertido en cenizas durante los incendios de parroquias que fueron causados por tropas zapatistas durante la Revolución.

La historia nos dice que un día Gonzalo le pidió a su padre Juan que le contara sobre su vida. Juan le contestó “Voy a hacer algo mejor: te la voy a escribir”. Así fue como nació el manuscrito de Juan Castañeda.

En el primer párrafo, de la página 23 del prólogo al libro Manuscrito de don Juan Castañeda/Diccionario Castañeda 2013, Claudia Infante Castañeda —poseedora de este manuscrito— y su madre, Carmen Castañeda Olea, escriben:

“El manuscrito y la cadena de circunstancias que permite retenerlo hoy en nuestras manos transmiten la emoción con que mi abuelo pidió a su padre que le hablara de su infancia y su pueblo, así como la energía de don Juan Castañeda al escribirlo y el celo extremo que mi abuelo y mi madre pusieron en cuidarlo. Naturalmente el significado personal que tenga para cada uno de los que pertenecemos a la familia Castañeda constituye un capitulo adicional en nuestras vidas que cada uno guardará en su corazón”.

Gonzalo casó sucesivamente con las hermanas Teresa, Carmen y María Luisa Olea. Los tres hijos que tuvo con su primera esposa fallecieron a temprana edad. En cambio, Carmen Castañeda Olea, hija de su segunda esposa, fue la más longeva (1914—2012). Tuvo otros descendientes fuera sus matrimonios.

Después de una ilustre carrera como médico cirujano y maestro de Medicina en la UNAM, memorable hasta este día en la Republica Mexicana y en el mundo, el doctor Gonzalo Castañeda Escobar falleció en la Ciudad de México el 14 de enero 1947, cinco días después de cumplir setenta y nueve años.

Dionisia Pilar Maximiliana: Es bautizada por el presbítero José Ma. Arellano en la Parroquia de Zacualpan el sábado 12 de Octubre 1872, a los cuatro días de nacida. Hija legítima de Juan Castañeda y Gabina Escobar. Los padrinos fueron Antonio Sotelo y Nemesia López.

Dionisia, la menor de sus hijas, nació cuando Juan tenía cincuenta y seis años de edad. Fue profesora de instrucción primaria. Permaneció soltera hasta el día de su muerte en Zacualpan a la edad de treinta y cinco años, el 2 de septiembre 1907. Falleció de neumonía. Como a otros de sus hijos, Juan no la menciona en su manuscrito.

Algo que tal vez nunca llegaré a saber es si Dionisia Pilar Maximiliana y Gabina, su madre, vivieron juntas hasta que Gabina falleció. Otra hipótesis es que Maximiliana viviera a solas o con su sobrino Víctor F. Castañeda quién asentó su fallecimiento en el Registros Civil.

Familia Castañeda Escobar: Sentados iz.a der. Juan Francisco Castañeda Popoca y esposa María Gabina De Jesús Escobar Mojica. De pie iz. a der. Feliz Bernardino, Dionisia Pilar Maximiliana y Julián Gonzalo De Jesús (Dr. Gonzalo Castañeda Escobar). Todos Castañeda Escobar. Foto cortesía Elena Laura Castañeda Islas.  Imagen capturada probablemente entre 1890 y 1898.

Juan a la edad de 43 años

Juan escribió:

“El año 1859 vivía yo en Zacualpan con mi familia, y mi hijo Manuel en Temascaltepec, con su esposa y un niño como de un año. Yo comerciaba acá con mercería que iba a traer a México”.

Cuando Juan dice; con mi familia, se refiere a su nueva esposa Gabina y a los hijos menores de su primer matrimonio. Bernardino, el primer hijo de Juan y Gabina, nació en mayo de ese año. Mi hijo Manuel es José Manuel Ascensión (n. 1838) segundo hijo que tuvo con María de Jesús, su primera esposa. Y, un niño como de un año, nos dice que Manuel y su esposa Josefa Jaimes ya tenían un hijo —registro aún no encontrado— antes que Félix Andrés, quien nació el 29 de noviembre 1960. Félix Andrés habrá fallecido porque los únicos hijos de ese matrimonio que llegaron a la adultez fueron Manuel junior, n. 1867, Justiniano, n.1869, Amador, n. 1871 y Víctor, n. 1973.

En ese corto párrafo Juan dice también que era comerciante aparte de ser azoguero, porque un domingo cuando se disponía a establecer su puesto en la Plaza para vender su mercancía, Marcelo Popoca, su tío, le dijo que no la tendiera porque los pronunciados[1] de la revolución de Ayutla habían entrado a Temascaltepec.

Esta información afectó mucho a Juan porque Manuel Castañeda[2] estaba empleado como administrador de rentas en esa localidad.

Su tío Marcelo le preguntó que si tenía el valor para recibir malas noticias. Más muerto que vivo, Juan le pregunto:

—¿Y qué?, ¿Manuel ha muerto?

—Sí —respondió Marcelo, y agregó:

—Porque Amador Chimalpopoca pasó por Coatepec, y traía una carta de él para ti, un fresadero, y en Malinaltenango le quitó la carta Lagunas, el Jefe de los reaccionarios, y que a él con trabajos lo dejó pasar.

—A este correo yo no lo he visto.

—Pero eso que te digo se lo dijo a Juan Pablo, y éste me lo dijo a mí, y me dijo, que de Manuel se lo había dicho de palabra en Coatepec.

Juan se quedó como un loco y le dijo:

—Ya me voy a Temascaltepec, usted levante la varilla o déjela tirada.

Antes de dirigirse a su casa en Santiago, Juan fue a la iglesia para pedirle a Dios que todo fuera una mentira.

Al proceder con el resto de su historia, Juan hace referencia a la Revolución de Ayutla, reformada en Acapulco, pero este evento ocurrió en 1854. Si Juan nos llama la atención al año de 1859, pienso que los revueltos políticos, guerras y conflictos de los cuales el escribe pertenecen a la Guerra de Tres Años, o Guerra de Reforma que ocurrió entre 1858-1861.

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Ensilló su yegua y tomó el camino, pero una de sus hijas, María Josefa —María Josefa Bonifacia, n. 1840 quien contrajo matrimonio con Pragedis Díaz en abril 1860— lo siguió a pie, llorando.

Juan hizo todo lo posible porque ella se regresara a casa, pero fue más fuerte la determinación de la muchacha por saber de Manuel, su hermano.

—No lo dejo ir solo por mas que usted me diga o me haga.

Ya estando un poco lejos, Juan cambió de actitud, se desmontó y abrazando a su hija, juntos empezaron a llorar. Fue un momento tan emotivo que Juan jura que hasta su yegua, al voltear su cabeza hacia ellos, se compadecía también de lo que sufrían.

Manteniendo una conversación al trote de la yegua se preguntaron:

—¿Qué no te da el corazón que esto sea una falsedad?

—Mi corazón está muy triste—me respondió—; yo me conformaría, me consolaría, con que a mi hermanito (de cariño, no de edad) lo hubieran hecho prisionero, o nomás lo encontráramos herido.

Al sentir que yo también camino con ellos, llegaron a los llanos de Jaltepec donde se encontraron con gente que habían ido al tianguis de Almoloya. Juan pregunto si se podría pasar hasta Temascaltepec porque ahí tenía a un hijo con su familia, y le habían dicho que hubo guerra, y que los federales habían tomado a Temascaltepec.

Un individuo le dijo que sí hubo guerra y que había dejado heridos, pero de la toma de Temascaltepec, nada sabía.

Al seguir su viaje y llegar a Texcaltitlán otra persona más informada le dijo:

—De los pronunciados murieron siete. Heridos traen varios; y de Temascaltepec, murieron tres.

—Pues qué, ¿salieron los de allí o los otros entraron?

—Ni los de allí —me respondió— salieron ni los otros entraron, pero las balas de los de afuera, entraron por las claraboyas, y murió don Esteban Ríos, don Felipe Berrueta y el Sargento Salinas.

—¿Y no sabe usted de otro?

—No, me lo hubiera dicho un amigo que está al tanto de lo que pasó.

Con esta noticia, los corazones de Juan y su hija se alumbraron con mucha esperanza. Manuel vivía. Al llegar a Almoloya menos desesperados, decidieron comer algo pues iban en ayunas.

Ninguno de los dos tenía hambre, pero ambos aceptaron comer porque les preocupaba que el otro se alimentara.

Las horas marcharon con ellos hasta llegar a Texcaltitlán, al atardecer, donde Juan propuso que pasaran la noche. Ella le respondió:

—No padre, aunque ande yo de espaldas en la bajada en la noche y aunque llueva no nos hemos de quedar en Texcaltitlán.

—En ese caso, vamos pasando por el pueblo, ahí tengo amigos. Conseguiré un farol de vidrio, compraré velas, cerillos, ocote y tejamanil; no hay luna y en oscuras no hemos de andar exponiéndonos a una caída.

—Eso sí haremos —respondió Josefa.

Pasaron al pueblo y al entrar a la tienda de un conocido Juan pidió por un farol. Su amigo comerciante le dijo que no creía que los hubiera en el pueblo. Ni siquiera él tenía uno.

—Pues deme tanto, de cerillos (ya comercializados), velas, ocote. Y ¿me proporcionará tejamanil? Si es viejo, mejor.

Cuando Juan atendía sus pedidos, Josefa le exclamó:

—¡Padre!, Ahí pasa don Simón Díaz.

Don Simón Díaz, paisano y buen amigo de Juan, entró a la tienda donde Juan y su hija se encontraban. Después de un cordial saludo, Juan preguntó sobre su hijo Manuel. Don Simón le respondió:

—No caminen con la noche. Manuel esta sin novedad.

Entusiasmada, Josefa le preguntó a don Simón:

—¿Cómo lo sabe?

—Porque lo he visto bueno y sano, aunque no le hablé.

—¿Pues qué vestido tiene?

—Una gorra alemana, usada, un pantalón rayado, en pechos de camisa, y ésta es de indiana color de rosa.

—Esto es cierto, padre —me dijo mi hija—; pues ahora con mas razón nos pasamos, porque con esta noticia tenemos gusto y fuerzas para andar. —Y les dijo don Simón:

—La verdad, Manuel aquí está en el pueblo. Se ha venido con nosotros, es soldado.

Probablemente fue Josefa quien exclamó: —¡Bendito sea Dios y alabado!, porque al transcurrir esta conversación, Juan estaba en estado de incredibilidad preguntándose, diciéndose y contestándose; “¿Qué lo que me pasa es un sueño? ¿Qué me habré vuelto loco? ¿No estaré en mis sentidos cabales?” No. Lo que me pasó en Zacualpan en esta mañana, lo que me dijeron fue falso; lo que me dice don Simón es cierto. Me dice que aquí está”.

Josefa expresó deseos de hablar o por lo menos ver a Manuel. Al pasar un oficial cerca de ellos, don Simón le preguntó que si conocía a Manuel Castañeda y en cuál cuartel se encontraba. El oficial apuntó hacia una pieza alta que estaba frente de ellos.

Josefa, entusiasmada, inmediatamente quiso verlo, pero don Simón le dijo:

—No niña, no conviene que tú vayas al cuartel.

Sin hacer caso de lo que don Simón advertía, Josefa agarró a su padre del brazo y con violencia y propósito se dirigieron al cuartel, donde preguntaron:

—¿Está por ahí Manuel Castañeda

—Aquí estoy, ¿quién me busca?

—¡Yo y mi padre, hermanito!, —le respondió Josefa

Sólo nos queda imaginar este reencuentro porque Juan no lo describe; simplemente alude al ánimo sereno y relajado de Manuel, cuyo primer comentario fue qué tan buen rifle tenía y cómo lo limpiaba. Al igual mencionó que tenía hambre y quería comer. Como genios de una lámpara mágica su padre y hermana le consiguieron la cena.

Durante la comida, Manuel explicó como llegó a ser del partido que estaba contra las fuerzas del Gobierno de Santa Anna. Los pronunciados llegaron a Temascaltepec, armaron a los vecinos, entre ellos estaba Manuel.

A diferencia de Manuel, entusiasmado por sus ideas revolucionarias, Juan tenía otras. La primera y más inmediata era extraerlo de las fuerzas militares para que no se sumara a la estadística de los muertos.

Lo primero que hizo fue ir a Temascaltepec por Josefa Jaimes, esposa de Manuel y a dejar a su hija Josefa con el padrino de su esposa Gabina.

Es preciso que haga una digresión para referirme al matrimonio del hijo mayor de Juan.

Josefa Jaimes, esposa de Manuel, era descendiente de irlandeses. Originalmente suponía que Manuel y Josefa contrajeron matrimonio en el año de 1860, pero ahora sé que Manuel, mi tatarabuelo nació en 1838, trabajaba como administrador de rentas en Temascaltepec en 1859 y ya tenía un hijo como de un año. Luego, deduzco que en realidad; Manuel y Josefa contrajeron matrimonio entre 1856 y 1857, cuando Manuel tendría dieciocho o diecinueve años. Hasta mayo de 2015 no he encontrado acta de nacimiento de Josefa Jaimes.

Si Manuel trabajaba y vivía con su familia en Temascaltepec, existe la posibilidad de que haya contraído matrimonio en esa localidad, donde los registros eclesiásticos se perdieron en la quema que los zapatistas hicieron durante la Revolución. Este hecho explica mi dificultad para encontrar su acta de matrimonio.

También ignoro el lugar y fecha de defunción de Manuel; sólo sé que Josefa permaneció viuda hasta que falleció en Zacualpan el 8 de abril 1903. El registro correspondiente dice que tenía cincuenta y tres, dato del que desconfío porque las actas fundadas en declaraciones de terceras personas en esos tiempos contenían errores de diferentes tipos, especialmente cronológicos. Si mi tatarabuela nació hacia 1840 y falleció a la edad de sesenta y cuatro, calculo que tendría dieciséis a diecisiete años cuando se casó con Manuel, edad propia para que una doncella contrajera matrimonio durante esa época.

Licenciado Amador Castañeda Jaimes 1902.  Foto cortesía Elena Laura Castañeda Islas

Licenciado Amador Castañeda Jaimes, nieto de Juan Castañeda,  1902. Foto cortesía Elena Laura Castañeda Islas

Dedicatoria Licenciado Amador Castañeda Jaimes, nieto de Juan Castañeda a su madre Josefa Jaimes septiembre 1902. Foto Cortesía Elena Laura Castañeda Islas.

Un dato interesante es que Manuel Castañeda, mi tatarabuelo paterno, fue medio hermano —aunque treinta años mayor— del doctor Gonzalo Castañeda Escobar. Este parentesco explica por qué el Doctor Gonzalo Castañeda Escobar fue tío del licenciado Amador Castañeda Jaimes, gobernador interino del Estado de Hidalgo en 1912, aunque ambos tenían casi la misma edad. Amador Castañeda fue hijo de Manuel Castañeda y Josefa Jaimes.

En 1902 el licenciado Amador Castañeda le envió una foto a su madre Josefa fechada ese mismo año, y los registros después de 1903 reconocen a Josefa ya difunta.

En sus memorias, Juan no mencionó que hubiera llevado consigo a Josefa, su nuera, pero sí que regresó por Texcaltitlán. Esta vez viajó con Josefa y con Romana, otra de las hijas de su primer matrimonio[3] quien entonces tenía trece años de edad.

Verifica la edad de Romana el siguiente episodio que Juan cuenta:

Cuando volví a Texcaltitlán con Josefa y mi hija Romana, ya la tropa se había ido a Sultepec, en la mañana de ese día. Luego nos pasamos en seguimiento de ella. En el punto nombrado la Boca del Viento se había quedado atrás Romana, y como gritaba una chachalaca tan fuertemente, y mi hija no las había oído gritar ni las conocía, ni sabía que existían tales aves, se espantó, y me grito:

—¡Padre!

Me volví a encontrarla y le pregunte qué sucedía, y me respondió:

—¿Qué no oye usted?

—No te espantes, en una chachalaca. ¿Tú qué pensabas que era?

—Yo pensé que era el diablo.

Nos reímos algo por la respuesta.

Al llegar a Sultepec Juan pidió a unas señoras alojamiento para sus hijas. No le negaron el favor, y con ese alivio, procedió en busca del general Santiago Tapia para suplicarle que le volviera su hijo Manuel pues en Texcaltitlán ya les habían ofrecido entregarlo a don Simón y a él, una vez que hubiera quien lo reemplazara.

No lo encontró donde se alojaba, pero al volver con sus hijas, María Josefa le preguntó:

—¿Usted no encontró al general?, yo hasta ya le hablé.

—¿Y lo paraste en la calle? Qué mal has hecho.

Josefa respondió que el general no era un déspota y que le dijo que les iba entregar a Manuel porque lo que prometía, lo cumplía.

Al siguiente día Juan buscó nuevamente al general. Le permitieron entrar a una pieza donde descansaba acostado. En esa situación, informal y relajada, Juan sentado y el General, acostado, hablaron sobre varios asuntos.

Pienso que el general interrogó a Juan con preguntas estratégicas sobre cómo la gente de ciertos pueblos visitaba a otros, para discernir la relación entre quienes eran liberales y quienes eran reaccionarios. Juan respondió al General todo lo que le preguntaba y ni siquiera tuvo que preguntar acerca de la liberación de su hijo Manuel.

Una vez más Juan regresó al siguiente día determinado a preguntarle sobre el asunto de su hijo y el siguiente intercambio ocurre entre Juan y el general Tapia:

Le dije que Manuel no era posible fuese soldado, que tenía madre y que la apreciaba como todo buen hijo. Era casado y no hacia mucho tiempo: y que si se había presentado a las filas de los liberales, era por el mucho entusiasmo que tenía en favor de la causa que defendían, y que prueba de ella era que [a] los reaccionarios les había tirado en la cara el fusil que le habían confiado. Tampoco había hecho caso perder su destino que tenía en la Administración de rentas de Temascaltepec, teniendo familia; por dos hombres.

Sobre esta presentación el general Tapia me pregunto y respondió:

—¿Por qué?

—Porque en los contrarios hay uno menor, y en los de usted uno más.

—Ojalá, señor, y así fueran siquiera cincuenta —positivamente fue su respuesta—. Pues mire usted, ya le oí a usted; ahora óigame usted. Déjemelo usted, lo veo contento, escribe bien, ha simpatizado con mis ayudantes, y Vesco lo ocupa en escribir. No le paga lo que debiera pagarle, porque los pronunciados estamos pobres. Cuando tenemos consideración a Manuel se le pasan dos y medio reales, mientras a mis soldados los conformo con uno y medio reales. Vesco (un ayudante) lo considera bien, duermen en una pieza, le ha regalado una grande zalea; tiene libertad para pasear, cuando no haya que escribir, y mis soldados todos quedan encuartelados. Déjemelo usted, puede hacer carrera, y pronto la causa que defendemos estoy seguro ha de triunfar. Ahora, si antes llega la muerte, ésta llega al soldado y al que no lo es.

Juan nos dice que durante las conversaciones que tuvo con el general Tapia, él le daba entender que tenía negocio en Taxco, pero Juan se hacia el desentendido. hasta que llegó el momento en que Juan le preguntó directamente:

—Señor General, dos veces me ha preguntado usted sobre si habrá un conducto para Taxco, eso me hace entender tener usted un negocio allí. Entrégueme a mi hijo y mande lo que guste, iré a Taxco. Positivamente tengo un negocio.

—Si usted tiene disposición de ir, venga usted a verme a las doce para entregarle una carta.

Juan regresó más tarde y el general Tapia le entregó una carta y le preguntó cuando regresaría con una respuesta. Juan le dijo:

—Dentro de ocho días.

—Pues bien, vuelva usted y le entregaré a Manuel.

Con adrenalina corriendo por sus venas Juan se puso de pie y con un saludo militar le dijo a Tapia:

—Señor general: Soy muy hombre y cuente con mi palabra, tengo honor y poseo la delicadeza. Solo que muera yo no volveré.

—Pues entonces tome este peso, los liberales estamos pobres, por eso no le doy más. Tenga cuidado.

La carta del general Tapia era para el general Peña.

Por lo que Juan narra en sus memorias se deduce la confianza que le inspiró al general Tapia, quien le regresó a su hijo Manuel antes de que cumpliera la promesa de entregar la carta. Juan dice “Llegamos a Zacualpan muy contentos y con razón: venía Manuel con nosotros”.

Al volver a Zacualpan Juan supo que la carta que Manuel le había enviado y que embargaron en Malinaltenango llegó cuando apenas habían andado tres leguas. Allí Manuel le contaba que había fallecido su hijo, el primer nieto de Juan. También supo que a su tío Marcelo lo reprendió su esposa por haberse precipitado en darle la infundada noticia de que Manuel había muerto.

Juan recibió visitas, a quienes les narró las aventuras y riesgos que él, su hija y sus familiares vivieron en el proceso de des enlistar a Manuel de la lucha armada. Allí lo enteraron de que Vitelo, un caudillo con fama de asesino, controlaba Taxco. Contra el consejo de varios familiares de que no viajara a Taxco a entregar la carta de la que era portador, Juan respondió que cumpliría con su promesa topara lo que topara.

Gabina le preguntó:

—¿Cuál es tu plan?

—Mañana saldremos de Tetipac para Taxco con mi canasta de mercería con el propósito de ir a pedirle al general Peña por un documento que me permita pasar con mi mercancía sin ser molestado a Iguala y otros pueblos.

Esto ocurrió probablemente en el segundo semestre de 1859. Para este entonces ya había nacido Feliz Bernardino, primogénito de Juan y Gabina.

Juan, con su canasta de mercería, llevando a su esposa Gabina montada en una yegua, quien cargaba a una criatura (Bernardino), salió de Zacualpan con el propósito de cumplir su promesa.

Al llegar a Tetipac notaron que Bernardino tenía calentura, motivo por la cual Gabina se quedó con sus familiares. Juan procedió a solas.

En su camino debió responder muchas preguntas, tales como: ¿De que partido es usted?, ¿A que viene y cual es su propósito? Siguiendo al pie de la letra el plan que había concebido, Juan fue consistente en sus respuestas: buscaba al señor general para pedirle un salvoconducto.

Finalmente llegó a la casa del general Peña, lo saludó, puso su canasta en el suelo y empezó a ofrecer su mercancía.

En medio de su actividad comercial, Juan deslizó la carta del general Tapia entre las páginas de un calendario del Negrito Poeta y se la ofreció al general Peña, quien entendió el ardid y se guardó la carta. Ante la presencia de terceros, el General le compró “algunas frioleras” y en lenguaje clandestino dijo a Juan que regresara a las dos de la tarde porque seguramente las señoras quisieran comprarle tijeras o agujas de las que ofrecía en venta.

Juan se presentó puntualmente a la cita. El general Peña lo recibió a solas y le entregó una carta de respuesta para el general Tapia. Aparte de unos detalles para asegurar su regreso, el negocio entre Juan y el general Peña había concluido.

Juan se reunió con su esposa en Tetipac. Bernardino había mejorado y al día siguiente regresaron a Zacualpan, de donde Juan partió camino a Sultepec.

En Sultepec, desde los altos de una casa, el general Tapia lo reconoció y lo llamó con aplausos.

—Mucho cuidado ha tenido por el tiempo que ha dilatado usted para volver.

—¿No dije a usted que solo que yo muriera no volvería?

—Si; pero mi cuidado ha sido no porque desconfiaba que no volvería, si no porque pensaba que no le hubiera sucedido alguna desgracia. Conque no la tuvo usted; viene usted con bien.

—Sí señor —le respondí—, no la tuve.

—Siéntese usted —me dijo, y comenzó a darle lectura a su carta, y cuando concluyo, me dio las gracias, y me encargó que cuando lo volviera a ver, en cualquier lugar, y aunque estuviera con personas de cualquiera clase que fueran, que le hablara, que no tuviera ninguna vergüenza de hablarle; que él apreciaba a las personas por su carácter [y] honradez, aunque sean pobres y no por que las acompañe la fortuna. Que desde la primera visita que tuve con él, le había yo simpatizado; y que cuando llegara la vez que nos volviéramos a ver, que era probable no me conociera; pero con que le dijera mi nombre y que era el padre de Manuel Castañeda, con eso bastaba, pues a Manuel, como lo había acompañado, lo conocía perfectamente.

Sacó de la bolsa dos pesos y me los dio, diciéndome.

—Esto es nomás para mostrarle mi gratitud, no es lo que vale el servicio que ha prestado a la justa causa que defendemos. Ese servicio vale mucho más; pero andamos muy pobres.

—Ahora, señor General, suplico a usted que haga otro nuevo favor, y es que mande usted un documento en que se sirva usted ordenar que a mi hijo Manuel no sea molestado por algún jefe de los liberales, creyendo que ha sido desertado, pues puede suceder que haya quien por tal, lo denunciare.

—Sí, con mucho gusto —me respondió, y mandó escribir un documento dictado por él, en que a los de su mando ordenaba, y a los que no estaban bajo sus órdenes suplicando que ni a Manuel ni a su padre Juan fueran molestados, que habían prestado servicios de consideración a la causa que defendían ellos.

Continuará…

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición Rafael Rodríguez Castañeda


[1] Aquellos que pronunciaron en favor del Plan de Ayutla

[2] Manuel Castañeda fue mi tatarabuelo.

[3]. La partida matrimonial del Dr. Reynaldo Escobar Castañeda con Guillermina Aldasoro dice que sus padres fueron Juan Escobar y Romana Castañeda. El Dr. Reynaldo Escobar Castañeda fue sobrino del Dr. Gonzalo Castañeda Escobar porque Romana fue media hermana de Gonzalo veintidós años mayor.  Por otra parte, una persona llamada Juan Escobar fue testigo en el Registro Civil de nacimiento del Dr. Gonzalo Castañeda Escobar.

 

Continuación.

“Hasta se puso a rezar sin estar en la iglesia…”

Al leer el relato de la vida de Juan sería muy difícil negar el humor que destila en algunos pasajes. Refiere, por ejemplo, el siguiente episodio que tituló Otro Chasco, y que considero como una breve obra de teatro.

Antes de seguir adelante debo decir que durante esas épocas no era raro que criaturas, muertas o vivas, aparecieran en el portón de la iglesia o en casas particulares. Este tipo de abandono está anotado en varios registros de bautizo y fallecimiento de la iglesia católica.

Recuerdo un acta donde el cura menciona a una enferma cuyo esposo, un minero de otro pueblo, la dejó abandonada. Se fue a trabajar a minas distantes y posiblemente no podía o no quería cuidarla. Decidió encargársela a la iglesia sin mayores explicaciones.

Juan a los 27-29 años de edad

Una noche oscura, Juan, su madre y una molendera dormían en paz. De repente, su madre lo despertó angustiada:

—¡Juan, Juan!, ¡despierta y levántate porque han venido a tirarnos una criatura! Anda, que por su llanto debe ser recién nacida y temo que uno de los perros o puercos se la coman, o por lo menos que la maten.

Juan se levantó sin vestirse, descalzo y cubierto con sólo una cobija, él para acompañar a su madre. Se dirigieron con cautela a la parte trasera de la casa. Silenciosamente, a punta de pie espantaron a los puercos y perros con el propósito de sorprender a los irresponsables que abandonaban una criatura, si todavía estuvieran ahí.

En esos tiempos no existían estos palitos cubiertos de fosforo rojo en un extremo, que Carl Lundstrom inventó en Suecia hasta el año de 1855, de manera que solamente se iluminaban con el tenue resplandor de la luna. Buscaron el envoltorio que esperaban ver entre los animales sueltos, por arriba, abajo y entre las matas con la esperanza de encontrar el origen del llanto.

Nada encontraron, a pesar de la búsqueda minuciosa, y con cierto alivio pensaron que tal vez los que fueron a tirar la criatura sintieron remordimiento y se arrepintieron.

Decididos a completar una noche de sueños volvieron a acostarse, pero a los pocos minutos su madre despertó nuevamente a Juan. Más allá de toda duda seguía oyendo llorar a una criatura y definitivamente debían de encontrarla.

Su madre le ordenó que buscara en el mismo sitio mientras ella hacía luz, probablemente encendiendo un palo de ocote en el rescoldo del brasero.

Juan se ubicó en el sitio y aplicó todos sus sentidos, toda su atención para localizar el origen del lastimoso llanto, pero no puso el dedo en el sitio.

Llegó su madre con un hachón. La luz y el viento movían las sombras de sus rostros. Se embarcaron una nueva búsqueda que seguramente se prolongó una buena cantidad de tiempo. Nada encontraron. Cansados y decepcionados regresaron a casa. Después de renovar sus respiros, sentados su madre le dijo:

— ¿Sabes Juan?…, ahora sé que el lamento del nene que yo oía, en realidad era el maldito ronquido de la molendera, que hasta parecía que se ahogaba.

—El favor de Dios ha de estar con nosotros —contestó Juan—, porque fuimos con toda intención de hacer una obra de caridad.

A la mañana siguiente, y a la luz del día, contaron el episodio a cuanta gente encontraron y en lugar de pasar momentos de angustia y suspenso, lo festejaron y se rieron.

En una reflexión retrospectiva, Juan escribió que estaba consciente del ronquido de la molendera, pero no pensó que el ruido de su gaznate le sonara a su madre como el llanto de una criatura.

Este chasco me remontó al año de 1984, cuando vivíamos en California. Al llegar a mi hogar casi a medianoche, los faros de mi camioneta iluminaron a mi esposa, quien buscaba algo afuera con la ayuda de una lámpara.

—¿Qué estás haciendo?, ¿que buscas? —le pregunté al estacionarme.

Buscaba a nuestros puercos porque los vecinos me dijeron andaban sueltos.

Su frustración y la manera en que la expresó significaba que los había buscado por un buen tiempo sin resultados.

¿Cómo habrá sido posible que se escaparan —me pregunté—, si los tenía bien acorralados?

Antes de sumarme a la búsqueda, decidí investigar cómo habían escapado de su jaula. Cuando llegué frente al redil, los “fugados” brincaron, resoplando y bufando, expectantes de que les diera más comida.

Mi esposa llegó y comprendió lo inútil de su esfuerzo. Había buscado frenéticamente los cerdos de algún otro vecino, porque hasta ese día sabíamos que no existían puercos fantasmas.

Igual que mi ancestro y su madre, mi esposa y yo nos reímos. Todavía hoy, mi esposa cuenta la historia de aquella noche en que anduvo buscando puercos con una lámpara.

Juan a los 29 años de edad

Mi quinta abuela y madre de Juan, María Antonia Josefa Popoca Sáez, viuda de Castañeda, falleció el 10 de junio 1845. El padre Rafael Zavala consignó en la partida de defunción que murió de pulmonía, a la edad de cuarenta y ocho años, y ordenó su sepultura en el campo mortuorio. Siete años antes había muerto Alejandro Marcos Castañeda De Gama, su esposo, de manera que Juan, sin padres, comenzó a gobernarse por sí mismo a los 29 años.

1845 10 jun reg. ecl. def. Ma Antonia Josefa Popoca Sáez

10 jun 1845 registro eclesiástico defunción María Antonia Josefa Popoca Sáez  https://familyserch.org/

 

Juan a los 34 años de edad

En el año de 1850 hubo una fiesta en una Hacienda llamada San Juan, donde dos mujeres se pelearon por un hombre. Una de ellas era hija de la comadre, a quien Juan tenía presente por un episodio ocurrido con anterioridad, sobre una peña en El Salto, un lugar específico del río que corría al final de la cañada donde se encuentra la cuadrilla de Santiago. La otra otra mujer que intervino en aquel pleito era vecina de Juan.

El episodio inolvidable ocurrió un día en que Juan y su amigo Mariano Ramírez andaban de cacería y caminaban sobre unos peñascos peligrosos, de treinta a cuarenta metros de altura. Desde ese sitio se veía El Salto, donde observaron a una mujer que se bañaba en el río.

Las siguientes fotos instantáneas fueron duplicadas de un video de 2014, y enseñan el tipo de terreno y peñascos los cuales están alrededor del sitio que Juan menciona en su manuscrito.  El video puede ser visto en https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2014/10/16/el-salto-zacualpan-edo-de-mexico-mexico-mayo-de-2014/

Snapshot 1 (4-13-2015 2-50 PM)

Foto una ladera de El Salto, que corre por el Río del Barrio de Santiago.

 

 

 

 

 

 

 

 

Snapshot 2 (4-13-2015 2-56 PM)

Foto dos ladera de El Salto, que corre por el Río del Barrio de Santiago.

 

 

 

 

 

 

 

 

Snapshot 4 (4-13-2015 3-02 PM)

Foto tres  ladera de El Salto, que corre por el río del Barrio de Santiago.

 

 

 

 

 

 

 

 

Desconocemos cuánto tiempo les tomó descender de los peñascos y acercarse a El Salto, pero cuando volvieron a verla, a menor distancia, la mujer vestía ya unas enaguas blancas, limpias, y un rebozo negro. Juan y su amigo la observaban de cerca mientras se cepillaba el cabello, que le cubría el rostro.

La imposibilidad de identificarla les causó reacciones diferentes. La de Juan fue de atracción. Supuso que se trataba de una voluptuosa y encantadora mujer, como la que se veía bailar en Chalma. Pero su camarada pensó que no era mujer, sino una representación del diablo, llegada para complementar el conjunto de muertos que espantaban durante el día.

Para no quedar mal con su masculinidad, Juan se propuso identificarla y pidió a su amigo que se escondiera y observara, mientras él se aproximaba no tanto para sorprenderla sino para entablar conversación.

Juan se aproximó con discreción mientras ella, de rodillas, se escobeteaba el cabello.

“¿Qué diablos contendrá? —pensó Juan—. Solamente sabré si le pregunto. Pero… ¿si es el diablo? Entonces me echa de la barranca, me lleva a su casa y Mariano dará cuenta de lo que pasó”.

La mujer cambió de sitio, pero seguía con la cara cubierta al peinarse. Animado por Cupido, Juan la saludó:

—Buenos días, chula. ¿Cómo le va a usted?

Ella lo ignoró.

—Doñita, ¿Por qué no quiere responderme los buenos días?

Ella siguió ignorándolo sin quebrar su silencio, pero Juan persistió siendo más agresivo.

—Preciosa, ¿qué no quiere darme un beso?

Esta pregunta la hizo prácticamente a espaldas de ella, porque la acompañó con palmaditas sobre el hombro de la mujer.

Fastidiada, se descubrió la cara y le dijo con mucho enojo:

—¡Compadre!, ¿Por qué es tan curioso que a fuerza quiere conocerme? Vaya, vea usted quién soy.

—Vaya qué, eso se queda para mí.

—Ande, vea, que soy mujer, pero no para usted que tiene rotos los calzones de tanto que quiere conocerme.

Juan comprendió que su avance de enamorador le había fallado, entonces cambió de tema:

—Comadrita, usted dispense, porque al verla, mi amigo y yo creíamos que nos espantaba el diablo.

Al escuchar esa frase ella también cambio de talante. No era el diablo, pero al menos tuvo la impresión de ser de unos de sus subalternos.

—¡Ja, ja, ja! ¡Ah, qué mi compadrito!, si ando por aquí es que ando buscando un remedio para curar un enfermo.

La encantadora mujer era curandera y partera. Había bautizado a una criatura que nació ahogada, de la cual las malas lenguas dijeron que era hija de Juan, y por ese detalle se compadreaban.

Al despedirse Juan le preguntó:

—¿Por qué se le ocurrió escobetearse sobre las peñas?

—Para sorprenderlos, pero parece que ustedes fueron los que me jugaron.

Al partir caminos, Juan se fue pensando “aquí se debe de encontrar la belladona, la cual causa efectos, porque muchos dicen que mi comadre y su hija son brujas, hechiceras y envenenadoras, y al mismo saben cómo, cuándo y con qué aliviar a sus escogidos”.

Pues bien, durante la medianoche, unos días después de la fiesta que hubo en la Hacienda de San Juan, una vecina llegó a despertar a Juan y su esposa pidiéndoles que la acompañaran porque su vecina se estaba muriendo a consecuencia de un hechizo.

Juan firmemente decidió no ir, considerando que la vecina los estaba “haciendo guajes”, es decir, que pretendía embaucarlos. La mujer se retiró.

Después de tres horas volvió a tocarles a la puerta. Esta vez los conminó a que se vistieran y fueran a ver cómo su vecina agonizaba. Les rogó caridad, porque la afligida moribunda arrojaba violentamente por la boca manojitos de cabello junto con otras porquerías.

Juan se rió y dijo a la suplicante:

—Tía, esa enferma les está haciendo huero.

Al decirlo, Juan se arrepintió tal vez, el caso fue que modificó su postura y agregó que irían a verla por la mañana, pero la mujer le replicó que, entre otras cosas, él era bueno para leer y escribir, pero no para tener caridad y creencia en lo que ellas presenciaban, pues ni si quiera quería ir para desengañarse.

Juan insistió en que irían por la mañana.

La mujer se marchó rezongando.

Entonces María De Jesús, su esposa, le pidió licencia —como en esos tiempos se acostumbraba— para visitar a la vecina, quien era una buena persona.

—Pues anda, mira la prestidigitación —le respondió Juan.

A los pocos minutos, María de Jesús volvió muy espantada. La vecina moribunda vomitaba manojitos de hoja de maíz amarradas con cabello y quería ver al Cura. Juan le respondió:

—Mira mujer, voy a ir, pero si descifro el engaño, a patadas la saco de la cama.

—No vas a hacer nada, verás que todo es verdad.

Juan se vistió y se dirigió a la casa de la hechizada:

— ¿Qué tiene usted?, ¿de qué se está muriendo? Según me dicen, del estómago.

— ¡Ay Juanito!, me dan las horribles ganas de vomitar y siento que me voy a ahogar. Vomito muchas cosas raras.

Haciéndose cargo de la situación, Juan pidió a las preocupadas acompañantes que le llevaran una luz y un jarro de agua.

Cuando le alumbró la cara, retrocedió con espanto, porque vio una cara cadavérica. Como si le hubieran extraído la vida, estaba pálida, tenía la nariz afilada con los ojos tristes y la vista quebrada. Sus ojeras estaban hundidas y azuladas. Abrumado por la gravedad, quiso investigar un poco más.

—¡Toma!, toma agua y enjuágate la boca bien.

La mujer obedeció.

—Abra la boca y alce la lengua.

Juan no vio nada. Al mismo tiempo una de las mujeres presentes le dijo que cuando vomitaba, la porquería no venía de la boca, sino del estomago, en turnos y sin dilatarse.

De repente, la vecina dijo con angustia:

— ¡Me muero! ¡Guá – guá y guáá!, aquí me acabo, guááá. Ayúdame, Dios mío.

Mientras holgaba, la que explicó que la basca venía del estomago, de repente metió su mano en la garganta para sacarle lo que provocaba aquella náusea. Para estar seguro de que no fuera un chanchullo, Juan le pidió ver su mano antes de explorar la boca de la moribunda y verificó que nada tenía.

Juan atestiguó que la mujer extrajo un manojito de cabellos, del que quedaron hebras en la garganta de la moribunda, lo que con seguridad le provocaría el siguiente acceso de náusea.

Juan pensó: “¡Horror, gravedad, no lo puedo creer! ¿Me habrán hipnotizado estas mujeres? ¿Serán ilusiones?” y salió de la habitación para recuperar sus sentidos. Desde afuera oyó nuevos gritos y quejidos:

— ¡Qué venga Juan a verla!, ¡le regresa el vómito!

Al ver la siguiente arcada se convenció de que arrojaba algo que tenía en el estómago. La enferma clamaba por el Cura para confesarse y Juan, el único hombre presente, decidió ir a buscarlo porque la mujer estaba por perder el alma.

Pero había un problema: el Cura Suárez y él no se llevaban bien debido a que “las malas lenguas” habían esparcido falsedades que los distanciaron. Aún así, la gravedad de la situación indujo a Juan a ir por el Cura.

Juan llegó a la iglesia y saludó al cura. Me respondió —escribe Juan— no con sangre fría, sino algo caliente: — ¿Qué se le ofrece? —pregunto el Cura.

— Vengo a decirle que mi vecina se está muriendo y quiere confesarse.

— Pues no voy, no tengo lugar.

— Pues en eso usted sabe si va o no —le respondió— Sólo he querido que lo sepa usted.

— Suponga usted que fuera —dijo—. Usted ha de ir por la calle corriendo y con su capote por delante de mí. Yo a caballo, usted a pie.

—Yo no he de ir corriendo ni con mi capote ni sin él —contestó Juan—. Yo sólo he querido ponerlo en conocimiento de lo que pasa.

—Entonces, ¿Cómo sé dónde está la casa? Yo no sé adivinar.

—Si usted quiere ir —contestó Juan—, puede pasar a mi casa, que ésa bien la sabe usted, pues allá pasó la fiesta de carnes tolendas. La enferma está allí, viviendo muy cerca; mi mujer le enseñará la casa o [lo] llevará a usted a ella.

—Pues ya dije a usted: no tengo lugar.

—Pues punto concluido —respondió Juan—: Adiós.

Juan cruzaba la plaza cuando oyó aplausos para llamar la atención. Volteó con disimulo. Era el Cura, quien cambió de actitud. Le dijo que visitaría a la enferma.

Llegó el Cura a casa de la moribunda, la confesó y preguntó gentilmente;

—De, ¿qué se está muriendo? Nadie pudo responderle. Para satisfacer su pregunta lo único que una mujer hizo fue enseñarle lo que había regurgitado y con horror, disgustado y con asco el exclamo:

—¡No, no, no quiero ver eso! Creo que ella no va a llegar más de las ocho de esta noche.

Al separarse les pidió que por favor no creyeran en esas cosas.

Juan reflexionó: “Creer es tener sin ver, pero ver no es apropiado para creer en lo que estábamos viendo”.

El Cura se había retirado cuando la mujer que previamente ayudó a sacar manojos de la garganta de la hechizada les dijo:

— Si quieren puedo hacer un remedio que es bueno para que eche todo para afuera.

Nadie se sorprendió porque se decía que ella estaba al tanto de los bienes y males de la belladona y estuvieron de acuerdo que era preciso hacer algo lo más pronto posible. Aunque la alquimista no pidió patas de rana, jugo de hongos podridos o polvo de alas de murciélago, requirió albácar, contrahierba, aceite para cocinar, leche, polvo de hueso y numerosos ingredientes de cocina, que mezcló.

Después, sin recurrir a algún encanto y ni invocar a Satanás, dispensó él elixir a la desesperada vecina. Momentos después, arrojó todo por la boca hasta que le quedó vacío el estomago y la dejó desmayada. La médica sin diploma pidió que dejaran dormir a la enferma. Conforme los días pasaron, la vecina lentamente se recuperó.

La hechicera aparentemente estaba al tanto de las virtudes de la belladona, porque un día que Juan tenía una mazorquita de esa temible planta, el propio hijo de esa mujer le dijo que no jugara con ella porque contenía propiedades medicinales que con exceso resultan venenosas.

Cuando fue por el cura mientras la emergencia se desarrollaba, Juan se detuvo a ver a su compadre José Antonio Romero para contarle cada detalle, desde el fandango de la Hacienda San Juan. Conforme José escuchaba, de vez en cuando se reía, entonces Juan le dijo:

— No se ría, compadre, porque todo lo que le digo es cierto. Nada gano si nadie me lo cree o no cree porque ni gano ni pierdo, y aquí he concluido.

— Compadre, muy extraño que esas mujeres lo hayan hecho creer. Yo he visto a un brujo hacer a un individuo vomitar dinero, lumbre, listones y muchas otras cosas, lo que pasa es que a usted lo hicieron p…

— A mí no me hicieron p…, los que vomitaron dinero y otras cosas no estaban vivos, ya estaban muertos. Compadre, quedamos cada uno con su razón.

— No hemos concluido, ¿Por qué con tanta energía?, ¿Tiene usted negocio aquí?

— No, el que tenía ya concluyó.

— Pues bien, váyase para su casa, y si su vecina todavía sigue enferma mándeme un muchacho que yo le pagaré y estaré ahí inmediatamente.

Cuando Juan regresó al lado de la enferma, aún se encontraba postrada. Mandó entonces un recado para que su compadre viniera a atestiguar el caso por sí mismo. Pero éste contestó diciéndole que lo lamentaba, pero que tenía mucho trabajo.

Durante esa temporada había frecuentes reuniones de amigos. Después del episodio del hechizo tocó a José, el compadre de Juan, recibirlos en su casa. Entre los asistentes estaban el alcalde, un regidor, el secretario, el administrador, unos azogueros y otras personas. Se divertían tocando la guitarra, cantando y jugando la baraja, conquián o chilitos, es decir, albures.

Lo que le ocurrió a Juan era un acontecimiento reciente, de manera que José sacó a colación el tema de las brujerías y hechicerías y pidió a Juan que abriera la conversación. Todos los presentes estuvieron de acuerdo. Juan narró los hechos con el estilo que conocemos mediante sus memorias.

Uno de los concurrentes, don Abundio Galán, ex secretario del Juzgado de Letras del pueblo de Teloloapan, no perdió un minuto para decir:

—Y cómo las hay, sí señores: hay hechicerías y los indios las practican en regularidad. ¿Verdad don Angelito?

Don Angelito, que era tan instruido como don Abundio, respondió:

—Las leyes imponían penas muy severas a los hechiceros por los horrores que causaban, pero eso era en tiempos muy remotos, y es antiguo.

—No señor; hoy en el presente hay hechiceros. Yo por saber de Teloloapan, hay muchas quejas. Pero muchas, sí señor, muchas quejas.

—Se presentó un indígena en el juzgado de mi hermano Francisco Galán, quien fue a demandar a un Fulano porque era brujo y hechicero, el cual hechizó a su hija, la que se estaba muriendo. También le dijo que había visto al Alcalde pero no le quiso creer por miedo que a él también lo embrujaría. Por eso estoy aquí con usted. Mi hermano le dijo:

—Pero hombre, ¿Qué cosas son las que llamas hechicerías?

—Hechicerías es cuando los hechiceros les dan hierba a los que quieren hechizar. Vomitan regurgitando cabellos, muñequitos de trapo y otras cosas, llegando a un punto que empiezan a morirse.

— ¿Puedes dar prueba a esto?

—Cómo no señor, todos los que estábamos ahí, veíamos las porquerías. Y todos sabemos que es hechicero. A mi hijo le dijo que se iba a acordar de él debido a que mi hijo lo superó en una pelea.

El Juez don Angelito dijo “¡Basta!” Y sin tomar providencia, remitió al individuo con el alcalde. Pero por la tarde don Angelito pasó a ver al alcalde para consultarlo sobre el asunto. El alcalde le dijo que muy bien se sabía que la madre y abuela del referido hechicero también lo eran.

Para concluir, don Abundio dijo:

—De esos casos se ofrecieron varios. Yo los he visto, pues estuve escribiendo con mi hermano, muchos años; y como he dicho, que como he visto algunas quejas ante la autoridad; no dudo que hay personas envenenadores a los que les llaman con el nombre de hechiceros, y creo también que el secreto ha venido traduciéndose [1] desde antes de la Conquista por los españoles, porque quienes lo saben son los indios.

Juan a los 39 años de edad

María de Jesús, hija de padres no conocidos,[2] originaria de la cuadrilla de Santiago, esposa de Juan durante veintiún años, madre de ocho hijos y re tatarabuela mía, falleció el 22 de agosto 1855. El Cura Agustín Gómez mandó dar sepultura a su cadáver al campo mortuorio del Mineral de Zacualpan. Juan Castañeda quedó viudo a los 39 años.

1855 23 ago reg. ec. def.  Ma de Jesús Ríos de Castañeda

23 agosto 1855 registo eclesiástico defunción María De Jesús de padres no conocidos.  Unas veces apedillada Ríos y otras veces Ronces   https://familysearch.org/

 

Continuará

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición: Rafael Rodríguez Castañeda


[1]. Transmitiéndose, probablemente.

[2]. Unas veces apellidada Ríos y otras veces Ronces

Continuación.

“El infrascrito cura hace notar que el oficio de Juan es escribiente…”[1]

Cuando don Juan se sentó a escribir sus memorias, a avanzada edad, seguramente su agudeza visual había menguado, y debido a la artritis, sus manos acusaban limitaciones de movimiento, pues igual que su padre, trabajó con minerales y metales por muchos años.

Considerando estas limitantes y a sabiendas de que es imposible micro detallar cada fecha, lugar y persona, observo que involuntariamente en sus recuerdos, don Juan omitió la cronología así como muchos detalles. Aun así, dejó valiosísima información para que un descendiente interesado contara con una plataforma desde donde lanzar investigaciones para saber más sobre sus ancestros.

Juan entre los 18 y 20 años

Lo que relata mi re tatarabuelo sobre su vida en ciertas ocasiones, no es muy diferente que a la mía: Recién casado, acompañaba a mi esposa a la lavandería. Ella juntaba la ropa, el jabón y el blanqueador, y yo los metía en la cajuela del carro. Íbamos a la lavandería con suficientes pesetas para no quedar cortos al usar las máquinas de lavar y secar. Eran los años de 1970-72, y todavía no había llegado la cigüeña. Mientras la ropa se lavaba y secaba, yo me entretenía con un libro o iba a comprar algo para que comiéramos, mientras ella atendía el proceso de la lava y seca.

Juan menciona que una vez él y su esposa Jesús fueron a lavar al río que corre al lado del barrio de Santiago. Aunque no menciona la temporada, por la manera en que explica los detalles, pienso que fue poco después de que contrajeron matrimonio, y antes de que empezaran a procrear.

La Poza ahora conocida como La Tambora, vista rio arriba y principio de El Salto por caer diez a doce metros. Foto cortesía Rafael Rodríguez Castañeda

Nos dice que llegaron al rio donde existe una poza[2] como a diez o doce metros de un salto de agua, llamado precisamente El Salto.

Conforme ella empezó a lavar, él se desnudó y saltó a la poza. Se sambutía, nadaba, maromeaba y seguramente se echaba sus buenos clavados. Naturalmente, después de tanto jugar y casi desfalleciendo, con poca fuerza le pidió a [María de] Jesús[3] una sábana para recostarse. Todo muy bien para un joven lleno de vitalidad y energía, ajeno a las preocupaciones domésticas, pero no para un jovencita de dieciséis a dieciocho años, quien creía en los espantos.

María de Jesús descendía de una familia humilde y supersticiosa, con temores a lo sobrenatural. Creía en duendes, fantasmas y cualquier otro mal o forma de espanto que pudiera salir del sobaco del demonio.

Cuando vio a su joven marido exhausto y jadeante se afligió mucho, temiendo lo peor: pensaba que el duende que vivía en la poza había salido azotar a su esposo.

Al verla tan afligida por él y casi en lágrimas, Juan se dejó ayudar para tenderse a la sombra. La preocupación de María de Jesús era tal que no acabó de lavar la ropa. Después de un buen descanso volvieron a casa, donde ella preparó una comida que debido a su agotamiento, Juan dejó de lado hasta que se recuperó.

Aun hoy hay vecinos del barrio de Santiago que afirman haber visto u oído al duende que sale de esa poza y otras más que existen en ese río, no obstante, Juan siempre descreyó de lo súper natural y de las brujerías que atemorizaban a sus familiares y vecinos durante esos tiempos.

https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2012/10/26/los-duendes-de-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

Juan a los veinte años de edad

A partir de lo que don Juan escribió sobre su primera familia, infiero que solamente tuvo tres hijos con María De Jesús. Pero —¡sorpresa!—: llegué a enterarme que tuvieron ocho en total. La iglesia de La Inmaculada Concepción fue incendiada por los liberales en 1859, pero en los registros que sobrevivieron al fuego encontré en https://familysearch.org/ las actas de bautizo pertenecientes a cada uno de ellos. ¡Qué fortuna!

Antes de revelar la información sobre los ocho primeros hijos, es importante aclarar que María De Jesús es reconocida por la iglesia en las actas de matrimonio con Juan, como hija de “padres no conocidos”. Este detalle es muy importante porque los apellidos paternos y maternos definen el linaje.

En el caso de María De Jesús, fue laborioso descifrar que fue madre de los ocho hijos que tuvo con Juan. Puedo asegurar que fueron ocho los hijos legítimos de Juan y María de Jesús fundado en las siguientes consideraciones:

1. Estamos hablando de hace dos siglos, y, aunque fueron muchos los párrocos que asentaron actas en la iglesia de La Inmaculada Concepción, sus múltiples obligaciones los afectaban por igual, lo que con frecuencia les impedía escribir las actas completas al instante del bautizo. Así se explica que cometieran numerosos errores en las entradas por imprecisiones de la memoria.

2. Supongo con firmeza que María De Jesus nunca estuvo presente durante el bautizo de sus hijos, y que si estuvo no se preocupó en que las partidas la identificaran propiamente. Todos sus hijos fueron bautizados no más de dos días después de haber nacido y es probable que con tan poco tiempo después del parto no haya estado en condiciones de asistir a la iglesia. También existe el caso de que Juan o la misma partera envolvieran al infante, comprometieran a los padrinos o que en la iglesia pidieran el bautizo a cualquiera de los párrocos presentes. En esos tiempos de tan alta mortandad infantil era imperativo administrar el sacramento del bautizo lo antes posible.

3. Unas actas registran a María con el apellido Ríos; otras la apellidan Ronces, y en varios casos consignan su nombre sin apellido. A diferencia de Ronces, Ríos no es un apellido común en el barrio de Santiago. Por esa asociación, pienso que los párrocos de la iglesia preferían utilizar Ronces, sobre todo si conocían a las familias del barrio. Lo que consta de manera regular es que los padres de ambos eran de la cuadrilla de Santiago, y durante la temporada en que procrearon hijos no hay otros contemporáneos con los mismos nombres de Juan Castañeda y María De Jesús Ronces dentro de la cuadrilla de Santiago. Surgen homónimos después del año 1860. Para ese entonces María ya había fallecido.

4. Juan Y María contrajeron matrimonio en 1834 y después de que el primogénito nació en 1836, los demás hijos nacieron en 1838, 1840, 1842, 1846, 1849, 1852 y 1855. Hubo por lo menos dos años entre cada hijo.

5. En su manuscrito Juan nos deja saber que tuvo por compadre a una persona llamada José Antonio Romero. Dos actas de bautizo nos dicen que fue padrino de sendos hijos.

6. Una de las hijas es nombrada Sixta. Este detalle es muy importante porque ella fue la sexta hija que nació en 1849.

Estas observaciones y otras más que mencionaré al anotar el nombre de cada hijo serán más que suficiente para substanciar que estos ocho hijos son en realidad de Juan y María. Los hijos son:

José Pablo Maximino: Es bautizado por el infrascrito cura José Julián Villegas en la Parroquia de Santa María Zacualpan el miércoles, 8 de junio 1836, a un día de nacido, hijo legitimo de Juan Castañeda y María De Jesús (apellido paterno no incluido). Los padrinos fueron Urbano Reynoso y Antonia Loria.

José Manuel Ascensión: Es bautizado por el fray Anastasio Delgado en la Parroquia de Santa María Zacualpan el viernes, 24 mayo 1838 a dos días de nacido, hijo legitimo de Juan Castañeda y María De Jesús Ronces. El padrino fue Don Ignacio Díaz.

José Manuel se casó con Josefa Jaimes circa 1858, de ascendencia irlandesa y originaria de Temascaltepec. Hay registros bautismales que indican el nacimiento del primer hijo de la pareja en 1860, a quien nombró Félix Andrés. Félix falleció durante la infancia. Después nacieron Manuel (hijo) 1866, Justiniano 1869, Amador 1871 y Víctor 1873. Por linaje paterno, Manuel (padre) es mi tatarabuelo.

Conforme mis investigaciones y corazonadas, soy del pensamiento de que mucha información sobre Manuel y Josefa debería de estar en los registros de la iglesia de Temascaltepec, pero se me informó recientemente que los registros eclesiásticos fueron quemados por tropas zapatistas durante la Revolución.

En su manuscrito, Juan demuestra el cariño de un padre por su hijo, cuando lo extrae de las fuerzas liberales gracias a sus gestiones ante el general Tapia durante las batallas de Ayutla.

María Josefa Bonifacia: Es bautizada por el cura Luis G. Suárez en la Parroquia de Santa María, Zacualpan el jueves, 5 de junio 1840 a un día de nacida, hija legitima de Juan Castañeda y María de Jesús Ríos, vecinos de Santiago. Los padrinos fueron Mariano Popoca y Guadalupe Gómez.

María Josefa acompañó a su padre Juan en la localización y rescate de su hijo Manuel. Aunque era menor que Manuel, por cariño se refería a él como su “hermanito”. María Josefa contrajo matrimonio con Pragedis Díaz el 8 de abril 1860.

Juan menciona al cura Luis G. Suarez en varias ocasiones durante sus memorias.

José Antonio De Jesús Esteban: Es bautizado por el cura Luis G. Suárez en la parroquia de Santa María, Zacualpan, el viernes 2 de septiembre 1842 a dos días de nacido, hijo legitimo de Juan Castañeda y Jesús Ronces, vecinos de Santiago. Los padrinos fueron Don José Antonio Romero y Doña Rita Gai___ (apellido ilegible).

En su manuscrito Juan detalla que tuvo un compadre a quien llamaba don José Antonio Romero. Con esta acta de bautizo y otra posterior se confirma que don José apadrinó a dos de sus hijos.

José Antonio falleció en 30 de junio 1844, y el acta de defunción de la Parroquia de Santa María de Zacualpan, suscrita por el licenciado Rafael Zavala, nos dice que se mandó dar sepultura a este niño al campo mortuorio, hijo legítimo de Juan Castañeda y Jesús Ronces.

Antonia Ramona: Es bautizada por el Licenciado Rafael Zavala en la Parroquia del Mineral de Zacualpan el sábado 28 de febrero 1846, hija legítima de Juan Castañeda y Jesús Ronces. Ambos de la cuadrilla de Santiago. El padrino fue Felipe Suárez.

El caso de Ramona es muy interesante porque en un par de ocasiones Juan menciona tener una hija llamada Romana. La edad de esta hija coincide con la edad de Antonia Ramona. Estoy seguro que Romana y Ramona son la misma persona e hija de Juan y María. Siendo humanos, los párrocos de la iglesia cometían errores y supongo que a la hora de asentar los nombres, anotó Ramona y no Romana.

Otro dato interesante es que dentro de la familia, ni los familiares más cercanos tienen datos para explicar cómo es que el Dr. Reynaldo Escobar Castañeda era sobrino del Dr. Gonzalo Castañeda Escobar. Romana y el Dr. Gonzalo fueron medios hermanos por parte de padre, hijos, respectivamente, de dos matrimonios de Juan Castañeda. Entre uno y otro hay una diferencia de veintidós años. Romana nació en 1846 y Gonzalo en 1868. Ambos Doctores nacieron en Temascaltepec, Edo. De México. Hace poco, encontré la información matrimonial de Reynaldo Escobar Castañeda. El acta dice que sus padres fueron Juan Escobar y Romana Castañeda. Interesado en saber más sobre Romana y la relación familiar entre estos dos doctores, no abandonaré mis búsquedas.

María Sista: Es bautizada por el Licenciado Rafael Zavala el jueves 29 de marzo 1849 a dos días de nacida, hija legitima de Juan Castañeda y María Ronces. Los padrinos fueron Felipe Suárez y María López Cárdenas.

La coincidencia de que ésta, la sexta hija, fuera llamada Sixta, refuerza la idea de que María, de padres no conocidos, así se apellide Ríos y Ronces, es la misma.

María Antonia Quirina Trinidad: Es bautizada por el infrascrito cura Luis Huerta en la Parroquia del Mineral de Zacualpan, el viernes 4 de junio 1852 a dos días de nacida, hija legitima de don Juan Castañeda y Doña Jesús Ronces. Los padrinos fueron don José Antonio Romero y Doña María Montoya.

Niño sin nombre: En el curato del Mineral de Zacualpan y en 23 de agosto 1855, el cura Agustín Gómez mandó dar sepultura a un niño mal nacido que fue bautizado en caso de necesidad. Hijo legitimo de don Juan Castañeda y doña Jesús Ríos, vecinos de Santiago.

Nota de fallecimiento: En esta partida consta que mi re tatarabuela, María De Jesús Ríos, fallece de Hidropesía el mismo día que su hijo sin nombre. El cura Agustín Gómez mandó darle sepultura en el campo santo de la Parroquia del Mineral de Zacualpan. ¿Los habrán enterrado juntos?

Ignoro la cantidad de hijos que vivían cuando Juan Castañeda quedó viudo a los 39 años, pero si considero que solamente dos habían fallecido hacia el año de 1855, entonces las edades de los restantes deberían de ser entre los tres y diecinueve años de edad.

Con la muerte de madre e hijo concluye la progenie que Juan Castañeda tuvo con su primera esposa cuando él tenía veinte años de edad.

Juan a los 21 años de edad

Después de haber sido abuelo por primera vez, Alejandro Marcos De Castañeda De Gama, padre de Juan, y quinto abuelo mío por línea paterna, falleció de dolores de cascado [4] el 27 de octubre 1837, dejando viuda a María Antonia Josefa Popoca Sáez.  https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2014/09/16/los-padrones-de-la-inmaculada-concepcion-1834-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

Juan a los 22 años de edad y dos espantos en 1838

Me acuerdo del día en que mi padre me dijo: “No tengas miedo de los muertos, tenlo de los vivos”. La posibilidad existe que ese pensamiento, junto con mis propias experiencias, fundó mi propia base de creer solamente en lo físico y no lo metafísico.

A la media noche de un día, Juan se había separado de un baile que hubo en el barrio de la Veracruz [5] , y como yo lo hubiera hecho, estoy seguro que él habrá consumido unas que otras copitas de tequila o vasos de pulque [6] . En camino a su casa, pasó por una huerta donde vio a lo que él se refiere como un perro “prieto y lanudo” de quien no hizo caso. Al no ponerle atención a este busca huesos, el pensó que si otra persona lo hubiera visto, seguramente hubieran pensado que el diablo los había visitado.

En ese momento oyó el sonido de cadenas. Mientras el trataba de discernir el origen, el ruido del metal se repetía, lo que aumentaba el suspenso y lo obligaba a voltear por todos lados.¿De veras existe el diablo —se preguntó—, o será un preso que se fugó de la cárcel?, al cual, si lo ayudo, entonces seré culpable de su escape.

A solas en la oscuridad, con un perro y un fugitivo cercanos y el diablo en mente, Juan empezó a temblar. Decidido a afrontar lo que fuera, cogió una piedra y con valor se la lanzó al perro que se escondía. El ruido de las cadenas se alejó conforme el perro corría.

Los nervios se le calmaron al comprender que el perro de don Juan Gallegos andaba suelto con todo y cadena, pero el susto fue inolvidable.

Durante otra noche de 1838, hacia la una de la mañana Juan caminaba bajo un cielo nublado y sin luna hacia la Hacienda San José, donde trabajaba como azoguero a las órdenes de Roque Díaz.

Al pasar por El Socavón del agua, sitio a la entrada de Zacualpan, vio un bulto blanquisco, del tamaño de un hombre, algo retrasado de su camino. Juan se agachó y entrecerró los ojos en un esfuerzo por identificar esa anomalía. Se convenció de que era un hombre que blandía una espada o bordón.

Foto cazahuate latente cortesía imágenes Google.

Al estar cerca decidió saludarlo, pero el ente no le respondió. Juan pensó que tal vez el acto de mala educación era de un Don Juan, atento a sus negocios amorosos. También era posible que fuera un abigeo, y como él tenía caballos y vacas, lo mejor era identificarlo y caer sobre el individuo, si alguno de sus animales le faltaba.

Consciente de que estaba armado de un machete, en el afán de identificarlo caminó hacia él y con calor le pregunto: —Amigo; ¿tiene usted lumbre para fumarnos un cigarro? —El desconocido se quedó callado, Juan pensó que se estaba burlando de él. Ofendido, lo acometió con el machete, frente a frente, pero lo que tomó por un hombre era en realidad un tronco seco de cazahuate, blanco por un lado, y lo que creyó una espada era un varejón desprendido que el mecía el viento.  http://es.wikipedia.org/wiki/Ipomoea_arborescens

En nuestro cómodo presente, no consideramos el futuro y olvidamos el pasado. Nos cuesta trabajo imaginar el entorno y el ambiente en que ocurrieron episodios como éste. ¿Cómo nos comportaríamos en la soledad de lo oscuro, a la una de la mañana, a pie y en camino hacia el trabajo donde cada silueta vegetal tiende a tomar forma de espectro?

Otro espanto en 1843 a los 27 años de edad

Después de asistir a la boda de su hermano Felipe Neri, quien se casó con María Dolores Morales Nájera en Taxco de Alarcón, Guerrero, Juan y su esposa María De Jesús regresaban a caballo hacia Zacualpan.

Acta matrimonial Felipe Castañeda con Dolores Morales, Taxco, Guerrero, México, 27 febrero 1843. Juan Castañeda fue padrino.  Cortesía http://familysearch.org/

El caballo que montaba la tumbó, y María de Jesús decidió seguir el viaje a pie. Sin ser los únicos que hacían ese viaje, se rezagaron del resto. Les oscureció en el camino y como a las nueve de la noche, al pasar cerca de la Hacienda de San Juan, María voltea y le dice a Juan:

──Juan, oigo pasos detrás de mí.

── No es nada ──le respondió Juan.

──Los oigo perfectamente, ¿Qué, no los oyes?

──No, ¡no oigo nada!

──No has de oír, porque vienen detrás de mí. Tengo mucho miedo.

Juan le sugirió que se adelantara. Al caminar delante de él, ella dijo que entonces los pasos venían detrás de él. Juan le respondió que había quedado temerosa y espantada tras caer del caballo, pero María no se tranquilizaba y empezó a llorar.

──Vamos rezando mientras caminamos y verás que los pasos no vendrán más detrás de ti —le dijo Juan.

Al cruzar por el barrio de Memetla, María le dijo:

──Juan, los pasos que venían detrás de mí y después en frente, cuando te pasé, eran los golpes que daban las suelas descocidas de tus zapatos, que daban un segundo golpe cada vez que dabas un paso.

¡Qué momento tan angustioso para los dos!

Una vez superada la tensión se empezaron a reír con mucha gana. En medio de las carcajadas, Juan reconoció que empezaba a creer en los duendes, y que la vio tan afligida que hasta se puso a rezar, sin estar en la iglesia.

Ricardo Castañeda

Edición Rafael Rodríguez Castañeda

Continuará…


[1]. https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-13735-51011-92?cc=1837908&wc=MGLC-PTL:166998101,166998102,169037001

[2]. Ahora conocida como la tambora.

[3]. En sus memorias, Juan la llama simplemente ‘Jesús’.

[4] Significa enfermedad profesional asociada con el polvo respirado por los mineros.

[5] El barrio de la Veracruz es parte del municipio de Zacualpan como lo es el barrio de Santiago.

[6] Una bebida alcohólica original a México, poco gruesa y dulce hecha del jugo del agave o maguey. El pulque era una bebida sagrada que era ofrecida por los Aztecas a sus dioses.

La realidad de Don Juan

Don Juan Francisco Castañeda Popoca, 1816-1898

Don Juan Francisco Castañeda Popoca, 1816-1898, Cortesía Elena Laura Castañeda Islas

Muchos no saben quién fue Juan Francisco Castañeda Popoca, y menos, que él escribió un manuscrito hacia los últimos días de su larga vida.

Juan es un personaje más que significativo para mí en dos aspectos. En primer término, es mi re tatarabuelo[1] por línea directa, y en segundo porque sus memorias no sólo me han revelado muchos detalles sobre su propia vida,

Una Página manuscrito de Juan Castañeda. Cortesia Claudia Infante Castañeda

Una Página manuscrito de Juan Castañeda. Cortesia Claudia Infante Castañeda

sino también cómo coexistió al lado de sus contemporáneos durante el siglo XIX en Zacualpan, Estado de México, su tierra natal

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https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2012/10/12/titulos-linea-paterna-y-materna-12-octubre-2012/

Sin disminuir el valor de la primera razón, la segunda ─la crónica que hace sobre pasajes de su vida─ me da suficiente información para buscar documentos históricos que la pongan en contexto y de esta forma, ampliar el panorama para situar a numerosos ancestros Castañeda hasta el año 1750.

Mi encuentro con este manuscrito tiene su propia historia. ¿Fue este documento el que me salió al paso y me dio la pista para entender el universo de mis ancestros o fui yo quien lo halló? Por ahora dejaré de lado esa historia; lo importantees que así fue.

Para poner en perspectiva el valor de los detalles que se encuentran en el manuscrito de don Juan, puedo decir que la información que yo poseía sobre mi familia era tan limitada como una celda de prisión, pero como un libro derrumba los muros de la ignorancia, este documento me liberó de esas paredes para iluminar mi camino hacia un amplio horizonte de información detallada y hacia el conocimiento sobre mis orígenes.

Nacimiento de Juan

Juan nació el 20 de enero de 1816 y fue bautizado tres días después en la Parroquia del Real de Minas[2] de Zacualpan, Edo. De México. El párroco José De León lo bautizo con el nombre de Juan Francisco, mestizo del paraje al cual le llamaban Nacuachirrapa, hijo legítimo de Marcos Castañeda (Alejandro Marcos De Castañeda De Gama) y Antonia Popoca (María Josefa Antonia Popoca Sáez), vecinos de la Cuadrilla de Santiago[3].

https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2014/09/16/los-padrones-de-la-inmaculada-concepcion-1834-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

A la hora de asentar las partidas de bautismo durante los siglos anteriores, los padres de la iglesia Católica abreviaban mucho. Este detalle se puede notar en el mismo nombre de Juan Francisco cuando a primera vista parece decir Juan Franco[4]. Sus padrinos fueron Juan Francisco Mazare y María Josefa Castañeda[5].

Los nombres de los padrinos han sido muy valiosos. Ayudan a triangular, verificar y solidificar muchas actas. En el caso del nombre de mi Tata Juan Francisco me pregunto; ¿habrá elegido Marcos, su padre, asignarle ese nombre en honor a su compadre? Pienso que sí.

httpsfamilysearch.orgpalMM9.3.1TH-1-14048-37630-95cc=1837908&wc=MGL1-YW5166998101,166998102,1671952011816 23 ene. reg. ec. bau. Juan Francisco Castañeda Popoca

Bautizo Juan Francisco Castañeda Popoca 23 enero 1816, https://familysearch.org

El matrimonio de Alejandro Marcos y María Antonia tuvo cuatro hijos. En orden de nacimiento ellos fueron: María Guadalupe 1808-1811, María Tomaza Eutimia 1810-    , Juan Francisco 1816-1898 y Felipe Neri 1820-1881. La información disponible hasta el día de hoy sobre estos cuatro hermanos nos dice que solamente Juan y Felipe tuvieron descendencia.

Existe la posibilidad de que Juan tuviera más hermanos, porque en 1880, cuando Juan y Gabina, su segunda esposa, estaban por realizar un viaje a Tetecala, Morelos, México, considerando la cercanía de Tetecala con Cuernavaca le pide a Gabina: “Llévame a ver a mi hermano y hermanas”.

Mientras no se encuentren más registros que demuestren que Alejandro Marcos y María Antonia tuvieron más hijos, permanecerá esta incógnita. Algo que también se puede considerar es que Juan se refería a quienes estimaba mucho como primos hermanos.

A los diez años de edad

El talento de Juan para escribir con fluidez se reveló desde su infancia. El primer indicio de esta habilidad surge cuando Juan tiene diez años. Nos dice que mientras él escribía su plana en el año de 1826, unos niños cortaban flores frente a la Hacienda Santa Ifigenia, donde una compañía Alemana beneficiaba metales. Su padre Alejandro operaba de azoguero y un don Gustavo Epstein era el administrador.

Entre las flores que cortaron se hallaba una con figura de una pequeña mazorca de maíz, como de dos pulgadas, del color de un colorín. Su padre Alejandro revisó esta extraña mazorquita, y como no pudo identificarla se la mostró a don Epstein. Don Epstein, de origen europeo, le dijo que esa planta, aunque no muy común en esa zona, crecía mucho en su tierra y que era venenosa, al punto de que en Italia muchos buscaban maneras de cómo dársela a sus enemigos.

Juan se refiere a esta hierba como la belladona. En el curso de su vida habría de tener otros encuentros con esta maligna flor.

https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2012/11/18/haciendas-y-minas-de-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

A los diecisiete años de edad

En 1834, la Parroquia de Santa María Zacualpan, ahora conocida como la iglesia De La Inmaculada Concepción realizó un censo parroquial[6] que incluyó su cabecera, cuadrillas, barrios, rancherías, haciendas y pueblos bajo su tutela.

En la página diecisiete, referente a la cuadrilla[7] de Santiago se pueden ver los nombres de la familia Castañeda Popoca en el lugar número treinta y seis, la cual integraban Marcos Castañeda, cabeza del hogar, de 54 años; Josefa Popoca, dama del hogar, de 46, e hijos Juan y Felipe Castañeda de 17 y 14, respectivamente.

Las hijas mayores, hermanas de Juan no fueron registradas en estos censos. María Guadalupe había fallecido en 1811 y de María Tomaza Eutimia no se sabe si era difunta, había contraído matrimonio, o simplemente vivía en otro hogar.

Al revisar la página opuesta es posible ver con el número 26 los nombres de Julián Reynoso, 50 años de edad, Ma. Castañeda, 48; y Juana Reynoso, 22. El nombre completo de Ma. Castañeda era María Siriaca De Las Nieves. Ella fue hermana de Marcos Castañeda. Ambos, María Siriaca y Marcos, eran hijos legítimos del matrimonio de Nicolás De Castañeda y María Antonia De Gama.

https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2014/11/20/jos-nicols-de-castaeda-n-____-m-1786/

A los diecisiete o dieciocho años de edad

Era un domingo, y al ver que los zapatos de su hijo estaban muy desgastados, Marcos le dio seis reales para que fuera a comprar un nuevo par. A pesar de que su padre era muy estricto, Juan se gastó el dinero en otra cosa. Al poco tiempo su padre lo vio sentado en las gradas del cementerio con los mismos zapatos. Le preguntó enérgicamente por qué no se había comprado unos nuevos.

Con timidez, Juan le dijo que los vendedores aún no habían entrado a la plaza.

── ¡Como de que no!, si los manojos yo he visto.

──Pero, no hay unos que me vengan.

──Venga usted conmigo, ¡Como de que no ha de haber un par que te vengan!

Tras comprar los zapatos, los cuales el padre tuvo que pagar a doble costo, Juan sintió dolor en una de sus orejas, hecho que explica cómo es posible llegar a tener orejas de burro.

Al llegar a casa Juan confesó cómo gasto esos seis reales. Muy bien podemos imaginar el castigo que habrá recibido.

Este episodio ocurrió cuando Juan tenía, según nos dice, diecisiete o dieciocho años. Lo interesante es que no solamente recibe un buen castigo a esta edad, sino que poco después, en noviembre de 1834, tres meses antes de cumplir diecinueve años, el mismo padre que corregía al hijo, le da permiso para contraer matrimonio.

¡Un adolescente que, por un lado recibe castigos, pero por otro es suficientemente adulto para poder contraer matrimonio!

A los diecinueve años de edad

Al principio de su manuscrito y con solamente catorce palabras en la primera oración, mi re tatarabuelo Juan me ayuda inmensamente cuando escribe:

“Mi primera mujer se llamaba Jesús, de la cuadrilla de Santiago (mi tierra natal)”.

Después de cuatro años de búsqueda, encontré tres valiosos datos: el registro matrimonial y las actas de matrimonio y velación de Juan y María De Jesús, su primera esposa.

La presentación de los contrayentes tomó lugar en el curato de Zacualpan el veinticuatro de octubre de 1834. Durante este evento se refieren a Juan Castañeda como soltero de dieciocho años de edad, hijo legitimo de Marcos Castañeda y María Antonia Popoca, y a María de Jesús, doncella de dieciséis años hija de padres no conocidos. Ambos originarios de la cuadrilla de Santiago.

El casamiento y velación tomo lugar en la sacristía de la parroquia de Zacualpan el seis de noviembre de 1834. Pedro Reynoso y María Sánchez fueron los padrinos.

Presentación e información matrimonial de los contrayentes Juan Francisco Castañeda Popoca y María De Jesús (padres no conocidos), 24 octubre 1834. Página 1,  https://familysearch.org/

 

Presentación e información matrimonial de los contrayentes Juan Francisco Castañeda Popoca y María De Jesús (padres no conocidos), 24 octubre 1834.  Página 2,  https://familysearch.org/

 

Matrimonio y velación de Juan Francisco Castañeda Popoca y María De Jesús (padres no conocidos) 6 noviembre 1834.https://familysearch.org/

Dato fascinante: Durante la presentación de los contrayentes, el infrascrito cura hace notar que el oficio de Juan es escribiente.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           Continuará

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición Rafael Rodríguez Castañeda


[1]. Cuarto abuelo.

[2]. Ahora conocida como la iglesia de La Inmaculada Concepción.

[3]. La cuadrilla de Santiago es un barrio que pertenece al municipio de Zacualpan, Edo. De México, Mex.

[4]. Una representación tipográfica de la palabra manuscrita sería ésta: Franco.

[5]. Se ignora su parentesco a Juan.

[6]. Ver blog previamente mencionado sobre los padrones de Zacualpan

[7]. El término “cuadrilla” equivale a lo que ahora se conoce como barrio en Zacualpan.

Dr. Luis Camilo Ríos Castañeda, 1959 al presente

Luis Camilo Ríos Castañeda es familiar nuestro. Hijo de Celia Castañeda Hidalgo, nieto de Víctor Castañeda Hernández, bisnieto de Justiniano Castañeda Jaimes, tataranieto de Manuel Castañeda Ríos y chozno de don Juan Castañeda Popoca, tronco familiar del que descendemos. Nació en 1959. Es, por tanto, nuestro contemporáneo y no un ancestro.

¿Por qué, entonces, ancestroscastaneda publica un artículo sobre Luis Camilo? Para celebrar en familia los más recientes reconocimientos que ha acumulado en su fructífera trayectoria. Por la simple satisfacción que sentimos en reconocerlo.

La ficha que aparece en la tercera edición del Diccionario Castañeda sobre Luis Camilo, —ingeniero químico, farmacólogo y neurólogo—, alcanzó a informar que mereció el premio Doctor Manuel Velasco Suárez 2013 al Mérito en Neurología y Neurocirugía, por su destacada trayectoria en el área de las neurociencias. A ese premio le han seguido nuevas distinciones:

 

El doctor Luis Camilo Ríos Castañeda, profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), recibió el Premio Doctor Manuel Velasco Suárez 2013 – Ver más en: http://campusmexico.mx/2013/04/25/doctor-manuel-velasco-premiado-por-la-uam/#sthash.TDArDBlQ.dpuf

En 2013 ingresó a la Academia Nacional de Medicina de México como académico en el área de Bioquímica.

En octubre del año pasado obtuvo el Premio Hidalgo en Ciencia, Tecnología e Innovación 2014 en la categoría Investigación Científica, con el informe científico Tecnología para recolectar células dañadas después de contusiones. El de Luis Camilo fue uno de los 52 proyectos participantes en ese concurso.

Dr. Luis Camilo Ríos Castañeda ante la asamblea.  Foto adquirida en: énfasis, el centro de la noticia, Hidalgo.

El Gobernador del Estado de Hidalgo, Lic. Francisco Olvera, entregó en la misma ceremonia reconocimientos a Luis Camilo Ríos Castañeda, a Daniel Robles Camarillo, a Héctor Enrico y a Marco Antonio Escamilla Acosta por sus aportaciones a la investigación científica, innovación y al desarrollo tecnológico.

Premio Hidalgo 2014

Los premiados.  Foto adquirida en: énfasis, el centro de la noticia, Hidalgo.

Hay una breve reseña del acto de premiación en el siguiente enlace:

http://www.revistaenfasis.com.mx/2014/10/24/entregan-premio-hidalgo-2014-a-investigaci%C3%B3n-cient%C3%ADfica/

El artículo señala que en Hidalgo ha crecido el rubro de la investigación científica, y que los galardonados son claro ejemplo de las posibilidades que ofrece la innovación local en un mundo globalizado para atender problemas sociales.

El perfil profesional más completo de Luis Camilo Ríos Castañeda lo elaboró en 2011 Olivia Soria Arteche, integrante de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, cuando Luis Camilo se hizo acreedor del Premio Nacional de Química Andrés Manuel del Río 2011 en Investigación. A continuación lo reproducimos:

El doctor Ríos Ríos nació en la Ciudad de Pachuca, Hidalgo, el 25 de Agosto de 1959. Se tituló como Químico, con Mención honorífica, en la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México en 1983. Después de cursar la Especialidad en Estadística Aplicada en el Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas de la propia Universidad, el doctor Ríos realizó los estudios de maestría en Investigación Biomédica Básica, bajo la tutoría del Dr. Ricardo Tapia. En 1994 obtuvo el doctorado en Ciencias en la Especialidad de Farmacología, en el CINVESTAV, bajo la tutoría del Dr. Alonso Fernández-Guasti.

Como docente e investigador, el doctor Ríos ha realizado su labor en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, donde ha sido Profesor Titular “C” desde 1989 y en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía como Investigador, Jefe del Departamento de Neuroquímica (1990-2011) y Director de Investigación (2000-2003).

El trabajo de investigación científica del Dr. Ríos se refleja en los más de 170 artículos publicados en revistas científicas internacionales y los cuales han recibido más de 2,500 citas. El doctor Ríos es Investigador Nacional Nivel 3, del Sistema Nacional de Investigadores desde 2005.

Ha sido miembro del Comité Editorial de las revistas Toxicology Letters y de la Revista Mexicana de Ciencias Farmacéuticas y es Co-Editor de la Revista de Investigación Clínica , órgano oficial de los Institutos Nacionales de Salud de México. Ha sido miembro de las comisiones de proyectos científicos y de evaluación del Sistema Nacional de Investigadores del CoNaCyT.

La investigación del doctor Ríos ha sido pionera en el estudio de la Química del cerebro en nuestro país. Está centrada en la búsqueda de los mecanismos de daño neuronal por metales y radicales libres, y ha logrado la aplicación de conocimiento en bien de la salud a través del desarrollo de nuevas terapias y acciones de prevención que han beneficiado a miles de personas. Un ejemplo de esto es la Norma Oficial Mexicana que regula las concentraciones de plomo en sangre de los niños, en cuya elaboración participó el doctor Ríos. En fechas recientes el doctor Ríos y su grupo de trabajo encontraron el efecto dañino del manganeso sobre el coeficiente intelectual de niños expuestos ambientalmente a este metal. Asimismo, desarrollaron la aplicación de un fármaco como antídoto contra la intoxicación por Talio, un elemento químico con potencial neurotóxico utilizado para la guerra química. Como resultado de este desarrollo, el Instituto Mexicano de Protección Industrial de México les otorgó la patente para este producto.

Gracias a sus investigaciones sobre los mecanismos de daño cerebral por radicales libres, el doctor Ríos ha desarrollado un fármaco neuroprotector que ha sido empleado con éxito en pacientes con infarto cerebral. Con este descubrimiento se podrá reducir el daño neuronal y la discapacidad física asociada con este padecimiento, la tercera causa de muerte y la primera de discapacidad en el mundo. Para proseguir con este desarrollo, el doctor Ríos ha recibido el registro oficial de la Secretaria de Salud para el uso del medicamento (NeuroProd®) y actualmente ha registrado un ensayo clínico fase 3 para el medicamento. El doctor Ríos es titular de ocho patentes nacionales y dos internacionales. Una de estas se encuentra licenciada para su aprovechamiento comercial a una empresa farmacéutica nacional (NeuroProd®)

Bajo la dirección del doctor Ríos se han graduado 16 maestros y 17 doctores en Ciencias en los diversos programas de posgrado de excelencia de la Universidad Autónoma Metropolitana, de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Centro de Investigación y Estudios Avanzados.

Tres de estas tesis han sido premiadas como “Mejor Tesis de Doctorado” por los Institutos Nacionales de Salud, en los años 2005, 2008 y 2009.

En reconocimiento a su labor científica, el doctor Ríos ha sido acreedor de diversos premios nacionales e internacionales de investigación, como el Premio Gen (en dos ocasiones), el Premio Glaxo-Wellcome (en dos ocasiones), el Premio de la Coordinación de los Institutos Nacionales de Salud (en cuatro ocasiones), así como el Premio de la Western Pharmacology Society. En esta ocasión, por su trayectoria y aportaciones a la investigación científica, se hizo merecedor al Premio Nacional de Química “Andrés Manuel del Rio” 2011 que otorga la Sociedad Química de México.

Fuente: Bol. Soc. Quím. Mex. 2011, 5(2-3), 46. © 2011, Sociedad Química de México. ISSN 1870-1809

¿Cómo es posible acumular tantos conocimientos y ganar tal número de distinciones? Mediante la constancia. Luis Camilo asiste cotidianamente a su trabajo: ingresa al laboratorio, donde sus proyectos de investigación progresan metódicamente; da clases o dirige a otros investigadores. Eso explica que bajo su dirección 33 científicos jóvenes de tres instituciones distintas hayan obtenido grados de Maestría y Doctorado y que tres de ellos recibieran un reconocimiento especial a la calidad de sus tesis de doctorado.

La suya es una vida profesional dedicada a la Ciencia. No nos cabe la menor duda de que Luis Camilo seguirá cosechando premios y distinciones en el futuro; de que seguirá dando lustre a su historia.

 

Rafael Rodríguez Castañeda

Edición; Ricardo Castañeda Guzmán

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 9.900 veces en 2014. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 4 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

La conocí para nunca olvidarla

Fue el 25 de septiembre de 2011 cuando por primera vez la saludé. Ese día no solo tuve el privilegio de conocer a una persona sino a una pariente que llegó a incrustarse en mi corazón durante los siguientes tres años. Puedo marcar la fecha porque nuestra familia, una de las ramas Castañeda, se reunió en Pachuca, Hidalgo, México. Laura hizo el viaje desde la ciudad de México, junto con su media hermana Elza[1] y otros familiares, para estar presente en este primer evento familiar.

Conforme el festejo se desarrollaba, muchos hacíamos rondas de mesa a mesa para presentarnos e identificarnos entre sí de manera apropiada. Una vez situados conforme nuestro linaje, Laura y yo nos situamos en una de las mesas que agrupó a la descendencia del licenciado Amador Castañeda Jaimes, mi bisabuelo. Laura y yo empezamos a conversar y definir nuestro propio nicho personal dentro de este núcleo.

Con la extensa familia agrupada por descendencia y elección personal, ella y yo platicamos e intercambiamos datos personales como si los dos hubiéramos llegado de diferentes planetas, pues hasta entonces nos conocimos. Dentro de la conversación, llegamos a entender que ella era prima hermana de mi padre Alberto Castañeda Bárcenas.

El momento más vívido dentro de nuestra plática ocurrió cuando le enseñé un cuaderno verde de tres anillos que yo había preparado para tener a la mano información sobre la familia en caso de que alguien me preguntara algo. Laura demostró interés, no por lo que escribí sino por los datos que el cuaderno contenía, y algo me impulsó a obsequiárselo. Lo aceptó después de vencer su resistencia inicial. Durante el resto del festejo la observé en varias ocasiones. Guardaba el cuaderno muy cerca de sí, a veces entre los brazos, como si fuese su hijo. Este comportamiento me reveló que adoraba el concepto de su familia.

Felipa Laura (“Chiquis”) Luna (Moon) Castañeda [2]

Según su propia versión y la del resto de la familia, Laura nació el 26 de mayo 1942 en Pachuca, Hidalgo. Hija de Aurelio Luna Hernández y Laura Soledad Castañeda Islas. Aún no he hallado el registro civil de su nacimiento ni su acta de bautizo, pero encontré el acta de defunción de su madre, la cual ayuda a verificar su fecha de nacimiento. La llamaron Felipa, como su bisabuela materna, y Laura, como su madre.

Laura Soledad Castañeda Islas, 1918-1942

Laura Soledad Castañeda Islas, 1918-1942, madre de Laura Elena y Elsa.

Trágicamente a la edad de veinticuatro años, Laura Soledad Castañeda Islas de Luna falleció el 26 de mayo de 1942 a las 22:45 horas en el hospital civil debido a una hemorragia puerperal. El acta refiere a Laura Soledad de Luna como casada e hija del licenciado Amador Castañeda Jaimes y Francisca Islas Montaño, viuda de Castañeda[3].

Conforme Laura Soledad sangró hacia la muerte y el padre caminó hacia su libertad, las medias hermanas huérfanas quedan separadas, a cargo de dos tías. Elena Laura se hizo cargo de Laura, y Esperanza María se ocupó de Elza. Ambas tías eran hermanas de Laura Soledad.

Elena Laura se separa de su esposo y se ve en necesidad de trabajar para sostener a sus propios hijos. Hay indicios de que Laura haya quedado a cargo de varios parientes, inclusive su padre. Finalmente Laura se cría con Francisca Montaño, su abuela, junto con Elza Rico Castañeda, su media hermana, y Roberto y Magda, sus primos hermanos, hijos de Elena Laura. Laura llegó a casa de Francisca cuando Elza, tres años mayor, ya estaba al cuidado de Francisca. No habrán permanecido mucho tiempo bajo el techo de su abuela porque falleció en 1950.

Con este tercer duro golpe que la vida le asestó antes que cumpliera ocho años, vinieron una serie de mudanzas de casa a casa. Si primero fue cuando su madre falleció y el segundo cuando el padre se liberó de la responsabilidad de criarla, el tercero ocurrió cuando su abuela falleció de cáncer.

Laura Luna y abuela Francisca Montaño Vda. de Castañeda

Laura Luna y abuela Francisca Islas Montaño Vda. de Castañeda

 

Laura Luna circa 4 años de edad.

Laura Luna circa 4 años de edad.

Progreso de nuestra relación

Como todo en la vida que tiene la costumbre de llegar a un final, así también término nuestra asamblea. Después de numerosos despidos y al cerrar las puertas, el salón quedo vacío y silencioso, pero dentro de unos de nosotros, aún resonaba el eco de querer saber más sobre la familia.

Conforme las búsquedas progresaron, Laura empezó a participar y aplicarse a esta tarea con mucho interés y energía. Desde el principio observé que; aparte de su teléfono celular, Laura no poseía aparatos tecnológicos, como computadoras, impresoras, Internet, wi-fi, y menos saber cómo operarlos.

Aún así, la luchadora y buscadora que ella era, le ayudo a encontrar maneras de cómo enviarme datos, fotos e historias de la familia. Aunque algunos envíos eran muy básicos, digamos, en forma de un dibujo o algo escrito en papel, estos fueron traspasados por familiares, amistades, vecinos y compañeros de trabajo, los cuales la querían mucho y hacían todo lo posible por ayudarla.

Aparte de otros miembros de la familia que también han contribuido y lo siguen haciendo, la colaboración de Laura fue esencial para saber más sobre la vida del Licenciado Amador Castañeda Jaimes, ex-gobernador interino del estado de Hidalgo en 1912, y su familia.

Nuestra propia relación la realizamos mediante llamadas telefónicas de larga distancia. Cuando dejábamos a un lado los temas de la investigación familiar, hablábamos de salud, gustos, trabajo, países, etc., etc. Todo dentro de una plática normal.

Siempre lista para ayudar

Por diseño natural ella siempre estaba lista para ayudar a su prójimo. El 29 de junio de 2012, mientras yo conducía unas tareas en casa, recibí el siguiente email por parte ella. Este email, el cual aún lo tengo en mis bancos de correos electrónicos dice lo siguiente:

“Hola Richard:

Espero estes bien.

Me gustararía saber si me puedes marcar a cualquiera de mis números, me URGE COMUNICARME contigo.

GRacias.

P.D. Te encuentras en México o en E.U.A. ?”

Con signos de interrogación en mi mente le marqué solo para saber que unos infames le demandaban una cantidad monetaria a cambio de mi libertad. Según entendió, le dijeron que me tenían secuestrado. En consecuencia, Laura comenzó frenéticamente a tratar de acumular el dinero y la manera de resolver la situación para satisfacer la demanda. Con buena suerte el resto de la familia le ayudó a comprender la falsedad de la noticia, que era un intento de extorsión de unos gusanos. Menciono este detalle para ilustrar la dedicación y lo preparada que ella estaba para hacer algo por los miembros de su familia.

Las tristes noticias

Fue el 22 de diciembre de 2014 cuando recibí una inesperada llamada telefónica de mi prima Laura Elena Fernández Mendoza en la cual ella tenía dificultades en expresarme unas noticias. Inmediatamente supe que algo estaba mal, pero nunca pensé que se refiriera a Laura “Moon”.

Ya compuesta, Laura Elena me pudo decir que Laura había fallecido, después de sufrir un desmayo, uno de los múltiples que siempre plagaron su vida debido a la baja presión.

Al expresar mutuamente nuestros sentimientos decidimos que sería digno reconocerla. Es por ello que le dedico este blog, junto con otros testimonios de quienes la quisimos, y la cronología de eventos en su vida.

Laura Luna, asamblea Castañeda 2012

Laura Luna, asamblea Castañeda 2012

Ricardo Castañeda Guzmán

 

Laura Luna Castañeda 1942-2014

Laura, luna cercana, luna distante

A Elizabeth y Guillermina, próximas a Laura,
cuyo corazón amaban y comprendían.

Le gustaba que la llamaran «Laura Moon». Así afirmaba su condición satelital respecto de su familia y del mundo. Como la luna, siempre se mantuvo cerca, aunque algo le impidiera integrarse plenamente. Como luna que muestra a la Tierra el mismo rostro, Laura enseñó su cara alegre y ocultó su tristeza original. El destino la marcó el día que comenzaron al mismo tiempo su vida y su orfandad: la madre murió tras el alumbramiento; el padre se desentendió de ella.

Desde que fue bebé rodó adonde le daban cobijo. De casa de una tía a la casa de otra iban Laura y su maletita. Durante su segunda niñez la crió su abuela Francisca, donde diluyó su condición de huérfana en compañía de Elza Rico Castañeda, su hermana materna, y de Roberto y Magda, sus primos. Pachita cuidó a sus cuatro nietos hasta que se le acabó la vida. Los primos emigraron a la Capital con Elena su madre, quien también llevó consigo a Elza. A Laura la dejaron en Pachuca.

Quedó al cuidado de sus tíos abuelos. Tayde, una de las hermanas de Pachita, enviudó poco después porque a Ignacio Arteaga, barretero jubilado, finalmente lo mató la silicosis, y Tayde se mudó con Laura a un departamento de la colonia Clavería, en la Ciudad de México, donde vivió con su hermana María.

Tayde tenía derecho a la añoranza, así que de vez en cuando viajaba a Real del Monte. Allí estuvo la casa en que tantos años vivió con Nacho. En uno de esos viajes cayó de una escalera y no sobrevivió. El departamento de la colonia Clavería lo heredó Elza, quien se hizo cargo de su hermana. Laura era ya una quinceañera.

Gracias a sus estudios secretariales Laura siguió el camino laboral de su hermana y sus tías. Elza, además, fue su compañera de empleo. Cuando Elza casó, Laura permaneció a su lado, de tal forma que conforme fueron naciendo, convivió con Arturo Eugenio, Elizabeth, Guillermina y Eréndira. Sus sobrinos fueron como sus hijos. Fueron además sus cómplices y compañeros de juegos.

1959 Laura Luna Certificado

1959 Laura Luna Certificado

“Mi mamá y mi tía Laura eran diferentes —dice Elizabeth—. Mi mamá, muy seria, muy tranquila. Vivimos juntas. Cuando salíamos a pasear mi tía Laura se volvía una de nosotros. Los domingos, por ejemplo, íbamos a Chapultepec. Mi mamá siempre se quedaba sentada, cuidándonos, y mi tía corría, brincaba, saltaba; se reía, jugaba al balón como niña. Siempre como muy contenta, muy entusiasta”.

“Como muy contenta”, como luna que esconde otro lado. Ajena desde el nacimiento al hogar que la recibía, Laura aprendió a granjearse el cariño de sus huéspedes. Esa circunstancia se repitió tantas veces que sometió su autoestima a la costumbre de servir, de darse a los demás a cambio de ser aceptada.

Conforme se hizo adulta, Laura pensó emanciparse, tener una casa y una familia estable, mas en el plano profundo no sólo buscaba un esposo; requería, además, una figura paterna. Al casarse con Sergio Ruiz, veinte años mayor que ella, tuvo casa propia y al año siguiente, descendencia: nació Aurelio Héctor, pero el matrimonio no prosperó, acabó la fugaz independencia y Laura volvió con Héctor a la casa de Elsa y sus sobrinos.

Laura atendía con igual cuidado materno a Héctor que a Guillermina y a Eréndira —Arturo y Elizabeth, los mayores, vivieron seis años con su padre—, los mimaba, les compraba juguetes, chucherías y baratijas de moda. Quizás los quisiera igual, pero era evidente que prefería a su sobrina menor.

“Mi hermana Ere era su adoración y no le importaba hacerlo patente —dice Guillermina—. A mí no me llevaba de paseo; a Ere sí. Decía cualquier cosa, lo que fuera, pero era muy contundente que Ere era su consentida. Todos los días le llevaba Chiccos —unos chocolates que ya no existen—, y a mi hermana Ere le encantaban”.

Es preciso destacar esta predilección para comprender el dolor que le causó la muerte de Eréndira cuando apenas tenía nueve años. De hecho fueron dos madres quienes perdieron a la misma hija: Elza y Laura.

Después de esa tragedia, Laura siguió deseando una familia y una casa, y en el segundo intento, un recóndito afán compensatorio la indujo a contraer nupcias con alguien que equivaliera a una figura filial. Jesús Rodríguez, veinte años menor, mostró tal disposición y generosidad al casarse con ella que dio su apellido a Aurelio Héctor. Laura tuvo por segunda vez casa aparte. Al año siguiente nació Jorge Armando, su segundo hijo.

Laura reanudó su vida laboral, pero se le hacía difícil el cuidado de Jorge Armando, y para aligerar su carga doméstica, confió el cuidado de Héctor a la familia de Jorge, su primo, hijo de su tío Fermín Jorge Castañeda.

La relación con Jesús era conflictiva. Constantemente se peleaban. Laura volvió entonces a la casa de Elza. “Mi mamá y mi tía compartían la maternidad para con nosotros —recuerda Guillermina—. Mi mamá era responsable, seria, y mi tía, consentidora, simpática con nosotros, como más niña. Nos consentía mucho, nos compraba cosas que nos gustaban. Sabía muy bien qué querían los niños. Podía gastar su sueldo en una noche o en dos días. Compraba, por ejemplo, unos dijes coleccionables que estaban de moda en ese momento. Cada semana salía uno diferente, entonces iba comprando la manzanita, el angelito o la estrella e íbamos rellenando unas gargantillas con esos dijes. Algo que recuerdo con mucho gusto fue que nos compró unas sombrillas transparentes en forma de hongo que eran distintas de las sombrillas normales, para la lluvia.

De repente, también podía ser impredecible. “Todos los 15 de septiembre llegaba con su bolsa de cohetes, y mi mamá se enojaba porque decía que eran peligrosos. —No le digan a su mamá pero les traje cohetes. Ese era el tipo de cosas que nos acercaba mucho a ella, su vitalidad, su capacidad de adaptarse.

Así transcurrió aproximadamente un decenio.

Laura, secretaria: Ganaba bien, pero siempre andaba con problemas económicos. Gastaba toda la quincena en dos días y al tercero, pedía prestado a Elza para los pasajes. —¡Cómo que para los pasajes! ¿Otra vez, Laura?, si cobraste hace tres días… No era previsora, pero no se le cerraba el mundo y se arreglaba muy bien. Le gustaba vestir bien y admiraba que la gente estuviera bien vestida. Le buscaba por mil lados y era feliz si se compraba unos zapatos o una playera en diez pesos. Se compraba pelucas.

Luna familiar: Según la recuerda Guillermina, Laura siempre luchó por tener un lugar estable dónde vivir y por pertenecer a una familia. Quería recibir afecto, pero no sabía cómo. No se sentía merecedora de él y le costaba trabajo que la gente le mostrara consideraciones. No las recibía tan fácilmente, se sentía incómoda.

“Para ella era fácil atender, pero no recibir atenciones tales como «A ver, yo te sirvo la comida». Le daba mucho gusto regalar. Si recibía un regalo, lo aceptaba, pero no atenciones. Era como si dijera «yo estoy para ayudar y ver las necesidades de otros, pero las mías no importan». Lo dijo varias veces: « Si yo me siento mal, con no poner atención se me quita».

“Pero de una manera velada había un reclamo —no muy claro, tampoco—, una clara mención de que eso era algo muy ansiado por ella, difícil de atender”. Por otra parte, no era fácil compartir con ella la vida cotidiana. En ocasiones Laura era complicada, dominante e intrusiva.

En medio de su ambivalencia hacia la familia, Laura y Jesús se reconciliaron. Probaron vivir juntos otra vez, pero nuevamente surgió el sino amargo y trágico de Laura para someterlos a una dura prueba: Jorge Armando, quien desde su nacimiento había padecido asma, a los catorce años sufrió una crisis que ameritó hospitalización. El asunto no parecía grave y llegó a internarse por su propio pie, pero una medicación errónea le produjo la muerte.

El golpe fue devastador para Laura y para el matrimonio. Jesús se fue de la ciudad. Laura nuevamente fue acogida en casa de Elza y sus sobrinos.

“Ya no quiero querer a nadie más, porque la gente a la que quiero se muere” —dijo, como si un poder siniestro condenara a sus seres cercanos, comenzando por Laura Soledad, de quien ni siquiera tuvo oportunidad de ser amamantada.

Pensaba y sentía en términos visuales. Si le dolía mucho la pérdida de alguien, Laura olvidaba el rostro, a pesar de haberlo idolatrado. “Ya no me acuerdo de la cara de Eréndira, de Jorge Armando, ni tampoco de Jorge el Griego” —jefe de su último trabajo asalariado—. Bloquear imágenes significaba disminuir, así fuera parcialmente, el dolor que sentía cuando se acordaba de los seres queridos y perdidos para siempre.

Para conservar la memoria icónica, empezó a recuperar fotos y a fotografiar la gente que quería. En su celular conservaba una imagen de Jorge Armando.

Vivía aún el duelo de Jorge Armando cuando debió afrontar nuevos cambios en su vida: cuarenta días después de la muerte de su hijo menor se casó Héctor. Laura pretendió vivir cerca de la pareja recién formada, mas el aspecto dominante de su carácter produjo el efecto contrario.

Laura Luna e hijo Aurelio Héctor, 2014

Laura Luna e hijo Aurelio Héctor, 2014

Optó entonces por vivir sola y alquiló un departamento, experiencia que la sometió a otro aprendizaje que también resultó conflictivo: el trato con caseros y vecinos. En un tiempo relativamente corto debió cambiar de residencia. Desde entonces se mudó alrededor de diez veces. Sus departamentos tenían cada vez menos servicios o eran más chicos y eso le disgustaba.

Cada mudanza le costaba trabajo. Detestaba los cambios, pero sus problemas económicos y personales finalmente la obligaban. El trabajo físico y emocional de dejar una casa le pesaba en proporción inversa al entusiasmo que sentía por habilitar y decorar la siguiente. En ese sentido era muy optimista.

Vivió de manera independiente a pesar de que sufría en soledad. Evitar estar sola. En los fines de semana salía de casa. Si no visitaba a Elsa y a sus sobrinas en Cuernavaca, iba a Ciudad Satélite con su tía Elena y sus primas, o donde tuviera parientes. Aun a sabiendas de no estar en familia, se adaptaba y bromeaba.

En la última etapa de su vida se mantuvo a sí misma, pero había indicios de que no lo podría hacer por mucho tiempo. Supo que padecía glaucoma y sintió cómo avanzaba la enfermedad. Dejó de salir de noche. En su departamento caminaba a la luz de una lamparita, o apoyada de las paredes. Su fuerza disminuía y Laura lo sabía. Olvidaba el nombre de los objetos de uso común. Aumentaron sus temores. Sabía que resistiría las enfermedades, pero no las pérdidas. Consideró que no toleraría una pérdida más, la separación definitiva o la muerte de alguno de sus familiares cercanos.

Educada en atención de otros y no de ser atendida, no quiso depender de nadie. La conciencia de que no podría trabajar y mantenerse a sí misma la indujo a no llegar a ese punto y a finales de 2014 su corazón se encargó de precipitar el final.

Rafael Rodríguez Castañeda

Laura, la Chiquis, Moon

Ericka, Laura Elena y Magda

Fuiste una mujer con virtudes y defectos como todo ser humano. Fuiste una mujer sufrida desde tu nacimiento, pero también fuiste valerosa porque siempre te enfrentaste a las adversidades de la vida y seguiste siempre adelante.

Un ser humano que supo conservar sus amistades a través de los años. Por eso tu funeral fue tan concurrido de todos nosotros, que te queremos y que quisimos despedirte.

Fuiste una mujer tenaz, luchona, muy trabajadora, industriosa y servicial.

Tu mejor virtud fue ser dadivosa, ya que diste de ti para con todos a quienes podías ayudar. Ayudabas incondicionalmente.

Siempre estarás en nuestro corazón y ya te extrañamos.

¡Nos vemos en la resurrección!

Buscaba el bienestar de los demás

Elizabeth Barrera Rico

Laura, la mujer que no tuvo infancia —le decíamos. O tal vez la disfrutó tanto que nunca la dejó del todo. Disfrutaba como una niña las cosas simples de la vida. Gozaba jugar, ver películas de comedia; sobre todo reír. Reía junto con todos y cuando todos terminábamos de reír, ella seguía riendo y con sus carcajadas contagiaba a los demás, que volvían a reír junto con ella.

Era incansable. Una persona siempre dispuesta a echar la mano. Buscaba en todo momento procurar el bienestar de los demás a su alrededor aun a costa del bienestar propio.

Mi mamá postiza, presente en todas las etapas de mi vida. Y no solo conmigo: después, con mis hijas y mis nietas. Sé del amor que me tenía y demostraba en cada acción.

Tía Laura, gracias. Te quiero mucho.

Siempre mi compañera en las alegrías y en las penas

Elza Rico Castañeda

Laura, mi hermana menor, pero siempre mi compañera. Primero de juegos, de travesuras, de aventuras, y luego mi compañera inseparable de vida. A mi lado en las alegrías, en las celebraciones, igual que en las penas y las desgracias. Atenta a mis necesidades, deseos y sueños. Cómplice completa de mi vida.

Tu presencia inundaba mi vida de tranquilidad, seguridad y confianza. No sé cómo hubiera sido mi vida sin ti. Sé que contigo, mi vida a tu lado fue más divertida, sencilla y feliz. Agradezco tu presencia, apoyo y compañía. Laura, gracias por todo.

 

Laura Luna Cronología

1942, 26 Mayo Nace en Pachuca, y horas después muere Laura Soledad Castañeda, su madre, de hemorragia puerperal.

1942—1950 Tras la muerte de Laura Soledad, las medias hermanas huérfanas quedan separadas, a cargo de dos tías. Elena se hizo cargo de Laura, y Esperanza se ocupó de Elza.

1944—1950 Elena se separa de su esposo y se ve en necesidad de trabajar para sostener a sus hijos. Hay indicios de que Laura haya quedado a cargo de varios parientes, inclusive su padre. Finalmente Laura se cría con Francisca Montaño, su abuela, junto con Elza Rico Castañeda, su media hermana, más Roberto y Magda, sus primos. Elsa había estado a cargo de la abuela, probablemente, desde que Laura Soledad casó con Aurelio Luna.

1949 Dos accidentes pusieron en peligro la vida de los cuatro niños. El primero fue la explosión de un tanque de gas, ocasionada por el choque de un camión repartidor de cilindros contra uno de los pilares de la casa. El segundo fue la inundación del 24 de junio, a causa del desbordamiento del río de las Avenidas sobre las calles aledañas. Hidalgo, la calle de la casa abolengo, colindaba con el río.

1950 23 Ago. Muere Francisca Montaño. Elza, Roberto y Magda van a vivir a México, con Elena, Esperanza y Oscar Castañeda Islas. A Laura la recogen Ignacio Arteaga y Tayde Montaño, hermana de Francisca. A la muerte de Ignacio, minero jubilado, Tayde se muda con su hermana María a México, a la calle de Cairo, colonia Clavería, y lleva consigo a Laura.

1956—57 Elza y Laura van a vivir con su tía Elena y sus primos. Elza, tres años mayor, es en cierta medida responsable de cuidar a su hermana.

1959, 30 Nov. Concluye la primaria en la Escuela Casa Amiga de la Obrera.

1961, tal vez Casamiento de Elza Rico con Eugenio Barrera.

1961, 5 Dic. Nacimiento de Arturo Eugenio Barrera Rico.

1962, 7 Nov. Nacimiento de Elizabeth Barrera Rico.

1964, 25 Jun. Nacimiento de Guillermina Barrera Rico.

1967 28 Ene. Nacimiento de Eréndira Barrera Rico.

1968, tal vez Casamiento con Sergio Ruiz, veinte años mayor que Laura.

1969, 18 Abr. Nacimiento de Aurelio Héctor, hijo de Laura y de Sergio Ruiz. Separación de Sergio. Laura y Aurelio Héctor se van a vivir con Elsa, en Cairo, col. Clavería.

1968 ó 1969 Arturo y Elizabeth van a vivir con su padre.

1974 ó 1975 Arturo y Elizabeth regresan a casa de Elsa, su madre. Convivencia y trato frecuente de Laura con sus cuatro sobrinos.

Elsa y Laura trabajan en la misma empresa, llamada Secretarias Temporales. Salen de casa y regresan juntas. Permanecen allí muchos años, hasta el cierre la empresa.

1976, 31 Mar. Muerte de Eréndira Barrera Rico, su sobrina consentida.

1977 o 1978 Casamiento con Jesús Rodríguez, veinte años menor que Laura.

1979, 8 Oct. Nacimiento de Jorge Armando, hijo de Laura y de Jesús Rodríguez.

1980, aprox. Mientras trabaja, deja a Héctor al cuidado de Jorge Castañeda, su primo.

1993, 14 Oct. Muerte de Jorge Armando. Separación de Laura y Jesús, quien se va a vivir a Xalapa.

1993, 24 Nov. Casamiento de Aurelio Héctor con Olivia Fonseca. Distanciamiento entre Laura y Héctor.

1994 Laura ingresa a trabajar a una firma de contadores públicos y comienza a vivir sola, aunque en trato frecuente con Elsa, sus sobrinas y otros familiares. Cada dos semanas pasa tres días con Elsa y con Guillermina. Cocinaba para que ellas tuvieran alimentos toda la semana y este trabajo constituía una de sus fuentes de ingreso.

2004 aprox. Laura vive sola en departamentos alquilados. Sufre alrededor de diez mudanzas, cada vez a lugares con menos servicios o más chicos. Los motivos de mudanza son sus dificultades económicas y problemas de trato con vecinos y caseros.

2011 Progresivo deterioro de sus salud y sus capacidades. Un glaucoma le impone limitaciones. Deja de salir de noche por dificultades visuales. En su departamento se desplaza con una lámpara o apoyándose en las paredes.

2014, 22 Dic. Muerte de Laura Luna.


[1] Laura Soledad Castañeda Islas fue madre de Laura con Aurelio Luna y de Elza con Mario Rico

[2]. Aparte de su nombre, ‘Chiquis’ y ‘Moon’ eran los términos con los cuales se refería a sí misma. En inglés ‘moon’ significa luna.

[3]. Amador Castañeda Jaimes falleció el 1o de julio 1934

La metáfora del árbol

Uno de los recursos más afortunados con que contamos para ilustrar y entender pensamientos complejos, como la realidad que representa un conjunto familiar que interrelaciona personas de diferentes generaciones (padres, hermanos, tíos, primos, abuelos, hijos, sobrinos, nietos y ramificaciones ascendentes y descendentes aun más complicadas) consiste en comparar la genealogía con el árbol.

De esa manera, la complejidad de la realidad familiar se expresa por medio de un concepto diferente pero fácil de comprender. Hablar de ramas familiares para representar los nexos entre quienes son parientes consanguíneos guarda un relación de semejanza que todo el mundo entiende.

Sin embargo, subsiste siempre la interrogante de lo que no conocemos, que se relaciona con el enigma filosófico: ¿de dónde venimos? Y se pierde en el pasado: nuestros ancestros.

Nuestro recurso provisional consiste en apoyarnos en respuestas relativas: un abuelo o una abuela pueden ser considerados como tronco familiar de sus hijos y sus nietos. Ah, pero cuando llegan los bisnietos, ya no se llaman abuelos, sino bis-abuelos. Ah, pero cuando hablamos de los abuelos que tuvieron los propios abuelos, debemos precisar que se trata de los tatarabuelos o terceros abuelos. Ah, pero entonces el abuelo deja de ser visto como tronco familiar y pasa a considerarse como un ramal mayor que a su vez, proviene de un tronco más grueso y antiguo. En esa línea de pensamiento debemos resignarnos: el tronco familiar, sea por la línea materna o por la paterna, nunca lo descubriremos cabalmente.

Esto último lo digo por mí: sé que nunca llegaré a saber todos los nombres de mis ancestros, que posiblemente estén registrados desde que la pluma marcó el papel la primera vez, pero gracias a la ciencia del YADN, he podido informarme sobre my origen geográfico. https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2013/07/08/y-adn-castaneda-sin-raices-no-hay-ramas/

Igualmente, a través de los resultados de mi Prueba Autosomal ADN[1] me he enterado sobre mi etnicidad, compuesta de origen europeo en 51%, del Nuevo Mundo (indígena) en 34%, asiático del este en 13% y africano en 2%.

 

Tronco familiar

Por ahora, José Nicolás De Castañeda es el tronco común de la rama familiar de los Castañeda a que pertenecemos; el más lejano de quien tenemos noticia. José Nicolás De Castañeda es mi sexto abuelo paterno. Y mi sexta abuela, esposa de este ancestro, es María Antonia De Gama. Ambos, registrados por la iglesia Católica como originarios de la cuadrilla de Santiago del municipio de Zacualpan, Edo. de México.

 

Primera noticia de Nicolás

El 1º de febrero de 2011, cuando comenzamos la investigación genealógica de nuestra familia, mis primos Abraham Cárdenas Castañeda, Jesús Castañeda Téllez Girón y Rafael Rodríguez Castañeda, se reunieron en Pachuca para hacer algunas indagaciones que enriquecieran nuestro precario acervo de datos genealógicos, pero sobre todo, de datos que ampliaran nuestras pistas para futuras investigaciones. Felizmente Jesús poseía la copia de un árbol genealógico que según supimos después, había dibujado Lucrecia Castañeda Castañeda, (n.____, m. ca. 1986), pariente nuestra. Hija de Manuel Castañeda Jaimes y Juana Castañeda Bustos. De aquel conjunto inicial de datos que Jesús había recopilado con la ayuda de Horacio Castañeda, el árbol genalógico, dibujado como árbol botánico, resultó ser el documento más valioso.

Lo conocí inmediatamente después. Rafael me envió adjunto a un mensaje electrónico la ilustración de este árbol, el cual tristemente no registra la fecha en que fue elaborado.

En su correo, Rafael me hizo una llamada de atención: “he aquí algo que seguramente resultará interesante para ti —escribió—: Fuera del árbol, en el ángulo superior izquierdo del pliego aparece un recuadro con la siguiente anotación:

 

Ascendencia:

Nicolás Castañeda

Marcos Castañeda

Juan Castañeda

Manuel Castañeda

Manuel Castañeda Jaimes.

Se trata de los nombres de la línea paterna de la cual descendemos muchos de nosotros. Desde luego, es una rama de los Castañeda a la que pertenezco porque este árbol es representativo de la descendencia de Manuel Castañeda Jaimes (1866-1962), quien fue hermano de José Amador Castañeda Jaimes, mi bisabuelo: https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2013/06/08/licenciado-amador-castaneda-1871-1934-ex-gobernador-interino-de-hidalgo-mexico-1912-3/

Para identificarlo mejor, uso títulos seriales y digo que Manuel es mi “tío bisabuelo”.

Árbol genealógico Manuel Castañeda Jaimes y Juana Castañeda Bustos

Árbol genealógico Manuel Castañeda Jaimes y Juana Castañeda Bustos

Los nombres que están mencionados en ese nicho me han ayudado en dos formas; digamos de ida y vuelta. De ida porque, aparte de Manuel Castañeda Jaimes, los primeros nombres de cada uno de los progenitores son mencionados en orden descendiente hacia el pasado; de vuelta, porque con estos nombres he sido capaz de compulsar y respaldar los hallazgos dentro de todos los registros, civiles y eclesiásticos, que hasta el presente he encontrado.

 

Los Castañeda en Zacualpan

Hasta donde ahora sé, la rama Castañeda de la cual desciendo surge del pueblo de Zacualpan, Edo. de México. Esta rama se remonta por lo menos hasta el año de 1770, año en que Nicolás De Castañeda y su esposa Antonia de Gama empiezan a bautizar a sus hijos legítimos.

La fuente del apellido Castañeda se me empieza a secar cuando busco mayor información dentro de los registros eclesiásticos más allá de los años 1760-1770. Esto me dice que existe la posibilidad de que Nicolás y Antonia hayan llegado de otro sitio para radicar en Zacualpan. Me apasiona pensar que si llegare a descubrir que Nicolás, mi sexto abuelo, vino de otro sitio, cambiará la hipótesis sobre mis propias raíces, de tal manera no estarían en Zacualpan, como hemos creído por varias generaciones.

Aún no he encontrado el acta de bautizo de José Nicolás ni de María Antonia. Tampoco he encontrado su acta de matrimonio ni algún otro indicio de que se hayan casado. Estos datos serían muy importantes porque así conocería los nombres de sus padres, su edad y su origen.

Ninguno de los registros que he encontrado referentes a Nicolás me da noticia sobre su edad. Todos indican que él y María Antonia, su esposa, son vecinos de la cuadrilla de Santiago. Solamente hay un caso —el acta matrimonial de su última hija—, donde el sacerdote registró su primer nombre. Es decir, lo identificó con doble nombre: José Nicolás.

 

Hijos y nietos

Después de haber descrito las froteras y limitaciones de mis hallazgos hasta la fecha, me referiré a lo que he descubierto:

Nicolás y Antonia tuvieron por lo menos siete hijos. Del segundo al sexto fueron varones: la primogénita y la última fueron mujeres. De los registros que he reunido, unas son partidas bautismales; otras, matrimoniales y una más, de defunción.

 

Reconocimiento

Quiero asentar un testimonio de admiración y gratitud a dos instituciones religiosas: a la Iglesia Católica, por haber sostenido a través de los siglos varias formas de registrar a sus fieles, y la iglesia The Church of Jesus Christ Latter-Day Saints quien, mediante algún acuerdo con la iglesia católica, desde hace más de cuarenta años se dedicó a microfilmar página por página, las partidas de nacimiento, matrimonio y defunción asentadas desde el siglo xvi hasta nuestros días. La gran mayoría de ese enorme acervo lo ha digitalizado y puesto en línea para hacerlo accesible al público dentro de sus portales en la Internet. https://familysearch.org/

Vale notar que la iglesia La Inmaculada Concepción en Zacualpan es la misma que ha sido conocida con diferentes nombres a través de los siglos.

 

Descendientes de José Nicolás y de María Antonia

Enseguida presento la lista de los siete hijos por orden de nacimiento, así como los datos asentados respecto de cada uno de ellos.

1. Antonia Phelipa: Bautizada en La Inmaculada Concepción, Zacualpan, estado de México, el 28 de mayo de 1770. Hija legítima de Nicolás De Castañeda y María Antonia De Gama. Fueron sus padrinos Juan Pedro Ramírez y Lorenza Gómez. Todos de la cuadrilla de Santiago.

Antonia falleció el 23 de junio de 1770, casi un mes después de haber nacido.

2. Alexo Antonio: Bautizado en La Inmaculada Concepción, Zacualpan, estado de México, el 3 de julio de 1771. Hijo legítimo de Nicolás De Castañeda y María Antonia De Gama, de la cuadrilla de Santiago. Fueron sus padrinos Francisco Martínez y Juana Januária Martínez del Cortijo.

Alexo y Juana María Ortiz —cuyas actas de matrimonio y defunción no he encontrado— tuvieron y bautizaron a; 1. José Vicente de la Trinidad, el 13 de marzo de 1796; 2. Eugenio Rafael Octaviano, el 21 de marzo de 1798; 3. Gregoria Miguela, el 8 de mayo de de 1800. Alexo y Juana fueron padrinos en dos ocasiones.

3. Joseph María Anzo: Bautizado en La Inmaculada Concepción, Zacualpan, estado de México, el 20 de septiembre de 1773. Hijo legítimo de Nicolás De Castañeda y María Antonia De Gama. Fueron sus padrinos Francisco Martínez y Juana Januária Martínez del Cortijo.

Ignoro si contrajo matrimonio, si tuvo descendencia y cuándo falleció.

4. Juan Manuel: Bautizado en La Inmaculada Concepción, Zacualpan, estado de México, el 20 de febrero de 1776. Hijo legítimo de Nicolás De Castañeda y María Antonia De Gama de la cuadrilla de Santiago. Fueron sus padrinos Alexandro de Torres y María Flores, del pueblo de Coatepec.

Juan Manuel y María Luisa Rodríguez formalizaron su compromiso de contraer matrimonio el 22 de junio de 1800. María Luisa era entonces una doncella de 15 años. En 6 agosto de 1803 bautizaron a una hija legítima con el nombre de María Nieves Luisa De Jesús. El padrino fue don Julián Patiño del Real de minas, Zacualpan.

Juan Manuel falleció el 28 de marzo de 1805.

5. Manuel Pasqual: Bautizado en la iglesia Santa María Zacualpan de Minas, estado de México, el 29 de diciembre de 1777, a los cinco días de haber nacido. Hijo legítimo de Nicolás De Castañeda y María Antonia De Gama de la cuadrilla de Santiago. Fueron sus padrinos Gregorio De Escobar y su hermana, María Josepha De Escobar, vecinos del pueblo de Quatepec (Coatepec Harinas o Coatepec Chalco). Licenciado parroquial: Manuel Ruíz de la Mota.

Ignoro si contrajo matrimonio, si tuvo descendencia y cuándo falleció.

6. Alejandro Marcos: Bautizado en la iglesia parroquial del Real y Cabecera de Santa María Zacualpan de Minas, el 28 de abril de 1781, a los cinco días de haber nacido. Hijo legítimo de Nicolás De Castañeda y María Antonia, de la cuadrilla de Santiago. Fueron sus padrinos Manuel C. de Nava y su mujer, Januária Martínez del Cortijo. Licenciado parroquial: Manuel Ruíz de la Mota.

Importante destacar que en el acta de bautizo de Alejandro, el licenciado parroquial asienta el apellido paterno de Nicolás, pero no el de María Antonia.

He notado que en esa época los sacerdotes párrocos tenían muchos deberes y responsabilidades. Encuentro comprensible, por tanto, que se les escapara anotar algunos detalles que, en cambio, registraban en otras actas. Lo bueno es que en ocasiones existen otros registros que ayudan a triangular la información. En este caso, me permiten concluir que el apellido paterno de María es De Gama.

Alejandro contrajo matrimonio el 22 de febrero de 1808 con María Antonia Josefa Popoca Sáez, doncella de dieciocho años, hija legítima de José Manuel Popoca e Ygnacia Josefa Sáez. Los padrinos fueron José María Ramírez y María Tomaza de Labra.

Alejandro Marcos  y  María Antonia tuvieron cuatro hijos, cuyos registros baptismales conocemos; 1. María Guadalupe, el 10 diciembre de 1808; 2. María Tomasa Eutimia, el 24 diciembre de 1810; 3. Juan Francisco, el 20 enero de 1816, y 4. Felipe Neri, el 25 mayo de 1820.

Alejandro Marcos De Castañeda De Gama falleció de dolores de cascado el 27 de octubre de 1837. Su acta de defunción en; https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2014/09/16/los-padrones-de-la-inmaculada-concepcion-1834-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

7. María Siriaca de las Nieves: Bautizada en la Iglesia Parroquial del Real y Minas de Zacualpan, estado de México, el 9 de agosto de 1784. Hija legítima de Nicolás de Castañeda y María Antonia de Gama, de la cuadrilla de Santiago. Fueron sus padrinos don Alejo Peralta y doña Manuela de Gama, vecinos del Real.

María Siriaca contrajo matrimonio con José Julián Reynoso el 7 de noviembre de 1804. Sus padrinos fueron don José Antonio Navarrete y María Pascuala Ronces. En este registro, el párroco agregó ‘José’ como primer nombre de Nicolás De Castañeda.

María y José Julián tuvieron por lo menos tres hijos, quienes fueron bautizados: 1. José Luis de la Trinidad, el 25 agosto de 1805; 2. José Urbano Trinidad, el 25 mayo de 1807; Juana Cesárea Agustina, el 9 agosto de 1809.

 

Fallecimiento de José Nicolás De Castañeda

José Nicolás De Castañeda falleció el 19 de abril 1786. Dejó viuda a María Antonia De Gama. Al fallecer, las edades de los hijos eran; Alexo Antonio, 16; José María, 13; Juan Manuel, 10; Manuel Pascual, 9; Alejandro Marcos (mi quinto abuelo), 5 y María Siriaca, 2.

¿En que año habrá nacido Nicolás? Para satisfacer mi deseo de saber, así sea con una hipótesis, calculo que si Nicolás y Antonia empezaron a tener familia en 1770, entonces puedo decir que; Nicolás nació hacia 1750 o más antes. Eso supone atribuirle por lo menos diecinueve a veinte años de edad. Antonia pudo haber nacido hacia 1752-54, lo que supone calcularle por lo menos dieciséis o dieciocho años de edad y la aptitud para tener seis hijos más, considerando que la última nació en 1784.

Al situar la vida de Nicolás en cierta perspectiva, si nació en 1750, fue tres años mayor que Miguel Hidalgo y Costilla, quien nació en 1753, y falleció tres años antes que empezara la Revolución Francesa, en 1789. Durante su vida, ocurrió la primera huelga en Norte América, de los mineros del Real del Monte al Conde de Regla en 1766, así como la firma de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, en 1776.

La única manera de rendir homenaje a la memoria de este ancestro Castañeda que por ahora está a mi alcance, ha consistido en presentar este cúmulo de datos y mostrar a los lectores de este blog la imagen facsimilar de su acta de defunción.

 

Acta defunción José Nicolás De Castañeda 19 abril 1786

 

 

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición: Rafael Rodríguez Castañeda

 

 

 

 

 


[1]. Mediante recursos estadísticos, esta prueba proporciona porcentajes de origen étnico y conecta con descendientes de cualquiera de las líneas ancestrales dentro de las seis últimas generaciones, aproximadamente.

Cumplir una promesa

En varias ocasiones he pospuesto trabajos, proyectos o tareas que deseo realizar, especialmente cuando el clima o la temporada no son favorables para llevarlos a efecto en el momento que desearía hacerlo.

Como lo comenté en 2012 en el blog Los Duendes de Zacualpan[1], Edo. De México, México, aquel septiembre fue imposible observar el sitio conocido como El Salto desde río abajo, donde quise apreciar la caída de agua y las rocas que salpica porque la vegetación era espesa e impenetrable debido a la temporada de lluvias. Durante esa visita septembrina el guía me dijo que el mejor tiempo para verla por abajo eran los primeros meses del año, cuando la mata no es tan espesa y las lluvias son menos frecuentes.

Segundo viaje

En mayo de 2014 durante un viaje a Pachuca, Hidalgo, para atender una reunión familiar, y sin premeditar nuestro itinerario, mis primos Jesús, Rafael y yo decidimos ir a Zacualpan. Para Rafael y para mí significaba volver, pero para Jesús (Chucho) era una nueva aventura.

A sabiendas de que estaríamos en Zacualpan durante el primer semestre, presentí que las probabilidades de ver El Salto río abajo serían favorables.

La cascada de El Salto que genera el cauce del río en el barrio de Santiago[2] mide como 15 metros y llena una poza casi redonda cuyo agitado diámetro se extiende de 12 a 15 metros. Los vecinos del lugar se refieren a esta poza como La Tambora. Este lugar es muy significativo para nosotros, los descendientes de Juan Castañeda (1816-1898) porque nos dejó detallada información en su manuscrito. En su juventud se bañaba en esta poza mientras María de Jesús Ríos, su esposa, lavaba ropa.

La Visita

Como en previas visitas, Rafael y yo alquilamos cuartos en el hotel Posada Real, que está en la esquina de Melchor Ocampo, la calle principal, y el callejón Gonzalo Castañeda[3]. Mientras Jesús prefirió alojarse en el Hotel Minero, que se encuentra enfrente.

Antiguo Zacualpan 4 (2012)

Hotel Posada Real

2014-05-08 08.10.24

Hotel Minero

El Hotel Minero fue nuestro centro de operaciones y el lugar donde nos alimentamos. La maestra Felícitas Vera Flores, dueña de este establecimiento, y sus ayudantes atendieron con esmero nuestra búsqueda gastronómica y tomaron nota del horario que elegimos para desayunar y comer. De los diferentes platillos y jugos que diariamente nos servían, lo que más me impresionó fueron las salsas, muestras suficientes para justificar la variedad de la cocina Mexicana. No me acuerdo de las recetas, pero sí de que las prepararon con frutas, chiles y vegetales regionales y con su exquisita sazón.

Desde el segundo piso del hotel Minero se aprecia una vista maravillosa de la cañada de Zacualpan y del horizonte montañoso hacia el este. La maestra Felícitas Vera Flores, dueña del hotel, y su ayudante, la señorita Berenice, nos dejaron fotografiarlas y al mismo tiempo, la lente captó una de las vistas que se pueden observar desde este piso. Ese día no estaba despejado, pero el panorama visible fue impresionante y da una idea del soberbio horizonte en un día sin nubes.

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La maestra  y propietaria del Hotel Minero Felícitas Vera Flores, con Berenice a su derecha.

Nuevo guía

Después de buscar sin éxito a nuestros previos guías, encontramos al hermano de uno de ellos: Jorge Gama.

Llenos de energía procedimos hacia un sitio cerca del barrio de Santiago donde fue posible estacionar el carro. Jorge, Chucho, y yo empezamos el viaje. Fue sensato que Rafael, quien se recupera de una fractura, no se aventurara por un camino pedregoso y con pendientes.

El Salto rio abajo

El video que presento no muestra una vegetación exuberante. Conforme continuábamos, nos encontramos con un pequeño acueducto que conduce el agua que irriga tierras más bajas. El color del cemento y las recién cortadas matas indican que este canal fue recientemente construido.

Al progresar escuchamos a las chicharras[4]. Para quien no esté acostumbrado, estos insectos emiten un chirrido que puede resultar cacofónico, pero durante ese breve tiempo para mí fue una sinfonía campestre.

El estruendo del agua nos hizo saber que estábamos cerca de nuestro objetivo. La planta purificadora, de cuya construcción nos dieron noticia hace dos años, aún no está activada y sobre estas aguas negras corrían dos pedazos de basura, pero como en muchas partes de este mundo…, donde pisa el hombre, se encuentra basura.

La manguera negra que se ve al cruzar el rio poco después del minuto 03:45 del video lleva agua potable hacia algunos hogares.

Después de penetrar a un área rocosa del monte para llegar al salto, Jorge, nuestro guía nos recomendó que no siguiéramos porque el margen de seguridad disminuía. Comprendí muy bien, pues no íbamos equipados ni preparados para escalar el terreno que estaba enfrente de nosotros. Además, la piedra que pisábamos era muy resbalosa cuando el agua la mojaba.

 

En la siguiente foto aparecen Chucho a la izquierda y nuestro guía Jorge a la derecha con un respaldo montañoso.

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Jesús (Chucho) Castañeda y Jorge Gama

No llegamos a la cascada de El Salto junto con su grande poza, como hubiéramos deseado, pero me reconcilió la idea de haber visto por arriba un par de años antes la precipitación del caudal.

Nueva amistad

Antes de hacer este viaje a Zacualpan tuve la oportunidad de platicar por teléfono con el profesor José Flores Rodríguez sobre aspectos históricos de Zacualpan. Fue su nieta o sobrina Mercedes quien nos puso en contacto con él cuando conoció la edición del Diccionario Castañeda publicada en 2012, donde se encuentra mucha información sobre la vida cotidiana en Zacualpan durante el siglo XIX.

El profesor José Flores Rodríguez fue presidente municipal de Zacualpan de 1970 a 1972. Ocupó este puesto y por coincidencia fue un término antes que un ancestro nuestro, Bernardino Castañeda, quien fue presidente de 1973 a 1975.

Bernardino Castañeda Gómez

Bernardino Castañeda Gómez

Cuando Rafael, Jesús y yo lo visitamos, corrimos con la suerte de encontrarlo en su oficina. José “Pepe” Flores Rodríguez —como prefiere que lo llamemos—, es una fuente de información histórica sobre Zacualpan y toda esa región del sur del estado de México. Mucha fue la información que nos dio, pero no sería justo que la pusiera en este blog porque será él quien publique este acervo histórico en un futuro cercano.

Pero…, sí me autorizo publicar una “probadita “del contenido de su futuro libro y estoy muy agradecido.

“Zacualpan no fue un gran centro productor de plata, comparable con Guanajuato, Pachuca, Real de Monte, Taxco o Zacatecas, pero fue cuna y laboratorio de la tecnología minera. A Zacualpan llegaron a probar los nuevos métodos de extracción y procesamiento inventados en los países de Europa. Un ejemplo: el uso de la pólvora en la minería constituyó un parte aguas en la explotación. Antes del uso de la pólvora, las excavaciones se detenían cuando encontraban el manto freático. El agua impedía que cavaran a mayor profundidad antes que utilizaran la pólvora y sistemas de desagüe. Con el Varón de Humboldt llegó a México —y entiendo que a Zacualpan— la primera bomba de émbolos para extraer el agua de los socavones…”

En la siguiente foto Pepe, Rafael y yo nos encontramos en su micro plaza.  Pepe está en el centro, Rafael a su izquierda y yo a su derecha.

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Pepe centro, Rafael a su izquierda y yo, Ricardo a su derecha.

Durante nuestra visita nos enseñó el panorama de la municipalidad que contempla desde la azotea de su casa. Para mí, lo más impresionante fue la vista hacia el panteón municipal[5]. En el siguiente video dentro los segundos treinta y treinta y siete se puede identificar el panteón en la cima del cerro central.

 

Entre 1830 y 1860, cuando los difuntos eran enterrados, los padres de la iglesia se referían a este panteón como el Rincón de Castañeda. Pepe me explicó que al norte, dentro del barrio de Santiago, está la barranca de Castañeda[6]. El panteón fue considerado como un rincón de esta barranca, de ahí el nombre del “Rincón de Castañeda”.

Conforme hacíamos las rondas por su casa Pepe nos enseñó las lámparas de carburo que ha coleccionado a través del tiempo.

 

Con la misma amabilidad, la maestra Isabel Noriega, esposa de Pepe, nos enseñó su colección de plantas y flores procedentes de los alrededores de la región.

Fallecimiento de un familiar

Durante esta visita nos enteramos que nuestro pariente Jesús “Chucho” Castañeda Ronces, a quien visitamos en 2012, había fallecido a la edad de 90 años, debido a una larga resbalada de un cerro muy inclinado.

DSCN9422

Jesús (Chucho) Castañeda Rónces

Descansa en paz, Chucho

Descubrir nuevos parientes

Durante nuestra visita a Zacualpan nos enteramos de otros parientes, con quienes no habíamos tenido el gusto de platicar durante nuestra anterior visita, en 2012. Estos familiares nuestros son cinco hermanas; Elvira, Rebeca, Victoria, Martha y Carlota Castañeda González.

Conocimos a Víctor Gustavo Garcés Castañeda, hijo de Victoria Castañeda González. Gustavo se ha convertido en un entusiasta colaborador del interminable proyecto de actualización del Diccionario Castañeda. Esta vez nos ha aportado datos sobre su núcleo familiar y dos fotos donde podemos ver a sus abuelos Delfino Castañeda Gómez y Paulina González Gómez.

De iz. a der. Paulina González Gómez y Delfino Castañeda Gómez

 

Delfino Castañeda Gómez 1917-1996

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Martha y Carlota están al frente de una tienda de abarrotes en la calle central de Zacualpan llamada Tlaxpampa[7].

Fotos Panorámicas

Agradezco a Mercedes Mónica Flores Góngora, Subdirectora de la Secundaria Roque Díaz, por enviarme fotos pertenecientes a Zacualpan y autorizarme de publicarlas en este blog.

La primera es del Nevado de Toluca, la segunda es del Popocatépetl humeante en abril de 2013 y la tercera y cuarta están en orden cronológico conforme las tomó.

El nevado de Toluca

El nevado de Toluca

Popocatépetl humeando 15 abril 2013

Zacualpan amanecer 16 ago 2013 hrs. vista Popocatépetl

Zacualpan 21 oct '13, 0724 hrs

Zacualpan amaneciendo 0734 hrs., 21 octubre 2013

 

“Mis ancestros habrán encontrado plata,

Lo que yo encontré son vistas panorámicas”

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición: Rafael Rodríguez Castañeda

 


[1]. https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2012/10/26/los-duendes-de-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

[2]. Barrio dentro del municipio de Zacualpan

[3]. https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2011/05/09/dr-gonzalo-castaneda-ecobar-1869-1947/

[4]. http://es.wikipedia.org/wiki/Cicadidae

[5] https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2013/07/15/como-difunto-insepulto-un-cementerio-en-zacualpan-edo-de-mexico-mex/

[6] Por varios siglos varias familias Castañeda han existido en esta area.

[7] Según parece, es el nombre original que derivó en ‘Zacualpan’.

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