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Don Juan Francisco Castañeda Popoca (1816-1898), Parte II

Continuación.

“El infrascrito cura hace notar que el oficio de Juan es escribiente…”[1]

Cuando don Juan se sentó a escribir sus memorias, a avanzada edad, seguramente su agudeza visual había menguado, y debido a la artritis, sus manos acusaban limitaciones de movimiento, pues igual que su padre, trabajó con minerales y metales por muchos años.

Considerando estas limitantes y a sabiendas de que es imposible micro detallar cada fecha, lugar y persona, observo que involuntariamente en sus recuerdos, don Juan omitió la cronología así como muchos detalles. Aun así, dejó valiosísima información para que un descendiente interesado contara con una plataforma desde donde lanzar investigaciones para saber más sobre sus ancestros.

Juan entre los 18 y 20 años

Lo que relata mi re tatarabuelo sobre su vida en ciertas ocasiones, no es muy diferente que a la mía: Recién casado, acompañaba a mi esposa a la lavandería. Ella juntaba la ropa, el jabón y el blanqueador, y yo los metía en la cajuela del carro. Íbamos a la lavandería con suficientes pesetas para no quedar cortos al usar las máquinas de lavar y secar. Eran los años de 1970-72, y todavía no había llegado la cigüeña. Mientras la ropa se lavaba y secaba, yo me entretenía con un libro o iba a comprar algo para que comiéramos, mientras ella atendía el proceso de la lava y seca.

Juan menciona que una vez él y su esposa Jesús fueron a lavar al río que corre al lado del barrio de Santiago. Aunque no menciona la temporada, por la manera en que explica los detalles, pienso que fue poco después de que contrajeron matrimonio, y antes de que empezaran a procrear.

La Poza ahora conocida como La Tambora, vista rio arriba y principio de El Salto por caer diez a doce metros. Foto cortesía Rafael Rodríguez Castañeda

Nos dice que llegaron al rio donde existe una poza[2] como a diez o doce metros de un salto de agua, llamado precisamente El Salto.

Conforme ella empezó a lavar, él se desnudó y saltó a la poza. Se sambutía, nadaba, maromeaba y seguramente se echaba sus buenos clavados. Naturalmente, después de tanto jugar y casi desfalleciendo, con poca fuerza le pidió a [María de] Jesús[3] una sábana para recostarse. Todo muy bien para un joven lleno de vitalidad y energía, ajeno a las preocupaciones domésticas, pero no para un jovencita de dieciséis a dieciocho años, quien creía en los espantos.

María de Jesús descendía de una familia humilde y supersticiosa, con temores a lo sobrenatural. Creía en duendes, fantasmas y cualquier otro mal o forma de espanto que pudiera salir del sobaco del demonio.

Cuando vio a su joven marido exhausto y jadeante se afligió mucho, temiendo lo peor: pensaba que el duende que vivía en la poza había salido azotar a su esposo.

Al verla tan afligida por él y casi en lágrimas, Juan se dejó ayudar para tenderse a la sombra. La preocupación de María de Jesús era tal que no acabó de lavar la ropa. Después de un buen descanso volvieron a casa, donde ella preparó una comida que debido a su agotamiento, Juan dejó de lado hasta que se recuperó.

Aun hoy hay vecinos del barrio de Santiago que afirman haber visto u oído al duende que sale de esa poza y otras más que existen en ese río, no obstante, Juan siempre descreyó de lo súper natural y de las brujerías que atemorizaban a sus familiares y vecinos durante esos tiempos.

https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2012/10/26/los-duendes-de-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

Juan a los veinte años de edad

A partir de lo que don Juan escribió sobre su primera familia, infiero que solamente tuvo tres hijos con María De Jesús. Pero —¡sorpresa!—: llegué a enterarme que tuvieron ocho en total. La iglesia de La Inmaculada Concepción fue incendiada por los liberales en 1859, pero en los registros que sobrevivieron al fuego encontré en https://familysearch.org/ las actas de bautizo pertenecientes a cada uno de ellos. ¡Qué fortuna!

Antes de revelar la información sobre los ocho primeros hijos, es importante aclarar que María De Jesús es reconocida por la iglesia en las actas de matrimonio con Juan, como hija de “padres no conocidos”. Este detalle es muy importante porque los apellidos paternos y maternos definen el linaje.

En el caso de María De Jesús, fue laborioso descifrar que fue madre de los ocho hijos que tuvo con Juan. Puedo asegurar que fueron ocho los hijos legítimos de Juan y María de Jesús fundado en las siguientes consideraciones:

1. Estamos hablando de hace dos siglos, y, aunque fueron muchos los párrocos que asentaron actas en la iglesia de La Inmaculada Concepción, sus múltiples obligaciones los afectaban por igual, lo que con frecuencia les impedía escribir las actas completas al instante del bautizo. Así se explica que cometieran numerosos errores en las entradas por imprecisiones de la memoria.

2. Supongo con firmeza que María De Jesus nunca estuvo presente durante el bautizo de sus hijos, y que si estuvo no se preocupó en que las partidas la identificaran propiamente. Todos sus hijos fueron bautizados no más de dos días después de haber nacido y es probable que con tan poco tiempo después del parto no haya estado en condiciones de asistir a la iglesia. También existe el caso de que Juan o la misma partera envolvieran al infante, comprometieran a los padrinos o que en la iglesia pidieran el bautizo a cualquiera de los párrocos presentes. En esos tiempos de tan alta mortandad infantil era imperativo administrar el sacramento del bautizo lo antes posible.

3. Unas actas registran a María con el apellido Ríos; otras la apellidan Ronces, y en varios casos consignan su nombre sin apellido. A diferencia de Ronces, Ríos no es un apellido común en el barrio de Santiago. Por esa asociación, pienso que los párrocos de la iglesia preferían utilizar Ronces, sobre todo si conocían a las familias del barrio. Lo que consta de manera regular es que los padres de ambos eran de la cuadrilla de Santiago, y durante la temporada en que procrearon hijos no hay otros contemporáneos con los mismos nombres de Juan Castañeda y María De Jesús Ronces dentro de la cuadrilla de Santiago. Surgen homónimos después del año 1860. Para ese entonces María ya había fallecido.

4. Juan Y María contrajeron matrimonio en 1834 y después de que el primogénito nació en 1836, los demás hijos nacieron en 1838, 1840, 1842, 1846, 1849, 1852 y 1855. Hubo por lo menos dos años entre cada hijo.

5. En su manuscrito Juan nos deja saber que tuvo por compadre a una persona llamada José Antonio Romero. Dos actas de bautizo nos dicen que fue padrino de sendos hijos.

6. Una de las hijas es nombrada Sixta. Este detalle es muy importante porque ella fue la sexta hija que nació en 1849.

Estas observaciones y otras más que mencionaré al anotar el nombre de cada hijo serán más que suficiente para substanciar que estos ocho hijos son en realidad de Juan y María. Los hijos son:

José Pablo Maximino: Es bautizado por el infrascrito cura José Julián Villegas en la Parroquia de Santa María Zacualpan el miércoles, 8 de junio 1836, a un día de nacido, hijo legitimo de Juan Castañeda y María De Jesús (apellido paterno no incluido). Los padrinos fueron Urbano Reynoso y Antonia Loria.

José Manuel Ascensión: Es bautizado por el fray Anastasio Delgado en la Parroquia de Santa María Zacualpan el viernes, 24 mayo 1838 a dos días de nacido, hijo legitimo de Juan Castañeda y María De Jesús Ronces. El padrino fue Don Ignacio Díaz.

José Manuel se casó con Josefa Jaimes circa 1858, de ascendencia irlandesa y originaria de Temascaltepec. Hay registros bautismales que indican el nacimiento del primer hijo de la pareja en 1860, a quien nombró Félix Andrés. Félix falleció durante la infancia. Después nacieron Manuel (hijo) 1866, Justiniano 1869, Amador 1871 y Víctor 1873. Por linaje paterno, Manuel (padre) es mi tatarabuelo.

Conforme mis investigaciones y corazonadas, soy del pensamiento de que mucha información sobre Manuel y Josefa debería de estar en los registros de la iglesia de Temascaltepec, pero se me informó recientemente que los registros eclesiásticos fueron quemados por tropas zapatistas durante la Revolución.

En su manuscrito, Juan demuestra el cariño de un padre por su hijo, cuando lo extrae de las fuerzas liberales gracias a sus gestiones ante el general Tapia durante las batallas de Ayutla.

María Josefa Bonifacia: Es bautizada por el cura Luis G. Suárez en la Parroquia de Santa María, Zacualpan el jueves, 5 de junio 1840 a un día de nacida, hija legitima de Juan Castañeda y María de Jesús Ríos, vecinos de Santiago. Los padrinos fueron Mariano Popoca y Guadalupe Gómez.

María Josefa acompañó a su padre Juan en la localización y rescate de su hijo Manuel. Aunque era menor que Manuel, por cariño se refería a él como su “hermanito”. María Josefa contrajo matrimonio con Pragedis Díaz el 8 de abril 1860.

Juan menciona al cura Luis G. Suarez en varias ocasiones durante sus memorias.

José Antonio De Jesús Esteban: Es bautizado por el cura Luis G. Suárez en la parroquia de Santa María, Zacualpan, el viernes 2 de septiembre 1842 a dos días de nacido, hijo legitimo de Juan Castañeda y Jesús Ronces, vecinos de Santiago. Los padrinos fueron Don José Antonio Romero y Doña Rita Gai___ (apellido ilegible).

En su manuscrito Juan detalla que tuvo un compadre a quien llamaba don José Antonio Romero. Con esta acta de bautizo y otra posterior se confirma que don José apadrinó a dos de sus hijos.

José Antonio falleció en 30 de junio 1844, y el acta de defunción de la Parroquia de Santa María de Zacualpan, suscrita por el licenciado Rafael Zavala, nos dice que se mandó dar sepultura a este niño al campo mortuorio, hijo legítimo de Juan Castañeda y Jesús Ronces.

Antonia Ramona: Es bautizada por el Licenciado Rafael Zavala en la Parroquia del Mineral de Zacualpan el sábado 28 de febrero 1846, hija legítima de Juan Castañeda y Jesús Ronces. Ambos de la cuadrilla de Santiago. El padrino fue Felipe Suárez.

El caso de Ramona es muy interesante porque en un par de ocasiones Juan menciona tener una hija llamada Romana. La edad de esta hija coincide con la edad de Antonia Ramona. Estoy seguro que Romana y Ramona son la misma persona e hija de Juan y María. Siendo humanos, los párrocos de la iglesia cometían errores y supongo que a la hora de asentar los nombres, anotó Ramona y no Romana.

Otro dato interesante es que dentro de la familia, ni los familiares más cercanos tienen datos para explicar cómo es que el Dr. Reynaldo Escobar Castañeda era sobrino del Dr. Gonzalo Castañeda Escobar. Romana y el Dr. Gonzalo fueron medios hermanos por parte de padre, hijos, respectivamente, de dos matrimonios de Juan Castañeda. Entre uno y otro hay una diferencia de veintidós años. Romana nació en 1846 y Gonzalo en 1868. Ambos Doctores nacieron en Temascaltepec, Edo. De México. Hace poco, encontré la información matrimonial de Reynaldo Escobar Castañeda. El acta dice que sus padres fueron Juan Escobar y Romana Castañeda. Interesado en saber más sobre Romana y la relación familiar entre estos dos doctores, no abandonaré mis búsquedas.

María Sista: Es bautizada por el Licenciado Rafael Zavala el jueves 29 de marzo 1849 a dos días de nacida, hija legitima de Juan Castañeda y María Ronces. Los padrinos fueron Felipe Suárez y María López Cárdenas.

La coincidencia de que ésta, la sexta hija, fuera llamada Sixta, refuerza la idea de que María, de padres no conocidos, así se apellide Ríos y Ronces, es la misma.

María Antonia Quirina Trinidad: Es bautizada por el infrascrito cura Luis Huerta en la Parroquia del Mineral de Zacualpan, el viernes 4 de junio 1852 a dos días de nacida, hija legitima de don Juan Castañeda y Doña Jesús Ronces. Los padrinos fueron don José Antonio Romero y Doña María Montoya.

Niño sin nombre: En el curato del Mineral de Zacualpan y en 23 de agosto 1855, el cura Agustín Gómez mandó dar sepultura a un niño mal nacido que fue bautizado en caso de necesidad. Hijo legitimo de don Juan Castañeda y doña Jesús Ríos, vecinos de Santiago.

Nota de fallecimiento: En esta partida consta que mi re tatarabuela, María De Jesús Ríos, fallece de Hidropesía el mismo día que su hijo sin nombre. El cura Agustín Gómez mandó darle sepultura en el campo santo de la Parroquia del Mineral de Zacualpan. ¿Los habrán enterrado juntos?

Ignoro la cantidad de hijos que vivían cuando Juan Castañeda quedó viudo a los 39 años, pero si considero que solamente dos habían fallecido hacia el año de 1855, entonces las edades de los restantes deberían de ser entre los tres y diecinueve años de edad.

Con la muerte de madre e hijo concluye la progenie que Juan Castañeda tuvo con su primera esposa cuando él tenía veinte años de edad.

Juan a los 21 años de edad

Después de haber sido abuelo por primera vez, Alejandro Marcos De Castañeda De Gama, padre de Juan, y quinto abuelo mío por línea paterna, falleció de dolores de cascado [4] el 27 de octubre 1837, dejando viuda a María Antonia Josefa Popoca Sáez.  https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2014/09/16/los-padrones-de-la-inmaculada-concepcion-1834-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

Juan a los 22 años de edad y dos espantos en 1838

Me acuerdo del día en que mi padre me dijo: “No tengas miedo de los muertos, tenlo de los vivos”. La posibilidad existe que ese pensamiento, junto con mis propias experiencias, fundó mi propia base de creer solamente en lo físico y no lo metafísico.

A la media noche de un día, Juan se había separado de un baile que hubo en el barrio de la Veracruz [5] , y como yo lo hubiera hecho, estoy seguro que él habrá consumido unas que otras copitas de tequila o vasos de pulque [6] . En camino a su casa, pasó por una huerta donde vio a lo que él se refiere como un perro “prieto y lanudo” de quien no hizo caso. Al no ponerle atención a este busca huesos, el pensó que si otra persona lo hubiera visto, seguramente hubieran pensado que el diablo los había visitado.

En ese momento oyó el sonido de cadenas. Mientras el trataba de discernir el origen, el ruido del metal se repetía, lo que aumentaba el suspenso y lo obligaba a voltear por todos lados.¿De veras existe el diablo —se preguntó—, o será un preso que se fugó de la cárcel?, al cual, si lo ayudo, entonces seré culpable de su escape.

A solas en la oscuridad, con un perro y un fugitivo cercanos y el diablo en mente, Juan empezó a temblar. Decidido a afrontar lo que fuera, cogió una piedra y con valor se la lanzó al perro que se escondía. El ruido de las cadenas se alejó conforme el perro corría.

Los nervios se le calmaron al comprender que el perro de don Juan Gallegos andaba suelto con todo y cadena, pero el susto fue inolvidable.

Durante otra noche de 1838, hacia la una de la mañana Juan caminaba bajo un cielo nublado y sin luna hacia la Hacienda San José, donde trabajaba como azoguero a las órdenes de Roque Díaz.

Al pasar por El Socavón del agua, sitio a la entrada de Zacualpan, vio un bulto blanquisco, del tamaño de un hombre, algo retrasado de su camino. Juan se agachó y entrecerró los ojos en un esfuerzo por identificar esa anomalía. Se convenció de que era un hombre que blandía una espada o bordón.

Foto cazahuate latente cortesía imágenes Google.

Al estar cerca decidió saludarlo, pero el ente no le respondió. Juan pensó que tal vez el acto de mala educación era de un Don Juan, atento a sus negocios amorosos. También era posible que fuera un abigeo, y como él tenía caballos y vacas, lo mejor era identificarlo y caer sobre el individuo, si alguno de sus animales le faltaba.

Consciente de que estaba armado de un machete, en el afán de identificarlo caminó hacia él y con calor le pregunto: —Amigo; ¿tiene usted lumbre para fumarnos un cigarro? —El desconocido se quedó callado, Juan pensó que se estaba burlando de él. Ofendido, lo acometió con el machete, frente a frente, pero lo que tomó por un hombre era en realidad un tronco seco de cazahuate, blanco por un lado, y lo que creyó una espada era un varejón desprendido que el mecía el viento.  http://es.wikipedia.org/wiki/Ipomoea_arborescens

En nuestro cómodo presente, no consideramos el futuro y olvidamos el pasado. Nos cuesta trabajo imaginar el entorno y el ambiente en que ocurrieron episodios como éste. ¿Cómo nos comportaríamos en la soledad de lo oscuro, a la una de la mañana, a pie y en camino hacia el trabajo donde cada silueta vegetal tiende a tomar forma de espectro?

Otro espanto en 1843 a los 27 años de edad

Después de asistir a la boda de su hermano Felipe Neri, quien se casó con María Dolores Morales Nájera en Taxco de Alarcón, Guerrero, Juan y su esposa María De Jesús regresaban a caballo hacia Zacualpan.

Acta matrimonial Felipe Castañeda con Dolores Morales, Taxco, Guerrero, México, 27 febrero 1843. Juan Castañeda fue padrino.  Cortesía http://familysearch.org/

El caballo que montaba la tumbó, y María de Jesús decidió seguir el viaje a pie. Sin ser los únicos que hacían ese viaje, se rezagaron del resto. Les oscureció en el camino y como a las nueve de la noche, al pasar cerca de la Hacienda de San Juan, María voltea y le dice a Juan:

──Juan, oigo pasos detrás de mí.

── No es nada ──le respondió Juan.

──Los oigo perfectamente, ¿Qué, no los oyes?

──No, ¡no oigo nada!

──No has de oír, porque vienen detrás de mí. Tengo mucho miedo.

Juan le sugirió que se adelantara. Al caminar delante de él, ella dijo que entonces los pasos venían detrás de él. Juan le respondió que había quedado temerosa y espantada tras caer del caballo, pero María no se tranquilizaba y empezó a llorar.

──Vamos rezando mientras caminamos y verás que los pasos no vendrán más detrás de ti —le dijo Juan.

Al cruzar por el barrio de Memetla, María le dijo:

──Juan, los pasos que venían detrás de mí y después en frente, cuando te pasé, eran los golpes que daban las suelas descocidas de tus zapatos, que daban un segundo golpe cada vez que dabas un paso.

¡Qué momento tan angustioso para los dos!

Una vez superada la tensión se empezaron a reír con mucha gana. En medio de las carcajadas, Juan reconoció que empezaba a creer en los duendes, y que la vio tan afligida que hasta se puso a rezar, sin estar en la iglesia.

Ricardo Castañeda

Edición Rafael Rodríguez Castañeda

Continuará…


[1]. https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-13735-51011-92?cc=1837908&wc=MGLC-PTL:166998101,166998102,169037001

[2]. Ahora conocida como la tambora.

[3]. En sus memorias, Juan la llama simplemente ‘Jesús’.

[4] Significa enfermedad profesional asociada con el polvo respirado por los mineros.

[5] El barrio de la Veracruz es parte del municipio de Zacualpan como lo es el barrio de Santiago.

[6] Una bebida alcohólica original a México, poco gruesa y dulce hecha del jugo del agave o maguey. El pulque era una bebida sagrada que era ofrecida por los Aztecas a sus dioses.

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