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Don Juan Francisco Castañeda Popoca (1816-1898), Parte II

Continuación.

“El infrascrito cura hace notar que el oficio de Juan es escribiente…”[1]

Cuando don Juan se sentó a escribir sus memorias, a avanzada edad, seguramente su agudeza visual había menguado, y debido a la artritis, sus manos acusaban limitaciones de movimiento, pues igual que su padre, trabajó con minerales y metales por muchos años.

Considerando estas limitantes y a sabiendas de que es imposible micro detallar cada fecha, lugar y persona, observo que involuntariamente en sus recuerdos, don Juan omitió la cronología así como muchos detalles. Aun así, dejó valiosísima información para que un descendiente interesado contara con una plataforma desde donde lanzar investigaciones para saber más sobre sus ancestros.

Juan entre los 18 y 20 años

Lo que relata mi re tatarabuelo sobre su vida en ciertas ocasiones, no es muy diferente que a la mía: Recién casado, acompañaba a mi esposa a la lavandería. Ella juntaba la ropa, el jabón y el blanqueador, y yo los metía en la cajuela del carro. Íbamos a la lavandería con suficientes pesetas para no quedar cortos al usar las máquinas de lavar y secar. Eran los años de 1970-72, y todavía no había llegado la cigüeña. Mientras la ropa se lavaba y secaba, yo me entretenía con un libro o iba a comprar algo para que comiéramos, mientras ella atendía el proceso de la lava y seca.

Juan menciona que una vez él y su esposa Jesús fueron a lavar al río que corre al lado del barrio de Santiago. Aunque no menciona la temporada, por la manera en que explica los detalles, pienso que fue poco después de que contrajeron matrimonio, y antes de que empezaran a procrear.

La Poza ahora conocida como La Tambora, vista rio arriba y principio de El Salto por caer diez a doce metros. Foto cortesía Rafael Rodríguez Castañeda

Nos dice que llegaron al rio donde existe una poza[2] como a diez o doce metros de un salto de agua, llamado precisamente El Salto.

Conforme ella empezó a lavar, él se desnudó y saltó a la poza. Se sambutía, nadaba, maromeaba y seguramente se echaba sus buenos clavados. Naturalmente, después de tanto jugar y casi desfalleciendo, con poca fuerza le pidió a [María de] Jesús[3] una sábana para recostarse. Todo muy bien para un joven lleno de vitalidad y energía, ajeno a las preocupaciones domésticas, pero no para un jovencita de dieciséis a dieciocho años, quien creía en los espantos.

María de Jesús descendía de una familia humilde y supersticiosa, con temores a lo sobrenatural. Creía en duendes, fantasmas y cualquier otro mal o forma de espanto que pudiera salir del sobaco del demonio.

Cuando vio a su joven marido exhausto y jadeante se afligió mucho, temiendo lo peor: pensaba que el duende que vivía en la poza había salido azotar a su esposo.

Al verla tan afligida por él y casi en lágrimas, Juan se dejó ayudar para tenderse a la sombra. La preocupación de María de Jesús era tal que no acabó de lavar la ropa. Después de un buen descanso volvieron a casa, donde ella preparó una comida que debido a su agotamiento, Juan dejó de lado hasta que se recuperó.

Aun hoy hay vecinos del barrio de Santiago que afirman haber visto u oído al duende que sale de esa poza y otras más que existen en ese río, no obstante, Juan siempre descreyó de lo súper natural y de las brujerías que atemorizaban a sus familiares y vecinos durante esos tiempos.

https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2012/10/26/los-duendes-de-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

Juan a los veinte años de edad

A partir de lo que don Juan escribió sobre su primera familia, infiero que solamente tuvo tres hijos con María De Jesús. Pero —¡sorpresa!—: llegué a enterarme que tuvieron ocho en total. La iglesia de La Inmaculada Concepción fue incendiada por los liberales en 1859, pero en los registros que sobrevivieron al fuego encontré en https://familysearch.org/ las actas de bautizo pertenecientes a cada uno de ellos. ¡Qué fortuna!

Antes de revelar la información sobre los ocho primeros hijos, es importante aclarar que María De Jesús es reconocida por la iglesia en las actas de matrimonio con Juan, como hija de “padres no conocidos”. Este detalle es muy importante porque los apellidos paternos y maternos definen el linaje.

En el caso de María De Jesús, fue laborioso descifrar que fue madre de los ocho hijos que tuvo con Juan. Puedo asegurar que fueron ocho los hijos legítimos de Juan y María de Jesús fundado en las siguientes consideraciones:

1. Estamos hablando de hace dos siglos, y, aunque fueron muchos los párrocos que asentaron actas en la iglesia de La Inmaculada Concepción, sus múltiples obligaciones los afectaban por igual, lo que con frecuencia les impedía escribir las actas completas al instante del bautizo. Así se explica que cometieran numerosos errores en las entradas por imprecisiones de la memoria.

2. Supongo con firmeza que María De Jesus nunca estuvo presente durante el bautizo de sus hijos, y que si estuvo no se preocupó en que las partidas la identificaran propiamente. Todos sus hijos fueron bautizados no más de dos días después de haber nacido y es probable que con tan poco tiempo después del parto no haya estado en condiciones de asistir a la iglesia. También existe el caso de que Juan o la misma partera envolvieran al infante, comprometieran a los padrinos o que en la iglesia pidieran el bautizo a cualquiera de los párrocos presentes. En esos tiempos de tan alta mortandad infantil era imperativo administrar el sacramento del bautizo lo antes posible.

3. Unas actas registran a María con el apellido Ríos; otras la apellidan Ronces, y en varios casos consignan su nombre sin apellido. A diferencia de Ronces, Ríos no es un apellido común en el barrio de Santiago. Por esa asociación, pienso que los párrocos de la iglesia preferían utilizar Ronces, sobre todo si conocían a las familias del barrio. Lo que consta de manera regular es que los padres de ambos eran de la cuadrilla de Santiago, y durante la temporada en que procrearon hijos no hay otros contemporáneos con los mismos nombres de Juan Castañeda y María De Jesús Ronces dentro de la cuadrilla de Santiago. Surgen homónimos después del año 1860. Para ese entonces María ya había fallecido.

4. Juan Y María contrajeron matrimonio en 1834 y después de que el primogénito nació en 1836, los demás hijos nacieron en 1838, 1840, 1842, 1846, 1849, 1852 y 1855. Hubo por lo menos dos años entre cada hijo.

5. En su manuscrito Juan nos deja saber que tuvo por compadre a una persona llamada José Antonio Romero. Dos actas de bautizo nos dicen que fue padrino de sendos hijos.

6. Una de las hijas es nombrada Sixta. Este detalle es muy importante porque ella fue la sexta hija que nació en 1849.

Estas observaciones y otras más que mencionaré al anotar el nombre de cada hijo serán más que suficiente para substanciar que estos ocho hijos son en realidad de Juan y María. Los hijos son:

José Pablo Maximino: Es bautizado por el infrascrito cura José Julián Villegas en la Parroquia de Santa María Zacualpan el miércoles, 8 de junio 1836, a un día de nacido, hijo legitimo de Juan Castañeda y María De Jesús (apellido paterno no incluido). Los padrinos fueron Urbano Reynoso y Antonia Loria.

José Manuel Ascensión: Es bautizado por el fray Anastasio Delgado en la Parroquia de Santa María Zacualpan el viernes, 24 mayo 1838 a dos días de nacido, hijo legitimo de Juan Castañeda y María De Jesús Ronces. El padrino fue Don Ignacio Díaz.

José Manuel se casó con Josefa Jaimes circa 1858, de ascendencia irlandesa y originaria de Temascaltepec. Hay registros bautismales que indican el nacimiento del primer hijo de la pareja en 1860, a quien nombró Félix Andrés. Félix falleció durante la infancia. Después nacieron Manuel (hijo) 1866, Justiniano 1869, Amador 1871 y Víctor 1873. Por linaje paterno, Manuel (padre) es mi tatarabuelo.

Conforme mis investigaciones y corazonadas, soy del pensamiento de que mucha información sobre Manuel y Josefa debería de estar en los registros de la iglesia de Temascaltepec, pero se me informó recientemente que los registros eclesiásticos fueron quemados por tropas zapatistas durante la Revolución.

En su manuscrito, Juan demuestra el cariño de un padre por su hijo, cuando lo extrae de las fuerzas liberales gracias a sus gestiones ante el general Tapia durante las batallas de Ayutla.

María Josefa Bonifacia: Es bautizada por el cura Luis G. Suárez en la Parroquia de Santa María, Zacualpan el jueves, 5 de junio 1840 a un día de nacida, hija legitima de Juan Castañeda y María de Jesús Ríos, vecinos de Santiago. Los padrinos fueron Mariano Popoca y Guadalupe Gómez.

María Josefa acompañó a su padre Juan en la localización y rescate de su hijo Manuel. Aunque era menor que Manuel, por cariño se refería a él como su “hermanito”. María Josefa contrajo matrimonio con Pragedis Díaz el 8 de abril 1860.

Juan menciona al cura Luis G. Suarez en varias ocasiones durante sus memorias.

José Antonio De Jesús Esteban: Es bautizado por el cura Luis G. Suárez en la parroquia de Santa María, Zacualpan, el viernes 2 de septiembre 1842 a dos días de nacido, hijo legitimo de Juan Castañeda y Jesús Ronces, vecinos de Santiago. Los padrinos fueron Don José Antonio Romero y Doña Rita Gai___ (apellido ilegible).

En su manuscrito Juan detalla que tuvo un compadre a quien llamaba don José Antonio Romero. Con esta acta de bautizo y otra posterior se confirma que don José apadrinó a dos de sus hijos.

José Antonio falleció en 30 de junio 1844, y el acta de defunción de la Parroquia de Santa María de Zacualpan, suscrita por el licenciado Rafael Zavala, nos dice que se mandó dar sepultura a este niño al campo mortuorio, hijo legítimo de Juan Castañeda y Jesús Ronces.

Antonia Ramona: Es bautizada por el Licenciado Rafael Zavala en la Parroquia del Mineral de Zacualpan el sábado 28 de febrero 1846, hija legítima de Juan Castañeda y Jesús Ronces. Ambos de la cuadrilla de Santiago. El padrino fue Felipe Suárez.

El caso de Ramona es muy interesante porque en un par de ocasiones Juan menciona tener una hija llamada Romana. La edad de esta hija coincide con la edad de Antonia Ramona. Estoy seguro que Romana y Ramona son la misma persona e hija de Juan y María. Siendo humanos, los párrocos de la iglesia cometían errores y supongo que a la hora de asentar los nombres, anotó Ramona y no Romana.

Otro dato interesante es que dentro de la familia, ni los familiares más cercanos tienen datos para explicar cómo es que el Dr. Reynaldo Escobar Castañeda era sobrino del Dr. Gonzalo Castañeda Escobar. Romana y el Dr. Gonzalo fueron medios hermanos por parte de padre, hijos, respectivamente, de dos matrimonios de Juan Castañeda. Entre uno y otro hay una diferencia de veintidós años. Romana nació en 1846 y Gonzalo en 1868. Ambos Doctores nacieron en Temascaltepec, Edo. De México. Hace poco, encontré la información matrimonial de Reynaldo Escobar Castañeda. El acta dice que sus padres fueron Juan Escobar y Romana Castañeda. Interesado en saber más sobre Romana y la relación familiar entre estos dos doctores, no abandonaré mis búsquedas.

María Sista: Es bautizada por el Licenciado Rafael Zavala el jueves 29 de marzo 1849 a dos días de nacida, hija legitima de Juan Castañeda y María Ronces. Los padrinos fueron Felipe Suárez y María López Cárdenas.

La coincidencia de que ésta, la sexta hija, fuera llamada Sixta, refuerza la idea de que María, de padres no conocidos, así se apellide Ríos y Ronces, es la misma.

María Antonia Quirina Trinidad: Es bautizada por el infrascrito cura Luis Huerta en la Parroquia del Mineral de Zacualpan, el viernes 4 de junio 1852 a dos días de nacida, hija legitima de don Juan Castañeda y Doña Jesús Ronces. Los padrinos fueron don José Antonio Romero y Doña María Montoya.

Niño sin nombre: En el curato del Mineral de Zacualpan y en 23 de agosto 1855, el cura Agustín Gómez mandó dar sepultura a un niño mal nacido que fue bautizado en caso de necesidad. Hijo legitimo de don Juan Castañeda y doña Jesús Ríos, vecinos de Santiago.

Nota de fallecimiento: En esta partida consta que mi re tatarabuela, María De Jesús Ríos, fallece de Hidropesía el mismo día que su hijo sin nombre. El cura Agustín Gómez mandó darle sepultura en el campo santo de la Parroquia del Mineral de Zacualpan. ¿Los habrán enterrado juntos?

Ignoro la cantidad de hijos que vivían cuando Juan Castañeda quedó viudo a los 39 años, pero si considero que solamente dos habían fallecido hacia el año de 1855, entonces las edades de los restantes deberían de ser entre los tres y diecinueve años de edad.

Con la muerte de madre e hijo concluye la progenie que Juan Castañeda tuvo con su primera esposa cuando él tenía veinte años de edad.

Juan a los 21 años de edad

Después de haber sido abuelo por primera vez, Alejandro Marcos De Castañeda De Gama, padre de Juan, y quinto abuelo mío por línea paterna, falleció de dolores de cascado [4] el 27 de octubre 1837, dejando viuda a María Antonia Josefa Popoca Sáez.  https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2014/09/16/los-padrones-de-la-inmaculada-concepcion-1834-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

Juan a los 22 años de edad y dos espantos en 1838

Me acuerdo del día en que mi padre me dijo: “No tengas miedo de los muertos, tenlo de los vivos”. La posibilidad existe que ese pensamiento, junto con mis propias experiencias, fundó mi propia base de creer solamente en lo físico y no lo metafísico.

A la media noche de un día, Juan se había separado de un baile que hubo en el barrio de la Veracruz [5] , y como yo lo hubiera hecho, estoy seguro que él habrá consumido unas que otras copitas de tequila o vasos de pulque [6] . En camino a su casa, pasó por una huerta donde vio a lo que él se refiere como un perro “prieto y lanudo” de quien no hizo caso. Al no ponerle atención a este busca huesos, el pensó que si otra persona lo hubiera visto, seguramente hubieran pensado que el diablo los había visitado.

En ese momento oyó el sonido de cadenas. Mientras el trataba de discernir el origen, el ruido del metal se repetía, lo que aumentaba el suspenso y lo obligaba a voltear por todos lados.¿De veras existe el diablo —se preguntó—, o será un preso que se fugó de la cárcel?, al cual, si lo ayudo, entonces seré culpable de su escape.

A solas en la oscuridad, con un perro y un fugitivo cercanos y el diablo en mente, Juan empezó a temblar. Decidido a afrontar lo que fuera, cogió una piedra y con valor se la lanzó al perro que se escondía. El ruido de las cadenas se alejó conforme el perro corría.

Los nervios se le calmaron al comprender que el perro de don Juan Gallegos andaba suelto con todo y cadena, pero el susto fue inolvidable.

Durante otra noche de 1838, hacia la una de la mañana Juan caminaba bajo un cielo nublado y sin luna hacia la Hacienda San José, donde trabajaba como azoguero a las órdenes de Roque Díaz.

Al pasar por El Socavón del agua, sitio a la entrada de Zacualpan, vio un bulto blanquisco, del tamaño de un hombre, algo retrasado de su camino. Juan se agachó y entrecerró los ojos en un esfuerzo por identificar esa anomalía. Se convenció de que era un hombre que blandía una espada o bordón.

Foto cazahuate latente cortesía imágenes Google.

Al estar cerca decidió saludarlo, pero el ente no le respondió. Juan pensó que tal vez el acto de mala educación era de un Don Juan, atento a sus negocios amorosos. También era posible que fuera un abigeo, y como él tenía caballos y vacas, lo mejor era identificarlo y caer sobre el individuo, si alguno de sus animales le faltaba.

Consciente de que estaba armado de un machete, en el afán de identificarlo caminó hacia él y con calor le pregunto: —Amigo; ¿tiene usted lumbre para fumarnos un cigarro? —El desconocido se quedó callado, Juan pensó que se estaba burlando de él. Ofendido, lo acometió con el machete, frente a frente, pero lo que tomó por un hombre era en realidad un tronco seco de cazahuate, blanco por un lado, y lo que creyó una espada era un varejón desprendido que el mecía el viento.  http://es.wikipedia.org/wiki/Ipomoea_arborescens

En nuestro cómodo presente, no consideramos el futuro y olvidamos el pasado. Nos cuesta trabajo imaginar el entorno y el ambiente en que ocurrieron episodios como éste. ¿Cómo nos comportaríamos en la soledad de lo oscuro, a la una de la mañana, a pie y en camino hacia el trabajo donde cada silueta vegetal tiende a tomar forma de espectro?

Otro espanto en 1843 a los 27 años de edad

Después de asistir a la boda de su hermano Felipe Neri, quien se casó con María Dolores Morales Nájera en Taxco de Alarcón, Guerrero, Juan y su esposa María De Jesús regresaban a caballo hacia Zacualpan.

Acta matrimonial Felipe Castañeda con Dolores Morales, Taxco, Guerrero, México, 27 febrero 1843. Juan Castañeda fue padrino.  Cortesía http://familysearch.org/

El caballo que montaba la tumbó, y María de Jesús decidió seguir el viaje a pie. Sin ser los únicos que hacían ese viaje, se rezagaron del resto. Les oscureció en el camino y como a las nueve de la noche, al pasar cerca de la Hacienda de San Juan, María voltea y le dice a Juan:

──Juan, oigo pasos detrás de mí.

── No es nada ──le respondió Juan.

──Los oigo perfectamente, ¿Qué, no los oyes?

──No, ¡no oigo nada!

──No has de oír, porque vienen detrás de mí. Tengo mucho miedo.

Juan le sugirió que se adelantara. Al caminar delante de él, ella dijo que entonces los pasos venían detrás de él. Juan le respondió que había quedado temerosa y espantada tras caer del caballo, pero María no se tranquilizaba y empezó a llorar.

──Vamos rezando mientras caminamos y verás que los pasos no vendrán más detrás de ti —le dijo Juan.

Al cruzar por el barrio de Memetla, María le dijo:

──Juan, los pasos que venían detrás de mí y después en frente, cuando te pasé, eran los golpes que daban las suelas descocidas de tus zapatos, que daban un segundo golpe cada vez que dabas un paso.

¡Qué momento tan angustioso para los dos!

Una vez superada la tensión se empezaron a reír con mucha gana. En medio de las carcajadas, Juan reconoció que empezaba a creer en los duendes, y que la vio tan afligida que hasta se puso a rezar, sin estar en la iglesia.

Ricardo Castañeda

Edición Rafael Rodríguez Castañeda

Continuará…


[1]. https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-13735-51011-92?cc=1837908&wc=MGLC-PTL:166998101,166998102,169037001

[2]. Ahora conocida como la tambora.

[3]. En sus memorias, Juan la llama simplemente ‘Jesús’.

[4] Significa enfermedad profesional asociada con el polvo respirado por los mineros.

[5] El barrio de la Veracruz es parte del municipio de Zacualpan como lo es el barrio de Santiago.

[6] Una bebida alcohólica original a México, poco gruesa y dulce hecha del jugo del agave o maguey. El pulque era una bebida sagrada que era ofrecida por los Aztecas a sus dioses.

Y ADN Castañeda: Sin raíces no hay ramas.

Sin raíces no hay ramas

El manuscrito de don Juan Francisco Castañeda Popoca es un tesoro familiar por una simple razón: nos ha ayudado a documentar casi cuatrocientas entradas que ahora encontramos en el diccionario Castañeda. Sin la lectura de este manuscrito no se hubieran comunicado algunos familiares, y el consenso entre quienes ahora dialogan entre sí es que de otra manera no hubieran restablecido tan fácilmente los nexos familiares perdidos.

Después de haber buscado en numerosos lugares y en Internet; tras conversar personal y telefónicamente con varios familiares y amigos cercanos a la familia o a Zacualpan, Edo. De México, pueblo originario de nuestra genealogía; de haber oído cuentos y visto fotos, revisado cartas, notas y dedicatorias en el reverso de las fotografías y testamentos, viajado y visitado sitios y parientes al igual que revisado registros civiles y eclesiásticos, he llegado a la convicción de que el manuscrito de don Juan es para nuestra familia Castañeda como un mástil que sostiene sus velas para navegar hacia lugares antes no conocidos.

Pero sería erróneo pensar que solamente tendríamos que recurrir al manuscrito como fuente de referencia y búsqueda de más datos sobre nuestros ancestros.  Hasta ahora hemos solidificado el acervo informativo con los registros civiles y eclesiásticos, pero los sitios donde estos se encuentran nos aportan cada vez menos información, sea porque hemos extraído la más obvia o porque la remanente es más difícil de encontrar. ¿Cómo llegaremos, entonces, a saber más?  La respuesta más próxima a mi alcance es recurrir a lo que la ciencia es capaz de aportanos.

Un individuo puede saber más sobre su descendencia o su relación con determinada familia de tres maneras.  Estas son investigar su Y DNA, mtDNA y AutosomalDNA[1].

Y DNA o Y ADN representa al cromosoma Y, elemento presente solamente en los hombres. Este cromosoma, ausente en las mujeres, es transmitido como un bastón de padre a hijo, y sucesivamente, de este hijo a su hijo. Las siglas dna o adn, según se utilicen en inglés o en español, significan Deoxyribonucleic acid o ácido desoxirribonucleico, el cual contiene instrucciones genéticas para el desarrollo de todos los organismos. Es el factor responsable de su transmisión hereditaria.

MtDNA es la información genética que los hombres y las mujeres reciben de la madre. Demuestra el origen ancestral de la línea materna del individuo.  (La madre, madre de su madre, etc.), y lo conecta con sus primos genéticos.

El AutosomalDNA o Autosoma ADN lo heredan ambos progenitores, padre y madre, los cuatro abuelos, los ocho bisabuelos, etc. Se investiga con el fin de analizar el porcentaje de etnicidad de la persona y de establecer su contacto genético con los descendientes de esa línea hasta cinco o seis generaciones.

Cronológicamente el ancestro más distante dentro de esta familia Castañeda del cual tenemos noticia es Nicolás De Castañeda. Nicolás casó con María Antonia de Labra y juntos tuvieron por lo menos a un hijo, al cual bautizaron como Alejandro Marcos de Castañeda de Labra, quien nació en Zacualpan Edo. de México, en 1781.  Esto lo sabemos gracias a su acta de bautismo, asentada en la iglesia de Santa María Zacualpan de Minas.

Si suponemos que Nicolás tenía veinte años de edad cuando Alejandro Marcos nació, estaríamos hablando de 1761 como probable año de su nacimiento.  Por varias razones, el personaje y la época donde la búsqueda se enfría son, respectivamente Nicolás y los años cercanos a 1761. No hemos encontrado más.

Mis interrogantes personales respecto de mi ascendencia siempre han sido las siguientes: Aunque llevo por herencia el obvio apellido paterno español, históricamente explicable a partir del dominio y colonización europea del continente americano desde el siglo xvi, ¿mi línea paterna es europea o indígena?

Para contestar esta pregunta me sometí a la prueba de Y DNA. Después de ordenarla, obtuve el paquete de pruebas. Las instrucciones comenzaban por tomar un par de cepillitos y raspar adentro de mis cachetes durante un minuto cada vez; insertar el cepillito con la materia raspada dentro de dos pequeños frascos, sellarlos, firmar los formularios y enviarlos al laboratorio por correo.

A principios de junio recibí los resultados.  Tenía la opción de mantenerlos en privado o hacerlos públicos.  Decidí que fueran públicos con el propósito de que me sirvan para fines comparativos. Quiero saber de otros lo que yo mismo quiero que sepan de mí.

Los resultados de mi Y DNA dicen que soy R1b1a2, clave compuesta que el mapa identifica en parte por R1b. Mi Haplogroup[2] es R-M269 (lo que defina poblaciones genéticas).  El Haplogroup R-M 269 tiene sus orígenes en el suroeste de Asia, identificado en el mapa mediante la R, y conforme ciertos grupos migraron hacia Europa, el grupo R1b1a2 llegó a regiones que hoy conocemos como Francia, España, Portugal, Inglaterra, Irlanda y Gales hace alrededor de 25,000 años. Este grupo es muy común en el oeste de Europa con frecuencias de 90% en España, Irlanda y Gales.

 

 

File7

 

Sabiendo que mi Y DNA proviene de esta parte de Europa (probablemente España, considerando el apellido) deduzco que nuestro Nicolás es descendiente por línea paterna  de abuelos europeos. Por lo que se refiere al tronco paterno esta información nos permite afirmar que nuestra familia es de origen europeo, y por lo que se refiere al apellido, con gran certeza viene de alguna región de España.

Conforme pase el tiempo y más personas de la familia sometan a examen sus Y DNA, mtDNA y/o AutosomalDNA será posible hacer más descubrimientos genealógicos.

Igualmente, conforme pase el tiempo y más varones no conocidos sometan su Y DNA, será posible que lleguemos a profundizar colectivamente nuestro conocimiento sobre nuestra línea paterna más allá de Nicolás.

El siguiente documento es mi certificado Y DNA, el cual contiene mis alleles (miembros de un par de genes que ocupan un sitio específico en un cromosoma).  Estos números son necesarios para determinar el ancestro común dentro de uno o varios parientes varones.

Y DNA Ricardo Castañeda

Sobre esta herramienta científica aún tengo mucho que aprender, pero hasta ahora, durante mi aprendizaje ha sido un placer compartir la información de que dispongo sobre la línea paterna, perteneciente a nuestros ancestros Castañeda.  Igualmente la he compartido con Gary Félix quien mantiene un sitio en Internet titulado; Geonology of Mexico.

http://garyfelix.tripod.com/~GaryFelix/index63.htm#CastanedaRGary

Dentro de este sitio y desplazando el cursor hacia abajo se pueden encontrar mis datos, que en realidad son representativos del tronco de esta familia Castañeda, al igual que otros datos que Gary Félix nos permite saber. Ilustran parcialmente cómo llegamos a ser el México que ahora conocemos.

Para concluir, me formulo dos preguntas: En el futuro cercano o dentro de unos siglos, ¿serán tan valiosos los resultados de este Y DNA como el manuscrito de don Juan Francisco Castañeda Popoca? ¿Llegaremos a encontrar más familiares de los cuales no tenemos noticia, como los que encontramos a través del blog ancestroscastaneda.wordpress.com?

Con toda sinceridad espero que sí. Por ahora, la curiosidad por saber más sobre nuestras raíces es insaciable.

 

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición;  Rafael Rodríguez Castañeda


[1]. A la hora de ordenarlo, cada uno de estos exámenes tiene un costo individual y diferenciado.

 

[2]. Población que desciende de un ancestro común.

 

Licenciado Amador Castañeda Jaimes (1871-1934), Ex-Gobernador Interino de Hidalgo, México 1912

Prólogo

 

A diferencia de nuestros ancestros, hoy contamos con recursos para prolongar la vida que antes no existían. Aparte de la propia predisposición genética, la longevidad aumenta mediante la atención médica ––mejor que la del siglo anterior–– medicinas más eficientes, el cuidado del organismo, una alimentación mejor balanceada y la utilización de principios ergonómicos, adecuados a cada oficio y para no exponer la seguridad de músculos y huesos durante el ejercicio.

Cuando platico con miembros de la familia es frecuente que me entere de que alguno es ya bisabuelo. También hay bisabuelos que están cerca de ser tatarabuelos. Esta posibilidad, que es real para nosotros, fue menor en el caso de mis antepasados, según reviso la descendencia que alcanzaron a conocer en la etapa final de su vida.

En enero de 1960, antes de cumplir los doce años crucé la frontera de México hacia Estados Unidos con mi padre Alberto, mi madrastra Ana María y Eduardo, mi medio hermano. Llegué a Los Ángeles, California, y como los participantes de un desfile marchan frente al espectador, así  pasaron días, meses y después años. En esta procesión cronológica hice mi vida: fui a la escuela, cumplí mi servicio militar y mi trayectoria laboral, me casé y tuve hijos.

Sabía que en Pachuca, Hidalgo, donde nací en 1948, vivían muchos familiares, pero fuera de algunos tíos y primos a quienes traté en mi infancia, no conocía mucho más. Al paso de los años le pregunté a mi padre acerca de nuestra familia. Anotó en un papel lo que sabía. Solo eran diez nombres detallados con sus orígenes. 

La escasa información sobre mis parientes y la curiosidad me indujeron a investigar la genealogía familiar. Una vez que me jubilé y armado de computadora e Internet, empecé a buscar noticias de quienes nada sabía. Gracias a múltiples indagaciones terminé por encontrar datos de mis ocho bisabuelos.

Uno de mis bisabuelos me llama poderosamente la atención. Será por lo que logró durante su vida o simplemente porque se trata de mi bisabuelo paterno, de todas maneras siempre está al frente. Ahora, después de varios años de investigaciones puedo relatar mis hallazgos sobre este ancestro, el licenciado Amador Castañeda Jaimes.

 

 

José Amador Castañeda Jaimes

 

Foto de Amador capturada en los estudios J. Bustamante Valdés, probablemente poco después de 1900 cuando llegó a Pachuca, Hidalgo, México. Tendría 30 años de edad.

Visité Pachuca, Hidalgo en 2011 después de una larga ausencia. El principal propósito de este viaje fue indagar cuantas noticias hubiera sobre mis ancestros. Mis familiares me informaron que aún vivía una hija de mi bisabuelo, nacida en 1914: Laura Elena Castañeda Yslas, tía abuela mía

Al siguiente día la visité. Mi tía Elena vive en Naucalpan con Magda, su hija; así como con Elena y Erika, nieta y bisnieta suyas, respectivamente.  Como el lector imaginará, tuvimos demasiados temas para conversar. Intercambiamos muchas historias y vimos fotografías. Me mostraron imágenes de familiares que ni siquiera sabíamos quiénes eran.  Esta ignorancia inicial, por fortuna, ha ido desapareciendo desde entonces.

De mi bisabuelo Amador me contaron que era un hombre estricto. Pusieron en mis manos un opúsculo titulado Homenaje al Ilustre y Venerable Hermano Amador Castañeda, cuyo contenido me ayudó a entender mejor su vida pública y profesional. Fue abogado, funcionario público y fundador de la Unión Masónica Nº 49. El folleto contiene una Biografía de Amador Castañeda, artículo sin fecha de Juan Hernández Ángeles que formó parte de un Homenaje al Ilustre y Venerable Hermano Amador Castañeda en el 50 aniversario de la sublime logia capitular de perfección.

En beneficio de lector he transferido esta biografía al formato pdf. A quien desee leerla le bastará dar un clic donde indico. El texto aporta una visión acentuadamente emotiva, cercana a la fecha de su muerte. Contiene lagunas e imprecisiones que trato de subsanar con la información que he reunido. Aquí complemento la visión profesional con la de orden familiar.

Biografía de Amador Castañeda Jaimes   ←  favor hacer clic

Amador nació en el barrio de Santiago de Zacualpan, Estado de México, el 27 de abril 1871. Fue bautizado tres días después en la parroquia de Zacualpan, donde el cura José María Arellano le puso por nombre José Amador, hijo legítimo de Manuel Castañeda Ríos y Josefa Jaimes. Sus padrinos fueron Trinidad Nava y Manuela Ronces, también originarios de Santiago.

Por línea paterna es nieto de Juan Francisco Castañeda Popoca y María de Jesús Ríos, originarios del barrio de Santiago en Zacualpan. Josefa Jaimes, su madre, nació en Temascaltepec, fue hija de padre ––ambos padres, tal vez–– británicos o irlandeses.  El apellido Jaimes (originalmente James) proviene de ambos países.

Manuel Castañeda y Josefa Jaimes tuvieron cinco hijos. En orden de nacimiento fueron Félix Andrés n. 1860, quien murió durante su infancia; Manuel n. ca 1866; Justiniano n. ca 1869; José Amador n. 1871 y Víctor Francisco, n. 1873. Amador fue el cuarto. 

En la siguiente foto aparece Amador con sus tres hermanos.

De izquierda a derecha, sentados, están Víctor y Amador; de pie, Manuel y Justiniano. 

Cuatro hermanos Castañeda Jaimes

Este retrato no tiene fecha, dedicatoria o información sobre el fotógrafo. A juzgar por el nopal que está atrás de Justiniano, es probable que haya sido tomado en Pachuca durante una visita de Víctor a sus hermanos. Víctor fue el único de ellos que radicó en Zacualpan. La fecha tuvo que ser poco después de 1903. Es visible un anillo de bodas en el dedo anular de la mano izquierda de Víctor. En 1903 Víctor se casó con Sebastiana Suárez y tuvieron a Humberto, el único hijo del que hasta ahora tenemos noticia.

Como descendiente de una familia de azogueros, Amador trabajó desde niño en torno a la actividad minera de Zacualpan. Se encargaba de llevar comida a los mineros. Es probable que a raíz de esta actividad adquiriera un asma que padeció toda su vida. [1]

En los decenios finales del siglo xix comenzó a declinar la minería en Zacualpan. Eso explica que muchos zacualpenses emigraran hacia otros centros mineros. Entre quienes se fueron al Estado de Hidalgo estuvieron tres hermanos Castañeda Jaimes: Amador, Manuel y Justiniano.

Fue a Real del Monte, Hgo., donde ejercía su profesión un tío suyo, el doctor Gonzalo Castañeda Escobar, apenas tres años mayor que él. Manuel Castañeda Ríos, padre de Amador, y Gonzalo Castañeda Escobar fueron respectivamente los hijos mayor y menor de Juan Francisco Castañeda Popoca (1816-1898). Entre ambos medios hermanos había 27 años de diferencia.

Seguramente el asma fue uno de los factores que indujo a Amador a alejarse de la minería y en cambio, estudiar. En México obtuvo el título de licenciado en Derecho a los 27 años, en 1898. Sus hermanos Manuel y Justiniano se dedicaron a la minería en Taxco, Guerrero, Pachuca y Real del Monte, Hidalgo, aunque con frecuencia tuvieron estancias en Zacualpan. Las partidas del Registro Civil y las actas de bautizo de sus primeros hijos son un indicio de su presencia en distintos lugares.

Amador se desplazó menos. En 1898 ––recién graduado––comenzó a desempeñar cargos judiciales. Lo nombraron secretario de un juzgado de Pachuca, de donde pasó a Jacala, Hgo. como juez mixto de primera instancia en ese distrito judicial. En cierto momento fue juez de primera instancia en Real del Monte.

A Jacala, donde radicó al menos un año, lo acompañó Francisca Yslas Montaño, con quien habría de casarse diez años más tarde, en 1909. Eleuterio Amador, el mayor de los trece hijos que tuvieron, nació en Jacala en febrero de 1900[2]. Los demás hijos de la pareja nacieron en Pachuca, pero Amador volvió solo por Jacala, donde tuvo a su segundo hijo con Leonila Montes: Salvador Castañeda Montes, quien nació en 1902.

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Foto fechada 12 octubre 1938. Cuatro años después de la muerte de su esposo Amador Castañeda Jaimes.

Mi abuelo Amador (chico), primer hijo de mis bisabuelos Amador (grande) y Francisca. Meses antes de su muerte.

 

Mi bisabuelo consolidó su vida profesional y familiar en Pachuca. Adquirió una casa en la calle de Hidalgo, precisamente en el tramo famoso por alojar casas y despachos de los abogados, en cuya acera oriente estuvo la sede del Poder Judicial del Estado de Hidalgo, un edificio al que coloquialmente se le conocía como “los tribunales”[3].

Antes de formalizar su matrimonio ante el Registro Civil, en marzo de 1909, Amador Castañeda y Francisca Yslas procrearon, además de Eleuterio Amador, a Esperanza María del Corazón de Jesús n. 1901; Genoveva n. 1903, Raúl Remigio n. 1904; Herminia Otilia n. 1906 y Adolfo Timoteo n. 1908.

El 8 de marzo de 1909 en que Amador y Francisca (Pachita) se casaron por lo civil en Pachuca. El presidente constitucional y juez del Estado Civil, Alfonso María Brito, validó la unión una vez que los contrayentes reconocieron los hijos que habían tenido.  Los testigos fueron José Asiain, Emilio Asiain, Francisco de Olvera y Pedro Álvarez.

Después llegaron Julia Leonor n. 1910; Carlos Toribio n. 1912; Elena n. 1914; Enrique n. 1916; Laura n. 1918; Jorge n. 1922 y Oscar n. 1924

Imagino el dolor que causó a mis bisabuelos la pérdida de cinco hijos, particularmente la de Amador, primogénito de la pareja ––y abuelo mío––, quien se había casado pocos meses después de cumplir veinte años. A consecuencia de una crisis emocional se quitó la vida en la casa paterna el 12 de septiembre de 1922, casi dos años antes del advenimiento de Oscar, el benjamín de la familia. Mi abuelo eligió la propia casa paterna como sitio para privarse de la vida. Los otros cuatro hijos fallecieron víctimas de enfermedades. En la siguiente foto  muestro los ocho hijos que sobrevivieron.  Por varias razones estoy convencido que esta foto es parte de cuando la familia celebró el sexagésimo cumpleaños de Amador.

Licenciado Amador Castañeda Jaimes posando con su esposa Francisca Yslas Montaño y sus ocho sobrevivientes hijos para una foto en 1931. Esta foto conmemora el sexagésimo cumpleaños de Amador.

 

El censo de 1930 registró en la casa número 54 de la calle 4ª de Hidalgo a diez integrantes de la familia Castañeda Yslas: Amador y Francisca, Esperanza, Carlos, Elena, Enrique, Laura, Jorge y Oscar. Además, vivía con ellos Taide Montaño, prima tal vez de Pachita, quien era apenas dos años mayor que su sobrina Esperanza.  La hoja censal no registró a Genoveva, Herminia Otilia, Adolfo ni Julia Leonor, quienes murieron a temprana edad. Eleuterio Amador había fallecido en 1922, y Raúl Remigio, entonces de 26 años, probablemente estaba en México, donde estudió Derecho en la unam.[4]

Como síntesis de la alternancia de los períodos alegres y sombríos, concluyo que la de mis bisabuelos fue una familia unida y alegre. Basta imaginar la convivencia de trece personas en la misma casa.

Mi bisabuela Pachita vivía feliz con mi bisabuelo Amador. Aparte de sus múltiples tareas como ama de casa y madre de tantos hijos, lo ayudaba a escribir a máquina y a preparar sus documentos. Su carácter era alegre y extrovertido. Silbaba mucho. Una vez lo despertó a las cuatro de la mañana.

––¿Por qué andas chiflando tan temprano?

––Porque estoy contenta ––contestó Pachita.

Juntos hasta los últimos días.

 

Le gustaba cantar por la noche. En ocasiones también se levantaba la falda para bailar. Del mundo que la rodeaba, apreciaba el lado positivo, a pesar de que por aquellos años, como toda familia, sufrieran penurias económicas. Mi tía Elena recuerda que en una de esas épocas su madre dijo una frase que la pinta de cuerpo entero: Cuando menos dinero tenemos, mejor comemos porque echo mano de mis gallinas.

Entre las cosas que le desagradaban estaban las visitas esporádicas de Salvador, el hijo que mi bisabuelo Amador tuvo en Jacala. Salvador, quien radicó en Pachuca desde que su padre le consiguió un empleo en las oficinas de gobierno, pasaba por la casa para platicar con sus medios hermanos. Se casó en la capital del estado el 7 de septiembre de 1925 con Consuelo Lugo, originaria de Jacala.

Mi tía Carmen Castañeda Olea (1914-2012),  http://wp.me/p1ta3l-fN  hija del doctor Gonzalo Castañeda Escobar, me contó que cuando su padre y ella visitaban la casa de Amador, era característico el olor a eucalipto, cuyos frutos utilizaba Pachita para preparar infusiones que mitigaran el asma de mi bisabuelo.

 

Política y servicio público

 

A mi bisabuelo le tocó vivir la época de la turbulencia revolucionaria. Conviene aclarar que no fue un revolucionario activo en el sentido que lo fueron quienes tomaron las armas, o quienes arriesgaron su posición social, su patrimonio y aun la vida en la lucha contra el régimen porfirista. No obstante, participó en esa corriente y las circunstancias lo llevaron a vivir un momento brillante en su historia personal: recibir al presidente Francisco I. Madero como gobernador interino del Estado de Hidalgo en mayo de 1912.

Una vez titulado y establecido en Pachuca, como muchos abogados, ingenieros y médicos interesados en mantenerse al día en los conocimientos de sus respectivas disciplinas y ganar prestigio social, Amador Castañeda se integró al plantel docente del Instituto Científico y Literario del Estado, donde fue maestro de raíces griegas y latinas. Pertenecía a una generación de abogados que desde jóvenes se filiaron a los clubes liberales, corporaciones patrióticas, clubes antirreleccionistas y logias masónicas, donde la corriente de pensamiento político se orientaba por la legalidad y miraba al régimen con enfoque crítico, cuando no se le oponía abiertamente. Tenía 39 años cuando estalló la rebelión maderista contra el porfiriato.

En ese ambiente político y cultural, desde el 27 de mayo de 1900 un grupo de jóvenes profesionistas entre quienes se encontraban Fernando P. Tagle, Ramón M. Rosales, Jesús Silva Espinosa, Teodomiro Manzano, Eduardo del Corral y Agustín Navarro Cardona fundó en Pachuca la Corporación Patriótica Privada que junto con el Congreso Liberal Ponciano Arriaga de San Luis Potosí, fue pionero en la lucha contra la no reelección. La corporación fue el ejemplo para que se formaran otras similares en Atotonilco el Grande, Mixquiahuala, Omitlán, Tezontepec, Zacualtipán y Zimapán.

De este grupo es preciso destacar el nombre del contador, sociólogo y filósofo pachuqueño Ramón M. Rosales (1872-1928), quien encontró en un abogado apenas un año mayor que él no sólo una amistad leal, también un dominio de las cuestiones jurídicas que lo indujo a tomarlo como una especie de colaborador y asesor de cabecera. Ese abogado fue Amador Castañeda. Ramón M. Rosales era además un político militante. Había estudiado en la Escuela Nacional Preparatoria, en la Escuela Nacional de Comercio y Administración y en el Instituto de Ciencias de Nueva York. A los 23 años conoció la cárcel como opositor al gobierno de Díaz. Era natural que simpatizara con el movimiento maderista.

El 22 de mayo de 1909 Francisco I. Madero y Emilio Vázquez Gómez impulsaron la fundación del Partido Nacional Antireeleccionista en la Ciudad de México, cuyo antecedente fue el Club Antirreeleccionista de México, surgido a principios del mismo año.

Animados por las propuestas políticas de Madero, el contador Ramón M. Rosales y el notario Jesús Silva lucharon por instalar un club antireeleccionista en Pachuca. Sus actividades cobraron fuerza y el 15 de septiembre de 1909, cuando se disponían a invitar al pueblo hidalguense a unirse al Club Político Antireeleccionista de Pachuca, fueron arrestados.

1910 fue un año de intensa agitación política. En junio habría elecciones y 16 de enero, fecha significativa para los hidalguenses por ser el aniversario de la erección del Estado[5], establecieron el Club Antireeleccionista Benito Juárez. Lo presidió Jesús Silva; Ramón M. Rosales, el ingeniero Andrés Manning y Julián S. Rodríguez fueron los vicepresidentes, y  Rafael Vega Sánchez, tesorero. Entre las primeras actividades del Club estuvieron el lanzamiento de desplegados para propagar ideas revolucionarias, la postulación de Ramón M. Rosales como candidato a diputado federal y la invitación a Madero, el candidato a la presidencia de la República, a visitar Pachuca.

Don Francisco I. Madero fue a Pachuca de gira electoral el 29 de mayo de 1910, en un tren especial, invitado por el  Club Antireeleccionista  Benito  Juárez. Tocó al poeta y escritor Rafael Vega Sánchez darle el recibimiento en un mitin que se realizó en el Jardín Independencia. Rodrigo López fue el presentador y Enrique Bordes Mangel, abogado y militar guanajuatense ––poco después, uno de los redactores del Plan de San Luis––, el orador que expuso lo que Madero haría si resultaba electo presidente de la República. [6]

Ramón M. Rosales hizo campaña por la diputación con sus propios recursos. Para lanzarse a la lucha retiró todos sus fondos del Banco de México.

Las elecciones de junio de 1910 concluyeron con un fraude electoral. Porfirio Díaz resultó reelecto por enésima ocasión, en medio de un descontento generalizado y una creciente popularidad de Madero. El 6 de julio Madero fue aprehendido y encarcelado en San Luis Potosí, lugar de donde huyó después de lanzar el Plan que incitaba al país a iniciar una revolución a partir del 20 de noviembre.

Los pachuqueños tomaron en serio la proclama de Madero. Desde el 26 de junio, Ramón M. Rosales se unió con otros revolucionarios para planear un levantamiento armado en Veracruz. La idea era impedir que don Porfirio iniciara en paz un nuevo periodo gubernamental. Enviaron desde Pachuca personal, armas y dinamita. Ramón M. Rosales fue como delegado a la Convención Nacional  Antireeleccionista y se entrevistó con Francisco I. Madero, a quien ofreció su fortuna y sus conocimientos para la inminente lucha. Otros pachuqueños que secundaron la revolución maderista fueron Ricardo Pascoe, Antonio Ramírez, Emilio Barranco Pardo y Pablo Aguilar.

El 13 de noviembre de 1910, siete días antes de la fecha convenida para que la revolución estallara, Ramón Rosales fue sorprendido  en la Ciudad de México con armas y dinero para la causa. Le confiscaron todo y lo aprehendieron. Alrededor del 18 de noviembre de 1910 fueron aprehendidos Abel M. Serratos, Francisco Cosío Robelo y Loreto Salinas. Jesús Silva Espinosa cayó preso cuatro días más tarde, de manera que el 20 de noviembre de 1910, tanto Silva como Abel Serratos, Francisco de P. Castrejón, Francisco Noble, Eduardo Prunetti y Ramón M. Rosales, los líderes del grupo opositor más activo, estaban tras las rejas.

No obstante, en Hidalgo la Revolución prendió en Huejutla. En enero de 1911 Francisco de P. Mariel desconoció a Porfirio Díaz como presidente. El general Nicolás Flores tomó Jacala y se enfiló hacia Zimapán e Ixmiquilpan. El 15 mayo el general Gabriel Hernández tomó Tulancingo y al día siguiente, Pachuca. Ese acontecimiento obligó la renuncia de Pedro L. Rodríguez, el gobernador originario de Oaxaca, como el presidente Díaz, quien mantuvo el poder en Hidalgo desde 1901. Fue último gobernador porfirista en el estado. Renunció el 21 de mayo de 1911.

 

Finalmente cayó el régimen de Díaz. El octogenario dictador partió rumbo a Europa para no volver. Francisco de la Barra asumió la presidencia de la República el 25 de mayo de 1911 y después de las elecciones, don Francisco I. Madero, el 6 de noviembre siguiente.

De mayo de 1911 al 28 de junio de 1917, entre interinos y provisionales, Hidalgo registró 26 cambios de gobernador, reflejo fiel de la inestabilidad institucional que comenzó con la Revolución, se mantuvo durante el breve gobierno de Madero, se agravó a partir de la Decena Trágica y durante el huertismo, siguió con el levantamiento del ejército constitucionalista y terminó con la promulgación de la Constitución de 1917. La permanencia de los gobernadores durante esos seis años fue de uno a seis meses. Algunos personajes ocuparon el cargo más de una vez.

En la obligada transición entre el antiguo y el nuevo régimen, el licenciado Joaquín González fue el primer gobernador fugaz. Gobernó un mes y renunció ante el congreso estatal el 21 de junio de 1911. Lo sucedió Emilio Asiain, primer mandatario del maderismo triunfante, quien dos años antes atestiguó la boda civil de Amador Castañeda y Francisca Yslas). Meses después fue gobernador interino Jesús Silva, quien había permanecido en la Penitenciaria del Distrito Federal desde la víspera de las elecciones de 1910 hasta el 20 de mayo de 1911, en que fue liberado gracias a la caída de Díaz. Antes de que concluyera el año, asumió la gubernatura Ramón M. Rosales.

Como Ramón M. Rosales aspiraba a ser gobernador constitucional, electo bajo la presidencia de Madero, para ajustarse a la ley vigente dejó el gobierno interino en mayo de 1912 y promovió a Amador Castañeda para que cubriera el siguiente interinato. Fue en ese momento que el presidente Madero visitó Pachuca.

Arco estilo morisco erigido para recibir al Presidente de la República en 1912

Francisco I Madero en la plataforma del tren presidencial 1912

Sabemos que Madero estuvo de visita en la sede de la Legislatura local.  Existe una foto donde se pueden ver Ramón M. Rosales, Amador Castañeda y Francisco I. Madero.  Después de haber hecho varios intentos de adquirir esta foto, finalmente gracias al Licenciado Raúl Arroyo en Pachuca, Hidalgo dispongo de esta.

La foto nos enseña los daños causados por el tiempo.  Buscando un mejoramiento decidí  que fuera restaurada.

Tomando en cuenta que sería de interés para que el lector compare, adjunto las dos fotos con las esperanzas de que también note como estas dos fotos nos transportan a traves de 101 años.

Copia de foto original tomada en 1912. Solamente son tres los reconocidos. Empezando con Ramon. M Rosales de traje oscuro con puntos blancos (confeti), Amador Castañeda Jaimes, mi bisabuelo (con lo que parece ser un botón en su solape) y finalmente en el centro Presidente Francisco I. Madero.

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Copia de foto original restaurada en 2013. Solamente son tres los reconocidos. Empezando con Ramon. M Rosales de traje oscuro con puntos blancos (confeti), a su izquierda Amador Castañeda Jaimes, mi bisabuelo (con lo que parece ser un botón en su solape) y finalmente en el centro Presidente Francisco I. Madero.

Hasta donde los documentos asequibles permiten saberlo, Amador Castañeda gobernó el estado de Hidalgo de mayo a octubre de 1912. El 15 de mayo expidió el decreto # 946 de la xxii Legislatura del Estado cuyo artículo único consistió en una reforma al artículo 54 de la Constitución Política del Estado para prever a forma de sustituir al Gobernador en caso de falta absoluta. El 19 de octubre, el licenciado Miguel Lara asumió el siguiente interinato, de manera que Amador Castañeda permaneció en el cargo cinco meses.  Se facilita el documento PDF por solo hacer clic donde indicado.

Amador Castañeda Gov. Int. 1912  ← Favor hacer clic

El gobierno interino de Miguel Lara concluyó un mes después de que Victoriano Huerta mandó asesinar a Madero y a Pino Suárez para usurpar “legalmente” el poder. El 31 de marzo de 1913 llegó a Pachuca Agustín Sanguines para ocupar el siguiente gobierno interino. Lo envió Huerta.

Durante el dominio de los huertistas, Amador Castañeda se separó del servicio público y se dedicó a litigar.

El periodo de gobernadores interinos en Hidalgo terminó después del 5 de febrero de 1917 en que fue promulgada la Constitución. En las siguientes elecciones de gobernador constitucional del estado de Hidalgo salió triunfante el Gral. Nicolás Flores, hombre cercano a Venustiano Carranza. El general Flores tomó posesión del cargo el 28 de junio de 1917, y por recomendación de Ramón M. Rosales, designó como secretario general de Gobierno al licenciado Amador Castañeda.

En esa época, los mandatos del presidente de la República y de los gobernadores estatales duraban cuatro años. Nicolás Flores gobernó hasta el 31 de marzo de 1921. En el siguiente gobierno, Amador Castañeda fue designado como Magistrado del Tribunal Superior de Justicia. Ocupó esa magistratura durante el cuatrienio que terminó en marzo de 1925, y a partir de esa fecha reabrió su despacho. El litigio, la docencia y la masonería fueron sus principales ocupaciones.

Por razones de las cuales yo ignoro, en la lista de Gobernadores del estado de Hidalgo el nombre de Amador Castañeda reconociéndolo como Gobernador Interino junto son su tiempo de servicio al Estado de Hidalgo está omitido .  Incluyo su nombre en el siguiente documento.

Gobernadores del Estado de Hidalgo ← Favor hacer clic

 

Masonería

 

Amador a los sesenta años de edad (1931)

La masonería en Pachuca estaba regida por Supremo Consejo de México del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Hacia 1925, en la jerarquía masónica del Valle de Pachuca eran reconocidos con el grado 33º, el máximo, Ramón M. Rosales, quien ocupaba el puesto de Sapientísimo Maestro, y Alfonso Herrera. Genaro P. García ostentaba el grado 32º y un numeroso grupo había alcanzado el grado 14º de la masonería, denominado “de la Cámara de Perfección”. Entre ellos se encontraba Amador Castañeda.

En 1924, Amador Castañeda participó en la fundación de la Respetable Logia Simbólica “Unión Masónica” N° 49, que lo reconoció como su Venerable Maestro en 1926. Fue, además, figura de gran relieve en las Logias de Hidalgo “y de otros orientes”. El nombre de mi bisabuelo también aparece en el Cuadro de Honor de la Logia Capitular de Perfección “Esperanza” número 48, según el reconocimiento que mereció en 1930. En 1933 ocupó el cargo de II.’. Comendador en Jefe del Consistorio Regional N° 15, jurisdiccionado al Supremo. Consejo del R.’. E.’. A.’, y A.’ de los Estados Unidos Mexicanos.

La última distinción que Amador Castañeda recibió en vida fue de orden académico. Semanas antes de su merte, el Instituto Científico y Literario del Estado lo reconoció como decano del cuerpo docente. 

Amador Castañeda murió de una oclusión intestinal el primero de julio de 1934. Correspondió a su sobrino, el Dr. Hermilo Lamberto Castañeda Butrón, expedir el certificado de defunción.

 

*

Durante mi visita a Pachuca en 2011, con el interéss de saber más sobre mi bisabuelo hice el intento de visitar la Unión Masónica Nº 49, de la cual fue uno de los fundadores en 1924.  Desafortunadamente nadie estuvo.

En 2012, junto con mis primos Jesús Ríos Castañeda y Jesús Castañeda Téllez Girón, repetí el intento. Esta vez mi fortuna fue diferente porque encontramos a los hermanos de la logia y fuimos muy bien recibidos. Después que nos presentamos, nos estrecharon la mano e intercambiamos información histórica sobre Amador Castañeda Jaimes quien alcanzó el grado 32º en la masonería.

Sin ser miembro de esta Unión Masónica es poco lo que puedo decir, pero el trato que recibimos de los miembros de esta logia fue cálido y afectuoso. Guardo hacia ellos  aprecio y admiración por el respeto que expresan hacia mi bisabuelo como uno de sus fundadores. Una placa colocada en una de las paredes de la Logia testimonia este reconocimiento.

Placa de reconocimiento a su fundador Amador Castañeda

 

La familia Castañeda estaba por celebrar una asamblea días después de aquella visita,. Invité al hermano Oscar G. Vite Vargas, GR SRIO para que asistieran, considerando la oportunidad para que saludaran a la única hija sobreviviente de mi bisabuelo.

Durante la asamblea, mi tía Elena Laura Castañeda Yslas recibió de manos de los representantes de la Logia un Reconocimiento Post Mortem por todas las labores y desempeños como Venerable Maestro.

En esta foto vemos a mi tía Elena, única hija sobreviviente de Amador Castañeda dando gracias por el homenaje habiendo sido entregado por el hermano Oscar G. Vite Vargas GR∴SRIO. Oscar está a la derecha de Elena. Septiembre 2012

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RECONOCIMIENTO POST MORTEM
Amador Castañeda Jaimes

Las asambleas familiares de los Castañeda cuyo tronco común fue Zacualpan han sido acontecimientos singulares para reunir no solo a representantes de distintas generaciones, sino a miembros de las generaciones mayores que no se habían encontrado en mucho tiempo.

 

VISITA PANTEON

Antes de salir hacia Zacualpan, la tierra de mi bisabuelo, para continuar mis investigaciones sobre mis demás ancestros Castañeda, concluí mi estancia en Pachuca con una visita al Panteón Municipal donde reposan sus restos, para presentar mis respetos y limpiar su tumba.  Junto con mi bisabuelo están María Sabas Francisca Yslas Vda. de Castañeda “Pachita”, su esposa, y el primogénito de la pareja, mi abuelo Amador Castañeda Yslas.

Está foto fue tomada en 2011 cuando llegué a saber donde descansaban estos tres ancestros mios.

Esta foto fue tomada un año después en 2012.

Dentro del año de mis dos visitas, una en 2011 y la siguiente en 2012 se construyó un capilla al lado de la fosa de mi bisabuelo Amador.  Viviendo en el extranjero no tuve tiempo para resolver este detalle, durante ésta construcción le salpicaron cemento, el cual fue imposible limpiar en completo.

 

 

Ricardo Castañeda Guzmán

 

Doy gracias a todas las personas conocidas y familiares quien sin su ayuda este artículo no pudiera ser posible.  Especialmente a mi primo Rafael Rodríguez Castañeda por su co-autoría en  la investigación histórica y la redacción.

 


[1].  El 28 de julio de 1974 mi tía Lucrecia Castañeda Castañeda escribió a Juan Hernández Ángeles, el autor de la biografía, para darle información acerca del lugar donde su padre Manuel Castañeda le enseño que era el sitio donde la familia Castañeda Jaimes vivía.

“En el año de 1965 me llevó mi padre a conocer el pueblo de Zacualpan y desde una altura pude ver restos de paredes de adobe pintadas a blanco, de dos cuartitos pequeños y un cobertizo que supongo servía de cocina.  Había un terreno grande para sembrar, no había cactos, pues esa vegetación no es propia de aquella región.  El terreno es húmedo, tanto por su inclinación como por su cercanía al río; crecen en los alrededores árboles de flores blancas llamados por ahí casahuates, guayabos silvestres y algunos cafetos.”

[2]. La manera en que Eleuterio Amador Castañeda Yslas fue bautizado y registrado civilmente es un indicio de la distancia que Amador mantenía de la iglesia católica.  Primero Amador registró a este hijo el 19 de Marzo 1900 en la Villa de Jacala como hijo natural, sin mencionar a la madre de su primogénito. Luego, el 3 de junio de 1900, Francisca llevó a bautizar al mismo niño en la Santa Iglesia de Jacala de la Foranía de Ixmiquilpan como hijo natural, sin mencionar a Amador como padre. Con el tiempo, este hijo vendría a ser mi abuelo.

[3].  A este edificio del siglo xviii, antigua hacienda del Conde de Regla, también se le conoce como “La casa colorada”.

[4]. Raúl Castañeda Yslas sustentó su examen profesional el 30 de noviembre de 1939 y la unam le expidió el título de Licenciado en Derecho el 24 de abril de 1947.

[5]. El presidente Benito Juárez decretó la creación del estado de Hidalgo el 16 de enero de 1869.

[6]. Fuente: Compilación, investigación y redacción de Jonás Reyes Monzalvo en el portalhttp://bicentenario.hidalgo.gob.mx/index.php?option=content&task=view&id=90  

 

Zacualpan y su Picacho de Oro y Plata, (una carrera de 5 Km)

Introducción a una crónica

Ricardo Castañeda Guzmán

15 marzo 2013

Cuando publico un artículo en este  blog, en el sitio de ancestroscastaneda.wordpress.com, yo, como el bloguero, nunca sé cómo será recibido.  ¿En qué cantidad, tendrá interés el público sobre el tema?  ¿Será leído, y quien lo leerá?  Estas son unas de las preguntas que siempre me pregunto, cada vez que publico un artículo.

Mis temas han sido principalmente los descubrimientos y experiencias adquiridas junto con varios familiares, de llegar a saber más sobre mis ancestros, en este caso los Castañeda.  Mis búsquedas me han llevado a varios sitios de la Republica Mexicana, uno de ellos, el pueblo de Zacualpan, Edo. De México.

Unos días después de que publiqué la crónica de un viaje a Zacualpan, https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2013/02/03/zacualpan-edo-de-mexico-mexico-3/    recibí un comentario de un lector que me llamó mucho la atención.  Se trataba  de un corredor deportista (runner).  A quien le interese conocerlo, puede hacer clic en el link y hacia el final de la columna de comentarios, que han fomentado  y promovido este blog, encontrará nuestro intercambio de saludos.

Lo que escribió este joven deportista me llamó mucho la atención porque le daba al pueblo de Zacualpan, el pueblo de mis ancestros, otra dimensión, aparte de lo que yo escribía.  Su manera de expresarse fue de una persona motivada, energética y con propósito.  El nombre de este corredor es Arturo Mireles Valdés.

Arturo me habló de una carrera de 5 Km titulada La Ruta de la Plata, la cual estaba por realizarse  en el parque eco-turístico Picacho de Oro y Plata, localizado cerca del centro de Zacualpan.  Esto iba a ocurrir en dos o tres días.

Siempre interesado en saber más sobre Zacualpan, le pedí que me enviara más información sobre este evento.

Gracias a la maravilla del internet y la buena voluntad de Arturo, recibí  casi inmediatamente, el siguiente cartel, que da información detallada sobre este evento.

Lo comparto con los lectores, especialmente si entre ellos hay corredores interesados en saber si habrá otra carrera como ésta en Zacualpan, Edo de México.

Estoy seguro que si el H. Ayuntamiento de Zacualpan sabe que hay suficiente interés sobre este evento deportista, considerarán duplicarlo.

5Km. Zacualpan, Edo. de México, Mex. 3 marzo 2013


3 de marzo de 2013

 

Crónica de la Carrera de la Plata, celebrada en Zacualpan, Edo. De México, México.

Arturo Mireles Valdés

Estimado Richard;

Agradezco infinitamente tu interés por lo acontecido en la aventura Zacualpan 2013. En lo personal disfruté mucho mi estancia en dicho lugar. Te soy sincero: en un principio dudaba ir, [pero] tu blog me animó mucho para llegar con entusiasmo, y no me equivoqué… fue una aventura increíble.

Con todo gusto te comparto un poco de mí. Espero no aburrirte:

39 años de vida plena. Felizmente casado. Dos hijos maravillosos. Arquitecto de profesión. 12 años en el servicio público en el H. Ayuntamiento de Toluca. Actualmente en la iniciativa privada (constructora ARQCAD de México S. A. de C. V.) y como docente en la Facultad de Arquitectura y la Universidad del Valle de Toluca. Orgullosamente toluqueño. Me gusta interactuar en las redes sociales y [estoy] a casi dos años de ser amante del running.

Creo que en estos momentos todo lo que tenga que ver con running gira a mí alrededor. En los casi dos años de experiencia en este maravilloso deporte, Dios me ha concedido la voluntad y la fortaleza para disfrutar como nunca estar en movimiento, en contacto con la naturaleza, conocer amigos, plantearme metas y cumplirlas, reducir mis tiempos, sentirme cada vez más fuerte. Simplemente me siento más feliz que antes. En conclusión, el running ha cambiado mi vida.

Motivado por estos impulsos, el pasado mes de febrero me llegó la invitación de mi cuñada, la cual  integraba el Comité Organizador para participar en la carrera “Ruta de la plata” a realizarse en el municipio de Zacualpan. Sinceramente no me acordaba que existía ese municipio. Considero que nuestro estado de México es demasiado grande para aprenderse los nombres de los municipios, ¿no crees? Soy sincero: en un principio la invitación no me causó ningún impulso para participar. Quizás la distancia o el lugar, que no me atraían mucho que digamos. Sin embargo acepté correr el riesgo.

Dos días antes de la carrera recibí mi confirmación vía correo. Fue cuando me dispuse a investigar más del municipio de Zacualpan. Así me percaté de que esta localidad encierra muchas cosas. Dentro de este recorrido virtual, encontré el blog de mi estimado amigo Richard, el cual abrió otro horizonte que influyó gratamente en un aspecto motivacional importante.

Todo estaba listo. Era sábado por la mañana. Afortunadamente me otorgaron el permiso en mi trabajo para no asistir a laborar. Entonces junto con mi familia me dirigí a  Zacualpan.

Después de dos horas de recorrido, partiendo de la ciudad de Toluca, arribamos al lugar. Me imaginaba un pueblo más austero, sin embargo, el pueblo es muy singular. Limpio. Sus calles, adoquinadas; sus fachadas, blancas con guardapolvo. Las vigas de madera resaltan las techumbres de teja. En fin, mi percepción cambió en ese momento. Supuse que pasaría un buen fin de semana.  Calle adoquinada, Zacualpan Edo. De México

Dimos con el hotel posada real, cuyo propietario es don José Jacobo. Después de haber realizado nuestro registro, ya en el interior del hotel, fui observando cada uno de los detalles que poseía dicho inmueble, y conforme lo recorría, generaba en mí, sensaciones muy placenteras. El hotel, con poca inversión, trasmitía calidez, historia, como si sus muros guardaran lo mucho o poco de lo que era Zacualpan. Simplemente un hotel muy confortable.

Más tarde hicimos contacto con mi cuñada, debido a que ella se había trasladado un poco más temprano para llevar a cabo los trabajos preliminares en la carrera, como la señalización de la ruta.

Así llegamos al parque donde se celebraría la carrera, el cual lleva como nombre parque eco turístico “Picacho de oro y plata”, a siete minutos del centro de Zacualpan. Este espacio cuenta con muchos atractivos, entre los que destacan tres tirolesas de distintas dimensiones. La más grande posee una distancia aproximada de 500 metros de recorrido (adrenalina pura).

Tirolesas, Zacualpan, Edo. De México, México 3 marzo 2013Ahí fue donde conocí a José Abraham Jacobo Flores, que actualmente funge como  director  de Turismo en la administración municipal  2013-2015 del ayuntamiento de Zacualpan, líder y promotor de proyectos encaminados al desarrollo turístico. Actualmente se están realizando una serie de actividades de rehabilitación y mejora del parque eco-turístico “Picacho de oro y plata”.

Precisamente él nos comentó que cuando se colocó la tirolesa más grande, se tuvo que utilizar un  helicóptero. No puedo imaginarme el peso del cable y las maniobras que se tuvieron que hacer. En fin, ésa es otra historia. Tirolesas, Zacualpan, Edo. De México, México 3 marzo 2013-1

Una vez que recorrimos algunos de los caminos en el interior del parque, regresamos al centro de Zacualpan para recorrer sus calles. No hay mucho que ver, pero lo poco que hay, ejerce mucha tranquilidad.

De regreso en el hotel se realizó la cena de carbohidratos. Un rico espagueti con ensalada, acompañada de un delicioso pan de la región. Todo esto nos permitiría a los corredores dar nuestro mejor rendimiento el día de la carrera. Después de un rato de convivencia, procedimos a tomar un merecido descanso. Bueno… creo que a mí no me fue muy bien que digamos, ¡je je! La madrugada del sábado-domingo fue una de las más frías de la temporada invernal, la cual se combinó con la instalación de la plaza desde las 4:30 am. ¿Cómo ven? Para qué les cuento: entre frío y ruido, no dormí muy bien que digamos.

La Inmaculada Concepción a distancia, Zacualpan, Edo. De México, México 3 Marzo 2013Un día antes, como todo buen católico, habíamos preguntado los horarios de las misas del domingo, siendo la primera a las 6:00 am. Pues bien: a esa hora, yo ya estaba sentado en la primera banca [de la iglesia]. Como a las 7:15 am, de regreso en el hotel, procedimos a prepararnos para salir al parque, ya que la hora de salida estaba marcada a las 9:00 am.

En el sitio se respiraba un ambiente deportivo. Éramos como 60 participantes (mujeres y hombres) que deseábamos antes que nada la práctica del deporte. Todos deseábamos, antes que todo, disfrutar esos momentos de convivencia con la naturaleza. La carrera no generó ningún costo de inscripción, sin embargo nos proporcionó una playera alusiva.

A las 8:45 am se iniciaron los ejercicios de calentamiento. Cinco minutos antes de las 9:00 todo estaba listo. Se contaba ya con delimitación de la ruta, servicios médicos, y un stand de hidratación ubicado en el km 2.5. Fue un trabajo importante del comité organizador.Calentamiento y preparación carrera Ruta de la Plata Zacualpan, Edo. De México, México 3 maezo 2013

Después del “10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1”, arrancamos la travesía rumbo a la conquista de la meta. La salida se registró sin incidentes. Bueno, hubo 2 caídas, la del participante que llegaría a la meta en el 3er lugar y la mía. Resulta que se tropezó y con el impulso me empujó, para que yo también sufriera una caída sin consecuencias, solo unos cuantos raspones de mano, codo, rodilla y pierna. Ya incorporado fui a la conquista, empecé a rebasar y correr en ascenso. En ese momento me acordé de mi cuñada, quien me había comentado que la primera parte era totalmente de subida, y efectivamente: Qué demandante carrera. Sobre todo respiratoria, pero ya entrados mantuvimos la concentración para no detenernos por ningún motivo.

Debido a la caída no me había percatado en qué lugar me ubicada. Sin presión, continué rebasando corredores. Llevaba un paso lento pero seguro. Mi iPod me anunciaba que ya llevaba 2 kilómetros, sabía que estaba cerca de encontrarme con el descenso y continué sin detenerme.

Me estaba costando trabajo. Yo entreno cinco veces a la semana y corro un promedio de 55 km semanariamente, sin embargo la pendiente era demasiado pronunciada y constante. A lo largo del camino observaba cómo todos en algún punto se detenían. ¡Y sí que estaba pesadita!, pero tenía que realizar un buen papel, así que una vez que llegué al punto de abastecimiento de agua, pude observar que iniciaba la bajada. Eso me permitió recuperarme, y así fue: el descenso fue increíble. En algunos puntos tenía que frenar con talón debido a que alcanzaba velocidades muy altas con riesgo de caída. Observaba muy bien el camino para no sufrir algún accidente.

Al terminar la ruta de descenso me encontré a mi familia, echándome porras. Eso me motivó más. Sabía que estaba cerca de la meta. Alguien me gritaba “¡Vas en quinto lugar!” No lo esperaba, sentía que iba mas rezagado por la caída, pero di mi mejor cierre para ver si podía alcanzar un mejor lugar. Logré terminar en 5º lugar con un tiempo de 32´05, nada despreciable para lo que fue la ruta. En terreno plano hubiera logrado como 20 minutos. Llegué bien, gracias a Dios, y disfruté la carrera, que era lo importante.

Fueron llegando los competidores, algunos caminando, algunos trotando, pero al final habían cumplido el objetivo. Más tarde, al llegar la última competidora, se nos invitó a presenciar la premiación, a cargo del presidente municipal de Zacualpan, José Baena García, y del director de Turismo, don José Abraham Jacobo Flores. El primer lugar en ambas ramas recibió un premio de $2,000.00; el segundo, $1,000 y el tercer lugar, $500.00. Todo era una fiesta, así que procedimos a disfrutar de unos ricos antojitos y de un momento de convivencia.

Festejo terminando carrera Ruta de la Plata Zacualpan, Edo. De México 3 marzo 2013

Como todo tiene un fin, humildemente les comparto mi relato acerca de esta aventura. Espero les haya gustado y sirva de motivación para muchos.

Arturo Mireles Valdés y su esposa Verónica González ?????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????

En esta foto vemos a Arturo Mireles Valdés y su esposa Verónica González.

¡Hasta la próxima, Zacualpan!  No te olvidaré.

Observaciones y opiniones finales

En mi opinión, este evento no solamente fue una carrera.   Mí primer pensamiento es que consiguió un sentido de comunidad entre muchas personas, quienes  trabajaron juntas con un solo propósito en mente.  Estas personas, en principicio, fueron los funcionarios de gobierno, y se les sumaron los empleados y voluntarios de este municipio.

Los competidores  lograron cruzar la meta, y seis de ellos ganaron un premio.  Todos recibieron una playera conmemorativa, y los que lograron los mejores tiempos, obtuvieron cada uno un prmio monetario.

En mi humilde manera de decir las cosas, me gustaría mandarle su propio premio a Zacualpan: el reconocimiento por la realización de esta competencia deportiva, por el cumplimiento de una eficaz promoción del pueblo y del brillo e identidad de su propia comunidad.

Ricardo Castañeda Guzmán

 

Fotos y crónica de la carrera de la plata; Arturo Mireles Valdés

Edición; Rafael Rodríguez Castañeda

Dr. Gonzalo Castañeda Escobar 1869-1947

2a   Edición y revisión, 19 marzo 2013,

Ricardo Castañeda Guzmán

 

El doctor Gonzalo Castañeda Escobar es el integrante de la familia que alcanzó mayor fama profesional en el siglo XX. Fue reconocido como médico y como académico de la Medicina lo mismo en la Universidad que en las instituciones donde ejerció su profesión.

En el ámbito familiar, lo que puedo agregar sobre él es fruto de mi investigación genealógica.  Tengo la íntima satisfacción de haber sido el descendiente que primero dio con su acta de nacimiento; documento que pone fin a una larga disputa entre Temascaltepec y Zacualpan. Ambos pueblos se atribuían el orgullo de ser el lugar de nacimiento del doctor Castañeda.

Ahora tenemos pruebas fehacientes de que nació en Temascaltepec, y por solo hacer clic en el link, pueden ver este registro civil.  https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1942-21766-37567-47?cc=1916244&wc=12874672

El mérito de haber sido el pueblo donde se crió y al que volvió de visita toda vez que pudo fue Zacualpan, cuna de sus padres.  Gracias a la generosidad de Claudia Infante Castañeda, nieta de Gonzalo podemos ver las siguientes fotos que fueron tomadas cuando el visito Zacualpan en 1928.  Las fotos son de tamaño chico y con poca resolución, pero es lo que tenemos.  Traté de mejorarlas lo más posible.  De ahí, se empiezan a distorsionar.

Zacualpan, Edo de México 1928-1Gonzalo Castañeda fue hermano menor por la línea paterna de Manuel Castañeda, mi tatarabuelo.

Zacualpan, Edo de México 1928-2

Nuestro ancestro común es Juan Francisco Castañeda Popoca, su padre. El doctor Castañeda fue, por tanto, tío del licenciado Amador Castañeda Jaimes, mi bisabuelo. La madre de Gonzalo fue María de Jesús Gabina Escobar.

Mi afán por descubrir la genealogía familiar me deparó la suerte de conocer y dialogar con algunos de sus descendientes, principalmente con Carmen Castañeda Olea    hf102b   (1914–2012) su hija, y Claudia Infante Castañeda, la menor de sus nietas.

La autobiografía del doctor Gonzalo Castañeda que aquí presento es un documento poco divulgado.Apareció en una revista médica en los años ‘40 del siglo anterior. La complementan el editorial de la misma publicación, escrito por un colega suyo; una posdata con datos familiares, que escribió Rafael, uno de sus sobrinos-nietos, y un episodio de las memorias de su padre, que él mismo subtituló:  Cómo comenzó mi hijo Gonzalo sus estudios.

Zacualpan, Edo de México 1928-3

Confío en que estos documentos arrojen más luz sobre la vida de este Ancestro Castañeda.

 

Zacualpan, Edo de México 1928-4

 

 

 

 

 

 

Nota Autobiográfica del Dr. Gonzalo Castañeda

Publicada bajo el título de Datos biográficos del Maestro Castañeda en la revista Cirugía y Cirujanos, Órgano oficial de la Academia Mexicana de Cirugía, Año 9, número 1, el 31 de enero de 1941.[1]

                                                                                                                                                                                                                                      México, D. F., enero 28 de 1941

Sr. Dr. Rodolfo González Hurtado

Presente.

 

Estimado Rodolfo:

 

Para complacer su amable deseo de conocer algunos hechos o acontecimientos de mi vida íntima o privada que hubieran, quizá, trascendido en mi actuación pública o externa, en forma de charla o de conversación sencilla y natural, paso a escribir las siguientes notas, a medida que acudan a mí recuerdo. Las expondré con brevedad y sin presumir, escogiendo las que tengo más clavadas y que, aunque no tienen importancia para un extraño, en mí han sido decisivas.

Cuando yo nací, mi madre me encomendó al Patriarca Señor San José, después, ella le rezaba a este Santo, pidiéndole bienes y favores, para mí; suplícale que te haga bueno y te ilumine, me decía. Su fe y sus oraciones me impresionaron tanto, que a su influjo, creo yo, me hice cristiano.

A los ocho años era yo todavía un salvajito, no conocía las letras porque no había aún pisado la Escuela; mi tierra era un pueblo apenas semi-civilizado. Cuando mi padre me llevó con el maistro, por primera vez, sentí vergüenza y tristeza al ver que unos niños menores que yo, pronunciaban palabras que no entendía, decían decámetro, hectómetro, miriámetro; esto me estimuló para apurarme y alcanzarlos. Después de un tiempo ocupé los primeros lugares.

De jovencito era yo acólito y cantor en el coro de la iglesia; les gusté para sacerdote, a unos Padres misioneros que fueron por allá; yo encantado porque me iban a traer al Seminario de México; pero sobrevino un hecho que cambió mi destino y salvó a las gentes de un curita malo.

En los exámenes de ese fin de año escolar, obtuve como premio una beca o pensión para ir a estudiar al Instituto Científico Literario de Toluca; pero esa designación no tuvo efecto porque las Autoridades del Municipio prefirieron a otro escolar, hijo de un influyente del pueblo; mi familia era pobre y no figuraba. Sentido y molesto mi padre por esa alcaldada, me expatrió y me llevó a Cuernavaca con unos tíos, con la idea de que estudiara allí para maestro de Escuela. Tal vez notó en mi cara que eso me parecía poco, porque agregó: sí, hijo, pero de una Escuela grande.

En un Colegio de esa ciudad conocí y traté a muchos niños principales que de ese Plantel salían para continuar sus estudios en la Escuela de San Ildefonso, la Preparatoria. Al volver de vacaciones me platicaban de cosas nuevas; me animé a hacer lo mismo. Sabedor mi padre de mis deseos, me dijo: pero Gonzalo, yo no tengo dinero para eso; —no importa, papá; yo veré cómo la paso, mientras me consigo una beca.

La suerte me deparó un protector que me dio un rincón en su casa; apúrese muchachito, me dijo; y si sale bien, yo le conseguiré una beca del Gobierno. Ese año lo doblé, cursé el primero y segundo, obteniendo tres Perfectamente Bien en cada materia. El certificado que acredita ese hecho lo tengo en un cuadrito que está a la vista en mi Consultorio. Cuando mi tutor vio esta hazaña, dicen que dijo: esto es serio. Con mis calificaciones en la mano fue a ver al Ministro Baranda y obtuvo para mí la pensión con la que continué la carrera. Mi vida escolar la dominó el temor de perderla.

En la Preparatoria sostuve mi puesto, fui además líder y un poco inquieto y agitador; allí conocí y trabé amistad con compañeros que después figuraron y fueron próceres, como: Balbino Dávalos, Manuel Calero, Jesús Urueta, Lorenzo Elizaga, José Covarrubias y otros; fui amiguito y me distinguieron Profesores como el Dr. Urbina, José María Vigil, Emilio G. Baz, Damián Flores, Justo Sierra, y un consentido del Director Castañeda y Nájera. En un periódico que fundamos algunos entusiastas, yo fui al mismo tiempo secretario, redactor, repartidor, cobrador.

Como estudiante de Medicina sufrí mucho por el temor de una baja calificación que me hiciera perder la beca, mi único sostén; en cada examen me atormentaba la idea de que fuera el último día de mi vida estudiantil; pero caminé con fortuna y la buena suerte no me abandonó. La Anatomía Topográfica era un puente difícil de pasar porque el Profesor D. Francisco de P. Chacón era un ogro, un gran reprobador; le tenía yo un miedo cerval; momentos antes de mi examen con él, hojeé por distracción el Tilleaux y me detuve en la lámina de los tendones, nervios y arterias de la palma; a la hora de la prueba me tocó palma de la mano; estaba de Dios que fuera médico. Yo le temía mucho a los exámenes de Clínica porque había visto reprobar a buenos alumnos; en uno de esos Cursos me examinó D. Ramón Macías, que era muy pesado para preguntar; a ver, muchachito, hágame el diagnóstico diferencial entre las fiebres palustres y las fiebres urinosas; para bienquistarme con él y librarme de la embestida de su toro, le respondí: ¡Ay, señor, eso sólo Dios!; se sonrió y conquisté su benevolencia. A don Manuel Carmona y Valle que era inaccesible tuve que hacerle mucho la barba; Don Francisco Hurtado me dio un revolcón, pero me perdonó; con D. Luis E. Ruiz me lucí en Higiene. En el Anfiteatro le di muy fuerte a las operaciones en el cadáver en compañía con Julián Villarreal; en general, fui muy puntual y aplicado, todo para no ir a perder la pensión, pues la ley relativa era exigente. Me salvé hasta llegar al Puerto.

Ya recibido me fui a mi tierra, después me salió un empleo en Guerrero, y aún me sorprende hoy, cómo a pesar de mi ignorancia e inexperiencia pasaba por buen médico. Después, un señor poderoso: D. José Landero y Cos que me había conocido de estudiante, me llamó de Pachuca para nombrarme médico-cirujano de las minas de Real del Monte, con un buen sueldo; allí me hice riquito y ya con dinero se me ocurrió y decidí irme a Europa.

Era mi sueño, mi ilusión. Permanecí allá cerca de tres años; me inscribí en las Universidades, y como me consideraba atrasado me apliqué con exceso. Tomé la costumbre de escribir la relación de las operaciones que había presenciado en el día, recogí como dos mil. En Londres conocí a Hutchinson; en el Hospital de San Bartolomé conocí las salas donde trabajaron Harvey, Bright y Parcival Pott; en París escuché a Dieulafoy en el Hotel Dieu; a Pozzi en el Broca; a Tuffier en el Beaujon; en Berlín seguí a Augusto Beer y a Oishaussen; en Viena estuve cerca de Schauta y Wertheim.

En las vacaciones me vivía en los Museos; conocí a Eduardo vii, rey de Inglaterra; a Guillermo ii, Emperador de Alemania; al de Austria-Hungría Francisco José; a Alfonso xiii, rey de España y besé el anillo del Pescador en la mano del Pontífice Pío x. En Londres le pedí permiso a Lord Lister, para conocerlo; contemplé en Westminster las tumbas de Newton y Shakespeare, y en la catedral de San Pablo, los sarcófagos de Nelson y Wellington. En Postdam puse mis pies en el mismo sitio donde los posó Napoleón Bonaparte para mirar la tumba de Federico el Grande; en Viena, en la iglesia de los Capuchinos, vi el ataúd broncíneo que guarda el cuerpo embalsamado de Maximiliano, Emperador de México; en Roma, visité la casa que habitó San Ignacio de Loyola; en Florencia conocí las moradas del Dante y de Miguel Ángel; en Nápoles visité la celda de Santo Tomás de Aquino; en el Escorial me senté en el lugar que ocupaba el rey Felipe ii para oír misa; en París, en la Sainte Chapell, vi el sitial donde oraba San Luis, rey de Francia, etc.

Cuando volví a México, comencé de nuevo; al llegar no tenía casa, ni dinero, ni trabajo; pronto entré a la Academia y al Profesorado, pronto también fui nombrado Director, Cirujano y Ginecólogo, del Hospital de Jesús; al cumplir allí 25 años, el Patronato le puso mi nombre a la Sala de Ginecología, yo correspondí a esa distinción renunciando a mi sueldo mensual, que desde entonces dono al Establecimiento; en treinta años, como jefe allí del servicio quirúrgico he practicado miles de operaciones, la mayoría del vientre. En mi ejercicio tuve una época de intensa actividad, daba cuatro cátedras, llenaba el Sanatorio de Jesús y trabajaba en tres Hospitales. He escrito cinco libros, he presentado como treinta trabajos médicos en Sociedades y Congresos.; tratando asuntos de Clínica, que es mi arma.

En esta relación o anecdotario de las cosas mías, sólo he estampado lo que me favorece, omito naturalmente lo que me deprima o desdore, así son las autobiografías. Como el asunto es interminable, aquí concluyo. Pero antes de terminar, como soy un hombre del siglo pasado, tengo recuerdos e impresiones de cosas desconocidas para los jóvenes médicos; no quiero que algunas se queden en mi lápiz. Como cosa extra-médica me permito referir algo de interés puramente subjetivo y que llevo grabado en mí memoria. Por curiosidad, casualidad o intención, me fue dable conocer a muchos personajes históricos ya desaparecidos. Conocí a los ministros de Juárez: D. José María Iglesias, General Ignacio Mejía, General Miguel Blanco y a D. Blas Balcárcel, inmaculados del Paso del Norte; a los soldados vencedores de Querétaro D. Mariano Escobedo, Ramón Corona, Gerónimo Treviño y Sóstenes Rocha; de los héroes del 5 de Mayo conocí a D. Miguel Negrete, a D. Felipe Berriozábal y a Porfirio Díaz; y de los del 2 de abril, a los Generales Ignacio Alatorre y Carlos Pacheco. Del mundo de las Letras conocí a Altamirano, Riva Palacio, Guillermo Prieto, Gutiérrez Nájera y otros; en una procesión cívica vi cuando era yo preparatoriano al Dr. Rafael Lucio.

Y como final, voy a contar algo inédito por si a alguno le interesa, se lo oí últimamente en una conversación al Lic. Nemesio García Naranjo. Dirigiéndose éste una vez al General Naranjo, su pariente e ilustre soldado republicano, luchador contra el Imperio, refiriéndose a él y aludiendo a otros sus compañeros de armas le dijo: ”¿Cómo es que ustedes que son unas fieras y unos hombres valientes e indomables se han dejado domesticar por el General Díaz?” —”La explicación es muy clara, le respondió: Mira, al Gral. Manuel González que es más soldado que Porfirio, más hombre y con más tamaños que él, le gustan mucho las mujeres, frente a unas faldas ya no es nada; el terrible General Sóstenes Rocha, ese invicto maestro de estrategia y la táctica es muy afecto a las copas, el cognac lo amasa y lo ablanda; a Gerónimo, se refería al Gral. Treviño, lo domina el dinero, los negocios lo cambian; a mí Naranjo, me domina el juego, frente a una sota ya nada me importa. Ahora bien: Porfirio no enamora, no juega, no bebe, ni tiene amor al dinero. Esa es la explicación”.

Editorial

 

El ilustre Maestro don gonzalo castañeda acaba de cumplir sus 25 años de Profesor Titular en nuestra Facultad de Medicina y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Tal acontecimiento fue celebrado por la H. academia mexicana de cirugía en su Sesión solemne de Clausura efectuada la noche del viernes 29 de noviembre próximo pasado, en la que se rindió al sabio Maestro un fervoroso homenaje que tuvo tas proporciones de una apoteosis.

La academia mexicana de cirugía, en pleno, el señor Rector de la Universidad Nacional Autónoma, representantes de la Academia Nacional de Medicina, de la Sociedad de Cirujanos del Hospital Juárez, del Sindicato de Médicos Cirujanos del D. F., de la Sociedad de Esposas de Cirujanos Académicos, así como de otras sociedades científicas y numerosos médicos y discípulos del Maestro Castañeda, congregados en el Salón de Actos de la Facultad de Medicina, honraron a nuestro sabio, en un cálido y cordial homenaje de admiración, de gratitud y de cariño, conquistados por él en sus 25 años de noble, generosa y fecunda labor docente. Sencilla, pero pletórica de emoción, fue la ceremonia, y el viejo y querido Maestro recogió con lágrimas en los ojos las frases de ternura y los abrazos de sus viejos condiscípulos, de sus hijos espirituales —sus discípulos— y de sus amigos presentes. Cuando su voz se alzó para agradecer el homenaje, varias veces hubo de interrumpir su discurso, lleno de dulces recuerdos y de anécdotas de su vida, porque la emoción le ahogaba.

Noble y justo tributo el que el Maestro Castañeda recibió aquella noche, y honra para aquellos que se lo otorgaron, porque como decía Martí: “Honrar, honra”; pero, lo más noble y lo más justo estriba en que tal homenaje haya sido hecho en vida y gozado por él, rompiendo la absurda costumbre de esperar a que un hombre ilustre muera para glorificarlo, para ir a decir sobre su tumba la oración laudatoria cuando ya sus oídos no pueden escuchar la frase que arranca el cariño, ni sus ojos mirar las lágrimas que nacen de la gratitud.

“cirugía y cirujanos” dedica este número en honor del consagrado y sabio Maestro don gonzalo castañeda.

 

 

Posdata *

Salvo una mención a su madre y dos a su padre en los párrafos iniciales de su apunte autobiográfico y la emotiva referencia que hizo de ellos al final del discurso que pronunció el 24 de noviembre de l940 en el homenaje que la Academia Mexicana de Cirugía dedicó a sus bodas de plata como profesor de la Facultad de Medicina, el doctor Gonzalo Castañeda tendió un velo de discreción sobre su vida personal, no obstante el orgullo y la gratitud que por él sentían familiares y coetáneos; sentimientos análogos a los que abrigan sus descendientes.

Cuando yo nací, mi madre me encomendó al Patriarca Señor San José…

Gonzalo Castañeda Escobar nació en Temascaltepec,  Estado de México, el 9 de enero de 1868. Fue el segundo hijo de Juan Castañeda y de Gabina Escobar. A diferencia de Bernardino, su hermano mayor, quien dedicó su vida a sucesivas aventuras en la minería, Gonzalo empeñó un esfuerzo total en estudiar.

Cuando mi padre me llevó con el maistro, por primera vez…

Gonzalo Castañeda ingresó a la escuela elemental en 1877 y se graduó como médico en 1893, a la edad de 25 años. Para romper el cerco de la pobreza dedicó 16 años al estudio intensivo, acuciado por el temor de perder las becas.

Él mismo nos cuenta que inició su ejercicio de la Medicina en Temascaltepec, aunque no precisa por cuanto tiempo. Siguió un breve empleo en Guerrero, donde “…a pesar de mi ignorancia e inexperiencia pasaba por buen médico”. Ignoramos si esta afirmación surgió de la autocrítica o de la modestia; lo cierto es que contrasta con la relevancia del cargo de médico-cirujano que le confió la Compañía Real del Monte y Pachuca, donde llegó en las postrimerías del siglo xix.

La minería estaba en auge. Las empresas se concentraban en extraer plata y poco les importaban las condiciones de trabajo de los mineros. El joven doctor Castañeda, quien también atendía a los trabajadores de la mina de San Rafael, se preocupó no solo por curar sino por investigar el origen de las enfermedades. Fue el primer médico en México en escribir sobre la higiene minera subterránea. Descubrió el anquilostoma duodenal como causa de la anemia de los mineros.

Durante su estadía en Hidalgo, el doctor Castañeda se unió con Luisa Osorio, con quien procreó un hijo. Ángel Castañeda Osorio nació en Pachuca, en 1904.

En 1908, gracias a sus ahorros se costeó un viaje a Europa. Sabemos que estuvo en Londres, París, Berlín y Viena donde “se aplicó con exceso” al perfeccionamiento de su profesión y desarrolló el hábito de escribir la relación de las operaciones que presenciaba en el día. Si registró cerca dos mil en poco menos de tres años —quizás menos de mil días—, eso significa que en los días que dedicó a la observación quirúrgica asistía tal vez a cuatro intervenciones diarias, considerando que también dedicó tiempo a hacer turismo cultural por Alemania, Austria, España, Inglaterra e Italia.

Cuando volví a México, comencé de nuevo; al llegar no tenía casa, ni dinero, ni trabajo…

¿En qué mes de 1910 volvió de Europa el doctor Castañeda? A la distancia de casi un siglo, México y 1910 nos evocan el estallido revolucionario que convulsionó al país durante un decenio; idea que eclipsa cualquier otra. No obstante, en una fecha cercana al 20 de noviembre de aquel año, es preciso imaginar al médico de 41 años en busca de empleo, exhibiendo los diplomas de sus recientes estudios.

La Revolución puso en crisis a la economía, alteró las costumbres y canceló el desempeño de muchas actividades, mas por otra parte, aumentó la demanda de otras, entre ellas, la atención médica para un gran número de heridos, resultante de los enfrentamientos y batallas, frecuentes en muchos lugares de la República y constantes en el centro del país. Gonzalo Castañeda fue nombrado director y primer cirujano del Hospital de Jesús.

Durante el decenio 1910-1920 el doctor Castañeda contrajo tres matrimonios dentro de una misma familia. Casó con Teresa Olea, quien murió al poco tiempo. Al enviudar, casó con Carmen Olea, hermana de Teresa, con quien en 1914 tuvo una hija, Carmen Castañeda Olea.

María Luisa Olea se convirtió en la tercera esposa del doctor Castañeda mediante la conjunción de dos circunstancias fortuitas: la muerte del señor Gómez Daza, su esposo, y la de su hermana Carmen. De esta forma fue ella quien se hizo cargo de la crianza de Carmen, su sobrina.

Cinco años después de ingresar de lleno al ejercicio de la medicina en el Hospital de Jesús, el doctor Castañeda comenzó a dar clases en la Facultad de Medicina. Inicialmente fue profesor de Clínica Quirúrgica, pero su docencia se amplió con otras materias, como Terapéutica Quirúrgica.

El 15 de marzo de 1917 se inauguraron los cursos de la Escuela Constitucionalista Médico Militar, donde el doctor Castañeda impartió Clínica Quirúrgica del Abdomen. Ocupó también los cargos de jefe del Centro Quirúrgico y subdirector. Con el tiempo fue, además, cirujano-jefe del Hospital de Jesús, cirujano externo del Hospital General y del Hospital Militar; teniente coronel del Cuerpo de Sanidad Militar y jefe del Servicio de Ginecología del Hospital Español.

Por otra parte, el trabajo en el Hospital de Jesús, donde permaneció durante más de 30 años, propició el conocimiento entre el doctor Castañeda y Rosa Castaño, una enfermera con quien también tuvo descendencia. De esta unión nacieron tres hijos: Rosa, Raquel y Gonzalo Castañeda Castaño, quien fue contador público.[2]

A la muerte de su hermano Bernardino, ocurrida hacia 1920, el doctor Castañeda asumió el papel de padre y protector de sus sobrinos huérfanos. Por temporadas sus sobrinas vivieron bajo el cobijo de la familia Castañeda Olea, donde les dispensaron amor y cuidados semejantes a los que disfrutaba Carmen, la niña.

He practicado miles de operaciones, la mayoría del vientre.

Para completar la síntesis de su biografía profesional, conviene agregar que la sapiencia y habilidad quirúrgica del doctor Castañeda lo llevaron a posiciones de eminencia que hicieron trascender su fama y autoridad más allá de las fronteras del país. Presidió la Asociación Mexicana de Obstetricia y Ginecología a partir de su fundación; fue miembro fundador y primer presidente de la Academia Mexicana de Cirugía; presidió la Academia Nacional de Medicina; fue miembro honorario de la Sociedad de Traumatología, presidente de la Sociedad Médica Mexicana y del Capítulo del Colegio Internacional de Cirujanos.

Presentó numerosos trabajos en academias y sociedades médicas y publicó regularmente artículos en revistas profesionales. Escribió varios libros de texto que fueron clásicos en la Facultad de Medicina, como Clínica Quirúrgica, Clínica General y Clínica Interpretativa. Su obra póstuma fue el Ideario clínico en aforismos y frases breves.[3] También publicó un libro de gran interés práctico en la medicina: El arte de ejercer, recientemente reeditado.

Recibió condecoraciones de la Cruz Roja del Japón, la Cruz del Mérito Militar, medalla del Mérito Civil de la Asistencia, medalla de la Facultad de Medicina, venera de Profesor-decano, medalla que le otorgaron los alumnos de la Facultad de Medicina y venera de miembro honorario del Colegio Internacional de Cirujanos. Como lo revela su discurso del 24 de noviembre ante la Academia Mexicana de Cirugía, fue un maestro querido que formó varias generaciones de médicos.

Fue declarado Hijo predilecto del Mineral de Zacualpan, Estado de México, donde vivió su niñez, y la ciudad de Pachuca, donde ejerció la medicina e inició investigaciones que lo llevaron a descubrir la uncinariasis en los mineros, lo honró con un reconocimiento análogo.

Murió a los 78 años de edad, el 14 de enero de 1947 en la Ciudad de México.

23 de agosto de 2007

Addendum [4]

Cómo comenzó mi hijo Gonzalo sus estudios

Era muy travieso y muy llorón. Porque no molestara a su mamá y a mí con sus travesuras y llanto a cada momento, dispuse se lo llevara mi hijo Bernardino con él a la escuela, no con el objeto de leer pues todavía era muy pequeño para eso.

Pero a los dos o tres días me mandó decir don Miguel Ocampo (el Preceptor) con Bernardino, que ya no se lo mandara yo, que era muy travieso, y muy chiquito para la escuela; que nomás iba a quitarles el tiempo a los demás, y que por su tierna edad no se lo podía reprender.

Con este recado que recibí ya no volvió. Pasó algún tiempo, y cuando vi que ya debía ponerlo en la escuela, comencé a decir a su mamá que lo mandara a ella, y cada vez que esto reclamaba yo, la respuesta de la mamá era:

—No quiere ir, ¿qué crees?, ¿que no se lo mando?

Conque una vez le dije:

—¡Marche para la escuela! —(Entonces era maestro un don Mariano Sotelo).

Y comenzó a llorar. Lo tomé de un bracito y colgando de él por la calle, y delante la gente lo llevé al maestro. Se lo recomendé. Pero a poco rato ya se había huido, y viéndolo yo, lo volví a traer como la primera vez.

Después, dándole tlaco y ofreciéndole cuanto podía, comenzó a ir y le perdió el miedo [a la escuela].

Luego le tuvo afición a las letras y comenzó a tener empeño en adelantar, y como en efecto lo tenía; el maestro lo consideró mucho. Y decía que él, Gonzalo, era su caballo de batalla, porque le ayudaba a enseñar en la escuela; lo nombraba de comisión en cabeza de otros discípulos, como por ejemplo, a felicitar en nombre de su maestro y demás condiscípulos, al señor Jefe político, al señor Gobernador, etcétera.

Recuerdo y recordaré, que en una visita de felicitación que hizo a este último, en un discurso que pronunció Gonzalo (escrito), entre otras cosas dijo al señor Gobernador:

“Ojalá, Señor, que usted tuviera a bien darme un lugar en el Instituto Literario”. Y tal déspota Gobernador no se dignó responder en su favor siquiera con dar una esperanza, para cumplir con el deber de moralidad y educación; cosa que recibieron muy mal algunas de las personas entendidas de Zacualpan.

En los exámenes que hubo en la escuela, [Gonzalo] siempre tuvo sus calificaciones buenas, y se le daban carpetas o papeles con moños y algunos décimos o quintos de moneda de plata.

Y en una de esas veces, cuando yo menos pensaba, vi en la puerta de mi casa al señor don Jesús Lechuga. alcalde municipal en ese tiempo, y a un Regidor, saludándome muy gustosos, y les dije que pasaran —como era natural decirles. Pasaron.

Entre tanto estaba yo sorprendido y queriendo adivinar qué negocio los llevaría conmigo, pero casi en el mismo momento, me dijo el primero:

—Hemos pasado a felicitar a usted por el adelanto que tiene su niño Gonzalo en la Escuela. Ha sido examinado por el Comisionado nombrado por el Ayuntamiento, y tanto el Ayuntamiento como todas las personas que al examen concurrieron hemos quedado muy satisfechos de sus operaciones y respuestas, por lo que repetimos: felicitamos a usted y deseamos que [Gonzalo] siga con la aplicación y entusiasmo que manifiesta para que algún [día] llegara a ser el báculo en que me apoyara en mi vejez.

Yo, conmovido, con un nudo en la garganta, sin poder pronunciar una palabra en ese momento; hice un esfuerzo, y les dije:

—Yo les doy a ustedes, lo mismo que al H. Ayuntamiento, las mas expresivas gracias por el honor que tanto a mi hijo como a mí se nos hacía.

Y que al recibir aquella felicitación, no podía menos que llenarme de satisfacción como era natural que la tuviera un padre cuando viera honrar hasta tal grado a un hijo suyo, agregando que Dios quisiera que mi joven siguiera con el empeño que hasta entonces tenía, y que acaso llegaría el día que fuera útil no solo a sus padres, sino a su patria, y por fin, a la sociedad.

Se despidieron de mí dichos señores, y yo y mi esposa quedamos llenos de placer.

Don Mariano Sotelo, que era en esa época —como ya dije— Preceptor en la Escuela municipal, emprendía comedias y sainetes, representados por sus alumnos, y a Gonzalo lo prefería siempre con el principal papel, y en una comedia que hizo en no recuerdo qué festividad, quise verla.

Pero luego que vi que Gonzalo salió gritando con enfado: “¡Claudia, Claudia!”, incomodándose no sé por qué, y vi que Claudia era su novia y que Gonzalo, lo mismo que ella, tendrían nueve años de edad, no me pareció que delante de mí, aunque en comedia, tuviera una novia. Y dije para mí: “Esta comedia para niños parece inmoral; pero su maestro lo ha dispuesto. Quizás seré yo muy preocupado”, sin embargo ya no quise continuar mirando la representación y me separé.

En otra comedia en que tuvo que hacer su papel, que ya su vestido y demás, estaba arreglado, el zapatero no cumplió con hacer los zapatos [para Gonzalo] que le mandé hacer, y que a las siete de la noche dijo no los había hecho. Yo no sabía determinar.

El caso era comprometido y muy mortificado, y más viendo a Gonzalo llorar. Éste me dijo:

—Lolita, la [hija] del compadre de usted, don Zenón, debe tener dos pares de zapatos, no menos. Vaya usted a suplicarle le preste unos para que salga yo a la comedia, que esos zapatos me vienen bien.

El cielo vi abierto con ese acuerdo pues estaba yo seguro que el negocio quedaba arreglado.

Luego me dirigí a suplicar a mí compadre me prestara dichos zapatos; pero no encontrándolo en su casa, a la niña Lolita le dije el asunto que llevaba, quien me respondió:

—Si señor, con mucho gusto, voy a traérselos a usted.

—Pero primero —le respondí—, es necesario que yo le hable a él.

—No Señor, me dijo, no es necesario. —Yo le respondo.

—¿Pues qué no son usted y él amigos y compadres?

Y luego se fue a traerlos, con los que me volví a mi casa muy contento. En la casa me recibieron también con mucho gusto, porque el caso era para estar todos mortificados, pues Gonzalo no quería salir con los [zapatos] que usaba, porque aunque no estaban rotos, eran viejos.

En esta comedia, recuerdo se dio al publico y éste le palmoteaba y más cuando bailó jarabe, que lo requería la comedia o sai[ne]te.

Cuando solía Bernardino, mi hijo, llevar a su mamá a algún baile, llevaba por supuesto ella y a Gonzalo, y como algunos de los concurrentes lo habían visto bailar en la comedia, hacían que Gonzalo bailara un jarabe. Con quien salía las mas veces era con la niña Lolita Suárez, y decían que no lo hacían mal los dos.

*

Estando en una época yo sin destino, me ocupaba, como por no estar de ocioso en ir a encargar un alfalfar que tenía, o a levantar alguna parte de la cerca. Y Gonzalo, que estaba en la Escuela, pedía licencia para llevarme el almuerzo o desayuno, y la comida. Y mientras [yo] almorzaba, y en la comida, toda la conversación, suscitada por él era preguntarme:

—¿Cuánto es lo que se paga en un colegio porque entre uno a estudiar?, ¿qué pasos se dan para entrar en un colegio? ¿Cuánto se pagará en un navío por ir a Francia o a España o a otra parte que vaya uno en un navío?

A las primeras preguntas yo respondía:

—En los colegios que paga el Gobierno no se paga nada y se enseña; pero estos necesitan de tener proporción para poder sus padres subsistir en México, y si sus padres viven fuera, necesitan tener para mantenerlos y vestirlos.

También necesitan vencer algunas dificultades, para conseguir la entrada al Colegio, porque sin embargo que el Gobierno paga, se necesitan no sé qué requisitos más.

Lo que estudian primero es lo mismo que les enseñan en la Escuela de primeras letras: Gramática Castellana, Aritmética, etcétera; de suerte es que si un joven va al Colegio, y no sabe eso, eso es lo que le enseñan: los pasos que se dan en las municipalidades o distritos, conque cuando se tiene que mandar un joven al Instituto, se trabaja por que sea remitido.

Que casi nunca es el que remiten el de más aplicación e inteligencia tiene, sino el hijo del Alcalde, del mas rico o del de mas influencia, aunque éste, por quien dan su voto, sea un burro. [Así proceden], menospreciando al pobre aunque, sea más adelantado e inteligente que los demás.

Lo que se paga por la embarcación a España, Francia e Inglaterra, no sé; lo que sé es que hay camarotes en que van los acomodados; otros camarotes en los que van los pobres; y como van otros más pobres, no pagan nada. Estos van de lastre, es decir, cuando el navío no tiene el peso suficiente que se necesita, estos se mantienen sirviéndoles a los ricos o a los conductores del navío. Compran muy barato a los cocineros la comida que sobra a los acomodados. Estos, que son los más pobres, no tienen cuartito. Duermen y viven encima del navío.

Yo muy bien comprendía que Gonzalo deseaba entrar a un colegio y también deseaba embarcarse. Y por fin, sus pensamientos eran grandes; pero no me atrevía a preguntarle si tales cosas quería, porque bastante era ya su conversación de casi siempre que me llevaba de comer:

Todo esto, que yo conocía en él, me mortificaba, me dolía el corazón; y me decía yo mismo: “Mi hijo tiene altos pensamientos; pero yo soy pobre, no tengo ningún valimiento; no tengo influencia ninguna, en México no conozco a nadie: no tengo más a quien pedir que es a Dios”.

 


[1]. Cinco de los seis artículos que integraron este número de la revista, más el editorial, fueron dedicados a rendir homenaje al doctor Gonzalo Castañeda. Ese editorial de Cirugía y Cirujanos aparece al final de esta nota biográfica.

*  Esta nota integra información que aportaron Carmen Castañeda Vda. de Infante, Gonzalo Castañeda Castaño, hijos del doctor Gonzalo Castañeda, así como numerosos sobrinos, nietos y sobrinos-nietos. La fecha de nacimiento de Julián Gonzalo de Jesús consta en la respectiva acta del Registro Civil de Temascaltepec. La información curricular procede de la nota biográfica que editó El Arte Gráfico, imprenta de Jesús Castañeda Zagal, sobrino del doctor Castañeda, en homenaje a su memoria, en 1947.  R.R.C.

[2]. El c.p. Gonzalo Castañeda Castaño murió el 27 de mayo de 2007.

[3]. Editorial Cicerón, 1946

[4]. Extracto del Manuscrito de don Juan Castañeda.  Ed. Imprenta Castañeda, Pachuca, Hgo.  Segunda edición. 2012. pp. 60–67.

 

 

 

 

 

 

 

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