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Archivo para julio, 2013

Como difunto insepulto, Un cementerio en Zacualpan, Edo. De México, Mex.

Una de las varias hondonadas que se encuentran en Zacualpan, Edo. De México, Mex.

Hondonada

Desde cualquier lugar de Zacualpan, es posible disfrutar de una vista panorámica portentosa. Los fundadores del pueblo eligieron la estratégica cima de un cerro dominante. La gran hondonada que la naturaleza zanjó al oriente magnifica todavía más la sensación humana de poseer con la mirada un vasto territorio bajo un celaje limpio, o con nubes impecables. Una infinita gama de verdes reviste aquí y allá el azul de las montañas.

Hacia el oriente, al fondo del irregular oleaje de la orografía, antes de los tiempos de la contaminación la gente podía mirar todos los días la cumbre nevada del Popocatépetl. Hacia el poniente la mirada se topa con un cerro demasiado cercano, donde se asienta el barrio de la Vera Cruz, una de las más antiguas cuadrillas del pueblo. Este contraste destaca las distancias. Hacia el sur, la vista se detiene en un prominente cerro y se pierde en la lejanía de la Sierra Madre Occidental.

Oleaje de la orografia

Oleaje de la orografía

Al norte, entre el amplio horizonte y la suave pendiente que se volvió calle principal, perfilada por techos donde predomina el rojo de las tejas, a escasa distancia hay una loma suave que los zacualpenses convirtieron en campo mortuorio.

Esta loma se reparte en dos cementerios contiguos, el cercano, visible desde Zacualpan, y el que está más al norte, en el declive opuesto de la loma. Los separan alrededor de 300 metros.  Para ir de uno al otro basta caminar un  poco.

A reserva de documentar la conjetura, es posible que el cementerio original lo hayan construido entre el siglo vxiii y el xix los emprendedores de la minería a gran escala. Es probable también que se haya tratado de un cementerio de acceso selectivo. Sabemos que en ese campo mortuorio había secciones que distinguían hasta cuatro clases y que en la cuarta clase, por ejemplo, fue enterrado un jornalero que “no testó por pobre”. Por otra parte, había muertos que eran sepultados “en un lugar especial”.

El asunto es que el campo mortuorio de la sección norte de la loma, cuyo ligero declive hacia el horizonte la volvía invisible desde Zacualpan, comenzó a caer en desuso. Por razones que desconocemos, los zacualpenses prefirieron inhumar a los muertos de este lado, en la pendiente sur, de manera que las tumbas ––o más bien, los monumentos erigidos sobre ellas–– se ven desde Zacualpan.

Cementerio desde Zacualpan

Cementerio desde Zacualpan

Fue tan grande la preferencia por este cementerio cercano que las tumbas se han densificado en la breve superficie de la loma, a tal grado que no hay siquiera una calle recta, y los estrechos pasillos se vuelven laberínticos, interrumpidos a los pocos pasos por la caprichosa disposición de sepulcros y capillas. No obstante, allí nadie se pierde: un laberinto es obligatoriamente horizontal y carente de perspectiva, y por angostos que sean algunos pasadizos; por saturados que estén los sepulcros en cada recoveco, la pendiente ofrece siempre la vista del pueblo a partir del eje de la calle principal. Y la perspectiva es recíproca: como si los zacualpenses quisieran ver desde su casa el paradero de sus muertos, gran parte del pueblo contempla su panteón.

Zacualpan desde Cementerio

Zacualpan desde Cementerio

Del cementerio original se habían olvidado. No es casualidad que ante la escasez de lugar para más fosas, contradictoriamente hablen ahora del panteón nuevo y caminen un poco más para reutilizarlo.

El panteón nuevo ––el antiguo, en realidad–– es una de las maravillas de Zacualpan. La crecida hierba indica que recibe escasos visitantes. Las tumbas son, comparativamente, pocas. Hay soledad y silencio. Se oyen tan sólo los insectos y el susurro del viento a través del follaje. El tiempo y la intemperie borraron las inscripciones labradas sobre sus lápidas centenarias para dejar constancia de la erosión. No es posible saber quién estuvo sepultado bajo cada montículo. Fueron muertos cuyos deudos también dejaron de existir y a quienes nadie conserva en la memoria. Algunas lápidas fueron removidas y quedaron allí, desubicadas. ¿Quiénes se tomaron el trabajo de desplazarlas?, ¿qué buscaban? ¿Encontraron restos óseos o simplemente polvo?

Arbol y muro

Arbol y muro, panteón nuevo

Entre los sepulcros centenarios se distinguen, escasos, los recientes. Difieren el color y el material. La fecha visible sobre la lápida de algunos data apenas de hace un cuarto de siglo.

En medio del llamado panteón nuevo y al lado de una docena de enormes árboles cuyas copas son tan altas que se ven desde Zacualpan existe un involuntario monumento al tiempo: es un elevado muro de piedra, vestigio principal de lo que tal vez haya sido una capilla. La antigua pared rectangular se yergue ocho metros a partir del suelo. Hacia el sur, al canto de la piedra lo cubre una pilastra de tabiques rojos ensamblada a soga y tizón.

Muro,  restos capilla panteón nuevo

Muro, restos capilla panteón nuevo

El centro de este oscuro paredón lo ilumina un vano donde acaso hubo un vitral con arco de medio punto. Tanto las dovelas como los bordes de este hueco, libre paso del viento, son también de ladrillos rojos. Hoy la esbelta ventana vertical es el arco del triunfo a la desconocida historia del Zacualpan de otros siglos. Hasta ahora, el muro se sobrepone a la intemperie, que no ha conseguido desmoronar el borde superior; recto labio donde han crecido yerbas y parejos cactus.

El panorama desde este cementerio es el mismo que ofrece la vista de Zacualpan, tal vez a menor altura, pero depurado de elementos distractivos para apreciar el horizonte azul y verde. El panteón nuevo es una de las más bellas obras del olvido. Gran número de zacualpenses desconoce su existencia.

Muro

Muro de antigua capilla con vista de ventana vertical

Este artículo es un elogio, pero también una profanación: temo que despierte la curiosidad de un número mayor de visitantes al antiguo cementerio. ¿Sabe acaso el municipio que debe protegerlo? Cuando en el “viejo” cementerio, de suyo saturado,  ya no quepan más tumbas, lo más sabio será construir un novísimo campo mortuorio en otro cerro y preservar este lugar entre los atractivos con magia de un pueblo obligado a cuidar su patrimonio.

Autor: Rafael Rodríguez Castañeda

Revisión y Montaje: Ricardo Castañeda Guzmán

14 de Julio de 2013 y 18 de febrero 2014

Y ADN Castañeda: Sin raíces no hay ramas.

Sin raíces no hay ramas

El manuscrito de don Juan Francisco Castañeda Popoca es un tesoro familiar por una simple razón: nos ha ayudado a documentar casi cuatrocientas entradas que ahora encontramos en el diccionario Castañeda. Sin la lectura de este manuscrito no se hubieran comunicado algunos familiares, y el consenso entre quienes ahora dialogan entre sí es que de otra manera no hubieran restablecido tan fácilmente los nexos familiares perdidos.

Después de haber buscado en numerosos lugares y en Internet; tras conversar personal y telefónicamente con varios familiares y amigos cercanos a la familia o a Zacualpan, Edo. De México, pueblo originario de nuestra genealogía; de haber oído cuentos y visto fotos, revisado cartas, notas y dedicatorias en el reverso de las fotografías y testamentos, viajado y visitado sitios y parientes al igual que revisado registros civiles y eclesiásticos, he llegado a la convicción de que el manuscrito de don Juan es para nuestra familia Castañeda como un mástil que sostiene sus velas para navegar hacia lugares antes no conocidos.

Pero sería erróneo pensar que solamente tendríamos que recurrir al manuscrito como fuente de referencia y búsqueda de más datos sobre nuestros ancestros.  Hasta ahora hemos solidificado el acervo informativo con los registros civiles y eclesiásticos, pero los sitios donde estos se encuentran nos aportan cada vez menos información, sea porque hemos extraído la más obvia o porque la remanente es más difícil de encontrar. ¿Cómo llegaremos, entonces, a saber más?  La respuesta más próxima a mi alcance es recurrir a lo que la ciencia es capaz de aportanos.

Un individuo puede saber más sobre su descendencia o su relación con determinada familia de tres maneras.  Estas son investigar su Y DNA, mtDNA y AutosomalDNA[1].

Y DNA o Y ADN representa al cromosoma Y, elemento presente solamente en los hombres. Este cromosoma, ausente en las mujeres, es transmitido como un bastón de padre a hijo, y sucesivamente, de este hijo a su hijo. Las siglas dna o adn, según se utilicen en inglés o en español, significan Deoxyribonucleic acid o ácido desoxirribonucleico, el cual contiene instrucciones genéticas para el desarrollo de todos los organismos. Es el factor responsable de su transmisión hereditaria.

MtDNA es la información genética que los hombres y las mujeres reciben de la madre. Demuestra el origen ancestral de la línea materna del individuo.  (La madre, madre de su madre, etc.), y lo conecta con sus primos genéticos.

El AutosomalDNA o Autosoma ADN lo heredan ambos progenitores, padre y madre, los cuatro abuelos, los ocho bisabuelos, etc. Se investiga con el fin de analizar el porcentaje de etnicidad de la persona y de establecer su contacto genético con los descendientes de esa línea hasta cinco o seis generaciones.

Cronológicamente el ancestro más distante dentro de esta familia Castañeda del cual tenemos noticia es Nicolás De Castañeda. Nicolás casó con María Antonia de Labra y juntos tuvieron por lo menos a un hijo, al cual bautizaron como Alejandro Marcos de Castañeda de Labra, quien nació en Zacualpan Edo. de México, en 1781.  Esto lo sabemos gracias a su acta de bautismo, asentada en la iglesia de Santa María Zacualpan de Minas.

Si suponemos que Nicolás tenía veinte años de edad cuando Alejandro Marcos nació, estaríamos hablando de 1761 como probable año de su nacimiento.  Por varias razones, el personaje y la época donde la búsqueda se enfría son, respectivamente Nicolás y los años cercanos a 1761. No hemos encontrado más.

Mis interrogantes personales respecto de mi ascendencia siempre han sido las siguientes: Aunque llevo por herencia el obvio apellido paterno español, históricamente explicable a partir del dominio y colonización europea del continente americano desde el siglo xvi, ¿mi línea paterna es europea o indígena?

Para contestar esta pregunta me sometí a la prueba de Y DNA. Después de ordenarla, obtuve el paquete de pruebas. Las instrucciones comenzaban por tomar un par de cepillitos y raspar adentro de mis cachetes durante un minuto cada vez; insertar el cepillito con la materia raspada dentro de dos pequeños frascos, sellarlos, firmar los formularios y enviarlos al laboratorio por correo.

A principios de junio recibí los resultados.  Tenía la opción de mantenerlos en privado o hacerlos públicos.  Decidí que fueran públicos con el propósito de que me sirvan para fines comparativos. Quiero saber de otros lo que yo mismo quiero que sepan de mí.

Los resultados de mi Y DNA dicen que soy R1b1a2, clave compuesta que el mapa identifica en parte por R1b. Mi Haplogroup[2] es R-M269 (lo que defina poblaciones genéticas).  El Haplogroup R-M 269 tiene sus orígenes en el suroeste de Asia, identificado en el mapa mediante la R, y conforme ciertos grupos migraron hacia Europa, el grupo R1b1a2 llegó a regiones que hoy conocemos como Francia, España, Portugal, Inglaterra, Irlanda y Gales hace alrededor de 25,000 años. Este grupo es muy común en el oeste de Europa con frecuencias de 90% en España, Irlanda y Gales.

 

 

File7

 

Sabiendo que mi Y DNA proviene de esta parte de Europa (probablemente España, considerando el apellido) deduzco que nuestro Nicolás es descendiente por línea paterna  de abuelos europeos. Por lo que se refiere al tronco paterno esta información nos permite afirmar que nuestra familia es de origen europeo, y por lo que se refiere al apellido, con gran certeza viene de alguna región de España.

Conforme pase el tiempo y más personas de la familia sometan a examen sus Y DNA, mtDNA y/o AutosomalDNA será posible hacer más descubrimientos genealógicos.

Igualmente, conforme pase el tiempo y más varones no conocidos sometan su Y DNA, será posible que lleguemos a profundizar colectivamente nuestro conocimiento sobre nuestra línea paterna más allá de Nicolás.

El siguiente documento es mi certificado Y DNA, el cual contiene mis alleles (miembros de un par de genes que ocupan un sitio específico en un cromosoma).  Estos números son necesarios para determinar el ancestro común dentro de uno o varios parientes varones.

Y DNA Ricardo Castañeda

Sobre esta herramienta científica aún tengo mucho que aprender, pero hasta ahora, durante mi aprendizaje ha sido un placer compartir la información de que dispongo sobre la línea paterna, perteneciente a nuestros ancestros Castañeda.  Igualmente la he compartido con Gary Félix quien mantiene un sitio en Internet titulado; Geonology of Mexico.

http://garyfelix.tripod.com/~GaryFelix/index63.htm#CastanedaRGary

Dentro de este sitio y desplazando el cursor hacia abajo se pueden encontrar mis datos, que en realidad son representativos del tronco de esta familia Castañeda, al igual que otros datos que Gary Félix nos permite saber. Ilustran parcialmente cómo llegamos a ser el México que ahora conocemos.

Para concluir, me formulo dos preguntas: En el futuro cercano o dentro de unos siglos, ¿serán tan valiosos los resultados de este Y DNA como el manuscrito de don Juan Francisco Castañeda Popoca? ¿Llegaremos a encontrar más familiares de los cuales no tenemos noticia, como los que encontramos a través del blog ancestroscastaneda.wordpress.com?

Con toda sinceridad espero que sí. Por ahora, la curiosidad por saber más sobre nuestras raíces es insaciable.

 

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición;  Rafael Rodríguez Castañeda


[1]. A la hora de ordenarlo, cada uno de estos exámenes tiene un costo individual y diferenciado.

 

[2]. Población que desciende de un ancestro común.

 

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