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Don Juan Francisco Castañeda Popoca (1816-1898), Parte Final

JFCP Parte Final

11 de agosto de 2015

Conclusión.

…Nuestro presidente [probablemente se refiere a Guadalupe Ordóñez, el minero que dirigía el trabajo colectivo] ordenó que a cada uno de los tres nos tocaría una semana desempeñar el trabajo de cocineros; faltaba que a él le tocara, [luego, se las debía arreglar con los víveres que había comprado].

Juan, mayor de 68 años de edad, después de 1884

Hay casos en que una historia se explica mejor si se cuenta a partir del final. Tal es el caso del siguiente relato que Juan escribió:

“Este episodio, bien se ve que es bastante simple, que no tiene ningún chiste; pero la primera vez que lo referí, fue porque en efecto me pasó. … Hoy lo escribo por haberme encarado escribir aún lo mas insípido é insignificante que me haya pasado”.

Durante ese tiempo Juan ejercía su profesión de azoguero en la hacienda de arrastras[1] nombrada Nombre de Dios, cual pertenecía a Montúfar, Ayala y socios.

Imagen Google

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La hacienda distaba legua y media (6.3 Km) de su hogar en Zacualpan. Un lunes en que regresaba a su trabajo después que cayó un diluvio, encontró que el río de Chontalpa se había ensanchado, corrían aguas turbias y arrastraban cuanto hallaban a su paso, inclusive palos y basura que había en las ampliadas márgenes.

Juan consideró el cruce con precaución. La situación le pareció grave. Si la corriente era voluminosa y rápida —pensó— lo podía arrastrar en el intento de cruzarlo. Bien sabía que no era el mismo muchacho que nadaba, hacía maromas y clavados en la gran poza llamada El Salto. Sabía nadar, pero decidió sentarse al pie de un sabino[2] a esperar que alguien pasara a caballo para que lo llevara hacia la otra orilla. También pensó que si tal samaritano venía a pie, entonces lo ayudaría tomándolo del brazo. El apoyo de dos personas resistiría la fuerza de la corriente y así serían capaces de alcanzar la otra orilla.

El siguiente párrafo que escribe es un deleite porque me ubica dentro de su mente cuando su imaginación corre al decir:

Cuando ya me haya pasado, le preguntaré “¿Cuánto le debo?” Y al mismo tiempo meteré mano a mi bolsa, y tal vez me dirá: “No es nada, don Juanito” —porque con este diminutivo me nombran casi todos los que me conocen—. Se los agradezco. Y si no me dice esto que espero, le diré: “Hombre o amigo, no tengo nada en la bolsa”. (Porque en efecto, estaba yo a raja). “Pero en la primera vez que nos veamos le pagaré a usted bajo palabra de honor”.

Cuando “Juanito” dice “estaba yo a raja” nos da a entender que aún seguía en bancarrota. No contaba con caballo, y aunque la distancia a su trabajo era relativamente corta, prefería recorrerla a pie una vez a la semana. Se presentaba el lunes para regresar el sábado.

Vio pasar la corriente por un buen tiempo, y comprendió que tendría que hacer algo, pues se estaba haciendo tarde y no aparecía nadie que lo ayudara cruzar el río.

La fuerza de la corriente generaba torbellinos, saltos y brincos. Juan se dijo:

“Si me tumba el agua y salgo antes que me lleve hasta donde este río se junta con el otro que se reúne con éste a las treinta o cuarenta varas, ya me salvé; pero si antes no salgo, ya no cuento el cuento”

“¡No hay remedio! ¡arriesgar el todo por el todo!”

Juan se consiguió un bordón, hecho de una rama del sabino. Para probar su resistencia intentó quebrarlo en la horqueta de otro palo. El improvisado bastón resistió. Era sólido y fuerte:

“Con éste cuento”.

Juan envolvió su ropa y pertenencias en su sarape, junto con su pistolón de chispa —pues tenía cuentas no liquidadas con un enemigo—, aseguró el bulto con su cinturón, formando un corto mecapal que se ajustó en la cabeza; lo aseguró con la falda de la camisa y desnudo, con sólo la camisa encima, se dispuso a cruzar.

Antes de internarse en la corriente, con mucha devoción se persignó, rezó un credo, hizo un acto de contrición y pidió perdón a su Dios por todos sus pecados.

Tembloroso y pálido dio el primer paso. A cada paso que avanzaba que daba sobre el cauce fangoso bandeaba con el palo, en busca de alguna inesperada profundidad. No encontró irregularidades peligrosas y llegó a la otra orilla sin que el agua le cubriera arriba de la media espinilla. El área del río que cruzó era ancha pero no profunda.

Después de tanto anhelar que alguien lo ayudara a cruzar el río, ahora deseaba que nadie viniera y lo viera en tan triste figura, pues seguramente se reirían de las condiciones en que se encontraba.

Esa noche en la hacienda contó a todos los presentes —inclusive a Feliz Díaz, la señora de la casa, su aventura de aquella mañana. La mujer le dijo:

—Juan de mi alma: Y cuando estabas al pie del sabino, ¿que pensabas?

—Qué había de pensar —le respondí—, que quién sabe si aquel era el último de mis días. Y lo que mas me apuraba era que he sido muy poco bueno. “En toda mi vida nada bueno has sido; ya que hubieras sido siquiera un poco”.

Algunos le hicieron preguntas; otros describían cómo lo imaginaban al pasar el río, lo compadecían o se reían de él.

Escribir sobre la vida de Juan siempre ha sido cosa seria, no sólo porque es mi re tatarabuelo, sino porque lo considero como un libro abierto dentro de un antiguo México. Pero debo admitir que esta historia me hace reír cuando lo imagino en actitud de espera, con ansiedad y preocupación, y después, cruzar desnudo, apoyado en su bastón, con su bulto a espaldas sólo para enterarse que lo pudo cruzar sin ningún problema. No me río, de él, sino con él.

Al siguiente día don Gertrudis Ayala, su esposa, dos de sus hijas y don Ignacio Ayala, su hermano, llegaron a la hacienda. Mandó por Juan. Y don Gertrudis le pidió que repitiera la historia:

—He mandado llamar a usted para que nos refiera todo lo que le pasó a usted ayer cuando venía, en el río de Chontalpa.

Juan vaciló por un instante, inhibido por la presencia de las hijas de Gertrudis. Eran tan bellas que le parecieron “un pedazo de cielo estrellado, y que oyeran todo lo que me había pasado, no dejaba de ser para mí muy penoso”.

—Señor, para hablar sinvergüenzadamente necesito de tomarme una copita de mezcal, porque ella me quitará el temor y la vergüenza.

Sin un momento que perder, le dieron su copita y Juan empezó a contarles su historia, la que manifestaron agradarles, riéndose en ciertos puntos más que otros.

Retrospectivamente Juan escribió:

“Este episodio, bien se ve que es bastante simple, que no tiene ningún chiste; pero la primera vez que lo referí, fue porque en efecto me pasó. Y para hacer ver por qué motivo había llegado tarde. La segunda por que así me lo pidió uno de mis patrones. Lo festejaron tanto; sería mas bien por simpatía hacia mí y alguna especialidad o entusiasmo al expresarme. Hoy lo escribo por haberme encarado escribir aún lo mas insípido é insignificante que me haya pasado”.

Edad de Juan y año no conocidos

Juan escribió su última aventura sin especificar el año, pero sí nos dice que vivía en Temascaltepec. Esa estancia pudo ser alrededor de 1868 cuando su hijo Gonzalo nació en esa localidad. Los demás hijos de sus dos matrimonios nacieron en Zacualpan.

Ciertas noches don Juan Castañeda se reunía con varios amigos, entre quienes estaban el vicario Néstor Fernández; el médico don Juan Macedo; el preceptor don Francisco Ayón y otros más. Charlaban, cantaban, tocaban y jugaban conquián[3].

Después de una de estas reuniones, Juan se dirigía a su casa, cerca de la Hacienda Doña Rosa, y a las diez de la noche, al pasar por la plaza, una voz de hombre desde la oscuridad dijo:

—¿Quién vive? —Juan respondió:

—El mismo.

Desde la oscuridad se repitió la pregunta y Juan confirmó su respuesta:

—El mismo.

El hombre se fue sobre Juan con violencia, pero él se dispuso a enfrentarlo con una piedra en una mano y su navaja en la otra.

El hombre se detuvo.

—¿Quién es usted? —y le respondí con energía:

—Me llamo Juan Castañeda, ¿por qué lo quiere saber?

—¡Oh!, usted es don Juanito.

—Sí, señor Legorreta —yo respondí—, el mismo.

—…porque creí que alguien se quería divertir conmigo. Usted dispense.

Don Legorreta era el juez conciliador, quien le pregunto qué andaba haciendo y de dónde venia. Juan le contestó reconociendo su autoridad. Con la situación controlada, don Legorreta se explicó un poco más.

—Pues me va usted a dar auxilio —me dijo.

—Sí señor, con mucho gusto. Pero si es a aprehender a algún criminal solos los dos; [a] usted no le conviene levantar la mano por ser Juez, yo estoy desarmado. Con tal motivo el negocio está de parte del que tengamos que aprehender.

—No: esos ya irán lejos, sin embargo; aguárdeme usted aquí, voy a traer a dos celadores y a que despierten al Secretario. Y sé que van [mancha en el manuscrito] de prisa.

Mientras esperaba en la plaza, Juan vio a un hombre bajo la luz en una esquina. Se acercó poco a poco y vio que era don Miguel Díaz, hombre trigueño, no muy alto y barrigón. Juan le preguntó qué le pasaba.

—¿Qué no ve usted que estoy herido en la cara?

—Sí señor. Solo eso sé por lo que lo veo, no se más.

—Pues señor —me dijo—, me han asaltado en mi casa y me han herido.

—Pero señor, ¿cómo ha estado eso? —le pregunté.

—Pues señor —me respondió—, estando yo sentado como a las diez de la mañana, en el mostrador de la tienda de don Víctor Segura, llegó un individuo, y dice a dicho don Víctor: “¡Señor! deme usted razón a quien veré yo para que defienda a un hermano mío, que traen por ahí en el camino; preso por unas heridas que dio, y él también viene herido”. Y dice don Miguel:

—Como es notorio que yo me ocupo de defender criminales y siempre en negocios de Juzgado, respondió don Víctor: “Al Señor que esta presente, él podrá encargarse de ese negocio”. Y me dijo don Miguel:

—La verdad, don Juan, no tenía yo mucha gana de encargarme del fatal negocio, porque vi a aquel hombre con huaraches, en calzón blanco, su camisa rota, una manguita azul, vieja, y un sombrero lo mismo; pero dije para mí: “Éste parece ser muy pobre; pero su hermano puede que tenga con qué pagarme”.

El hombre con huaraches y calzón blanco le respondió a don Miguel;

—Pues bien, señor —dijo el otro—. Mi hermano debe llegar hoy, y yo quisiera que hablara con usted antes que entre a la cárcel. ¿A dónde vive usted para ir a avisarle cuando llegue? —Venga conmigo. Le enseñare mi casa —dijo don Miguel.

Don Miguel llevó al de la manga azul a su casa, donde el hombre descansó para después pedirle a don Miguel que le guardara una pequeña bolsa que contenía de doce a quince pesos.

Don Miguel llevó el bulto hacia una pieza adjunta donde tenía un ropero. Además de ropa, en ese armario también tenía un tompiate con ochenta pesos pertenecientes al Ayuntamiento debido a que también era el tesorero. Junto a esa pequeña canasta puso el encargo de su nuevo cliente.

Aparentemente después de descansar, el hombre se fue y durante el resto del día el hombre ni el herido, su hermano, le hicieron visita a don Miguel. Al caer la noche, movido por el hambre, don Miguel siendo soltero, le dijo a su ayuda de casa que si lo buscaban, los hiciera entrar y que regresaría pronto. Se fue a cenar.

Momentos después, el de manga azul llegó acompañado de otro individuo y preguntó por don miguel. El sirviente dio el recado y les pidió que pasaran y por favor esperaran, pues don Miguel no debería de tardar. En efecto, guiado por la luz de un farolito, don Miguel regresó. Después de las formalidades, el de manga azul le dijo:

—Mi hermano viene muy malo, por lo que no pudo llegar hoy; pero mañana sí; estará acá temprano. Qué, ¿nos podrá usted dar licencia para que pasemos acá esta noche? porque nosotros acá no conocemos a nadie, no tenemos en donde ir a dormir.

—Sí, con mucho gusto, pasen ustedes.

Pasó el de la manga azul, y el otro se quedó en la puerta. Con disimulo pidió al sirviente de don Miguel que les hiciera unas tortillas, que no habían comido. Cuando don Miguel estaba a solas en el interior de la casa con manga azul; éste sacó un hermoso puñal, y con el extremo de la cacha dio un fuerte golpe en la cara a don Miguel, que cayó al suelo. Y le dijo:

—Si das voces te mato.

A ese mismo tiempo llegó el compañero con otro puñal. A don Miguel le mandaron tenderse boca abajo. El primer ladrón ordenó al segundo que le pusiese el puñal en la espalda y que si hacia voces lo pasara contra el suelo, mientras se dirigía al ropero que estaba en la pieza contigua. Abrió con la llave que exigió a don Miguel, sacó la red que le había dado a guardar en la mañana, el tompiate con los ochenta pesos, y toda la ropa que allí guardaba.

—Ya nos vamos, pero en el zaguán nos vamos a estar el tiempo que queramos, y si quieres salir allí, te matamos —le dijeron.

Pasó un corto rato, salió don Miguel, preguntó al sirviente indígena, quien estaba con su familia, si no había observado lo que le había pasado. El sirviente nada había oído; tampoco su mujer, que les hacía tortillas. Don Miguel lo mandó a que con precaución se asomara al zaguán y viera quien estaba. Al saber que no había alguien, se dirigió Miguel a la autoridad a dar cuenta de lo que le había acontecido.

El juez tomó algunas providencias a fin de averiguar quiénes fueron los ladrones; pero todo lo que hizo fue en vano. Nunca se consiguió saber algo de manga azul, su cómplice o del herido hermano.

Juan dice que el principio de este pasaje histórico se lo refirió el señor Díaz; y todo lo demás se lo declaró al Juez, y que el fue testigo de causa.

Al finalizar su historia Juan recomienda lo siguiente;

De este ingenio raro puede sacar ventaja quien se tome la molestia de leer lo que he escrito, pues puede tal vez servirle de experiencia en cabeza ajena, y no aguardar que lo experimente en la propia.

FIN

Juan Francisco Castañeda Popoca

Juan a los 80 años, después de haber escrito sus memorias (hacia 1896)

En el Mineral del Monte, el 9 noviembre 1895, el doctor Gonzalo Castañeda Escobar registró civilmente a una niña que había nacido el 30 de octubre: hija legitima de su matrimonio con María Teresa Olea Gómez Daza. Le puso María Teresa Catalina, Durante esta presentación fueron testigos Amador y Manuel Castañeda Jaimes, sus sobrinos.

Copia digital mejorada máximo, registro civil María Teresa Castañeda Olea 9 noviembre 1895 cortesía https://familysearch.org

Para esta fecha, el matrimonio de Gonzalo y María Teresa probablemente ya había pedido a Juan y a Gabina, padres de Gonzalo, que les hicieran el honor de ser padrinos en el bautizo de su hija María Teresa Catalina.

Pocos días antes de convertirse en octogenario, Juan Castañeda, su esposa Gabina Escobar, tal vez con la ayuda de uno o los tres hijos; Bernardino, Maximiliana y Gonzalo —si fue por ellos— viajaron durante el invierno de Zacualpan a Real del Monte, Hidalgo. No hay duda de que pasaron por Pachuca, mi tierra natal, donde seguramente descansaron y dieron unos pasos antes de llegar al Real del Monte.

La ceremonia religiosa ocurrió en la parroquia de Real del Monte en 10 de enero 1896, y fue el presbítero Mariano Cruz y García quien solemnemente bautizó a María Teresa Catalina e hizo constar que Juan Castañeda y Gabina Escobar fueron sus padrinos.

Copia digital bautizo María Teresa Castañeda Olea, 10 enero 1895, cortesía https://familysearch.org

Copia digital bautizo María Teresa Castañeda Olea, 10 enero 1896, cortesía https://familysearch.org

Los días 10 de enero el doctor Gonzalo Castañeda celebraba con entusiasmo su propio cumpleaños, aunque según la partida civil nació el 9 de enero y fue registrado el 11 del mismo mes. Tal vez fue bautizado el 10, pero no existe el acta correspondiente. Debido a la peculiaridad de esta fecha, ese 10 de enero de 1896, día del bautizo de su hija, seguramente hubo un doble festejo.

Sé que a mis ancestros les gustaba la fotografía, luego me pregunto; ¿Habrá algunas fotos de este evento familiar y si las hay, donde estarán?

No sabemos cuanto tiempo permanecieron Juan y Gabina en el Real del Monte, pero pienso que no fue por mucho tiempo, porque en el libro de defunciones del Registros Civil de Zacualpan consta que a las 05:30 horas del 5 de octubre 1898, Juan Castañeda falleció de bronquitis a la edad 82 años, dejando viuda a Gabina Escobar. Juan nació el 20 de enero 1816

Registro civil defunción e inhumación de Juan Castañeda, 5 octubre 1898, cortesía http://familysearch.org

Registro civil defunción e inhumación de Juan Castañeda, 5 octubre 1898, cortesía http://familysearch.org

Por todo lo que Juan fue e hizo en su vida, seguramente llegó al corazón de muchos de sus familiares y contemporáneos, porque en el acta de defunción el Presidente Municipal, Inocente González, escribe;

…cuya inhumación se verificará en el campo mortuorio de este mineral en un lugar especial.

Al revisar numerosas actas de inhumación muy pocas dicen “en un lugar especial”.

Juan 30 años después de su muerte (1928)

Ignoramos los detalles y trámites que debió hacer el doctor Gonzalo Castañeda Escobar, último hijo sobreviviente de Juan Castañeda y Gabina Escobar, pero consiguió reunir los restos de sus padres y hermanos para inhumarlos en el interior de la iglesia La Inmaculada Concepción en Zacualpan.

Alrededor de 2011 mis primos Abraham Cárdenas Castañeda, Rafael y Miguel Rodríguez Castañeda hicieron un viaje a Zacualpan, donde conocieron la lápida que se encuentra sobre el pasillo central de la iglesia, ligeramente cargada hacia la derecha, más o menos a medio camino de la entrada hacia el altar. Cuando Rafael me envió una foto de esta lápida dijo que esta evidencia los dejó boquiabiertos.

Aquí foto de la lapida.

Foto lápida restos de juan Castañeda cortesía Rafael Rodríguez

Foto lápida restos de juan Castañeda cortesía Rafael Rodríguez, 21 octubre 2011

Restos de

Juan Castañeda

Gavina Escobar

y de sus hijos

Bernardino y Maximiliana

1928

Subsecuentemente hemos hecho varios viajes a Zacualpan. Cada vez que voy, presento mis respetos a mis ancestros, y Juan Francisco Castañeda Popoca es uno de los principales. Fue quien nos dejó el más amplio y detallado testimonio sobre su vida, su familia y su tiempo en un tesoro familiar de tinta sobre papel.

Han pasado ciento noventa y nueve años desde que Juan nació y alrededor de ciento veinte desde que finalizó su manuscrito.

Ha sido para mí un honor saber de él y tener la oportunidad de escribir sobre su vida. Doy gracias a todos los que ayudaron a enriquecer y ampliar su testimonio con otros datos, quienes son muy numerosos para mencionarlos individualmente.

Seattle, WA, a 22 de agosto de 2015

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición Rafael Rodríguez Castañeda


[1] Método antiguo por el cual se extraía el metal precioso.

[2] También conocido como ahuehuete.

[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Conquián

Don Juan Francisco Castañeda Popoca (1816-1898), Parte II

Continuación.

“El infrascrito cura hace notar que el oficio de Juan es escribiente…”[1]

Cuando don Juan se sentó a escribir sus memorias, a avanzada edad, seguramente su agudeza visual había menguado, y debido a la artritis, sus manos acusaban limitaciones de movimiento, pues igual que su padre, trabajó con minerales y metales por muchos años.

Considerando estas limitantes y a sabiendas de que es imposible micro detallar cada fecha, lugar y persona, observo que involuntariamente en sus recuerdos, don Juan omitió la cronología así como muchos detalles. Aun así, dejó valiosísima información para que un descendiente interesado contara con una plataforma desde donde lanzar investigaciones para saber más sobre sus ancestros.

Juan entre los 18 y 20 años

Lo que relata mi re tatarabuelo sobre su vida en ciertas ocasiones, no es muy diferente que a la mía: Recién casado, acompañaba a mi esposa a la lavandería. Ella juntaba la ropa, el jabón y el blanqueador, y yo los metía en la cajuela del carro. Íbamos a la lavandería con suficientes pesetas para no quedar cortos al usar las máquinas de lavar y secar. Eran los años de 1970-72, y todavía no había llegado la cigüeña. Mientras la ropa se lavaba y secaba, yo me entretenía con un libro o iba a comprar algo para que comiéramos, mientras ella atendía el proceso de la lava y seca.

Juan menciona que una vez él y su esposa Jesús fueron a lavar al río que corre al lado del barrio de Santiago. Aunque no menciona la temporada, por la manera en que explica los detalles, pienso que fue poco después de que contrajeron matrimonio, y antes de que empezaran a procrear.

La Poza ahora conocida como La Tambora, vista rio arriba y principio de El Salto por caer diez a doce metros. Foto cortesía Rafael Rodríguez Castañeda

Nos dice que llegaron al rio donde existe una poza[2] como a diez o doce metros de un salto de agua, llamado precisamente El Salto.

Conforme ella empezó a lavar, él se desnudó y saltó a la poza. Se sambutía, nadaba, maromeaba y seguramente se echaba sus buenos clavados. Naturalmente, después de tanto jugar y casi desfalleciendo, con poca fuerza le pidió a [María de] Jesús[3] una sábana para recostarse. Todo muy bien para un joven lleno de vitalidad y energía, ajeno a las preocupaciones domésticas, pero no para un jovencita de dieciséis a dieciocho años, quien creía en los espantos.

María de Jesús descendía de una familia humilde y supersticiosa, con temores a lo sobrenatural. Creía en duendes, fantasmas y cualquier otro mal o forma de espanto que pudiera salir del sobaco del demonio.

Cuando vio a su joven marido exhausto y jadeante se afligió mucho, temiendo lo peor: pensaba que el duende que vivía en la poza había salido azotar a su esposo.

Al verla tan afligida por él y casi en lágrimas, Juan se dejó ayudar para tenderse a la sombra. La preocupación de María de Jesús era tal que no acabó de lavar la ropa. Después de un buen descanso volvieron a casa, donde ella preparó una comida que debido a su agotamiento, Juan dejó de lado hasta que se recuperó.

Aun hoy hay vecinos del barrio de Santiago que afirman haber visto u oído al duende que sale de esa poza y otras más que existen en ese río, no obstante, Juan siempre descreyó de lo súper natural y de las brujerías que atemorizaban a sus familiares y vecinos durante esos tiempos.

https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2012/10/26/los-duendes-de-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

Juan a los veinte años de edad

A partir de lo que don Juan escribió sobre su primera familia, infiero que solamente tuvo tres hijos con María De Jesús. Pero —¡sorpresa!—: llegué a enterarme que tuvieron ocho en total. La iglesia de La Inmaculada Concepción fue incendiada por los liberales en 1859, pero en los registros que sobrevivieron al fuego encontré en https://familysearch.org/ las actas de bautizo pertenecientes a cada uno de ellos. ¡Qué fortuna!

Antes de revelar la información sobre los ocho primeros hijos, es importante aclarar que María De Jesús es reconocida por la iglesia en las actas de matrimonio con Juan, como hija de “padres no conocidos”. Este detalle es muy importante porque los apellidos paternos y maternos definen el linaje.

En el caso de María De Jesús, fue laborioso descifrar que fue madre de los ocho hijos que tuvo con Juan. Puedo asegurar que fueron ocho los hijos legítimos de Juan y María de Jesús fundado en las siguientes consideraciones:

1. Estamos hablando de hace dos siglos, y, aunque fueron muchos los párrocos que asentaron actas en la iglesia de La Inmaculada Concepción, sus múltiples obligaciones los afectaban por igual, lo que con frecuencia les impedía escribir las actas completas al instante del bautizo. Así se explica que cometieran numerosos errores en las entradas por imprecisiones de la memoria.

2. Supongo con firmeza que María De Jesus nunca estuvo presente durante el bautizo de sus hijos, y que si estuvo no se preocupó en que las partidas la identificaran propiamente. Todos sus hijos fueron bautizados no más de dos días después de haber nacido y es probable que con tan poco tiempo después del parto no haya estado en condiciones de asistir a la iglesia. También existe el caso de que Juan o la misma partera envolvieran al infante, comprometieran a los padrinos o que en la iglesia pidieran el bautizo a cualquiera de los párrocos presentes. En esos tiempos de tan alta mortandad infantil era imperativo administrar el sacramento del bautizo lo antes posible.

3. Unas actas registran a María con el apellido Ríos; otras la apellidan Ronces, y en varios casos consignan su nombre sin apellido. A diferencia de Ronces, Ríos no es un apellido común en el barrio de Santiago. Por esa asociación, pienso que los párrocos de la iglesia preferían utilizar Ronces, sobre todo si conocían a las familias del barrio. Lo que consta de manera regular es que los padres de ambos eran de la cuadrilla de Santiago, y durante la temporada en que procrearon hijos no hay otros contemporáneos con los mismos nombres de Juan Castañeda y María De Jesús Ronces dentro de la cuadrilla de Santiago. Surgen homónimos después del año 1860. Para ese entonces María ya había fallecido.

4. Juan Y María contrajeron matrimonio en 1834 y después de que el primogénito nació en 1836, los demás hijos nacieron en 1838, 1840, 1842, 1846, 1849, 1852 y 1855. Hubo por lo menos dos años entre cada hijo.

5. En su manuscrito Juan nos deja saber que tuvo por compadre a una persona llamada José Antonio Romero. Dos actas de bautizo nos dicen que fue padrino de sendos hijos.

6. Una de las hijas es nombrada Sixta. Este detalle es muy importante porque ella fue la sexta hija que nació en 1849.

Estas observaciones y otras más que mencionaré al anotar el nombre de cada hijo serán más que suficiente para substanciar que estos ocho hijos son en realidad de Juan y María. Los hijos son:

José Pablo Maximino: Es bautizado por el infrascrito cura José Julián Villegas en la Parroquia de Santa María Zacualpan el miércoles, 8 de junio 1836, a un día de nacido, hijo legitimo de Juan Castañeda y María De Jesús (apellido paterno no incluido). Los padrinos fueron Urbano Reynoso y Antonia Loria.

José Manuel Ascensión: Es bautizado por el fray Anastasio Delgado en la Parroquia de Santa María Zacualpan el viernes, 24 mayo 1838 a dos días de nacido, hijo legitimo de Juan Castañeda y María De Jesús Ronces. El padrino fue Don Ignacio Díaz.

José Manuel se casó con Josefa Jaimes circa 1858, de ascendencia irlandesa y originaria de Temascaltepec. Hay registros bautismales que indican el nacimiento del primer hijo de la pareja en 1860, a quien nombró Félix Andrés. Félix falleció durante la infancia. Después nacieron Manuel (hijo) 1866, Justiniano 1869, Amador 1871 y Víctor 1873. Por linaje paterno, Manuel (padre) es mi tatarabuelo.

Conforme mis investigaciones y corazonadas, soy del pensamiento de que mucha información sobre Manuel y Josefa debería de estar en los registros de la iglesia de Temascaltepec, pero se me informó recientemente que los registros eclesiásticos fueron quemados por tropas zapatistas durante la Revolución.

En su manuscrito, Juan demuestra el cariño de un padre por su hijo, cuando lo extrae de las fuerzas liberales gracias a sus gestiones ante el general Tapia durante las batallas de Ayutla.

María Josefa Bonifacia: Es bautizada por el cura Luis G. Suárez en la Parroquia de Santa María, Zacualpan el jueves, 5 de junio 1840 a un día de nacida, hija legitima de Juan Castañeda y María de Jesús Ríos, vecinos de Santiago. Los padrinos fueron Mariano Popoca y Guadalupe Gómez.

María Josefa acompañó a su padre Juan en la localización y rescate de su hijo Manuel. Aunque era menor que Manuel, por cariño se refería a él como su “hermanito”. María Josefa contrajo matrimonio con Pragedis Díaz el 8 de abril 1860.

Juan menciona al cura Luis G. Suarez en varias ocasiones durante sus memorias.

José Antonio De Jesús Esteban: Es bautizado por el cura Luis G. Suárez en la parroquia de Santa María, Zacualpan, el viernes 2 de septiembre 1842 a dos días de nacido, hijo legitimo de Juan Castañeda y Jesús Ronces, vecinos de Santiago. Los padrinos fueron Don José Antonio Romero y Doña Rita Gai___ (apellido ilegible).

En su manuscrito Juan detalla que tuvo un compadre a quien llamaba don José Antonio Romero. Con esta acta de bautizo y otra posterior se confirma que don José apadrinó a dos de sus hijos.

José Antonio falleció en 30 de junio 1844, y el acta de defunción de la Parroquia de Santa María de Zacualpan, suscrita por el licenciado Rafael Zavala, nos dice que se mandó dar sepultura a este niño al campo mortuorio, hijo legítimo de Juan Castañeda y Jesús Ronces.

Antonia Ramona: Es bautizada por el Licenciado Rafael Zavala en la Parroquia del Mineral de Zacualpan el sábado 28 de febrero 1846, hija legítima de Juan Castañeda y Jesús Ronces. Ambos de la cuadrilla de Santiago. El padrino fue Felipe Suárez.

El caso de Ramona es muy interesante porque en un par de ocasiones Juan menciona tener una hija llamada Romana. La edad de esta hija coincide con la edad de Antonia Ramona. Estoy seguro que Romana y Ramona son la misma persona e hija de Juan y María. Siendo humanos, los párrocos de la iglesia cometían errores y supongo que a la hora de asentar los nombres, anotó Ramona y no Romana.

Otro dato interesante es que dentro de la familia, ni los familiares más cercanos tienen datos para explicar cómo es que el Dr. Reynaldo Escobar Castañeda era sobrino del Dr. Gonzalo Castañeda Escobar. Romana y el Dr. Gonzalo fueron medios hermanos por parte de padre, hijos, respectivamente, de dos matrimonios de Juan Castañeda. Entre uno y otro hay una diferencia de veintidós años. Romana nació en 1846 y Gonzalo en 1868. Ambos Doctores nacieron en Temascaltepec, Edo. De México. Hace poco, encontré la información matrimonial de Reynaldo Escobar Castañeda. El acta dice que sus padres fueron Juan Escobar y Romana Castañeda. Interesado en saber más sobre Romana y la relación familiar entre estos dos doctores, no abandonaré mis búsquedas.

María Sista: Es bautizada por el Licenciado Rafael Zavala el jueves 29 de marzo 1849 a dos días de nacida, hija legitima de Juan Castañeda y María Ronces. Los padrinos fueron Felipe Suárez y María López Cárdenas.

La coincidencia de que ésta, la sexta hija, fuera llamada Sixta, refuerza la idea de que María, de padres no conocidos, así se apellide Ríos y Ronces, es la misma.

María Antonia Quirina Trinidad: Es bautizada por el infrascrito cura Luis Huerta en la Parroquia del Mineral de Zacualpan, el viernes 4 de junio 1852 a dos días de nacida, hija legitima de don Juan Castañeda y Doña Jesús Ronces. Los padrinos fueron don José Antonio Romero y Doña María Montoya.

Niño sin nombre: En el curato del Mineral de Zacualpan y en 23 de agosto 1855, el cura Agustín Gómez mandó dar sepultura a un niño mal nacido que fue bautizado en caso de necesidad. Hijo legitimo de don Juan Castañeda y doña Jesús Ríos, vecinos de Santiago.

Nota de fallecimiento: En esta partida consta que mi re tatarabuela, María De Jesús Ríos, fallece de Hidropesía el mismo día que su hijo sin nombre. El cura Agustín Gómez mandó darle sepultura en el campo santo de la Parroquia del Mineral de Zacualpan. ¿Los habrán enterrado juntos?

Ignoro la cantidad de hijos que vivían cuando Juan Castañeda quedó viudo a los 39 años, pero si considero que solamente dos habían fallecido hacia el año de 1855, entonces las edades de los restantes deberían de ser entre los tres y diecinueve años de edad.

Con la muerte de madre e hijo concluye la progenie que Juan Castañeda tuvo con su primera esposa cuando él tenía veinte años de edad.

Juan a los 21 años de edad

Después de haber sido abuelo por primera vez, Alejandro Marcos De Castañeda De Gama, padre de Juan, y quinto abuelo mío por línea paterna, falleció de dolores de cascado [4] el 27 de octubre 1837, dejando viuda a María Antonia Josefa Popoca Sáez.  https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2014/09/16/los-padrones-de-la-inmaculada-concepcion-1834-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

Juan a los 22 años de edad y dos espantos en 1838

Me acuerdo del día en que mi padre me dijo: “No tengas miedo de los muertos, tenlo de los vivos”. La posibilidad existe que ese pensamiento, junto con mis propias experiencias, fundó mi propia base de creer solamente en lo físico y no lo metafísico.

A la media noche de un día, Juan se había separado de un baile que hubo en el barrio de la Veracruz [5] , y como yo lo hubiera hecho, estoy seguro que él habrá consumido unas que otras copitas de tequila o vasos de pulque [6] . En camino a su casa, pasó por una huerta donde vio a lo que él se refiere como un perro “prieto y lanudo” de quien no hizo caso. Al no ponerle atención a este busca huesos, el pensó que si otra persona lo hubiera visto, seguramente hubieran pensado que el diablo los había visitado.

En ese momento oyó el sonido de cadenas. Mientras el trataba de discernir el origen, el ruido del metal se repetía, lo que aumentaba el suspenso y lo obligaba a voltear por todos lados.¿De veras existe el diablo —se preguntó—, o será un preso que se fugó de la cárcel?, al cual, si lo ayudo, entonces seré culpable de su escape.

A solas en la oscuridad, con un perro y un fugitivo cercanos y el diablo en mente, Juan empezó a temblar. Decidido a afrontar lo que fuera, cogió una piedra y con valor se la lanzó al perro que se escondía. El ruido de las cadenas se alejó conforme el perro corría.

Los nervios se le calmaron al comprender que el perro de don Juan Gallegos andaba suelto con todo y cadena, pero el susto fue inolvidable.

Durante otra noche de 1838, hacia la una de la mañana Juan caminaba bajo un cielo nublado y sin luna hacia la Hacienda San José, donde trabajaba como azoguero a las órdenes de Roque Díaz.

Al pasar por El Socavón del agua, sitio a la entrada de Zacualpan, vio un bulto blanquisco, del tamaño de un hombre, algo retrasado de su camino. Juan se agachó y entrecerró los ojos en un esfuerzo por identificar esa anomalía. Se convenció de que era un hombre que blandía una espada o bordón.

Foto cazahuate latente cortesía imágenes Google.

Al estar cerca decidió saludarlo, pero el ente no le respondió. Juan pensó que tal vez el acto de mala educación era de un Don Juan, atento a sus negocios amorosos. También era posible que fuera un abigeo, y como él tenía caballos y vacas, lo mejor era identificarlo y caer sobre el individuo, si alguno de sus animales le faltaba.

Consciente de que estaba armado de un machete, en el afán de identificarlo caminó hacia él y con calor le pregunto: —Amigo; ¿tiene usted lumbre para fumarnos un cigarro? —El desconocido se quedó callado, Juan pensó que se estaba burlando de él. Ofendido, lo acometió con el machete, frente a frente, pero lo que tomó por un hombre era en realidad un tronco seco de cazahuate, blanco por un lado, y lo que creyó una espada era un varejón desprendido que el mecía el viento.  http://es.wikipedia.org/wiki/Ipomoea_arborescens

En nuestro cómodo presente, no consideramos el futuro y olvidamos el pasado. Nos cuesta trabajo imaginar el entorno y el ambiente en que ocurrieron episodios como éste. ¿Cómo nos comportaríamos en la soledad de lo oscuro, a la una de la mañana, a pie y en camino hacia el trabajo donde cada silueta vegetal tiende a tomar forma de espectro?

Otro espanto en 1843 a los 27 años de edad

Después de asistir a la boda de su hermano Felipe Neri, quien se casó con María Dolores Morales Nájera en Taxco de Alarcón, Guerrero, Juan y su esposa María De Jesús regresaban a caballo hacia Zacualpan.

Acta matrimonial Felipe Castañeda con Dolores Morales, Taxco, Guerrero, México, 27 febrero 1843. Juan Castañeda fue padrino.  Cortesía http://familysearch.org/

El caballo que montaba la tumbó, y María de Jesús decidió seguir el viaje a pie. Sin ser los únicos que hacían ese viaje, se rezagaron del resto. Les oscureció en el camino y como a las nueve de la noche, al pasar cerca de la Hacienda de San Juan, María voltea y le dice a Juan:

──Juan, oigo pasos detrás de mí.

── No es nada ──le respondió Juan.

──Los oigo perfectamente, ¿Qué, no los oyes?

──No, ¡no oigo nada!

──No has de oír, porque vienen detrás de mí. Tengo mucho miedo.

Juan le sugirió que se adelantara. Al caminar delante de él, ella dijo que entonces los pasos venían detrás de él. Juan le respondió que había quedado temerosa y espantada tras caer del caballo, pero María no se tranquilizaba y empezó a llorar.

──Vamos rezando mientras caminamos y verás que los pasos no vendrán más detrás de ti —le dijo Juan.

Al cruzar por el barrio de Memetla, María le dijo:

──Juan, los pasos que venían detrás de mí y después en frente, cuando te pasé, eran los golpes que daban las suelas descocidas de tus zapatos, que daban un segundo golpe cada vez que dabas un paso.

¡Qué momento tan angustioso para los dos!

Una vez superada la tensión se empezaron a reír con mucha gana. En medio de las carcajadas, Juan reconoció que empezaba a creer en los duendes, y que la vio tan afligida que hasta se puso a rezar, sin estar en la iglesia.

Ricardo Castañeda

Edición Rafael Rodríguez Castañeda

Continuará…


[1]. https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-13735-51011-92?cc=1837908&wc=MGLC-PTL:166998101,166998102,169037001

[2]. Ahora conocida como la tambora.

[3]. En sus memorias, Juan la llama simplemente ‘Jesús’.

[4] Significa enfermedad profesional asociada con el polvo respirado por los mineros.

[5] El barrio de la Veracruz es parte del municipio de Zacualpan como lo es el barrio de Santiago.

[6] Una bebida alcohólica original a México, poco gruesa y dulce hecha del jugo del agave o maguey. El pulque era una bebida sagrada que era ofrecida por los Aztecas a sus dioses.

El Salto, Zacualpan, Edo. De México, México, mayo de 2014

Cumplir una promesa

En varias ocasiones he pospuesto trabajos, proyectos o tareas que deseo realizar, especialmente cuando el clima o la temporada no son favorables para llevarlos a efecto en el momento que desearía hacerlo.

Como lo comenté en 2012 en el blog Los Duendes de Zacualpan[1], Edo. De México, México, aquel septiembre fue imposible observar el sitio conocido como El Salto desde río abajo, donde quise apreciar la caída de agua y las rocas que salpica porque la vegetación era espesa e impenetrable debido a la temporada de lluvias. Durante esa visita septembrina el guía me dijo que el mejor tiempo para verla por abajo eran los primeros meses del año, cuando la mata no es tan espesa y las lluvias son menos frecuentes.

Segundo viaje

En mayo de 2014 durante un viaje a Pachuca, Hidalgo, para atender una reunión familiar, y sin premeditar nuestro itinerario, mis primos Jesús, Rafael y yo decidimos ir a Zacualpan. Para Rafael y para mí significaba volver, pero para Jesús (Chucho) era una nueva aventura.

A sabiendas de que estaríamos en Zacualpan durante el primer semestre, presentí que las probabilidades de ver El Salto río abajo serían favorables.

La cascada de El Salto que genera el cauce del río en el barrio de Santiago[2] mide como 15 metros y llena una poza casi redonda cuyo agitado diámetro se extiende de 12 a 15 metros. Los vecinos del lugar se refieren a esta poza como La Tambora. Este lugar es muy significativo para nosotros, los descendientes de Juan Castañeda (1816-1898) porque nos dejó detallada información en su manuscrito. En su juventud se bañaba en esta poza mientras María de Jesús Ríos, su esposa, lavaba ropa.

La Visita

Como en previas visitas, Rafael y yo alquilamos cuartos en el hotel Posada Real, que está en la esquina de Melchor Ocampo, la calle principal, y el callejón Gonzalo Castañeda[3]. Mientras Jesús prefirió alojarse en el Hotel Minero, que se encuentra enfrente.

Antiguo Zacualpan 4 (2012)

Hotel Posada Real

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Hotel Minero

El Hotel Minero fue nuestro centro de operaciones y el lugar donde nos alimentamos. La maestra Felícitas Vera Flores, dueña de este establecimiento, y sus ayudantes atendieron con esmero nuestra búsqueda gastronómica y tomaron nota del horario que elegimos para desayunar y comer. De los diferentes platillos y jugos que diariamente nos servían, lo que más me impresionó fueron las salsas, muestras suficientes para justificar la variedad de la cocina Mexicana. No me acuerdo de las recetas, pero sí de que las prepararon con frutas, chiles y vegetales regionales y con su exquisita sazón.

Desde el segundo piso del hotel Minero se aprecia una vista maravillosa de la cañada de Zacualpan y del horizonte montañoso hacia el este. La maestra Felícitas Vera Flores, dueña del hotel, y su ayudante, la señorita Berenice, nos dejaron fotografiarlas y al mismo tiempo, la lente captó una de las vistas que se pueden observar desde este piso. Ese día no estaba despejado, pero el panorama visible fue impresionante y da una idea del soberbio horizonte en un día sin nubes.

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La maestra  y propietaria del Hotel Minero Felícitas Vera Flores, con Berenice a su derecha.

Nuevo guía

Después de buscar sin éxito a nuestros previos guías, encontramos al hermano de uno de ellos: Jorge Gama.

Llenos de energía procedimos hacia un sitio cerca del barrio de Santiago donde fue posible estacionar el carro. Jorge, Chucho, y yo empezamos el viaje. Fue sensato que Rafael, quien se recupera de una fractura, no se aventurara por un camino pedregoso y con pendientes.

El Salto rio abajo

El video que presento no muestra una vegetación exuberante. Conforme continuábamos, nos encontramos con un pequeño acueducto que conduce el agua que irriga tierras más bajas. El color del cemento y las recién cortadas matas indican que este canal fue recientemente construido.

Al progresar escuchamos a las chicharras[4]. Para quien no esté acostumbrado, estos insectos emiten un chirrido que puede resultar cacofónico, pero durante ese breve tiempo para mí fue una sinfonía campestre.

El estruendo del agua nos hizo saber que estábamos cerca de nuestro objetivo. La planta purificadora, de cuya construcción nos dieron noticia hace dos años, aún no está activada y sobre estas aguas negras corrían dos pedazos de basura, pero como en muchas partes de este mundo…, donde pisa el hombre, se encuentra basura.

La manguera negra que se ve al cruzar el rio poco después del minuto 03:45 del video lleva agua potable hacia algunos hogares.

Después de penetrar a un área rocosa del monte para llegar al salto, Jorge, nuestro guía nos recomendó que no siguiéramos porque el margen de seguridad disminuía. Comprendí muy bien, pues no íbamos equipados ni preparados para escalar el terreno que estaba enfrente de nosotros. Además, la piedra que pisábamos era muy resbalosa cuando el agua la mojaba.

 

En la siguiente foto aparecen Chucho a la izquierda y nuestro guía Jorge a la derecha con un respaldo montañoso.

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Jesús (Chucho) Castañeda y Jorge Gama

No llegamos a la cascada de El Salto junto con su grande poza, como hubiéramos deseado, pero me reconcilió la idea de haber visto por arriba un par de años antes la precipitación del caudal.

Nueva amistad

Antes de hacer este viaje a Zacualpan tuve la oportunidad de platicar por teléfono con el profesor José Flores Rodríguez sobre aspectos históricos de Zacualpan. Fue su nieta o sobrina Mercedes quien nos puso en contacto con él cuando conoció la edición del Diccionario Castañeda publicada en 2012, donde se encuentra mucha información sobre la vida cotidiana en Zacualpan durante el siglo XIX.

El profesor José Flores Rodríguez fue presidente municipal de Zacualpan de 1970 a 1972. Ocupó este puesto y por coincidencia fue un término antes que un ancestro nuestro, Bernardino Castañeda, quien fue presidente de 1973 a 1975.

Bernardino Castañeda Gómez

Bernardino Castañeda Gómez

Cuando Rafael, Jesús y yo lo visitamos, corrimos con la suerte de encontrarlo en su oficina. José “Pepe” Flores Rodríguez —como prefiere que lo llamemos—, es una fuente de información histórica sobre Zacualpan y toda esa región del sur del estado de México. Mucha fue la información que nos dio, pero no sería justo que la pusiera en este blog porque será él quien publique este acervo histórico en un futuro cercano.

Pero…, sí me autorizo publicar una “probadita “del contenido de su futuro libro y estoy muy agradecido.

“Zacualpan no fue un gran centro productor de plata, comparable con Guanajuato, Pachuca, Real de Monte, Taxco o Zacatecas, pero fue cuna y laboratorio de la tecnología minera. A Zacualpan llegaron a probar los nuevos métodos de extracción y procesamiento inventados en los países de Europa. Un ejemplo: el uso de la pólvora en la minería constituyó un parte aguas en la explotación. Antes del uso de la pólvora, las excavaciones se detenían cuando encontraban el manto freático. El agua impedía que cavaran a mayor profundidad antes que utilizaran la pólvora y sistemas de desagüe. Con el Varón de Humboldt llegó a México —y entiendo que a Zacualpan— la primera bomba de émbolos para extraer el agua de los socavones…”

En la siguiente foto Pepe, Rafael y yo nos encontramos en su micro plaza.  Pepe está en el centro, Rafael a su izquierda y yo a su derecha.

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Pepe centro, Rafael a su izquierda y yo, Ricardo a su derecha.

Durante nuestra visita nos enseñó el panorama de la municipalidad que contempla desde la azotea de su casa. Para mí, lo más impresionante fue la vista hacia el panteón municipal[5]. En el siguiente video dentro los segundos treinta y treinta y siete se puede identificar el panteón en la cima del cerro central.

 

Entre 1830 y 1860, cuando los difuntos eran enterrados, los padres de la iglesia se referían a este panteón como el Rincón de Castañeda. Pepe me explicó que al norte, dentro del barrio de Santiago, está la barranca de Castañeda[6]. El panteón fue considerado como un rincón de esta barranca, de ahí el nombre del “Rincón de Castañeda”.

Conforme hacíamos las rondas por su casa Pepe nos enseñó las lámparas de carburo que ha coleccionado a través del tiempo.

 

Con la misma amabilidad, la maestra Isabel Noriega, esposa de Pepe, nos enseñó su colección de plantas y flores procedentes de los alrededores de la región.

Fallecimiento de un familiar

Durante esta visita nos enteramos que nuestro pariente Jesús “Chucho” Castañeda Ronces, a quien visitamos en 2012, había fallecido a la edad de 90 años, debido a una larga resbalada de un cerro muy inclinado.

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Jesús (Chucho) Castañeda Rónces

Descansa en paz, Chucho

Descubrir nuevos parientes

Durante nuestra visita a Zacualpan nos enteramos de otros parientes, con quienes no habíamos tenido el gusto de platicar durante nuestra anterior visita, en 2012. Estos familiares nuestros son cinco hermanas; Elvira, Rebeca, Victoria, Martha y Carlota Castañeda González.

Conocimos a Víctor Gustavo Garcés Castañeda, hijo de Victoria Castañeda González. Gustavo se ha convertido en un entusiasta colaborador del interminable proyecto de actualización del Diccionario Castañeda. Esta vez nos ha aportado datos sobre su núcleo familiar y dos fotos donde podemos ver a sus abuelos Delfino Castañeda Gómez y Paulina González Gómez.

De iz. a der. Paulina González Gómez y Delfino Castañeda Gómez

 

Delfino Castañeda Gómez 1917-1996

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Martha y Carlota están al frente de una tienda de abarrotes en la calle central de Zacualpan llamada Tlaxpampa[7].

Fotos Panorámicas

Agradezco a Mercedes Mónica Flores Góngora, Subdirectora de la Secundaria Roque Díaz, por enviarme fotos pertenecientes a Zacualpan y autorizarme de publicarlas en este blog.

La primera es del Nevado de Toluca, la segunda es del Popocatépetl humeante en abril de 2013 y la tercera y cuarta están en orden cronológico conforme las tomó.

El nevado de Toluca

El nevado de Toluca

Popocatépetl humeando 15 abril 2013

Zacualpan amanecer 16 ago 2013 hrs. vista Popocatépetl

Zacualpan 21 oct '13, 0724 hrs

Zacualpan amaneciendo 0734 hrs., 21 octubre 2013

 

“Mis ancestros habrán encontrado plata,

Lo que yo encontré son vistas panorámicas”

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición: Rafael Rodríguez Castañeda

 


[1]. https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2012/10/26/los-duendes-de-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

[2]. Barrio dentro del municipio de Zacualpan

[3]. https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2011/05/09/dr-gonzalo-castaneda-ecobar-1869-1947/

[4]. http://es.wikipedia.org/wiki/Cicadidae

[5] https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2013/07/15/como-difunto-insepulto-un-cementerio-en-zacualpan-edo-de-mexico-mex/

[6] Por varios siglos varias familias Castañeda han existido en esta area.

[7] Según parece, es el nombre original que derivó en ‘Zacualpan’.

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