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Petra Castañeda Gómez (1921-2017)

 

Su mirada fue lo que más me impresionó. La llevaré en mí por siempre.

Desde el día en que la conocí y hasta la tercera visita, última vez que la vi sana y activa, esos ojos que no eran verdes ni de color canela, sino de oliva, se grabaron en mi memoria.

Petra Castañeda Gómez, 2014

Estoy seguro que ella siempre disfrutó de las visitas que le hicimos diferentes miembros de la familia en el curso de seis años. A raíz de nuestra inquietud por conocer descendientes de las ramas familiares de los Castañeda que han permanecido en Zacualpan desde el siglo xviii, su mirada curiosa observó a siete parientes que estuvimos con ella: Abraham Cárdenas, Rafael y Miguel Rodríguez Castañeda, yo mismo, Claudia Infante, Daniela Tello y Jesús Castañeda.  A Olivia Hernández, quien fue con nosotros en la visita de mayo, ya no la conoció.

Abraham Cárdenas Castañeda y Petra

 

 

i. a d., Claudia Infante Castañeda, Daniela Tello y Petra

Era una persona humilde, reservada y sin mucho qué decir, pero sus ojos me lo decían todo, especialmente durante sus profundos respiros. El conjunto de sus miradas me decían sin decirlo que Petra añoraba tiempos ya muy distantes, fuera de su alcance.

Esos anhelos pulverizaban imágenes del pasado que llegó a conocer muy bien; imágenes de seres que nosotros quisiéramos ver, por lo menos en un comino de información.

Al verla, siempre me daba la impresión de que la habitaban recuerdos fantasmales, benefactores e indelebles, que la vida imprimió en su memoria; imágenes que se convertían en preguntas para su cuñada Ernestina: ¿Cuándo van a venir los parientes? Ya casi no vienen. ¡Hace mucho que no nos visitan!

Si soy realista, no creo que Petra se refiriera a nosotros, los parientes del presente, sino a quienes trató durante su niñez, y después, en su juventud y su vida adulta. Familiares Castañeda como su propio padre Arturo, sus hermanos, su abuelo Bernardino, su tío, el doctor Gonzalo Castañeda (quien ayudó a curarla de una mordida de un perro rabioso, durante una estancia inolvidable en la Ciudad de México, entre la casa de su tío Gonzalo y el hospital donde la inyectaban); sus primos; el general Austreberto Castañeda y los hermanos Manuel, Justiniano, Amador y Víctor Castañeda Jaimes. Definitivamente existieron muchos más parientes dentro de su larga vida. Cito apenas unos pocos ejemplos.

Desde el principio de la humanidad, muchos eligen migrar en busca de otra vida, mientras otros permanecen en el mismo sitio. Nuestra familia es un ejemplo: yo radico en los Estados Unidos; Petra, salvo breves viajes, vivió toda su vida en Zacualpan. Amador Castañeda Jaimes, mi bisabuelo, ex gobernador interino del estado de Hidalgo en 1912, fue originario de Zacualpan y primo hermano de Arturo Castañeda López, padre de Petra.

De pies a cabeza, con la sola mirada Petra me decía que el tiempo no la afectó ni cambió en lo mínimo. Calzaba sandalias sin medias ni calcetas; cuidaba su limpio vestido con un delantal; prendas que no se dejaron afectar por la moda; mostraba con dignidad aretes y trenzas.

Mediante mis breves conversaciones con Petra llegué a entender que no contrajo matrimonio ni tuvo descendencia. Su elección e interés fue ver y cuidar por su familia; cinco hermanos y una media hermana por parte de su madre.

Yo y Petra, 2014

En la foto me encuentro en casa de Petra. Le muestro fotos familiares que llevaba en mi iPad. También le enseñé las fotos que instantes antes le había tomado. En ocasiones como ésa, nuestros parientes de edad avanzada se asombran, se quedan sin qué decir. Ella no dijo mucho. Era una mujer callada y discreta.

La inquietud por investigar mis raíces me llevó a conocerla durante mi primera visita a Zacualpan, cuando fui con Rafael y Miguel Rodríguez Castañeda, mis primos. Fue como un aperitivo para mí: tres días después disfrutaría el encuentro con muchos familiares a quienes saludé por primera vez, durante la primera asamblea Castañeda en septiembre de 2011. A Zacualpan fuimos el jueves 22 de septiembre; la asamblea fue el domingo 25.

En Tezicapan frente iglesia San Lorenzo

i. a d., Hnos. Miguel y Rafael Rodríguez Castañeda, 2011

Durante esta visita pudimos obtener dos fotografías de fotos y una del comprobante de acta de nacimiento de Petra: verifica que nació el 01 de agosto de 1921.

La primer foto es de su abuelo Bernardino Castañeda Escobar y la segunda de su padre Arturo Castañeda López.

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Bernardino Castañeda Escobar (1859, ca. 1918)

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Arturo Castañeda López (1887-1984)

Ella recordaba la singular visita de Jesús Castañeda Téllez Girón, nuestro primo, quien nos acompañó en mayo de 2014. Esa fue mi tercera visita y Rafael también se encontraba con nosotros. —¿Cuándo va a venir el pariente que nos hacia reír tanto? —le preguntaba a Ernestina, cuñada y compañera de Petra durante los últimos lustros de su vida.

Yo (menos anteojos) con Jesús (Chucho) en el restaurante del

Hotel Minero, Zacualpan.

Tristemente durante nuestra última visita, el doce de mayo, Petra no tenía ya energía ni ganas de reír. Estaba en cama. Con el propósito de alegrarla, Ernestina nos llevó a su recámara mientras nos explicaba que tenía tres días sin comer. Solamente la nutrían con suero.

Petra Castañeda Gómez y su cuñada Ernestina Romero, viuda de su hermano Margarito, se acompañaban mutuamente y se cuidaban entre sí. —Pues si no entre nosotras, ¿entonces, quién? —decía Ernestina.

Ernestina y Petra

—Mira, Petra, ¡aquí están tus primos! —le dijo Ernestina, pero con un ademán pidió que la dejáramos en paz. Lo hizo con una resignación que espero tener durante mis últimos días.

Sería una injusticia decir que no la llegué a conocer durante las pocas veces que la visité y los breves momentos que estuve a su lado. Me impresionó que fuera una persona tan dedicada a su familia; elección de la cual estaba satisfecha. En su vida no buscó otro fin más que ése.

Ricardo Castañeda Guzmán

 

Si te mueres, vienes por mí

A Ernestina y a Maribel

 

El panorama desde la casa donde vivió Petra es el horizonte. La casa está en la parte elevada de Zacualpan, de modo que se aprecian la amplitud de la cañada y diferentes tonalidades del azul de cerros y montañas. Y en las mañanas con aire limpio en torno al Valle de México —cada vez más escasos— se alcanzan a ver el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl.

Vista desde la terraza, casa de Petra y Ernestina (Tina)

Este fue el espectáculo cotidiano de Petra cuando salía al corral, para alimentar a sus gallinas; una rutina que se modificó lentamente, conforme aumentaron sus años y sus preocupaciones. Una de ellas la ocasionó Juan Castañeda Romero (1962-2017), su sobrino consentido, ocurrida en febrero.

Juan era hijo de Margarito, hermano menor de Petra, muerto hace varios años. Fue el sobrino que entonces prometió hacerse cargo de Ernestina, su madre, y de su tía Petra.

Vivían en casas contiguas en el mismo predio del callejón de Hermenegildo Galeana. Juan, con Maribel, su esposa, Juana María y María de Lourdes, sus hijas. Petra, con Ernestina, su cuñada, compañera y amiga. A su vez, para Ernestina, Petra fue todo eso, pero además fue como su hermana, y en cierto sentido, una suegra para ella. Ambas se cuidaban entre sí y Juan, a su vez, veía por ellas. Entre ese mundo familiar, que Petra compartía con otros sobrinos y sobrinos nietos, le ganó un gran cariño a Juan. Si se sentía mal, era quien la llevaba al médico. También la llevaba de paseo.

—Tía Petra, vamos a Chalma… —le proponían.

—Voy si va Juan; si no, no.

A Petra le preocupó Juan desde que comenzó a tomar. Le daba consejos de buen comportamiento; lo procuraba para que la cruda se le pasara pronto. Pero la salud de la tía y el sobrino se fue deteriorando. A Petra le pesaban los años; a Juan, los efectos del alcohol.

—Tía, tienes que echarle ganas. Imagínate, ¿qué voy a hacer si tú te mueres? —le dijo Juan, en medio de una reunión familiar en que Petra no tenía apetito.

—Ay, hijo, no. Ya me siento cansada. De todos modos, si yo me muero, vengo por ti.

—Tía, no sabemos. No tenemos la vida comprada. ¿Qué tal si en una de ésas me muero primero yo?

—Pues si te mueres, vienes por mí.

—Bueno, y yo, ¿qué?—protestó Maribel—. Y mis hijas, ¿qué?

—Ustedes aguantan mucho —contestó Petra—; nosotros, ya no.

El 1º de enero de 2017, última vez que Petra salió del pueblo, Juan la llevó al santuario del señor de Zacualpilla, donde dieron gracias por haber comenzado el año con vida.

Parroquia de Zacualpilla

Juan murió el 9 de febrero en un hospital de Toluca, y el acontecimiento produjo efectos devastadores en la familia. Dejó viuda, hijas y nieta; dejó a su madre y a su tía Petra. Maribel Rosales enviudó después de 31 años de matrimonio. Junto con su hijo, Ernestina perdió también un apoyo anímico esencial. Pero esta pena irremediable no ha sido la única para ella; a la vez que luchaba contra la depresión de Petra, debía cuidar a Pachita, su hermana enferma. Esta última tarea es ahora, al mismo tiempo, un motivo para sacar fuerzas de sí misma. Petra solo sobrevivió a Juan 103 días.

 

Rafael Rodríguez Castañeda

 

*Fotos gracias al archivo de Rafael Rodríguez Castañeda

 

Don Juan Francisco Castañeda Popoca, (1816-1898) Parte VI

Continuación.

Más de medio siglo después, el 28 de enero de 1941, el doctor Gonzalo Castañeda explicó en una carta dirigida al doctor Rodolfo González Hurtado algunos detalles acerca de su niñez:

A los ocho años era yo todavía un salvajito, no conocía las letras porque no había aún pisado la Escuela; mi tierra era un pueblo apenas semi-civilizado. Cuando mi padre me llevó con el maistro, por primera vez, sentí vergüenza y tristeza al ver que unos niños menores que yo, pronunciaban palabras que no entendía, decían decámetro, hectómetro, miriámetro; esto me estimuló para apurarme y alcanzarlos. Después de un tiempo ocupé los primeros lugares.

De jovencito era yo acólito y cantor en el coro de la iglesia; les gusté para sacerdote a unos Padres misioneros que fueron por allá; yo encantado porque me iban a traer al Seminario de México; pero sobrevino un hecho que cambió mi destino y salvó a las gentes de un curita malo.

En los exámenes de ese fin de año escolar, obtuve como premio una beca o pensión para ir a estudiar al Instituto Científico Literario de Toluca; pero esa designación no tuvo efecto porque las Autoridades del Municipio prefirieron a otro escolar, hijo de un influyente del pueblo; mi familia era pobre y no figuraba. Sentido y molesto mi padre por esa alcaldada, me expatrió y me llevó a Cuernavaca con unos tíos, con la idea de que estudiara allí para maestro de Escuela. Tal vez notó en mi cara que eso me parecía poco, porque agregó: sí, hijo, pero de una Escuela grande.

He aquí las deducciones esenciales:

1. Gonzalo ingresó a la escuela en 1876, cuando Juan, su padre, tenía 60 años.

2. Por precaria que haya sido la enseñanza elemental en Zacualpan, podemos suponer que los niños estudiaban hasta el 4º grado. Luego, terminó en 1880, cuando Gonzalo se consideraba un jovencito —doce años— y su padre tenía 64 años.

3. “…mi familia era pobre y no figuraba”. —escribe Gonzalo.

Ante la injusticia que cometieron contra los méritos escolares de su hijo, en quien cifraba grandes esperanzas, Juan, en un contrariado arresto de dignidad lo expatrió a Cuernavaca con unos tíos, para que siguiera estudiando.

4. La vida de Juan comenzaba a declinar.

Para apreciar el grado de envejecimiento de las personas lo usual es que, en primer término, nos remitamos al dato objetivo de la edad cronológica: 70, 75, 80… En segundo término, aunque no tan conscientemente, observamos el aspecto físico y la actividad que despliegan. Y como telón de fondo, aunque no pensemos en ello, tomamos en cuenta la esperanza de vida de la época y la sociedad a la que pertenecen.

Pablo Picasso (1881- 1973), por ejemplo, a los 90 años continuaba la obra creativa que realizó durante más de 75 años: dibujaba y pintaba. “Se necesita mucho tiempo para aprender a ser joven” —dijo. Entre nuestros ancestros, Carmen Castañeda Olea (1914-2012), después de los 90 años aún practicaba yoga, viajaba sola en medios de transporte público y —toda proporción guardada— se concentraba frente al lienzo con paleta y pinceles; sensibilidad artística, aguda visión y un dominio notable de las técnicas del óleo y la acuarela.

En cambio, nuestro personaje, abuelo de Carmen, JFCP (1816-1898), se consideró y se comportó como viejo después de los 60 años. No declinaron su lucidez ni sus capacidades intelectuales, como lo prueban las memorias que escribió hacia los últimos años de su vida, pero es probable que lo hayan afectado grandemente el abandono del oficio de azoguero, que practicó desde que fue joven, y el hecho de verse obligado a vivir únicamente del pequeño comercio, que desde hacía tiempo practicaba como actividad suplementaria.

Es preciso tomar en cuenta, además, la esperanza de vida del país durante el Porfiriato, que apenas llegaba a los 30 años, así como el contexto cultural de Zacualpan en el siglo xix, donde la convención social consideraba viejos a quienes rondaban los 50.

Juan a los 58 años de edad, año de 1874

Un ejemplo cercano a Juan, de quienes morían antes de los 30 años, fue el caso de Eulalio Castañeda Morales (1850-1874), su sobrino, que para Juan fue una experiencia dolorosa. A la una de la tarde del 9 septiembre de 1874 tuvo que presentarse ante el Registro Civil de Zacualpan para dar cuenta de que lo habían matado.

Entre los sobrinos y nietos que Juan tenía entonces contaba Eulalio, hijo legitimo de su hermano, Felipe Neri Castañeda Popoca, y de Dolores Morales Mojica, quien había fallecido en mayo del mismo año de 1874.

Eulalio vivía en Gama, comunidad perteneciente al municipio de Zacualpan. Era panadero y estaba casado con Genoveva Nava, una muchacha a quien dejó viuda y con un hijo pequeño a los veintidós años de edad.

El acta de defunción de Eulalio informa que murió de un balazo al corazón. Su cuerpo fue sepultado en el campo mortuorio de Zacualpan.[1]

Acta defunción, homicicio  Eulalio Castañeda Morales 9 sep 1874

Acta defunción, homicidio Eulalio Castañeda Morales 9 sep 1874 https://familysearch.org

Juan a los 64 años de edad, año de 1880

El propio Juan nos deja saber que a esta edad ya no ejercía su oficio de azoguero con regularidad. En el siguiente episodio, sus palabras denotan, más que los efectos de la edad, la percepción que tenía de sí mismo como hombre de fuerza física e iniciativa menguadas.

Durante este tiempo su esposa Gabina, contaba con cuarenta y seis años y como buena comerciante, siempre buscaba cómo generar dinero para la subsistencia cotidiana de la pareja. Vendía carbón, zacate, jabón, etc. Probablemente lo hacía junto con Juan, en el puesto que él ponía en la plaza.

Aparte de este esfuerzo constante, un panadero le fiaba pan que ella vendía en las ferias de los pueblos cercanos. Ese negocio le rendía dos reales de ganancia por cada peso de pan. Con anterioridad a esta fecha, era su hijo Bernardino quien viajaba a las ferias con ella, donde habitualmente le iba muy bien. En 1880 Bernardino tenía veintiún años de edad y estaba empleado, de manera que no contaba con él para que la acompañara.

Se acercaba el último domingo de ese año y Gabina le recordó a Juan la proximidad de la feria de Tonatico[2] Gabina quería asistir. Eso dio motivo al siguiente diálogo:

—Ya llega la feria de Tonatico. Y dime si he de ir, para comenzar a arreglar tal ida.

—Pero hoy —le respondí— no hay quien te acompañe, porque Bernardino está empleado, y yo, sabes que soy muy inútil para desempeñar esa clase de empresas.

—Solamente quiero —me dijo— que me acompañes, que yo me entenderé con todo.

—Pues bien, te acompañaré —le dije—, y has cuenta que tú me mandaras como si fuera tu mozo, ó me llevaras de mozo, y haré cuanto me mandes y que yo sea capaz de hacer.

—Lo primero que tengo que hacer es —me respondió—, ver al panadero, si me ha de fiar la cantidad de pan que me entrega cada año, que arreglado eso, todo lo demás ya es fácil arreglarlo.

—¿A dónde vamos a pasar?, eso es lo que me tiene con cuidado.

—Pues no lo tengas, que tengo una familia conocida muy cariñosa ella, lo mismo que su hija y su marido.

Gabina y Juan salieron de Zacualpan aproximadamente el último domingo de febrero hacia Tonatico.[3]

Al llegar a Tonatico Gabina hizo contacto con el Regidor que asignaba los puestos en la feria, quien le concedió el que ella quiso.

Con anterioridad, Juan nos ha referido ya la práctica que tenía en montar puestos comerciales en plazas públicas. En eso se ocupaban cuando llegó otro regidor del Ayuntamiento y les advirtió que ese sitio se lo había apartado a un morcillero. Gabina se quejó con el Regidor. Ambos munícipes se disgustaron entre sí y discutieron en el afán de imponer su autoridad.

Al percibir que se imponía la autoridad del segundo munícipe, Juan medió en la discusión con espíritu conciliador y sugirió que les asignaran otro sitio para colocar su puesto. Gabina no quería convenir, hasta que “por fin le dieron un lugar que no tenía las varas” —es decir, que no estaba apartado—, donde finalmente se instalaron.

En este año la feria estuvo mal, con poca concurrencia. De los cincuenta pesos de pan que llevaban solamente vendieron dieciocho. Considerando los dos reales de ganancia por cada peso de venta, Juan y Gabina se hallaban en situación difícil.

No sabemos hasta dónde Gabina tomó al pie de la letra el ofrecimiento de Juan, de comportarse como si [él] fuera su mozo. En todo caso, era su esposo y en consecuencia lo respetaba como tal, por su edad y experiencia —además. Gabina preguntó:

—¿Ahora qué hacemos? —Y yo le respondí con su misma pregunta, añadiendo en seguida.

—Yo soy tu mozo, tú dispón y yo obedeceré. —Y dijo:

—Si nos vamos para Zacualpan, me debe dar mucha vergüenza volverme con mi pan.

El dueño de la casa donde se hospedaban se compadeció de ellos y para ayudarlos les propuso invitar a sus amigos a jugar tecomatillo[4] con apuestas de pan. El plan era que vendieran más.

Llegó la noche, y conforme ganaban o perdían en el juego, los invitados compraron “cuanto pan querían o podían”. La regla del dueño de la casa fue simple: quien perdía tenía que comprar más pan. No valía que lo revendieran entre ellos.

Juan y Gabina no sólo vendieron tres pesos más; también se divirtieron viendo cómo las piezas de pan cambiaban de mano a mano sin que ese trafique les causara asco.

Como todavía les quedaron veintinueve pesos de pan por vender, al día siguiente su anfitrión en Tonatico les sugirió que fueran a Las Salinas, lugar cercano, donde podrían cambiar el pan por sal.

Sin otra alternativa, Juan cargó el caballo con una porción del pan remanente y se dirigieron a Salinas, lugar cercano, donde hicieron el trueque por sal y tal vez otros comestibles.

Esa noche Gabina le dijo:

—Hoy me han dicho que en Tetecala se hace una grande fiesta que puede llamarse feria. Si quieres, como nos habíamos de ir para Zacualpan, a ver si en las rancherías cambiábamos por maíz, frijol, etcétera. Vámonos para Tetecala. Quizás allá, caro o barato, lo acabaremos.

Caro o barato, había vender el resto del pan. Decidieron salir para Tetecala, lo cual significaba andar una distancia un poco mayor de la que caminaron entre Zacualpan y Tonatico.

Al narrar el resto de esta aventura comercial, Juan nos dice que ya no es capaz de montar caballo a cuestas. Gabina buscó un arriero, quien calculó que para transportar el pan y los demás los bultos que llevaban —sal, maíz y frijol que cambiaron en Las Salinas, más su menaje personal— se necesitaban cuatro jacales y dos caballos.

Cargaron a las bestias, y para hacer la travesía, Juan y Gabina se alternaban el único caballo con cual contaban. Iban tan despacio que el arriero se adelantó “y ni modo de decirle espéranos ”.

Cuando finalmente llegaron, el arriero los esperaba en la orilla de Tetecala. Ya había conseguido posada para ellos, pero los recibió con la mala noticia de que uno de los caballos se cayó en el río Santa Teresa; a un jacal le entró agua y parte del pan se había mojado.

—Ya puede ser, pero ha de ser poco —le dijo Gabina.

Con esa, la última respuesta de Gabina, Juan suspende el relato de esta aventura. Lo deja inconcluso; no aporta más detalles, pero refiere un viaje muy interesante del cual quisiera saber más.

Por ejemplo: Si para llevarlos de Tonatico a Tetecala el arriero calculó que necesitaba cuatro jacales para transportar el resto del pan más la carga adicional, ¿con cuántos bultos o jacales llenos de pan, inclusive una maleta de enseres personales, salieron originalmente Juan y Gabina de Zacualpan? ¿A cuántas piezas de pan equivalía cada peso? ¿De Zacualpan habrán emprendido el viaje con más de dos caballos, o solamente uno con la carga y ellos dos a pie? Juan solamente menciona un caballo.

Desde el punto de vista económico pienso que esta aventura les resultó costosa pues seguramente tuvieron que pagar más de una noche de hospedaje, por mucho que solamente se hubieran alimentado del pan que llevaban. ¿Cuánto les habrá costado contratar al arriero con dos caballos, y comprar o canjear —tal vez con pan— cuatro jacales? ¿Lograron vender todo el pan, y cómo lo pagaron al panadero que se los fio?

Este viaje se extendió inesperadamente por lo menos una semana, y en aquella época, las tahonas no usaban sustancias conservadoras. ¿Cuánto tiempo habrá durado el pan sin endurecerse ni echarse a perder?

Me hubiera gustado recibir más información sobre esta interesante historia. Sólo me resuena el eco de la respuesta que Gabina dio al arriero sobre el pan que se mojó:

—Ya puede ser, pero ha de ser poco.

Gabina, conductora de esta aventura, siempre optimista como Juan, por encima de toda adversidad.

Juan a los 68 años de edad en 1884

En sus memorias, uno de los pocos episodios que Juan fechó —en 1884— fue tal vez una de las últimas oportunidades que tuvo para ejercer su oficio de azoguero. Se trata de una narración particularmente interesante porque allí despliega con naturalidad la terminología usual de la minería de entonces.

Al presentarla aquí, alternamos la narración de Juan con la glosa respectiva, para facilitar la comprensión de lo que cuenta.

Una época en el Mineral de Tlatlaya año 84

Hubo un nombrado Juan de Dios, que andando por aquel lugar tuvo noticia de una mina nombrada la Trinidad, y que tenía buenos metales; pero que tenía agua; y que era tan poca que podía desaguarse con botas en cinco o seis días. Dispuso entre él y otros desaguarla. (Tendría de profundidad cosa de doce metros).

Juan se enteró de que un buscador de metales preciosos, conocido como Juan de Dios, recibió noticias de una mina nombrada La Trinidad en las cercanías de Tlatlaya. Supo también que la mina contaba con una proporción considerable de metal explotable, pero por otra parte estaba anegada de agua, aunque aquella profundidad de doce metros podía desaguarse con botas[5] en cinco o seis días. Juan de Dios emprendió esa tarea con un grupo de jornaleros.

En efecto, ya desaguada encontró en el plan un clavo de metal que tenía una vara en círculo, pues era redondo. Dispuso desmotarlo bien, y después dar un cohete del puro metal, del que logró que cayera una piedra de seis arrobas[6] de peso, con dicha piedra marchó a México, a buscar avío.

Una vez desaguada la mina, Juan de Dios halló un clavo de metal —es decir, un trozo de gran pureza— de forma cilíndrica, que medía cerca de 84 cm. Después de desmotarlo hizo detonar una carga de dinamita con la cual logró que se desprendiera una piedra de alrededor de [80] kilos, muestra suficiente para llevarla a México con el propósito de conseguir financiamiento para explotarla.

Allá encontró a don Guadalupe Antolín, y este señor le habló a don Matías Elías del negocio que Juan de Dios llevaba, y entre Antolín y Elías hablaron a un español nombrado don Lucas de la Tijera, haciendo mención de dicha piedra, y diciéndole que todo el plan de la mina era de aquella clase de metal, y que tenía de ley quince marcos de plata por carga, pues Juan de Dios ya lo tenía ensayado.

En México Juan de Dios habló con Guadalupe Antolín quien a su vez, le planteó a Matías Elías la posibilidad de explotar esa mina. Juntos, Antolín y Elías le propusieron el negocio Lucas de la Tijera, un inversionista español, a quien le hablaron de la muestra y le dijeron que de esa mina era posible obtener un rendimiento de quince marcos[7] de plata por carga, según la prueba de ensayo que Juan de Dios había realizado.

Don Lucas mandó se ensayara en la casa del Apartado[8] y positivamente era de dicha ley. Luego se arreglaron en el avío, no sé bajo qué condiciones.

Para verificar la calidad del metal que la piedra contenía, don Lucas de la Tijera ordenó un nuevo ensayo en la casa del Apartado. Cuando comprobó que contenía le ley que le habían indicado decidió invertir y entregó recursos.

 

Antolín se vino para Zacualpan y me dijo todo lo que había pasado en este negocio, y que él estaba dispuesto a que debía recibir la posesión, por la Diputación de Sultepec, con una carta particular a don Higinio Goroztieta (diputado) y obra poder, para que a nombre de los interesados recibiera la posesión.

Guadalupe Antolín regresó a Zacualpan y expuso a Juan todos los detalles del negocio (evidentemente, tras invitarlo a tomar parte de este proyecto). Le dijo, además, que estaba dispuesto a recibir posesión de tal mina mediante la diputación de Sultepec, con una carta particular dirigida al diputado don Higinio Goroztieta.

Marché a Sultepec a pie, así lo requerían mis circunstancias; entregué mis cartas; y veinte pesos. Habíamos dispuesto salir para Tlatlaya al día siguiente; pero en la tarde que esto dispusimos, supimos de cosa cierta que Tijera debía llegar a aquel Mineral, el mismo siguiente día por lo que dispusimos no verificar la marcha como lo habíamos dispuesto; y como de tal venida del señor Tijera, ni Antolín ni nadie sabía nada, dispuse poner un correo a Antolín a Zacualpan.

Con un lacónico eufemismo, Juan refiere su estrechez económica por ese tiempo: carecía de dinero siquiera para alquilar una bestia de carga. No obstante, se fue a pie hasta Sultepec, como escala intermedia entre Zacualpan y Tlatlaya. Al día siguiente, cuando se disponían salir para Tlatlaya Juan se enteró de que estaba por llegar don Lucas de la Tijera. Juan detuvo la salida del grupo y envió un mensaje a Guadalupe Antolín, que estaba en Zacualpan.

Al siguiente día, a pocas hora de haber llegado Antolín a Sultepec, llegó don Lucas, y se dispuso que al otro día debíamos salir para Tlatlaya, como lo verificamos. Entre tanto me dijo don Higinio:

—Usted, por fin, ¿va a qué?

Esto fue ya casi para salir. Le respondí:

—Si señor, yo llegaré al pueblo después de ustedes; pero he de llegar.

—¡Qué bárbaro es usted!

—Voy a conseguir un caballo, y si usted no puede pagar el flete o no quiere, yo lo pagaré.

No se consiguió el caballo; pero consiguió un macho, y ahí nos tienen todos a caballo.

El Diputado se previno, para caminar, de un huacal de pan, café, azúcar, carne cecina, vino, etcétera, para él, su sirviente y dos mozos. Don Lucas solo llevaba una botella de vino, y Antolín y yo nada. Pero como Tijera, cuando bebía su vino hacía gestos, hacía que quería voltear el estómago, y nos decía:

—Ah, qué medicina tan endemoniada —por no convidarnos, (porque no ha de haber habido en el mundo un hombre tan miserable como él).

En el principio se lo creíamos; pero en una oportunidad que hubo, probé de su botella, y dije a los compañeros:

—Qué medicina ni talega: esto es vino y muy bueno que está.

Tenté las cantinas y les dije:

—Aquí lleva más.

—Pues ahora —dijo don Higinio—, comerá… No le hemos de convidar de nada supuesto que él es tan mezquino.

A Antolín y a mí sí nos daban a todas horas; pero para comer en el camino eran los veinte pesos que les entregué con las cartas.

Don Lucas observaría que no se le quiso dar nada de comer; pero aguantó ese día que llegamos a Amatepec. El siguiente a Tlatlaya, de paso para la Mina, que distaba una legua de dicho Pueblo, llevaba ya de Sultepec un minero de nombre Guadalupe Ordóñez, y éste, un hijo Remigio, y otros individuos, con objeto de trabajar. Probó el minero su gente: barreteros, dos paradas de día y dos de noche, desaguadores etcétera.

A la hora que fue de almorzar; le dice don Lucas al minero:

—¿Qué aguarda usted que no manda a estos a trabajar?

—Señor, tengo costumbre de dejarles para almorzar y que reposen una hora.

—Qué hora ni que… Más de dos llevan ya, y si me vuelve usted a responder con tanta altanería, lo agarro del braguero y lo aviento a esta barranca.

El pobre viejo se espantó y ya no habló una palabra. Yo dije en mi interior: “Qué malo le veo el ojo muerto a la vieja”, en fin: Dios dirá.

Luego que se arreglaron los trabajos, recibió Antolín la posesión de la mina; y el Diputado con los que lo acompañaban se dirigió a Tlatlaya, para que al otro día salieran para Sultepec.

Antolín dijo a Tijera:

—Le traigo a usted un azoguero que ha servido a don Roque Díaz, y azoguero ha sido toda su vida. Ese es su oficio.

—¿Y qué prueba es esa? —respondió—. También un burro toda su vida cargó castañas de vino, y jamás supo a qué sabía, pues nunca lo probó.

—Esa es una chirigota de usted —dijo Antolín— y estamos tratando en cosa seria.

—Vamos. ¿Cuánto ha de ganar?

—Cinco pesos semanarios.

—Por ahora es mucho dinero ése —respondió Tijera.

—Pues se volverá conmigo; pero con él se sabrían las leyes de los metales y se sabría la piedra que debe tirarse. —Esto respondió Antolín.

—Pues que se quede —dijo el otro.

Se bajaron los dos [don Lucas de la Tijera y el Diputado] ese día al Pueblo de Santa Ana, pues allí le pareció vivir mejor que en Tlatlaya. Al otro día subieron a la mina, y [Guadalupe Ordóñez] el minero procuró que saliera algún metal; y me dijo Antolín, delante de Tijera:

—Escójame usted unas piedritas de las mas vistosas, que quiero llevar a Zacualpan. —Y responde Tijera, encolerizado.

—¡No hay piedritas! Estaba yo fresco con gastar mi dinero para que usted se lleve el metal.

Antolín dijo:

—Era por solo curiosidad, no por llevar.

—Pues no, señor.

—Pues arreglados.

Al despedirnos Antolín y yo, le dije.

—Qué mal olor observan mis narices en la mina La Trinidad. Yo no aguanto acá mucho.

—Téngale usted paciencia a este cachupín, como yo se la he tenido. Que trabaje la mina, que gaste su dinero, si hay algo en ella después veremos. También a mí me tiene como una ascua, y si hay algo en ella, a usted lo he de tener presente.

Todos los días subía [de la Tijera] a visitar la mina, y antes de llegar comenzaba con un sermón. Un día, como a cincuenta varas antes de llegar, dijo muy recio:

—Esta oreja apuesto contra medio real a que todos ustedes se han echado a dormir, y el metal se lo han robado, porque desde aquí veo que ese no es todo el que debe haber salido en la noche.

El minero [Guadalupe Ordóñez] se disculpó como pudo. Yo tenía ya de amigo a uno de los que trajo Ordóñez y se ocupaba de pepenar; a quien supliqué que cuando llegara el amo y preguntara por mí, le dijera que no oía yo los golpes de los barreteros y que había dicho, que me iba con ellos porque si no, no hacían nada.

Como en efecto, [de la Tijera] preguntó por mí, el minero dijo no sabía dónde estaba; pero Moratilla cumplió con mi encargo y quedé por las nubes, es decir, muy alto. Pero yo me fui con los barreteros por evitarme de preguntas y respuestas.

Así, lo seguí haciendo; pero llegó la vez que cuando quise evadir el cuerpo ya no fue tiempo, pues don Lucas llegó más temprano que de costumbre. Entonces le recibí el caballo, le saludé con mucha atención, deseándole muy buena Salud; diciéndole que aunque salía poco metal que era muy bueno, que la mina era cata, que le faltaba rango y que entonces se encontraría bastante metal; que ¿cómo en una veta, nomás aquel clavo había de haber?: y me dice él:

Con ese ardid seguí evitando encuentros con don Lucas, pero en una ocasión me quedé sin oportunidad de hacerlo: don Lucas llegó más temprano que de costumbre. Entonces le recibí el caballo, le saludé con mucha atención, deseándole muy buena salud. Le informé que aunque salía poco metal, era muy bueno, que la mina era de prueba, de muestra, para reconocer la proporción de plata que probablemente se extraería, que faltaba profundizarla y explorar; que entonces se encontraría bastante metal. No era posible que únicamente se hubiera hallado aquel trozo cilíndrico de plata de gran pureza. Y me dice él:

—Aunque es poco el que ha salido esta semana, estoy contento, porque mire usted: con cuatro paradas habrán salido carga y media de quince marcos. Son veintidós y medio, y a ocho pesos nomás, son 187 pesos. La raya importará los 87. Desde la semana entrante, voy a dar orden al minero, que pueble ocho paradas, por consiguiente saldrá doble cantidad de metal y doble será la utilidad.

—Aunque es poco el metal que ha salido esta semana, estoy contento, porque mire usted: con cuatro puntos de extracción habrán salido carga y media de quince marcos. Son veintidós y medio [marcos], y a ocho pesos nomás, son 187 pesos. Calculo que el monto de lo que habrá que pagar a los trabajadores importará los 87 pesos a la semana, así que desde la semana entrante ordenaré al minero que coloque gente en ocho puntos de extracción, por consiguiente saldrá doble cantidad de metal y doble será la utilidad.

“Todo eso sucederá (dije en mi interior) como yo lloro por ella”.

“Todo eso sucederá —me dije, incrédulo— como las lágrimas que derramaré por esa utilidad”.

Ahora me ocuparé [de contar] cómo me fue con el minero, su hijo Remigio y Moratilla, el pepenador y amigo mío: Comenzaré con que el viejo [don Lucas de la Tijera] era déspota, decidor y muy amigo de contradecir.

Un domingo me quedé solo en la mina. Les encargué me llevaran de Tlatlaya cecina, queso, chiles, etcétera, pues tortillas había quedado una ranchera de tres o cuatro casas que por allí había, a llevármelas a todas horas de comer. Pero cuando llegaron mis compañeros, me dijo el viejo:

—No le traemos aparte nada; comeremos juntos todo él, pero con [lo] que usted encargó lo gastamos.

—Qué menos puede usted hacer de gasto —yo dije—. Amen. Pero mi[s] encargos no pasaban de cinco reales. Nuestro presidente ordenó que a cada uno de los tres nos tocaba una semana de cocineros: el quedaba ===.

—No podía usted haber gastado menos —dije—. Amén. El costo de lo que yo había encargado no pasaba de cinco reales. Nuestro presidente [probablemente se refiere a Guadalupe Ordóñez, el minero que dirigía el trabajo colectivo] ordenó que a cada uno de los tres nos tocaría una semana desempeñar el trabajo de cocineros; faltaba que a él le tocara, [luego, se las debía arreglar con los víveres que había comprado].

Continuara…

Ricardo Castañeda Guzmán y Rafael Rodríguez Castañeda,

Con la colaboración de Miguel Fernando Rodríguez Castañeda


[1]. Fuente: https://familysearch.org

[2]. Pueblo del estado de México entre Zacualpan e Ixtapan de la Sal, a 153 Km de la Ciudad de México. ‘Tonatiuhco’ en Náhuatl significa lugar del sol.

https://en.wikipedia.org/wiki/Tonatico Se puede escoger la lectura en español.

[3]. Juan escribió literalmente “y en un día de la semana antes del primer domingo de enero, salimos con dirección a Tonatico…”, pero más adelante informa que “Muy raros fueron los que vinieron … del Valle de Toluca porque creyeron que la feria sería al siguiente domingo, porque el sábado 28 de febrero cayó en ese domingo, que creían era la feria”. Probablemente se equivocó al citar la primera fecha. No es creíble que un viaje tan corto a un pueblo cercano, y portando mercancía perecedera, hayan durado dos meses.

[4]. Juego que consiste en sacudir un trasto con tres medios reales y al hacerlos caer sobre la mesa, ver si el lado visible de las monedas son dos águilas y un resplandor, o viceversa.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Medio_real_de_Guanajuato_de_1856_(anverso_y_reverso).JPG

[5]. Barril de 516 litros

[6]. 11.5 Kg @ arroba española.

[7]. 230 g marco de Castilla. Durante esa época el marco era diferente en otros países europeos.

[8]. La antigua Casa del Apartado, antecesora de la Casa de Moneda, funcionó desde el Siglo XVII. Se construyó para realizar el “apartado”, un proceso industrial mediante el cual se separaba el oro que venía asociado a la plata extraída de las minas novohispanas.

Don Juan Francisco Castañeda Popoca, (1816-1898) Parte IV

Continúa.

Juan Castañeda quedó viudo a los 39 años…

Nota del autor:

Durante la elaboración de esta serie de artículos, una y otra vez me he referido al manuscrito de Juan Castañeda, fuente esencial para documentar su vida y escribir este ensayo biográfico. Debo aclarar que por un escrúpulo personal, salvo la cita de frases indispensables, me he abstenido de copiar literalmente el texto del manuscrito. Tanto mi investigación histórica como mi afán de difundir la biografía de don Juan están ajenas al propósito de ganar notoriedad o compensación monetaria. Mi interés fundamental ha sido conocer más sobre su vida. Para ello he buscado el contexto histórico y he intentado llenar las lagunas informativas entre los episodios que el propio manuscrito narra con fechas, nombres y acontecimientos que no solo aclaran, sino también ayudan a entender la fascinante vida de este ancestro mío, también ancestro común de cientos de descendientes. Conservo la íntima satisfacción de realizar este rescate. De no hacerlo, supongo que permanecería en las catacumbas de la oscuridad por muchos años adelante.

RCG

Una reliquia de Juan sin fecha precisa, ca. 1850-1855

En septiembre de 2011, en la ciudad de Pachuca, Hidalgo, México, los Castañeda celebramos una reunión a la que ha asistido el mayor número de familiares en la historia.

Durante este evento, Gonzalo Juan Infante Castañeda, bisnieto de don Juan Francisco presentó una reliquia de familia. El pequeño tesoro es un daguerrotipo de Juan Castañeda que se ha preservado durante más de siglo y medio en una cajita que mide aproximadamente 12 por 18 cm.

Daguerrotipo 1845-1850 probablemente en Toluca, México

Daguerrotipo de Juan Francisco Castañeda Popoca.  Foto cortesía Gonzalo Juan Infante Castañeda.

El daguerrotipo, invento precursor de la fotografía, se dio a conocer en París en enero de 1839 y rápidamente se divulgó por el mundo. En febrero de 1840 un periódico mexicano anunciaba la rifa de un ejemplar del aparato que diseñó el inventor francés Louis Jacques Daguerre.

El ejemplar que contiene la imagen del joven Juan es una placa de cobre recubierta de plata pulida. La imagen nítida y detallada, es pieza única e irrepetible. Fuera de su estuche o caja de protección es frágil. Si se tocara, se dañaría irreversiblemente. Se debe conservar bajo temperatura y humedad regulada, como los negativos de película.

Los daguerrotipos se utilizaron hasta 1860. Fueron sustituidos por placas negativas de colodión húmedo y positivos en papel de albúmina. Los superó la fotografía, invento de 1880. Se conjetura que Juan Castañeda se hizo retratar en México, Toluca o Cuernavaca entre 1850 y 1855 poco antes o después del fallecimiento de su esposa María De Jesús. Este daguerrotipo pasó a manos de su hijo Gonzalo, nacido de su segundo matrimonio, y sucesivamente, a su nieta Carmen y a Gonzalo Juan Infante Castañeda, su bisnieto.

Juan es el único familiar de quien conocemos un daguerrotipo. El siguiente enlace ilustra el proceso para obtener una sola imagen y cómo los sujetos debían permanecer inmóviles mientras la imagen era capturada. Así se obtenía una sola imagen.

http://photohistory-sussex.co.uk/dagprocess.htm

En sus memorias, Juan no mencionó la experiencia de sentarse y mantenerse quieto entre quince y treinta minutos mientras se capturaba su imagen. No obstante, esta reliquia concuerda con otras aseveraciones que sí escribió, y que lo revelan como un hombre inquieto y alerta, interesado en las novedades que surgían en la ciencia y el progreso tecnológico del siglo xix.

El avance de la fotografía no fue ajeno a muchos de nuestros ancestros, a quienes les gustaba fotografiarse. Gracias a esta afición tenemos imágenes de otros ancestros.

¿Cuántos pesos mexicanos le habrá costado a Juan obtener ese retrato entonces? En 1842 un daguerrotipo costaba entre $ 2.50 y $ 4.00 dólares, según el lugar de los Estados Unidos donde uno estuviera. Ese rango de precios equivalía a $ 82.00 y a $ 200.00 dólares de hoy.

Juan a los cuarenta años

Después de haber permanecido viudo catorce meses, nuestro autobiógrafo contrajo matrimonio casi un mes antes de cumplir los cuarenta y un años, el 26 de diciembre 1856. Su segundo matrimonio fue con María Gabina De Jesús Escobar Mojica.

En el acta de matrimonio, el Cura Juan Francisco Domínguez subscribe que después de haber practicado todas las diligencias, estar satisfecho según las testaciones y no haber algún impedimento, casó y veló a Juan Castañeda y María De Jesús Gabina Escobar.

Gabina, doncella de veintidós años de edad, originaria de la Gavia Chica, era hija legítima de Manuel Escobar, difunto, y de Margarita De Jesús Mojica, originaria también de la Gavia Chica.

Hasta la fecha no hemos encontrado el acta de nacimiento de Gabina.

Los padrinos fueron don Ignacio Ocampo González —cura escribe Gonsales—y su esposa, doña María De La Luz Figueroa, ciudadanos de Tetipac.

El acta matrimonial de los contrayentes no dice mucho más que los nombres de los testigos, quienes fueron Guadalupe Zamino de veintiséis años y Alvino Salinas de veintinueve.

27 diciembre 1856 Acta matrimonial Juan Francisco Castañeda Popoca con María Gabina De Jesús Escobar Mojica. Cortesía https://familysearch.org

 

Se sabía que Gabina sobrevivió a Juan, pero no por cuantos años. Mi búsqueda por varios registros fructificó con el hallazgo de su acta de defunción. Gracias a las fichas digitalizadas por familysearch.org entre los registros civiles de Zacualpan asentados entre los años 1900-1903 llegué a saber que Gabina permaneció viuda hasta el 2 de octubre 1902, cuando falleció de litiasis renal y complicación uremia.

Juan y Gabina tuvieron tres hijos; dos barones y una mujer. Sus nombres, fechas e información general son:

Feliz Bernardino. Bautizado por el cura Agustín Gómez en la Parroquia de la Purísima Concepción de Zacualpan el martes 20 de mayo 1859 a los tres días de nacido. Hijo legítimo de Juan Castañeda y María Gabina De Jesús Escobar. Los padrinos fueron don Guadalupe Sámano y doña María Figueroa, vecinos de la Hacienda Nájera.

Como su padre, Bernardino fue azoguero. También fue comerciante de materiales de minería, actividades que lo llevaron al Estado de Hidalgo. Estuvo en el Real Del Monte, en Omitlán y en el Mineral de El Chico. Tuvo numerosa descendencia. Su acta de fallecimiento aún no se encuentra.

Julián Gonzalo de Jesús: Fue registrado civilmente en Temascaltepec, Edo. de México por el juez Bernardino Rodríguez, el viernes 10 de Enero 1868 a un día de haber nacido. Hijo legítimo de Juan Castañeda y Gabina Escobar. Los testigos fueron los ciudadanos Julio De Noria y Juan Escobar. Su nombre eclesiástico nos dice que seguramente fue bautizado, pero existe la posibilidad de que su acta de bautizo se haya convertido en cenizas durante los incendios de parroquias que fueron causados por tropas zapatistas durante la Revolución.

La historia nos dice que un día Gonzalo le pidió a su padre Juan que le contara sobre su vida. Juan le contestó “Voy a hacer algo mejor: te la voy a escribir”. Así fue como nació el manuscrito de Juan Castañeda.

En el primer párrafo, de la página 23 del prólogo al libro Manuscrito de don Juan Castañeda/Diccionario Castañeda 2013, Claudia Infante Castañeda —poseedora de este manuscrito— y su madre, Carmen Castañeda Olea, escriben:

“El manuscrito y la cadena de circunstancias que permite retenerlo hoy en nuestras manos transmiten la emoción con que mi abuelo pidió a su padre que le hablara de su infancia y su pueblo, así como la energía de don Juan Castañeda al escribirlo y el celo extremo que mi abuelo y mi madre pusieron en cuidarlo. Naturalmente el significado personal que tenga para cada uno de los que pertenecemos a la familia Castañeda constituye un capitulo adicional en nuestras vidas que cada uno guardará en su corazón”.

Gonzalo casó sucesivamente con las hermanas Teresa, Carmen y María Luisa Olea. Los tres hijos que tuvo con su primera esposa fallecieron a temprana edad. En cambio, Carmen Castañeda Olea, hija de su segunda esposa, fue la más longeva (1914—2012). Tuvo otros descendientes fuera sus matrimonios.

Después de una ilustre carrera como médico cirujano y maestro de Medicina en la UNAM, memorable hasta este día en la Republica Mexicana y en el mundo, el doctor Gonzalo Castañeda Escobar falleció en la Ciudad de México el 14 de enero 1947, cinco días después de cumplir setenta y nueve años.

Dionisia Pilar Maximiliana: Es bautizada por el presbítero José Ma. Arellano en la Parroquia de Zacualpan el sábado 12 de Octubre 1872, a los cuatro días de nacida. Hija legítima de Juan Castañeda y Gabina Escobar. Los padrinos fueron Antonio Sotelo y Nemesia López.

Dionisia, la menor de sus hijas, nació cuando Juan tenía cincuenta y seis años de edad. Fue profesora de instrucción primaria. Permaneció soltera hasta el día de su muerte en Zacualpan a la edad de treinta y cinco años, el 2 de septiembre 1907. Falleció de neumonía. Como a otros de sus hijos, Juan no la menciona en su manuscrito.

Algo que tal vez nunca llegaré a saber es si Dionisia Pilar Maximiliana y Gabina, su madre, vivieron juntas hasta que Gabina falleció. Otra hipótesis es que Maximiliana viviera a solas o con su sobrino Víctor F. Castañeda quién asentó su fallecimiento en el Registros Civil.

Familia Castañeda Escobar: Sentados iz.a der. Juan Francisco Castañeda Popoca y esposa María Gabina De Jesús Escobar Mojica. De pie iz. a der. Feliz Bernardino, Dionisia Pilar Maximiliana y Julián Gonzalo De Jesús (Dr. Gonzalo Castañeda Escobar). Todos Castañeda Escobar. Foto cortesía Elena Laura Castañeda Islas.  Imagen capturada probablemente entre 1890 y 1898.

Juan a la edad de 43 años

Juan escribió:

“El año 1859 vivía yo en Zacualpan con mi familia, y mi hijo Manuel en Temascaltepec, con su esposa y un niño como de un año. Yo comerciaba acá con mercería que iba a traer a México”.

Cuando Juan dice; con mi familia, se refiere a su nueva esposa Gabina y a los hijos menores de su primer matrimonio. Bernardino, el primer hijo de Juan y Gabina, nació en mayo de ese año. Mi hijo Manuel es José Manuel Ascensión (n. 1838) segundo hijo que tuvo con María de Jesús, su primera esposa. Y, un niño como de un año, nos dice que Manuel y su esposa Josefa Jaimes ya tenían un hijo —registro aún no encontrado— antes que Félix Andrés, quien nació el 29 de noviembre 1960. Félix Andrés habrá fallecido porque los únicos hijos de ese matrimonio que llegaron a la adultez fueron Manuel junior, n. 1867, Justiniano, n.1869, Amador, n. 1871 y Víctor, n. 1973.

En ese corto párrafo Juan dice también que era comerciante aparte de ser azoguero, porque un domingo cuando se disponía a establecer su puesto en la Plaza para vender su mercancía, Marcelo Popoca, su tío, le dijo que no la tendiera porque los pronunciados[1] de la revolución de Ayutla habían entrado a Temascaltepec.

Esta información afectó mucho a Juan porque Manuel Castañeda[2] estaba empleado como administrador de rentas en esa localidad.

Su tío Marcelo le preguntó que si tenía el valor para recibir malas noticias. Más muerto que vivo, Juan le pregunto:

—¿Y qué?, ¿Manuel ha muerto?

—Sí —respondió Marcelo, y agregó:

—Porque Amador Chimalpopoca pasó por Coatepec, y traía una carta de él para ti, un fresadero, y en Malinaltenango le quitó la carta Lagunas, el Jefe de los reaccionarios, y que a él con trabajos lo dejó pasar.

—A este correo yo no lo he visto.

—Pero eso que te digo se lo dijo a Juan Pablo, y éste me lo dijo a mí, y me dijo, que de Manuel se lo había dicho de palabra en Coatepec.

Juan se quedó como un loco y le dijo:

—Ya me voy a Temascaltepec, usted levante la varilla o déjela tirada.

Antes de dirigirse a su casa en Santiago, Juan fue a la iglesia para pedirle a Dios que todo fuera una mentira.

Al proceder con el resto de su historia, Juan hace referencia a la Revolución de Ayutla, reformada en Acapulco, pero este evento ocurrió en 1854. Si Juan nos llama la atención al año de 1859, pienso que los revueltos políticos, guerras y conflictos de los cuales el escribe pertenecen a la Guerra de Tres Años, o Guerra de Reforma que ocurrió entre 1858-1861.

http://www.si-educa.net/basico/ficha624.html

Ensilló su yegua y tomó el camino, pero una de sus hijas, María Josefa —María Josefa Bonifacia, n. 1840 quien contrajo matrimonio con Pragedis Díaz en abril 1860— lo siguió a pie, llorando.

Juan hizo todo lo posible porque ella se regresara a casa, pero fue más fuerte la determinación de la muchacha por saber de Manuel, su hermano.

—No lo dejo ir solo por mas que usted me diga o me haga.

Ya estando un poco lejos, Juan cambió de actitud, se desmontó y abrazando a su hija, juntos empezaron a llorar. Fue un momento tan emotivo que Juan jura que hasta su yegua, al voltear su cabeza hacia ellos, se compadecía también de lo que sufrían.

Manteniendo una conversación al trote de la yegua se preguntaron:

—¿Qué no te da el corazón que esto sea una falsedad?

—Mi corazón está muy triste—me respondió—; yo me conformaría, me consolaría, con que a mi hermanito (de cariño, no de edad) lo hubieran hecho prisionero, o nomás lo encontráramos herido.

Al sentir que yo también camino con ellos, llegaron a los llanos de Jaltepec donde se encontraron con gente que habían ido al tianguis de Almoloya. Juan pregunto si se podría pasar hasta Temascaltepec porque ahí tenía a un hijo con su familia, y le habían dicho que hubo guerra, y que los federales habían tomado a Temascaltepec.

Un individuo le dijo que sí hubo guerra y que había dejado heridos, pero de la toma de Temascaltepec, nada sabía.

Al seguir su viaje y llegar a Texcaltitlán otra persona más informada le dijo:

—De los pronunciados murieron siete. Heridos traen varios; y de Temascaltepec, murieron tres.

—Pues qué, ¿salieron los de allí o los otros entraron?

—Ni los de allí —me respondió— salieron ni los otros entraron, pero las balas de los de afuera, entraron por las claraboyas, y murió don Esteban Ríos, don Felipe Berrueta y el Sargento Salinas.

—¿Y no sabe usted de otro?

—No, me lo hubiera dicho un amigo que está al tanto de lo que pasó.

Con esta noticia, los corazones de Juan y su hija se alumbraron con mucha esperanza. Manuel vivía. Al llegar a Almoloya menos desesperados, decidieron comer algo pues iban en ayunas.

Ninguno de los dos tenía hambre, pero ambos aceptaron comer porque les preocupaba que el otro se alimentara.

Las horas marcharon con ellos hasta llegar a Texcaltitlán, al atardecer, donde Juan propuso que pasaran la noche. Ella le respondió:

—No padre, aunque ande yo de espaldas en la bajada en la noche y aunque llueva no nos hemos de quedar en Texcaltitlán.

—En ese caso, vamos pasando por el pueblo, ahí tengo amigos. Conseguiré un farol de vidrio, compraré velas, cerillos, ocote y tejamanil; no hay luna y en oscuras no hemos de andar exponiéndonos a una caída.

—Eso sí haremos —respondió Josefa.

Pasaron al pueblo y al entrar a la tienda de un conocido Juan pidió por un farol. Su amigo comerciante le dijo que no creía que los hubiera en el pueblo. Ni siquiera él tenía uno.

—Pues deme tanto, de cerillos (ya comercializados), velas, ocote. Y ¿me proporcionará tejamanil? Si es viejo, mejor.

Cuando Juan atendía sus pedidos, Josefa le exclamó:

—¡Padre!, Ahí pasa don Simón Díaz.

Don Simón Díaz, paisano y buen amigo de Juan, entró a la tienda donde Juan y su hija se encontraban. Después de un cordial saludo, Juan preguntó sobre su hijo Manuel. Don Simón le respondió:

—No caminen con la noche. Manuel esta sin novedad.

Entusiasmada, Josefa le preguntó a don Simón:

—¿Cómo lo sabe?

—Porque lo he visto bueno y sano, aunque no le hablé.

—¿Pues qué vestido tiene?

—Una gorra alemana, usada, un pantalón rayado, en pechos de camisa, y ésta es de indiana color de rosa.

—Esto es cierto, padre —me dijo mi hija—; pues ahora con mas razón nos pasamos, porque con esta noticia tenemos gusto y fuerzas para andar. —Y les dijo don Simón:

—La verdad, Manuel aquí está en el pueblo. Se ha venido con nosotros, es soldado.

Probablemente fue Josefa quien exclamó: —¡Bendito sea Dios y alabado!, porque al transcurrir esta conversación, Juan estaba en estado de incredibilidad preguntándose, diciéndose y contestándose; “¿Qué lo que me pasa es un sueño? ¿Qué me habré vuelto loco? ¿No estaré en mis sentidos cabales?” No. Lo que me pasó en Zacualpan en esta mañana, lo que me dijeron fue falso; lo que me dice don Simón es cierto. Me dice que aquí está”.

Josefa expresó deseos de hablar o por lo menos ver a Manuel. Al pasar un oficial cerca de ellos, don Simón le preguntó que si conocía a Manuel Castañeda y en cuál cuartel se encontraba. El oficial apuntó hacia una pieza alta que estaba frente de ellos.

Josefa, entusiasmada, inmediatamente quiso verlo, pero don Simón le dijo:

—No niña, no conviene que tú vayas al cuartel.

Sin hacer caso de lo que don Simón advertía, Josefa agarró a su padre del brazo y con violencia y propósito se dirigieron al cuartel, donde preguntaron:

—¿Está por ahí Manuel Castañeda

—Aquí estoy, ¿quién me busca?

—¡Yo y mi padre, hermanito!, —le respondió Josefa

Sólo nos queda imaginar este reencuentro porque Juan no lo describe; simplemente alude al ánimo sereno y relajado de Manuel, cuyo primer comentario fue qué tan buen rifle tenía y cómo lo limpiaba. Al igual mencionó que tenía hambre y quería comer. Como genios de una lámpara mágica su padre y hermana le consiguieron la cena.

Durante la comida, Manuel explicó como llegó a ser del partido que estaba contra las fuerzas del Gobierno de Santa Anna. Los pronunciados llegaron a Temascaltepec, armaron a los vecinos, entre ellos estaba Manuel.

A diferencia de Manuel, entusiasmado por sus ideas revolucionarias, Juan tenía otras. La primera y más inmediata era extraerlo de las fuerzas militares para que no se sumara a la estadística de los muertos.

Lo primero que hizo fue ir a Temascaltepec por Josefa Jaimes, esposa de Manuel y a dejar a su hija Josefa con el padrino de su esposa Gabina.

Es preciso que haga una digresión para referirme al matrimonio del hijo mayor de Juan.

Josefa Jaimes, esposa de Manuel, era descendiente de irlandeses. Originalmente suponía que Manuel y Josefa contrajeron matrimonio en el año de 1860, pero ahora sé que Manuel, mi tatarabuelo nació en 1838, trabajaba como administrador de rentas en Temascaltepec en 1859 y ya tenía un hijo como de un año. Luego, deduzco que en realidad; Manuel y Josefa contrajeron matrimonio entre 1856 y 1857, cuando Manuel tendría dieciocho o diecinueve años. Hasta mayo de 2015 no he encontrado acta de nacimiento de Josefa Jaimes.

Si Manuel trabajaba y vivía con su familia en Temascaltepec, existe la posibilidad de que haya contraído matrimonio en esa localidad, donde los registros eclesiásticos se perdieron en la quema que los zapatistas hicieron durante la Revolución. Este hecho explica mi dificultad para encontrar su acta de matrimonio.

También ignoro el lugar y fecha de defunción de Manuel; sólo sé que Josefa permaneció viuda hasta que falleció en Zacualpan el 8 de abril 1903. El registro correspondiente dice que tenía cincuenta y tres, dato del que desconfío porque las actas fundadas en declaraciones de terceras personas en esos tiempos contenían errores de diferentes tipos, especialmente cronológicos. Si mi tatarabuela nació hacia 1840 y falleció a la edad de sesenta y cuatro, calculo que tendría dieciséis a diecisiete años cuando se casó con Manuel, edad propia para que una doncella contrajera matrimonio durante esa época.

Licenciado Amador Castañeda Jaimes 1902.  Foto cortesía Elena Laura Castañeda Islas

Licenciado Amador Castañeda Jaimes, nieto de Juan Castañeda,  1902. Foto cortesía Elena Laura Castañeda Islas

Dedicatoria Licenciado Amador Castañeda Jaimes, nieto de Juan Castañeda a su madre Josefa Jaimes septiembre 1902. Foto Cortesía Elena Laura Castañeda Islas.

Un dato interesante es que Manuel Castañeda, mi tatarabuelo paterno, fue medio hermano —aunque treinta años mayor— del doctor Gonzalo Castañeda Escobar. Este parentesco explica por qué el Doctor Gonzalo Castañeda Escobar fue tío del licenciado Amador Castañeda Jaimes, gobernador interino del Estado de Hidalgo en 1912, aunque ambos tenían casi la misma edad. Amador Castañeda fue hijo de Manuel Castañeda y Josefa Jaimes.

En 1902 el licenciado Amador Castañeda le envió una foto a su madre Josefa fechada ese mismo año, y los registros después de 1903 reconocen a Josefa ya difunta.

En sus memorias, Juan no mencionó que hubiera llevado consigo a Josefa, su nuera, pero sí que regresó por Texcaltitlán. Esta vez viajó con Josefa y con Romana, otra de las hijas de su primer matrimonio[3] quien entonces tenía trece años de edad.

Verifica la edad de Romana el siguiente episodio que Juan cuenta:

Cuando volví a Texcaltitlán con Josefa y mi hija Romana, ya la tropa se había ido a Sultepec, en la mañana de ese día. Luego nos pasamos en seguimiento de ella. En el punto nombrado la Boca del Viento se había quedado atrás Romana, y como gritaba una chachalaca tan fuertemente, y mi hija no las había oído gritar ni las conocía, ni sabía que existían tales aves, se espantó, y me grito:

—¡Padre!

Me volví a encontrarla y le pregunte qué sucedía, y me respondió:

—¿Qué no oye usted?

—No te espantes, en una chachalaca. ¿Tú qué pensabas que era?

—Yo pensé que era el diablo.

Nos reímos algo por la respuesta.

Al llegar a Sultepec Juan pidió a unas señoras alojamiento para sus hijas. No le negaron el favor, y con ese alivio, procedió en busca del general Santiago Tapia para suplicarle que le volviera su hijo Manuel pues en Texcaltitlán ya les habían ofrecido entregarlo a don Simón y a él, una vez que hubiera quien lo reemplazara.

No lo encontró donde se alojaba, pero al volver con sus hijas, María Josefa le preguntó:

—¿Usted no encontró al general?, yo hasta ya le hablé.

—¿Y lo paraste en la calle? Qué mal has hecho.

Josefa respondió que el general no era un déspota y que le dijo que les iba entregar a Manuel porque lo que prometía, lo cumplía.

Al siguiente día Juan buscó nuevamente al general. Le permitieron entrar a una pieza donde descansaba acostado. En esa situación, informal y relajada, Juan sentado y el General, acostado, hablaron sobre varios asuntos.

Pienso que el general interrogó a Juan con preguntas estratégicas sobre cómo la gente de ciertos pueblos visitaba a otros, para discernir la relación entre quienes eran liberales y quienes eran reaccionarios. Juan respondió al General todo lo que le preguntaba y ni siquiera tuvo que preguntar acerca de la liberación de su hijo Manuel.

Una vez más Juan regresó al siguiente día determinado a preguntarle sobre el asunto de su hijo y el siguiente intercambio ocurre entre Juan y el general Tapia:

Le dije que Manuel no era posible fuese soldado, que tenía madre y que la apreciaba como todo buen hijo. Era casado y no hacia mucho tiempo: y que si se había presentado a las filas de los liberales, era por el mucho entusiasmo que tenía en favor de la causa que defendían, y que prueba de ella era que [a] los reaccionarios les había tirado en la cara el fusil que le habían confiado. Tampoco había hecho caso perder su destino que tenía en la Administración de rentas de Temascaltepec, teniendo familia; por dos hombres.

Sobre esta presentación el general Tapia me pregunto y respondió:

—¿Por qué?

—Porque en los contrarios hay uno menor, y en los de usted uno más.

—Ojalá, señor, y así fueran siquiera cincuenta —positivamente fue su respuesta—. Pues mire usted, ya le oí a usted; ahora óigame usted. Déjemelo usted, lo veo contento, escribe bien, ha simpatizado con mis ayudantes, y Vesco lo ocupa en escribir. No le paga lo que debiera pagarle, porque los pronunciados estamos pobres. Cuando tenemos consideración a Manuel se le pasan dos y medio reales, mientras a mis soldados los conformo con uno y medio reales. Vesco (un ayudante) lo considera bien, duermen en una pieza, le ha regalado una grande zalea; tiene libertad para pasear, cuando no haya que escribir, y mis soldados todos quedan encuartelados. Déjemelo usted, puede hacer carrera, y pronto la causa que defendemos estoy seguro ha de triunfar. Ahora, si antes llega la muerte, ésta llega al soldado y al que no lo es.

Juan nos dice que durante las conversaciones que tuvo con el general Tapia, él le daba entender que tenía negocio en Taxco, pero Juan se hacia el desentendido. hasta que llegó el momento en que Juan le preguntó directamente:

—Señor General, dos veces me ha preguntado usted sobre si habrá un conducto para Taxco, eso me hace entender tener usted un negocio allí. Entrégueme a mi hijo y mande lo que guste, iré a Taxco. Positivamente tengo un negocio.

—Si usted tiene disposición de ir, venga usted a verme a las doce para entregarle una carta.

Juan regresó más tarde y el general Tapia le entregó una carta y le preguntó cuando regresaría con una respuesta. Juan le dijo:

—Dentro de ocho días.

—Pues bien, vuelva usted y le entregaré a Manuel.

Con adrenalina corriendo por sus venas Juan se puso de pie y con un saludo militar le dijo a Tapia:

—Señor general: Soy muy hombre y cuente con mi palabra, tengo honor y poseo la delicadeza. Solo que muera yo no volveré.

—Pues entonces tome este peso, los liberales estamos pobres, por eso no le doy más. Tenga cuidado.

La carta del general Tapia era para el general Peña.

Por lo que Juan narra en sus memorias se deduce la confianza que le inspiró al general Tapia, quien le regresó a su hijo Manuel antes de que cumpliera la promesa de entregar la carta. Juan dice “Llegamos a Zacualpan muy contentos y con razón: venía Manuel con nosotros”.

Al volver a Zacualpan Juan supo que la carta que Manuel le había enviado y que embargaron en Malinaltenango llegó cuando apenas habían andado tres leguas. Allí Manuel le contaba que había fallecido su hijo, el primer nieto de Juan. También supo que a su tío Marcelo lo reprendió su esposa por haberse precipitado en darle la infundada noticia de que Manuel había muerto.

Juan recibió visitas, a quienes les narró las aventuras y riesgos que él, su hija y sus familiares vivieron en el proceso de des enlistar a Manuel de la lucha armada. Allí lo enteraron de que Vitelo, un caudillo con fama de asesino, controlaba Taxco. Contra el consejo de varios familiares de que no viajara a Taxco a entregar la carta de la que era portador, Juan respondió que cumpliría con su promesa topara lo que topara.

Gabina le preguntó:

—¿Cuál es tu plan?

—Mañana saldremos de Tetipac para Taxco con mi canasta de mercería con el propósito de ir a pedirle al general Peña por un documento que me permita pasar con mi mercancía sin ser molestado a Iguala y otros pueblos.

Esto ocurrió probablemente en el segundo semestre de 1859. Para este entonces ya había nacido Feliz Bernardino, primogénito de Juan y Gabina.

Juan, con su canasta de mercería, llevando a su esposa Gabina montada en una yegua, quien cargaba a una criatura (Bernardino), salió de Zacualpan con el propósito de cumplir su promesa.

Al llegar a Tetipac notaron que Bernardino tenía calentura, motivo por la cual Gabina se quedó con sus familiares. Juan procedió a solas.

En su camino debió responder muchas preguntas, tales como: ¿De que partido es usted?, ¿A que viene y cual es su propósito? Siguiendo al pie de la letra el plan que había concebido, Juan fue consistente en sus respuestas: buscaba al señor general para pedirle un salvoconducto.

Finalmente llegó a la casa del general Peña, lo saludó, puso su canasta en el suelo y empezó a ofrecer su mercancía.

En medio de su actividad comercial, Juan deslizó la carta del general Tapia entre las páginas de un calendario del Negrito Poeta y se la ofreció al general Peña, quien entendió el ardid y se guardó la carta. Ante la presencia de terceros, el General le compró “algunas frioleras” y en lenguaje clandestino dijo a Juan que regresara a las dos de la tarde porque seguramente las señoras quisieran comprarle tijeras o agujas de las que ofrecía en venta.

Juan se presentó puntualmente a la cita. El general Peña lo recibió a solas y le entregó una carta de respuesta para el general Tapia. Aparte de unos detalles para asegurar su regreso, el negocio entre Juan y el general Peña había concluido.

Juan se reunió con su esposa en Tetipac. Bernardino había mejorado y al día siguiente regresaron a Zacualpan, de donde Juan partió camino a Sultepec.

En Sultepec, desde los altos de una casa, el general Tapia lo reconoció y lo llamó con aplausos.

—Mucho cuidado ha tenido por el tiempo que ha dilatado usted para volver.

—¿No dije a usted que solo que yo muriera no volvería?

—Si; pero mi cuidado ha sido no porque desconfiaba que no volvería, si no porque pensaba que no le hubiera sucedido alguna desgracia. Conque no la tuvo usted; viene usted con bien.

—Sí señor —le respondí—, no la tuve.

—Siéntese usted —me dijo, y comenzó a darle lectura a su carta, y cuando concluyo, me dio las gracias, y me encargó que cuando lo volviera a ver, en cualquier lugar, y aunque estuviera con personas de cualquiera clase que fueran, que le hablara, que no tuviera ninguna vergüenza de hablarle; que él apreciaba a las personas por su carácter [y] honradez, aunque sean pobres y no por que las acompañe la fortuna. Que desde la primera visita que tuve con él, le había yo simpatizado; y que cuando llegara la vez que nos volviéramos a ver, que era probable no me conociera; pero con que le dijera mi nombre y que era el padre de Manuel Castañeda, con eso bastaba, pues a Manuel, como lo había acompañado, lo conocía perfectamente.

Sacó de la bolsa dos pesos y me los dio, diciéndome.

—Esto es nomás para mostrarle mi gratitud, no es lo que vale el servicio que ha prestado a la justa causa que defendemos. Ese servicio vale mucho más; pero andamos muy pobres.

—Ahora, señor General, suplico a usted que haga otro nuevo favor, y es que mande usted un documento en que se sirva usted ordenar que a mi hijo Manuel no sea molestado por algún jefe de los liberales, creyendo que ha sido desertado, pues puede suceder que haya quien por tal, lo denunciare.

—Sí, con mucho gusto —me respondió, y mandó escribir un documento dictado por él, en que a los de su mando ordenaba, y a los que no estaban bajo sus órdenes suplicando que ni a Manuel ni a su padre Juan fueran molestados, que habían prestado servicios de consideración a la causa que defendían ellos.

Continuará…

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición Rafael Rodríguez Castañeda


[1] Aquellos que pronunciaron en favor del Plan de Ayutla

[2] Manuel Castañeda fue mi tatarabuelo.

[3]. La partida matrimonial del Dr. Reynaldo Escobar Castañeda con Guillermina Aldasoro dice que sus padres fueron Juan Escobar y Romana Castañeda. El Dr. Reynaldo Escobar Castañeda fue sobrino del Dr. Gonzalo Castañeda Escobar porque Romana fue media hermana de Gonzalo veintidós años mayor.  Por otra parte, una persona llamada Juan Escobar fue testigo en el Registro Civil de nacimiento del Dr. Gonzalo Castañeda Escobar.

Don Juan Francisco Castañeda Popoca (1816-1898), Parte II

Continuación.

“El infrascrito cura hace notar que el oficio de Juan es escribiente…”[1]

Cuando don Juan se sentó a escribir sus memorias, a avanzada edad, seguramente su agudeza visual había menguado, y debido a la artritis, sus manos acusaban limitaciones de movimiento, pues igual que su padre, trabajó con minerales y metales por muchos años.

Considerando estas limitantes y a sabiendas de que es imposible micro detallar cada fecha, lugar y persona, observo que involuntariamente en sus recuerdos, don Juan omitió la cronología así como muchos detalles. Aun así, dejó valiosísima información para que un descendiente interesado contara con una plataforma desde donde lanzar investigaciones para saber más sobre sus ancestros.

Juan entre los 18 y 20 años

Lo que relata mi re tatarabuelo sobre su vida en ciertas ocasiones, no es muy diferente que a la mía: Recién casado, acompañaba a mi esposa a la lavandería. Ella juntaba la ropa, el jabón y el blanqueador, y yo los metía en la cajuela del carro. Íbamos a la lavandería con suficientes pesetas para no quedar cortos al usar las máquinas de lavar y secar. Eran los años de 1970-72, y todavía no había llegado la cigüeña. Mientras la ropa se lavaba y secaba, yo me entretenía con un libro o iba a comprar algo para que comiéramos, mientras ella atendía el proceso de la lava y seca.

Juan menciona que una vez él y su esposa Jesús fueron a lavar al río que corre al lado del barrio de Santiago. Aunque no menciona la temporada, por la manera en que explica los detalles, pienso que fue poco después de que contrajeron matrimonio, y antes de que empezaran a procrear.

La Poza ahora conocida como La Tambora, vista rio arriba y principio de El Salto por caer diez a doce metros. Foto cortesía Rafael Rodríguez Castañeda

Nos dice que llegaron al rio donde existe una poza[2] como a diez o doce metros de un salto de agua, llamado precisamente El Salto.

Conforme ella empezó a lavar, él se desnudó y saltó a la poza. Se sambutía, nadaba, maromeaba y seguramente se echaba sus buenos clavados. Naturalmente, después de tanto jugar y casi desfalleciendo, con poca fuerza le pidió a [María de] Jesús[3] una sábana para recostarse. Todo muy bien para un joven lleno de vitalidad y energía, ajeno a las preocupaciones domésticas, pero no para un jovencita de dieciséis a dieciocho años, quien creía en los espantos.

María de Jesús descendía de una familia humilde y supersticiosa, con temores a lo sobrenatural. Creía en duendes, fantasmas y cualquier otro mal o forma de espanto que pudiera salir del sobaco del demonio.

Cuando vio a su joven marido exhausto y jadeante se afligió mucho, temiendo lo peor: pensaba que el duende que vivía en la poza había salido azotar a su esposo.

Al verla tan afligida por él y casi en lágrimas, Juan se dejó ayudar para tenderse a la sombra. La preocupación de María de Jesús era tal que no acabó de lavar la ropa. Después de un buen descanso volvieron a casa, donde ella preparó una comida que debido a su agotamiento, Juan dejó de lado hasta que se recuperó.

Aun hoy hay vecinos del barrio de Santiago que afirman haber visto u oído al duende que sale de esa poza y otras más que existen en ese río, no obstante, Juan siempre descreyó de lo súper natural y de las brujerías que atemorizaban a sus familiares y vecinos durante esos tiempos.

https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2012/10/26/los-duendes-de-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

Juan a los veinte años de edad

A partir de lo que don Juan escribió sobre su primera familia, infiero que solamente tuvo tres hijos con María De Jesús. Pero —¡sorpresa!—: llegué a enterarme que tuvieron ocho en total. La iglesia de La Inmaculada Concepción fue incendiada por los liberales en 1859, pero en los registros que sobrevivieron al fuego encontré en https://familysearch.org/ las actas de bautizo pertenecientes a cada uno de ellos. ¡Qué fortuna!

Antes de revelar la información sobre los ocho primeros hijos, es importante aclarar que María De Jesús es reconocida por la iglesia en las actas de matrimonio con Juan, como hija de “padres no conocidos”. Este detalle es muy importante porque los apellidos paternos y maternos definen el linaje.

En el caso de María De Jesús, fue laborioso descifrar que fue madre de los ocho hijos que tuvo con Juan. Puedo asegurar que fueron ocho los hijos legítimos de Juan y María de Jesús fundado en las siguientes consideraciones:

1. Estamos hablando de hace dos siglos, y, aunque fueron muchos los párrocos que asentaron actas en la iglesia de La Inmaculada Concepción, sus múltiples obligaciones los afectaban por igual, lo que con frecuencia les impedía escribir las actas completas al instante del bautizo. Así se explica que cometieran numerosos errores en las entradas por imprecisiones de la memoria.

2. Supongo con firmeza que María De Jesus nunca estuvo presente durante el bautizo de sus hijos, y que si estuvo no se preocupó en que las partidas la identificaran propiamente. Todos sus hijos fueron bautizados no más de dos días después de haber nacido y es probable que con tan poco tiempo después del parto no haya estado en condiciones de asistir a la iglesia. También existe el caso de que Juan o la misma partera envolvieran al infante, comprometieran a los padrinos o que en la iglesia pidieran el bautizo a cualquiera de los párrocos presentes. En esos tiempos de tan alta mortandad infantil era imperativo administrar el sacramento del bautizo lo antes posible.

3. Unas actas registran a María con el apellido Ríos; otras la apellidan Ronces, y en varios casos consignan su nombre sin apellido. A diferencia de Ronces, Ríos no es un apellido común en el barrio de Santiago. Por esa asociación, pienso que los párrocos de la iglesia preferían utilizar Ronces, sobre todo si conocían a las familias del barrio. Lo que consta de manera regular es que los padres de ambos eran de la cuadrilla de Santiago, y durante la temporada en que procrearon hijos no hay otros contemporáneos con los mismos nombres de Juan Castañeda y María De Jesús Ronces dentro de la cuadrilla de Santiago. Surgen homónimos después del año 1860. Para ese entonces María ya había fallecido.

4. Juan Y María contrajeron matrimonio en 1834 y después de que el primogénito nació en 1836, los demás hijos nacieron en 1838, 1840, 1842, 1846, 1849, 1852 y 1855. Hubo por lo menos dos años entre cada hijo.

5. En su manuscrito Juan nos deja saber que tuvo por compadre a una persona llamada José Antonio Romero. Dos actas de bautizo nos dicen que fue padrino de sendos hijos.

6. Una de las hijas es nombrada Sixta. Este detalle es muy importante porque ella fue la sexta hija que nació en 1849.

Estas observaciones y otras más que mencionaré al anotar el nombre de cada hijo serán más que suficiente para substanciar que estos ocho hijos son en realidad de Juan y María. Los hijos son:

José Pablo Maximino: Es bautizado por el infrascrito cura José Julián Villegas en la Parroquia de Santa María Zacualpan el miércoles, 8 de junio 1836, a un día de nacido, hijo legitimo de Juan Castañeda y María De Jesús (apellido paterno no incluido). Los padrinos fueron Urbano Reynoso y Antonia Loria.

José Manuel Ascensión: Es bautizado por el fray Anastasio Delgado en la Parroquia de Santa María Zacualpan el viernes, 24 mayo 1838 a dos días de nacido, hijo legitimo de Juan Castañeda y María De Jesús Ronces. El padrino fue Don Ignacio Díaz.

José Manuel se casó con Josefa Jaimes circa 1858, de ascendencia irlandesa y originaria de Temascaltepec. Hay registros bautismales que indican el nacimiento del primer hijo de la pareja en 1860, a quien nombró Félix Andrés. Félix falleció durante la infancia. Después nacieron Manuel (hijo) 1866, Justiniano 1869, Amador 1871 y Víctor 1873. Por linaje paterno, Manuel (padre) es mi tatarabuelo.

Conforme mis investigaciones y corazonadas, soy del pensamiento de que mucha información sobre Manuel y Josefa debería de estar en los registros de la iglesia de Temascaltepec, pero se me informó recientemente que los registros eclesiásticos fueron quemados por tropas zapatistas durante la Revolución.

En su manuscrito, Juan demuestra el cariño de un padre por su hijo, cuando lo extrae de las fuerzas liberales gracias a sus gestiones ante el general Tapia durante las batallas de Ayutla.

María Josefa Bonifacia: Es bautizada por el cura Luis G. Suárez en la Parroquia de Santa María, Zacualpan el jueves, 5 de junio 1840 a un día de nacida, hija legitima de Juan Castañeda y María de Jesús Ríos, vecinos de Santiago. Los padrinos fueron Mariano Popoca y Guadalupe Gómez.

María Josefa acompañó a su padre Juan en la localización y rescate de su hijo Manuel. Aunque era menor que Manuel, por cariño se refería a él como su “hermanito”. María Josefa contrajo matrimonio con Pragedis Díaz el 8 de abril 1860.

Juan menciona al cura Luis G. Suarez en varias ocasiones durante sus memorias.

José Antonio De Jesús Esteban: Es bautizado por el cura Luis G. Suárez en la parroquia de Santa María, Zacualpan, el viernes 2 de septiembre 1842 a dos días de nacido, hijo legitimo de Juan Castañeda y Jesús Ronces, vecinos de Santiago. Los padrinos fueron Don José Antonio Romero y Doña Rita Gai___ (apellido ilegible).

En su manuscrito Juan detalla que tuvo un compadre a quien llamaba don José Antonio Romero. Con esta acta de bautizo y otra posterior se confirma que don José apadrinó a dos de sus hijos.

José Antonio falleció en 30 de junio 1844, y el acta de defunción de la Parroquia de Santa María de Zacualpan, suscrita por el licenciado Rafael Zavala, nos dice que se mandó dar sepultura a este niño al campo mortuorio, hijo legítimo de Juan Castañeda y Jesús Ronces.

Antonia Ramona: Es bautizada por el Licenciado Rafael Zavala en la Parroquia del Mineral de Zacualpan el sábado 28 de febrero 1846, hija legítima de Juan Castañeda y Jesús Ronces. Ambos de la cuadrilla de Santiago. El padrino fue Felipe Suárez.

El caso de Ramona es muy interesante porque en un par de ocasiones Juan menciona tener una hija llamada Romana. La edad de esta hija coincide con la edad de Antonia Ramona. Estoy seguro que Romana y Ramona son la misma persona e hija de Juan y María. Siendo humanos, los párrocos de la iglesia cometían errores y supongo que a la hora de asentar los nombres, anotó Ramona y no Romana.

Otro dato interesante es que dentro de la familia, ni los familiares más cercanos tienen datos para explicar cómo es que el Dr. Reynaldo Escobar Castañeda era sobrino del Dr. Gonzalo Castañeda Escobar. Romana y el Dr. Gonzalo fueron medios hermanos por parte de padre, hijos, respectivamente, de dos matrimonios de Juan Castañeda. Entre uno y otro hay una diferencia de veintidós años. Romana nació en 1846 y Gonzalo en 1868. Ambos Doctores nacieron en Temascaltepec, Edo. De México. Hace poco, encontré la información matrimonial de Reynaldo Escobar Castañeda. El acta dice que sus padres fueron Juan Escobar y Romana Castañeda. Interesado en saber más sobre Romana y la relación familiar entre estos dos doctores, no abandonaré mis búsquedas.

María Sista: Es bautizada por el Licenciado Rafael Zavala el jueves 29 de marzo 1849 a dos días de nacida, hija legitima de Juan Castañeda y María Ronces. Los padrinos fueron Felipe Suárez y María López Cárdenas.

La coincidencia de que ésta, la sexta hija, fuera llamada Sixta, refuerza la idea de que María, de padres no conocidos, así se apellide Ríos y Ronces, es la misma.

María Antonia Quirina Trinidad: Es bautizada por el infrascrito cura Luis Huerta en la Parroquia del Mineral de Zacualpan, el viernes 4 de junio 1852 a dos días de nacida, hija legitima de don Juan Castañeda y Doña Jesús Ronces. Los padrinos fueron don José Antonio Romero y Doña María Montoya.

Niño sin nombre: En el curato del Mineral de Zacualpan y en 23 de agosto 1855, el cura Agustín Gómez mandó dar sepultura a un niño mal nacido que fue bautizado en caso de necesidad. Hijo legitimo de don Juan Castañeda y doña Jesús Ríos, vecinos de Santiago.

Nota de fallecimiento: En esta partida consta que mi re tatarabuela, María De Jesús Ríos, fallece de Hidropesía el mismo día que su hijo sin nombre. El cura Agustín Gómez mandó darle sepultura en el campo santo de la Parroquia del Mineral de Zacualpan. ¿Los habrán enterrado juntos?

Ignoro la cantidad de hijos que vivían cuando Juan Castañeda quedó viudo a los 39 años, pero si considero que solamente dos habían fallecido hacia el año de 1855, entonces las edades de los restantes deberían de ser entre los tres y diecinueve años de edad.

Con la muerte de madre e hijo concluye la progenie que Juan Castañeda tuvo con su primera esposa cuando él tenía veinte años de edad.

Juan a los 21 años de edad

Después de haber sido abuelo por primera vez, Alejandro Marcos De Castañeda De Gama, padre de Juan, y quinto abuelo mío por línea paterna, falleció de dolores de cascado [4] el 27 de octubre 1837, dejando viuda a María Antonia Josefa Popoca Sáez.  https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2014/09/16/los-padrones-de-la-inmaculada-concepcion-1834-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

Juan a los 22 años de edad y dos espantos en 1838

Me acuerdo del día en que mi padre me dijo: “No tengas miedo de los muertos, tenlo de los vivos”. La posibilidad existe que ese pensamiento, junto con mis propias experiencias, fundó mi propia base de creer solamente en lo físico y no lo metafísico.

A la media noche de un día, Juan se había separado de un baile que hubo en el barrio de la Veracruz [5] , y como yo lo hubiera hecho, estoy seguro que él habrá consumido unas que otras copitas de tequila o vasos de pulque [6] . En camino a su casa, pasó por una huerta donde vio a lo que él se refiere como un perro “prieto y lanudo” de quien no hizo caso. Al no ponerle atención a este busca huesos, el pensó que si otra persona lo hubiera visto, seguramente hubieran pensado que el diablo los había visitado.

En ese momento oyó el sonido de cadenas. Mientras el trataba de discernir el origen, el ruido del metal se repetía, lo que aumentaba el suspenso y lo obligaba a voltear por todos lados.¿De veras existe el diablo —se preguntó—, o será un preso que se fugó de la cárcel?, al cual, si lo ayudo, entonces seré culpable de su escape.

A solas en la oscuridad, con un perro y un fugitivo cercanos y el diablo en mente, Juan empezó a temblar. Decidido a afrontar lo que fuera, cogió una piedra y con valor se la lanzó al perro que se escondía. El ruido de las cadenas se alejó conforme el perro corría.

Los nervios se le calmaron al comprender que el perro de don Juan Gallegos andaba suelto con todo y cadena, pero el susto fue inolvidable.

Durante otra noche de 1838, hacia la una de la mañana Juan caminaba bajo un cielo nublado y sin luna hacia la Hacienda San José, donde trabajaba como azoguero a las órdenes de Roque Díaz.

Al pasar por El Socavón del agua, sitio a la entrada de Zacualpan, vio un bulto blanquisco, del tamaño de un hombre, algo retrasado de su camino. Juan se agachó y entrecerró los ojos en un esfuerzo por identificar esa anomalía. Se convenció de que era un hombre que blandía una espada o bordón.

Foto cazahuate latente cortesía imágenes Google.

Al estar cerca decidió saludarlo, pero el ente no le respondió. Juan pensó que tal vez el acto de mala educación era de un Don Juan, atento a sus negocios amorosos. También era posible que fuera un abigeo, y como él tenía caballos y vacas, lo mejor era identificarlo y caer sobre el individuo, si alguno de sus animales le faltaba.

Consciente de que estaba armado de un machete, en el afán de identificarlo caminó hacia él y con calor le pregunto: —Amigo; ¿tiene usted lumbre para fumarnos un cigarro? —El desconocido se quedó callado, Juan pensó que se estaba burlando de él. Ofendido, lo acometió con el machete, frente a frente, pero lo que tomó por un hombre era en realidad un tronco seco de cazahuate, blanco por un lado, y lo que creyó una espada era un varejón desprendido que el mecía el viento.  http://es.wikipedia.org/wiki/Ipomoea_arborescens

En nuestro cómodo presente, no consideramos el futuro y olvidamos el pasado. Nos cuesta trabajo imaginar el entorno y el ambiente en que ocurrieron episodios como éste. ¿Cómo nos comportaríamos en la soledad de lo oscuro, a la una de la mañana, a pie y en camino hacia el trabajo donde cada silueta vegetal tiende a tomar forma de espectro?

Otro espanto en 1843 a los 27 años de edad

Después de asistir a la boda de su hermano Felipe Neri, quien se casó con María Dolores Morales Nájera en Taxco de Alarcón, Guerrero, Juan y su esposa María De Jesús regresaban a caballo hacia Zacualpan.

Acta matrimonial Felipe Castañeda con Dolores Morales, Taxco, Guerrero, México, 27 febrero 1843. Juan Castañeda fue padrino.  Cortesía http://familysearch.org/

El caballo que montaba la tumbó, y María de Jesús decidió seguir el viaje a pie. Sin ser los únicos que hacían ese viaje, se rezagaron del resto. Les oscureció en el camino y como a las nueve de la noche, al pasar cerca de la Hacienda de San Juan, María voltea y le dice a Juan:

──Juan, oigo pasos detrás de mí.

── No es nada ──le respondió Juan.

──Los oigo perfectamente, ¿Qué, no los oyes?

──No, ¡no oigo nada!

──No has de oír, porque vienen detrás de mí. Tengo mucho miedo.

Juan le sugirió que se adelantara. Al caminar delante de él, ella dijo que entonces los pasos venían detrás de él. Juan le respondió que había quedado temerosa y espantada tras caer del caballo, pero María no se tranquilizaba y empezó a llorar.

──Vamos rezando mientras caminamos y verás que los pasos no vendrán más detrás de ti —le dijo Juan.

Al cruzar por el barrio de Memetla, María le dijo:

──Juan, los pasos que venían detrás de mí y después en frente, cuando te pasé, eran los golpes que daban las suelas descocidas de tus zapatos, que daban un segundo golpe cada vez que dabas un paso.

¡Qué momento tan angustioso para los dos!

Una vez superada la tensión se empezaron a reír con mucha gana. En medio de las carcajadas, Juan reconoció que empezaba a creer en los duendes, y que la vio tan afligida que hasta se puso a rezar, sin estar en la iglesia.

Ricardo Castañeda

Edición Rafael Rodríguez Castañeda

Continuará…


[1]. https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-13735-51011-92?cc=1837908&wc=MGLC-PTL:166998101,166998102,169037001

[2]. Ahora conocida como la tambora.

[3]. En sus memorias, Juan la llama simplemente ‘Jesús’.

[4] Significa enfermedad profesional asociada con el polvo respirado por los mineros.

[5] El barrio de la Veracruz es parte del municipio de Zacualpan como lo es el barrio de Santiago.

[6] Una bebida alcohólica original a México, poco gruesa y dulce hecha del jugo del agave o maguey. El pulque era una bebida sagrada que era ofrecida por los Aztecas a sus dioses.

José Nicolás De Castañeda (n.____, m.1786)

La metáfora del árbol

Uno de los recursos más afortunados con que contamos para ilustrar y entender pensamientos complejos, como la realidad que representa un conjunto familiar que interrelaciona personas de diferentes generaciones (padres, hermanos, tíos, primos, abuelos, hijos, sobrinos, nietos y ramificaciones ascendentes y descendentes aun más complicadas) consiste en comparar la genealogía con el árbol.

De esa manera, la complejidad de la realidad familiar se expresa por medio de un concepto diferente pero fácil de comprender. Hablar de ramas familiares para representar los nexos entre quienes son parientes consanguíneos guarda un relación de semejanza que todo el mundo entiende.

Sin embargo, subsiste siempre la interrogante de lo que no conocemos, que se relaciona con el enigma filosófico: ¿de dónde venimos? Y se pierde en el pasado: nuestros ancestros.

Nuestro recurso provisional consiste en apoyarnos en respuestas relativas: un abuelo o una abuela pueden ser considerados como tronco familiar de sus hijos y sus nietos. Ah, pero cuando llegan los bisnietos, ya no se llaman abuelos, sino bis-abuelos. Ah, pero cuando hablamos de los abuelos que tuvieron los propios abuelos, debemos precisar que se trata de los tatarabuelos o terceros abuelos. Ah, pero entonces el abuelo deja de ser visto como tronco familiar y pasa a considerarse como un ramal mayor que a su vez, proviene de un tronco más grueso y antiguo. En esa línea de pensamiento debemos resignarnos: el tronco familiar, sea por la línea materna o por la paterna, nunca lo descubriremos cabalmente.

Esto último lo digo por mí: sé que nunca llegaré a saber todos los nombres de mis ancestros, que posiblemente estén registrados desde que la pluma marcó el papel la primera vez, pero gracias a la ciencia del YADN, he podido informarme sobre my origen geográfico. https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2013/07/08/y-adn-castaneda-sin-raices-no-hay-ramas/

Igualmente, a través de los resultados de mi Prueba Autosomal ADN[1] me he enterado sobre mi etnicidad, compuesta de origen europeo en 51%, del Nuevo Mundo (indígena) en 34%, asiático del este en 13% y africano en 2%.

 

Tronco familiar

Por ahora, José Nicolás De Castañeda es el tronco común de la rama familiar de los Castañeda a que pertenecemos; el más lejano de quien tenemos noticia. José Nicolás De Castañeda es mi sexto abuelo paterno. Y mi sexta abuela, esposa de este ancestro, es María Antonia De Gama. Ambos, registrados por la iglesia Católica como originarios de la cuadrilla de Santiago del municipio de Zacualpan, Edo. de México.

 

Primera noticia de Nicolás

El 1º de febrero de 2011, cuando comenzamos la investigación genealógica de nuestra familia, mis primos Abraham Cárdenas Castañeda, Jesús Castañeda Téllez Girón y Rafael Rodríguez Castañeda, se reunieron en Pachuca para hacer algunas indagaciones que enriquecieran nuestro precario acervo de datos genealógicos, pero sobre todo, de datos que ampliaran nuestras pistas para futuras investigaciones. Felizmente Jesús poseía la copia de un árbol genealógico que según supimos después, había dibujado Lucrecia Castañeda Castañeda, (n.____, m. ca. 1986), pariente nuestra. Hija de Manuel Castañeda Jaimes y Juana Castañeda Bustos. De aquel conjunto inicial de datos que Jesús había recopilado con la ayuda de Horacio Castañeda, el árbol genalógico, dibujado como árbol botánico, resultó ser el documento más valioso.

Lo conocí inmediatamente después. Rafael me envió adjunto a un mensaje electrónico la ilustración de este árbol, el cual tristemente no registra la fecha en que fue elaborado.

En su correo, Rafael me hizo una llamada de atención: “he aquí algo que seguramente resultará interesante para ti —escribió—: Fuera del árbol, en el ángulo superior izquierdo del pliego aparece un recuadro con la siguiente anotación:

 

Ascendencia:

Nicolás Castañeda

Marcos Castañeda

Juan Castañeda

Manuel Castañeda

Manuel Castañeda Jaimes.

Se trata de los nombres de la línea paterna de la cual descendemos muchos de nosotros. Desde luego, es una rama de los Castañeda a la que pertenezco porque este árbol es representativo de la descendencia de Manuel Castañeda Jaimes (1866-1962), quien fue hermano de José Amador Castañeda Jaimes, mi bisabuelo: https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2013/06/08/licenciado-amador-castaneda-1871-1934-ex-gobernador-interino-de-hidalgo-mexico-1912-3/

Para identificarlo mejor, uso títulos seriales y digo que Manuel es mi “tío bisabuelo”.

Árbol genealógico Manuel Castañeda Jaimes y Juana Castañeda Bustos

Árbol genealógico Manuel Castañeda Jaimes y Juana Castañeda Bustos

Los nombres que están mencionados en ese nicho me han ayudado en dos formas; digamos de ida y vuelta. De ida porque, aparte de Manuel Castañeda Jaimes, los primeros nombres de cada uno de los progenitores son mencionados en orden descendiente hacia el pasado; de vuelta, porque con estos nombres he sido capaz de compulsar y respaldar los hallazgos dentro de todos los registros, civiles y eclesiásticos, que hasta el presente he encontrado.

 

Los Castañeda en Zacualpan

Hasta donde ahora sé, la rama Castañeda de la cual desciendo surge del pueblo de Zacualpan, Edo. de México. Esta rama se remonta por lo menos hasta el año de 1770, año en que Nicolás De Castañeda y su esposa Antonia de Gama empiezan a bautizar a sus hijos legítimos.

La fuente del apellido Castañeda se me empieza a secar cuando busco mayor información dentro de los registros eclesiásticos más allá de los años 1760-1770. Esto me dice que existe la posibilidad de que Nicolás y Antonia hayan llegado de otro sitio para radicar en Zacualpan. Me apasiona pensar que si llegare a descubrir que Nicolás, mi sexto abuelo, vino de otro sitio, cambiará la hipótesis sobre mis propias raíces, de tal manera no estarían en Zacualpan, como hemos creído por varias generaciones.

Aún no he encontrado el acta de bautizo de José Nicolás ni de María Antonia. Tampoco he encontrado su acta de matrimonio ni algún otro indicio de que se hayan casado. Estos datos serían muy importantes porque así conocería los nombres de sus padres, su edad y su origen.

Ninguno de los registros que he encontrado referentes a Nicolás me da noticia sobre su edad. Todos indican que él y María Antonia, su esposa, son vecinos de la cuadrilla de Santiago. Solamente hay un caso —el acta matrimonial de su última hija—, donde el sacerdote registró su primer nombre. Es decir, lo identificó con doble nombre: José Nicolás.

 

Hijos y nietos

Después de haber descrito las froteras y limitaciones de mis hallazgos hasta la fecha, me referiré a lo que he descubierto:

Nicolás y Antonia tuvieron por lo menos siete hijos. Del segundo al sexto fueron varones: la primogénita y la última fueron mujeres. De los registros que he reunido, unas son partidas bautismales; otras, matrimoniales y una más, de defunción.

 

Reconocimiento

Quiero asentar un testimonio de admiración y gratitud a dos instituciones religiosas: a la Iglesia Católica, por haber sostenido a través de los siglos varias formas de registrar a sus fieles, y la iglesia The Church of Jesus Christ Latter-Day Saints quien, mediante algún acuerdo con la iglesia católica, desde hace más de cuarenta años se dedicó a microfilmar página por página, las partidas de nacimiento, matrimonio y defunción asentadas desde el siglo xvi hasta nuestros días. La gran mayoría de ese enorme acervo lo ha digitalizado y puesto en línea para hacerlo accesible al público dentro de sus portales en la Internet. https://familysearch.org/

Vale notar que la iglesia La Inmaculada Concepción en Zacualpan es la misma que ha sido conocida con diferentes nombres a través de los siglos.

 

Descendientes de José Nicolás y de María Antonia

Enseguida presento la lista de los siete hijos por orden de nacimiento, así como los datos asentados respecto de cada uno de ellos.

1. Antonia Phelipa: Bautizada en La Inmaculada Concepción, Zacualpan, estado de México, el 28 de mayo de 1770. Hija legítima de Nicolás De Castañeda y María Antonia De Gama. Fueron sus padrinos Juan Pedro Ramírez y Lorenza Gómez. Todos de la cuadrilla de Santiago.

Antonia falleció el 23 de junio de 1770, casi un mes después de haber nacido.

2. Alexo Antonio: Bautizado en La Inmaculada Concepción, Zacualpan, estado de México, el 3 de julio de 1771. Hijo legítimo de Nicolás De Castañeda y María Antonia De Gama, de la cuadrilla de Santiago. Fueron sus padrinos Francisco Martínez y Juana Januária Martínez del Cortijo.

Alexo y Juana María Ortiz —cuyas actas de matrimonio y defunción no he encontrado— tuvieron y bautizaron a; 1. José Vicente de la Trinidad, el 13 de marzo de 1796; 2. Eugenio Rafael Octaviano, el 21 de marzo de 1798; 3. Gregoria Miguela, el 8 de mayo de de 1800. Alexo y Juana fueron padrinos en dos ocasiones.

3. Joseph María Anzo: Bautizado en La Inmaculada Concepción, Zacualpan, estado de México, el 20 de septiembre de 1773. Hijo legítimo de Nicolás De Castañeda y María Antonia De Gama. Fueron sus padrinos Francisco Martínez y Juana Januária Martínez del Cortijo.

Ignoro si contrajo matrimonio, si tuvo descendencia y cuándo falleció.

4. Juan Manuel: Bautizado en La Inmaculada Concepción, Zacualpan, estado de México, el 20 de febrero de 1776. Hijo legítimo de Nicolás De Castañeda y María Antonia De Gama de la cuadrilla de Santiago. Fueron sus padrinos Alexandro de Torres y María Flores, del pueblo de Coatepec.

Juan Manuel y María Luisa Rodríguez formalizaron su compromiso de contraer matrimonio el 22 de junio de 1800. María Luisa era entonces una doncella de 15 años. En 6 agosto de 1803 bautizaron a una hija legítima con el nombre de María Nieves Luisa De Jesús. El padrino fue don Julián Patiño del Real de minas, Zacualpan.

Juan Manuel falleció el 28 de marzo de 1805.

5. Manuel Pasqual: Bautizado en la iglesia Santa María Zacualpan de Minas, estado de México, el 29 de diciembre de 1777, a los cinco días de haber nacido. Hijo legítimo de Nicolás De Castañeda y María Antonia De Gama de la cuadrilla de Santiago. Fueron sus padrinos Gregorio De Escobar y su hermana, María Josepha De Escobar, vecinos del pueblo de Quatepec (Coatepec Harinas o Coatepec Chalco). Licenciado parroquial: Manuel Ruíz de la Mota.

Ignoro si contrajo matrimonio, si tuvo descendencia y cuándo falleció.

6. Alejandro Marcos: Bautizado en la iglesia parroquial del Real y Cabecera de Santa María Zacualpan de Minas, el 28 de abril de 1781, a los cinco días de haber nacido. Hijo legítimo de Nicolás De Castañeda y María Antonia, de la cuadrilla de Santiago. Fueron sus padrinos Manuel C. de Nava y su mujer, Januária Martínez del Cortijo. Licenciado parroquial: Manuel Ruíz de la Mota.

Importante destacar que en el acta de bautizo de Alejandro, el licenciado parroquial asienta el apellido paterno de Nicolás, pero no el de María Antonia.

He notado que en esa época los sacerdotes párrocos tenían muchos deberes y responsabilidades. Encuentro comprensible, por tanto, que se les escapara anotar algunos detalles que, en cambio, registraban en otras actas. Lo bueno es que en ocasiones existen otros registros que ayudan a triangular la información. En este caso, me permiten concluir que el apellido paterno de María es De Gama.

Alejandro contrajo matrimonio el 22 de febrero de 1808 con María Antonia Josefa Popoca Sáez, doncella de dieciocho años, hija legítima de José Manuel Popoca e Ygnacia Josefa Sáez. Los padrinos fueron José María Ramírez y María Tomaza de Labra.

Alejandro Marcos  y  María Antonia tuvieron cuatro hijos, cuyos registros baptismales conocemos; 1. María Guadalupe, el 10 diciembre de 1808; 2. María Tomasa Eutimia, el 24 diciembre de 1810; 3. Juan Francisco, el 20 enero de 1816, y 4. Felipe Neri, el 25 mayo de 1820.

Alejandro Marcos De Castañeda De Gama falleció de dolores de cascado el 27 de octubre de 1837. Su acta de defunción en; https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2014/09/16/los-padrones-de-la-inmaculada-concepcion-1834-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

7. María Siriaca de las Nieves: Bautizada en la Iglesia Parroquial del Real y Minas de Zacualpan, estado de México, el 9 de agosto de 1784. Hija legítima de Nicolás de Castañeda y María Antonia de Gama, de la cuadrilla de Santiago. Fueron sus padrinos don Alejo Peralta y doña Manuela de Gama, vecinos del Real.

María Siriaca contrajo matrimonio con José Julián Reynoso el 7 de noviembre de 1804. Sus padrinos fueron don José Antonio Navarrete y María Pascuala Ronces. En este registro, el párroco agregó ‘José’ como primer nombre de Nicolás De Castañeda.

María y José Julián tuvieron por lo menos tres hijos, quienes fueron bautizados: 1. José Luis de la Trinidad, el 25 agosto de 1805; 2. José Urbano Trinidad, el 25 mayo de 1807; Juana Cesárea Agustina, el 9 agosto de 1809.

 

Fallecimiento de José Nicolás De Castañeda

José Nicolás De Castañeda falleció el 19 de abril 1786. Dejó viuda a María Antonia De Gama. Al fallecer, las edades de los hijos eran; Alexo Antonio, 16; José María, 13; Juan Manuel, 10; Manuel Pascual, 9; Alejandro Marcos (mi quinto abuelo), 5 y María Siriaca, 2.

¿En que año habrá nacido Nicolás? Para satisfacer mi deseo de saber, así sea con una hipótesis, calculo que si Nicolás y Antonia empezaron a tener familia en 1770, entonces puedo decir que; Nicolás nació hacia 1750 o más antes. Eso supone atribuirle por lo menos diecinueve a veinte años de edad. Antonia pudo haber nacido hacia 1752-54, lo que supone calcularle por lo menos dieciséis o dieciocho años de edad y la aptitud para tener seis hijos más, considerando que la última nació en 1784.

Al situar la vida de Nicolás en cierta perspectiva, si nació en 1750, fue tres años mayor que Miguel Hidalgo y Costilla, quien nació en 1753, y falleció tres años antes que empezara la Revolución Francesa, en 1789. Durante su vida, ocurrió la primera huelga en Norte América, de los mineros del Real del Monte al Conde de Regla en 1766, así como la firma de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, en 1776.

La única manera de rendir homenaje a la memoria de este ancestro Castañeda que por ahora está a mi alcance, ha consistido en presentar este cúmulo de datos y mostrar a los lectores de este blog la imagen facsimilar de su acta de defunción.

 

Acta defunción José Nicolás De Castañeda 19 abril 1786

 

 

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición: Rafael Rodríguez Castañeda

 

 

 

 

 


[1]. Mediante recursos estadísticos, esta prueba proporciona porcentajes de origen étnico y conecta con descendientes de cualquiera de las líneas ancestrales dentro de las seis últimas generaciones, aproximadamente.

El Salto, Zacualpan, Edo. De México, México, mayo de 2014

Cumplir una promesa

En varias ocasiones he pospuesto trabajos, proyectos o tareas que deseo realizar, especialmente cuando el clima o la temporada no son favorables para llevarlos a efecto en el momento que desearía hacerlo.

Como lo comenté en 2012 en el blog Los Duendes de Zacualpan[1], Edo. De México, México, aquel septiembre fue imposible observar el sitio conocido como El Salto desde río abajo, donde quise apreciar la caída de agua y las rocas que salpica porque la vegetación era espesa e impenetrable debido a la temporada de lluvias. Durante esa visita septembrina el guía me dijo que el mejor tiempo para verla por abajo eran los primeros meses del año, cuando la mata no es tan espesa y las lluvias son menos frecuentes.

Segundo viaje

En mayo de 2014 durante un viaje a Pachuca, Hidalgo, para atender una reunión familiar, y sin premeditar nuestro itinerario, mis primos Jesús, Rafael y yo decidimos ir a Zacualpan. Para Rafael y para mí significaba volver, pero para Jesús (Chucho) era una nueva aventura.

A sabiendas de que estaríamos en Zacualpan durante el primer semestre, presentí que las probabilidades de ver El Salto río abajo serían favorables.

La cascada de El Salto que genera el cauce del río en el barrio de Santiago[2] mide como 15 metros y llena una poza casi redonda cuyo agitado diámetro se extiende de 12 a 15 metros. Los vecinos del lugar se refieren a esta poza como La Tambora. Este lugar es muy significativo para nosotros, los descendientes de Juan Castañeda (1816-1898) porque nos dejó detallada información en su manuscrito. En su juventud se bañaba en esta poza mientras María de Jesús Ríos, su esposa, lavaba ropa.

La Visita

Como en previas visitas, Rafael y yo alquilamos cuartos en el hotel Posada Real, que está en la esquina de Melchor Ocampo, la calle principal, y el callejón Gonzalo Castañeda[3]. Mientras Jesús prefirió alojarse en el Hotel Minero, que se encuentra enfrente.

Antiguo Zacualpan 4 (2012)

Hotel Posada Real

2014-05-08 08.10.24

Hotel Minero

El Hotel Minero fue nuestro centro de operaciones y el lugar donde nos alimentamos. La maestra Felícitas Vera Flores, dueña de este establecimiento, y sus ayudantes atendieron con esmero nuestra búsqueda gastronómica y tomaron nota del horario que elegimos para desayunar y comer. De los diferentes platillos y jugos que diariamente nos servían, lo que más me impresionó fueron las salsas, muestras suficientes para justificar la variedad de la cocina Mexicana. No me acuerdo de las recetas, pero sí de que las prepararon con frutas, chiles y vegetales regionales y con su exquisita sazón.

Desde el segundo piso del hotel Minero se aprecia una vista maravillosa de la cañada de Zacualpan y del horizonte montañoso hacia el este. La maestra Felícitas Vera Flores, dueña del hotel, y su ayudante, la señorita Berenice, nos dejaron fotografiarlas y al mismo tiempo, la lente captó una de las vistas que se pueden observar desde este piso. Ese día no estaba despejado, pero el panorama visible fue impresionante y da una idea del soberbio horizonte en un día sin nubes.

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La maestra  y propietaria del Hotel Minero Felícitas Vera Flores, con Berenice a su derecha.

Nuevo guía

Después de buscar sin éxito a nuestros previos guías, encontramos al hermano de uno de ellos: Jorge Gama.

Llenos de energía procedimos hacia un sitio cerca del barrio de Santiago donde fue posible estacionar el carro. Jorge, Chucho, y yo empezamos el viaje. Fue sensato que Rafael, quien se recupera de una fractura, no se aventurara por un camino pedregoso y con pendientes.

El Salto rio abajo

El video que presento no muestra una vegetación exuberante. Conforme continuábamos, nos encontramos con un pequeño acueducto que conduce el agua que irriga tierras más bajas. El color del cemento y las recién cortadas matas indican que este canal fue recientemente construido.

Al progresar escuchamos a las chicharras[4]. Para quien no esté acostumbrado, estos insectos emiten un chirrido que puede resultar cacofónico, pero durante ese breve tiempo para mí fue una sinfonía campestre.

El estruendo del agua nos hizo saber que estábamos cerca de nuestro objetivo. La planta purificadora, de cuya construcción nos dieron noticia hace dos años, aún no está activada y sobre estas aguas negras corrían dos pedazos de basura, pero como en muchas partes de este mundo…, donde pisa el hombre, se encuentra basura.

La manguera negra que se ve al cruzar el rio poco después del minuto 03:45 del video lleva agua potable hacia algunos hogares.

Después de penetrar a un área rocosa del monte para llegar al salto, Jorge, nuestro guía nos recomendó que no siguiéramos porque el margen de seguridad disminuía. Comprendí muy bien, pues no íbamos equipados ni preparados para escalar el terreno que estaba enfrente de nosotros. Además, la piedra que pisábamos era muy resbalosa cuando el agua la mojaba.

 

En la siguiente foto aparecen Chucho a la izquierda y nuestro guía Jorge a la derecha con un respaldo montañoso.

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Jesús (Chucho) Castañeda y Jorge Gama

No llegamos a la cascada de El Salto junto con su grande poza, como hubiéramos deseado, pero me reconcilió la idea de haber visto por arriba un par de años antes la precipitación del caudal.

Nueva amistad

Antes de hacer este viaje a Zacualpan tuve la oportunidad de platicar por teléfono con el profesor José Flores Rodríguez sobre aspectos históricos de Zacualpan. Fue su nieta o sobrina Mercedes quien nos puso en contacto con él cuando conoció la edición del Diccionario Castañeda publicada en 2012, donde se encuentra mucha información sobre la vida cotidiana en Zacualpan durante el siglo XIX.

El profesor José Flores Rodríguez fue presidente municipal de Zacualpan de 1970 a 1972. Ocupó este puesto y por coincidencia fue un término antes que un ancestro nuestro, Bernardino Castañeda, quien fue presidente de 1973 a 1975.

Bernardino Castañeda Gómez

Bernardino Castañeda Gómez

Cuando Rafael, Jesús y yo lo visitamos, corrimos con la suerte de encontrarlo en su oficina. José “Pepe” Flores Rodríguez —como prefiere que lo llamemos—, es una fuente de información histórica sobre Zacualpan y toda esa región del sur del estado de México. Mucha fue la información que nos dio, pero no sería justo que la pusiera en este blog porque será él quien publique este acervo histórico en un futuro cercano.

Pero…, sí me autorizo publicar una “probadita “del contenido de su futuro libro y estoy muy agradecido.

“Zacualpan no fue un gran centro productor de plata, comparable con Guanajuato, Pachuca, Real de Monte, Taxco o Zacatecas, pero fue cuna y laboratorio de la tecnología minera. A Zacualpan llegaron a probar los nuevos métodos de extracción y procesamiento inventados en los países de Europa. Un ejemplo: el uso de la pólvora en la minería constituyó un parte aguas en la explotación. Antes del uso de la pólvora, las excavaciones se detenían cuando encontraban el manto freático. El agua impedía que cavaran a mayor profundidad antes que utilizaran la pólvora y sistemas de desagüe. Con el Varón de Humboldt llegó a México —y entiendo que a Zacualpan— la primera bomba de émbolos para extraer el agua de los socavones…”

En la siguiente foto Pepe, Rafael y yo nos encontramos en su micro plaza.  Pepe está en el centro, Rafael a su izquierda y yo a su derecha.

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Pepe centro, Rafael a su izquierda y yo, Ricardo a su derecha.

Durante nuestra visita nos enseñó el panorama de la municipalidad que contempla desde la azotea de su casa. Para mí, lo más impresionante fue la vista hacia el panteón municipal[5]. En el siguiente video dentro los segundos treinta y treinta y siete se puede identificar el panteón en la cima del cerro central.

 

Entre 1830 y 1860, cuando los difuntos eran enterrados, los padres de la iglesia se referían a este panteón como el Rincón de Castañeda. Pepe me explicó que al norte, dentro del barrio de Santiago, está la barranca de Castañeda[6]. El panteón fue considerado como un rincón de esta barranca, de ahí el nombre del “Rincón de Castañeda”.

Conforme hacíamos las rondas por su casa Pepe nos enseñó las lámparas de carburo que ha coleccionado a través del tiempo.

 

Con la misma amabilidad, la maestra Isabel Noriega, esposa de Pepe, nos enseñó su colección de plantas y flores procedentes de los alrededores de la región.

Fallecimiento de un familiar

Durante esta visita nos enteramos que nuestro pariente Jesús “Chucho” Castañeda Ronces, a quien visitamos en 2012, había fallecido a la edad de 90 años, debido a una larga resbalada de un cerro muy inclinado.

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Jesús (Chucho) Castañeda Rónces

Descansa en paz, Chucho

Descubrir nuevos parientes

Durante nuestra visita a Zacualpan nos enteramos de otros parientes, con quienes no habíamos tenido el gusto de platicar durante nuestra anterior visita, en 2012. Estos familiares nuestros son cinco hermanas; Elvira, Rebeca, Victoria, Martha y Carlota Castañeda González.

Conocimos a Víctor Gustavo Garcés Castañeda, hijo de Victoria Castañeda González. Gustavo se ha convertido en un entusiasta colaborador del interminable proyecto de actualización del Diccionario Castañeda. Esta vez nos ha aportado datos sobre su núcleo familiar y dos fotos donde podemos ver a sus abuelos Delfino Castañeda Gómez y Paulina González Gómez.

De iz. a der. Paulina González Gómez y Delfino Castañeda Gómez

 

Delfino Castañeda Gómez 1917-1996

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Martha y Carlota están al frente de una tienda de abarrotes en la calle central de Zacualpan llamada Tlaxpampa[7].

Fotos Panorámicas

Agradezco a Mercedes Mónica Flores Góngora, Subdirectora de la Secundaria Roque Díaz, por enviarme fotos pertenecientes a Zacualpan y autorizarme de publicarlas en este blog.

La primera es del Nevado de Toluca, la segunda es del Popocatépetl humeante en abril de 2013 y la tercera y cuarta están en orden cronológico conforme las tomó.

El nevado de Toluca

El nevado de Toluca

Popocatépetl humeando 15 abril 2013

Zacualpan amanecer 16 ago 2013 hrs. vista Popocatépetl

Zacualpan 21 oct '13, 0724 hrs

Zacualpan amaneciendo 0734 hrs., 21 octubre 2013

 

“Mis ancestros habrán encontrado plata,

Lo que yo encontré son vistas panorámicas”

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición: Rafael Rodríguez Castañeda

 


[1]. https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2012/10/26/los-duendes-de-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

[2]. Barrio dentro del municipio de Zacualpan

[3]. https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2011/05/09/dr-gonzalo-castaneda-ecobar-1869-1947/

[4]. http://es.wikipedia.org/wiki/Cicadidae

[5] https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2013/07/15/como-difunto-insepulto-un-cementerio-en-zacualpan-edo-de-mexico-mex/

[6] Por varios siglos varias familias Castañeda han existido en esta area.

[7] Según parece, es el nombre original que derivó en ‘Zacualpan’.

Los Padrones de La Inmaculada Concepción, 1834, Zacualpan, Edo. de México, México

Premisa personal

Las siguientes reflexiones parten de un reconocimiento: ante la existencia de información ancestral hay reacciones diversas. Unos la ven con indiferencia, a otros nos despierta una profunda curiosidad.

La Curiosidad

En el curso del tiempo ocurren múltiples eventos en el universo. Dentro de estos eventos cuentan nuestra propia vida, las de nuestros ancestros y nuestros descendientes.

Todo acontecimiento humano está sujeto a dos coordenadas: tiempo y lugar. Es decir, cada evento personal ocurre en un momento cronológico y en un sitio geográfico. Mi propia existencia, por ejemplo, está determinada, en principio, por mi nacimiento en 1948 y en la ciudad de Pachuca, Hidalgo, México.

Si estuviera ante una maquina de tiempo, con los suficientes registros eclesiásticos y civiles en mano, me transportaría a Zacualpan en 1781, año y sitio donde comenzó la vida de unos de mis ancestros, quien vivió por lo menos hasta el año de 1837.

Enseguida presento el registro bautismal de Alejandro Marcos De Castañeda De Gama, mi quinto abuelo [  http://wp.me/p1ta3l-8o ] , quien nació el 23 de abril 1781 y recibió las aguas bautismales cinco días después en la Iglesia Parroquial del Real y Cabecera de Santa María, Zacualpan de Minas. Este registro ignora el apellido de su madre, pero otros documentos disponibles informan que su apellido era De Gama [1]:  Sus padrinos fueron Manuel De Nava y Januaria Martínez, su “mujer” —referencia del sacerdote—; ambos, vecinos de El Cortijo, otro pueblo dentro del municipio de Zacualpan.

 

Gracias a los hábitos seculares de la Iglesia Católica y a la monumental tarea de rescate y difusión de la iglesia The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints (LDS), actualmente disponemos de gran cantidad de registros antiguos, principalmente partidas de bautizo, matrimonio y fallecimiento. Por otra parte, los padrones del Registro Civil, que se instituyó conforme el poder civil se diferenció del poder del clero, incluyen actas de nacimiento, matrimonio y defunción, así como los censos generales de población. Desde mediados del siglo XX, la iglesia LDS también se dedicó a adquirir este enorme acervo de información civil por los cinco continentes mediante el recurso de la microfilmación, y a partir de la revolución tecnológica de la computación y del Internet, los digitalizó y puso a disposición del público vía su sitio de Internet. A través de este puente virtual cualquier persona está en posibilidad de investigar cualesquiera de los registros disponibles en el monumental acervo de FamilySearch, de LDS con solo visitar su sitio de Internet, https://familysearch.org Una vez aprendiendo cómo navegar este sitio, todo visitante o investigador puede encontrar información sobre sus propios ancestros o sobre la gente de su interés. No es necesario profesar una religión en particular para usar este servicio. Es gratis.

Me vuelvo a referir al caso de mi quinto abuelo: El nombre correcto del templo en que Alejandro fue registrado ha sido motivo de debate entre la gente de la localidad a través del tiempo. Actualmente lo conozco como la Iglesia de La Inmaculada Concepción, Zacualpan, Estado de México, México.

Durante siglos el origen racial fue un asunto importante para la sociedad novohispana. Algunos curas de la iglesia católica calificaban a los párvulos a partir del color de la piel, ojos, pelo y del estatus socioeconómico y político de los padres, especialmente del padre. Al asentar el bautismo de Alejandro Marcos De Castañeda, el sacerdote lo calificó como español [   http://wp.me/p1ta3l-ha   ], originario de Santiago porque sus padres, Nicolás De Castañeda [2]: y María Antonia (De Gama) radicaban en la cuadrilla de Santiago, un barrio rural del municipio de Zacualpan. Encuentro muy interesante que en el caso de los hermanos de Alejandro Marcos, los curas que los bautizaron no especificaran la raza en las respectivas actas bautismales.

Montado en mi hipotética máquina de tiempo me dirigí al 22 de febrero de 1808. Este día Alejandro Marcos contrajo matrimonio con Antonia Josefa Popoca, doncella de dieciocho años de edad, hija legitima de José Manuel Popoca e Ygnacia Josefa Sáez.

Cuando Alejandro casó con Ma. Antonia, Nicolás De Castañeda, su padre, ya había fallecido y el apellido de su madre fue anotado erróneamente. Escribieron “De Labra”. Su apellido debió ser De Gama. No aparece el nombre de la iglesia, pero por la mención de Real de Minas y Zacualpan deduzco que fue la iglesia Parroquial de Zacualpan. El registro menciona que Alejandro tiene veinticinco años de edad, pero según su acta de bautizo, debió tener veintisiete años. Ignoro la razón por la cual este escrito le restó dos años. A María Antonia, su esposa, también le quitaron dos años.[3]:

22 febrero 1808, Matrimonio Alejandro Marcos De Castañeda con Antonia Josefa Popoca. https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-13735-47334-27?cc=1837908&wc=MGLC-PTL:166998101,166998102,169037001

Pg. 2 matrimonio Alejandro De Castañeda De Gama con Antonia Josefa Popoca. https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-13735-47780-31?cc=1837908&wc=MGLC-PTL:166998101,166998102,169037001

 

Después de revisar innumerables registros y considerar varios detalles sé que en esa época muchos de los habitantes no sabían leer, escribir y/o hacer uso de la matemática básica. Hay indicios de que muchos desconocían el año en que nacieron.

Una de las primeras ayudas educativas para el indígena de las Américas en esta región de México vino de la Iglesia https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-13747-22171-98?cc=1837908&wc=MGLV-2NL:166998101,166998102,167039101  -ver imagenes 424 y 425- y no del Reino.

Los Padrones

Existe un documento referente a Zacualpan fechado en 1834 llamado “Los padrones”. Consta de cuarenta y nueve páginas en total. Dos notas introductorias repiten el título y el año de 1834, y cuarenta y siete más muestran los nombres de los habitantes agrupados por familia dentro de cada barrio, cuadrilla o ranchería. Conforme se revisan las páginas es posible ver la cantidad de familias u hogares dentro de cada comunidad, el nombre de quien encabeza la familia, edad y si es casado o soltero. Después los nombres y edades de los demás integrantes. En muchos casos aparecen el nombre y la edad del cónyuge y los hijos. En la última página —número cuarenta y siete— está el índice de las agrupaciones municipales que este padrón cubre.

La familia número 36 de la página 17 es de los Castañeda, cuyos integrantes son Marcos Castañeda, de 54 años, Antonia -abreviada- Popoca de 46, Juan Castañeda 17 y Felipe Trinidad 14 años.

 

Sé que este Marcos Castañeda es mi quinto abuelo porque fue bautizado en 1781. Aparentemente permaneció en la Cuadrilla de Santiago, se casó con una Antonia Popoca y tuvieron a cuatro hijos.

Gracias a los registros bautismales sé que Alejandro y Antonia tuvieron por lo menos cuatro hijos: María Guadalupe en 1808, María Tomasa en 1810, Juan Francisco en 1816 y Felipe Neri en 1820. En 1834 Ma. Guadalupe ya había fallecido, Ma. Tomasa tendría 24 años y si no murió, muy bien pudo haber contraído matrimonio. Juan Francisco y Felipe, todavía adolecentes, habitaban en casa, pero pocos años después Juan empezaría a tener su propia familia, en la cual ocurre una serie de eventos de los cuales proviene mi propia existencia y descendencia.

Hasta hoy hemos identificado por lo menos a cuatrocientos integrantes de nuestra familia Castañeda provenientes de un solo tronco familiar, diseminados por todo el mundo. El tronco lo funda Alejandro Marcos Castañeda De Gama, quien nació en 1781.

¿Cuántos lectores de este blog —me pregunto— revisarán los padrones que hago accesibles en Words y PDF y buscarán después a sus propios ancestros?, ¿cuanta gente que puebla nuestro globo podrá decir que sus orígenes están en Zacualpan, Edo. De México, México en el año de 1834?

Padrones Parroquia de Santa María, 1834 Zacualpan PDF

Padrones Parroquia de Santa María, 1834, Zacualpan Words

Los registros bautismales informan que Alejandro Marcos y Ma. Antonia Popoca tuvieron por lo menos cuatro hijos.

Otro dato muy valioso que aparece en la misma página está en la familia número 26, correspondiente a un Julián Reynoso, de 50 años, una Ma. Castañeda de 48 años y una Juana Reynoso de 22 años. Al cotejar fechas de nacimiento con las de los matrimonios, y estos nombres con sus edades, puedo deducir que esta Ma. Castañeda en realidad es hermana de Marcos, quien nació en agosto de 1784 y cuyos padres son Nicolás de Castañeda y María Antonia De Gama. La nombraron María Siriaca De Las Nieves. Esta María Siriaca contrajo matrimonio con Julián Reynoso en 1804 y en 1809 tuvieron por lo menos a una hija, llamada Juana Agustina.

Tres años después

Alejandro falleció el 27 de octubre 1837 “de dolores de cascado” —minero con silicosis—. Dejó viuda a mi quinta abuela, y huérfanos a Juan y Felipe, quienes todavía eran hijos de familia. Tendrían veinte y 17, respectivamente.

La pérdida de registros

En 1859, a consecuencia de las pugnas entre el clero y los liberales mexicanos, la iglesia de la Inmaculada Concepción fue incendiada. Después de imaginar la cantidad de documentos que se perdieron en ese incendio, pondero el valor de los registros que subsistieron, donde por fortuna, hay datos sobre nuestros ancestros.

¿Cuánto ignoraríamos si esas actas se hubieran convertido en cenizas? Pensar en esas vicisitudes y a pesar de ellas, en la existencia de información a nuestro alcance, tal vez modifique la actitud de algunos familiares y reconsidere la posibilidad de saber sobre ellos.

 

Ricardo Castañeda Guzmán

Rafael Rodríguez Castañeda edición texto

 

*Nota: WordPress no facilitó el uso de notas de pie –foot notes– para este artículo.

[1]: De Gama pudo haber sido Da Gama, un apellido de origen portugués. Durante la invasión y conquista de México, el reino de España solo reconocía apellidos españoles, y muchos extranjeros ajustaron sus apellidos para tomar parte en el saqueo de recursos naturales, principalmente los minerales que existían en México.

[2]: Nicolás De Castañeda y Ma. Antonia De Gama tuvieron por lo menos seis otros hijos más aparte de Alejandro. Espero tener contabilidad sobre ellos no más tardar hacia el fin de 2014.

[3]: Usando la matemática notando su edad que se encuentra en los padrones.

 

 

Higiene Minera, Dr. Gonzalo Castañeda Escobar (1868-1947)

A Carmen Castañeda Olea en el centenario de su nacimiento 22 abril 1914 – 8 noviembre 2012.

Presentación

La tecnología progresa como si estuviera bajo la influencia de una inyección de esteroides. No nos da respiro para absorber completamente su última invención. La velocidad de los cambios es mayor que nuestra capacidad para asimilarlos.

En mi experiencia personal nada substituirá la sensación de tomar un libro, sopesarlo, sentir la textura de sus hojas y tener la satisfacción de leer desde la primera hasta la última página.

A través de los siglos el libro ha sido una de los soportes más prácticos y eficientes para expresar y transferir información —textos, dibujos o fotografías— sin tener que articularla y expresarla en persona. Pero ahora, dentro del mundo virtual, los avances tecnológicos metamorfosean a este viejo amigo en soportes más asequibles que en inglés conocemos como ebook[1] y su primo, el blog[2].

Mis primos Claudia Infante Castañeda, Rafael Rodríguez Castañeda y yo deseamos compartir con los lectores de este blog un documento que Claudia editó en una revista académica en 1990[3] y Rafael y yo conocimos en forma de e-book digitalizado por Google. Me refiero a un memorial sobre la higiene en los trabajos mineros subterráneos elaborado en 1896, cuyo autor fue el doctor Gonzalo Castañeda Escobar [4]. Ahora presentamos nueva información y profundizamos el análisis.

 

El encuentro

Soy originario de Pachuca, Hidalgo, ciudad mexicana de larga tradición minera cuyo subsuelo cruzan numerosos túneles que se extienden por largas distancias. Por esta razón no solamente soy referido como pachuqueño, sino también como tuzo. Por tanto, me identifico con la metáfora del tuzo[5], mamífero roedor que cava en la oscuridad en busca de raíces. He tenido que excavar en los archivos para encontrar información sobre nuestros ancestros Castañeda.

El 30 de diciembre de 2013 recibí el comentario de una investigadora de la UNAM sobre la biografía publicada aquí en marzo de 2013, quien preguntaba si existía una versión más amplia del trabajo del Dr. Castañeda cuyo título original fue Higiene Minera Subterránea.

La pregunta me reveló una carencia en mis archivos. De inmediato consulté a mis primos Claudia Infante Castañeda y Rafael Rodríguez Castañeda. Claudia es doctora en Ciencias de la Salud y nieta del Dr. Gonzalo Castañeda; Rafael ha reunido amplia información sobre la familia Castañeda. Simultáneamente encontré en Internet Memorias: Transacciones, Volumen 2, un e-book de Google que es posible revisar en línea gratuitamente.

Página cortesia Claudia Infante Castañeda

El siguiente documento aparece en la página 753 de este e-book:

Higiene que debe observarse

En los

TRABAJOS MINEROS SUBTERRANEOS

Por el

Dr. Gonzalo Castañeda

Para facilitar la lectura del facsímil publicado en 1898 con una tipografía difícilmente legible, el documento original fue transcrito a un archivo PDF y a un archivo en Words para su acceso.

Dr. Gonzalo, Higiene minera Congreso médico pan-americano 1898

Dr. Gonzalo, Higiene minera Congreso médico pan-americano Words 1898

 

El autor

Gonzalo Castañeda nació en Temascaltepec, México, Mex. Fue hijo de Juan Francisco Castañeda Popoca y de María Gabina de Jesús Escobar Mojica. Lo llamaron Julián Gonzalo de Jesús. El registro civil ocurrió a las diez de la mañana el once de enero de 1868. Nació a las nueve de la mañana del día nueve del mismo mes.

Sorprende que su nombre estuviera tan detallado tanto en el registro civil cuanto en el eclesiástico. Por lo general los registros civiles de esos tiempos eran escuetos. Solían anotar un solo nombre de pila. A nuestro autor pudieron llamarlo Julián o Gonzalo a secas. La manera en que lo nombraron es un indicio de que sus padres solamente repitieron su nombre cristiano al registrarlo civilmente.

La primera fotografía que conocemos de Gonzalo data del 11 de enero de 1884, cuando se retrató con su padre y Bernardino, su hermano mayor, en los estudios de Luis Veraza, en la Ciudad de México.

De izquierda a derecha, Feliz Bernardino Castañeda Escobar, 25 años, Juan Francisco Castañeda Popoca, el padre y Gonzalo, a la edad de 16 años.

Suponemos que Gonzalo Castañeda se refiere al año de 1894 cuando dice en su autobiografía:

 “Ya recibido me fui a mi tierra, después me salió un empleo en Guerrero, y aún me sorprende hoy, cómo a pesar de mi ignorancia e inexperiencia pasaba por buen médico. Después, un señor poderoso: D. José Landero y Cos que me había conocido de estudiante, me llamó de Pachuca para nombrarme médico-cirujano de las minas de Real del Monte, con un buen sueldo; allí me hice riquito y ya con dinero se me ocurrió y decidí irme a Europa”.

Antes de trasladarse a Hidalgo debió contraer matrimonio con Basílides Antonia Teresa de Jesús Olea Gómez-Daza porque el recién recibido Dr. Gonzalo Castañeda y su esposa Teresa vieron nacer en Real del Monte a su primera hija el 30 de octubre 1895, a quien bautizaron en la Parroquia de la Asunción, de Pachuca, Hidalgo, el diez de enero 1896 como María Teresa Catalina.

Acta de bautizo María Teresa Catalina Castañeda Olea, 10 enero 1896

Juan Castañeda y Gabina Escobar, padres de Gonzalo, no solo asistieron al bautizo; fueron padrinos de su nieta a la edad de 80 y 62 años, respectivamente. Los abuelos y padrinos hicieron el viaje desde Zacualpan, Edo. de México a Real del Monte, Hidalgo, México. Tanto los datos civiles como los eclesiásticos sugieren que este bautizo fue un acontecimiento familiar.

Todo esto ocurrió a principios de 1896. En noviembre del mismo año Gonzalo presentó el trabajo que ganó reconocimiento internacional.

 

Relevancia del texto

El siguiente documento fue escrito y presentado en noviembre de 1896, en el segundo Congreso Médico Panamericano, ocurrido en México. Lo divulgamos en atención a su gran valor histórico visto desde varios enfoques, todos ellos de gran trascendencia. Hasta donde sabemos es el primer testimonio sobre las condiciones de salud laboral de los mineros en México. Y leerlo hoy nos hace reflexionar. A pesar de los fuertes cambios tecnológicos, científicos y en seguridad social, a casi 120 años de que Gonzalo Castañeda concluyera esta exposición con un proyecto de reformas para proteger la salud de los mineros, sabemos que en el país aún no se cumplen cabalmente muchas de sus propuestas.

Gonzalo Castañeda fue un médico que se autodefinió como clínico y no como científico ni salubrista. Sin embargo, su agudeza analítica y el rigor de su estudio sobre la situación de los mineros cumple los requisitos del análisis científico de un problema de salud pública: observa y vincula meticulosamente los factores asociados a cada enfermedad, daño y lesión de un grupo poblacional, los tres mil barreteros que observó durante dos años. Además demuestra de manera técnicamente sobresaliente cómo los mecanismos “del proceso social del trabajo” minero los llevaba al “perpetuo desequilibrio orgánico y fisiológico” hasta llegar a la muerte. Las defunciones registradas en Real del Monte durante el tiempo en que estuvo allí son indicativas de la gravedad del caso.

El mayor mérito sociológico de este trabajo tal vez no sea identificar los factores sociales que afectaban la salud de los mineros sino describir cómo las precarias condiciones en que habitaban, trabajaban y se alimentaban, determinaban una pésima calidad de vida y la exponían al riesgo de múltiples enfermedades, a la discapacidad y con demasiada frecuencia, debido a accidentes, a la muerte temprana.

El trabajo supera la visión médico-biologicista que por un lado ve como causas a los agentes etiológicos inmediatos de enfermedades y accidentes, y por otro, en forma aislada, ve los factores sociales que los rodean. A la hora de preparar su estudio, Castañeda explica el engranaje de las condiciones que determinan el proceso salud-desgaste-enfermedad-muerte: “…multiplíquese este diario déficit fisiológico por diez o veinte años y sorprenderá la espantosa quiebra que a la postre sufre el organismo”.

Al apreciar la forma en que Gonzalo Castañeda analiza cómo interactúan los “factores de riesgo” con las condiciones sociales de los mineros, comprendemos su posición como médico social y políticamente comprometido. Éste es precisamente el tercer aspecto relevante: como estudio de salud minera, este memorial es único, pionero, pero lo excepcional es que el mismo autor, médico al servicio de los obreros cuyas condiciones de trabajo describe, también presente las reformas indispensables para resolver tal problemática.

Ignoramos cómo llegó al Congreso con este trabajo; no obstante, él reconocía la importancia del médico en la política. En la ponencia clama por que se escuche a los mineros a través de su voz. A pesar del dominio de sus herramientas médicas y después de plasmar en el documento el dolor con que día a día observó y atendió enfermos y accidentados, no es difícil imaginar la palpitación de sus humildes orígenes mineros en el pódium de un Congreso Internacional al levantar su voz para denunciar la situación de vida, trabajo y salud del gremio y exhortar a la acción para modificarla: “Si estos preceptos… los tomara alguna vez el legislador y con su mano reformadora los llevara al fondo de las minas, no sería yo el que viviera reconocido y grato, sino el imponente gremio de barreteros de la República”.

El documento que aquí reproducimos muestra también el riguroso análisis médico, clínico y sociológico que realiza el Dr. Gonzalo Castañeda a partir de una concepción de ciencia aplicada. Son notables su visión sobre el papel que correspondía desempeñar a la salud pública en la salud laboral y el bienestar de la población en general, y su posición política sobre las obligaciones del Estado al respecto. Estas características de su trabajo se resumen en la lúcida síntesis del párrafo que antecedió a su propuesta de reformas, donde vincula estupendamente los resultados de su estudio con las recomendaciones consecuentes:

“Nunca el médico cumple mejor su elevada misión que cuando el mal que descubre y el remedio que aconseja abarcan a extenso grupo de sus semejantes. En este caso particular de que me ocupo, no será seguramente a las Compañías mineras a las que pueden proponerse modificaciones … tampoco quizá al gremio barretero, cuya ignorancia no alcanza a comprenderlas… sino aconsejar las reformas que se juzguen benéficas a los Gobiernos, que son la entidad a quien está encomendado el papel de velar por la salud pública y de interesarse por el bienestar general, y para concluir, señores, nuestros estudios más formales y completos no vengan a resolver el problema en cuestión: [en] «la higiene que debe observarse en los trabajos mineros subterráneos» propongo en el sentido que antes dije, el siguiente proyecto …”

“La medicina es una ciencia social y la política no es más que la medicina en una escala más amplia” decía en la segunda mitad del siglo XIX Rudolf Virshow (1821-1902), eminente patólogo alemán. Sorprende la coincidencia de posiciones entre el Alemán y el Mexicano. Y en ello radica un cuarto aspecto relevante de este documento histórico, originado en un pueblo minero mexicano a finales del siglo XIX, muy distante del capital científico europeo.

Existe un evidente paralelismo de pensamiento tanto en el análisis cuanto en la posición política entre Gonzalo Castañeda y el movimiento higienista, y el de la medicina social iniciado a mitad del siglo XIX en Europa. Los académicos fácilmente pueden pensar que observaciones similares con sistematización y rigor científico llegan a conclusiones parecidas. Efectivamente, así son la lógica y la ciencia. Eso es relevante pero no excepcional en la historia; lo que destaca es la coincidencia de la construcción del problema de salud, bajo la perspectiva de la medicina social y la posición política análoga en dos ámbitos completamente diferentes en términos sociales y de recursos científicos. ¿Por qué?

El documento se titula “Higiene que debe observarse en los trabajos mineros subterráneos”. Aunque el título sugiere un enfoque higienista de la salud pública para describir las riesgosas condiciones a que estaban expuestos los mineros, que en teoría se podían modificar, pero cuya “ignorancia no alcanzaba a comprenderlas”, en el fondo, el trabajo documenta una denuncia orientada a cambiar la política pública sobre tales condiciones de trabajo.

Por otra parte muestra cómo transformar el concepto de la higiene orientada a modificar conductas o hábitos individuales asociados a riesgos a la salud para adoptar un enfoque colectivo cuyo propósito es cambiar los determinantes sociales y económicos de esas condiciones de salud. En tal cambio interviene el compromiso de los médicos para sustentar clínicamente la causalidad social de los procesos de salud–enfermedad laboral.

Conviene aclarar que la higiene pública es un concepto surgido en Francia en el siglo XIX (Foucault, 1977) que abarca lo que posteriormente siguió denominándose «medicina social», e inicialmente se refería a la forma como se “controlaban” los elementos del medio material que afectan a la salud. Según Foucault[6], la higiene pública constituye una “variación refinada de la cuarentena derivada de las epidemias que debió afrontar la gran medicina urbana del siglo XVIII en Francia” (Op. Cit. p 14). Por ‘salubridad’ se entiende sólo el estado de las cosas y del medio sin intervención alguna. En la forma de concebir los determinantes de la salud y los mecanismos para modificarlos cuenta no sólo la ciencia, sino también la posición política.

Ahí está la importancia de los elementos arriba mencionados, el doble enfoque de este documento: científico y político. Por un lado, el análisis científico de Gonzalo Castañeda articula los determinantes sociales, con la etiología del desgaste y proceso de enfermedad-muerte del minero en cuanto a la práctica de su oficio “que abrevia su vida o se suicida con su propia ignorancia … sin una voz inteligente y salvadora que los detenga[7], bajan a los tiros a matarse materialmente o a abreviar los días de su vida porvenir; registrándose sin cesar desgracias accidentales de unos, notoria agravación de otros, muerte rápida en muchos”.

Por otro, muestra el resultado, es decir, la forma en que están construidas las condiciones de vida-trabajo-desgaste-sobrevivencia-muerte de los mineros “…después de una velada de pesada labor, al siguiente día que debieran dedicar al reposo o a resarcir el sueño, por causas de orden vario, sólo duermen un promedio de cuatro horas y según ellos mismos lo enseñan, con un sueño interrumpido y no reparador”.  

Como conclusión ineludible, propuso cambios en tales condiciones de trabajo, algo más ambicioso que el control de agentes etiológicos (posición de la medicina biologicista). Más aun, los cambios que propuso apuntaban a mejorar las condiciones de trabajo y de vida en la comunidad de mineros: un enfoque desde la perspectiva de la medicina social mexicana. Es decir, no sólo fue pionero en la salud pública sino que fijó la posición crítica de la medicina social, a finales del siglo XIX en nuestro país.

Es indispensable referir un quinto aspecto valioso de este documento en el contexto mexicano. El proyecto de reformas que Gonzalo Castañeda propone fue insólito durante el porfiriato (1876-1911), régimen en que no hubo la menor previsión legal que protegiera a los trabajadores.

En su multifacética labor médica, como clínico, maestro y autor de diversos libros así como de líder gremial, durante toda su vida a Gonzalo Castañeda lo caracterizó una forma de concebir y ejercer la medicina: la protección a los pobres en el sentido en que Virchow concebía a la medicina social. Una de las responsabilidades de los trabajadores de la salud era fungir como médicos de pobres. Después que se desempeñó como médico de la compañía minera de Real del Monte, Gonzalo Castañeda viajó a Europa para especializarse como cirujano y obstetra. Su fuerte fue siempre la clínica. De regreso en México fue director del Hospital de Jesús durante 30 años, mismos que trabajó sin salario. Renunció a esa retribución porque se trataba de un hospital para pobres. También jugó un papel fundamental en el liderazgo de la Academia Nacional de Medicina y para conformar y fundar la Academia de Cirugía; fue maestro de muchas generaciones en la Escuela de Medicina (Universidad Nacional) y en el Colegio Médico Militar.

Antes de reproducir este documento, conviene ver hasta dónde han mejorado las condiciones de vida y de trabajo de los mineros en nuestro país en 120 años.

Como lo refiere la cita de su autobiografía que presentamos arriba, el doctor Gonzalo Castañeda llegó al estado de Hidalgo en 1894 contratado para atender a los mineros. Lo invitó a desempeñar este puesto don José Landero y Cos, a la sazón, gerente de la Compañía Real del Monte y Pachuca. Conviene advertir que fue su primer empleo formal, después derecibirse, en julio de 1893. Al joven médico de 26 años le resultó familiar el medio donde trabajaría porque Zacualpan, donde vivió su infancia hasta el día en que salió para continuar sus estudios medios y superiores, era también un pueblo minero. Su propio abuelo paterno entregó su vida a la minería. Según su acta de defunción “falleció de dolores de cascado”[8]. Su padre trabajó en la minería como azoguero cuando el beneficio de patio era el procedimiento común para extraer la plata[9], Sabemos que de niño, Gonzalo, curioso y agudo, pedía permiso en la escuela para llevar a su padre el desayuno o el almuerzo. Desde entonces conoció la vida cotidiana de los mineros, dentro y fuera de las minas. Cuando llegó a Real del Monte su misión era ser médico clínico: atender a los mineros enfermos o lesionados. Pronto se dio cuenta de que era un proceso sin fin porque los determinantes sociales que producían los daños a la salud permanecían intactos.

Penetrante y fino observador, ese desafío lo llevó a aplicar la medicina como instrumento para descifrar esa trama. Caso por caso, paciente tras paciente, documentó la problemática de ese grupo laboral y concluyó que era producto de las condiciones infrahumanas de sobrevivencia, de las patologías y patrones de morbilidad derivados de sistemas de trabajodesconsiderados, que también causaban alta mortalidad temprana. Más de un siglo después, esa labor analítica sigue siendo técnica y socialmente compleja para los científicos actuales.

Hacia el fin del siglo XIX en el país no existía legislación laboral que reconociera derechos a los trabajadores; mucho menos que los protegiera con medidas de higiene y de seguridad. Toda la vida económicamente activa de nosotros, lectores en el siglo XXI, ha transcurrido bajo la vigencia de la Ley Federal del Trabajo. Por tanto, nos cuesta trabajo ponderar esta noción, pero en el contexto que tocó vivir a Gonzalo Castañeda su memorial sobre la situación de los obreros en los establecimientos industriales cobra mayor relevancia: eran condiciones de esclavitud, aunque no se llamara así.

Visto únicamente desde el punto de vista informativo, este documento sería un reportaje extraordinario sobre la vida cotidiana de los mineros en México. Sabemos que fue más que eso porque propuso preceptos que con las mismas palabras o con otras, más tarde aparecieron en las leyes.

Dentro de la obligada brevedad de un texto que leería ante un congreso, la ponencia de Gonzalo Castañeda refirió los siguientes rasgos de los barreteros —rango elemental dentro del gremio minero—: las edades a las que comienzan a trabajar —8 a 12 años— y a la que aún continúan —60 años—, su nula escolaridad, las bárbaras jornadas —hasta 36 horas ininterrumpidas— día y noche sin que su cuerpo tuviera ni la luz del día como referencia biológica; sin alivio físico más allá de la tolerancia al agotamiento, al hambre, al daño y a las lesiones; la falta de oxígeno y la incomunicación; las cargas que transportan sobre la espalda; el calor subterráneo, la deshidratación, la insoportable sed y la forma común de calmarla: pulque y agua contaminada.

…hasta hoy la Higiene no ha penetrado suficientemente al interior de las minas a observar las condiciones en que trabaja esa aglomeración de hombres, que pasan la vida entregados a las rudas labores subterráneas…

Su descripción penetra la profundidad a que descienden y desde la que tienen que subir tras haber trabajado; el tiempo del ascenso; el polvo y los gases tóxicos que respiran; el olor, difícilmente soportable de las minas; la combustión de petróleo para calentar comida e iluminar los socavones; los consecuentes óxidos de carbono; la cercanía del trabajo a sus defecaciones, así como el volumen acumulado de materia excrementicia; oscuridad, goteras y humedad; el trabajo en el fango; las enfermedades respiratorias y dermatológicas a que se exponen; falta de normas de seguridad para efectuar las detonaciones; ausencia de cascos protectores, golpes en la cabeza; precarias escaleras y puentes de paso. En suma, la vida en peligro cada minuto y finalmente, el cómputo de lo que entonces se registraba sin pruebas clínicas: lesiones por accidente y muertes.

Gonzalo Castañeda no se limitó a describir el infierno que había en la profundidad de las minas: tanto el análisis como el enfoque de su estudio contribuyeron a que empresarios, legisladores, autoridades médicas y laborales entendieran que el trabajo de los mineros —una actividad no conceptualizada claramente como tal— era un problema de salud pública que demandaba, obligatoriamente, una política pública.

Como trabajo científico identificó con precisión los factores de riesgo cotidianos que conducían a los mineros a la muerte. Las causas eran evitables y prevenibles. Ese fue elnúcleo de su denuncia médica.Identificó los aspectos donde había que intervenir para proteger la salud y vida de los mineros, principalmente aquellos que concernían a la legislación laboral. Como ponencia política, es excepcional para su época: concluye recomendando 24 propuestas concretas. Ese fue el núcleo de su denuncia política y laboral.

En su ponencia, Gonzalo Castañeda revela el compromiso social que el médico clínico y el sanitarista deben poseer, y que pocas veces encontramos en la actualidad. El médico clínico dedica su poco tiempo a identificar síndromes, pasando por alto o asumiendo como obvios, inevitables o fuera de su competencia factores de índole social. Cree que no conciernen a los médicos. Es así como se orienta a diagnosticar y prescribir medicamentos. Con tales límites justifica y acota sus responsabilidades profesionales —ya rebasadas por la realidad.

Actualmente el “profesionalismo” se entiende como sinónimo de “competencia clínica individual” y el compromiso social —como si lo social fuera sinónimo de ‘público’— se delega a los epidemiólogos, a los investigadores cuyo profesionalismo se orienta al cumplimiento de la metodología científica para analizar las poblaciones. A su vez, es frecuente que los investigadores reduzcan sus análisis a indicadores que técnicamente denominan factores de riesgo, aún cuando a menudo se refieran a ellos como “determinantes sociales de la salud”.

Estos conjuntos de indicadores pasan a ser denominados “estilos de vida” sin comprender las causas últimas estructurales que los determinan. Castañeda hace una nítida descripción etnográfica del contexto en que los mineros vivían, del desgaste humano cotidiano y la patología que los lleva inevitablemente a una muerte precoz. Además, sistematiza la incidencia de las patologías, de sus interrelaciones, describe sus causas inmediatas (“factores de riesgo”), su cadena causal y sus determinantes. Los análisis que expone atraviesan —o más bien, rasgan— los órdenes, de la escala micro social y microbiológica hasta la escala macro social y política.

Desde una perspectiva histórica este trabajo es un clásico de la salud pública. A Gonzalo Castañeda también se le atribuye el mérito de haber identificado al organismo causante de la anemia entre los mineros, el parásito Anquilostoma duodenalis (1904). Sin embargo esto no fue así. Ahora sabemos que los egipcios ya lo reconocían en un papiro desde 1600 aC. En 1843 Angelo Dubini describió y denominó al organismo y a finales del siglo XIX Arthur Loss describió su ciclo de vida: larva que penetra por la piel, usualmente a través de los pies, que pisan heces fecales de personas que padecen la enfermedad. Que Castañeda haya identificado independientemente este organismo es posible, y si ocurrió así fue después de haber escrito el documento que aquí presentamos, donde refiere que los barreteros se quejaban constantemente de la llamada anemia minera y describe con especial detalle el gravísimo problema sanitario de los excrementos en las minas: “…noto en sus trabajos tantas deficiencias desde el punto de vista higiénico, que adivino fácilmente las peores condiciones en que vivirán los operarios de otros centros mineros del país”.

Desde el siglo XIX la minería había alcanzado progresos técnicos espectaculares. Existían equipos de perforación, ademe, iluminación y ventilación de tiros y túneles totalmente mecanizados que se movían a base de vapor. Muchas operaciones riesgosas se ejecutaban a control remoto. Ahora existen técnicas y equipos aún más eficaces y seguros, así como normas de seguridad personal que los mineros de hace 120 años jamás hubieran imaginado.

El problema de entonces no era la tecnología ni la seguridad mineras, sino la aplicación de tales estándares del progreso en las minas del país. Ciertamente, las inversiones para instalar ese tipo de maquinaria y los sistemas de protección de los mineros constituyen un obstáculo. Pero la resistencia de los empresarios mineros a modificar sus prácticas de extracción mineral sin dejar de implicar la explotación humana, es todavía mayor. Antes faltaban conocimientos, tecnología y normatividad. Ahora los hay, pero se les pasa por alto. Al menos en México, prácticamente no existe mejora material gratuita en las minas; la gran mayoría surgieron como conquista laboral, lo cual implicó largas luchas sindicales y tensiones entre los intereses de los mineros y sus patrones. Otras mejoras han surgido de los escándalos cuando los medios documentan accidentes en las minas y surge la presión pública, las más de las veces paliativa y temporal.

Antes de dar paso a la lectura del memorial del doctor Gonzalo Castañeda conviene citar unos cuantos ejemplos de lo ocurrido en las minas de México a partir de 1896, el año de este estudio, para contar con una mínima perspectiva histórica.

1906: Las minas de cobre de Cananea empleaban a seis mil mineros mexicanos y alrededor de seiscientos norteamericanos. A los mexicanos les pagaban la mitad de lo que ganaban los extranjeros. En protesta, el 31 de mayo los mineros del tercer turno pararon labores. La respuesta de la empresa y de las autoridades gubernamentales fueron la represión, el asesinato de líderes y el cerco de hambre a la población. Por algo esa huelga cuenta entre los antecedentes de la Revolución de 1910. En un caso de estos, en búsqueda de justicia y mejoramiento para el minero, Abraham Castañeda Hidalgo, un ancestro nuestro, perdió su vida después de haber sido golpeado y dejado a su propio destino en los cerros del Real del Monte.

No obstante, interesa destacar un paso adelante de los mineros: su toma de conciencia y la articulación de sus motivos, como lo revela la carta que José Ma. Carrasco, vecino de Cananea, dirigió al gobernador Rafael Izábal, el 4 de junio de 1906, al cuarto de huelga:

“Respetando su alto lugar que guarda me concreto a decirle a usted en nombre del pueblo lo que sigue. Sr., acordaos de la desnudes, del ambre y de otras necesidades que sufre toda la gente umilde de pocas proporciones y de poco ynteligencia, hay días que solamente dos veces comen porque tienen numerosa familia o algún enfermo. 3 pesos es un miserable sueldo para comprar leña a 16 pesos y una casa pocilga de una pieza a 15 pesos, doctor a 3 pesos, agua a 5 pesos, un mal calsado a 6 pesos… y otras tantas cosas que sería imposible enumerar. Ah, pero tenemos que humillarnos los mexicanos porque si levantamos la voz nos la calla nuestro gobierno con sus ballonetas sostenidas por su mismo pueblo. Ved, alzad la vista y bereos la desnudes en todo el pueblo. Procurad contentar al pueblo de alguna manera y no tratarlo mal porque el pueblo tiene ambre y más tarde más y si no se proporciona algo tendrá que arrojarse contra las despensas y almacenes de este lugar resueltos a morir. Que bien cierto de que no ará Ud. aprecio de esto, pero tendrá más tarde que lamentarlo”.

1920. 10 de marzo. Al darse cuenta que la mina El Bordo se había incendiado, J. F. Berry, John B. Silbert y Alan Ross, clausuraron la boca de los tiros de El Bordo y La Luz con planchas de madera, acero y concreto para sofocar el fuego. Les importó más su inversión que la vida de alrededor de 80 mineros que quedaron sepultados.

El Bordo, al norte de Pachuca, formaba parte de la Compañía Santa Gertrudis. Para clausurar los túneles, los señores empresarios contaron con la anuencia de Ernesto Castillo, gobernador interino; de Ignacio Segovia, alcalde de Pachuca, y del Juez de Distrito.

Foto Mina Santa Gertrudes, Pachuca, Hidalgo, México por el fotógrafo José Bustamante Valdés

Las minas El Bordo y La Luz estaban interconectadas con las de Santa Úrsula y Santa Ana, pero la Compañía Real del Monte y Pachuca también ordenó tapar esos túneles. La presión social hizo posible que una brigada de salvamento destapara Santa Ana. Hallaron a tres mineros, muertos por asfixia.

Los tiros permanecieron sellados seis días. Al reabrirlos hallaron más de 68 cadáveres en distintos niveles. Quienes consiguieron llegar hasta los accesos taponados dejaron signos de desesperación: uñas y dedos clavados sobre las tapas de madera. Lo demás era, según un testigo, “barbacoa humana”. Diez días después descubrieron siete sobrevivientes en un túnel cercano a Sacramento.

1934. Fundación del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana (SNTMMSRM). El sindicato minero se afilió a la naciente Confederación de Trabajadores de México (CTM).

1935. 17 de noviembre. Los mineros al servicio de The Cananea Consolidated Copper Company S.A., entonces agrupados en el Gran Sindicato Mártires de 1906, se adhirieron a la organización nacional y formaron la sección 65 del Sindicato Industrial de Trabajadores Mineros Metalúrgicos y Similares de la Republica Mexicana, hoy sindicato nacional.

1965. En la mina Purísima de Real del Monte, el 8 de mayo a las 2 de la tarde con 10 minutos una jaula —llamada ‘calesa’— con 30 mineros a bordo se precipitó del nivel 400 al 550. Era sábado. Los trabajadores del nivel 400 que habían laborado el primer turno se acomodaron en los dos pisos dela jaula que habría de llevarlos a la superficie. En vez de subir, de repente comenzaron a descender a gran velocidad. La caída dio en el fondo del tiro. 27 mineros murieron ahogados, tres sobrevivieron. A pesar de las piernas fracturadas, lograron asirse al travesaño de la calesa. Los rescataron horas después.

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Foto Hacienda de Beneficio, “Purisima Grande”, Pachuca, Hidalgo, México por el fotógrafo José Bustamane Valdés

El desastre se debió a una distracción del calesero. Descuidó el ascenso y en cuestión de segundos, la velocidad descendente fue incontrolable. Los perros, ganchos dispuestos en los costados de la jaula que en la emergencia debieron abrirse y aprisionar las guías de madera por donde se desliza la jaula, tampoco se activaron.

1969. El 31 de marzo de 1969 en el poblado de Barroterán, municipio de Múzquiz, Coahuila, se produjeron dos explosiones. El pueblo escuchó las fuertes detonaciones debidas a la acumulación de gas metano en las minas dos y tres de Guadalupe. Decenas de trabajadores que se encontraban laborando en el segundo turno quedaron atrapados. 153 murieron.

Las explosiones de Barroterán cuentan entre las mayores tragedias mineras en la historia, no sólo de la región carbonífera de Coahuila, sino del mundo.

2006: El 19 de febrero, en un pocito de Pasta de Conchos, una de las 600 minas de la región carbonífera coahuilense, 63 mineros murieron sepultados tras una explosión. Nuevamente la causa fueron las precarias condiciones de seguridad: la detonante fue una chispa surgida de los arreglos eléctricos improvisados y/o de equipos de soldadura impropios para un ambiente gasificado y lleno de polvo de carbón, tan explosivo como la pólvora. En cuestión de horas, la empresa hizo desaparecer bitácoras, planos, estudios geológicos y mediciones de gas que hubieran puesto en evidencia la criminal irresponsabilidad del Grupo México.

En 120 años la higiene en las minas ha cambiado radicalmente; también las condiciones de seguridad subterránea. Hay normas que rigen la minería. El problema es que hay minas donde no se aplican o que aparentemente se aplican.

He aquí gracias a Rafael Rodríguez Castañeda, la ponencia transcrita con la ortografía vigente y en una tipografía fácilmente legible.

Higiene Minera por el Dr. Gonzalo Castañeda Escobar

Bibliografía

Infante-Castañeda Claudia. Clásicos en Salud Pública. Presentación. Higiene que debe observarse en los Trabajos Mineros Subterráneos. Gonzalo Castañeda. Salud Pública de México 1990; 32 (3): 364-365.

Más fotos por el fotógrafo J. Bustamante Valdés pueden ser vistas visitando https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2013/10/21/fotos-antano-pachuca-hidalgo-mex/

 

Claudia Infante Castañeda

Rafael Rodríguez Castañeda

Ricardo Castañeda Guzmán

 

 

[1]. ‘e-book’ sintetiza dos palabras: electronic y book (libro electrónico).

[2]. Blog es el compuesto de dos palabras también en el idioma inglés, web y log (bitácora digital).

[3]. Salud Pública de México. Jul-Ago de 1990. Vol. 32, Núm. 3. Pp. 366-372

http://bvs.insp.mx/rsp/articulos/articulo.php?id=001749.

[4]. Este documento se complementa con el artículo biográfico que publicó este blog el 19 de marzo 2013, y que es posible encontrar en el siguiente enlace:

https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2011/05/09/dr-gonzalo-castaneda-ecobar-1869-1947/

Aunque este trabajo esté antecedido por otras notas introductorias, en esta publicación lo relacionamos con la vida personal y profesional de su autor.

[5]. El nombre original del roedor es ‘tuza’, pero el léxico deportivo lo ha generalizado como sustantivo masculino.

[6]. Foucault, Michel. Historia de la medicalización. Educación Médica y Salud 1977; 11 (1).

[7]. La actitud de los mineros y de la población que el doctor Castañeda conoció en Real del Monte a fines del siglo XIX contrasta con la que existió dos siglos atrás, según el siguiente antecedente histórico: “En el verano de 1766 los mineros de Real del Monte… desarrollaron una importante huelga industrial sin sindicato ni ideología política que los sostuviera. Fue la primera huelga en la historia laboral mexicana y la primera huelga en América del Norte. La palabra ‘huelga’ fue reconocida oficialmente en los diccionarios del español hasta 1884 y los trabajadores de Real del Monte nunca la utilizaron. Sus esfuerzos representaron luchas que implicaban su trabajo, su modo de vida y sus decepciones… Fue posible que se inconformaran así gracias al consejo y las medidas que tomó gente amistosa y con reconocimiento social en el pueblo”. Doris M. Ladd. The making of a Strike. Mexican Silver Workers’ Struggles in Real Del Monte 1766-1775. University of Nebraska Press. 1988.

[8]. ‘Cascado’ era la denominación coloquial para quienes padecían silicosis.

[9]. Los metales preciosos se obtenían mediante la mezcla del mineral pulverizado con agua, sal, mercurio y otros compuestos. El azoguero determinaba la proporción de sustancias en la mezcla, según las propiedades de una muestra del mineral por beneficiar.

 

 

 

Como difunto insepulto, Un cementerio en Zacualpan, Edo. De México, Mex.

Una de las varias hondonadas que se encuentran en Zacualpan, Edo. De México, Mex.

Hondonada

Desde cualquier lugar de Zacualpan, es posible disfrutar de una vista panorámica portentosa. Los fundadores del pueblo eligieron la estratégica cima de un cerro dominante. La gran hondonada que la naturaleza zanjó al oriente magnifica todavía más la sensación humana de poseer con la mirada un vasto territorio bajo un celaje limpio, o con nubes impecables. Una infinita gama de verdes reviste aquí y allá el azul de las montañas.

Hacia el oriente, al fondo del irregular oleaje de la orografía, antes de los tiempos de la contaminación la gente podía mirar todos los días la cumbre nevada del Popocatépetl. Hacia el poniente la mirada se topa con un cerro demasiado cercano, donde se asienta el barrio de la Vera Cruz, una de las más antiguas cuadrillas del pueblo. Este contraste destaca las distancias. Hacia el sur, la vista se detiene en un prominente cerro y se pierde en la lejanía de la Sierra Madre Occidental.

Oleaje de la orografia

Oleaje de la orografía

Al norte, entre el amplio horizonte y la suave pendiente que se volvió calle principal, perfilada por techos donde predomina el rojo de las tejas, a escasa distancia hay una loma suave que los zacualpenses convirtieron en campo mortuorio.

Esta loma se reparte en dos cementerios contiguos, el cercano, visible desde Zacualpan, y el que está más al norte, en el declive opuesto de la loma. Los separan alrededor de 300 metros.  Para ir de uno al otro basta caminar un  poco.

A reserva de documentar la conjetura, es posible que el cementerio original lo hayan construido entre el siglo vxiii y el xix los emprendedores de la minería a gran escala. Es probable también que se haya tratado de un cementerio de acceso selectivo. Sabemos que en ese campo mortuorio había secciones que distinguían hasta cuatro clases y que en la cuarta clase, por ejemplo, fue enterrado un jornalero que “no testó por pobre”. Por otra parte, había muertos que eran sepultados “en un lugar especial”.

El asunto es que el campo mortuorio de la sección norte de la loma, cuyo ligero declive hacia el horizonte la volvía invisible desde Zacualpan, comenzó a caer en desuso. Por razones que desconocemos, los zacualpenses prefirieron inhumar a los muertos de este lado, en la pendiente sur, de manera que las tumbas ––o más bien, los monumentos erigidos sobre ellas–– se ven desde Zacualpan.

Cementerio desde Zacualpan

Cementerio desde Zacualpan

Fue tan grande la preferencia por este cementerio cercano que las tumbas se han densificado en la breve superficie de la loma, a tal grado que no hay siquiera una calle recta, y los estrechos pasillos se vuelven laberínticos, interrumpidos a los pocos pasos por la caprichosa disposición de sepulcros y capillas. No obstante, allí nadie se pierde: un laberinto es obligatoriamente horizontal y carente de perspectiva, y por angostos que sean algunos pasadizos; por saturados que estén los sepulcros en cada recoveco, la pendiente ofrece siempre la vista del pueblo a partir del eje de la calle principal. Y la perspectiva es recíproca: como si los zacualpenses quisieran ver desde su casa el paradero de sus muertos, gran parte del pueblo contempla su panteón.

Zacualpan desde Cementerio

Zacualpan desde Cementerio

Del cementerio original se habían olvidado. No es casualidad que ante la escasez de lugar para más fosas, contradictoriamente hablen ahora del panteón nuevo y caminen un poco más para reutilizarlo.

El panteón nuevo ––el antiguo, en realidad–– es una de las maravillas de Zacualpan. La crecida hierba indica que recibe escasos visitantes. Las tumbas son, comparativamente, pocas. Hay soledad y silencio. Se oyen tan sólo los insectos y el susurro del viento a través del follaje. El tiempo y la intemperie borraron las inscripciones labradas sobre sus lápidas centenarias para dejar constancia de la erosión. No es posible saber quién estuvo sepultado bajo cada montículo. Fueron muertos cuyos deudos también dejaron de existir y a quienes nadie conserva en la memoria. Algunas lápidas fueron removidas y quedaron allí, desubicadas. ¿Quiénes se tomaron el trabajo de desplazarlas?, ¿qué buscaban? ¿Encontraron restos óseos o simplemente polvo?

Arbol y muro

Arbol y muro, panteón nuevo

Entre los sepulcros centenarios se distinguen, escasos, los recientes. Difieren el color y el material. La fecha visible sobre la lápida de algunos data apenas de hace un cuarto de siglo.

En medio del llamado panteón nuevo y al lado de una docena de enormes árboles cuyas copas son tan altas que se ven desde Zacualpan existe un involuntario monumento al tiempo: es un elevado muro de piedra, vestigio principal de lo que tal vez haya sido una capilla. La antigua pared rectangular se yergue ocho metros a partir del suelo. Hacia el sur, al canto de la piedra lo cubre una pilastra de tabiques rojos ensamblada a soga y tizón.

Muro,  restos capilla panteón nuevo

Muro, restos capilla panteón nuevo

El centro de este oscuro paredón lo ilumina un vano donde acaso hubo un vitral con arco de medio punto. Tanto las dovelas como los bordes de este hueco, libre paso del viento, son también de ladrillos rojos. Hoy la esbelta ventana vertical es el arco del triunfo a la desconocida historia del Zacualpan de otros siglos. Hasta ahora, el muro se sobrepone a la intemperie, que no ha conseguido desmoronar el borde superior; recto labio donde han crecido yerbas y parejos cactus.

El panorama desde este cementerio es el mismo que ofrece la vista de Zacualpan, tal vez a menor altura, pero depurado de elementos distractivos para apreciar el horizonte azul y verde. El panteón nuevo es una de las más bellas obras del olvido. Gran número de zacualpenses desconoce su existencia.

Muro

Muro de antigua capilla con vista de ventana vertical

Este artículo es un elogio, pero también una profanación: temo que despierte la curiosidad de un número mayor de visitantes al antiguo cementerio. ¿Sabe acaso el municipio que debe protegerlo? Cuando en el “viejo” cementerio, de suyo saturado,  ya no quepan más tumbas, lo más sabio será construir un novísimo campo mortuorio en otro cerro y preservar este lugar entre los atractivos con magia de un pueblo obligado a cuidar su patrimonio.

Autor: Rafael Rodríguez Castañeda

Revisión y Montaje: Ricardo Castañeda Guzmán

14 de Julio de 2013 y 18 de febrero 2014

Licenciado Amador Castañeda Jaimes (1871-1934), Ex-Gobernador Interino de Hidalgo, México 1912

Prólogo

 

A diferencia de nuestros ancestros, hoy contamos con recursos para prolongar la vida que antes no existían. Aparte de la propia predisposición genética, la longevidad aumenta mediante la atención médica ––mejor que la del siglo anterior–– medicinas más eficientes, el cuidado del organismo, una alimentación mejor balanceada y la utilización de principios ergonómicos, adecuados a cada oficio y para no exponer la seguridad de músculos y huesos durante el ejercicio.

Cuando platico con miembros de la familia es frecuente que me entere de que alguno es ya bisabuelo. También hay bisabuelos que están cerca de ser tatarabuelos. Esta posibilidad, que es real para nosotros, fue menor en el caso de mis antepasados, según reviso la descendencia que alcanzaron a conocer en la etapa final de su vida.

En enero de 1960, antes de cumplir los doce años crucé la frontera de México hacia Estados Unidos con mi padre Alberto, mi madrastra Ana María y Eduardo, mi medio hermano. Llegué a Los Ángeles, California, y como los participantes de un desfile marchan frente al espectador, así  pasaron días, meses y después años. En esta procesión cronológica hice mi vida: fui a la escuela, cumplí mi servicio militar y mi trayectoria laboral, me casé y tuve hijos.

Sabía que en Pachuca, Hidalgo, donde nací en 1948, vivían muchos familiares, pero fuera de algunos tíos y primos a quienes traté en mi infancia, no conocía mucho más. Al paso de los años le pregunté a mi padre acerca de nuestra familia. Anotó en un papel lo que sabía. Solo eran diez nombres detallados con sus orígenes. 

La escasa información sobre mis parientes y la curiosidad me indujeron a investigar la genealogía familiar. Una vez que me jubilé y armado de computadora e Internet, empecé a buscar noticias de quienes nada sabía. Gracias a múltiples indagaciones terminé por encontrar datos de mis ocho bisabuelos.

Uno de mis bisabuelos me llama poderosamente la atención. Será por lo que logró durante su vida o simplemente porque se trata de mi bisabuelo paterno, de todas maneras siempre está al frente. Ahora, después de varios años de investigaciones puedo relatar mis hallazgos sobre este ancestro, el licenciado Amador Castañeda Jaimes.

 

 

José Amador Castañeda Jaimes

 

Foto de Amador capturada en los estudios J. Bustamante Valdés, probablemente poco después de 1900 cuando llegó a Pachuca, Hidalgo, México. Tendría 30 años de edad.

Visité Pachuca, Hidalgo en 2011 después de una larga ausencia. El principal propósito de este viaje fue indagar cuantas noticias hubiera sobre mis ancestros. Mis familiares me informaron que aún vivía una hija de mi bisabuelo, nacida en 1914: Laura Elena Castañeda Yslas, tía abuela mía

Al siguiente día la visité. Mi tía Elena vive en Naucalpan con Magda, su hija; así como con Elena y Erika, nieta y bisnieta suyas, respectivamente.  Como el lector imaginará, tuvimos demasiados temas para conversar. Intercambiamos muchas historias y vimos fotografías. Me mostraron imágenes de familiares que ni siquiera sabíamos quiénes eran.  Esta ignorancia inicial, por fortuna, ha ido desapareciendo desde entonces.

De mi bisabuelo Amador me contaron que era un hombre estricto. Pusieron en mis manos un opúsculo titulado Homenaje al Ilustre y Venerable Hermano Amador Castañeda, cuyo contenido me ayudó a entender mejor su vida pública y profesional. Fue abogado, funcionario público y fundador de la Unión Masónica Nº 49. El folleto contiene una Biografía de Amador Castañeda, artículo sin fecha de Juan Hernández Ángeles que formó parte de un Homenaje al Ilustre y Venerable Hermano Amador Castañeda en el 50 aniversario de la sublime logia capitular de perfección.

En beneficio de lector he transferido esta biografía al formato pdf. A quien desee leerla le bastará dar un clic donde indico. El texto aporta una visión acentuadamente emotiva, cercana a la fecha de su muerte. Contiene lagunas e imprecisiones que trato de subsanar con la información que he reunido. Aquí complemento la visión profesional con la de orden familiar.

Biografía de Amador Castañeda Jaimes   ←  favor hacer clic

Amador nació en el barrio de Santiago de Zacualpan, Estado de México, el 27 de abril 1871. Fue bautizado tres días después en la parroquia de Zacualpan, donde el cura José María Arellano le puso por nombre José Amador, hijo legítimo de Manuel Castañeda Ríos y Josefa Jaimes. Sus padrinos fueron Trinidad Nava y Manuela Ronces, también originarios de Santiago.

Por línea paterna es nieto de Juan Francisco Castañeda Popoca y María de Jesús Ríos, originarios del barrio de Santiago en Zacualpan. Josefa Jaimes, su madre, nació en Temascaltepec, fue hija de padre ––ambos padres, tal vez–– británicos o irlandeses.  El apellido Jaimes (originalmente James) proviene de ambos países.

Manuel Castañeda y Josefa Jaimes tuvieron cinco hijos. En orden de nacimiento fueron Félix Andrés n. 1860, quien murió durante su infancia; Manuel n. ca 1866; Justiniano n. ca 1869; José Amador n. 1871 y Víctor Francisco, n. 1873. Amador fue el cuarto. 

En la siguiente foto aparece Amador con sus tres hermanos.

De izquierda a derecha, sentados, están Víctor y Amador; de pie, Manuel y Justiniano. 

Cuatro hermanos Castañeda Jaimes

Este retrato no tiene fecha, dedicatoria o información sobre el fotógrafo. A juzgar por el nopal que está atrás de Justiniano, es probable que haya sido tomado en Pachuca durante una visita de Víctor a sus hermanos. Víctor fue el único de ellos que radicó en Zacualpan. La fecha tuvo que ser poco después de 1903. Es visible un anillo de bodas en el dedo anular de la mano izquierda de Víctor. En 1903 Víctor se casó con Sebastiana Suárez y tuvieron a Humberto, el único hijo del que hasta ahora tenemos noticia.

Como descendiente de una familia de azogueros, Amador trabajó desde niño en torno a la actividad minera de Zacualpan. Se encargaba de llevar comida a los mineros. Es probable que a raíz de esta actividad adquiriera un asma que padeció toda su vida. [1]

En los decenios finales del siglo xix comenzó a declinar la minería en Zacualpan. Eso explica que muchos zacualpenses emigraran hacia otros centros mineros. Entre quienes se fueron al Estado de Hidalgo estuvieron tres hermanos Castañeda Jaimes: Amador, Manuel y Justiniano.

Fue a Real del Monte, Hgo., donde ejercía su profesión un tío suyo, el doctor Gonzalo Castañeda Escobar, apenas tres años mayor que él. Manuel Castañeda Ríos, padre de Amador, y Gonzalo Castañeda Escobar fueron respectivamente los hijos mayor y menor de Juan Francisco Castañeda Popoca (1816-1898). Entre ambos medios hermanos había 27 años de diferencia.

Seguramente el asma fue uno de los factores que indujo a Amador a alejarse de la minería y en cambio, estudiar. En México obtuvo el título de licenciado en Derecho a los 27 años, en 1898. Sus hermanos Manuel y Justiniano se dedicaron a la minería en Taxco, Guerrero, Pachuca y Real del Monte, Hidalgo, aunque con frecuencia tuvieron estancias en Zacualpan. Las partidas del Registro Civil y las actas de bautizo de sus primeros hijos son un indicio de su presencia en distintos lugares.

Amador se desplazó menos. En 1898 ––recién graduado––comenzó a desempeñar cargos judiciales. Lo nombraron secretario de un juzgado de Pachuca, de donde pasó a Jacala, Hgo. como juez mixto de primera instancia en ese distrito judicial. En cierto momento fue juez de primera instancia en Real del Monte.

A Jacala, donde radicó al menos un año, lo acompañó Francisca Yslas Montaño, con quien habría de casarse diez años más tarde, en 1909. Eleuterio Amador, el mayor de los trece hijos que tuvieron, nació en Jacala en febrero de 1900[2]. Los demás hijos de la pareja nacieron en Pachuca, pero Amador volvió solo por Jacala, donde tuvo a su segundo hijo con Leonila Montes: Salvador Castañeda Montes, quien nació en 1902.

R.'s Bisabuela María Sabás Francisca Yslas Montaño 12 Oct. 1938 - Copy

Foto fechada 12 octubre 1938. Cuatro años después de la muerte de su esposo Amador Castañeda Jaimes.

Mi abuelo Amador (chico), primer hijo de mis bisabuelos Amador (grande) y Francisca. Meses antes de su muerte.

 

Mi bisabuelo consolidó su vida profesional y familiar en Pachuca. Adquirió una casa en la calle de Hidalgo, precisamente en el tramo famoso por alojar casas y despachos de los abogados, en cuya acera oriente estuvo la sede del Poder Judicial del Estado de Hidalgo, un edificio al que coloquialmente se le conocía como “los tribunales”[3].

Antes de formalizar su matrimonio ante el Registro Civil, en marzo de 1909, Amador Castañeda y Francisca Yslas procrearon, además de Eleuterio Amador, a Esperanza María del Corazón de Jesús n. 1901; Genoveva n. 1903, Raúl Remigio n. 1904; Herminia Otilia n. 1906 y Adolfo Timoteo n. 1908.

El 8 de marzo de 1909 en que Amador y Francisca (Pachita) se casaron por lo civil en Pachuca. El presidente constitucional y juez del Estado Civil, Alfonso María Brito, validó la unión una vez que los contrayentes reconocieron los hijos que habían tenido.  Los testigos fueron José Asiain, Emilio Asiain, Francisco de Olvera y Pedro Álvarez.

Después llegaron Julia Leonor n. 1910; Carlos Toribio n. 1912; Elena n. 1914; Enrique n. 1916; Laura n. 1918; Jorge n. 1922 y Oscar n. 1924

Imagino el dolor que causó a mis bisabuelos la pérdida de cinco hijos, particularmente la de Amador, primogénito de la pareja ––y abuelo mío––, quien se había casado pocos meses después de cumplir veinte años. A consecuencia de una crisis emocional se quitó la vida en la casa paterna el 12 de septiembre de 1922, casi dos años antes del advenimiento de Oscar, el benjamín de la familia. Mi abuelo eligió la propia casa paterna como sitio para privarse de la vida. Los otros cuatro hijos fallecieron víctimas de enfermedades. En la siguiente foto  muestro los ocho hijos que sobrevivieron.  Por varias razones estoy convencido que esta foto es parte de cuando la familia celebró el sexagésimo cumpleaños de Amador.

Licenciado Amador Castañeda Jaimes posando con su esposa Francisca Yslas Montaño y sus ocho sobrevivientes hijos para una foto en 1931. Esta foto conmemora el sexagésimo cumpleaños de Amador.

 

El censo de 1930 registró en la casa número 54 de la calle 4ª de Hidalgo a diez integrantes de la familia Castañeda Yslas: Amador y Francisca, Esperanza, Carlos, Elena, Enrique, Laura, Jorge y Oscar. Además, vivía con ellos Taide Montaño, prima tal vez de Pachita, quien era apenas dos años mayor que su sobrina Esperanza.  La hoja censal no registró a Genoveva, Herminia Otilia, Adolfo ni Julia Leonor, quienes murieron a temprana edad. Eleuterio Amador había fallecido en 1922, y Raúl Remigio, entonces de 26 años, probablemente estaba en México, donde estudió Derecho en la unam.[4]

Como síntesis de la alternancia de los períodos alegres y sombríos, concluyo que la de mis bisabuelos fue una familia unida y alegre. Basta imaginar la convivencia de trece personas en la misma casa.

Mi bisabuela Pachita vivía feliz con mi bisabuelo Amador. Aparte de sus múltiples tareas como ama de casa y madre de tantos hijos, lo ayudaba a escribir a máquina y a preparar sus documentos. Su carácter era alegre y extrovertido. Silbaba mucho. Una vez lo despertó a las cuatro de la mañana.

––¿Por qué andas chiflando tan temprano?

––Porque estoy contenta ––contestó Pachita.

Juntos hasta los últimos días.

 

Le gustaba cantar por la noche. En ocasiones también se levantaba la falda para bailar. Del mundo que la rodeaba, apreciaba el lado positivo, a pesar de que por aquellos años, como toda familia, sufrieran penurias económicas. Mi tía Elena recuerda que en una de esas épocas su madre dijo una frase que la pinta de cuerpo entero: Cuando menos dinero tenemos, mejor comemos porque echo mano de mis gallinas.

Entre las cosas que le desagradaban estaban las visitas esporádicas de Salvador, el hijo que mi bisabuelo Amador tuvo en Jacala. Salvador, quien radicó en Pachuca desde que su padre le consiguió un empleo en las oficinas de gobierno, pasaba por la casa para platicar con sus medios hermanos. Se casó en la capital del estado el 7 de septiembre de 1925 con Consuelo Lugo, originaria de Jacala.

Mi tía Carmen Castañeda Olea (1914-2012),  http://wp.me/p1ta3l-fN  hija del doctor Gonzalo Castañeda Escobar, me contó que cuando su padre y ella visitaban la casa de Amador, era característico el olor a eucalipto, cuyos frutos utilizaba Pachita para preparar infusiones que mitigaran el asma de mi bisabuelo.

 

Política y servicio público

 

A mi bisabuelo le tocó vivir la época de la turbulencia revolucionaria. Conviene aclarar que no fue un revolucionario activo en el sentido que lo fueron quienes tomaron las armas, o quienes arriesgaron su posición social, su patrimonio y aun la vida en la lucha contra el régimen porfirista. No obstante, participó en esa corriente y las circunstancias lo llevaron a vivir un momento brillante en su historia personal: recibir al presidente Francisco I. Madero como gobernador interino del Estado de Hidalgo en mayo de 1912.

Una vez titulado y establecido en Pachuca, como muchos abogados, ingenieros y médicos interesados en mantenerse al día en los conocimientos de sus respectivas disciplinas y ganar prestigio social, Amador Castañeda se integró al plantel docente del Instituto Científico y Literario del Estado, donde fue maestro de raíces griegas y latinas. Pertenecía a una generación de abogados que desde jóvenes se filiaron a los clubes liberales, corporaciones patrióticas, clubes antirreleccionistas y logias masónicas, donde la corriente de pensamiento político se orientaba por la legalidad y miraba al régimen con enfoque crítico, cuando no se le oponía abiertamente. Tenía 39 años cuando estalló la rebelión maderista contra el porfiriato.

En ese ambiente político y cultural, desde el 27 de mayo de 1900 un grupo de jóvenes profesionistas entre quienes se encontraban Fernando P. Tagle, Ramón M. Rosales, Jesús Silva Espinosa, Teodomiro Manzano, Eduardo del Corral y Agustín Navarro Cardona fundó en Pachuca la Corporación Patriótica Privada que junto con el Congreso Liberal Ponciano Arriaga de San Luis Potosí, fue pionero en la lucha contra la no reelección. La corporación fue el ejemplo para que se formaran otras similares en Atotonilco el Grande, Mixquiahuala, Omitlán, Tezontepec, Zacualtipán y Zimapán.

De este grupo es preciso destacar el nombre del contador, sociólogo y filósofo pachuqueño Ramón M. Rosales (1872-1928), quien encontró en un abogado apenas un año mayor que él no sólo una amistad leal, también un dominio de las cuestiones jurídicas que lo indujo a tomarlo como una especie de colaborador y asesor de cabecera. Ese abogado fue Amador Castañeda. Ramón M. Rosales era además un político militante. Había estudiado en la Escuela Nacional Preparatoria, en la Escuela Nacional de Comercio y Administración y en el Instituto de Ciencias de Nueva York. A los 23 años conoció la cárcel como opositor al gobierno de Díaz. Era natural que simpatizara con el movimiento maderista.

El 22 de mayo de 1909 Francisco I. Madero y Emilio Vázquez Gómez impulsaron la fundación del Partido Nacional Antireeleccionista en la Ciudad de México, cuyo antecedente fue el Club Antirreeleccionista de México, surgido a principios del mismo año.

Animados por las propuestas políticas de Madero, el contador Ramón M. Rosales y el notario Jesús Silva lucharon por instalar un club antireeleccionista en Pachuca. Sus actividades cobraron fuerza y el 15 de septiembre de 1909, cuando se disponían a invitar al pueblo hidalguense a unirse al Club Político Antireeleccionista de Pachuca, fueron arrestados.

1910 fue un año de intensa agitación política. En junio habría elecciones y 16 de enero, fecha significativa para los hidalguenses por ser el aniversario de la erección del Estado[5], establecieron el Club Antireeleccionista Benito Juárez. Lo presidió Jesús Silva; Ramón M. Rosales, el ingeniero Andrés Manning y Julián S. Rodríguez fueron los vicepresidentes, y  Rafael Vega Sánchez, tesorero. Entre las primeras actividades del Club estuvieron el lanzamiento de desplegados para propagar ideas revolucionarias, la postulación de Ramón M. Rosales como candidato a diputado federal y la invitación a Madero, el candidato a la presidencia de la República, a visitar Pachuca.

Don Francisco I. Madero fue a Pachuca de gira electoral el 29 de mayo de 1910, en un tren especial, invitado por el  Club Antireeleccionista  Benito  Juárez. Tocó al poeta y escritor Rafael Vega Sánchez darle el recibimiento en un mitin que se realizó en el Jardín Independencia. Rodrigo López fue el presentador y Enrique Bordes Mangel, abogado y militar guanajuatense ––poco después, uno de los redactores del Plan de San Luis––, el orador que expuso lo que Madero haría si resultaba electo presidente de la República. [6]

Ramón M. Rosales hizo campaña por la diputación con sus propios recursos. Para lanzarse a la lucha retiró todos sus fondos del Banco de México.

Las elecciones de junio de 1910 concluyeron con un fraude electoral. Porfirio Díaz resultó reelecto por enésima ocasión, en medio de un descontento generalizado y una creciente popularidad de Madero. El 6 de julio Madero fue aprehendido y encarcelado en San Luis Potosí, lugar de donde huyó después de lanzar el Plan que incitaba al país a iniciar una revolución a partir del 20 de noviembre.

Los pachuqueños tomaron en serio la proclama de Madero. Desde el 26 de junio, Ramón M. Rosales se unió con otros revolucionarios para planear un levantamiento armado en Veracruz. La idea era impedir que don Porfirio iniciara en paz un nuevo periodo gubernamental. Enviaron desde Pachuca personal, armas y dinamita. Ramón M. Rosales fue como delegado a la Convención Nacional  Antireeleccionista y se entrevistó con Francisco I. Madero, a quien ofreció su fortuna y sus conocimientos para la inminente lucha. Otros pachuqueños que secundaron la revolución maderista fueron Ricardo Pascoe, Antonio Ramírez, Emilio Barranco Pardo y Pablo Aguilar.

El 13 de noviembre de 1910, siete días antes de la fecha convenida para que la revolución estallara, Ramón Rosales fue sorprendido  en la Ciudad de México con armas y dinero para la causa. Le confiscaron todo y lo aprehendieron. Alrededor del 18 de noviembre de 1910 fueron aprehendidos Abel M. Serratos, Francisco Cosío Robelo y Loreto Salinas. Jesús Silva Espinosa cayó preso cuatro días más tarde, de manera que el 20 de noviembre de 1910, tanto Silva como Abel Serratos, Francisco de P. Castrejón, Francisco Noble, Eduardo Prunetti y Ramón M. Rosales, los líderes del grupo opositor más activo, estaban tras las rejas.

No obstante, en Hidalgo la Revolución prendió en Huejutla. En enero de 1911 Francisco de P. Mariel desconoció a Porfirio Díaz como presidente. El general Nicolás Flores tomó Jacala y se enfiló hacia Zimapán e Ixmiquilpan. El 15 mayo el general Gabriel Hernández tomó Tulancingo y al día siguiente, Pachuca. Ese acontecimiento obligó la renuncia de Pedro L. Rodríguez, el gobernador originario de Oaxaca, como el presidente Díaz, quien mantuvo el poder en Hidalgo desde 1901. Fue último gobernador porfirista en el estado. Renunció el 21 de mayo de 1911.

 

Finalmente cayó el régimen de Díaz. El octogenario dictador partió rumbo a Europa para no volver. Francisco de la Barra asumió la presidencia de la República el 25 de mayo de 1911 y después de las elecciones, don Francisco I. Madero, el 6 de noviembre siguiente.

De mayo de 1911 al 28 de junio de 1917, entre interinos y provisionales, Hidalgo registró 26 cambios de gobernador, reflejo fiel de la inestabilidad institucional que comenzó con la Revolución, se mantuvo durante el breve gobierno de Madero, se agravó a partir de la Decena Trágica y durante el huertismo, siguió con el levantamiento del ejército constitucionalista y terminó con la promulgación de la Constitución de 1917. La permanencia de los gobernadores durante esos seis años fue de uno a seis meses. Algunos personajes ocuparon el cargo más de una vez.

En la obligada transición entre el antiguo y el nuevo régimen, el licenciado Joaquín González fue el primer gobernador fugaz. Gobernó un mes y renunció ante el congreso estatal el 21 de junio de 1911. Lo sucedió Emilio Asiain, primer mandatario del maderismo triunfante, quien dos años antes atestiguó la boda civil de Amador Castañeda y Francisca Yslas). Meses después fue gobernador interino Jesús Silva, quien había permanecido en la Penitenciaria del Distrito Federal desde la víspera de las elecciones de 1910 hasta el 20 de mayo de 1911, en que fue liberado gracias a la caída de Díaz. Antes de que concluyera el año, asumió la gubernatura Ramón M. Rosales.

Como Ramón M. Rosales aspiraba a ser gobernador constitucional, electo bajo la presidencia de Madero, para ajustarse a la ley vigente dejó el gobierno interino en mayo de 1912 y promovió a Amador Castañeda para que cubriera el siguiente interinato. Fue en ese momento que el presidente Madero visitó Pachuca.

Arco estilo morisco erigido para recibir al Presidente de la República en 1912

Francisco I Madero en la plataforma del tren presidencial 1912

Sabemos que Madero estuvo de visita en la sede de la Legislatura local.  Existe una foto donde se pueden ver Ramón M. Rosales, Amador Castañeda y Francisco I. Madero.  Después de haber hecho varios intentos de adquirir esta foto, finalmente gracias al Licenciado Raúl Arroyo en Pachuca, Hidalgo dispongo de esta.

La foto nos enseña los daños causados por el tiempo.  Buscando un mejoramiento decidí  que fuera restaurada.

Tomando en cuenta que sería de interés para que el lector compare, adjunto las dos fotos con las esperanzas de que también note como estas dos fotos nos transportan a traves de 101 años.

Copia de foto original tomada en 1912. Solamente son tres los reconocidos. Empezando con Ramon. M Rosales de traje oscuro con puntos blancos (confeti), Amador Castañeda Jaimes, mi bisabuelo (con lo que parece ser un botón en su solape) y finalmente en el centro Presidente Francisco I. Madero.

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Copia de foto original restaurada en 2013. Solamente son tres los reconocidos. Empezando con Ramon. M Rosales de traje oscuro con puntos blancos (confeti), a su izquierda Amador Castañeda Jaimes, mi bisabuelo (con lo que parece ser un botón en su solape) y finalmente en el centro Presidente Francisco I. Madero.

Hasta donde los documentos asequibles permiten saberlo, Amador Castañeda gobernó el estado de Hidalgo de mayo a octubre de 1912. El 15 de mayo expidió el decreto # 946 de la xxii Legislatura del Estado cuyo artículo único consistió en una reforma al artículo 54 de la Constitución Política del Estado para prever a forma de sustituir al Gobernador en caso de falta absoluta. El 19 de octubre, el licenciado Miguel Lara asumió el siguiente interinato, de manera que Amador Castañeda permaneció en el cargo cinco meses.  Se facilita el documento PDF por solo hacer clic donde indicado.

Amador Castañeda Gov. Int. 1912  ← Favor hacer clic

El gobierno interino de Miguel Lara concluyó un mes después de que Victoriano Huerta mandó asesinar a Madero y a Pino Suárez para usurpar “legalmente” el poder. El 31 de marzo de 1913 llegó a Pachuca Agustín Sanguines para ocupar el siguiente gobierno interino. Lo envió Huerta.

Durante el dominio de los huertistas, Amador Castañeda se separó del servicio público y se dedicó a litigar.

El periodo de gobernadores interinos en Hidalgo terminó después del 5 de febrero de 1917 en que fue promulgada la Constitución. En las siguientes elecciones de gobernador constitucional del estado de Hidalgo salió triunfante el Gral. Nicolás Flores, hombre cercano a Venustiano Carranza. El general Flores tomó posesión del cargo el 28 de junio de 1917, y por recomendación de Ramón M. Rosales, designó como secretario general de Gobierno al licenciado Amador Castañeda.

En esa época, los mandatos del presidente de la República y de los gobernadores estatales duraban cuatro años. Nicolás Flores gobernó hasta el 31 de marzo de 1921. En el siguiente gobierno, Amador Castañeda fue designado como Magistrado del Tribunal Superior de Justicia. Ocupó esa magistratura durante el cuatrienio que terminó en marzo de 1925, y a partir de esa fecha reabrió su despacho. El litigio, la docencia y la masonería fueron sus principales ocupaciones.

Por razones de las cuales yo ignoro, en la lista de Gobernadores del estado de Hidalgo el nombre de Amador Castañeda reconociéndolo como Gobernador Interino junto son su tiempo de servicio al Estado de Hidalgo está omitido .  Incluyo su nombre en el siguiente documento.

Gobernadores del Estado de Hidalgo ← Favor hacer clic

 

Masonería

 

Amador a los sesenta años de edad (1931)

La masonería en Pachuca estaba regida por Supremo Consejo de México del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Hacia 1925, en la jerarquía masónica del Valle de Pachuca eran reconocidos con el grado 33º, el máximo, Ramón M. Rosales, quien ocupaba el puesto de Sapientísimo Maestro, y Alfonso Herrera. Genaro P. García ostentaba el grado 32º y un numeroso grupo había alcanzado el grado 14º de la masonería, denominado “de la Cámara de Perfección”. Entre ellos se encontraba Amador Castañeda.

En 1924, Amador Castañeda participó en la fundación de la Respetable Logia Simbólica “Unión Masónica” N° 49, que lo reconoció como su Venerable Maestro en 1926. Fue, además, figura de gran relieve en las Logias de Hidalgo “y de otros orientes”. El nombre de mi bisabuelo también aparece en el Cuadro de Honor de la Logia Capitular de Perfección “Esperanza” número 48, según el reconocimiento que mereció en 1930. En 1933 ocupó el cargo de II.’. Comendador en Jefe del Consistorio Regional N° 15, jurisdiccionado al Supremo. Consejo del R.’. E.’. A.’, y A.’ de los Estados Unidos Mexicanos.

La última distinción que Amador Castañeda recibió en vida fue de orden académico. Semanas antes de su merte, el Instituto Científico y Literario del Estado lo reconoció como decano del cuerpo docente. 

Amador Castañeda murió de una oclusión intestinal el primero de julio de 1934. Correspondió a su sobrino, el Dr. Hermilo Lamberto Castañeda Butrón, expedir el certificado de defunción.

 

*

Durante mi visita a Pachuca en 2011, con el interéss de saber más sobre mi bisabuelo hice el intento de visitar la Unión Masónica Nº 49, de la cual fue uno de los fundadores en 1924.  Desafortunadamente nadie estuvo.

En 2012, junto con mis primos Jesús Ríos Castañeda y Jesús Castañeda Téllez Girón, repetí el intento. Esta vez mi fortuna fue diferente porque encontramos a los hermanos de la logia y fuimos muy bien recibidos. Después que nos presentamos, nos estrecharon la mano e intercambiamos información histórica sobre Amador Castañeda Jaimes quien alcanzó el grado 32º en la masonería.

Sin ser miembro de esta Unión Masónica es poco lo que puedo decir, pero el trato que recibimos de los miembros de esta logia fue cálido y afectuoso. Guardo hacia ellos  aprecio y admiración por el respeto que expresan hacia mi bisabuelo como uno de sus fundadores. Una placa colocada en una de las paredes de la Logia testimonia este reconocimiento.

Placa de reconocimiento a su fundador Amador Castañeda

 

La familia Castañeda estaba por celebrar una asamblea días después de aquella visita,. Invité al hermano Oscar G. Vite Vargas, GR SRIO para que asistieran, considerando la oportunidad para que saludaran a la única hija sobreviviente de mi bisabuelo.

Durante la asamblea, mi tía Elena Laura Castañeda Yslas recibió de manos de los representantes de la Logia un Reconocimiento Post Mortem por todas las labores y desempeños como Venerable Maestro.

En esta foto vemos a mi tía Elena, única hija sobreviviente de Amador Castañeda dando gracias por el homenaje habiendo sido entregado por el hermano Oscar G. Vite Vargas GR∴SRIO. Oscar está a la derecha de Elena. Septiembre 2012

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RECONOCIMIENTO POST MORTEM
Amador Castañeda Jaimes

Las asambleas familiares de los Castañeda cuyo tronco común fue Zacualpan han sido acontecimientos singulares para reunir no solo a representantes de distintas generaciones, sino a miembros de las generaciones mayores que no se habían encontrado en mucho tiempo.

 

VISITA PANTEON

Antes de salir hacia Zacualpan, la tierra de mi bisabuelo, para continuar mis investigaciones sobre mis demás ancestros Castañeda, concluí mi estancia en Pachuca con una visita al Panteón Municipal donde reposan sus restos, para presentar mis respetos y limpiar su tumba.  Junto con mi bisabuelo están María Sabas Francisca Yslas Vda. de Castañeda “Pachita”, su esposa, y el primogénito de la pareja, mi abuelo Amador Castañeda Yslas.

Está foto fue tomada en 2011 cuando llegué a saber donde descansaban estos tres ancestros mios.

Esta foto fue tomada un año después en 2012.

Dentro del año de mis dos visitas, una en 2011 y la siguiente en 2012 se construyó un capilla al lado de la fosa de mi bisabuelo Amador.  Viviendo en el extranjero no tuve tiempo para resolver este detalle, durante ésta construcción le salpicaron cemento, el cual fue imposible limpiar en completo.

 

 

Ricardo Castañeda Guzmán

 

Doy gracias a todas las personas conocidas y familiares quien sin su ayuda este artículo no pudiera ser posible.  Especialmente a mi primo Rafael Rodríguez Castañeda por su co-autoría en  la investigación histórica y la redacción.

 


[1].  El 28 de julio de 1974 mi tía Lucrecia Castañeda Castañeda escribió a Juan Hernández Ángeles, el autor de la biografía, para darle información acerca del lugar donde su padre Manuel Castañeda le enseño que era el sitio donde la familia Castañeda Jaimes vivía.

“En el año de 1965 me llevó mi padre a conocer el pueblo de Zacualpan y desde una altura pude ver restos de paredes de adobe pintadas a blanco, de dos cuartitos pequeños y un cobertizo que supongo servía de cocina.  Había un terreno grande para sembrar, no había cactos, pues esa vegetación no es propia de aquella región.  El terreno es húmedo, tanto por su inclinación como por su cercanía al río; crecen en los alrededores árboles de flores blancas llamados por ahí casahuates, guayabos silvestres y algunos cafetos.”

[2]. La manera en que Eleuterio Amador Castañeda Yslas fue bautizado y registrado civilmente es un indicio de la distancia que Amador mantenía de la iglesia católica.  Primero Amador registró a este hijo el 19 de Marzo 1900 en la Villa de Jacala como hijo natural, sin mencionar a la madre de su primogénito. Luego, el 3 de junio de 1900, Francisca llevó a bautizar al mismo niño en la Santa Iglesia de Jacala de la Foranía de Ixmiquilpan como hijo natural, sin mencionar a Amador como padre. Con el tiempo, este hijo vendría a ser mi abuelo.

[3].  A este edificio del siglo xviii, antigua hacienda del Conde de Regla, también se le conoce como “La casa colorada”.

[4]. Raúl Castañeda Yslas sustentó su examen profesional el 30 de noviembre de 1939 y la unam le expidió el título de Licenciado en Derecho el 24 de abril de 1947.

[5]. El presidente Benito Juárez decretó la creación del estado de Hidalgo el 16 de enero de 1869.

[6]. Fuente: Compilación, investigación y redacción de Jonás Reyes Monzalvo en el portalhttp://bicentenario.hidalgo.gob.mx/index.php?option=content&task=view&id=90  

 

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