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Don Juan Francisco Castañeda Popoca (1816-1898), Parte V

Continuación.

“…que ni a Manuel ni a su padre Juan fueran molestados, que habían prestado servicios de consideración a la causa que defendían ellos…”

Juan a la edad de 54 años, 1870

1859 fue significativo en la vida de Juan Castañeda. Fue el año en que nació el primer hijo de su segundo matrimonio y en que vivió la aventura que lo llevó a participar, así fuera indirectamente, en la Guerra de Reforma después que Marcelo Popoca, su tío, erróneamente le informara que su hijo Manuel había fallecido en Temascaltepec.

Para saber más sobre Marcelo Popoca busqué datos extra sobre él en las actas eclesiásticas y los registros civiles de Zacualpan, pero sin éxito. En ambas entidades hay libros de registros faltantes.

La familia Popoca Sáez fue muy extensa. Tuvo varios hijos, de los cuales la mayoría falleció a temprana edad. Entre los que sobrevivieron estuvo Marcelo. José Manuel Popoca y María Ignacia Josefa Sáez fueron abuelos maternos de Juan Castañeda, quien tuvo una relación cercana con su tío Marcelo.

Deduzco que Marcelo era mayor que Juan, a quien seguramente Marcelo contaba cuentos e historias si Juan estaba en casa de sus abuelos o cuando Marcelo visitaba a su hermana María Antonia Josefa Popoca, madre de Juan. Supongo también que entre ellos hubo un trato frecuente a lo largo de su vida. Cuando ambos fueron adultos, coincidían en la plaza de Zacualpan. Sabemos que instalaban sus puestos uno al lado del otro.

En muchos casos, cuando niños, escuchamos historias que nos impresionan y en lugar de “entrar por un oído y salir por el otro”, se atoran en nuestra memoria para siempre. Considero que esto ocurrió con uno de los relatos que Marcelo contó a Juan, quien al final de su manuscrito, escribe tres párrafos con el sabor de los recuerdos de un tío a quien conoció durante su vida y admiró entre las buenas y las malas.

Lo que Juan describe se refiere a la participación de su tío Marcelo en un episodio de la lucha de Pedro Ascencio Alquisiras (1778-1821), guerrillero de sangre indígena pura[1]. Aunque lo más probable es que mezcle dos momentos diferentes de la larga lucha por la Independencia. Uno, donde intervino Filisola, ocurrido hacia 1812, y el segundo, donde el protagonista fue Ascencio, hacia 1820.

La narración de Juan comienza con una frase que probablemente dijo el comandante Vicente Filisola[2] a Marcelo Popoca. Las palabras anteriores que debieron explicarnos esto no existen porque el pliego original del manuscrito subsiste roto. Se perdió la parte superior de la hoja que contiene esta historia, de tal forma que faltan las dos primeras líneas del texto:

—Quedarás agregado a mi fuerza.

A los dos ó tres días se supo en Coatepec que en la Goleta, había sido derrotada la fuerza del Gobierno nombrada regimiento de Santo Domingo; y con tal noticia el comandante Filisola emprendió su marcha para el sur con su tropa, y con ella, mi tío Marcelo de clarín; que llegaron a un punto al pie de la Goleta en donde encontraron una numerosa y horrorosa osamenta de cadáveres humanos, como de caballo de los primeros.

Había muchos [cadáveres] enteros porque las aves carnívoras no daban basto a comerlos; pues supieron por algunos de los que escaparon que de los quinientos que eran, solo trece habían salido de los que iban en lo último, a retaguardia; y por algunos de estos supieron que don Pedro Ascencio los fue llamando, hasta llevarlos a una cuesta o barranco para subir al plan o cima de la Goleta.

Y habiendo la fuerza del Gobierno tomado el camino, que era un callejón cerrado, y barranca por encima y por abajo, Ascencio con treinta indios comenzó a rodarles piedras. Como el camino estaba cerrado, comenzaban a matar desde los primeros hasta los últimos. Que en esa acción se hizo don Pedro de muchas armas, y qué a él le mataron dos hombres, que esto se supo porque encontraron dos sepulturas en donde estaban las piedras que echaron a rodar: y que ellos no corrieron la suerte que los de Santo Domingo porque a los insurgentes les llamaron la atención por otra entrada que entonces la Goleta tenía, pues entonces solo por las entradas se subía a ese punto, y que estando ya encima las dos fuerzas del Gobierno no vieron ya a nadie, pues dizque ese cerro tiene encima grandes planes montuosos y muchas barrancas.

La amplia ayuda que hemos recibido de la familia Castañeda, así como de amigos y conocidos, para recopilar información genealógica la hemos integrado mi primo Rafael Rodríguez Castañeda y yo, quienes hemos buscado, además, la mayor información histórica posible para poner en contexto el devenir de nuestra rama familiar Castañeda.

Hace dos años Rafael me envió la copia digitalizada de un testamento escrito en mayo de 1870. El testamento, dictado por Marcelo Popoca, consideró entre sus legatarios a Juan Castañeda, y es precisamente en la etapa de que se ocupa este capítulo cuando resulta propio y oportuno mencionarlo. Aunque Juan no habla de esto en su manuscrito, nos ilustra sobre la trama familiar en que ambos se desenvolvieron.

Quise saber más sobre este documento y pregunté a Rafael los detalles pertinentes. Como en muchos casos, más que responder, Rafael hizo una presentación completa y transcribió el testamento que ahora conserva. Presento el texto resultante, que hace referencia a Juan Castañeda:

Marcelo Popoca Sáez no sabía escribir. No obstante, cuando sintió próxima su muerte, dispuso la repartición de su patrimonio en un pliego testamentario elaborado con elegancia y esmero profesionales por don Hipólito Patiño, quien firmó al calce de este documento “por sí y por el testador”. Otras seis personas también lo firmaron como testigos.

¿Cómo y en manos de quién fue posible que se conservara durante tanto tiempo? No lo sabemos, pero podemos suponerlo: la primera persona en tenerlo fue Sotera Popoca Soria, única hija superviviente de Marcelo, la albacea, quien recibió la mayor parte de la herencia.

De Sotera Popoca, el pliego pasó como mero recuerdo a manos de su hija, Margarita Porcayo Popoca (1859-193#), nieta de Marcelo. Fue Margarita quien lo llevó consigo entre su menaje de Zacualpan, Edo. De México a Pachuca, Hidalgo y durante varias mudanzas, hasta que lo depositó con otros documentos en un ropero, en la casa que adquirió para ella su hijo Austreberto, y que fue su última morada. Cuando murió, sus pertenencias las conservó Rosario Castañeda Porcayo, Rosita (1891-1975), su hija.

Tocó a Miguel Rodríguez Castañeda revisar el legado documental de su tía Rosita. Entre cartas, fotografías y otros recuerdos, en un sobre común encontró el testamento que dictó su retatarabuelo más de cien años atrás. Con enorme generosidad, Miguel entregó el testamento a Rafael, su hermano.

Descripción del documento.  La subsistencia de este documento, 145 años después de la fecha en que fue escrito, es un portento. Se trata de un frágil pliego de 44 por 32.5 cm de un papel parecido al que hoy llamamos de China, doblado por la mitad, de manera que resultaran cuatro caras, de las cuales el redactor o amanuense utilizó tres. El texto fue manuscrito a tinta. Las páginas 1 y 2 ocupan el anverso y reverso de la primera mitad, y la página 3 una cara del otro medio pliego.

Notas sobre esta transcripción.  El siguiente texto respeta puntualmente la grafía del manuscrito original: carencia de puntuación, acentos en desuso sobre palabras monosílabas, así como faltas ortográficas.

Los números fuera del margen no aparecen en el original; indican el contenido de cada una de las tres caras escritas en el pliego.

RRC

Gracias al envío del Testamento de Marcelo Popoca Sáez digitalizado por Rafael Rodríguez Castañeda, lo adjunto forma PDF  y Words.

Testamento Marcelo Popoca Sáez PDF

Testamento Marcelo Popoca Sáez Words

Testamento

1. En el nombre de Dios todopoderoso, uno en esencia y trino en personas. Yo Marcelo Popoca natural y vecino de este Mineral hijo legítimo de Don José Manuel Popoca y de María Ignacia Josefa Saez difuntos, naturales de Coatepec Harinas, hallandome enfermo en cama de la enfermedad que Dios nuestro Señor se ha servido enviarme, pero en mi entero juicio y cabal memoria; creyendo, como firmemente creo, todos los misterios de nuestra santa fé católica, en cuya fé y creencia quiero y protesto vivir y morir, y esperando en que la Divina misericordia me perdonará mis culpas y pecados por la intersesión de María Santísima Nuestra Señora, á cuyo patrocinio me acojo, para que con el Santo Angel de mi guarda, santo de mi nombre y demas santos de mi devoción me amparen y favorescan en el trance de mi muerte; hago, otorgo y ordeno este mi testamento en la forma siguiente:

Primeramente encomiendo mi alma a Dios, que la crió de la nada y mi cuerpo á la tierra de que fue formado.

Que su entierro se verifique sin pompa alguna.

Que fue casado de primeras nupcias con María Soria natural de este Mineral y ya difunta, que ningún capital poseían ambos al tiempo de su enlace.

Que en nuestro matrimonio tubimos nueve hijos en el orden siguiente: Rafael, María, Víctor, Francisca, Cresencio, Epigmenia, Secundina, Zeferina, Juan ya difuntos y Sotera

Que Don Sabino Hernandez de Pilcalla me es deudor de siete pesos y medio

2. saldo de la cera labrada que le dí quedando ya pagado de dos pesos que yo le debía á dicho Sr. de una poca de azúcar y las demas personas que constan en la adjunta lista y que forman un total de treinta y seis pesos veinticinco cent: advirtiendo que de los doce pesos que adeuda Hilario Hernandez se deben dar seis en el orden siguiente: tres a Pedro Reynoso y tres a Juan Castañeda. Que sus intereces consisten en la casa de su habitacion que posee sin gravamen alguno, en un caballo colorado ensillado y enfrenado, de cuyos objetos deja las constancias necesarias a su albacea.

Que de todo lo que forman mis intereses ya dichos declaro por mi única heredera á mi hija Sotera Popoca.

Que nombro por testamentaria, albacea y ejecutora de mi testamento á mi referida hija Sotera e insólidum le doy la de mi poder cumplido, cuanto en derecho se requiere para que pueda entrar y entre en todos mis bienes y los venda y remate en pública almoneda ó fuera de ella segun le paresca conveniente, para que cumpla mis disposiciones dentro del término legal ó el mas tiempo que necesite, pues al efecto se los prorrogo y le doy facultad para que pueda sustituir sus oficios y subrogar otros en su lugar que lo lleven á debida ejecución, a los cuales doy por nombrados, y les concedo la misma facultad y potestad que á la espresada.

Y por el presente, revoco y anulo cualquiera protestamento o testamentos, codicilo o codicilos que

3. yo haya hecho y otorgado, para que no valgan ni tengan efecto alguno en juicio ó fuera de él, ahora ni en tiempo alguno que paresca y sea mostrado, aunque tenga clausulas derogatorias, y palabras particulares de que haya que hacer especial mension, de las que al presente no me acuerdo y doy por espresadas literalmente; y quiero y mando que el presente se cumpla y ejecute como mi última y deliberada voluntad, en la forma y modo que mejor lugar haya en derecho. Así lo otorgo firmando por mí por no saberlo hacer uno de los testigos presentes.

Zacualpan, Mayo 6 de 1870

Por sí y por el testador

Hipólito Patiño Mariano Chimalpopoca

José D Uribe Antonino Sotelo

Miguel Ocampo Jesús Ocampo

Melesio Ocampo

Juan a los 57 años de edad

Aparte de sus maneras de ser, las cuales todas fueron positivas, Juan fue una persona de alta inteligencia. Esta capacidad se demuestra párrafo por párrafo a través de su manuscrito en como deshebra la vida positivamente, siempre sin sentirse víctima.

Saber que uno mantiene un alto nivel de inteligencia causa orgullo personal. Este sentimiento es evidente cuando Juan nos relata los siguientes episodios que ocurrieron durante la época que su hijo Gonzalo empieza sus estudios.

Antes de hablar de Gonzalo, Juan nos narra cómo él mismo fue ganador de un premio de doce pesos que le brindaron sus conocimientos de aritmética, seguramente cuando era niño o adolescente.

Los signos de añadir y substraer fueron introducidos por el alemán Johann Widman en el siglo XV. Según Juan, aun no se los habían enseñado para el siglo XIX cuando un comisionado del Honorable Ayuntamiento de Zacualpan puso Juan a sumar, restar, multiplicar y partir (dividir). El resultante de esta prueba o concurso fue el premio de doce pesos.

Juan no menciona el año en que incrementó sus posesiones con tal cantidad, pero si suponemos que fue durante su adolescencia, entonces el hecho debió ocurrir alrededor de 1830. En sí misma, la cantidad de doce pesos habrá sido una buena suma.

En otro caso, cuando Juan era niño, tuvo un compañero de escuela llamado Francisco Ramírez con quien seguramente lo mismo jugaba que se peleaba.

Aunque Juan ganaba las peleas, no le gustaban tales enfrentamientos porque su padre lo castigaba por ser pendenciero, sin que importara si había ganado o perdido un pleito.

Un viernes en que convivían en buenos términos, decidieron irse de pinta (absentismo escolar) para no tener que dar cuenta por oraciones y la doctrina de Ripalda[3]. Nunca sabían los artículos de la fe, “las bienaventuranzas ni la doctrina”; el maestro los amolaba y le tenían miedo.

Para no ser detectados, se metieron a un bosque donde se encontraron con una grande culebra. Pensando que era castigo del Dios por haberse servido una libertad no autorizada, volvieron inmediatamente a la escuela. Al regresar, el maestro ya enojado porque nadie sabia la lección y ellos tampoco, los azotó como a bestias de carga.

Al final de ese relato, Juan afirma algo que permanece vigente hasta este día con mucha verdad.

Casi en todas las escuelas me pasaba lo mismo porque no sabían los maestros enseñar ni los discípulos aprender”.

“[Gonzalo] era muy travieso y llorón”. Tal es la primera aseveración de Juan sobre su hijo Gonzalo, quien llegaría a ser un gran médico en la historia de México.

Corría 1873. Gonzalo tenía cinco años. Era, por tanto, muy chico para la escuela, pero con tal de que no los molestara en casa, Juan decidió mandarlo al colegio con Bernardino, su hermano mayor, quien para este tiempo tenía catorce años de edad.

Juan y Gabina solamente tuvieron dos o tres días de descanso, porque el preceptor Miguel Ocampo lo regresó con un recado: con sus travesuras, Gonzalo le quitaba el tiempo y debido a su tierna edad no se le podía dar castigo corporal.

Pasó el tiempo y llegó el momento en que fue enviado a la escuela. Gabina avisó a Juan que Gonzalo no quería ir.

Con lágrimas en los ojos de Gonzalo, Juan lo tomó de un brazo:

—¡Marche para la escuela!

Juan lo llevaba, Gonzalo se escapaba y Juan lo regresaba. Después de ofrecerle un tlaco y otros estímulos, Gonzalo perdió el miedo y atendió a sus clases.

El mundo de la educación se abrió y Gonzalo corrió con ella tan aceleradamente que su maestro lo nombró su caballo de batalla porque le ayudaba a enseñar. Era también el niño a quien comisionaba para tomar la palabra en nombre de los alumnos para saludar a las autoridades políticas y educativas que visitaban la escuela.

Una vez en un discurso que pronunció Gonzalo, dijo al gobernador: “Ojala, señor, que usted tuviera a bien darme un lugar en el Instituto Literario”. Pero como en muchos casos, palabras caen en oídos que nunca oyen.

El gobernador habrá tenido audiencia selectiva, pero Gonzalo no consideró ese detalle de manera que siguió adelante, calificando bien en sus exámenes, los cuales le generaban carpetas con moños y monedas de plata.

Un día Juan y Gabina recibieron la sorpresa de una visita del alcalde, don Jesús Lechuga, y de un regidor. Juan se preguntó, a qué se debía tal visita.

En representación del Ayuntamiento, los visitantes expresaron con agrado la razón de su visita. Iban a felicitarlos por el adelanto de Gonzalo en la escuela, así como la expectativa de quienes lo examinaron de que en el futuro siguiera aplicándose con el mismo entusiasmo.

Juan se sobrepuso a la emoción que le anudó la garganta y les dio las gracias por el honor que les hacían a Gabina y a él.

“Dios quisiera que mi joven siguiera con el empeño que hasta entonces tenía —reflexionó Juan—, y que acaso llegaría el día que fuera útil no solo a sus padres, si no a su patria, y por fin, a la sociedad”. La realidad es que sus fervientes deseos se realizaron: Gonzalo llegó a ser una eminencia en la Medicina, satisfizo a sus padres, honró a su patria y benefició a la sociedad.

Don Mariano Sotelo no sólo era preceptor de la escuela municipal; también promovía la participación de los alumnos en actividades teatrales. Representaban comedias y sainetes, y Gonzalo era el actor preferido para los papeles principales. De estas pequeñas obras de teatro escolares, Juan menciona dos.

En una de sus actuaciones, asignaron a Gonzalo el papel de un amante que gritaba con enfado el nombre de su novia, y ella el de él. Juan abandonó la representación porque consideró inmoral el sainete, impropio para un niño de nueve años de edad. Este episodio debió ocurrir en 1877.

En otra ocasión en que Gonzalo debía actuar, todo su vestuario estaba listo, menos los zapatos, porque el zapatero no cumplió.

La víspera de la representación, en medio de su angustia y su llanto, Gonzalo pidió a Juan que fuera a casa de su compadre don Zenón porque sabía que Lolita, la hija de Zenón, tenía dos pares de zapatos, uno de los cuales le venían bien.

En casa del compadre Juan sólo encontró a Lolita, se entendió con ella y el asunto quedó arreglado.

Quienes presenciaron aquel número aplaudieron la actuación de Gonzalo, particularmente su habilidad para bailar, de tal manera que cuando Gabina, Bernardino y Gonzalo iban a un baile, los asistentes le pedían a Gonzalo que bailara el jarabe, pues lo hacia muy bien, especialmente con Lolita Suárez.

Sin cesar, Gonzalo buscaba la forma de continuar sus estudios. A pesar de las estrecheces de la familia, esa inquietud se la planteaba a su padre, a quien le revelaba sus deseos mediante interrogatorios cuya intención Juan entendía claramente. Las siguientes preguntas, según mis cálculos, procedían por lo menos de un muchacho de catorce años de edad. Juan tenía entonces sesenta y seis. El año era 1882.

—¿Cuánto es lo que se paga en un colegio porque entre uno a estudiar?, ¿qué pasos se dan para entrar en un colegio? ¿Cuánto se pagará en un navío por ir a Francia o a España o a otra parte que vaya uno en un navío?

Juan respondió:

—En los colegios que paga el Gobierno no se paga nada y se enseña; pero estos necesitan de tener proporción para poder sus padres subsistir en México, y si sus padres viven fuera, necesitan tener para mantenerlos y vestirlos.

Juan agregó, considerando su pobreza:

—Que casi nunca es el que remiten el de más aplicación e inteligencia tiene, sino el hijo del Alcalde, del más rico o del de más influencia, aunque éste, por quien dan su voto, sea un burro. [Así proceden], menospreciando al pobre aunque, sea más adelantado e inteligente que los demás.

Juan ignoraba el costo de un pasaje a España, Francia e Inglaterra, pero explicó a su hijo que la situación económica del pasajero dictaba su comodidad durante el viaje y que el pobre comía los desperdicios que el rico dejaba.

Las ambiciones de Gonzalo por avanzar escolarmente eran grandes y a Juan lo mortificaban. Carecía de los medios. Lo único que si podía hacer, era pedirle a su Dios.

Con grandes esfuerzos y con la ayuda de familiares, Gonzalo llegó a Cuernavaca para avanzar en sus estudios en plena adolescencia. Hubo un momento en que allí se reunieron Juan y dos de sus hijos, Bernardino y Gonzalo. Ese momento quedó capturado en la siguiente fotografía, que conocemos gracias a la gentileza de Claudia Infante Castañeda, nieta del Dr. Gonzalo Castañeda.

De izq. a der., Bernardino Castañeda Escobar, Juan Francisco Castañeda Popoca y Gonzalo Castañeda Escobar. Foto gracias a la generosidad de Claudia Infante Castañeda, nieta del Dr. Gonzalo Castañeda Escobar

Más de medio siglo después, el 28 de enero de 1941, el doctor Gonzalo Castañeda explicó en una carta dirigida al Sr. Rodolfo González Hurtado algunos detalles acerca de su niñez.

Continuara…

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición Rafael Rodríguez Castañeda


[1]. http://guerrero.gob.mx/articulos/alquisiras-pedro-ascencio/

[2]. Vicente Filisola. (Riveli, Nápoles, 1785-México, 1850) Militar mexicano de origen napolitano. Luchó en el ejército realista contra los insurgentes. Es probable que el episodio que narra Juan Castañeda haya ocurrido hacia septiembre de 1812 en las inmediaciones de Sultepec, Amatepec, Tejupilco, Temascaltepec e Ixtapan de la Sal. V. Gaceta del gobierno de México, Volumen 4. Ed. Imp. de Arizpe. Original de la Universidad Complutense de Madrid digitalizado en enero de 2009. (Gaceta del Gobierno de México del sábado 31 de octubre de 1812. Tomo iii. Núm. 309. pp 1143 y ss.)

https://books.google.com.mx/books?id=7W4OOxaCV5gC&pg=PA1147&lpg=PA1147&dq=comandante+filisola&source=bl&ots=SL8prHlK5P&sig=8ERuKnS-Mt1yiIW35wr5y7ympIw&hl=es&sa=X&ei=6kZuVdO8L8-OyATKoYKQCQ&ved=0CCgQ6AEwAg#v=onepage&q=comandante%20filisola&f=false

[3]. Jerónimo Martínez de Ripalda (Teruel, 1536 – Toledo, 1618) Jesuita español, autor de un famoso Catecismo (1618). Provista con las novedades del Concilio de Trento, la obra de Ripalda pasó a Hispanoamérica. Se tradujo a las lenguas indígenas. Del de Ripalda se hicieron traducciones cuando menos en náhuatl, otomí, tarasco, zapoteco y maya. (Fuente: Wikipedia).

Una historia de vida se escribe día con día

Dr. Luis Camilo Ríos Castañeda, 1959 al presente

Luis Camilo Ríos Castañeda es familiar nuestro. Hijo de Celia Castañeda Hidalgo, nieto de Víctor Castañeda Hernández, bisnieto de Justiniano Castañeda Jaimes, tataranieto de Manuel Castañeda Ríos y chozno de don Juan Castañeda Popoca, tronco familiar del que descendemos. Nació en 1959. Es, por tanto, nuestro contemporáneo y no un ancestro.

¿Por qué, entonces, ancestroscastaneda publica un artículo sobre Luis Camilo? Para celebrar en familia los más recientes reconocimientos que ha acumulado en su fructífera trayectoria. Por la simple satisfacción que sentimos en reconocerlo.

La ficha que aparece en la tercera edición del Diccionario Castañeda sobre Luis Camilo, —ingeniero químico, farmacólogo y neurólogo—, alcanzó a informar que mereció el premio Doctor Manuel Velasco Suárez 2013 al Mérito en Neurología y Neurocirugía, por su destacada trayectoria en el área de las neurociencias. A ese premio le han seguido nuevas distinciones:

 

El doctor Luis Camilo Ríos Castañeda, profesor-investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), recibió el Premio Doctor Manuel Velasco Suárez 2013 – Ver más en: http://campusmexico.mx/2013/04/25/doctor-manuel-velasco-premiado-por-la-uam/#sthash.TDArDBlQ.dpuf

En 2013 ingresó a la Academia Nacional de Medicina de México como académico en el área de Bioquímica.

En octubre del año pasado obtuvo el Premio Hidalgo en Ciencia, Tecnología e Innovación 2014 en la categoría Investigación Científica, con el informe científico Tecnología para recolectar células dañadas después de contusiones. El de Luis Camilo fue uno de los 52 proyectos participantes en ese concurso.

Dr. Luis Camilo Ríos Castañeda ante la asamblea.  Foto adquirida en: énfasis, el centro de la noticia, Hidalgo.

El Gobernador del Estado de Hidalgo, Lic. Francisco Olvera, entregó en la misma ceremonia reconocimientos a Luis Camilo Ríos Castañeda, a Daniel Robles Camarillo, a Héctor Enrico y a Marco Antonio Escamilla Acosta por sus aportaciones a la investigación científica, innovación y al desarrollo tecnológico.

Premio Hidalgo 2014

Los premiados.  Foto adquirida en: énfasis, el centro de la noticia, Hidalgo.

Hay una breve reseña del acto de premiación en el siguiente enlace:

http://www.revistaenfasis.com.mx/2014/10/24/entregan-premio-hidalgo-2014-a-investigaci%C3%B3n-cient%C3%ADfica/

El artículo señala que en Hidalgo ha crecido el rubro de la investigación científica, y que los galardonados son claro ejemplo de las posibilidades que ofrece la innovación local en un mundo globalizado para atender problemas sociales.

El perfil profesional más completo de Luis Camilo Ríos Castañeda lo elaboró en 2011 Olivia Soria Arteche, integrante de la División de Ciencias Biológicas y de la Salud de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, cuando Luis Camilo se hizo acreedor del Premio Nacional de Química Andrés Manuel del Río 2011 en Investigación. A continuación lo reproducimos:

El doctor Ríos Ríos nació en la Ciudad de Pachuca, Hidalgo, el 25 de Agosto de 1959. Se tituló como Químico, con Mención honorífica, en la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México en 1983. Después de cursar la Especialidad en Estadística Aplicada en el Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas de la propia Universidad, el doctor Ríos realizó los estudios de maestría en Investigación Biomédica Básica, bajo la tutoría del Dr. Ricardo Tapia. En 1994 obtuvo el doctorado en Ciencias en la Especialidad de Farmacología, en el CINVESTAV, bajo la tutoría del Dr. Alonso Fernández-Guasti.

Como docente e investigador, el doctor Ríos ha realizado su labor en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, donde ha sido Profesor Titular “C” desde 1989 y en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía como Investigador, Jefe del Departamento de Neuroquímica (1990-2011) y Director de Investigación (2000-2003).

El trabajo de investigación científica del Dr. Ríos se refleja en los más de 170 artículos publicados en revistas científicas internacionales y los cuales han recibido más de 2,500 citas. El doctor Ríos es Investigador Nacional Nivel 3, del Sistema Nacional de Investigadores desde 2005.

Ha sido miembro del Comité Editorial de las revistas Toxicology Letters y de la Revista Mexicana de Ciencias Farmacéuticas y es Co-Editor de la Revista de Investigación Clínica , órgano oficial de los Institutos Nacionales de Salud de México. Ha sido miembro de las comisiones de proyectos científicos y de evaluación del Sistema Nacional de Investigadores del CoNaCyT.

La investigación del doctor Ríos ha sido pionera en el estudio de la Química del cerebro en nuestro país. Está centrada en la búsqueda de los mecanismos de daño neuronal por metales y radicales libres, y ha logrado la aplicación de conocimiento en bien de la salud a través del desarrollo de nuevas terapias y acciones de prevención que han beneficiado a miles de personas. Un ejemplo de esto es la Norma Oficial Mexicana que regula las concentraciones de plomo en sangre de los niños, en cuya elaboración participó el doctor Ríos. En fechas recientes el doctor Ríos y su grupo de trabajo encontraron el efecto dañino del manganeso sobre el coeficiente intelectual de niños expuestos ambientalmente a este metal. Asimismo, desarrollaron la aplicación de un fármaco como antídoto contra la intoxicación por Talio, un elemento químico con potencial neurotóxico utilizado para la guerra química. Como resultado de este desarrollo, el Instituto Mexicano de Protección Industrial de México les otorgó la patente para este producto.

Gracias a sus investigaciones sobre los mecanismos de daño cerebral por radicales libres, el doctor Ríos ha desarrollado un fármaco neuroprotector que ha sido empleado con éxito en pacientes con infarto cerebral. Con este descubrimiento se podrá reducir el daño neuronal y la discapacidad física asociada con este padecimiento, la tercera causa de muerte y la primera de discapacidad en el mundo. Para proseguir con este desarrollo, el doctor Ríos ha recibido el registro oficial de la Secretaria de Salud para el uso del medicamento (NeuroProd®) y actualmente ha registrado un ensayo clínico fase 3 para el medicamento. El doctor Ríos es titular de ocho patentes nacionales y dos internacionales. Una de estas se encuentra licenciada para su aprovechamiento comercial a una empresa farmacéutica nacional (NeuroProd®)

Bajo la dirección del doctor Ríos se han graduado 16 maestros y 17 doctores en Ciencias en los diversos programas de posgrado de excelencia de la Universidad Autónoma Metropolitana, de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Centro de Investigación y Estudios Avanzados.

Tres de estas tesis han sido premiadas como “Mejor Tesis de Doctorado” por los Institutos Nacionales de Salud, en los años 2005, 2008 y 2009.

En reconocimiento a su labor científica, el doctor Ríos ha sido acreedor de diversos premios nacionales e internacionales de investigación, como el Premio Gen (en dos ocasiones), el Premio Glaxo-Wellcome (en dos ocasiones), el Premio de la Coordinación de los Institutos Nacionales de Salud (en cuatro ocasiones), así como el Premio de la Western Pharmacology Society. En esta ocasión, por su trayectoria y aportaciones a la investigación científica, se hizo merecedor al Premio Nacional de Química “Andrés Manuel del Rio” 2011 que otorga la Sociedad Química de México.

Fuente: Bol. Soc. Quím. Mex. 2011, 5(2-3), 46. © 2011, Sociedad Química de México. ISSN 1870-1809

¿Cómo es posible acumular tantos conocimientos y ganar tal número de distinciones? Mediante la constancia. Luis Camilo asiste cotidianamente a su trabajo: ingresa al laboratorio, donde sus proyectos de investigación progresan metódicamente; da clases o dirige a otros investigadores. Eso explica que bajo su dirección 33 científicos jóvenes de tres instituciones distintas hayan obtenido grados de Maestría y Doctorado y que tres de ellos recibieran un reconocimiento especial a la calidad de sus tesis de doctorado.

La suya es una vida profesional dedicada a la Ciencia. No nos cabe la menor duda de que Luis Camilo seguirá cosechando premios y distinciones en el futuro; de que seguirá dando lustre a su historia.

 

Rafael Rodríguez Castañeda

Edición; Ricardo Castañeda Guzmán

El Salto, Zacualpan, Edo. De México, México, mayo de 2014

Cumplir una promesa

En varias ocasiones he pospuesto trabajos, proyectos o tareas que deseo realizar, especialmente cuando el clima o la temporada no son favorables para llevarlos a efecto en el momento que desearía hacerlo.

Como lo comenté en 2012 en el blog Los Duendes de Zacualpan[1], Edo. De México, México, aquel septiembre fue imposible observar el sitio conocido como El Salto desde río abajo, donde quise apreciar la caída de agua y las rocas que salpica porque la vegetación era espesa e impenetrable debido a la temporada de lluvias. Durante esa visita septembrina el guía me dijo que el mejor tiempo para verla por abajo eran los primeros meses del año, cuando la mata no es tan espesa y las lluvias son menos frecuentes.

Segundo viaje

En mayo de 2014 durante un viaje a Pachuca, Hidalgo, para atender una reunión familiar, y sin premeditar nuestro itinerario, mis primos Jesús, Rafael y yo decidimos ir a Zacualpan. Para Rafael y para mí significaba volver, pero para Jesús (Chucho) era una nueva aventura.

A sabiendas de que estaríamos en Zacualpan durante el primer semestre, presentí que las probabilidades de ver El Salto río abajo serían favorables.

La cascada de El Salto que genera el cauce del río en el barrio de Santiago[2] mide como 15 metros y llena una poza casi redonda cuyo agitado diámetro se extiende de 12 a 15 metros. Los vecinos del lugar se refieren a esta poza como La Tambora. Este lugar es muy significativo para nosotros, los descendientes de Juan Castañeda (1816-1898) porque nos dejó detallada información en su manuscrito. En su juventud se bañaba en esta poza mientras María de Jesús Ríos, su esposa, lavaba ropa.

La Visita

Como en previas visitas, Rafael y yo alquilamos cuartos en el hotel Posada Real, que está en la esquina de Melchor Ocampo, la calle principal, y el callejón Gonzalo Castañeda[3]. Mientras Jesús prefirió alojarse en el Hotel Minero, que se encuentra enfrente.

Antiguo Zacualpan 4 (2012)

Hotel Posada Real

2014-05-08 08.10.24

Hotel Minero

El Hotel Minero fue nuestro centro de operaciones y el lugar donde nos alimentamos. La maestra Felícitas Vera Flores, dueña de este establecimiento, y sus ayudantes atendieron con esmero nuestra búsqueda gastronómica y tomaron nota del horario que elegimos para desayunar y comer. De los diferentes platillos y jugos que diariamente nos servían, lo que más me impresionó fueron las salsas, muestras suficientes para justificar la variedad de la cocina Mexicana. No me acuerdo de las recetas, pero sí de que las prepararon con frutas, chiles y vegetales regionales y con su exquisita sazón.

Desde el segundo piso del hotel Minero se aprecia una vista maravillosa de la cañada de Zacualpan y del horizonte montañoso hacia el este. La maestra Felícitas Vera Flores, dueña del hotel, y su ayudante, la señorita Berenice, nos dejaron fotografiarlas y al mismo tiempo, la lente captó una de las vistas que se pueden observar desde este piso. Ese día no estaba despejado, pero el panorama visible fue impresionante y da una idea del soberbio horizonte en un día sin nubes.

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La maestra  y propietaria del Hotel Minero Felícitas Vera Flores, con Berenice a su derecha.

Nuevo guía

Después de buscar sin éxito a nuestros previos guías, encontramos al hermano de uno de ellos: Jorge Gama.

Llenos de energía procedimos hacia un sitio cerca del barrio de Santiago donde fue posible estacionar el carro. Jorge, Chucho, y yo empezamos el viaje. Fue sensato que Rafael, quien se recupera de una fractura, no se aventurara por un camino pedregoso y con pendientes.

El Salto rio abajo

El video que presento no muestra una vegetación exuberante. Conforme continuábamos, nos encontramos con un pequeño acueducto que conduce el agua que irriga tierras más bajas. El color del cemento y las recién cortadas matas indican que este canal fue recientemente construido.

Al progresar escuchamos a las chicharras[4]. Para quien no esté acostumbrado, estos insectos emiten un chirrido que puede resultar cacofónico, pero durante ese breve tiempo para mí fue una sinfonía campestre.

El estruendo del agua nos hizo saber que estábamos cerca de nuestro objetivo. La planta purificadora, de cuya construcción nos dieron noticia hace dos años, aún no está activada y sobre estas aguas negras corrían dos pedazos de basura, pero como en muchas partes de este mundo…, donde pisa el hombre, se encuentra basura.

La manguera negra que se ve al cruzar el rio poco después del minuto 03:45 del video lleva agua potable hacia algunos hogares.

Después de penetrar a un área rocosa del monte para llegar al salto, Jorge, nuestro guía nos recomendó que no siguiéramos porque el margen de seguridad disminuía. Comprendí muy bien, pues no íbamos equipados ni preparados para escalar el terreno que estaba enfrente de nosotros. Además, la piedra que pisábamos era muy resbalosa cuando el agua la mojaba.

 

En la siguiente foto aparecen Chucho a la izquierda y nuestro guía Jorge a la derecha con un respaldo montañoso.

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Jesús (Chucho) Castañeda y Jorge Gama

No llegamos a la cascada de El Salto junto con su grande poza, como hubiéramos deseado, pero me reconcilió la idea de haber visto por arriba un par de años antes la precipitación del caudal.

Nueva amistad

Antes de hacer este viaje a Zacualpan tuve la oportunidad de platicar por teléfono con el profesor José Flores Rodríguez sobre aspectos históricos de Zacualpan. Fue su nieta o sobrina Mercedes quien nos puso en contacto con él cuando conoció la edición del Diccionario Castañeda publicada en 2012, donde se encuentra mucha información sobre la vida cotidiana en Zacualpan durante el siglo XIX.

El profesor José Flores Rodríguez fue presidente municipal de Zacualpan de 1970 a 1972. Ocupó este puesto y por coincidencia fue un término antes que un ancestro nuestro, Bernardino Castañeda, quien fue presidente de 1973 a 1975.

Bernardino Castañeda Gómez

Bernardino Castañeda Gómez

Cuando Rafael, Jesús y yo lo visitamos, corrimos con la suerte de encontrarlo en su oficina. José “Pepe” Flores Rodríguez —como prefiere que lo llamemos—, es una fuente de información histórica sobre Zacualpan y toda esa región del sur del estado de México. Mucha fue la información que nos dio, pero no sería justo que la pusiera en este blog porque será él quien publique este acervo histórico en un futuro cercano.

Pero…, sí me autorizo publicar una “probadita “del contenido de su futuro libro y estoy muy agradecido.

“Zacualpan no fue un gran centro productor de plata, comparable con Guanajuato, Pachuca, Real de Monte, Taxco o Zacatecas, pero fue cuna y laboratorio de la tecnología minera. A Zacualpan llegaron a probar los nuevos métodos de extracción y procesamiento inventados en los países de Europa. Un ejemplo: el uso de la pólvora en la minería constituyó un parte aguas en la explotación. Antes del uso de la pólvora, las excavaciones se detenían cuando encontraban el manto freático. El agua impedía que cavaran a mayor profundidad antes que utilizaran la pólvora y sistemas de desagüe. Con el Varón de Humboldt llegó a México —y entiendo que a Zacualpan— la primera bomba de émbolos para extraer el agua de los socavones…”

En la siguiente foto Pepe, Rafael y yo nos encontramos en su micro plaza.  Pepe está en el centro, Rafael a su izquierda y yo a su derecha.

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Pepe centro, Rafael a su izquierda y yo, Ricardo a su derecha.

Durante nuestra visita nos enseñó el panorama de la municipalidad que contempla desde la azotea de su casa. Para mí, lo más impresionante fue la vista hacia el panteón municipal[5]. En el siguiente video dentro los segundos treinta y treinta y siete se puede identificar el panteón en la cima del cerro central.

 

Entre 1830 y 1860, cuando los difuntos eran enterrados, los padres de la iglesia se referían a este panteón como el Rincón de Castañeda. Pepe me explicó que al norte, dentro del barrio de Santiago, está la barranca de Castañeda[6]. El panteón fue considerado como un rincón de esta barranca, de ahí el nombre del “Rincón de Castañeda”.

Conforme hacíamos las rondas por su casa Pepe nos enseñó las lámparas de carburo que ha coleccionado a través del tiempo.

 

Con la misma amabilidad, la maestra Isabel Noriega, esposa de Pepe, nos enseñó su colección de plantas y flores procedentes de los alrededores de la región.

Fallecimiento de un familiar

Durante esta visita nos enteramos que nuestro pariente Jesús “Chucho” Castañeda Ronces, a quien visitamos en 2012, había fallecido a la edad de 90 años, debido a una larga resbalada de un cerro muy inclinado.

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Jesús (Chucho) Castañeda Rónces

Descansa en paz, Chucho

Descubrir nuevos parientes

Durante nuestra visita a Zacualpan nos enteramos de otros parientes, con quienes no habíamos tenido el gusto de platicar durante nuestra anterior visita, en 2012. Estos familiares nuestros son cinco hermanas; Elvira, Rebeca, Victoria, Martha y Carlota Castañeda González.

Conocimos a Víctor Gustavo Garcés Castañeda, hijo de Victoria Castañeda González. Gustavo se ha convertido en un entusiasta colaborador del interminable proyecto de actualización del Diccionario Castañeda. Esta vez nos ha aportado datos sobre su núcleo familiar y dos fotos donde podemos ver a sus abuelos Delfino Castañeda Gómez y Paulina González Gómez.

De iz. a der. Paulina González Gómez y Delfino Castañeda Gómez

 

Delfino Castañeda Gómez 1917-1996

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Martha y Carlota están al frente de una tienda de abarrotes en la calle central de Zacualpan llamada Tlaxpampa[7].

Fotos Panorámicas

Agradezco a Mercedes Mónica Flores Góngora, Subdirectora de la Secundaria Roque Díaz, por enviarme fotos pertenecientes a Zacualpan y autorizarme de publicarlas en este blog.

La primera es del Nevado de Toluca, la segunda es del Popocatépetl humeante en abril de 2013 y la tercera y cuarta están en orden cronológico conforme las tomó.

El nevado de Toluca

El nevado de Toluca

Popocatépetl humeando 15 abril 2013

Zacualpan amanecer 16 ago 2013 hrs. vista Popocatépetl

Zacualpan 21 oct '13, 0724 hrs

Zacualpan amaneciendo 0734 hrs., 21 octubre 2013

 

“Mis ancestros habrán encontrado plata,

Lo que yo encontré son vistas panorámicas”

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición: Rafael Rodríguez Castañeda

 


[1]. https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2012/10/26/los-duendes-de-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

[2]. Barrio dentro del municipio de Zacualpan

[3]. https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2011/05/09/dr-gonzalo-castaneda-ecobar-1869-1947/

[4]. http://es.wikipedia.org/wiki/Cicadidae

[5] https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2013/07/15/como-difunto-insepulto-un-cementerio-en-zacualpan-edo-de-mexico-mex/

[6] Por varios siglos varias familias Castañeda han existido en esta area.

[7] Según parece, es el nombre original que derivó en ‘Zacualpan’.

Los Padrones de La Inmaculada Concepción, 1834, Zacualpan, Edo. de México, México

Premisa personal

Las siguientes reflexiones parten de un reconocimiento: ante la existencia de información ancestral hay reacciones diversas. Unos la ven con indiferencia, a otros nos despierta una profunda curiosidad.

La Curiosidad

En el curso del tiempo ocurren múltiples eventos en el universo. Dentro de estos eventos cuentan nuestra propia vida, las de nuestros ancestros y nuestros descendientes.

Todo acontecimiento humano está sujeto a dos coordenadas: tiempo y lugar. Es decir, cada evento personal ocurre en un momento cronológico y en un sitio geográfico. Mi propia existencia, por ejemplo, está determinada, en principio, por mi nacimiento en 1948 y en la ciudad de Pachuca, Hidalgo, México.

Si estuviera ante una maquina de tiempo, con los suficientes registros eclesiásticos y civiles en mano, me transportaría a Zacualpan en 1781, año y sitio donde comenzó la vida de unos de mis ancestros, quien vivió por lo menos hasta el año de 1837.

Enseguida presento el registro bautismal de Alejandro Marcos De Castañeda De Gama, mi quinto abuelo [  http://wp.me/p1ta3l-8o ] , quien nació el 23 de abril 1781 y recibió las aguas bautismales cinco días después en la Iglesia Parroquial del Real y Cabecera de Santa María, Zacualpan de Minas. Este registro ignora el apellido de su madre, pero otros documentos disponibles informan que su apellido era De Gama [1]:  Sus padrinos fueron Manuel De Nava y Januaria Martínez, su “mujer” —referencia del sacerdote—; ambos, vecinos de El Cortijo, otro pueblo dentro del municipio de Zacualpan.

 

Gracias a los hábitos seculares de la Iglesia Católica y a la monumental tarea de rescate y difusión de la iglesia The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints (LDS), actualmente disponemos de gran cantidad de registros antiguos, principalmente partidas de bautizo, matrimonio y fallecimiento. Por otra parte, los padrones del Registro Civil, que se instituyó conforme el poder civil se diferenció del poder del clero, incluyen actas de nacimiento, matrimonio y defunción, así como los censos generales de población. Desde mediados del siglo XX, la iglesia LDS también se dedicó a adquirir este enorme acervo de información civil por los cinco continentes mediante el recurso de la microfilmación, y a partir de la revolución tecnológica de la computación y del Internet, los digitalizó y puso a disposición del público vía su sitio de Internet. A través de este puente virtual cualquier persona está en posibilidad de investigar cualesquiera de los registros disponibles en el monumental acervo de FamilySearch, de LDS con solo visitar su sitio de Internet, https://familysearch.org Una vez aprendiendo cómo navegar este sitio, todo visitante o investigador puede encontrar información sobre sus propios ancestros o sobre la gente de su interés. No es necesario profesar una religión en particular para usar este servicio. Es gratis.

Me vuelvo a referir al caso de mi quinto abuelo: El nombre correcto del templo en que Alejandro fue registrado ha sido motivo de debate entre la gente de la localidad a través del tiempo. Actualmente lo conozco como la Iglesia de La Inmaculada Concepción, Zacualpan, Estado de México, México.

Durante siglos el origen racial fue un asunto importante para la sociedad novohispana. Algunos curas de la iglesia católica calificaban a los párvulos a partir del color de la piel, ojos, pelo y del estatus socioeconómico y político de los padres, especialmente del padre. Al asentar el bautismo de Alejandro Marcos De Castañeda, el sacerdote lo calificó como español [   http://wp.me/p1ta3l-ha   ], originario de Santiago porque sus padres, Nicolás De Castañeda [2]: y María Antonia (De Gama) radicaban en la cuadrilla de Santiago, un barrio rural del municipio de Zacualpan. Encuentro muy interesante que en el caso de los hermanos de Alejandro Marcos, los curas que los bautizaron no especificaran la raza en las respectivas actas bautismales.

Montado en mi hipotética máquina de tiempo me dirigí al 22 de febrero de 1808. Este día Alejandro Marcos contrajo matrimonio con Antonia Josefa Popoca, doncella de dieciocho años de edad, hija legitima de José Manuel Popoca e Ygnacia Josefa Sáez.

Cuando Alejandro casó con Ma. Antonia, Nicolás De Castañeda, su padre, ya había fallecido y el apellido de su madre fue anotado erróneamente. Escribieron “De Labra”. Su apellido debió ser De Gama. No aparece el nombre de la iglesia, pero por la mención de Real de Minas y Zacualpan deduzco que fue la iglesia Parroquial de Zacualpan. El registro menciona que Alejandro tiene veinticinco años de edad, pero según su acta de bautizo, debió tener veintisiete años. Ignoro la razón por la cual este escrito le restó dos años. A María Antonia, su esposa, también le quitaron dos años.[3]:

22 febrero 1808, Matrimonio Alejandro Marcos De Castañeda con Antonia Josefa Popoca. https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-13735-47334-27?cc=1837908&wc=MGLC-PTL:166998101,166998102,169037001

Pg. 2 matrimonio Alejandro De Castañeda De Gama con Antonia Josefa Popoca. https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-13735-47780-31?cc=1837908&wc=MGLC-PTL:166998101,166998102,169037001

 

Después de revisar innumerables registros y considerar varios detalles sé que en esa época muchos de los habitantes no sabían leer, escribir y/o hacer uso de la matemática básica. Hay indicios de que muchos desconocían el año en que nacieron.

Una de las primeras ayudas educativas para el indígena de las Américas en esta región de México vino de la Iglesia https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1-13747-22171-98?cc=1837908&wc=MGLV-2NL:166998101,166998102,167039101  -ver imagenes 424 y 425- y no del Reino.

Los Padrones

Existe un documento referente a Zacualpan fechado en 1834 llamado “Los padrones”. Consta de cuarenta y nueve páginas en total. Dos notas introductorias repiten el título y el año de 1834, y cuarenta y siete más muestran los nombres de los habitantes agrupados por familia dentro de cada barrio, cuadrilla o ranchería. Conforme se revisan las páginas es posible ver la cantidad de familias u hogares dentro de cada comunidad, el nombre de quien encabeza la familia, edad y si es casado o soltero. Después los nombres y edades de los demás integrantes. En muchos casos aparecen el nombre y la edad del cónyuge y los hijos. En la última página —número cuarenta y siete— está el índice de las agrupaciones municipales que este padrón cubre.

La familia número 36 de la página 17 es de los Castañeda, cuyos integrantes son Marcos Castañeda, de 54 años, Antonia -abreviada- Popoca de 46, Juan Castañeda 17 y Felipe Trinidad 14 años.

 

Sé que este Marcos Castañeda es mi quinto abuelo porque fue bautizado en 1781. Aparentemente permaneció en la Cuadrilla de Santiago, se casó con una Antonia Popoca y tuvieron a cuatro hijos.

Gracias a los registros bautismales sé que Alejandro y Antonia tuvieron por lo menos cuatro hijos: María Guadalupe en 1808, María Tomasa en 1810, Juan Francisco en 1816 y Felipe Neri en 1820. En 1834 Ma. Guadalupe ya había fallecido, Ma. Tomasa tendría 24 años y si no murió, muy bien pudo haber contraído matrimonio. Juan Francisco y Felipe, todavía adolecentes, habitaban en casa, pero pocos años después Juan empezaría a tener su propia familia, en la cual ocurre una serie de eventos de los cuales proviene mi propia existencia y descendencia.

Hasta hoy hemos identificado por lo menos a cuatrocientos integrantes de nuestra familia Castañeda provenientes de un solo tronco familiar, diseminados por todo el mundo. El tronco lo funda Alejandro Marcos Castañeda De Gama, quien nació en 1781.

¿Cuántos lectores de este blog —me pregunto— revisarán los padrones que hago accesibles en Words y PDF y buscarán después a sus propios ancestros?, ¿cuanta gente que puebla nuestro globo podrá decir que sus orígenes están en Zacualpan, Edo. De México, México en el año de 1834?

Padrones Parroquia de Santa María, 1834 Zacualpan PDF

Padrones Parroquia de Santa María, 1834, Zacualpan Words

Los registros bautismales informan que Alejandro Marcos y Ma. Antonia Popoca tuvieron por lo menos cuatro hijos.

Otro dato muy valioso que aparece en la misma página está en la familia número 26, correspondiente a un Julián Reynoso, de 50 años, una Ma. Castañeda de 48 años y una Juana Reynoso de 22 años. Al cotejar fechas de nacimiento con las de los matrimonios, y estos nombres con sus edades, puedo deducir que esta Ma. Castañeda en realidad es hermana de Marcos, quien nació en agosto de 1784 y cuyos padres son Nicolás de Castañeda y María Antonia De Gama. La nombraron María Siriaca De Las Nieves. Esta María Siriaca contrajo matrimonio con Julián Reynoso en 1804 y en 1809 tuvieron por lo menos a una hija, llamada Juana Agustina.

Tres años después

Alejandro falleció el 27 de octubre 1837 “de dolores de cascado” —minero con silicosis—. Dejó viuda a mi quinta abuela, y huérfanos a Juan y Felipe, quienes todavía eran hijos de familia. Tendrían veinte y 17, respectivamente.

La pérdida de registros

En 1859, a consecuencia de las pugnas entre el clero y los liberales mexicanos, la iglesia de la Inmaculada Concepción fue incendiada. Después de imaginar la cantidad de documentos que se perdieron en ese incendio, pondero el valor de los registros que subsistieron, donde por fortuna, hay datos sobre nuestros ancestros.

¿Cuánto ignoraríamos si esas actas se hubieran convertido en cenizas? Pensar en esas vicisitudes y a pesar de ellas, en la existencia de información a nuestro alcance, tal vez modifique la actitud de algunos familiares y reconsidere la posibilidad de saber sobre ellos.

 

Ricardo Castañeda Guzmán

Rafael Rodríguez Castañeda edición texto

 

*Nota: WordPress no facilitó el uso de notas de pie –foot notes– para este artículo.

[1]: De Gama pudo haber sido Da Gama, un apellido de origen portugués. Durante la invasión y conquista de México, el reino de España solo reconocía apellidos españoles, y muchos extranjeros ajustaron sus apellidos para tomar parte en el saqueo de recursos naturales, principalmente los minerales que existían en México.

[2]: Nicolás De Castañeda y Ma. Antonia De Gama tuvieron por lo menos seis otros hijos más aparte de Alejandro. Espero tener contabilidad sobre ellos no más tardar hacia el fin de 2014.

[3]: Usando la matemática notando su edad que se encuentra en los padrones.

 

 

Higiene Minera, Dr. Gonzalo Castañeda Escobar (1868-1947)

A Carmen Castañeda Olea en el centenario de su nacimiento 22 abril 1914 – 8 noviembre 2012.

Presentación

La tecnología progresa como si estuviera bajo la influencia de una inyección de esteroides. No nos da respiro para absorber completamente su última invención. La velocidad de los cambios es mayor que nuestra capacidad para asimilarlos.

En mi experiencia personal nada substituirá la sensación de tomar un libro, sopesarlo, sentir la textura de sus hojas y tener la satisfacción de leer desde la primera hasta la última página.

A través de los siglos el libro ha sido una de los soportes más prácticos y eficientes para expresar y transferir información —textos, dibujos o fotografías— sin tener que articularla y expresarla en persona. Pero ahora, dentro del mundo virtual, los avances tecnológicos metamorfosean a este viejo amigo en soportes más asequibles que en inglés conocemos como ebook[1] y su primo, el blog[2].

Mis primos Claudia Infante Castañeda, Rafael Rodríguez Castañeda y yo deseamos compartir con los lectores de este blog un documento que Claudia editó en una revista académica en 1990[3] y Rafael y yo conocimos en forma de e-book digitalizado por Google. Me refiero a un memorial sobre la higiene en los trabajos mineros subterráneos elaborado en 1896, cuyo autor fue el doctor Gonzalo Castañeda Escobar [4]. Ahora presentamos nueva información y profundizamos el análisis.

 

El encuentro

Soy originario de Pachuca, Hidalgo, ciudad mexicana de larga tradición minera cuyo subsuelo cruzan numerosos túneles que se extienden por largas distancias. Por esta razón no solamente soy referido como pachuqueño, sino también como tuzo. Por tanto, me identifico con la metáfora del tuzo[5], mamífero roedor que cava en la oscuridad en busca de raíces. He tenido que excavar en los archivos para encontrar información sobre nuestros ancestros Castañeda.

El 30 de diciembre de 2013 recibí el comentario de una investigadora de la UNAM sobre la biografía publicada aquí en marzo de 2013, quien preguntaba si existía una versión más amplia del trabajo del Dr. Castañeda cuyo título original fue Higiene Minera Subterránea.

La pregunta me reveló una carencia en mis archivos. De inmediato consulté a mis primos Claudia Infante Castañeda y Rafael Rodríguez Castañeda. Claudia es doctora en Ciencias de la Salud y nieta del Dr. Gonzalo Castañeda; Rafael ha reunido amplia información sobre la familia Castañeda. Simultáneamente encontré en Internet Memorias: Transacciones, Volumen 2, un e-book de Google que es posible revisar en línea gratuitamente.

Página cortesia Claudia Infante Castañeda

El siguiente documento aparece en la página 753 de este e-book:

Higiene que debe observarse

En los

TRABAJOS MINEROS SUBTERRANEOS

Por el

Dr. Gonzalo Castañeda

Para facilitar la lectura del facsímil publicado en 1898 con una tipografía difícilmente legible, el documento original fue transcrito a un archivo PDF y a un archivo en Words para su acceso.

Dr. Gonzalo, Higiene minera Congreso médico pan-americano 1898

Dr. Gonzalo, Higiene minera Congreso médico pan-americano Words 1898

 

El autor

Gonzalo Castañeda nació en Temascaltepec, México, Mex. Fue hijo de Juan Francisco Castañeda Popoca y de María Gabina de Jesús Escobar Mojica. Lo llamaron Julián Gonzalo de Jesús. El registro civil ocurrió a las diez de la mañana el once de enero de 1868. Nació a las nueve de la mañana del día nueve del mismo mes.

Sorprende que su nombre estuviera tan detallado tanto en el registro civil cuanto en el eclesiástico. Por lo general los registros civiles de esos tiempos eran escuetos. Solían anotar un solo nombre de pila. A nuestro autor pudieron llamarlo Julián o Gonzalo a secas. La manera en que lo nombraron es un indicio de que sus padres solamente repitieron su nombre cristiano al registrarlo civilmente.

La primera fotografía que conocemos de Gonzalo data del 11 de enero de 1884, cuando se retrató con su padre y Bernardino, su hermano mayor, en los estudios de Luis Veraza, en la Ciudad de México.

De izquierda a derecha, Feliz Bernardino Castañeda Escobar, 25 años, Juan Francisco Castañeda Popoca, el padre y Gonzalo, a la edad de 16 años.

Suponemos que Gonzalo Castañeda se refiere al año de 1894 cuando dice en su autobiografía:

 “Ya recibido me fui a mi tierra, después me salió un empleo en Guerrero, y aún me sorprende hoy, cómo a pesar de mi ignorancia e inexperiencia pasaba por buen médico. Después, un señor poderoso: D. José Landero y Cos que me había conocido de estudiante, me llamó de Pachuca para nombrarme médico-cirujano de las minas de Real del Monte, con un buen sueldo; allí me hice riquito y ya con dinero se me ocurrió y decidí irme a Europa”.

Antes de trasladarse a Hidalgo debió contraer matrimonio con Basílides Antonia Teresa de Jesús Olea Gómez-Daza porque el recién recibido Dr. Gonzalo Castañeda y su esposa Teresa vieron nacer en Real del Monte a su primera hija el 30 de octubre 1895, a quien bautizaron en la Parroquia de la Asunción, de Pachuca, Hidalgo, el diez de enero 1896 como María Teresa Catalina.

Acta de bautizo María Teresa Catalina Castañeda Olea, 10 enero 1896

Juan Castañeda y Gabina Escobar, padres de Gonzalo, no solo asistieron al bautizo; fueron padrinos de su nieta a la edad de 80 y 62 años, respectivamente. Los abuelos y padrinos hicieron el viaje desde Zacualpan, Edo. de México a Real del Monte, Hidalgo, México. Tanto los datos civiles como los eclesiásticos sugieren que este bautizo fue un acontecimiento familiar.

Todo esto ocurrió a principios de 1896. En noviembre del mismo año Gonzalo presentó el trabajo que ganó reconocimiento internacional.

 

Relevancia del texto

El siguiente documento fue escrito y presentado en noviembre de 1896, en el segundo Congreso Médico Panamericano, ocurrido en México. Lo divulgamos en atención a su gran valor histórico visto desde varios enfoques, todos ellos de gran trascendencia. Hasta donde sabemos es el primer testimonio sobre las condiciones de salud laboral de los mineros en México. Y leerlo hoy nos hace reflexionar. A pesar de los fuertes cambios tecnológicos, científicos y en seguridad social, a casi 120 años de que Gonzalo Castañeda concluyera esta exposición con un proyecto de reformas para proteger la salud de los mineros, sabemos que en el país aún no se cumplen cabalmente muchas de sus propuestas.

Gonzalo Castañeda fue un médico que se autodefinió como clínico y no como científico ni salubrista. Sin embargo, su agudeza analítica y el rigor de su estudio sobre la situación de los mineros cumple los requisitos del análisis científico de un problema de salud pública: observa y vincula meticulosamente los factores asociados a cada enfermedad, daño y lesión de un grupo poblacional, los tres mil barreteros que observó durante dos años. Además demuestra de manera técnicamente sobresaliente cómo los mecanismos “del proceso social del trabajo” minero los llevaba al “perpetuo desequilibrio orgánico y fisiológico” hasta llegar a la muerte. Las defunciones registradas en Real del Monte durante el tiempo en que estuvo allí son indicativas de la gravedad del caso.

El mayor mérito sociológico de este trabajo tal vez no sea identificar los factores sociales que afectaban la salud de los mineros sino describir cómo las precarias condiciones en que habitaban, trabajaban y se alimentaban, determinaban una pésima calidad de vida y la exponían al riesgo de múltiples enfermedades, a la discapacidad y con demasiada frecuencia, debido a accidentes, a la muerte temprana.

El trabajo supera la visión médico-biologicista que por un lado ve como causas a los agentes etiológicos inmediatos de enfermedades y accidentes, y por otro, en forma aislada, ve los factores sociales que los rodean. A la hora de preparar su estudio, Castañeda explica el engranaje de las condiciones que determinan el proceso salud-desgaste-enfermedad-muerte: “…multiplíquese este diario déficit fisiológico por diez o veinte años y sorprenderá la espantosa quiebra que a la postre sufre el organismo”.

Al apreciar la forma en que Gonzalo Castañeda analiza cómo interactúan los “factores de riesgo” con las condiciones sociales de los mineros, comprendemos su posición como médico social y políticamente comprometido. Éste es precisamente el tercer aspecto relevante: como estudio de salud minera, este memorial es único, pionero, pero lo excepcional es que el mismo autor, médico al servicio de los obreros cuyas condiciones de trabajo describe, también presente las reformas indispensables para resolver tal problemática.

Ignoramos cómo llegó al Congreso con este trabajo; no obstante, él reconocía la importancia del médico en la política. En la ponencia clama por que se escuche a los mineros a través de su voz. A pesar del dominio de sus herramientas médicas y después de plasmar en el documento el dolor con que día a día observó y atendió enfermos y accidentados, no es difícil imaginar la palpitación de sus humildes orígenes mineros en el pódium de un Congreso Internacional al levantar su voz para denunciar la situación de vida, trabajo y salud del gremio y exhortar a la acción para modificarla: “Si estos preceptos… los tomara alguna vez el legislador y con su mano reformadora los llevara al fondo de las minas, no sería yo el que viviera reconocido y grato, sino el imponente gremio de barreteros de la República”.

El documento que aquí reproducimos muestra también el riguroso análisis médico, clínico y sociológico que realiza el Dr. Gonzalo Castañeda a partir de una concepción de ciencia aplicada. Son notables su visión sobre el papel que correspondía desempeñar a la salud pública en la salud laboral y el bienestar de la población en general, y su posición política sobre las obligaciones del Estado al respecto. Estas características de su trabajo se resumen en la lúcida síntesis del párrafo que antecedió a su propuesta de reformas, donde vincula estupendamente los resultados de su estudio con las recomendaciones consecuentes:

“Nunca el médico cumple mejor su elevada misión que cuando el mal que descubre y el remedio que aconseja abarcan a extenso grupo de sus semejantes. En este caso particular de que me ocupo, no será seguramente a las Compañías mineras a las que pueden proponerse modificaciones … tampoco quizá al gremio barretero, cuya ignorancia no alcanza a comprenderlas… sino aconsejar las reformas que se juzguen benéficas a los Gobiernos, que son la entidad a quien está encomendado el papel de velar por la salud pública y de interesarse por el bienestar general, y para concluir, señores, nuestros estudios más formales y completos no vengan a resolver el problema en cuestión: [en] «la higiene que debe observarse en los trabajos mineros subterráneos» propongo en el sentido que antes dije, el siguiente proyecto …”

“La medicina es una ciencia social y la política no es más que la medicina en una escala más amplia” decía en la segunda mitad del siglo XIX Rudolf Virshow (1821-1902), eminente patólogo alemán. Sorprende la coincidencia de posiciones entre el Alemán y el Mexicano. Y en ello radica un cuarto aspecto relevante de este documento histórico, originado en un pueblo minero mexicano a finales del siglo XIX, muy distante del capital científico europeo.

Existe un evidente paralelismo de pensamiento tanto en el análisis cuanto en la posición política entre Gonzalo Castañeda y el movimiento higienista, y el de la medicina social iniciado a mitad del siglo XIX en Europa. Los académicos fácilmente pueden pensar que observaciones similares con sistematización y rigor científico llegan a conclusiones parecidas. Efectivamente, así son la lógica y la ciencia. Eso es relevante pero no excepcional en la historia; lo que destaca es la coincidencia de la construcción del problema de salud, bajo la perspectiva de la medicina social y la posición política análoga en dos ámbitos completamente diferentes en términos sociales y de recursos científicos. ¿Por qué?

El documento se titula “Higiene que debe observarse en los trabajos mineros subterráneos”. Aunque el título sugiere un enfoque higienista de la salud pública para describir las riesgosas condiciones a que estaban expuestos los mineros, que en teoría se podían modificar, pero cuya “ignorancia no alcanzaba a comprenderlas”, en el fondo, el trabajo documenta una denuncia orientada a cambiar la política pública sobre tales condiciones de trabajo.

Por otra parte muestra cómo transformar el concepto de la higiene orientada a modificar conductas o hábitos individuales asociados a riesgos a la salud para adoptar un enfoque colectivo cuyo propósito es cambiar los determinantes sociales y económicos de esas condiciones de salud. En tal cambio interviene el compromiso de los médicos para sustentar clínicamente la causalidad social de los procesos de salud–enfermedad laboral.

Conviene aclarar que la higiene pública es un concepto surgido en Francia en el siglo XIX (Foucault, 1977) que abarca lo que posteriormente siguió denominándose «medicina social», e inicialmente se refería a la forma como se “controlaban” los elementos del medio material que afectan a la salud. Según Foucault[6], la higiene pública constituye una “variación refinada de la cuarentena derivada de las epidemias que debió afrontar la gran medicina urbana del siglo XVIII en Francia” (Op. Cit. p 14). Por ‘salubridad’ se entiende sólo el estado de las cosas y del medio sin intervención alguna. En la forma de concebir los determinantes de la salud y los mecanismos para modificarlos cuenta no sólo la ciencia, sino también la posición política.

Ahí está la importancia de los elementos arriba mencionados, el doble enfoque de este documento: científico y político. Por un lado, el análisis científico de Gonzalo Castañeda articula los determinantes sociales, con la etiología del desgaste y proceso de enfermedad-muerte del minero en cuanto a la práctica de su oficio “que abrevia su vida o se suicida con su propia ignorancia … sin una voz inteligente y salvadora que los detenga[7], bajan a los tiros a matarse materialmente o a abreviar los días de su vida porvenir; registrándose sin cesar desgracias accidentales de unos, notoria agravación de otros, muerte rápida en muchos”.

Por otro, muestra el resultado, es decir, la forma en que están construidas las condiciones de vida-trabajo-desgaste-sobrevivencia-muerte de los mineros “…después de una velada de pesada labor, al siguiente día que debieran dedicar al reposo o a resarcir el sueño, por causas de orden vario, sólo duermen un promedio de cuatro horas y según ellos mismos lo enseñan, con un sueño interrumpido y no reparador”.  

Como conclusión ineludible, propuso cambios en tales condiciones de trabajo, algo más ambicioso que el control de agentes etiológicos (posición de la medicina biologicista). Más aun, los cambios que propuso apuntaban a mejorar las condiciones de trabajo y de vida en la comunidad de mineros: un enfoque desde la perspectiva de la medicina social mexicana. Es decir, no sólo fue pionero en la salud pública sino que fijó la posición crítica de la medicina social, a finales del siglo XIX en nuestro país.

Es indispensable referir un quinto aspecto valioso de este documento en el contexto mexicano. El proyecto de reformas que Gonzalo Castañeda propone fue insólito durante el porfiriato (1876-1911), régimen en que no hubo la menor previsión legal que protegiera a los trabajadores.

En su multifacética labor médica, como clínico, maestro y autor de diversos libros así como de líder gremial, durante toda su vida a Gonzalo Castañeda lo caracterizó una forma de concebir y ejercer la medicina: la protección a los pobres en el sentido en que Virchow concebía a la medicina social. Una de las responsabilidades de los trabajadores de la salud era fungir como médicos de pobres. Después que se desempeñó como médico de la compañía minera de Real del Monte, Gonzalo Castañeda viajó a Europa para especializarse como cirujano y obstetra. Su fuerte fue siempre la clínica. De regreso en México fue director del Hospital de Jesús durante 30 años, mismos que trabajó sin salario. Renunció a esa retribución porque se trataba de un hospital para pobres. También jugó un papel fundamental en el liderazgo de la Academia Nacional de Medicina y para conformar y fundar la Academia de Cirugía; fue maestro de muchas generaciones en la Escuela de Medicina (Universidad Nacional) y en el Colegio Médico Militar.

Antes de reproducir este documento, conviene ver hasta dónde han mejorado las condiciones de vida y de trabajo de los mineros en nuestro país en 120 años.

Como lo refiere la cita de su autobiografía que presentamos arriba, el doctor Gonzalo Castañeda llegó al estado de Hidalgo en 1894 contratado para atender a los mineros. Lo invitó a desempeñar este puesto don José Landero y Cos, a la sazón, gerente de la Compañía Real del Monte y Pachuca. Conviene advertir que fue su primer empleo formal, después derecibirse, en julio de 1893. Al joven médico de 26 años le resultó familiar el medio donde trabajaría porque Zacualpan, donde vivió su infancia hasta el día en que salió para continuar sus estudios medios y superiores, era también un pueblo minero. Su propio abuelo paterno entregó su vida a la minería. Según su acta de defunción “falleció de dolores de cascado”[8]. Su padre trabajó en la minería como azoguero cuando el beneficio de patio era el procedimiento común para extraer la plata[9], Sabemos que de niño, Gonzalo, curioso y agudo, pedía permiso en la escuela para llevar a su padre el desayuno o el almuerzo. Desde entonces conoció la vida cotidiana de los mineros, dentro y fuera de las minas. Cuando llegó a Real del Monte su misión era ser médico clínico: atender a los mineros enfermos o lesionados. Pronto se dio cuenta de que era un proceso sin fin porque los determinantes sociales que producían los daños a la salud permanecían intactos.

Penetrante y fino observador, ese desafío lo llevó a aplicar la medicina como instrumento para descifrar esa trama. Caso por caso, paciente tras paciente, documentó la problemática de ese grupo laboral y concluyó que era producto de las condiciones infrahumanas de sobrevivencia, de las patologías y patrones de morbilidad derivados de sistemas de trabajodesconsiderados, que también causaban alta mortalidad temprana. Más de un siglo después, esa labor analítica sigue siendo técnica y socialmente compleja para los científicos actuales.

Hacia el fin del siglo XIX en el país no existía legislación laboral que reconociera derechos a los trabajadores; mucho menos que los protegiera con medidas de higiene y de seguridad. Toda la vida económicamente activa de nosotros, lectores en el siglo XXI, ha transcurrido bajo la vigencia de la Ley Federal del Trabajo. Por tanto, nos cuesta trabajo ponderar esta noción, pero en el contexto que tocó vivir a Gonzalo Castañeda su memorial sobre la situación de los obreros en los establecimientos industriales cobra mayor relevancia: eran condiciones de esclavitud, aunque no se llamara así.

Visto únicamente desde el punto de vista informativo, este documento sería un reportaje extraordinario sobre la vida cotidiana de los mineros en México. Sabemos que fue más que eso porque propuso preceptos que con las mismas palabras o con otras, más tarde aparecieron en las leyes.

Dentro de la obligada brevedad de un texto que leería ante un congreso, la ponencia de Gonzalo Castañeda refirió los siguientes rasgos de los barreteros —rango elemental dentro del gremio minero—: las edades a las que comienzan a trabajar —8 a 12 años— y a la que aún continúan —60 años—, su nula escolaridad, las bárbaras jornadas —hasta 36 horas ininterrumpidas— día y noche sin que su cuerpo tuviera ni la luz del día como referencia biológica; sin alivio físico más allá de la tolerancia al agotamiento, al hambre, al daño y a las lesiones; la falta de oxígeno y la incomunicación; las cargas que transportan sobre la espalda; el calor subterráneo, la deshidratación, la insoportable sed y la forma común de calmarla: pulque y agua contaminada.

…hasta hoy la Higiene no ha penetrado suficientemente al interior de las minas a observar las condiciones en que trabaja esa aglomeración de hombres, que pasan la vida entregados a las rudas labores subterráneas…

Su descripción penetra la profundidad a que descienden y desde la que tienen que subir tras haber trabajado; el tiempo del ascenso; el polvo y los gases tóxicos que respiran; el olor, difícilmente soportable de las minas; la combustión de petróleo para calentar comida e iluminar los socavones; los consecuentes óxidos de carbono; la cercanía del trabajo a sus defecaciones, así como el volumen acumulado de materia excrementicia; oscuridad, goteras y humedad; el trabajo en el fango; las enfermedades respiratorias y dermatológicas a que se exponen; falta de normas de seguridad para efectuar las detonaciones; ausencia de cascos protectores, golpes en la cabeza; precarias escaleras y puentes de paso. En suma, la vida en peligro cada minuto y finalmente, el cómputo de lo que entonces se registraba sin pruebas clínicas: lesiones por accidente y muertes.

Gonzalo Castañeda no se limitó a describir el infierno que había en la profundidad de las minas: tanto el análisis como el enfoque de su estudio contribuyeron a que empresarios, legisladores, autoridades médicas y laborales entendieran que el trabajo de los mineros —una actividad no conceptualizada claramente como tal— era un problema de salud pública que demandaba, obligatoriamente, una política pública.

Como trabajo científico identificó con precisión los factores de riesgo cotidianos que conducían a los mineros a la muerte. Las causas eran evitables y prevenibles. Ese fue elnúcleo de su denuncia médica.Identificó los aspectos donde había que intervenir para proteger la salud y vida de los mineros, principalmente aquellos que concernían a la legislación laboral. Como ponencia política, es excepcional para su época: concluye recomendando 24 propuestas concretas. Ese fue el núcleo de su denuncia política y laboral.

En su ponencia, Gonzalo Castañeda revela el compromiso social que el médico clínico y el sanitarista deben poseer, y que pocas veces encontramos en la actualidad. El médico clínico dedica su poco tiempo a identificar síndromes, pasando por alto o asumiendo como obvios, inevitables o fuera de su competencia factores de índole social. Cree que no conciernen a los médicos. Es así como se orienta a diagnosticar y prescribir medicamentos. Con tales límites justifica y acota sus responsabilidades profesionales —ya rebasadas por la realidad.

Actualmente el “profesionalismo” se entiende como sinónimo de “competencia clínica individual” y el compromiso social —como si lo social fuera sinónimo de ‘público’— se delega a los epidemiólogos, a los investigadores cuyo profesionalismo se orienta al cumplimiento de la metodología científica para analizar las poblaciones. A su vez, es frecuente que los investigadores reduzcan sus análisis a indicadores que técnicamente denominan factores de riesgo, aún cuando a menudo se refieran a ellos como “determinantes sociales de la salud”.

Estos conjuntos de indicadores pasan a ser denominados “estilos de vida” sin comprender las causas últimas estructurales que los determinan. Castañeda hace una nítida descripción etnográfica del contexto en que los mineros vivían, del desgaste humano cotidiano y la patología que los lleva inevitablemente a una muerte precoz. Además, sistematiza la incidencia de las patologías, de sus interrelaciones, describe sus causas inmediatas (“factores de riesgo”), su cadena causal y sus determinantes. Los análisis que expone atraviesan —o más bien, rasgan— los órdenes, de la escala micro social y microbiológica hasta la escala macro social y política.

Desde una perspectiva histórica este trabajo es un clásico de la salud pública. A Gonzalo Castañeda también se le atribuye el mérito de haber identificado al organismo causante de la anemia entre los mineros, el parásito Anquilostoma duodenalis (1904). Sin embargo esto no fue así. Ahora sabemos que los egipcios ya lo reconocían en un papiro desde 1600 aC. En 1843 Angelo Dubini describió y denominó al organismo y a finales del siglo XIX Arthur Loss describió su ciclo de vida: larva que penetra por la piel, usualmente a través de los pies, que pisan heces fecales de personas que padecen la enfermedad. Que Castañeda haya identificado independientemente este organismo es posible, y si ocurrió así fue después de haber escrito el documento que aquí presentamos, donde refiere que los barreteros se quejaban constantemente de la llamada anemia minera y describe con especial detalle el gravísimo problema sanitario de los excrementos en las minas: “…noto en sus trabajos tantas deficiencias desde el punto de vista higiénico, que adivino fácilmente las peores condiciones en que vivirán los operarios de otros centros mineros del país”.

Desde el siglo XIX la minería había alcanzado progresos técnicos espectaculares. Existían equipos de perforación, ademe, iluminación y ventilación de tiros y túneles totalmente mecanizados que se movían a base de vapor. Muchas operaciones riesgosas se ejecutaban a control remoto. Ahora existen técnicas y equipos aún más eficaces y seguros, así como normas de seguridad personal que los mineros de hace 120 años jamás hubieran imaginado.

El problema de entonces no era la tecnología ni la seguridad mineras, sino la aplicación de tales estándares del progreso en las minas del país. Ciertamente, las inversiones para instalar ese tipo de maquinaria y los sistemas de protección de los mineros constituyen un obstáculo. Pero la resistencia de los empresarios mineros a modificar sus prácticas de extracción mineral sin dejar de implicar la explotación humana, es todavía mayor. Antes faltaban conocimientos, tecnología y normatividad. Ahora los hay, pero se les pasa por alto. Al menos en México, prácticamente no existe mejora material gratuita en las minas; la gran mayoría surgieron como conquista laboral, lo cual implicó largas luchas sindicales y tensiones entre los intereses de los mineros y sus patrones. Otras mejoras han surgido de los escándalos cuando los medios documentan accidentes en las minas y surge la presión pública, las más de las veces paliativa y temporal.

Antes de dar paso a la lectura del memorial del doctor Gonzalo Castañeda conviene citar unos cuantos ejemplos de lo ocurrido en las minas de México a partir de 1896, el año de este estudio, para contar con una mínima perspectiva histórica.

1906: Las minas de cobre de Cananea empleaban a seis mil mineros mexicanos y alrededor de seiscientos norteamericanos. A los mexicanos les pagaban la mitad de lo que ganaban los extranjeros. En protesta, el 31 de mayo los mineros del tercer turno pararon labores. La respuesta de la empresa y de las autoridades gubernamentales fueron la represión, el asesinato de líderes y el cerco de hambre a la población. Por algo esa huelga cuenta entre los antecedentes de la Revolución de 1910. En un caso de estos, en búsqueda de justicia y mejoramiento para el minero, Abraham Castañeda Hidalgo, un ancestro nuestro, perdió su vida después de haber sido golpeado y dejado a su propio destino en los cerros del Real del Monte.

No obstante, interesa destacar un paso adelante de los mineros: su toma de conciencia y la articulación de sus motivos, como lo revela la carta que José Ma. Carrasco, vecino de Cananea, dirigió al gobernador Rafael Izábal, el 4 de junio de 1906, al cuarto de huelga:

“Respetando su alto lugar que guarda me concreto a decirle a usted en nombre del pueblo lo que sigue. Sr., acordaos de la desnudes, del ambre y de otras necesidades que sufre toda la gente umilde de pocas proporciones y de poco ynteligencia, hay días que solamente dos veces comen porque tienen numerosa familia o algún enfermo. 3 pesos es un miserable sueldo para comprar leña a 16 pesos y una casa pocilga de una pieza a 15 pesos, doctor a 3 pesos, agua a 5 pesos, un mal calsado a 6 pesos… y otras tantas cosas que sería imposible enumerar. Ah, pero tenemos que humillarnos los mexicanos porque si levantamos la voz nos la calla nuestro gobierno con sus ballonetas sostenidas por su mismo pueblo. Ved, alzad la vista y bereos la desnudes en todo el pueblo. Procurad contentar al pueblo de alguna manera y no tratarlo mal porque el pueblo tiene ambre y más tarde más y si no se proporciona algo tendrá que arrojarse contra las despensas y almacenes de este lugar resueltos a morir. Que bien cierto de que no ará Ud. aprecio de esto, pero tendrá más tarde que lamentarlo”.

1920. 10 de marzo. Al darse cuenta que la mina El Bordo se había incendiado, J. F. Berry, John B. Silbert y Alan Ross, clausuraron la boca de los tiros de El Bordo y La Luz con planchas de madera, acero y concreto para sofocar el fuego. Les importó más su inversión que la vida de alrededor de 80 mineros que quedaron sepultados.

El Bordo, al norte de Pachuca, formaba parte de la Compañía Santa Gertrudis. Para clausurar los túneles, los señores empresarios contaron con la anuencia de Ernesto Castillo, gobernador interino; de Ignacio Segovia, alcalde de Pachuca, y del Juez de Distrito.

Foto Mina Santa Gertrudes, Pachuca, Hidalgo, México por el fotógrafo José Bustamante Valdés

Las minas El Bordo y La Luz estaban interconectadas con las de Santa Úrsula y Santa Ana, pero la Compañía Real del Monte y Pachuca también ordenó tapar esos túneles. La presión social hizo posible que una brigada de salvamento destapara Santa Ana. Hallaron a tres mineros, muertos por asfixia.

Los tiros permanecieron sellados seis días. Al reabrirlos hallaron más de 68 cadáveres en distintos niveles. Quienes consiguieron llegar hasta los accesos taponados dejaron signos de desesperación: uñas y dedos clavados sobre las tapas de madera. Lo demás era, según un testigo, “barbacoa humana”. Diez días después descubrieron siete sobrevivientes en un túnel cercano a Sacramento.

1934. Fundación del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana (SNTMMSRM). El sindicato minero se afilió a la naciente Confederación de Trabajadores de México (CTM).

1935. 17 de noviembre. Los mineros al servicio de The Cananea Consolidated Copper Company S.A., entonces agrupados en el Gran Sindicato Mártires de 1906, se adhirieron a la organización nacional y formaron la sección 65 del Sindicato Industrial de Trabajadores Mineros Metalúrgicos y Similares de la Republica Mexicana, hoy sindicato nacional.

1965. En la mina Purísima de Real del Monte, el 8 de mayo a las 2 de la tarde con 10 minutos una jaula —llamada ‘calesa’— con 30 mineros a bordo se precipitó del nivel 400 al 550. Era sábado. Los trabajadores del nivel 400 que habían laborado el primer turno se acomodaron en los dos pisos dela jaula que habría de llevarlos a la superficie. En vez de subir, de repente comenzaron a descender a gran velocidad. La caída dio en el fondo del tiro. 27 mineros murieron ahogados, tres sobrevivieron. A pesar de las piernas fracturadas, lograron asirse al travesaño de la calesa. Los rescataron horas después.

19 (2)

Foto Hacienda de Beneficio, “Purisima Grande”, Pachuca, Hidalgo, México por el fotógrafo José Bustamane Valdés

El desastre se debió a una distracción del calesero. Descuidó el ascenso y en cuestión de segundos, la velocidad descendente fue incontrolable. Los perros, ganchos dispuestos en los costados de la jaula que en la emergencia debieron abrirse y aprisionar las guías de madera por donde se desliza la jaula, tampoco se activaron.

1969. El 31 de marzo de 1969 en el poblado de Barroterán, municipio de Múzquiz, Coahuila, se produjeron dos explosiones. El pueblo escuchó las fuertes detonaciones debidas a la acumulación de gas metano en las minas dos y tres de Guadalupe. Decenas de trabajadores que se encontraban laborando en el segundo turno quedaron atrapados. 153 murieron.

Las explosiones de Barroterán cuentan entre las mayores tragedias mineras en la historia, no sólo de la región carbonífera de Coahuila, sino del mundo.

2006: El 19 de febrero, en un pocito de Pasta de Conchos, una de las 600 minas de la región carbonífera coahuilense, 63 mineros murieron sepultados tras una explosión. Nuevamente la causa fueron las precarias condiciones de seguridad: la detonante fue una chispa surgida de los arreglos eléctricos improvisados y/o de equipos de soldadura impropios para un ambiente gasificado y lleno de polvo de carbón, tan explosivo como la pólvora. En cuestión de horas, la empresa hizo desaparecer bitácoras, planos, estudios geológicos y mediciones de gas que hubieran puesto en evidencia la criminal irresponsabilidad del Grupo México.

En 120 años la higiene en las minas ha cambiado radicalmente; también las condiciones de seguridad subterránea. Hay normas que rigen la minería. El problema es que hay minas donde no se aplican o que aparentemente se aplican.

He aquí gracias a Rafael Rodríguez Castañeda, la ponencia transcrita con la ortografía vigente y en una tipografía fácilmente legible.

Higiene Minera por el Dr. Gonzalo Castañeda Escobar

Bibliografía

Infante-Castañeda Claudia. Clásicos en Salud Pública. Presentación. Higiene que debe observarse en los Trabajos Mineros Subterráneos. Gonzalo Castañeda. Salud Pública de México 1990; 32 (3): 364-365.

Más fotos por el fotógrafo J. Bustamante Valdés pueden ser vistas visitando https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2013/10/21/fotos-antano-pachuca-hidalgo-mex/

 

Claudia Infante Castañeda

Rafael Rodríguez Castañeda

Ricardo Castañeda Guzmán

 

 

[1]. ‘e-book’ sintetiza dos palabras: electronic y book (libro electrónico).

[2]. Blog es el compuesto de dos palabras también en el idioma inglés, web y log (bitácora digital).

[3]. Salud Pública de México. Jul-Ago de 1990. Vol. 32, Núm. 3. Pp. 366-372

http://bvs.insp.mx/rsp/articulos/articulo.php?id=001749.

[4]. Este documento se complementa con el artículo biográfico que publicó este blog el 19 de marzo 2013, y que es posible encontrar en el siguiente enlace:

https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2011/05/09/dr-gonzalo-castaneda-ecobar-1869-1947/

Aunque este trabajo esté antecedido por otras notas introductorias, en esta publicación lo relacionamos con la vida personal y profesional de su autor.

[5]. El nombre original del roedor es ‘tuza’, pero el léxico deportivo lo ha generalizado como sustantivo masculino.

[6]. Foucault, Michel. Historia de la medicalización. Educación Médica y Salud 1977; 11 (1).

[7]. La actitud de los mineros y de la población que el doctor Castañeda conoció en Real del Monte a fines del siglo XIX contrasta con la que existió dos siglos atrás, según el siguiente antecedente histórico: “En el verano de 1766 los mineros de Real del Monte… desarrollaron una importante huelga industrial sin sindicato ni ideología política que los sostuviera. Fue la primera huelga en la historia laboral mexicana y la primera huelga en América del Norte. La palabra ‘huelga’ fue reconocida oficialmente en los diccionarios del español hasta 1884 y los trabajadores de Real del Monte nunca la utilizaron. Sus esfuerzos representaron luchas que implicaban su trabajo, su modo de vida y sus decepciones… Fue posible que se inconformaran así gracias al consejo y las medidas que tomó gente amistosa y con reconocimiento social en el pueblo”. Doris M. Ladd. The making of a Strike. Mexican Silver Workers’ Struggles in Real Del Monte 1766-1775. University of Nebraska Press. 1988.

[8]. ‘Cascado’ era la denominación coloquial para quienes padecían silicosis.

[9]. Los metales preciosos se obtenían mediante la mezcla del mineral pulverizado con agua, sal, mercurio y otros compuestos. El azoguero determinaba la proporción de sustancias en la mezcla, según las propiedades de una muestra del mineral por beneficiar.

 

 

 

New Mexico, (Nuevo México)

 

Cinco días en New Mexico

Ricardo Castañeda Guzmán

 

2 de Abril de 2013

Prólogo

Mi esposa Virginia y yo compartimos el interés por saber quiénes fueron nuestros ancestros y de dónde vinieron. Igual que yo, ella se ha dedicado a investigar su propia genealogía. Mientras mis búsquedas me han llevado principalmente hacia Zacualpan, estado de México, las suyas esta vez la atrajeron hacia el estado de New Mexico, EE.UU.

Virginia planeó un viaje de dieciséis días para hacer un recorrido de investigaciones ancestrales y visitas a familiares que tiene en diferentes lugares de ese estado.  Debido a mis obligaciones solamente pude acompañarla cinco días.

Mis días de visita fueron durante la semana santa, del jueves 28 de marzo al 1º de abril de este 2013.  Hice el viaje pensando solamente en que disfrutaría unos días de relajación.  Pero con todo lo que llegué a saber y conocer, ¡qué sorpresas me llevé!

Primer día, jueves 28

Bandera de New Mexico

Llegamos a Albuquerque, New Mexico hacia la una de la tarde. Nos alojamos en el Hotel Albuquerque porque aparte de su comodidad está situado a cinco cuadras de un antiguo centro nombrado “Old Town”.[1] Una vez instalados en el hotel y bien alimentados, decidimos pasear por los alrededores.

Como en muchas plazas antiguas, hay un kiosco (pabellón) en el centro del jardín.  Hacia una dirección se pueden ver astas con varias banderas. Recuerdo tres de ellas: las Estados Unidos, New Mexico y México.

Sabemos que la bandera de los Estados Unidos tiene cincuenta estrellas y trece barras que representan los cincuenta estados y las trece colonias.

La tricolor bandera mexicana, verde, blanco y rojo, representa la esperanza, la unidad, y la sangre de los héroes nacionales o, la gloria, la paz y la guerra en ese mismo orden. Sobre el lienzo blanco aparece el escudo nacional: un águila sobre un nopal, devorando una serpiente, señal donde los aztecas debían fundar su ciudad, que encontraron tras un largo peregrinaje, en medio del lago que existió en el valle de México, en 1325.

La bandera de New Mexico es rojo sobre amarillo. Estos colores eran representativos de España en el nuevo mundo. En el centro vemos un círculo con cuatro rayos sobresalientes. Estos, a su vez, irradian cuatro rayos cada uno.  Los Zia, originarios de esta región, eran o son del pensamiento que su donador les daba todo en grupos de cuatro. El número cuatro era muy significativo para ellos.  Cada uno de los cuatro regalos principales entraña cuatro regalos:

Bandera del estado de New Mexcio, U.S.A.

Los cuatro puntos cardinales: norte, sur, este y oeste.

Las cuatro estaciones: primavera, verano, otoño e invierno.

Las cuatro partes del día: amanecer, mediodía, tarde y noche.

Las cuatro partes de la vida: niñez, juventud, madurez y viejez.

El círculo en el centro representa vida, amor y eternidad sin principio y sin fin.  Este mismo cuerpo esférico sostiene los cuatro regalos principales del donador.

Nota: New Mexico es el único estado en los E.E.U.U. que reconoce el español y el inglés cómo lenguas oficiales.

Iglesia San Felipe de Neri

Por tres calles alrededor de esta plaza, existen establecimientos comerciales orientados hacia el turista y restaurantes que sirven comida típica de esta región. Al atravesar la cuarta calle hacia el norte está la iglesia católica San Felipe de Neri.

En 1706 Francisco Cuervo y Valdés fundó Albuquerque. Así abrió el camino para la construcción de esta iglesia, que se completó en 1719.  La iglesia original estaba situada al noroeste de la plaza.  El material principal para construir en esos tiempos, como aún ocurre, era el adobe.  Esto  explica por qué las lluvias torrenciales y las inundaciones debidas al desbordamiento del Rio Grande la destruyeron en 1792.  La nueva construcción de la iglesia empezó en 1793 en el sitio donde ahora se encuentra.

Iglesia católica San Felipe de Neri

Aparte de lo interesante que resultan esta iglesia y su historia, me llamó la atención un pequeño detalle: su nombre. Mis sextos abuelos, Alejandro Marcos de Castañeda de Labra y María Antonia Josefa Popoca Sáez, tuvieron cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres: María Guadalupe, n. 1808; María Tomaza, n. 1810; Juan Francisco, n. 1816, y Juan Felipe Neri, 1820.  Todos, originarios de Zacualpan.

Rotulo iglesia católica San Felipe de Neri fundada 1706

El siguiente link muestra la descendencia de Juan Francisco Castañeda Popoca, uno de mis ancestros, quien nació en 1816:

https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2012/10/

Juan Francisco fue el hermano de Juan Felipe Neri y mi re tatarabuelo. De él muestro también un daguerrotipo.

Interesado en saber más sobre San Felipe de Neri encontré este artículo en Wikipidea en español.  Facilito el link:

http://es.wikipedia.org/wiki/Felipe_Neri

Recorrido fantasmal

Una de las atracciones turísticas que ofrece este pueblo viejo es un recorrido en grupo para visitar ciertos lugares donde según la leyenda, se han manifestado fantasmas y espectros.

Como que si hubiéramos recibido una invitación personal de Drácula, después que se metió el sol y salió la luna, Virginia y yo nos unimos con otras personas en el sitio designado para empezar este viaje espantoso.  Tenía  toda la intención de tomar fotos, pero el narrador empezó a desarrollar sus cuentos macabros con tal amenidad que atrapó mi atención como polilla atraída por la luz.  Solamente tomé una foto.

El guía nos enseñó los sitios donde los disgustados del otro mundo se aparecían.  En orden de aparición, estos fueron:

Un cowboy que era muy ratero y surgía en forma transparente con un hoyo grande en su abdomen.

Una tienda donde había fuerzas paranormales  que descombraban toda la mercancía, pero colocaban ciertas cosas formadas en línea recta y a distancia uniforme.

Una tienda que era cantina y burdel, donde una bella pelirroja ofrecía sus servicios. La belleza de esta mujer no sólo atrajo los deseos de los hombres, sino también los celos de otras mujeres igualmente interesadas en hacer su dinerito.  Una noche mientras esta hermosura descendía las escaleras, una de sus compañeras de profesión sacó un cuchillo y casi la rebanó en mitad.  Dicen que esta pelirroja se ha dejado ver desnuda en el porche, arriba de la tienda.  ¡Tristemente no hubo fotos comprobantes!

Un árbol donde colgaron a un enterrador por haberse robado el reloj del difunto que iba a enterrar. Dentro de una tienda que esta junto a este árbol, se oían pasos en la noche, hasta que cortaron la rama donde ahorcaron a este individuo.  La justicia era veloz en esos tiempos.

En una capillita (a la que me referiré más adelante) que está dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe, y cerca de la iglesia de San Felipe, corre palabra que salía una figura negra vestida como monja, especialmente cada vez que había un desastre en los Estados Unidos.  Por ejemplo, el once de septiembre 2001.

Un establecimiento que era restaurante durante la época de los gangsters, donde un individuo de mala reputación balaceó a su novia que trabajaba ahí.  Esta rata le borró la vida simplemente porque la maltrataba y ella le dijo que lo dejaría. La desafortunada era muy meticulosa y limpia. Los empleados decían que de vez en cuando encontraban los trastes limpios y todo muy acomodado. Nadie sabía quién hacía la limpieza.  Hmm… ¡cómo me gustaría tener uno de estos fantasmas!

En el área donde estaban unos establos, los novios acostumbraban echarse cómodamente sobre la paja a besarse.  Una vez una señorita encontró a su infiel besando a otra.  Descontrolada por su furia, los atacó con hacha en mano.

En la siguiente, donde saqué la única foto, podemos ver una puerta.  La charla dice que en ese lugar los hombres de alta sociedad tocaban la puerta para entrar a un prostíbulo.  Era una entrada discreta, situada en un callejón oscuro. Una noche dos jóvenes andaban con sus tablas de patín.  Cuando pasaron por ahí ¡Kabum!, la puerta se abrió explosivamente y salió una mujer por el aire a gran velocidad hacia ellos. El rostro de esta mujer era cadavérico, con carne transparente.

Puerta fantasmal

Al volver al sitio donde empezamos nos dijeron que estábamos parados sobre lo que era el antiguo panteón. Cuando llovía mucho y el rio se derramaba, sus aguas se llevaban mucha tierra.  En las aguas residuales se podían ver dedos, cráneos y partes de cuerpos y esqueletos sobresaliendo de la tierra.

Al fin del recorrido pregunté si la llorona, el cucuy, y la mano negra habían llegado por estas partes. Me dijeron que no, ¡mala suerte!  De todas maneras este tour valió cada centavo de los quince dólares de admisión que pagamos por cabeza.  Después de un buen café de Starbuck y una sopaipilla poco caliente con canela y almíbar de fresa, se me calmaron los nervios y olvidé todos los sustos. Estaba listo para el siguiente día.

Segundo día, viernes 29

Madrid

Madrid está 45 millas al noreste de Albuquerque. El estado de New Mexico reconoce al pueblo de Madrid por su nombre como palabra grave (no aguda). Al pronunciarlo enfatizan la primera sílaba: MAD-rid.

En este pueblo nació Alejandro Gonzales Leal, padre de Virginia. Camino hacia Madrid notamos que el paisaje cambiaba de un momento a otro entre arena, piedra y cepillo sabio a unos sitios hermosos donde existen valles llenos de enebro.  Sobre estos valles se ven montañas que están a gran distancia.  Gracias a la altitud y a lo retirado que nos encontrábamos de las ciudades, respirábamos aire más limpio y ligero.

Alejandro nació en Madrid, New Mexico el 19 de julio de 1930, y fue bautizado el 3 de agosto del mismo año en la iglesia de Guadalupe, en Peña Blanca, New Mexico.  Le pusieron por nombre Alejandro Gonzales Leal, hijo legitimo de Herminio Gonzales y Petra Leal.

Alejandro Gonzales Leal (1930-1951)

Herminio, su padre, trabajaba en las Jones mines donde extraían carbón que utilizaba el tren de pasajeros.  El tipo de carbón extraído de esas minas hacía combustión con mayor limpieza.  Podemos verlo siendo el tercero hacia izquierda, esquina superior derecha.

Herminio Gonzales at Jones mines

Como todo en la vida, nada rinde para siempre: las minas se agotaron, cerraron y la gente tuvo que buscar otra manera de vivir.  La familia Gonzales buscó otra actividad en Los Ángeles, California, donde Alejandro conoció a Mary Fraijo. Contrajeron matrimonio en 1951 y Virginia nació en 1952.

Tristemente, padre e hija nunca cruzaron vista. Alejandro perdió su vida en el conflicto entre los E.E.U.U. y Corea del Norte el 20 de septiembre 1951.

Hotel Castañeda, Las Vegas, New Mexico

Satisfechos de haber visitado y visto el pueblo donde nació el padre de Virginia, seguimos nuestro curso hacia el este. Nuestro siguiente destino era el Hotel Castañeda, en Las Vegas, New Mexico.

Tuve noticia de este hotel a través del internet, pero ¡que coincidencia! que después de haber sido espantado en Old Town, los espectros me iban a seguir a Las Vegas.

http://www.sgha.net/nm/lasvegas/hcas.html

En realidad, mi interés principal era saber cómo este hotel llegó a ser nombrado Castañeda.  Llamé a la Cámara de Comercio de Las Vegas, y una amable secretaria  me mandó links que contenían más información, pero aún con toda su ayuda, mi pregunta todavía no obtenía respuesta.

Al llegar a nuestro destino, la vista inmediatamente me dijo que éste hotel está prácticamente a un paso de ser completamente abandonado.

Decidí caminar por sus alrededores y empecé a tomar fotos.  Escuchaba voces que procedían de una puerta abierta. Quise investigar. En el interior econtré no con fantasmas, sino con unas damas que hacían un tipo de limpieza.  Les pregunté si sabían cómo es que este hotel se llamaba Castañeda. Una señora me dijo que lo bautizaron en honor a Pedro de Castañeda, principal historiador de la expedición de Coronado, ocurrida en 1540.  El siguiente link amplía lo que me dijo:

http://hdl.handle.net/1903.1/14126

El hotel abrió sus puertas en 1899 y las cerró en 1948. Ahora está en venta por el precio de Dlls. $ 1.5 m.

Pregunté si podía sacar fotos del interior. Me dijo que no. Le di las gracias, y procedí hacia la estación de ferrocarriles Amtrac, adyacente al hotel.

Hotel Castañeda,Las Vegas, NM 1

   Hotel Castañeda,Las Vegas, NM 2

Hotel Castañeda, Las Vegas, NM

Excursión Hotel Castañeda

 

 

Estación Amtrac, ferrocarriles de Santa Fe, Las Vegas, NM

Esta estación fue construida en 1899 y renovada en 2003.  Todavía ofrece  servicios de transporte, y no muestra señales de estar al paso del olvido.

Estación ferrocarril, Las Veg

Estacion ferrocarril, Las Veg

Se nos estaba acabando el día y decidimos regresar al hotel, no sin antes parar en Santa Fe con el propósito de comer en un buen restaurante mexicano.

En Santa fe no encontramos algo inmediato que nos llamara la atención. Pregunté a un señor que fue amable en recomendarnos Maria’s de Santa Fe, un restaurante Mexicano ubicado cerca de la esquina de Córdova Road y Saint Francis Road.

No mintió cuando me dijo que servían buena comida mexicana y excelentes margaritas. Siempre he sido parcial hacia el “New Mexico chili”. Ordené unas enchiladas rojas.  El chile fue servido sobre dos tortillas de maíz azul  que tenían pollo deshebrado en medio, junto con frijoles de olla y arroz al lado. Aunque para mi gusto el arroz estuvo un poquito pegajoso, recomiendo este restaurante a quien ande por estos rumbos. El guacamole estuvo exquisito.

Tercer día, sábado 30

Juan de Oñate

Este día decidimos caminar por los lugares culturales.  Sin noticia previa de su existencia y por tropiezo, encontré un monumento que conmemora a un individuo llamado Juan de Oñate. Tomando en cuenta que en esta región de norte América existían otras civilizaciones antes que llegaron los españoles, Juan de Oñate mereció un monumento por la hazaña de haber llegado por estos rumbos a la cabeza de otras personas de diferentes profesiones. Entre los expedicionarios, algunos llevaban a sus familias.

El título de este concepto artístico es titulado “La Jornada – 1598”.

Placa La Jornada 1598

El forcejo y la lucha que esos exploradores tuvieron que afrontar para llegar a su destino es evidente en la representación que los artistas plasmaron. La Historia nos dice que estos segundos pobladores no solo entraron por el sur, sino también por el este.

Tres ingredientes son necesarios para conquistar y subyugar a una civilización.  Matar al hombre, raptar a la mujer y adoctrinar al niño.  Por los siglos de los siglos en todas partes de este mundo, varios grupos de seres humanos han cometido este tipo de atrocidades sobre otros.

En el caso del europeo, nada fue diferente cuando su ávido olfato guió su apetito de amasar gloria y riqueza, principalmente durante el siglo XVI. Cruzó el océano Atlántico hacia territorios desconocidos que más tarde llamó “las Américas”. Espada y religión le sirvieron para doblar las rodillas de sus habitantes al mismo tiempo que extraía de la naturaleza cuanto encontró en su beneficio.

Como comprendo que por estas regiones y por otras partes de América las heridas históricas son muy profundas, no glorifico el comportamiento que exhibieron esos “conquistadores”.

Lo triste es que, en muchos casos, es casi imposible corregir las injusticias del pasado.  Lo dichoso de este episodio es que los mismos eventos no se repetirían.

En lo personal, me satisface que por lo menos en mi fuero interno puedo discernir y aceptar que el daño que los humanos se causan unos a otros no es bueno, y soy capaz de concluir esto sin tener que recurrir a una religión.

Satisfecho de haber observado las estatuas, procedí a leer las placas que están alineadas en una pared que flanquea este monumento.

Son numerosas las listas de las expediciones. Cada una de ellas presenta la relación de sus exploradores. En todas he encontrado el apellido Castañeda. En el caso de esta expedición y conforme quien los anotó, solo encontré dos con este apellido: Juan de Castañeda, cuyo origen se desconoce, y Francisco Martínez de la Castañeda, originario de Álava, España. ¿Tendré algún parentesco con alguno de ellos?  Por ahora no lo sé.  Lo que sí puedo decir es que mi linaje paterno me lleva al pueblo de Zacualpan, Edo. De México, México, y que éste se remonta alrededor del año 1750.

Francisco Martínez de la Castañeda con Oñate 1598

Juan de Castañeda con Oñate 1598

Después de la invasión y conquista de México (1519-1521), los invasores no perdieron tiempo en llegar a Pachuca en 1528, sitio donde mataron al gobernador azteca Ixcóatl.

Conforme leía, tres exploradores llamaron mi atención, aunque no se apellidaran Castañeda, porque las placas especifican que procedían de mi tierra natal. Nunca me imaginé que pachuqueños de ese tiempo hubieran sido exploradores en la jornada que llegó a Nuevo México.  Sus nombres son Mateo Montero, Juan de Ortega e Isabel Olivera.

Mateo Montero con Oñate 1598

Isabel Olivera y Juan de Ortega con Oñate 1598

Cuarto día, domingo 31

Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe

Capilla Nuestra Señora de Guadalupe, Old Town, NM 31 Marzo 2013

A primera vista, esta capilla y su nombre dan la impresión de ser un retiro o refugio católico. En realidad no es oficialmente aceptada por la Iglesia católica debido a que no satisface ciertos requerimientos que impone.

En 1970 el Vaticano dio permiso para construir centros donde artefactos religiosos pudieran ser artísticamente construidos y vendidos.  Una hermana de la orden religiosa por nombre de Giotto Moots se valió de esta oportunidad para conceptualizar y construir este centro artístico y religioso.

Pasó el tiempo y la construcción no resultó como negocio lucrativo. Ahora este grupo de edificios se han vuelto tiendas con el turista en mente, pero este pequeño lugar de  reflexión todavía existe hacia el fondo de este complejo artístico.

Las fotos demuestran que este edificio está bien mantenido. No sé si es el gobierno o la Iglesia Católica quien está a cargo de cubrir los costos, pero puedo decir que el público la respeta.

Cuando uno está dentro de los dos únicos cuartos destacan los aspectos artístico y filosófico de esta hermana religiosa.  Sea por su color o su funcionalidad, lo que más me atrajo, fue el calendario lunar que determina la fecha de las fiestas a la Santa Virgen en cualquier año, conforme dan vuelta sus discos incrustados.

Calendario lunar capilla Nuestra Señora de Guadalupe, Old Town, NM 31 Marzo 2013

En el siguiente video podemos ver en el suelo el árbol de la vida, los altares y la virgen, la puerta donde entraba el padre para oír confesiones, el hoyo por donde el pecador decía sus pecados, las bancas de espera para el resto de los pecadores y el calendario lunar.  No tengo información sobre el significado del par de zapatos que se pueden ver.  Nadie los molesta.

Si andan por estos rumbos, vale la pena que visiten esta capilla.

Chimayó

Una vez más nos dirigimos a Santa Fe, después, hacia el norte, hasta que llegamos al pueblo de Chimayó.

Tenía poca idea de lo que nos esperaba.  Como era domingo día de Pascua, lo primero que vi fue mucha gente, pero no en multitudes. La atmosfera era de feria, pero con menos puestos.

Conforme entraba hacia la iglesia, mis oídos me alertaban con el sonido de tambores. El siguiente video nos revela el origen de este redoble.  Era un grupo de intérpretes que profesaban su fe con una danza ritual al Santo Niño de Atocha.

Después de haber ejecutado su interpretación, los grupos posaron para ser retratados.  Aquí están los dos grupos.  Fallé en el intento de registrar la rendición de los rojiblancos.

Grupo 1  interpretadores danza Sto. Niño de Atocha, Chimayó, NM 2013

Grupo 2  interpretadores danza Sto. Niño de Atocha, Chimayó, NM 2013

Conforme pasaban los minutos me informé más sobre este santuario. Comprendí lo famosa que es esta iglesia católica.  Este sitio e iglesia son reconocidos como puntos de referencia histórica para esta nación.

Cuando caminaba rumbo a la iglesia, noté que tendría que esperar mi turno para entrar.  Ahora entiendo que la línea en la cual yo esperaba no era tan larga como la del previo jueves y viernes santo. Miles de peregrinos vienen de todas partes del estado, del país y de otros países durante todo el año, pero en especial durante la semana santa.

Entrada Santuario Chimayó 31 marzo 2013

No podré ilustrar la parte interna de esta iglesia porque estaba claramente escrito No fotos, No videos. En cambio, lo que puedo decir es que después de atravesar  hacia el altar y unos cuartos a la izquierda, uno encuentra un pozo pequeño que solamente contiene tierra.

A esta tierra le atribuyen propiedades santas.  Venden bolsitas para que los fieles se lleven su tierra santa.  Unos oran a esta tierra mientras otros se la frotan en partes afligidas o simplemente la mantienen cerca para que los proteja.  Al salir, en el último cuarto se veían fotos de los socorridos y bendecidos. También había muletas suspendidas hacia el techo.

Hay mucho más que saber sobre Chimayó, más de lo que yo pueda relatar en este blog.  Para el beneficio del lector aquí están dos links.  No encontré versiones de ellos en español.

http://en.wikipedia.org/wiki/El_Santuario_de_Chimayo

http://www.newmexicohistory.org/filedetails.php?fileID=505

Santo Niño de Atocha

Cuando era niño, escuché a un adulto exclamar ¡Ay, Santo Niño de Atocha! Nunca supe el significado de esta plegaria y no me acuerdo quién fue el adulto. Tampoco supe quién era ese santo niño.

Muchas veces vi estatuas y tarjetas de un niño a quien veneraban,  pero ignoraba quién era.

Muchos años después, en este viaje, finalmente me enteré quién es este Niño de Atocha. Como existen muchas versiones sobre él, decidí buscar mi respuesta en el internet.

Adjunto un link para que el lector lea lo que satisfizo mi curiosidad sobre este niño.

http://www.ninoatocha.com/history_spanish.html  El artículo está escrito en español.  Lo que concluyo sobre este niño es que es representativo del niño Jesús.

Igual que en la iglesia de Chimayó, en el templo/capilla del Santo Niño de Atocha no permiten tomar fotos ni videos. La réplica de este niño tiene muchos zapatitos a su alrededor.  Supongo que el propósito es ayudarlo simbólicamente con mucha suela para proteger sus pies mientras él peregrina en ayuda de la gente destituida, enferma, y sin recursos.

 Bienvenida capilla Santo Niño de Atocha, Chimayó, NM, 2013

Capilla Santo Niño de Atocha, Chimayó, NM, 2013

Las horas de visita a esta tierra de encanto se me acababan y como a Virginia y a mí se nos hacía tarde, regresamos al hotel, no sin antes visitar la piedra Cabeza de camello.

Piedra Cabeza de camello

Nuestra ruta de regreso era la carretera 84, para tomar la salida número 175. En las proximidades de la piedra encontramos estacionamiento fácilmente.

Este desarrollo natural que a través de los siglos el viento, la lluvia y otras fuerzas naturales fueron configurando, tiene la forma de una cabeza de camello junto con una joroba.

La piedra está protegida por un alambrado, el cual sólo me permitió tomar fotos a la distancia.

Me hubiera gustado contemplarla un poco más de los pocos minutos que estuvimos ahí, pero teníamos hambre y sed.

Foto 1 Piedra Cabeza de Camello, NM, 31 marzo 2013Foto 2 Piedra  Cabeza de Camello, NM, 31 marzo 2013

Foto 3 Piedra Cabeza de Camello, NM, 31 marzo 2013

Con la certeza de que pasaríamos otra vez por Santa Fe, paramos en el restaurante Maria’s a comer.  Sin dificultad, pedí unas enchiladas rojas, guacamole y dos margaritas. ¡Ah, qué vida!

Ahí conversé con un mesero, quien era de Chihuahua, México.  Me platicó de un pachuqueño que trabajaba ahí, guardó sus centavitos, regresó a México y ahora es pequeño empresario, poseedor de tres camiones.

Al día siguiente salí de regreso mientras mi esposa se dirigió hacia Las Cruces, New Mexico donde visitó a más familia.

Conclusión

Mis cinco días en New Mexico fueron maravillosos.  Ahora entiendo por qué se refieren a este estado como Land of enchantment. (Tierra de encanto).

 

Edición;  Rafael Rodríguez Castañeda


[1] Pueblo Viejo o Pueblo Antiguo

Zacualpan, Edo. De México, México

México

Crónica de un viaje

Zacualpan, Edo. De México, Mex.

                                                                               Ricardo Castañeda Guzmán

                                                                                                     Febrero de 2013

Hotel Posada Real

¡Cómo me gustaría nuevamente visitar el pueblo de Zacualpan!  Estuve en esa municipalidad en 2011 y 2012.  Cada vez que voy, quedo con los deseos de regresar, pero radico en el extranjero y por ahora solamente puedo desear.

Durante la última visita en septiembre 2012, mi primo Rafael y yo nos hospedamos en el Hotel Posada Real.  Este lugar de alojamiento está situado en la calle de Melchor Ocampo.

El propietario de la posada es José Abraham Jacobo Flores. Tanto José Abraham como el personal nos recibieron  con mucha atención.  Don José nos presentó a Miguel Ángel, quien fue nuestro guía.  Miguel nos llevó a los sitios que estábamos interesados  en visitar. Eran sitios donde recorrimos los pasos de nuestros ancestros.

Adjunto tres fotos de Zacualpan que contrastan los años en que fueron tomadas.  La primera data posiblemente del decenio 1920-30.  A la izquierda, en la parte inferior, podemos ver lo que ahora es el Hotel Posada Real.  En la segunda foto vemos el hotel hacia los años 1940-50.  Estas primeras dos fotos fueron un obsequio de don José Abraham Jacobo.  La tercera foto la tomé durante nuestra visita, en septiembre 2012.

Antiguo Zacualpan 1 (19..)

Antiguo Zacualpan 2 (19..)

   Antiguo Zacualpan 4 (2012)

Sé que en el porfiriato, en el edificio donde está el hotel estuvo una tienda de raya. Durante nuestra estancia, don José Abraham Jacobo Flores nos contó que este lugar fue un legado de su padre, quien a su vez lo heredó de su abuelo. Por coincidencia, con anterioridad fue propiedad del célebre médico Dr. Gonzalo Castañeda Escobar, quien fue tío de mi bisabuelo.

Cuando dimos vuelta a la manzana para estacionar el carro en la entrada posterior del hotel, me encontré con otra pequeña sorpresa:  El callejón limítrofe del predio se llama Gonzalo Castañeda. ¿Cómo llegó a ser nombrado así? Seguramente hay una historia, pero obviamente ha de ser porque el doctor Gonzalo fue un gran personaje y porque este callejón delimitaba lo que fue su propiedad.

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El doctor Gonzalo Castañeda viajó para estudiar lo más avanzado de la ciencia médica en su tiempo. Desde entonces añoró Zacualpan y a su regreso, buscó la ocasión de poseer un predio en el pueblo de sus padres, donde vivió su infancia. Después trabajó por varios lugares, y cuando finalmente se estableció en la Ciudad de México, probablemente comprendió que sus clases en la Universidad y sus tareas en el Hospital de Jesús le impedirían volver a radicar en Zacualpan. Tal vez ésta habrá sido una de las razones por las cuales vendió la casona, que fue adquirida por el abuelo de don José Abraham Jacobo Flores alrededor de 1936.

A las horas de la comida, don José, mi primo y yo tuvimos amenas pláticas sobre Zacualpan. Nuestras conversaciones traspasaron sobre unos deliciosos platillos que salieron  de la “La Cocina de Rosita”.  La siguiente foto muestra de una de las comidas que preparó Rosita, excelente cocinera. El plato exhibe unas sabrosas tortas de atún.  Junto con las tortillas de maíz azul, que don José sostiene, supe que no es preciso ir a un lugar extravagante para disfrutar de una buena comida

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Vista Panorámica

Ignoraba qué es lo que califica a un sitio cómo “Pueblo Mágico”. Por mi parte, Zacualpan, Edo. De México, cuenta con mi voto.  Puedo decir que aparte de su amistosa y agradable gente, su espléndida vista panorámica, su cómoda temperatura y sus numerosas capillas, Zacualpan tiene mucha historia.  Dentro de toda esa historia, existe un pedacito que le pertenece a mi linaje paterno, que por ahora alcanza hasta el siglo XVIII.

Aquí podemos ver La iglesia de La Inmaculada Concepción, respaldada por una vista panorámica que es típica de estos alrededores. Cualquiera que fuera el lugar que visitara, estaba seguro de que dispondría de una maravillosa vista. En la parte superior e izquierda podemos ver, a gran distancia los famosos y legendarios volcanes,  El Popocatépetl e Iztaccíhuatl.  El “Popo” es el piquito agudo y a su lado esta “La Mujer Dormida”.

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La foto fue tomada desde las alturas donde está situada la capilla del barrio de San José, donde cuenta la leyenda que velaron los restos de Cuauhtémoc, camino del sitio donde los aztecas lo inhumaron. Después de hablar con los vecinos del lugar, llegamos a saber que esta capilla fue la primera que se construyó en el Real de Minas de Zacualpan, hacia 1529.

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El Rincón de Castañeda

El libro de defunciones de la iglesia de la Inmaculada Concepción que cubre la primera mitad del siglo XIX  menciona que existía un sitio al cual los padres se referían como, “El Rincón de Castañeda”.  Aparentemente, en este sitio había una capilla y un cementerio.  Por ejemplo, una de las entradas del libro dice:

En el Cementerio de la Capilla del Rincón de Castañeda a tres de Junio se le dio

Sepultura Ecca. Al cadáver de Ma. Gertrudes Hernández…  3 Junio 1844.

Después de buscar en muchos lugares información sobre este sitio, llegué a Zacualpan con las esperanzas de que alguien supiera algo, pero nadie me dio información.  Lo que sí llegué a saber es que, pasando un lugar llamado “Barrio de Santiago”,  existe un sitio donde viven varias personas con el apellido Castañeda.

Dentro de los descendientes con este apellido vive un señor conocido como “Chucho” Castañeda, y como si fuera un día de buena fortuna, lo encontramos en casa con una de sus hijas.

Al principio, lo único que teníamos en común era el apellido Castañeda.  Conforme nuestra conversación tomó forma, la información que nos dio y la posterior búsqueda que hice sobre él en los censos de México 1930, he llegado a la conclusión que este “Chucho” es un pariente mío y un primo hermano de mi primo Rafael.  Su nombre es Juan Jesús Castañeda Ronces y nació en 1924.  Otro dato interesante que Chucho nos dijo fue, que el Dr. Gonzalo Castañeda Escobar era tío de su papá.

En la siguiente foto me encuentro con Chucho y Rafaela, una de sus hijas, afuera de su casa.  Durante esta visita, se me quedaron grabados los tronidos que hacia un guajolote mientras esponjaba el plumaje. Quería nuestra atención mientras conversábamos

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Al fin de nuestra visita le pregunté a Chucho y su hija que si sabían algo de un sitio que antiguamente era conocido como el Rincón de Castañeda.  Me dijeron que no, pero que el sitio donde radican es referido como “La Barranca de Castañeda”.  Después de cruzar toda la información que tengo, deduzco que muchos Castañeda han vivido aquí a lo largo muchos años, y llego a la conclusión de que La Barranca de Castañeda y el Rincón de Castañeda son el mismo sitio.

 

Barrio de Santiago

En el Barrio de Santiago, mi primo y yo visitamos la escuela secundaria Roque Díaz con el fin de entregar un ejemplar de la reedición que hicimos del Manuscrito de don Juan Castañeda para la biblioteca de la escuela. Pusimos el libro en manos del director, profesor Edmundo Martínez Rayón.

En su manuscrito, don Juan Francisco Castañeda cuenta muchos episodios de su vida en Zacualpan durante el siglo XIX y cómo los vivió junto con su familia.  Fue interesante entregar un ejemplar de este manuscrito, en la edición de 2012, a la escuela secundaria “Roque Díaz”, después de que don Juan nos dice que él trabajó de azoguero con Roque Díaz en 1838 en la Hacienda San José.

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En la foto, el director, Edmundo Martínez Rayón, de chamarra negra, sostiene el libro. Aparecen también la subdirectora, profesora Mercedes Mónica Flores Góngora, y otra profesora, de blusa anaranjada, de quien me da pena no recordar su nombre. Mostraron gratitud al recibir el manuscrito que escribió Juan Francisco Castañeda Popoca, mi re tatarabuelo. Mi primo Rafael está de chaleco gris/verde.

El Antiguo Panteón de Zacualpan

Fuimos al panteón con la esperanza de encontrar las tumbas de algunos de nuestros antepasados.  La mayoría de las fosas corresponden a personas que fallecieron en el siglo XX. Aunque todos mis ancestros son importantes, no encontré a los que más buscaba, mis tatarabuelos Manuel Castañeda Ríos y Josefa Jaimes.  Manuel fue el primer hijo de Juan Francisco Castañeda Popoca, quien escribió el manuscrito.

Dispongo de algunos datos familiares, pero no he dado con los registros eclesiásticos y civiles sobre ellos, me faltan sus actas de nacimiento y de matrimonio. Tengo  entendido que ambos nacieron y se casaron en Zacualpan. Manuel, en 1841 y Josefa, en 1843, y que contrajeron matrimonio en 1859. Tuvieron cinco hijos, de los cuales sobrevivieron cuatro. Félix Andrés fue quien falleció durante su infancia; Manuel, Justiniano, Amador, y Víctor llegaron a la edad adulta.

En Zacualpan hay dos cementerios, el nuevo y el viejo.  El siguiente video incluye fotos y video tomados en el panteón antiguo. Hubiera sido gratificante encontrar a mis tatas Manuel y Josefa durante esa búsqueda, pero lo único que puedo hacer ahora es seguir buscándolos en  archivos.  Aunque no encontré la fosa de mi tatarabuela Josefa Jaimes de Castañeda, le rindo homenaje reconociéndola en el título.

Distancia

Ha sido un placer haber llegado a Zacualpan en dos ocasiones.  No solo llegué a conocer parte de su gente, pero también a otros parientes que caminan sus calles al mismo tiempo que escribo estas palabras.   La distancia es mí peor obstáculo para poder regresar tan frecuentemente como yo lo desearía.

Aunque no ahí, entonces en otro lugar, o de otra manera seguiré tratando de calmar la sed que tengo, por saber más sobre mis Ancestros Castañeda.

7 de Febrero, 2013

La añoranza de Zacualpan del Dr. Castañeda (1869-1947)

Cómo mencioné, he viajado a Zacualpan, Edo. De México, con mi primo Rafael Rodríguez Castañeda en 2011 y 2012.  Entre las respuestas positivas que he recibido sobre este blog, tengo el placer de incluir unas apostillas que acabo de recibir de él, que ilustran un aspecto poco conocido del Dr. Gonzalo Castañeda Escobar: su nexo emocional con Zacualpan.

Nos proponemos indagar también el cariño entrañable que siempre ligó a Zacualpan con otros personajes que emigraron, como el licenciado José Amador Castañeda Jaimes (1871-1934), gobernador interino del Estado de Hidalgo en 1912, y el general brigadier Austreberto Castañeda Porcayo (1888-1943).

Asentaré fotos o videos en los lugares más apropiados, sean dentro o alrededor de los temas correspondientes.

Apostillas a la crónica del viaje a Zacualpan de Ricardo Castañeda

Hasta donde sabemos, el doctor Gonzalo Castañeda poseyó dos bienes raíces en Zacualpan: el predio rural situado en la cañada de la antigua cuadrilla de Santiago, que probablemente quedó intestado en beneficio suyo tras la muerte de sus padres y de Maximiliana y Bernardino, sus hermanos, y el predio urbano ubicado en la calle de Melchor Ocampo al que se refiere Ricardo Castañeda Guzmán en su Crónica de un viaje, que ahora ocupa el hotel Posada Real.

Hay diferencias entre el predio urbano y el terreno del actual barrio de Santiago. El predio cuyo frente se alinea a la acera poniente de Melchor Ocampo dista una cuadra de la plaza principal; al terreno del barrio de Santiago se llega después de caminar un tramo no muy largo a partir de la zona “urbana” de Zacualpan. El primero tiene una extensión medible en metros cuadrados; para el segundo, cuya delimitación es imprecisa, la unidad de medida más apropiada es la hectárea. Hay también algunas coincidencias: ambos sitios están en declive y ofrecen una vista maravillosa. Desde el primero, una parte de Zacualpan; desde el segundo, el verdor de la cañada.

Como Zacualpan ocupa la parte superior de un cerro, prácticamente es preciso bajar para dirigirse a cualquier barrio. Algunos están casi al mismo nivel de la cabecera municipal, lo cual supone subir nuevamente. Tal es el caso del barrio de San José y del panteón municipal, pero el barrio de Santiago está en una hondonada, en la cuna entre dos cerros cubiertos de vegetación.

DSCN9418 Santiago-cañada

El doctor Gonzalo Castañeda, dejó Zacualpan hacia 1881, a la edad de doce años, cuando salió hacia Cuernavaca para continuar los estudios que lo habrían de convertir en médico ilustre y prestigiado maestro de la Escuela Nacional de Medicina y luego de la Universidad Nacional. Salvo breves visitas durante sus vacaciones, no volvió a radicar en el pueblo de su infancia, aunque lo añoró toda la vida. Cuando se convirtió en dueño de la finca que habitaron sus abuelos, y años después, sus padres, la dejó a cargo de una familia de apellido Gama, que primero la usufructuó y a la postre tuvo en propiedad, gracias a una decisión del doctor Castañeda.

El terreno donde crecieron los Castañeda Escobar queda al lado del camino ––ahora de terracería–– que conduce hasta la capilla del barrio de Santiago, antes de cruzar el fondo de la cañada, que correspondió sucesivamente al río con pozas y cascada, escenario de la aventura con un duende que don Juan Castañeda Popoca narra en su manuscrito. Por muchos años, ese mismo río fue degradado en drenaje del pueblo, pero según nos contó Miguel Ángel Espíndola, está por ser rescatado y rehabilitado como río cuando estrenen una planta de tratamiento de aguas negras que está en construcción.

Capilla Barrio de Santiago

Según los recuerdos de doña Catalina Vera Peralta, viuda de Nava, originaria del barrio de Santiago y desde niña, vecina de la finca que fue de los Castañeda Escobar, ellos vivieron en una casa chiquita, hecha de adobe y teja, conocida como “la casa blanca”. Era un solo cuarto al lado de un guayabo que carecía de puerta, pero eso sí, estaba encalado de blanco. Tampoco tenía ventana, y el vano de la entrada se orientaba hacia abajo, donde había sembradíos. Manzanos y muchos duraznos; alfalfa y lechuga. Por algo se le quedó el nombre de La Huerta.

Doña Catalina nació en 1931 y llegó a vivir al terreno colindante por el lado de arriba en 1948, cuando casó con Jesús Nava. El año anterior había muerto el doctor Castañeda, a quien no conoció, pero supo de él y de sus esporádicas visitas al lugar. El terreno de doña Catalina lo compró su esposo con el producto de la venta de una vaca, y fueron capaces de edificar gracias a la ayuda del señor Vera Porcayo, padre de ella. Hicieron una casa semejante a la de los Castañeda, con adobe y teja, pero con ventana y portal. A la casa de doña Catalina la afectan ahora el deterioro y los años. Consta básicamente de un cuarto con refuerzos de ladrillo en los vanos de la puerta y la ventana. Según desciende la pendiente del cerro, doña Catalina vive arriba de La Huerta. Hacia abajo no hay signos que distingan el predio de la agreste vegetación de la cañada. Salvo la imaginación de los Castañeda descendientes, quienes observamos, tampoco hay indicios de la casita de adobe y teja que allí existió.

Ignoramos cuándo y cómo el doctor Castañeda adquirió el predio urbano donde ahora está el hotel Posada Real. Don José Abraham Jacobo Flores, el dueño del hotel, posee el documento notarial que prueba la operación de compraventa. Allí constan los nombres de su abuelo como comprador y de Gonzalo Castañeda Escobar como vendedor.

La hija y los nietos del doctor Castañeda recibieron con escepticismo tanto la noticia de esta antigua posesión como de la compraventa notariada. Cuando se enteraron que existía evidencia documental, les surgieron interrogantes: “Esa casa debió ser de mi abuelo pero por alguna razón nunca la mencionó” ––dice Claudia Infante Castañeda.

La oquedad en la historia que hay detrás deja lugar a las conjeturas: acaso el doctor Castañeda reservó la noticia de esa posesión como una sorpresa para el momento en que hubiera terminado de habilitarla, según un sueño, una ilusión del tamaño de su nostalgia. O tal vez la acumulación de los años y el cansancio de su agenda, repleta de consultas e intervenciones quirúrgicas, de clases y prácticas médicas, lo indujeron a cancelar el proyecto de volver a Zacualpan.

No sabemos.

Es demasiado lo que todavía debemos indagar.

RRC

Febrero de 2013

Últimamente, agrego una foto más aclarada del antiguo panteón de Zacualpan, Edo. de México, Mex.

Panteon antiguo I

Gracias

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