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Don Juan Francisco Castañeda Popoca, (1816-1898) Parte VI

Continuación.

Más de medio siglo después, el 28 de enero de 1941, el doctor Gonzalo Castañeda explicó en una carta dirigida al doctor Rodolfo González Hurtado algunos detalles acerca de su niñez:

A los ocho años era yo todavía un salvajito, no conocía las letras porque no había aún pisado la Escuela; mi tierra era un pueblo apenas semi-civilizado. Cuando mi padre me llevó con el maistro, por primera vez, sentí vergüenza y tristeza al ver que unos niños menores que yo, pronunciaban palabras que no entendía, decían decámetro, hectómetro, miriámetro; esto me estimuló para apurarme y alcanzarlos. Después de un tiempo ocupé los primeros lugares.

De jovencito era yo acólito y cantor en el coro de la iglesia; les gusté para sacerdote a unos Padres misioneros que fueron por allá; yo encantado porque me iban a traer al Seminario de México; pero sobrevino un hecho que cambió mi destino y salvó a las gentes de un curita malo.

En los exámenes de ese fin de año escolar, obtuve como premio una beca o pensión para ir a estudiar al Instituto Científico Literario de Toluca; pero esa designación no tuvo efecto porque las Autoridades del Municipio prefirieron a otro escolar, hijo de un influyente del pueblo; mi familia era pobre y no figuraba. Sentido y molesto mi padre por esa alcaldada, me expatrió y me llevó a Cuernavaca con unos tíos, con la idea de que estudiara allí para maestro de Escuela. Tal vez notó en mi cara que eso me parecía poco, porque agregó: sí, hijo, pero de una Escuela grande.

He aquí las deducciones esenciales:

1. Gonzalo ingresó a la escuela en 1876, cuando Juan, su padre, tenía 60 años.

2. Por precaria que haya sido la enseñanza elemental en Zacualpan, podemos suponer que los niños estudiaban hasta el 4º grado. Luego, terminó en 1880, cuando Gonzalo se consideraba un jovencito —doce años— y su padre tenía 64 años.

3. “…mi familia era pobre y no figuraba”. —escribe Gonzalo.

Ante la injusticia que cometieron contra los méritos escolares de su hijo, en quien cifraba grandes esperanzas, Juan, en un contrariado arresto de dignidad lo expatrió a Cuernavaca con unos tíos, para que siguiera estudiando.

4. La vida de Juan comenzaba a declinar.

Para apreciar el grado de envejecimiento de las personas lo usual es que, en primer término, nos remitamos al dato objetivo de la edad cronológica: 70, 75, 80… En segundo término, aunque no tan conscientemente, observamos el aspecto físico y la actividad que despliegan. Y como telón de fondo, aunque no pensemos en ello, tomamos en cuenta la esperanza de vida de la época y la sociedad a la que pertenecen.

Pablo Picasso (1881- 1973), por ejemplo, a los 90 años continuaba la obra creativa que realizó durante más de 75 años: dibujaba y pintaba. “Se necesita mucho tiempo para aprender a ser joven” —dijo. Entre nuestros ancestros, Carmen Castañeda Olea (1914-2012), después de los 90 años aún practicaba yoga, viajaba sola en medios de transporte público y —toda proporción guardada— se concentraba frente al lienzo con paleta y pinceles; sensibilidad artística, aguda visión y un dominio notable de las técnicas del óleo y la acuarela.

En cambio, nuestro personaje, abuelo de Carmen, JFCP (1816-1898), se consideró y se comportó como viejo después de los 60 años. No declinaron su lucidez ni sus capacidades intelectuales, como lo prueban las memorias que escribió hacia los últimos años de su vida, pero es probable que lo hayan afectado grandemente el abandono del oficio de azoguero, que practicó desde que fue joven, y el hecho de verse obligado a vivir únicamente del pequeño comercio, que desde hacía tiempo practicaba como actividad suplementaria.

Es preciso tomar en cuenta, además, la esperanza de vida del país durante el Porfiriato, que apenas llegaba a los 30 años, así como el contexto cultural de Zacualpan en el siglo xix, donde la convención social consideraba viejos a quienes rondaban los 50.

Juan a los 58 años de edad, año de 1874

Un ejemplo cercano a Juan, de quienes morían antes de los 30 años, fue el caso de Eulalio Castañeda Morales (1850-1874), su sobrino, que para Juan fue una experiencia dolorosa. A la una de la tarde del 9 septiembre de 1874 tuvo que presentarse ante el Registro Civil de Zacualpan para dar cuenta de que lo habían matado.

Entre los sobrinos y nietos que Juan tenía entonces contaba Eulalio, hijo legitimo de su hermano, Felipe Neri Castañeda Popoca, y de Dolores Morales Mojica, quien había fallecido en mayo del mismo año de 1874.

Eulalio vivía en Gama, comunidad perteneciente al municipio de Zacualpan. Era panadero y estaba casado con Genoveva Nava, una muchacha a quien dejó viuda y con un hijo pequeño a los veintidós años de edad.

El acta de defunción de Eulalio informa que murió de un balazo al corazón. Su cuerpo fue sepultado en el campo mortuorio de Zacualpan.[1]

Acta defunción, homicicio  Eulalio Castañeda Morales 9 sep 1874

Acta defunción, homicidio Eulalio Castañeda Morales 9 sep 1874 https://familysearch.org

Juan a los 64 años de edad, año de 1880

El propio Juan nos deja saber que a esta edad ya no ejercía su oficio de azoguero con regularidad. En el siguiente episodio, sus palabras denotan, más que los efectos de la edad, la percepción que tenía de sí mismo como hombre de fuerza física e iniciativa menguadas.

Durante este tiempo su esposa Gabina, contaba con cuarenta y seis años y como buena comerciante, siempre buscaba cómo generar dinero para la subsistencia cotidiana de la pareja. Vendía carbón, zacate, jabón, etc. Probablemente lo hacía junto con Juan, en el puesto que él ponía en la plaza.

Aparte de este esfuerzo constante, un panadero le fiaba pan que ella vendía en las ferias de los pueblos cercanos. Ese negocio le rendía dos reales de ganancia por cada peso de pan. Con anterioridad a esta fecha, era su hijo Bernardino quien viajaba a las ferias con ella, donde habitualmente le iba muy bien. En 1880 Bernardino tenía veintiún años de edad y estaba empleado, de manera que no contaba con él para que la acompañara.

Se acercaba el último domingo de ese año y Gabina le recordó a Juan la proximidad de la feria de Tonatico[2] Gabina quería asistir. Eso dio motivo al siguiente diálogo:

—Ya llega la feria de Tonatico. Y dime si he de ir, para comenzar a arreglar tal ida.

—Pero hoy —le respondí— no hay quien te acompañe, porque Bernardino está empleado, y yo, sabes que soy muy inútil para desempeñar esa clase de empresas.

—Solamente quiero —me dijo— que me acompañes, que yo me entenderé con todo.

—Pues bien, te acompañaré —le dije—, y has cuenta que tú me mandaras como si fuera tu mozo, ó me llevaras de mozo, y haré cuanto me mandes y que yo sea capaz de hacer.

—Lo primero que tengo que hacer es —me respondió—, ver al panadero, si me ha de fiar la cantidad de pan que me entrega cada año, que arreglado eso, todo lo demás ya es fácil arreglarlo.

—¿A dónde vamos a pasar?, eso es lo que me tiene con cuidado.

—Pues no lo tengas, que tengo una familia conocida muy cariñosa ella, lo mismo que su hija y su marido.

Gabina y Juan salieron de Zacualpan aproximadamente el último domingo de febrero hacia Tonatico.[3]

Al llegar a Tonatico Gabina hizo contacto con el Regidor que asignaba los puestos en la feria, quien le concedió el que ella quiso.

Con anterioridad, Juan nos ha referido ya la práctica que tenía en montar puestos comerciales en plazas públicas. En eso se ocupaban cuando llegó otro regidor del Ayuntamiento y les advirtió que ese sitio se lo había apartado a un morcillero. Gabina se quejó con el Regidor. Ambos munícipes se disgustaron entre sí y discutieron en el afán de imponer su autoridad.

Al percibir que se imponía la autoridad del segundo munícipe, Juan medió en la discusión con espíritu conciliador y sugirió que les asignaran otro sitio para colocar su puesto. Gabina no quería convenir, hasta que “por fin le dieron un lugar que no tenía las varas” —es decir, que no estaba apartado—, donde finalmente se instalaron.

En este año la feria estuvo mal, con poca concurrencia. De los cincuenta pesos de pan que llevaban solamente vendieron dieciocho. Considerando los dos reales de ganancia por cada peso de venta, Juan y Gabina se hallaban en situación difícil.

No sabemos hasta dónde Gabina tomó al pie de la letra el ofrecimiento de Juan, de comportarse como si [él] fuera su mozo. En todo caso, era su esposo y en consecuencia lo respetaba como tal, por su edad y experiencia —además. Gabina preguntó:

—¿Ahora qué hacemos? —Y yo le respondí con su misma pregunta, añadiendo en seguida.

—Yo soy tu mozo, tú dispón y yo obedeceré. —Y dijo:

—Si nos vamos para Zacualpan, me debe dar mucha vergüenza volverme con mi pan.

El dueño de la casa donde se hospedaban se compadeció de ellos y para ayudarlos les propuso invitar a sus amigos a jugar tecomatillo[4] con apuestas de pan. El plan era que vendieran más.

Llegó la noche, y conforme ganaban o perdían en el juego, los invitados compraron “cuanto pan querían o podían”. La regla del dueño de la casa fue simple: quien perdía tenía que comprar más pan. No valía que lo revendieran entre ellos.

Juan y Gabina no sólo vendieron tres pesos más; también se divirtieron viendo cómo las piezas de pan cambiaban de mano a mano sin que ese trafique les causara asco.

Como todavía les quedaron veintinueve pesos de pan por vender, al día siguiente su anfitrión en Tonatico les sugirió que fueran a Las Salinas, lugar cercano, donde podrían cambiar el pan por sal.

Sin otra alternativa, Juan cargó el caballo con una porción del pan remanente y se dirigieron a Salinas, lugar cercano, donde hicieron el trueque por sal y tal vez otros comestibles.

Esa noche Gabina le dijo:

—Hoy me han dicho que en Tetecala se hace una grande fiesta que puede llamarse feria. Si quieres, como nos habíamos de ir para Zacualpan, a ver si en las rancherías cambiábamos por maíz, frijol, etcétera. Vámonos para Tetecala. Quizás allá, caro o barato, lo acabaremos.

Caro o barato, había vender el resto del pan. Decidieron salir para Tetecala, lo cual significaba andar una distancia un poco mayor de la que caminaron entre Zacualpan y Tonatico.

Al narrar el resto de esta aventura comercial, Juan nos dice que ya no es capaz de montar caballo a cuestas. Gabina buscó un arriero, quien calculó que para transportar el pan y los demás los bultos que llevaban —sal, maíz y frijol que cambiaron en Las Salinas, más su menaje personal— se necesitaban cuatro jacales y dos caballos.

Cargaron a las bestias, y para hacer la travesía, Juan y Gabina se alternaban el único caballo con cual contaban. Iban tan despacio que el arriero se adelantó “y ni modo de decirle espéranos ”.

Cuando finalmente llegaron, el arriero los esperaba en la orilla de Tetecala. Ya había conseguido posada para ellos, pero los recibió con la mala noticia de que uno de los caballos se cayó en el río Santa Teresa; a un jacal le entró agua y parte del pan se había mojado.

—Ya puede ser, pero ha de ser poco —le dijo Gabina.

Con esa, la última respuesta de Gabina, Juan suspende el relato de esta aventura. Lo deja inconcluso; no aporta más detalles, pero refiere un viaje muy interesante del cual quisiera saber más.

Por ejemplo: Si para llevarlos de Tonatico a Tetecala el arriero calculó que necesitaba cuatro jacales para transportar el resto del pan más la carga adicional, ¿con cuántos bultos o jacales llenos de pan, inclusive una maleta de enseres personales, salieron originalmente Juan y Gabina de Zacualpan? ¿A cuántas piezas de pan equivalía cada peso? ¿De Zacualpan habrán emprendido el viaje con más de dos caballos, o solamente uno con la carga y ellos dos a pie? Juan solamente menciona un caballo.

Desde el punto de vista económico pienso que esta aventura les resultó costosa pues seguramente tuvieron que pagar más de una noche de hospedaje, por mucho que solamente se hubieran alimentado del pan que llevaban. ¿Cuánto les habrá costado contratar al arriero con dos caballos, y comprar o canjear —tal vez con pan— cuatro jacales? ¿Lograron vender todo el pan, y cómo lo pagaron al panadero que se los fio?

Este viaje se extendió inesperadamente por lo menos una semana, y en aquella época, las tahonas no usaban sustancias conservadoras. ¿Cuánto tiempo habrá durado el pan sin endurecerse ni echarse a perder?

Me hubiera gustado recibir más información sobre esta interesante historia. Sólo me resuena el eco de la respuesta que Gabina dio al arriero sobre el pan que se mojó:

—Ya puede ser, pero ha de ser poco.

Gabina, conductora de esta aventura, siempre optimista como Juan, por encima de toda adversidad.

Juan a los 68 años de edad en 1884

En sus memorias, uno de los pocos episodios que Juan fechó —en 1884— fue tal vez una de las últimas oportunidades que tuvo para ejercer su oficio de azoguero. Se trata de una narración particularmente interesante porque allí despliega con naturalidad la terminología usual de la minería de entonces.

Al presentarla aquí, alternamos la narración de Juan con la glosa respectiva, para facilitar la comprensión de lo que cuenta.

Una época en el Mineral de Tlatlaya año 84

Hubo un nombrado Juan de Dios, que andando por aquel lugar tuvo noticia de una mina nombrada la Trinidad, y que tenía buenos metales; pero que tenía agua; y que era tan poca que podía desaguarse con botas en cinco o seis días. Dispuso entre él y otros desaguarla. (Tendría de profundidad cosa de doce metros).

Juan se enteró de que un buscador de metales preciosos, conocido como Juan de Dios, recibió noticias de una mina nombrada La Trinidad en las cercanías de Tlatlaya. Supo también que la mina contaba con una proporción considerable de metal explotable, pero por otra parte estaba anegada de agua, aunque aquella profundidad de doce metros podía desaguarse con botas[5] en cinco o seis días. Juan de Dios emprendió esa tarea con un grupo de jornaleros.

En efecto, ya desaguada encontró en el plan un clavo de metal que tenía una vara en círculo, pues era redondo. Dispuso desmotarlo bien, y después dar un cohete del puro metal, del que logró que cayera una piedra de seis arrobas[6] de peso, con dicha piedra marchó a México, a buscar avío.

Una vez desaguada la mina, Juan de Dios halló un clavo de metal —es decir, un trozo de gran pureza— de forma cilíndrica, que medía cerca de 84 cm. Después de desmotarlo hizo detonar una carga de dinamita con la cual logró que se desprendiera una piedra de alrededor de [80] kilos, muestra suficiente para llevarla a México con el propósito de conseguir financiamiento para explotarla.

Allá encontró a don Guadalupe Antolín, y este señor le habló a don Matías Elías del negocio que Juan de Dios llevaba, y entre Antolín y Elías hablaron a un español nombrado don Lucas de la Tijera, haciendo mención de dicha piedra, y diciéndole que todo el plan de la mina era de aquella clase de metal, y que tenía de ley quince marcos de plata por carga, pues Juan de Dios ya lo tenía ensayado.

En México Juan de Dios habló con Guadalupe Antolín quien a su vez, le planteó a Matías Elías la posibilidad de explotar esa mina. Juntos, Antolín y Elías le propusieron el negocio Lucas de la Tijera, un inversionista español, a quien le hablaron de la muestra y le dijeron que de esa mina era posible obtener un rendimiento de quince marcos[7] de plata por carga, según la prueba de ensayo que Juan de Dios había realizado.

Don Lucas mandó se ensayara en la casa del Apartado[8] y positivamente era de dicha ley. Luego se arreglaron en el avío, no sé bajo qué condiciones.

Para verificar la calidad del metal que la piedra contenía, don Lucas de la Tijera ordenó un nuevo ensayo en la casa del Apartado. Cuando comprobó que contenía le ley que le habían indicado decidió invertir y entregó recursos.

 

Antolín se vino para Zacualpan y me dijo todo lo que había pasado en este negocio, y que él estaba dispuesto a que debía recibir la posesión, por la Diputación de Sultepec, con una carta particular a don Higinio Goroztieta (diputado) y obra poder, para que a nombre de los interesados recibiera la posesión.

Guadalupe Antolín regresó a Zacualpan y expuso a Juan todos los detalles del negocio (evidentemente, tras invitarlo a tomar parte de este proyecto). Le dijo, además, que estaba dispuesto a recibir posesión de tal mina mediante la diputación de Sultepec, con una carta particular dirigida al diputado don Higinio Goroztieta.

Marché a Sultepec a pie, así lo requerían mis circunstancias; entregué mis cartas; y veinte pesos. Habíamos dispuesto salir para Tlatlaya al día siguiente; pero en la tarde que esto dispusimos, supimos de cosa cierta que Tijera debía llegar a aquel Mineral, el mismo siguiente día por lo que dispusimos no verificar la marcha como lo habíamos dispuesto; y como de tal venida del señor Tijera, ni Antolín ni nadie sabía nada, dispuse poner un correo a Antolín a Zacualpan.

Con un lacónico eufemismo, Juan refiere su estrechez económica por ese tiempo: carecía de dinero siquiera para alquilar una bestia de carga. No obstante, se fue a pie hasta Sultepec, como escala intermedia entre Zacualpan y Tlatlaya. Al día siguiente, cuando se disponían salir para Tlatlaya Juan se enteró de que estaba por llegar don Lucas de la Tijera. Juan detuvo la salida del grupo y envió un mensaje a Guadalupe Antolín, que estaba en Zacualpan.

Al siguiente día, a pocas hora de haber llegado Antolín a Sultepec, llegó don Lucas, y se dispuso que al otro día debíamos salir para Tlatlaya, como lo verificamos. Entre tanto me dijo don Higinio:

—Usted, por fin, ¿va a qué?

Esto fue ya casi para salir. Le respondí:

—Si señor, yo llegaré al pueblo después de ustedes; pero he de llegar.

—¡Qué bárbaro es usted!

—Voy a conseguir un caballo, y si usted no puede pagar el flete o no quiere, yo lo pagaré.

No se consiguió el caballo; pero consiguió un macho, y ahí nos tienen todos a caballo.

El Diputado se previno, para caminar, de un huacal de pan, café, azúcar, carne cecina, vino, etcétera, para él, su sirviente y dos mozos. Don Lucas solo llevaba una botella de vino, y Antolín y yo nada. Pero como Tijera, cuando bebía su vino hacía gestos, hacía que quería voltear el estómago, y nos decía:

—Ah, qué medicina tan endemoniada —por no convidarnos, (porque no ha de haber habido en el mundo un hombre tan miserable como él).

En el principio se lo creíamos; pero en una oportunidad que hubo, probé de su botella, y dije a los compañeros:

—Qué medicina ni talega: esto es vino y muy bueno que está.

Tenté las cantinas y les dije:

—Aquí lleva más.

—Pues ahora —dijo don Higinio—, comerá… No le hemos de convidar de nada supuesto que él es tan mezquino.

A Antolín y a mí sí nos daban a todas horas; pero para comer en el camino eran los veinte pesos que les entregué con las cartas.

Don Lucas observaría que no se le quiso dar nada de comer; pero aguantó ese día que llegamos a Amatepec. El siguiente a Tlatlaya, de paso para la Mina, que distaba una legua de dicho Pueblo, llevaba ya de Sultepec un minero de nombre Guadalupe Ordóñez, y éste, un hijo Remigio, y otros individuos, con objeto de trabajar. Probó el minero su gente: barreteros, dos paradas de día y dos de noche, desaguadores etcétera.

A la hora que fue de almorzar; le dice don Lucas al minero:

—¿Qué aguarda usted que no manda a estos a trabajar?

—Señor, tengo costumbre de dejarles para almorzar y que reposen una hora.

—Qué hora ni que… Más de dos llevan ya, y si me vuelve usted a responder con tanta altanería, lo agarro del braguero y lo aviento a esta barranca.

El pobre viejo se espantó y ya no habló una palabra. Yo dije en mi interior: “Qué malo le veo el ojo muerto a la vieja”, en fin: Dios dirá.

Luego que se arreglaron los trabajos, recibió Antolín la posesión de la mina; y el Diputado con los que lo acompañaban se dirigió a Tlatlaya, para que al otro día salieran para Sultepec.

Antolín dijo a Tijera:

—Le traigo a usted un azoguero que ha servido a don Roque Díaz, y azoguero ha sido toda su vida. Ese es su oficio.

—¿Y qué prueba es esa? —respondió—. También un burro toda su vida cargó castañas de vino, y jamás supo a qué sabía, pues nunca lo probó.

—Esa es una chirigota de usted —dijo Antolín— y estamos tratando en cosa seria.

—Vamos. ¿Cuánto ha de ganar?

—Cinco pesos semanarios.

—Por ahora es mucho dinero ése —respondió Tijera.

—Pues se volverá conmigo; pero con él se sabrían las leyes de los metales y se sabría la piedra que debe tirarse. —Esto respondió Antolín.

—Pues que se quede —dijo el otro.

Se bajaron los dos [don Lucas de la Tijera y el Diputado] ese día al Pueblo de Santa Ana, pues allí le pareció vivir mejor que en Tlatlaya. Al otro día subieron a la mina, y [Guadalupe Ordóñez] el minero procuró que saliera algún metal; y me dijo Antolín, delante de Tijera:

—Escójame usted unas piedritas de las mas vistosas, que quiero llevar a Zacualpan. —Y responde Tijera, encolerizado.

—¡No hay piedritas! Estaba yo fresco con gastar mi dinero para que usted se lleve el metal.

Antolín dijo:

—Era por solo curiosidad, no por llevar.

—Pues no, señor.

—Pues arreglados.

Al despedirnos Antolín y yo, le dije.

—Qué mal olor observan mis narices en la mina La Trinidad. Yo no aguanto acá mucho.

—Téngale usted paciencia a este cachupín, como yo se la he tenido. Que trabaje la mina, que gaste su dinero, si hay algo en ella después veremos. También a mí me tiene como una ascua, y si hay algo en ella, a usted lo he de tener presente.

Todos los días subía [de la Tijera] a visitar la mina, y antes de llegar comenzaba con un sermón. Un día, como a cincuenta varas antes de llegar, dijo muy recio:

—Esta oreja apuesto contra medio real a que todos ustedes se han echado a dormir, y el metal se lo han robado, porque desde aquí veo que ese no es todo el que debe haber salido en la noche.

El minero [Guadalupe Ordóñez] se disculpó como pudo. Yo tenía ya de amigo a uno de los que trajo Ordóñez y se ocupaba de pepenar; a quien supliqué que cuando llegara el amo y preguntara por mí, le dijera que no oía yo los golpes de los barreteros y que había dicho, que me iba con ellos porque si no, no hacían nada.

Como en efecto, [de la Tijera] preguntó por mí, el minero dijo no sabía dónde estaba; pero Moratilla cumplió con mi encargo y quedé por las nubes, es decir, muy alto. Pero yo me fui con los barreteros por evitarme de preguntas y respuestas.

Así, lo seguí haciendo; pero llegó la vez que cuando quise evadir el cuerpo ya no fue tiempo, pues don Lucas llegó más temprano que de costumbre. Entonces le recibí el caballo, le saludé con mucha atención, deseándole muy buena Salud; diciéndole que aunque salía poco metal que era muy bueno, que la mina era cata, que le faltaba rango y que entonces se encontraría bastante metal; que ¿cómo en una veta, nomás aquel clavo había de haber?: y me dice él:

Con ese ardid seguí evitando encuentros con don Lucas, pero en una ocasión me quedé sin oportunidad de hacerlo: don Lucas llegó más temprano que de costumbre. Entonces le recibí el caballo, le saludé con mucha atención, deseándole muy buena salud. Le informé que aunque salía poco metal, era muy bueno, que la mina era de prueba, de muestra, para reconocer la proporción de plata que probablemente se extraería, que faltaba profundizarla y explorar; que entonces se encontraría bastante metal. No era posible que únicamente se hubiera hallado aquel trozo cilíndrico de plata de gran pureza. Y me dice él:

—Aunque es poco el que ha salido esta semana, estoy contento, porque mire usted: con cuatro paradas habrán salido carga y media de quince marcos. Son veintidós y medio, y a ocho pesos nomás, son 187 pesos. La raya importará los 87. Desde la semana entrante, voy a dar orden al minero, que pueble ocho paradas, por consiguiente saldrá doble cantidad de metal y doble será la utilidad.

—Aunque es poco el metal que ha salido esta semana, estoy contento, porque mire usted: con cuatro puntos de extracción habrán salido carga y media de quince marcos. Son veintidós y medio [marcos], y a ocho pesos nomás, son 187 pesos. Calculo que el monto de lo que habrá que pagar a los trabajadores importará los 87 pesos a la semana, así que desde la semana entrante ordenaré al minero que coloque gente en ocho puntos de extracción, por consiguiente saldrá doble cantidad de metal y doble será la utilidad.

“Todo eso sucederá (dije en mi interior) como yo lloro por ella”.

“Todo eso sucederá —me dije, incrédulo— como las lágrimas que derramaré por esa utilidad”.

Ahora me ocuparé [de contar] cómo me fue con el minero, su hijo Remigio y Moratilla, el pepenador y amigo mío: Comenzaré con que el viejo [don Lucas de la Tijera] era déspota, decidor y muy amigo de contradecir.

Un domingo me quedé solo en la mina. Les encargué me llevaran de Tlatlaya cecina, queso, chiles, etcétera, pues tortillas había quedado una ranchera de tres o cuatro casas que por allí había, a llevármelas a todas horas de comer. Pero cuando llegaron mis compañeros, me dijo el viejo:

—No le traemos aparte nada; comeremos juntos todo él, pero con [lo] que usted encargó lo gastamos.

—Qué menos puede usted hacer de gasto —yo dije—. Amen. Pero mi[s] encargos no pasaban de cinco reales. Nuestro presidente ordenó que a cada uno de los tres nos tocaba una semana de cocineros: el quedaba ===.

—No podía usted haber gastado menos —dije—. Amén. El costo de lo que yo había encargado no pasaba de cinco reales. Nuestro presidente [probablemente se refiere a Guadalupe Ordóñez, el minero que dirigía el trabajo colectivo] ordenó que a cada uno de los tres nos tocaría una semana desempeñar el trabajo de cocineros; faltaba que a él le tocara, [luego, se las debía arreglar con los víveres que había comprado].

Continuara…

Ricardo Castañeda Guzmán y Rafael Rodríguez Castañeda,

Con la colaboración de Miguel Fernando Rodríguez Castañeda


[1]. Fuente: https://familysearch.org

[2]. Pueblo del estado de México entre Zacualpan e Ixtapan de la Sal, a 153 Km de la Ciudad de México. ‘Tonatiuhco’ en Náhuatl significa lugar del sol.

https://en.wikipedia.org/wiki/Tonatico Se puede escoger la lectura en español.

[3]. Juan escribió literalmente “y en un día de la semana antes del primer domingo de enero, salimos con dirección a Tonatico…”, pero más adelante informa que “Muy raros fueron los que vinieron … del Valle de Toluca porque creyeron que la feria sería al siguiente domingo, porque el sábado 28 de febrero cayó en ese domingo, que creían era la feria”. Probablemente se equivocó al citar la primera fecha. No es creíble que un viaje tan corto a un pueblo cercano, y portando mercancía perecedera, hayan durado dos meses.

[4]. Juego que consiste en sacudir un trasto con tres medios reales y al hacerlos caer sobre la mesa, ver si el lado visible de las monedas son dos águilas y un resplandor, o viceversa.

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Medio_real_de_Guanajuato_de_1856_(anverso_y_reverso).JPG

[5]. Barril de 516 litros

[6]. 11.5 Kg @ arroba española.

[7]. 230 g marco de Castilla. Durante esa época el marco era diferente en otros países europeos.

[8]. La antigua Casa del Apartado, antecesora de la Casa de Moneda, funcionó desde el Siglo XVII. Se construyó para realizar el “apartado”, un proceso industrial mediante el cual se separaba el oro que venía asociado a la plata extraída de las minas novohispanas.

Licenciado Amador Castañeda Jaimes (1871-1934), Ex-Gobernador Interino de Hidalgo, México 1912

Prólogo

 

A diferencia de nuestros ancestros, hoy contamos con recursos para prolongar la vida que antes no existían. Aparte de la propia predisposición genética, la longevidad aumenta mediante la atención médica ––mejor que la del siglo anterior–– medicinas más eficientes, el cuidado del organismo, una alimentación mejor balanceada y la utilización de principios ergonómicos, adecuados a cada oficio y para no exponer la seguridad de músculos y huesos durante el ejercicio.

Cuando platico con miembros de la familia es frecuente que me entere de que alguno es ya bisabuelo. También hay bisabuelos que están cerca de ser tatarabuelos. Esta posibilidad, que es real para nosotros, fue menor en el caso de mis antepasados, según reviso la descendencia que alcanzaron a conocer en la etapa final de su vida.

En enero de 1960, antes de cumplir los doce años crucé la frontera de México hacia Estados Unidos con mi padre Alberto, mi madrastra Ana María y Eduardo, mi medio hermano. Llegué a Los Ángeles, California, y como los participantes de un desfile marchan frente al espectador, así  pasaron días, meses y después años. En esta procesión cronológica hice mi vida: fui a la escuela, cumplí mi servicio militar y mi trayectoria laboral, me casé y tuve hijos.

Sabía que en Pachuca, Hidalgo, donde nací en 1948, vivían muchos familiares, pero fuera de algunos tíos y primos a quienes traté en mi infancia, no conocía mucho más. Al paso de los años le pregunté a mi padre acerca de nuestra familia. Anotó en un papel lo que sabía. Solo eran diez nombres detallados con sus orígenes. 

La escasa información sobre mis parientes y la curiosidad me indujeron a investigar la genealogía familiar. Una vez que me jubilé y armado de computadora e Internet, empecé a buscar noticias de quienes nada sabía. Gracias a múltiples indagaciones terminé por encontrar datos de mis ocho bisabuelos.

Uno de mis bisabuelos me llama poderosamente la atención. Será por lo que logró durante su vida o simplemente porque se trata de mi bisabuelo paterno, de todas maneras siempre está al frente. Ahora, después de varios años de investigaciones puedo relatar mis hallazgos sobre este ancestro, el licenciado Amador Castañeda Jaimes.

 

 

José Amador Castañeda Jaimes

 

Foto de Amador capturada en los estudios J. Bustamante Valdés, probablemente poco después de 1900 cuando llegó a Pachuca, Hidalgo, México. Tendría 30 años de edad.

Visité Pachuca, Hidalgo en 2011 después de una larga ausencia. El principal propósito de este viaje fue indagar cuantas noticias hubiera sobre mis ancestros. Mis familiares me informaron que aún vivía una hija de mi bisabuelo, nacida en 1914: Laura Elena Castañeda Yslas, tía abuela mía

Al siguiente día la visité. Mi tía Elena vive en Naucalpan con Magda, su hija; así como con Elena y Erika, nieta y bisnieta suyas, respectivamente.  Como el lector imaginará, tuvimos demasiados temas para conversar. Intercambiamos muchas historias y vimos fotografías. Me mostraron imágenes de familiares que ni siquiera sabíamos quiénes eran.  Esta ignorancia inicial, por fortuna, ha ido desapareciendo desde entonces.

De mi bisabuelo Amador me contaron que era un hombre estricto. Pusieron en mis manos un opúsculo titulado Homenaje al Ilustre y Venerable Hermano Amador Castañeda, cuyo contenido me ayudó a entender mejor su vida pública y profesional. Fue abogado, funcionario público y fundador de la Unión Masónica Nº 49. El folleto contiene una Biografía de Amador Castañeda, artículo sin fecha de Juan Hernández Ángeles que formó parte de un Homenaje al Ilustre y Venerable Hermano Amador Castañeda en el 50 aniversario de la sublime logia capitular de perfección.

En beneficio de lector he transferido esta biografía al formato pdf. A quien desee leerla le bastará dar un clic donde indico. El texto aporta una visión acentuadamente emotiva, cercana a la fecha de su muerte. Contiene lagunas e imprecisiones que trato de subsanar con la información que he reunido. Aquí complemento la visión profesional con la de orden familiar.

Biografía de Amador Castañeda Jaimes   ←  favor hacer clic

Amador nació en el barrio de Santiago de Zacualpan, Estado de México, el 27 de abril 1871. Fue bautizado tres días después en la parroquia de Zacualpan, donde el cura José María Arellano le puso por nombre José Amador, hijo legítimo de Manuel Castañeda Ríos y Josefa Jaimes. Sus padrinos fueron Trinidad Nava y Manuela Ronces, también originarios de Santiago.

Por línea paterna es nieto de Juan Francisco Castañeda Popoca y María de Jesús Ríos, originarios del barrio de Santiago en Zacualpan. Josefa Jaimes, su madre, nació en Temascaltepec, fue hija de padre ––ambos padres, tal vez–– británicos o irlandeses.  El apellido Jaimes (originalmente James) proviene de ambos países.

Manuel Castañeda y Josefa Jaimes tuvieron cinco hijos. En orden de nacimiento fueron Félix Andrés n. 1860, quien murió durante su infancia; Manuel n. ca 1866; Justiniano n. ca 1869; José Amador n. 1871 y Víctor Francisco, n. 1873. Amador fue el cuarto. 

En la siguiente foto aparece Amador con sus tres hermanos.

De izquierda a derecha, sentados, están Víctor y Amador; de pie, Manuel y Justiniano. 

Cuatro hermanos Castañeda Jaimes

Este retrato no tiene fecha, dedicatoria o información sobre el fotógrafo. A juzgar por el nopal que está atrás de Justiniano, es probable que haya sido tomado en Pachuca durante una visita de Víctor a sus hermanos. Víctor fue el único de ellos que radicó en Zacualpan. La fecha tuvo que ser poco después de 1903. Es visible un anillo de bodas en el dedo anular de la mano izquierda de Víctor. En 1903 Víctor se casó con Sebastiana Suárez y tuvieron a Humberto, el único hijo del que hasta ahora tenemos noticia.

Como descendiente de una familia de azogueros, Amador trabajó desde niño en torno a la actividad minera de Zacualpan. Se encargaba de llevar comida a los mineros. Es probable que a raíz de esta actividad adquiriera un asma que padeció toda su vida. [1]

En los decenios finales del siglo xix comenzó a declinar la minería en Zacualpan. Eso explica que muchos zacualpenses emigraran hacia otros centros mineros. Entre quienes se fueron al Estado de Hidalgo estuvieron tres hermanos Castañeda Jaimes: Amador, Manuel y Justiniano.

Fue a Real del Monte, Hgo., donde ejercía su profesión un tío suyo, el doctor Gonzalo Castañeda Escobar, apenas tres años mayor que él. Manuel Castañeda Ríos, padre de Amador, y Gonzalo Castañeda Escobar fueron respectivamente los hijos mayor y menor de Juan Francisco Castañeda Popoca (1816-1898). Entre ambos medios hermanos había 27 años de diferencia.

Seguramente el asma fue uno de los factores que indujo a Amador a alejarse de la minería y en cambio, estudiar. En México obtuvo el título de licenciado en Derecho a los 27 años, en 1898. Sus hermanos Manuel y Justiniano se dedicaron a la minería en Taxco, Guerrero, Pachuca y Real del Monte, Hidalgo, aunque con frecuencia tuvieron estancias en Zacualpan. Las partidas del Registro Civil y las actas de bautizo de sus primeros hijos son un indicio de su presencia en distintos lugares.

Amador se desplazó menos. En 1898 ––recién graduado––comenzó a desempeñar cargos judiciales. Lo nombraron secretario de un juzgado de Pachuca, de donde pasó a Jacala, Hgo. como juez mixto de primera instancia en ese distrito judicial. En cierto momento fue juez de primera instancia en Real del Monte.

A Jacala, donde radicó al menos un año, lo acompañó Francisca Yslas Montaño, con quien habría de casarse diez años más tarde, en 1909. Eleuterio Amador, el mayor de los trece hijos que tuvieron, nació en Jacala en febrero de 1900[2]. Los demás hijos de la pareja nacieron en Pachuca, pero Amador volvió solo por Jacala, donde tuvo a su segundo hijo con Leonila Montes: Salvador Castañeda Montes, quien nació en 1902.

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Foto fechada 12 octubre 1938. Cuatro años después de la muerte de su esposo Amador Castañeda Jaimes.

Mi abuelo Amador (chico), primer hijo de mis bisabuelos Amador (grande) y Francisca. Meses antes de su muerte.

 

Mi bisabuelo consolidó su vida profesional y familiar en Pachuca. Adquirió una casa en la calle de Hidalgo, precisamente en el tramo famoso por alojar casas y despachos de los abogados, en cuya acera oriente estuvo la sede del Poder Judicial del Estado de Hidalgo, un edificio al que coloquialmente se le conocía como “los tribunales”[3].

Antes de formalizar su matrimonio ante el Registro Civil, en marzo de 1909, Amador Castañeda y Francisca Yslas procrearon, además de Eleuterio Amador, a Esperanza María del Corazón de Jesús n. 1901; Genoveva n. 1903, Raúl Remigio n. 1904; Herminia Otilia n. 1906 y Adolfo Timoteo n. 1908.

El 8 de marzo de 1909 en que Amador y Francisca (Pachita) se casaron por lo civil en Pachuca. El presidente constitucional y juez del Estado Civil, Alfonso María Brito, validó la unión una vez que los contrayentes reconocieron los hijos que habían tenido.  Los testigos fueron José Asiain, Emilio Asiain, Francisco de Olvera y Pedro Álvarez.

Después llegaron Julia Leonor n. 1910; Carlos Toribio n. 1912; Elena n. 1914; Enrique n. 1916; Laura n. 1918; Jorge n. 1922 y Oscar n. 1924

Imagino el dolor que causó a mis bisabuelos la pérdida de cinco hijos, particularmente la de Amador, primogénito de la pareja ––y abuelo mío––, quien se había casado pocos meses después de cumplir veinte años. A consecuencia de una crisis emocional se quitó la vida en la casa paterna el 12 de septiembre de 1922, casi dos años antes del advenimiento de Oscar, el benjamín de la familia. Mi abuelo eligió la propia casa paterna como sitio para privarse de la vida. Los otros cuatro hijos fallecieron víctimas de enfermedades. En la siguiente foto  muestro los ocho hijos que sobrevivieron.  Por varias razones estoy convencido que esta foto es parte de cuando la familia celebró el sexagésimo cumpleaños de Amador.

Licenciado Amador Castañeda Jaimes posando con su esposa Francisca Yslas Montaño y sus ocho sobrevivientes hijos para una foto en 1931. Esta foto conmemora el sexagésimo cumpleaños de Amador.

 

El censo de 1930 registró en la casa número 54 de la calle 4ª de Hidalgo a diez integrantes de la familia Castañeda Yslas: Amador y Francisca, Esperanza, Carlos, Elena, Enrique, Laura, Jorge y Oscar. Además, vivía con ellos Taide Montaño, prima tal vez de Pachita, quien era apenas dos años mayor que su sobrina Esperanza.  La hoja censal no registró a Genoveva, Herminia Otilia, Adolfo ni Julia Leonor, quienes murieron a temprana edad. Eleuterio Amador había fallecido en 1922, y Raúl Remigio, entonces de 26 años, probablemente estaba en México, donde estudió Derecho en la unam.[4]

Como síntesis de la alternancia de los períodos alegres y sombríos, concluyo que la de mis bisabuelos fue una familia unida y alegre. Basta imaginar la convivencia de trece personas en la misma casa.

Mi bisabuela Pachita vivía feliz con mi bisabuelo Amador. Aparte de sus múltiples tareas como ama de casa y madre de tantos hijos, lo ayudaba a escribir a máquina y a preparar sus documentos. Su carácter era alegre y extrovertido. Silbaba mucho. Una vez lo despertó a las cuatro de la mañana.

––¿Por qué andas chiflando tan temprano?

––Porque estoy contenta ––contestó Pachita.

Juntos hasta los últimos días.

 

Le gustaba cantar por la noche. En ocasiones también se levantaba la falda para bailar. Del mundo que la rodeaba, apreciaba el lado positivo, a pesar de que por aquellos años, como toda familia, sufrieran penurias económicas. Mi tía Elena recuerda que en una de esas épocas su madre dijo una frase que la pinta de cuerpo entero: Cuando menos dinero tenemos, mejor comemos porque echo mano de mis gallinas.

Entre las cosas que le desagradaban estaban las visitas esporádicas de Salvador, el hijo que mi bisabuelo Amador tuvo en Jacala. Salvador, quien radicó en Pachuca desde que su padre le consiguió un empleo en las oficinas de gobierno, pasaba por la casa para platicar con sus medios hermanos. Se casó en la capital del estado el 7 de septiembre de 1925 con Consuelo Lugo, originaria de Jacala.

Mi tía Carmen Castañeda Olea (1914-2012),  http://wp.me/p1ta3l-fN  hija del doctor Gonzalo Castañeda Escobar, me contó que cuando su padre y ella visitaban la casa de Amador, era característico el olor a eucalipto, cuyos frutos utilizaba Pachita para preparar infusiones que mitigaran el asma de mi bisabuelo.

 

Política y servicio público

 

A mi bisabuelo le tocó vivir la época de la turbulencia revolucionaria. Conviene aclarar que no fue un revolucionario activo en el sentido que lo fueron quienes tomaron las armas, o quienes arriesgaron su posición social, su patrimonio y aun la vida en la lucha contra el régimen porfirista. No obstante, participó en esa corriente y las circunstancias lo llevaron a vivir un momento brillante en su historia personal: recibir al presidente Francisco I. Madero como gobernador interino del Estado de Hidalgo en mayo de 1912.

Una vez titulado y establecido en Pachuca, como muchos abogados, ingenieros y médicos interesados en mantenerse al día en los conocimientos de sus respectivas disciplinas y ganar prestigio social, Amador Castañeda se integró al plantel docente del Instituto Científico y Literario del Estado, donde fue maestro de raíces griegas y latinas. Pertenecía a una generación de abogados que desde jóvenes se filiaron a los clubes liberales, corporaciones patrióticas, clubes antirreleccionistas y logias masónicas, donde la corriente de pensamiento político se orientaba por la legalidad y miraba al régimen con enfoque crítico, cuando no se le oponía abiertamente. Tenía 39 años cuando estalló la rebelión maderista contra el porfiriato.

En ese ambiente político y cultural, desde el 27 de mayo de 1900 un grupo de jóvenes profesionistas entre quienes se encontraban Fernando P. Tagle, Ramón M. Rosales, Jesús Silva Espinosa, Teodomiro Manzano, Eduardo del Corral y Agustín Navarro Cardona fundó en Pachuca la Corporación Patriótica Privada que junto con el Congreso Liberal Ponciano Arriaga de San Luis Potosí, fue pionero en la lucha contra la no reelección. La corporación fue el ejemplo para que se formaran otras similares en Atotonilco el Grande, Mixquiahuala, Omitlán, Tezontepec, Zacualtipán y Zimapán.

De este grupo es preciso destacar el nombre del contador, sociólogo y filósofo pachuqueño Ramón M. Rosales (1872-1928), quien encontró en un abogado apenas un año mayor que él no sólo una amistad leal, también un dominio de las cuestiones jurídicas que lo indujo a tomarlo como una especie de colaborador y asesor de cabecera. Ese abogado fue Amador Castañeda. Ramón M. Rosales era además un político militante. Había estudiado en la Escuela Nacional Preparatoria, en la Escuela Nacional de Comercio y Administración y en el Instituto de Ciencias de Nueva York. A los 23 años conoció la cárcel como opositor al gobierno de Díaz. Era natural que simpatizara con el movimiento maderista.

El 22 de mayo de 1909 Francisco I. Madero y Emilio Vázquez Gómez impulsaron la fundación del Partido Nacional Antireeleccionista en la Ciudad de México, cuyo antecedente fue el Club Antirreeleccionista de México, surgido a principios del mismo año.

Animados por las propuestas políticas de Madero, el contador Ramón M. Rosales y el notario Jesús Silva lucharon por instalar un club antireeleccionista en Pachuca. Sus actividades cobraron fuerza y el 15 de septiembre de 1909, cuando se disponían a invitar al pueblo hidalguense a unirse al Club Político Antireeleccionista de Pachuca, fueron arrestados.

1910 fue un año de intensa agitación política. En junio habría elecciones y 16 de enero, fecha significativa para los hidalguenses por ser el aniversario de la erección del Estado[5], establecieron el Club Antireeleccionista Benito Juárez. Lo presidió Jesús Silva; Ramón M. Rosales, el ingeniero Andrés Manning y Julián S. Rodríguez fueron los vicepresidentes, y  Rafael Vega Sánchez, tesorero. Entre las primeras actividades del Club estuvieron el lanzamiento de desplegados para propagar ideas revolucionarias, la postulación de Ramón M. Rosales como candidato a diputado federal y la invitación a Madero, el candidato a la presidencia de la República, a visitar Pachuca.

Don Francisco I. Madero fue a Pachuca de gira electoral el 29 de mayo de 1910, en un tren especial, invitado por el  Club Antireeleccionista  Benito  Juárez. Tocó al poeta y escritor Rafael Vega Sánchez darle el recibimiento en un mitin que se realizó en el Jardín Independencia. Rodrigo López fue el presentador y Enrique Bordes Mangel, abogado y militar guanajuatense ––poco después, uno de los redactores del Plan de San Luis––, el orador que expuso lo que Madero haría si resultaba electo presidente de la República. [6]

Ramón M. Rosales hizo campaña por la diputación con sus propios recursos. Para lanzarse a la lucha retiró todos sus fondos del Banco de México.

Las elecciones de junio de 1910 concluyeron con un fraude electoral. Porfirio Díaz resultó reelecto por enésima ocasión, en medio de un descontento generalizado y una creciente popularidad de Madero. El 6 de julio Madero fue aprehendido y encarcelado en San Luis Potosí, lugar de donde huyó después de lanzar el Plan que incitaba al país a iniciar una revolución a partir del 20 de noviembre.

Los pachuqueños tomaron en serio la proclama de Madero. Desde el 26 de junio, Ramón M. Rosales se unió con otros revolucionarios para planear un levantamiento armado en Veracruz. La idea era impedir que don Porfirio iniciara en paz un nuevo periodo gubernamental. Enviaron desde Pachuca personal, armas y dinamita. Ramón M. Rosales fue como delegado a la Convención Nacional  Antireeleccionista y se entrevistó con Francisco I. Madero, a quien ofreció su fortuna y sus conocimientos para la inminente lucha. Otros pachuqueños que secundaron la revolución maderista fueron Ricardo Pascoe, Antonio Ramírez, Emilio Barranco Pardo y Pablo Aguilar.

El 13 de noviembre de 1910, siete días antes de la fecha convenida para que la revolución estallara, Ramón Rosales fue sorprendido  en la Ciudad de México con armas y dinero para la causa. Le confiscaron todo y lo aprehendieron. Alrededor del 18 de noviembre de 1910 fueron aprehendidos Abel M. Serratos, Francisco Cosío Robelo y Loreto Salinas. Jesús Silva Espinosa cayó preso cuatro días más tarde, de manera que el 20 de noviembre de 1910, tanto Silva como Abel Serratos, Francisco de P. Castrejón, Francisco Noble, Eduardo Prunetti y Ramón M. Rosales, los líderes del grupo opositor más activo, estaban tras las rejas.

No obstante, en Hidalgo la Revolución prendió en Huejutla. En enero de 1911 Francisco de P. Mariel desconoció a Porfirio Díaz como presidente. El general Nicolás Flores tomó Jacala y se enfiló hacia Zimapán e Ixmiquilpan. El 15 mayo el general Gabriel Hernández tomó Tulancingo y al día siguiente, Pachuca. Ese acontecimiento obligó la renuncia de Pedro L. Rodríguez, el gobernador originario de Oaxaca, como el presidente Díaz, quien mantuvo el poder en Hidalgo desde 1901. Fue último gobernador porfirista en el estado. Renunció el 21 de mayo de 1911.

 

Finalmente cayó el régimen de Díaz. El octogenario dictador partió rumbo a Europa para no volver. Francisco de la Barra asumió la presidencia de la República el 25 de mayo de 1911 y después de las elecciones, don Francisco I. Madero, el 6 de noviembre siguiente.

De mayo de 1911 al 28 de junio de 1917, entre interinos y provisionales, Hidalgo registró 26 cambios de gobernador, reflejo fiel de la inestabilidad institucional que comenzó con la Revolución, se mantuvo durante el breve gobierno de Madero, se agravó a partir de la Decena Trágica y durante el huertismo, siguió con el levantamiento del ejército constitucionalista y terminó con la promulgación de la Constitución de 1917. La permanencia de los gobernadores durante esos seis años fue de uno a seis meses. Algunos personajes ocuparon el cargo más de una vez.

En la obligada transición entre el antiguo y el nuevo régimen, el licenciado Joaquín González fue el primer gobernador fugaz. Gobernó un mes y renunció ante el congreso estatal el 21 de junio de 1911. Lo sucedió Emilio Asiain, primer mandatario del maderismo triunfante, quien dos años antes atestiguó la boda civil de Amador Castañeda y Francisca Yslas). Meses después fue gobernador interino Jesús Silva, quien había permanecido en la Penitenciaria del Distrito Federal desde la víspera de las elecciones de 1910 hasta el 20 de mayo de 1911, en que fue liberado gracias a la caída de Díaz. Antes de que concluyera el año, asumió la gubernatura Ramón M. Rosales.

Como Ramón M. Rosales aspiraba a ser gobernador constitucional, electo bajo la presidencia de Madero, para ajustarse a la ley vigente dejó el gobierno interino en mayo de 1912 y promovió a Amador Castañeda para que cubriera el siguiente interinato. Fue en ese momento que el presidente Madero visitó Pachuca.

Arco estilo morisco erigido para recibir al Presidente de la República en 1912

Francisco I Madero en la plataforma del tren presidencial 1912

Sabemos que Madero estuvo de visita en la sede de la Legislatura local.  Existe una foto donde se pueden ver Ramón M. Rosales, Amador Castañeda y Francisco I. Madero.  Después de haber hecho varios intentos de adquirir esta foto, finalmente gracias al Licenciado Raúl Arroyo en Pachuca, Hidalgo dispongo de esta.

La foto nos enseña los daños causados por el tiempo.  Buscando un mejoramiento decidí  que fuera restaurada.

Tomando en cuenta que sería de interés para que el lector compare, adjunto las dos fotos con las esperanzas de que también note como estas dos fotos nos transportan a traves de 101 años.

Copia de foto original tomada en 1912. Solamente son tres los reconocidos. Empezando con Ramon. M Rosales de traje oscuro con puntos blancos (confeti), Amador Castañeda Jaimes, mi bisabuelo (con lo que parece ser un botón en su solape) y finalmente en el centro Presidente Francisco I. Madero.

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Copia de foto original restaurada en 2013. Solamente son tres los reconocidos. Empezando con Ramon. M Rosales de traje oscuro con puntos blancos (confeti), a su izquierda Amador Castañeda Jaimes, mi bisabuelo (con lo que parece ser un botón en su solape) y finalmente en el centro Presidente Francisco I. Madero.

Hasta donde los documentos asequibles permiten saberlo, Amador Castañeda gobernó el estado de Hidalgo de mayo a octubre de 1912. El 15 de mayo expidió el decreto # 946 de la xxii Legislatura del Estado cuyo artículo único consistió en una reforma al artículo 54 de la Constitución Política del Estado para prever a forma de sustituir al Gobernador en caso de falta absoluta. El 19 de octubre, el licenciado Miguel Lara asumió el siguiente interinato, de manera que Amador Castañeda permaneció en el cargo cinco meses.  Se facilita el documento PDF por solo hacer clic donde indicado.

Amador Castañeda Gov. Int. 1912  ← Favor hacer clic

El gobierno interino de Miguel Lara concluyó un mes después de que Victoriano Huerta mandó asesinar a Madero y a Pino Suárez para usurpar “legalmente” el poder. El 31 de marzo de 1913 llegó a Pachuca Agustín Sanguines para ocupar el siguiente gobierno interino. Lo envió Huerta.

Durante el dominio de los huertistas, Amador Castañeda se separó del servicio público y se dedicó a litigar.

El periodo de gobernadores interinos en Hidalgo terminó después del 5 de febrero de 1917 en que fue promulgada la Constitución. En las siguientes elecciones de gobernador constitucional del estado de Hidalgo salió triunfante el Gral. Nicolás Flores, hombre cercano a Venustiano Carranza. El general Flores tomó posesión del cargo el 28 de junio de 1917, y por recomendación de Ramón M. Rosales, designó como secretario general de Gobierno al licenciado Amador Castañeda.

En esa época, los mandatos del presidente de la República y de los gobernadores estatales duraban cuatro años. Nicolás Flores gobernó hasta el 31 de marzo de 1921. En el siguiente gobierno, Amador Castañeda fue designado como Magistrado del Tribunal Superior de Justicia. Ocupó esa magistratura durante el cuatrienio que terminó en marzo de 1925, y a partir de esa fecha reabrió su despacho. El litigio, la docencia y la masonería fueron sus principales ocupaciones.

Por razones de las cuales yo ignoro, en la lista de Gobernadores del estado de Hidalgo el nombre de Amador Castañeda reconociéndolo como Gobernador Interino junto son su tiempo de servicio al Estado de Hidalgo está omitido .  Incluyo su nombre en el siguiente documento.

Gobernadores del Estado de Hidalgo ← Favor hacer clic

 

Masonería

 

Amador a los sesenta años de edad (1931)

La masonería en Pachuca estaba regida por Supremo Consejo de México del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Hacia 1925, en la jerarquía masónica del Valle de Pachuca eran reconocidos con el grado 33º, el máximo, Ramón M. Rosales, quien ocupaba el puesto de Sapientísimo Maestro, y Alfonso Herrera. Genaro P. García ostentaba el grado 32º y un numeroso grupo había alcanzado el grado 14º de la masonería, denominado “de la Cámara de Perfección”. Entre ellos se encontraba Amador Castañeda.

En 1924, Amador Castañeda participó en la fundación de la Respetable Logia Simbólica “Unión Masónica” N° 49, que lo reconoció como su Venerable Maestro en 1926. Fue, además, figura de gran relieve en las Logias de Hidalgo “y de otros orientes”. El nombre de mi bisabuelo también aparece en el Cuadro de Honor de la Logia Capitular de Perfección “Esperanza” número 48, según el reconocimiento que mereció en 1930. En 1933 ocupó el cargo de II.’. Comendador en Jefe del Consistorio Regional N° 15, jurisdiccionado al Supremo. Consejo del R.’. E.’. A.’, y A.’ de los Estados Unidos Mexicanos.

La última distinción que Amador Castañeda recibió en vida fue de orden académico. Semanas antes de su merte, el Instituto Científico y Literario del Estado lo reconoció como decano del cuerpo docente. 

Amador Castañeda murió de una oclusión intestinal el primero de julio de 1934. Correspondió a su sobrino, el Dr. Hermilo Lamberto Castañeda Butrón, expedir el certificado de defunción.

 

*

Durante mi visita a Pachuca en 2011, con el interéss de saber más sobre mi bisabuelo hice el intento de visitar la Unión Masónica Nº 49, de la cual fue uno de los fundadores en 1924.  Desafortunadamente nadie estuvo.

En 2012, junto con mis primos Jesús Ríos Castañeda y Jesús Castañeda Téllez Girón, repetí el intento. Esta vez mi fortuna fue diferente porque encontramos a los hermanos de la logia y fuimos muy bien recibidos. Después que nos presentamos, nos estrecharon la mano e intercambiamos información histórica sobre Amador Castañeda Jaimes quien alcanzó el grado 32º en la masonería.

Sin ser miembro de esta Unión Masónica es poco lo que puedo decir, pero el trato que recibimos de los miembros de esta logia fue cálido y afectuoso. Guardo hacia ellos  aprecio y admiración por el respeto que expresan hacia mi bisabuelo como uno de sus fundadores. Una placa colocada en una de las paredes de la Logia testimonia este reconocimiento.

Placa de reconocimiento a su fundador Amador Castañeda

 

La familia Castañeda estaba por celebrar una asamblea días después de aquella visita,. Invité al hermano Oscar G. Vite Vargas, GR SRIO para que asistieran, considerando la oportunidad para que saludaran a la única hija sobreviviente de mi bisabuelo.

Durante la asamblea, mi tía Elena Laura Castañeda Yslas recibió de manos de los representantes de la Logia un Reconocimiento Post Mortem por todas las labores y desempeños como Venerable Maestro.

En esta foto vemos a mi tía Elena, única hija sobreviviente de Amador Castañeda dando gracias por el homenaje habiendo sido entregado por el hermano Oscar G. Vite Vargas GR∴SRIO. Oscar está a la derecha de Elena. Septiembre 2012

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RECONOCIMIENTO POST MORTEM
Amador Castañeda Jaimes

Las asambleas familiares de los Castañeda cuyo tronco común fue Zacualpan han sido acontecimientos singulares para reunir no solo a representantes de distintas generaciones, sino a miembros de las generaciones mayores que no se habían encontrado en mucho tiempo.

 

VISITA PANTEON

Antes de salir hacia Zacualpan, la tierra de mi bisabuelo, para continuar mis investigaciones sobre mis demás ancestros Castañeda, concluí mi estancia en Pachuca con una visita al Panteón Municipal donde reposan sus restos, para presentar mis respetos y limpiar su tumba.  Junto con mi bisabuelo están María Sabas Francisca Yslas Vda. de Castañeda “Pachita”, su esposa, y el primogénito de la pareja, mi abuelo Amador Castañeda Yslas.

Está foto fue tomada en 2011 cuando llegué a saber donde descansaban estos tres ancestros mios.

Esta foto fue tomada un año después en 2012.

Dentro del año de mis dos visitas, una en 2011 y la siguiente en 2012 se construyó un capilla al lado de la fosa de mi bisabuelo Amador.  Viviendo en el extranjero no tuve tiempo para resolver este detalle, durante ésta construcción le salpicaron cemento, el cual fue imposible limpiar en completo.

 

 

Ricardo Castañeda Guzmán

 

Doy gracias a todas las personas conocidas y familiares quien sin su ayuda este artículo no pudiera ser posible.  Especialmente a mi primo Rafael Rodríguez Castañeda por su co-autoría en  la investigación histórica y la redacción.

 


[1].  El 28 de julio de 1974 mi tía Lucrecia Castañeda Castañeda escribió a Juan Hernández Ángeles, el autor de la biografía, para darle información acerca del lugar donde su padre Manuel Castañeda le enseño que era el sitio donde la familia Castañeda Jaimes vivía.

“En el año de 1965 me llevó mi padre a conocer el pueblo de Zacualpan y desde una altura pude ver restos de paredes de adobe pintadas a blanco, de dos cuartitos pequeños y un cobertizo que supongo servía de cocina.  Había un terreno grande para sembrar, no había cactos, pues esa vegetación no es propia de aquella región.  El terreno es húmedo, tanto por su inclinación como por su cercanía al río; crecen en los alrededores árboles de flores blancas llamados por ahí casahuates, guayabos silvestres y algunos cafetos.”

[2]. La manera en que Eleuterio Amador Castañeda Yslas fue bautizado y registrado civilmente es un indicio de la distancia que Amador mantenía de la iglesia católica.  Primero Amador registró a este hijo el 19 de Marzo 1900 en la Villa de Jacala como hijo natural, sin mencionar a la madre de su primogénito. Luego, el 3 de junio de 1900, Francisca llevó a bautizar al mismo niño en la Santa Iglesia de Jacala de la Foranía de Ixmiquilpan como hijo natural, sin mencionar a Amador como padre. Con el tiempo, este hijo vendría a ser mi abuelo.

[3].  A este edificio del siglo xviii, antigua hacienda del Conde de Regla, también se le conoce como “La casa colorada”.

[4]. Raúl Castañeda Yslas sustentó su examen profesional el 30 de noviembre de 1939 y la unam le expidió el título de Licenciado en Derecho el 24 de abril de 1947.

[5]. El presidente Benito Juárez decretó la creación del estado de Hidalgo el 16 de enero de 1869.

[6]. Fuente: Compilación, investigación y redacción de Jonás Reyes Monzalvo en el portalhttp://bicentenario.hidalgo.gob.mx/index.php?option=content&task=view&id=90  

 

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