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Jesús Castañeda Escobar (1907-1989)

Jesús Castañeda Escobar (Zagal)

Partida en desventaja

 

A varios ancestros de la familia Castañeda les tocó vencer condiciones adversas durante su infancia, pero tal vez a nadie como a Jesús, quien dejó atrás abandono, orfandad, desolación familiar, cambio de identidad, escasa escolaridad y maltrato para fugarse a otro lugar; adquirir un oficio, independizarse, fundar un negocio, y luego, un matrimonio de más de cincuenta años y una familia de cuatro hijos.  Estos son méritos considerables.

Su nombre original fue Francisco Blas, y su apellido materno, Zagal. Varios años después lo llamaron Jesús Castañeda Escobar.

Jesús —o Francisco Blas— Castañeda Zagal fue el quinto de los ocho hijos que tuvieron Bernardino Castañeda Escobar y Guadalupe Zagal Caballero. Esta afirmación es, al mismo tiempo, cierta e inexacta. Jesús no conoció a Alfredo, el primogénito de la pareja, quien murió dos años antes que él naciera, ni a Erminio y Marcos, los gemelos que siguieron.   Marcos murió a temprana edad y Erminio salió rumbo a Orizaba, cuando Guadalupe Jaso de Castañeda, la esposa legal de Bernardino, lo adoptó, y al adoptarlo, le cambió el nombre. De manera que en la práctica, Jesús fue el segundo hijo. Nació el 7 de agosto de 1907 en Tezicapán, municipio de Zacualpan, estado de México. Antes que él nació Esperanza; después, llegaron Bertha, Francisca y Soledad.

Jesús tenía aproximadamente ocho años cuando su madre los abandonó y al poco tiempo murió su padre. Nunca perdonó el abandono materno. Pero además, los sufrimientos de su infancia guillotinaron de su garganta la voz a todo intento de contar esa etapa de su vida. Hasta donde sabemos, nunca habló de su niñez a nadie.

“Y ahora, ¿qué hacemos con estos niños?”. Un concilio de adultos, sus familiares cercanos, tomó decisiones drásticas. La primera fue suprimirles el apellido de quien no merecía que lo llevaran. En cambio, les pusieron el apellido materno de su padre. La segunda fue enviar a los cinco huérfanos a Orizaba, con Guadalupe Jaso, quien probablemente ofreció hacerse cargo de ellos. Llegaron a alterar la vida de doña Guadalupe, de Lupita, su hija, joven profesora de veintisiete años, y de Erminio, el hijo adoptivo, a quien ella rebautizó como Leopoldo en memoria del segundo hijo que tuvo con Bernardino y que perdió veintisiete años atrás. Así se llamó aquel niño durante sus dos meses de vida[1].

Los cambios de nombre fueron comunes entre la mayoría de los hermanos Castañeda Zagal. De los gemelos, a uno lo registraron como ‘Erminio’, y al año siguiente lo bautizaron como Juan Aurelio, de modo que ‘Leopoldo’ fue el cuarto nombre que recibió —y el definitivo. A Marcos le ocurrió algo similar: lo bautizaron como Ricardo Adulfo.

Ignoramos en qué momento Francisco Blas pasó a llamarse ‘Jesús’, su nombre conocido el resto de su vida. Para la hermana que le siguió, el primer nombre fue Susana. La misma semana del registro civil la llevaron a bautizar como Susana Bertha Margarita. De esos tres nombres, se le quedó ‘Bertha’. Finalmente, a la hija menor la registraron como Ninfa y la bautizaron como María Ninfa Soledad Juana. Cuatro nombres, de los cuales prefirió —o eligieron— Soledad. Únicamente Esperanza y Francisca tuvieron un nombre consistente.

Después del concilio familiar, Esperanza, Jesús, Bertha, Francisca y Soledad partieron de Tezicapán rumbo a Orizaba bajo la custodia de alguna tía cuyo nombre ignoramos. El viaje a Zacualpan, y de Zacualpan, a Toluca, fue un camino largo a lomo de bestia; experiencia a la cual los niños no estaban acostumbrados. Durante el trayecto lloraban con frecuencia. Una forma de acallar su llora consistió en asustarlos con los rostros desfigurados y lenguas de fuera de los colgados en las ramas de los árboles que encontraron en diversos tramos del camino. Esto ocurrió hacia 1916, cuando las facciones revolucionarias luchaban con encono y se daban muerte entre sí.

No existen registros del recibimiento que tuvieron en Orizaba. Sabemos que Guadalupe, hija mayor de Bernardino Castañeda y por ende, media hermana de los huérfanos, era tan —o más— enérgica que su madre. Era doce años mayor que Esperanza. A Jesús le llevaba catorce años. Leopoldo era solamente cuatro años mayor que él, pero la diferencia no radicaba tanto en la edad como en la actitud: Leopoldo se empeñaba en restregar en cara de los recién llegados su condición de hijo de familia y su engreimiento. Acaso no sabía que Esperanza, Jesús, Bertha, Francisca y Soledad eran sus hermanos porque a él lo apellidaron Castañeda Jaso, igual que a Lupita.

Suponemos que doña Guadalupe y Lupita se dieron cuenta desde un principio que el carácter y la edad de Esperanza, la mayor —rondaba los doce años—, resultaban demasiado problemáticos para intentar someterla, porque pronto hubo un arreglo para que fuera a vivir a Pachuca con sus medios hermanos. Es probable que Austreberto o Rosario solicitaran que así fuera. El asunto es que fue la primera que radicó en Pachuca, donde cursó estudios que años después culminaron con la carrera de profesora.

Sabemos que la suerte de Jesús y de Bertha fue distinta a la de su hermana mayor y a las menores, quienes se avinieron a su nueva circunstancia sin mostrar signos de rebeldía; además, al poco tiempo las internaron en un colegio de monjas. En cambio, Jesús y Bertha plantearon a su madrastra y a su media hermana una relación conflictiva. En consecuencia, los trataron con el rigor disciplinario en boga por aquellos años. Los castigos que recibieron fueron atroces, entre ellos, la combinación del físico con el psicológico: a cualesquiera de ellos le ordenaban ir a la tienda a comprar las varas de membrillo que después les romperían sobre las piernas.

Sobre la vida emocional de estos hermanos podemos suponer la angustia durante el castigo; el dolor y la depresión; sus rencores y sus sueños, sus añoranzas en medio de la tristeza. Tal vez se preguntaban por qué eran huérfanos o bien, cuál era la suerte de Esperanza, la hermana mayor que fue a dar a Pachuca. Bajo esas condiciones — aproximadamente cinco años— cruzaron por su tercera infancia e ingresaron a la adolescencia.

 

Conjeturas sobre una fuga

 

La rebeldía de Bertha fue castigada con una crueldad que le dejó huellas perennes en la piel. Jesús no soportó más y a los catorce años huyó. Su propósito fue dirigirse a Pachuca. Suponemos que se subió a un tren y que entre las horas de espera en las estaciones y las lentas travesías, llegó a su destino dos o tres días después. No sabemos si llevaba dinero para comprar comida; lo seguro es que cargaba con el sentimiento de culpa por la insubordinación y la huida. Ignoraba cuál sería la reacción de sus medios hermanos, sus tíos y demás parientes establecidos en Pachuca ante la escandalosa noticia de que había escapado.

Al llegar a Pachuca, su primer impulso le recomendó no buscar de inmediato a sus parientes, sino reconocer el terreno. El azar llevó a Jesús al panteón civil, donde consiguió trabajo y vivienda como simple mozo, de manera que empezó a convivir entre sepultureros y aguadores. No sabemos cuánto tiempo llevaba trabajando allí el día en que su destino dio un giro inesperado.

Era administrador del panteón civil don Luis Rodríguez Raz Guzmán, cabeza de una de las familias zacualpenses que emigraron a Pachuca en los decenios anteriores. Don Luis, más su esposa, tres hijos y el padre viudo vivían en la casa construida para el Administrador, a la entrada del propio cementerio. Enriqueta Berdeja Porcayo, su esposa, era media hermana del general Austreberto Castañeda, de manera que allí llegaba de visita el militar revolucionario cuando iba a Pachuca. Don Luis era su compadre.

El azar quiso también que allí el General encontrara a su medio hermano. Un mediodía Jesús se apareció en el patio donde don Luis agasajaba a su cuñado y compadre. Austreberto y Jesús se reconocieron. Jesús echó a correr.

––Traigan a ese muchacho ––ordenó el militar. Mozos y sepultureros salieron a perseguirlo. Don Luis quedó azorado y Austreberto explicó:––Compadre: ese muchacho es mi hermano.

Jesús llegó a rastras o casi, muerto de miedo. No sabía qué iban a hacer con él. Se sentía culpable sin serlo. El encuentro entre los hermanos fue estrujante. Don Luis comprendió todo sin mayores palabras y con la solemne autoridad que solía ejercer sobre su familia mandó llamar a Rafael, Enriqueta y Miguel, sus tres hijos.

––Chucho, óiganlo bien, es su hermano. A partir de ahora lo tratarán así, como hermano.

 

El oficio de impresor

 

Austreberto Castañeda, integrante de la facción obregonista del ejército y uno de los ocho medios hermanos que Jesús tuvo por la rama paterna, redimió a Jesús de la orfandad. Austreberto era diecinueve años mayor. Vivía la plenitud de su madurez y de su carrera; de manera relevante destacaban su jerarquía militar y don de mando. Esos factores influyeron para que el General se convirtiera a partir de entonces en una figura paterna para Jesús.

De esta manera Austreberto guió sus pasos y le abrió puertas a su siguiente empleo. Del panteón civil pasó como aprendiz a los Talleres Gráficos del Estado, donde su habilidad lo llevó a dominar en poco tiempo todas las funciones de la imprenta: desde la lava de rodillos y platinas de las prensas hasta la impresión, cuando ésta se realizaba manualmente, metiendo con la diestra el papel en blanco mientras la siniestra sacaba el pliego anterior. Ante las cajas tipográficas pasó de la distribución de caracteres móviles a la composición de textos para un nuevo impreso. Aprendió también el arte de la encuadernación, ahora casi extinto. Finalmente, allí cultivó amistades con jóvenes del gremio que perdurarían toda su vida.

Tras sus años de aprendizaje, Jesús decidió ser impresor. Hacia 1930 alcanzó el rango de oficial en los talleres gráficos, cuando ya había madurado la idea de independizarse. Nuevamente recurrió a su hermano y Austreberto lo ayudó a comprar una prensa, así como lo esencial para que montara su propio taller.

Empezó su trayectoria de impresor independiente en un local próximo a la cuchilla que forman las calles de Las Cajas y Agustín del Río, a espaldas de los ventanales que permitían ver y escuchar las prensas de los talleres gráficos estatales y cerca de donde Austreberto alquiló una casa para doña Margarita, su madre, antes de que le comprara casa en el callejón de Río de la Loza. La imprenta quedaba también a pocos pasos de la calle de Carpio, donde por entonces vivía el General con Ana María Rivera, su esposa, y sus primeros ocho hijos. La imprenta ocupó el mismo inmueble en que estaba la tienda del señor Barranco. La zona era conocida como El caballito.

 

APC (1) Ana Austreberto y  Jesus

Ana María Rivera, Austreberto y Jesús Castañeda circa 1930. Los niños probablemente sean Blanca y Gonzalo Castañeda Rivera.

Jesús tuvo una juventud enamoradiza. Entre las muchachas más significativas para su corazón estuvieron Gertrudis, de quien no sabemos nada más que su nombre, y Piedad, una veinteañera, tercera hija de una familia de siete que vivía dos callejones cerro arriba, en Rafael Lavista. Con Piedad Carrasco formalizó el noviazgo; pidió su mano y planeó el matrimonio.

A Austreberto le compró la parte sur del predio de Río de la Loza, donde sólo quedaban sus hermanas tras la muerte de doña Margarita, y trabajó con entusiasmo para construir su casa. Jesús encargó el proyecto a un ingeniero, quien propuso una edificación vertical de dos o tres plantas, para superar la irregular pendiente del cerro, pero durante los fines de semana él mismo cogía pico y pala para cavar cimientos y conformar terraplenes. Le entusiasmó la idea de sacar la cabeza en medio de aquella hondonada del callejón y tener un gran ventanal en la planta alta para ver enfrente la panorámica del cerro de San Cristóbal y la ciudad al sur.

Inexplicablemente Piedad cambió de parecer, fue impía con Jesús y rompió el compromiso matrimonial. Tan abrupta decisión lo lastimó profundamente. Pero como reza el refrán, un clavo saca a otro clavo: Jesús sufría ese nuevo abandono cuando a Pachuca llegó Bertha —quien para entonces era ya bailarina de teatros de revista— a visitar a sus hermanos, con una encantadora compañera de tablados. Los atractivos de esta mujer deslumbraron a Jesús, ella correspondió sus requiebros y él dejó todo, inclusive la imprenta, para irse con la amiga de Bertha en un viaje de despecho que se prolongó hasta que agotó sus ahorros para la fallida boda con Piedad.

Mientras tanto la imprenta entró en crisis. Los empleados no tenían idea de cómo suplir la ausencia del patrón y administrarla; por el contrario, se quejaron con todo mundo de que no recibían su salario. Corrían los primeros años del decenio de 1930; tiempos en que la crom[1] —organización obrera que antecedió a la ctm[2] atendía y respaldaba cualquier reclamo de los trabajadores, y los empleados de Jesús plantearon una demanda laboral. El caso merecía la requisa y remate de la imprenta para indemnizarlos. Como la ausencia de Jesús se prolongaba, Austreberto intervino y habló con los trabajadores:

Jesús Castañeda (izq.) y Onofre Azpeitia, impresor amigo suyo, ante la fachada del taller, recién establecido en la calle de Allende.

 

–– Yo no soy dueño de la imprenta.  Mi hermano es el que ordena––les dijo, y desactivóel conflicto laboral con los arreglos indispensables.  Cuando Jesús estuvo de vuelta, afrontó la situación y tomó nuevamente las riendas del taller, Austreberto completó su intervención, dáandole una buena reprimenda.

Fundación de El Arte Gráfico

 

Jesús se recuperó de aquella crisis emocional y en corto tiempo consolidó su pequeña empresa. Hacia 1933 pensó en la conveniencia de ubicarse en un lugar céntrico y alquiló un local sobre la acera poniente del primer tramo de Allende, calle cercana al mercado Benito Juárez por el norte y a la plaza Independencia por el sur. Allí quedó instalada la imprenta que subsiste hasta nuestros días. En 1989, tras la muerte de su padre, Jesús Alejandro. y Rolando, los hijos mayor y menor de Jesús Castañeda, se independizaron entre sí y ahora, sobre la misma calle existen dos imprentas frontales. La de Rolando se quedó con el local; la de Jesús Alejandro, con el nombre.

Jesús rompió la convención en boga —al menos en Pachuca— de bautizar con su apellido la imprenta que fundó.

 

Fundación de la familia

 

Tras un discreto y firme noviazgo, María Camerina Téllez Girón, una muchacha pachuqueña, y Jesús Castañeda Escobar se presentaron en la parroquia de la Asunción acompañados de los padres de ella y los testigos de ambos, para formalizar su intención de casarse. Esto ocurrió el 2 de agosto de 1935, a tiempo para que corrieran los trámites eclesiásticos de rigor. Cuando el párroco indagó por el consentimiento de paterno, don Abundio Téllez Girón y doña María Espinosa Herrera asintieron. Jesús declaró ser originario de Tezicapán, hijo de Bernardino Castañeda y de Margarita Porcayo, ambos difuntos. Una declaración creíble. Todo mundo sabía que era hermano del general brigadier Austreberto Castañeda Porcayo y que su domicilio era Río de la Loza 10, domicilio donde también vivían Rosario Castañeda Porcayo y Esperanza y Francisca, sus hermanas, más Leonor Berdeja, hija soltera de doña Margarita.

Jesus y Esperanza circa 1931

Por parte de la novia atestiguaron su identidad, religión y celibato los abogados Luis Pérez Reguera y Horacio Ramírez Reyes. Como testigos, acompañaron al novio Armando Madariaga, tipógrafo, quien declaró conocerlo desde que fueron compañeros de taller, y Rafael Rodríguez Berdeja, uno de sus tres hermanos por decreto cordial, quien declaró que conocía a Jesús “hacía cerca de veinte años, con motivo de haber vivido juntos desde Tezicapán”. Otra mentira creíble.

La boda se efectuó mediante las ceremonias civil y religiosa el 21 de agosto de 1935, día en que la novia cumplía 25 años. En el Registro Civil, Jesús declaró sus antecedentes en los mismos términos que lo hizo 19 días antes en la iglesia. La novedad más significativa fue el hecho de que sumara como testigos a Porfirio del Castillo, a Francisca Islas Vda. de Castañeda, su tía, a su primo Carlos Toribio Castañeda Islas; así como al doctor Gonzalo Castañeda Escobar, hermano de su padre y a su esposa, María Luisa Olea de Castañeda.

Austreberto, quien había acompañado a su hermano a pedir la mano de María Camerina, no estuvo presente en la boda. Se lo impidió una misión militar distante de Pachuca. Compensaron esta ausencia sus hermanas Soledad y Bertha quienes viajaron desde Orizaba y México, respectivamente. A Soledad la acompañaron Antonio Arana, su esposo, y su pequeña hija, María Teresa. Presumiblemente en esa ocasión Bertha llegó sola. Francisca, también presente, radicaba en Pachuca desde hacía cuatro años. Esperanza no sólo asistió: esa mañana vio salir a su hermano en traje de novio de la casa donde convivieron varios años.

Con motivo de la boda de Jesús, los hermanos Castañeda Zagal se reunieron en Pachuca nuevamente, alrededor de veinte años después. Sobre la escalera, en el plano intermedio, Bertha, Jesús y Esperanza; al frente, Soledad y Francisca. Al fondo, en el corredor de la casa de Río de la Loza 108, tras las flores de una maceta se aprecia a Camerina, a la sazón novia de Jesús, quien sostiene en brazos a María Teresa Arana, la primogénita de Soledad y de Antonio Arana —de corbata y saco blanco—, quien espera que fotografíen a los cinco hermanos.

Jesús y María Camerina fundaron una familia de cuatro hijos: Jesús Alejandro, Sergio, Hilda y Rolando, quienes nacieron entre 1936 y 1942. Durante casi veinte años la familia vivió en la casa que Jesús edificó en Río de la Loza, y en 1953 se mudó a las plantas superiores construidas en el mismo predio donde fundó El Arte Gráfico.

Desde un principio, El Arte Gráfico reflejó no sólo las inquietudes estéticas del impresor, sino también del grupo de amigos que la frecuentaba. Entre ellos, los poetas Bibiano Gómez Quezada, Genaro Guzmán Mayer y Rogelio Meraz Rivera; los periodistas David López y López y Ernesto R. Ahumada; Adrián Guerrero, editor de El Observador; Rafael Rodríguez Berdeja, impresor y periodista; Medardo Anaya Armas, pintor; Tomás Fonseca y el profesor Salvador Salgado.

Todos compartían un ambiente festivo y bohemio donde también hacían efervescencia inquietudes sociales y políticas. No es extraño, por tanto, que tres años después de fundar El Arte Gráfico surgiera el proyecto de hacer un periódico. Al respecto, en agosto de 2005 Anselmo Estrada Alburquerque, periodista pachuqueño, publicó un artículo que describe el nacimiento de Renovación: [1]

 

En 1936 nació en Pachuca un nuevo periódico con maquinaria más moderna que el vespertino El Observador. [Con] el empuje de combatientes revolucionarios y la técnica tipográfica de un entusiasta impresor: Jesús Castañeda Escobar, el coronel Porfirio del Castillo, el diputado constituyente de 1917, Rafael Vega Sánchez y Luis Ramírez Cruz crearon el periódico Renovación que, en sus inicios, fue dirigido por el último de los citados, autor del lema romántico digno de la época: “Acallad a la prensa y habréis amordazado al heraldo de la conciencia pública”.

Renovación

Los voceadores de Renovación

 

El lunes 6 de julio de 1936 apareció la primera edición de Renovación que, de semanario, se convirtió en pocos años en bisemanario y trisemanario, con seis v ocho páginas, secciones de información general, sobre todo política, así como de artículos editoriales y trabajos de poesía. La nota roja[2], que en ese tiempo no era tan prolífera como ahora, ocupaba en casos excepcionales la primea plana.

 

Hace 20 años, en entrevista, don Jesús Castañeda reveló que e! nombre de Renovación fue escogido porque en la década de 1930 no podían expresar libremente las ideas. Meses antes del nacimiento de Renovación había cerrado el periódico El Yunque, que dirigían Rafael Vega Sánchez y el coronel Porfirio del Castillo, un tanto porque resultaba incosteable y otro por las presiones políticas que ejercían funcionarios del gobierno del Estado y algunos caciques.

 

Por esa razón, los colaboradores de Renovación se afanaron por mejorar el periodismo informativo…

 

Los principales redactores en la etapa inicial fueron los integrantes de ese grupo. La función de gerente la alternaron varios de ellos y Jesús Castañeda fungió la mayor parte del tiempo como director y editor.

Renovación se formaba a mano. Tres o cuatro empleados levantaban —es decir, componían con tipos móviles de 8 y 10 puntos— los textos de noticias y columnas. Durante muchos años, el formador fue Vicente Ruiz Guijarro, El Loro. Federico Pérez fue uno de los cajistas. Multitud de originales informativos, literarios y de opinión salieron de la única máquina mecanográfica de que dispuso la redacción de El Arte Gráfico durante mucho tiempo: un regalo de Francisca, hermana de Jesús, quien la adquirió con el primer pago de sus salarios acumulados como secretaria de los Servicios Coordinados de Salubridad.

Al principio, los pliegos del periódico fueron producto de las prensas que soportaban el ramal donde cabían dos planas. Conforme la imprenta progresó, Jesús adquirió una prensa horizontal donde era posible imprimir cuatro planas a la vez.

Hacia 1940 Jesús compró el predio que le había alquilado a la señora Ángela Jiménez Cornejo Vda. de Mejía. Sólo durante un año pasó el taller a un local en la acera de enfrente, donde trabajó mientras edificó la planta baja, destinada a la imprenta, con sólidos cimientos y columnas, previstos para edificar después la casa familiar Castañeda Téllez Girón.

 

Madurez y estabilidad

 

Asombra la consistencia con la cual Jesús Castañeda fue alcanzando las metas que se propuso, sobre todo, si se toman en cuenta sus desventajosas circunstancias iniciales. Uno a uno, dio pasos que consolidaron el rumbo de su vida, su economía, su familia y su personalidad misma. Fue impresor porque se lo propuso. Pudo conformarse con eso, pero pronto cambió su condición de empleado para emprender su negocio. Su matrimonio fue para toda la vida, lo mismo que sus afectos y amistades.

La pobreza de sus primeros años fue material, no moral; luego, tuvo bases para ser esencialmente un constructor. La carencia de afecto durante su infancia no canceló su capacidad de dar y recibir amor. La falta de escolaridad no derivó en limitaciones; supo aprovechar las oportunidades que tuvo. El abandono y el maltrato no amargaron su carácter; mostró siempre un talante festivo y sonriente, pleno de ingenio y sentido de humor para convivir con familiares y amigos. La dureza disciplinaria no lo curtió; si bien fue un padre y un patrón estricto, a la postre revelaba su empatía y su disposición a comprender.

Un día apareció por Pachuca una mujer que tuvo noticias de que allí vivían Esperanza, Jesús y Francisca, y fue a buscarlos. Se llamaba Guadalupe Zagal. Ignoramos los pormenores; sólo sabemos que Jesús fue el primero en negarse a verla. Lo mismo hicieron sus hermanas. Este rechazo fue congruente con una renuncia previa en lo profundo de su corazón y con su silencio absoluto sobre todos los episodios de su infancia.

En el curso de su vida, Jesús Castañeda se sobrepuso a otros tragos amargos. La inundación que sufrió la ciudad de Pachuca el 24 de junio de 1949 fue uno de ellos. Ese día, la familia Castañeda Téllez Girón andaba de paseo por Puebla para celebrar el onomástico de Jesús, fiesta movible que coincidió con el día de San Juan.

Hacia las cinco de la tarde comenzó el aguacero. Durante varias semanas Pachuca había sufrido una acusada sequía, de manera que parecía una bendición la lluvia que derivó en tromba. En los cerros del norte se generó un caudal cuyo cauce debió ser el río de las Avenidas, convertido entonces en un ducto acanalado que cruzaba la ciudad de norte a sur. Nadie se dio cuenta que el cauce estaba obstruido con la lenta acumulación de basura y desperdicios arrojados desde el mercado Benito Juárez, punto donde se desbordaron las aguas. La corriente borrascosa se encauzó por las calles aledañas, Hidalgo y Allende, principalmente.

A cincuenta metros de la zona oriente del mercado, los empleados de El Arte Gráfico vieron cómo el nivel del agua comenzó a subir; bajaron la cortina metálica y ascendieron por la rampa que utilizaban los albañiles. Desde la planta alta observaron cómo la calle de Allende se convirtió en río que arrastró personas y puestos aledaños al mercado.

Los Castañeda Téllez Girón estaban en pleno festejo cuando Jesús recibió la noticia. Regresó de inmediato. La imprenta sufrió serios daños. Quedaron averiados los motores de las máquinas impresoras que estaban a ras del piso. De esta forma, el acontecimiento que en Renovación debió ser la gran noticia, fue la causa que anuló las condiciones materiales para publicar el periódico.

El hueco informativo que Renovación dejó, lo ocupó al día siguiente El sol de Hidalgo, cuyo primer número, impreso en México, apareció al día siguiente con textos e imágenes sobre el desastre.                                                                                                                              

Renovación luchó por mantener su sitio en la preferencia de los lectores, pero la competencia fue avasalladora. Con ánimo de modernizar la imprenta y continuar en competencia, Jesús adquirió un linotipo; recurso que dotó al periódico de mayor inmediatez entre los hechos y la publicación de las noticias. Para ello, Gabriel Castelán, el linotipista, ponía todo su empeño, pero con el tiempo Renovación fue decayendo. Después de haber sido diario, volvió a ser bisemanario, luego semanario y publicación irregular. Los propios colaboradores decían que terminó siendo un periódico religioso porque salía cuando Dios quería. La edición postrera apareció en 1970.

 

Los frutos otoñales

 

El paso del tiempo consolidó a El Arte Gráfico como imprenta para todo orden de publicaciones. Por otra parte, fue la escuela donde aprendieron el oficio los hijos y varios sobrinos de don Jesús.

Entre las decenas de miles de impresos que ha producido es posible destacar un tema recurrente: la difusión sobre la vida y obra de los ancestros Castañeda. Como ejemplos significativos conviene mencionar el folleto in memoriam sobre el licenciado Amador Castañeda Jaimes en su tercer aniversario luctuoso; el obituario sobre el general Austreberto Castañeda; la síntesis biográfica del doctor Gonzalo Castañeda Escobar y en los tres años recientes —2011-2013—, las ediciones progresivas del libro que contiene el manuscrito de don Juan Castañeda Popoca y el Diccionario Castañeda, la primera de las cuales constó de 200 entradas y la más reciente, de 430.

Otro aspecto de la consolidación de su vida consistió en poner en orden su patrimonio. En el caso del predio donde fundó su imprenta y su casa, con todo y haberlo adquirido desde el decenio de los cuarenta, don Jesús formalizó la escritura correspondiente más de cuarenta años después, el 9 de enero de 1985.

Acaso lo hizo porque conforme avanzaban los años sintió minada su salud. Lentamente disminuyeron las manifestaciones de su gusto por la vida, fiestas, comidas y tragos con amigos; bromas, risas y coches. Su primer automóvil lo adquirió en los cuarentas, y una de sus satisfacciones era renovarlo, no tanto porque hubiera caído en el consumismo de poseer últimos modelos, sino porque hubo años en que le gustó un modelo en particular.

Tuvo la satisfacción de ver a sus cuatro hijos casados, así como de convivir con sus nietos y de celebrar sus bodas de oro más tres años adicionales. Sus últimos meses de vida estuvieron afectados por un carcinoma que se le extendió sobre las vías respiratorias.

Jesús Castañeda Escobar [Zagal] murió en Pachuca, el 7 de abril de 1989.

 

Este trazo biográfico se nutre de la historia oral que nos han legado Esperanza Castañeda Zagal (1905-1993) Enriqueta Rodríguez Berdeja (1909-1991), Miguel Rodríguez Berdeja (1912-1990), Francisca Castañeda Zagal (1912-1998), Jesús Alejandro Castañeda Téllez Girón y de manera relevante, Margarita Castañeda Rivera.

Rafael Rodríguez Castañeda

Montaje en ancestroscastañeda: Ricardo Castañeda Guzmán


[1].  Anselmo Estrada Alburquerque 7 de agosto de 2005, Milenio Hidalgo, p. 12.

[2]. Periodismo especializado en dar cuenta de accidentes fatales, delitos y asuntos policiales.


[1]. Siglas de la Confederación Regional Obrero Mexicana.

[2]. Siglas de la Confederación de Trabajadores de México, surgida en 1936.


[1]. Leopoldo Castañeda Jaso (n. Ago. – m. 28 Oct. 1888).

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