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El Salto, Zacualpan, Edo. De México, México, mayo de 2014

Cumplir una promesa

En varias ocasiones he pospuesto trabajos, proyectos o tareas que deseo realizar, especialmente cuando el clima o la temporada no son favorables para llevarlos a efecto en el momento que desearía hacerlo.

Como lo comenté en 2012 en el blog Los Duendes de Zacualpan[1], Edo. De México, México, aquel septiembre fue imposible observar el sitio conocido como El Salto desde río abajo, donde quise apreciar la caída de agua y las rocas que salpica porque la vegetación era espesa e impenetrable debido a la temporada de lluvias. Durante esa visita septembrina el guía me dijo que el mejor tiempo para verla por abajo eran los primeros meses del año, cuando la mata no es tan espesa y las lluvias son menos frecuentes.

Segundo viaje

En mayo de 2014 durante un viaje a Pachuca, Hidalgo, para atender una reunión familiar, y sin premeditar nuestro itinerario, mis primos Jesús, Rafael y yo decidimos ir a Zacualpan. Para Rafael y para mí significaba volver, pero para Jesús (Chucho) era una nueva aventura.

A sabiendas de que estaríamos en Zacualpan durante el primer semestre, presentí que las probabilidades de ver El Salto río abajo serían favorables.

La cascada de El Salto que genera el cauce del río en el barrio de Santiago[2] mide como 15 metros y llena una poza casi redonda cuyo agitado diámetro se extiende de 12 a 15 metros. Los vecinos del lugar se refieren a esta poza como La Tambora. Este lugar es muy significativo para nosotros, los descendientes de Juan Castañeda (1816-1898) porque nos dejó detallada información en su manuscrito. En su juventud se bañaba en esta poza mientras María de Jesús Ríos, su esposa, lavaba ropa.

La Visita

Como en previas visitas, Rafael y yo alquilamos cuartos en el hotel Posada Real, que está en la esquina de Melchor Ocampo, la calle principal, y el callejón Gonzalo Castañeda[3]. Mientras Jesús prefirió alojarse en el Hotel Minero, que se encuentra enfrente.

Antiguo Zacualpan 4 (2012)

Hotel Posada Real

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Hotel Minero

El Hotel Minero fue nuestro centro de operaciones y el lugar donde nos alimentamos. La maestra Felícitas Vera Flores, dueña de este establecimiento, y sus ayudantes atendieron con esmero nuestra búsqueda gastronómica y tomaron nota del horario que elegimos para desayunar y comer. De los diferentes platillos y jugos que diariamente nos servían, lo que más me impresionó fueron las salsas, muestras suficientes para justificar la variedad de la cocina Mexicana. No me acuerdo de las recetas, pero sí de que las prepararon con frutas, chiles y vegetales regionales y con su exquisita sazón.

Desde el segundo piso del hotel Minero se aprecia una vista maravillosa de la cañada de Zacualpan y del horizonte montañoso hacia el este. La maestra Felícitas Vera Flores, dueña del hotel, y su ayudante, la señorita Berenice, nos dejaron fotografiarlas y al mismo tiempo, la lente captó una de las vistas que se pueden observar desde este piso. Ese día no estaba despejado, pero el panorama visible fue impresionante y da una idea del soberbio horizonte en un día sin nubes.

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La maestra  y propietaria del Hotel Minero Felícitas Vera Flores, con Berenice a su derecha.

Nuevo guía

Después de buscar sin éxito a nuestros previos guías, encontramos al hermano de uno de ellos: Jorge Gama.

Llenos de energía procedimos hacia un sitio cerca del barrio de Santiago donde fue posible estacionar el carro. Jorge, Chucho, y yo empezamos el viaje. Fue sensato que Rafael, quien se recupera de una fractura, no se aventurara por un camino pedregoso y con pendientes.

El Salto rio abajo

El video que presento no muestra una vegetación exuberante. Conforme continuábamos, nos encontramos con un pequeño acueducto que conduce el agua que irriga tierras más bajas. El color del cemento y las recién cortadas matas indican que este canal fue recientemente construido.

Al progresar escuchamos a las chicharras[4]. Para quien no esté acostumbrado, estos insectos emiten un chirrido que puede resultar cacofónico, pero durante ese breve tiempo para mí fue una sinfonía campestre.

El estruendo del agua nos hizo saber que estábamos cerca de nuestro objetivo. La planta purificadora, de cuya construcción nos dieron noticia hace dos años, aún no está activada y sobre estas aguas negras corrían dos pedazos de basura, pero como en muchas partes de este mundo…, donde pisa el hombre, se encuentra basura.

La manguera negra que se ve al cruzar el rio poco después del minuto 03:45 del video lleva agua potable hacia algunos hogares.

Después de penetrar a un área rocosa del monte para llegar al salto, Jorge, nuestro guía nos recomendó que no siguiéramos porque el margen de seguridad disminuía. Comprendí muy bien, pues no íbamos equipados ni preparados para escalar el terreno que estaba enfrente de nosotros. Además, la piedra que pisábamos era muy resbalosa cuando el agua la mojaba.

 

En la siguiente foto aparecen Chucho a la izquierda y nuestro guía Jorge a la derecha con un respaldo montañoso.

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Jesús (Chucho) Castañeda y Jorge Gama

No llegamos a la cascada de El Salto junto con su grande poza, como hubiéramos deseado, pero me reconcilió la idea de haber visto por arriba un par de años antes la precipitación del caudal.

Nueva amistad

Antes de hacer este viaje a Zacualpan tuve la oportunidad de platicar por teléfono con el profesor José Flores Rodríguez sobre aspectos históricos de Zacualpan. Fue su nieta o sobrina Mercedes quien nos puso en contacto con él cuando conoció la edición del Diccionario Castañeda publicada en 2012, donde se encuentra mucha información sobre la vida cotidiana en Zacualpan durante el siglo XIX.

El profesor José Flores Rodríguez fue presidente municipal de Zacualpan de 1970 a 1972. Ocupó este puesto y por coincidencia fue un término antes que un ancestro nuestro, Bernardino Castañeda, quien fue presidente de 1973 a 1975.

Bernardino Castañeda Gómez

Bernardino Castañeda Gómez

Cuando Rafael, Jesús y yo lo visitamos, corrimos con la suerte de encontrarlo en su oficina. José “Pepe” Flores Rodríguez —como prefiere que lo llamemos—, es una fuente de información histórica sobre Zacualpan y toda esa región del sur del estado de México. Mucha fue la información que nos dio, pero no sería justo que la pusiera en este blog porque será él quien publique este acervo histórico en un futuro cercano.

Pero…, sí me autorizo publicar una “probadita “del contenido de su futuro libro y estoy muy agradecido.

“Zacualpan no fue un gran centro productor de plata, comparable con Guanajuato, Pachuca, Real de Monte, Taxco o Zacatecas, pero fue cuna y laboratorio de la tecnología minera. A Zacualpan llegaron a probar los nuevos métodos de extracción y procesamiento inventados en los países de Europa. Un ejemplo: el uso de la pólvora en la minería constituyó un parte aguas en la explotación. Antes del uso de la pólvora, las excavaciones se detenían cuando encontraban el manto freático. El agua impedía que cavaran a mayor profundidad antes que utilizaran la pólvora y sistemas de desagüe. Con el Varón de Humboldt llegó a México —y entiendo que a Zacualpan— la primera bomba de émbolos para extraer el agua de los socavones…”

En la siguiente foto Pepe, Rafael y yo nos encontramos en su micro plaza.  Pepe está en el centro, Rafael a su izquierda y yo a su derecha.

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Pepe centro, Rafael a su izquierda y yo, Ricardo a su derecha.

Durante nuestra visita nos enseñó el panorama de la municipalidad que contempla desde la azotea de su casa. Para mí, lo más impresionante fue la vista hacia el panteón municipal[5]. En el siguiente video dentro los segundos treinta y treinta y siete se puede identificar el panteón en la cima del cerro central.

 

Entre 1830 y 1860, cuando los difuntos eran enterrados, los padres de la iglesia se referían a este panteón como el Rincón de Castañeda. Pepe me explicó que al norte, dentro del barrio de Santiago, está la barranca de Castañeda[6]. El panteón fue considerado como un rincón de esta barranca, de ahí el nombre del “Rincón de Castañeda”.

Conforme hacíamos las rondas por su casa Pepe nos enseñó las lámparas de carburo que ha coleccionado a través del tiempo.

 

Con la misma amabilidad, la maestra Isabel Noriega, esposa de Pepe, nos enseñó su colección de plantas y flores procedentes de los alrededores de la región.

Fallecimiento de un familiar

Durante esta visita nos enteramos que nuestro pariente Jesús “Chucho” Castañeda Ronces, a quien visitamos en 2012, había fallecido a la edad de 90 años, debido a una larga resbalada de un cerro muy inclinado.

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Jesús (Chucho) Castañeda Rónces

Descansa en paz, Chucho

Descubrir nuevos parientes

Durante nuestra visita a Zacualpan nos enteramos de otros parientes, con quienes no habíamos tenido el gusto de platicar durante nuestra anterior visita, en 2012. Estos familiares nuestros son cinco hermanas; Elvira, Rebeca, Victoria, Martha y Carlota Castañeda González.

Conocimos a Víctor Gustavo Garcés Castañeda, hijo de Victoria Castañeda González. Gustavo se ha convertido en un entusiasta colaborador del interminable proyecto de actualización del Diccionario Castañeda. Esta vez nos ha aportado datos sobre su núcleo familiar y dos fotos donde podemos ver a sus abuelos Delfino Castañeda Gómez y Paulina González Gómez.

De iz. a der. Paulina González Gómez y Delfino Castañeda Gómez

 

Delfino Castañeda Gómez 1917-1996

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Martha y Carlota están al frente de una tienda de abarrotes en la calle central de Zacualpan llamada Tlaxpampa[7].

Fotos Panorámicas

Agradezco a Mercedes Mónica Flores Góngora, Subdirectora de la Secundaria Roque Díaz, por enviarme fotos pertenecientes a Zacualpan y autorizarme de publicarlas en este blog.

La primera es del Nevado de Toluca, la segunda es del Popocatépetl humeante en abril de 2013 y la tercera y cuarta están en orden cronológico conforme las tomó.

El nevado de Toluca

El nevado de Toluca

Popocatépetl humeando 15 abril 2013

Zacualpan amanecer 16 ago 2013 hrs. vista Popocatépetl

Zacualpan 21 oct '13, 0724 hrs

Zacualpan amaneciendo 0734 hrs., 21 octubre 2013

 

“Mis ancestros habrán encontrado plata,

Lo que yo encontré son vistas panorámicas”

Ricardo Castañeda Guzmán

Edición: Rafael Rodríguez Castañeda

 


[1]. https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2012/10/26/los-duendes-de-zacualpan-edo-de-mexico-mexico/

[2]. Barrio dentro del municipio de Zacualpan

[3]. https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2011/05/09/dr-gonzalo-castaneda-ecobar-1869-1947/

[4]. http://es.wikipedia.org/wiki/Cicadidae

[5] https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2013/07/15/como-difunto-insepulto-un-cementerio-en-zacualpan-edo-de-mexico-mex/

[6] Por varios siglos varias familias Castañeda han existido en esta area.

[7] Según parece, es el nombre original que derivó en ‘Zacualpan’.

Higiene Minera, Dr. Gonzalo Castañeda Escobar (1868-1947)

A Carmen Castañeda Olea en el centenario de su nacimiento 22 abril 1914 – 8 noviembre 2012.

Presentación

La tecnología progresa como si estuviera bajo la influencia de una inyección de esteroides. No nos da respiro para absorber completamente su última invención. La velocidad de los cambios es mayor que nuestra capacidad para asimilarlos.

En mi experiencia personal nada substituirá la sensación de tomar un libro, sopesarlo, sentir la textura de sus hojas y tener la satisfacción de leer desde la primera hasta la última página.

A través de los siglos el libro ha sido una de los soportes más prácticos y eficientes para expresar y transferir información —textos, dibujos o fotografías— sin tener que articularla y expresarla en persona. Pero ahora, dentro del mundo virtual, los avances tecnológicos metamorfosean a este viejo amigo en soportes más asequibles que en inglés conocemos como ebook[1] y su primo, el blog[2].

Mis primos Claudia Infante Castañeda, Rafael Rodríguez Castañeda y yo deseamos compartir con los lectores de este blog un documento que Claudia editó en una revista académica en 1990[3] y Rafael y yo conocimos en forma de e-book digitalizado por Google. Me refiero a un memorial sobre la higiene en los trabajos mineros subterráneos elaborado en 1896, cuyo autor fue el doctor Gonzalo Castañeda Escobar [4]. Ahora presentamos nueva información y profundizamos el análisis.

 

El encuentro

Soy originario de Pachuca, Hidalgo, ciudad mexicana de larga tradición minera cuyo subsuelo cruzan numerosos túneles que se extienden por largas distancias. Por esta razón no solamente soy referido como pachuqueño, sino también como tuzo. Por tanto, me identifico con la metáfora del tuzo[5], mamífero roedor que cava en la oscuridad en busca de raíces. He tenido que excavar en los archivos para encontrar información sobre nuestros ancestros Castañeda.

El 30 de diciembre de 2013 recibí el comentario de una investigadora de la UNAM sobre la biografía publicada aquí en marzo de 2013, quien preguntaba si existía una versión más amplia del trabajo del Dr. Castañeda cuyo título original fue Higiene Minera Subterránea.

La pregunta me reveló una carencia en mis archivos. De inmediato consulté a mis primos Claudia Infante Castañeda y Rafael Rodríguez Castañeda. Claudia es doctora en Ciencias de la Salud y nieta del Dr. Gonzalo Castañeda; Rafael ha reunido amplia información sobre la familia Castañeda. Simultáneamente encontré en Internet Memorias: Transacciones, Volumen 2, un e-book de Google que es posible revisar en línea gratuitamente.

Página cortesia Claudia Infante Castañeda

El siguiente documento aparece en la página 753 de este e-book:

Higiene que debe observarse

En los

TRABAJOS MINEROS SUBTERRANEOS

Por el

Dr. Gonzalo Castañeda

Para facilitar la lectura del facsímil publicado en 1898 con una tipografía difícilmente legible, el documento original fue transcrito a un archivo PDF y a un archivo en Words para su acceso.

Dr. Gonzalo, Higiene minera Congreso médico pan-americano 1898

Dr. Gonzalo, Higiene minera Congreso médico pan-americano Words 1898

 

El autor

Gonzalo Castañeda nació en Temascaltepec, México, Mex. Fue hijo de Juan Francisco Castañeda Popoca y de María Gabina de Jesús Escobar Mojica. Lo llamaron Julián Gonzalo de Jesús. El registro civil ocurrió a las diez de la mañana el once de enero de 1868. Nació a las nueve de la mañana del día nueve del mismo mes.

Sorprende que su nombre estuviera tan detallado tanto en el registro civil cuanto en el eclesiástico. Por lo general los registros civiles de esos tiempos eran escuetos. Solían anotar un solo nombre de pila. A nuestro autor pudieron llamarlo Julián o Gonzalo a secas. La manera en que lo nombraron es un indicio de que sus padres solamente repitieron su nombre cristiano al registrarlo civilmente.

La primera fotografía que conocemos de Gonzalo data del 11 de enero de 1884, cuando se retrató con su padre y Bernardino, su hermano mayor, en los estudios de Luis Veraza, en la Ciudad de México.

De izquierda a derecha, Feliz Bernardino Castañeda Escobar, 25 años, Juan Francisco Castañeda Popoca, el padre y Gonzalo, a la edad de 16 años.

Suponemos que Gonzalo Castañeda se refiere al año de 1894 cuando dice en su autobiografía:

 “Ya recibido me fui a mi tierra, después me salió un empleo en Guerrero, y aún me sorprende hoy, cómo a pesar de mi ignorancia e inexperiencia pasaba por buen médico. Después, un señor poderoso: D. José Landero y Cos que me había conocido de estudiante, me llamó de Pachuca para nombrarme médico-cirujano de las minas de Real del Monte, con un buen sueldo; allí me hice riquito y ya con dinero se me ocurrió y decidí irme a Europa”.

Antes de trasladarse a Hidalgo debió contraer matrimonio con Basílides Antonia Teresa de Jesús Olea Gómez-Daza porque el recién recibido Dr. Gonzalo Castañeda y su esposa Teresa vieron nacer en Real del Monte a su primera hija el 30 de octubre 1895, a quien bautizaron en la Parroquia de la Asunción, de Pachuca, Hidalgo, el diez de enero 1896 como María Teresa Catalina.

Acta de bautizo María Teresa Catalina Castañeda Olea, 10 enero 1896

Juan Castañeda y Gabina Escobar, padres de Gonzalo, no solo asistieron al bautizo; fueron padrinos de su nieta a la edad de 80 y 62 años, respectivamente. Los abuelos y padrinos hicieron el viaje desde Zacualpan, Edo. de México a Real del Monte, Hidalgo, México. Tanto los datos civiles como los eclesiásticos sugieren que este bautizo fue un acontecimiento familiar.

Todo esto ocurrió a principios de 1896. En noviembre del mismo año Gonzalo presentó el trabajo que ganó reconocimiento internacional.

 

Relevancia del texto

El siguiente documento fue escrito y presentado en noviembre de 1896, en el segundo Congreso Médico Panamericano, ocurrido en México. Lo divulgamos en atención a su gran valor histórico visto desde varios enfoques, todos ellos de gran trascendencia. Hasta donde sabemos es el primer testimonio sobre las condiciones de salud laboral de los mineros en México. Y leerlo hoy nos hace reflexionar. A pesar de los fuertes cambios tecnológicos, científicos y en seguridad social, a casi 120 años de que Gonzalo Castañeda concluyera esta exposición con un proyecto de reformas para proteger la salud de los mineros, sabemos que en el país aún no se cumplen cabalmente muchas de sus propuestas.

Gonzalo Castañeda fue un médico que se autodefinió como clínico y no como científico ni salubrista. Sin embargo, su agudeza analítica y el rigor de su estudio sobre la situación de los mineros cumple los requisitos del análisis científico de un problema de salud pública: observa y vincula meticulosamente los factores asociados a cada enfermedad, daño y lesión de un grupo poblacional, los tres mil barreteros que observó durante dos años. Además demuestra de manera técnicamente sobresaliente cómo los mecanismos “del proceso social del trabajo” minero los llevaba al “perpetuo desequilibrio orgánico y fisiológico” hasta llegar a la muerte. Las defunciones registradas en Real del Monte durante el tiempo en que estuvo allí son indicativas de la gravedad del caso.

El mayor mérito sociológico de este trabajo tal vez no sea identificar los factores sociales que afectaban la salud de los mineros sino describir cómo las precarias condiciones en que habitaban, trabajaban y se alimentaban, determinaban una pésima calidad de vida y la exponían al riesgo de múltiples enfermedades, a la discapacidad y con demasiada frecuencia, debido a accidentes, a la muerte temprana.

El trabajo supera la visión médico-biologicista que por un lado ve como causas a los agentes etiológicos inmediatos de enfermedades y accidentes, y por otro, en forma aislada, ve los factores sociales que los rodean. A la hora de preparar su estudio, Castañeda explica el engranaje de las condiciones que determinan el proceso salud-desgaste-enfermedad-muerte: “…multiplíquese este diario déficit fisiológico por diez o veinte años y sorprenderá la espantosa quiebra que a la postre sufre el organismo”.

Al apreciar la forma en que Gonzalo Castañeda analiza cómo interactúan los “factores de riesgo” con las condiciones sociales de los mineros, comprendemos su posición como médico social y políticamente comprometido. Éste es precisamente el tercer aspecto relevante: como estudio de salud minera, este memorial es único, pionero, pero lo excepcional es que el mismo autor, médico al servicio de los obreros cuyas condiciones de trabajo describe, también presente las reformas indispensables para resolver tal problemática.

Ignoramos cómo llegó al Congreso con este trabajo; no obstante, él reconocía la importancia del médico en la política. En la ponencia clama por que se escuche a los mineros a través de su voz. A pesar del dominio de sus herramientas médicas y después de plasmar en el documento el dolor con que día a día observó y atendió enfermos y accidentados, no es difícil imaginar la palpitación de sus humildes orígenes mineros en el pódium de un Congreso Internacional al levantar su voz para denunciar la situación de vida, trabajo y salud del gremio y exhortar a la acción para modificarla: “Si estos preceptos… los tomara alguna vez el legislador y con su mano reformadora los llevara al fondo de las minas, no sería yo el que viviera reconocido y grato, sino el imponente gremio de barreteros de la República”.

El documento que aquí reproducimos muestra también el riguroso análisis médico, clínico y sociológico que realiza el Dr. Gonzalo Castañeda a partir de una concepción de ciencia aplicada. Son notables su visión sobre el papel que correspondía desempeñar a la salud pública en la salud laboral y el bienestar de la población en general, y su posición política sobre las obligaciones del Estado al respecto. Estas características de su trabajo se resumen en la lúcida síntesis del párrafo que antecedió a su propuesta de reformas, donde vincula estupendamente los resultados de su estudio con las recomendaciones consecuentes:

“Nunca el médico cumple mejor su elevada misión que cuando el mal que descubre y el remedio que aconseja abarcan a extenso grupo de sus semejantes. En este caso particular de que me ocupo, no será seguramente a las Compañías mineras a las que pueden proponerse modificaciones … tampoco quizá al gremio barretero, cuya ignorancia no alcanza a comprenderlas… sino aconsejar las reformas que se juzguen benéficas a los Gobiernos, que son la entidad a quien está encomendado el papel de velar por la salud pública y de interesarse por el bienestar general, y para concluir, señores, nuestros estudios más formales y completos no vengan a resolver el problema en cuestión: [en] «la higiene que debe observarse en los trabajos mineros subterráneos» propongo en el sentido que antes dije, el siguiente proyecto …”

“La medicina es una ciencia social y la política no es más que la medicina en una escala más amplia” decía en la segunda mitad del siglo XIX Rudolf Virshow (1821-1902), eminente patólogo alemán. Sorprende la coincidencia de posiciones entre el Alemán y el Mexicano. Y en ello radica un cuarto aspecto relevante de este documento histórico, originado en un pueblo minero mexicano a finales del siglo XIX, muy distante del capital científico europeo.

Existe un evidente paralelismo de pensamiento tanto en el análisis cuanto en la posición política entre Gonzalo Castañeda y el movimiento higienista, y el de la medicina social iniciado a mitad del siglo XIX en Europa. Los académicos fácilmente pueden pensar que observaciones similares con sistematización y rigor científico llegan a conclusiones parecidas. Efectivamente, así son la lógica y la ciencia. Eso es relevante pero no excepcional en la historia; lo que destaca es la coincidencia de la construcción del problema de salud, bajo la perspectiva de la medicina social y la posición política análoga en dos ámbitos completamente diferentes en términos sociales y de recursos científicos. ¿Por qué?

El documento se titula “Higiene que debe observarse en los trabajos mineros subterráneos”. Aunque el título sugiere un enfoque higienista de la salud pública para describir las riesgosas condiciones a que estaban expuestos los mineros, que en teoría se podían modificar, pero cuya “ignorancia no alcanzaba a comprenderlas”, en el fondo, el trabajo documenta una denuncia orientada a cambiar la política pública sobre tales condiciones de trabajo.

Por otra parte muestra cómo transformar el concepto de la higiene orientada a modificar conductas o hábitos individuales asociados a riesgos a la salud para adoptar un enfoque colectivo cuyo propósito es cambiar los determinantes sociales y económicos de esas condiciones de salud. En tal cambio interviene el compromiso de los médicos para sustentar clínicamente la causalidad social de los procesos de salud–enfermedad laboral.

Conviene aclarar que la higiene pública es un concepto surgido en Francia en el siglo XIX (Foucault, 1977) que abarca lo que posteriormente siguió denominándose «medicina social», e inicialmente se refería a la forma como se “controlaban” los elementos del medio material que afectan a la salud. Según Foucault[6], la higiene pública constituye una “variación refinada de la cuarentena derivada de las epidemias que debió afrontar la gran medicina urbana del siglo XVIII en Francia” (Op. Cit. p 14). Por ‘salubridad’ se entiende sólo el estado de las cosas y del medio sin intervención alguna. En la forma de concebir los determinantes de la salud y los mecanismos para modificarlos cuenta no sólo la ciencia, sino también la posición política.

Ahí está la importancia de los elementos arriba mencionados, el doble enfoque de este documento: científico y político. Por un lado, el análisis científico de Gonzalo Castañeda articula los determinantes sociales, con la etiología del desgaste y proceso de enfermedad-muerte del minero en cuanto a la práctica de su oficio “que abrevia su vida o se suicida con su propia ignorancia … sin una voz inteligente y salvadora que los detenga[7], bajan a los tiros a matarse materialmente o a abreviar los días de su vida porvenir; registrándose sin cesar desgracias accidentales de unos, notoria agravación de otros, muerte rápida en muchos”.

Por otro, muestra el resultado, es decir, la forma en que están construidas las condiciones de vida-trabajo-desgaste-sobrevivencia-muerte de los mineros “…después de una velada de pesada labor, al siguiente día que debieran dedicar al reposo o a resarcir el sueño, por causas de orden vario, sólo duermen un promedio de cuatro horas y según ellos mismos lo enseñan, con un sueño interrumpido y no reparador”.  

Como conclusión ineludible, propuso cambios en tales condiciones de trabajo, algo más ambicioso que el control de agentes etiológicos (posición de la medicina biologicista). Más aun, los cambios que propuso apuntaban a mejorar las condiciones de trabajo y de vida en la comunidad de mineros: un enfoque desde la perspectiva de la medicina social mexicana. Es decir, no sólo fue pionero en la salud pública sino que fijó la posición crítica de la medicina social, a finales del siglo XIX en nuestro país.

Es indispensable referir un quinto aspecto valioso de este documento en el contexto mexicano. El proyecto de reformas que Gonzalo Castañeda propone fue insólito durante el porfiriato (1876-1911), régimen en que no hubo la menor previsión legal que protegiera a los trabajadores.

En su multifacética labor médica, como clínico, maestro y autor de diversos libros así como de líder gremial, durante toda su vida a Gonzalo Castañeda lo caracterizó una forma de concebir y ejercer la medicina: la protección a los pobres en el sentido en que Virchow concebía a la medicina social. Una de las responsabilidades de los trabajadores de la salud era fungir como médicos de pobres. Después que se desempeñó como médico de la compañía minera de Real del Monte, Gonzalo Castañeda viajó a Europa para especializarse como cirujano y obstetra. Su fuerte fue siempre la clínica. De regreso en México fue director del Hospital de Jesús durante 30 años, mismos que trabajó sin salario. Renunció a esa retribución porque se trataba de un hospital para pobres. También jugó un papel fundamental en el liderazgo de la Academia Nacional de Medicina y para conformar y fundar la Academia de Cirugía; fue maestro de muchas generaciones en la Escuela de Medicina (Universidad Nacional) y en el Colegio Médico Militar.

Antes de reproducir este documento, conviene ver hasta dónde han mejorado las condiciones de vida y de trabajo de los mineros en nuestro país en 120 años.

Como lo refiere la cita de su autobiografía que presentamos arriba, el doctor Gonzalo Castañeda llegó al estado de Hidalgo en 1894 contratado para atender a los mineros. Lo invitó a desempeñar este puesto don José Landero y Cos, a la sazón, gerente de la Compañía Real del Monte y Pachuca. Conviene advertir que fue su primer empleo formal, después derecibirse, en julio de 1893. Al joven médico de 26 años le resultó familiar el medio donde trabajaría porque Zacualpan, donde vivió su infancia hasta el día en que salió para continuar sus estudios medios y superiores, era también un pueblo minero. Su propio abuelo paterno entregó su vida a la minería. Según su acta de defunción “falleció de dolores de cascado”[8]. Su padre trabajó en la minería como azoguero cuando el beneficio de patio era el procedimiento común para extraer la plata[9], Sabemos que de niño, Gonzalo, curioso y agudo, pedía permiso en la escuela para llevar a su padre el desayuno o el almuerzo. Desde entonces conoció la vida cotidiana de los mineros, dentro y fuera de las minas. Cuando llegó a Real del Monte su misión era ser médico clínico: atender a los mineros enfermos o lesionados. Pronto se dio cuenta de que era un proceso sin fin porque los determinantes sociales que producían los daños a la salud permanecían intactos.

Penetrante y fino observador, ese desafío lo llevó a aplicar la medicina como instrumento para descifrar esa trama. Caso por caso, paciente tras paciente, documentó la problemática de ese grupo laboral y concluyó que era producto de las condiciones infrahumanas de sobrevivencia, de las patologías y patrones de morbilidad derivados de sistemas de trabajodesconsiderados, que también causaban alta mortalidad temprana. Más de un siglo después, esa labor analítica sigue siendo técnica y socialmente compleja para los científicos actuales.

Hacia el fin del siglo XIX en el país no existía legislación laboral que reconociera derechos a los trabajadores; mucho menos que los protegiera con medidas de higiene y de seguridad. Toda la vida económicamente activa de nosotros, lectores en el siglo XXI, ha transcurrido bajo la vigencia de la Ley Federal del Trabajo. Por tanto, nos cuesta trabajo ponderar esta noción, pero en el contexto que tocó vivir a Gonzalo Castañeda su memorial sobre la situación de los obreros en los establecimientos industriales cobra mayor relevancia: eran condiciones de esclavitud, aunque no se llamara así.

Visto únicamente desde el punto de vista informativo, este documento sería un reportaje extraordinario sobre la vida cotidiana de los mineros en México. Sabemos que fue más que eso porque propuso preceptos que con las mismas palabras o con otras, más tarde aparecieron en las leyes.

Dentro de la obligada brevedad de un texto que leería ante un congreso, la ponencia de Gonzalo Castañeda refirió los siguientes rasgos de los barreteros —rango elemental dentro del gremio minero—: las edades a las que comienzan a trabajar —8 a 12 años— y a la que aún continúan —60 años—, su nula escolaridad, las bárbaras jornadas —hasta 36 horas ininterrumpidas— día y noche sin que su cuerpo tuviera ni la luz del día como referencia biológica; sin alivio físico más allá de la tolerancia al agotamiento, al hambre, al daño y a las lesiones; la falta de oxígeno y la incomunicación; las cargas que transportan sobre la espalda; el calor subterráneo, la deshidratación, la insoportable sed y la forma común de calmarla: pulque y agua contaminada.

…hasta hoy la Higiene no ha penetrado suficientemente al interior de las minas a observar las condiciones en que trabaja esa aglomeración de hombres, que pasan la vida entregados a las rudas labores subterráneas…

Su descripción penetra la profundidad a que descienden y desde la que tienen que subir tras haber trabajado; el tiempo del ascenso; el polvo y los gases tóxicos que respiran; el olor, difícilmente soportable de las minas; la combustión de petróleo para calentar comida e iluminar los socavones; los consecuentes óxidos de carbono; la cercanía del trabajo a sus defecaciones, así como el volumen acumulado de materia excrementicia; oscuridad, goteras y humedad; el trabajo en el fango; las enfermedades respiratorias y dermatológicas a que se exponen; falta de normas de seguridad para efectuar las detonaciones; ausencia de cascos protectores, golpes en la cabeza; precarias escaleras y puentes de paso. En suma, la vida en peligro cada minuto y finalmente, el cómputo de lo que entonces se registraba sin pruebas clínicas: lesiones por accidente y muertes.

Gonzalo Castañeda no se limitó a describir el infierno que había en la profundidad de las minas: tanto el análisis como el enfoque de su estudio contribuyeron a que empresarios, legisladores, autoridades médicas y laborales entendieran que el trabajo de los mineros —una actividad no conceptualizada claramente como tal— era un problema de salud pública que demandaba, obligatoriamente, una política pública.

Como trabajo científico identificó con precisión los factores de riesgo cotidianos que conducían a los mineros a la muerte. Las causas eran evitables y prevenibles. Ese fue elnúcleo de su denuncia médica.Identificó los aspectos donde había que intervenir para proteger la salud y vida de los mineros, principalmente aquellos que concernían a la legislación laboral. Como ponencia política, es excepcional para su época: concluye recomendando 24 propuestas concretas. Ese fue el núcleo de su denuncia política y laboral.

En su ponencia, Gonzalo Castañeda revela el compromiso social que el médico clínico y el sanitarista deben poseer, y que pocas veces encontramos en la actualidad. El médico clínico dedica su poco tiempo a identificar síndromes, pasando por alto o asumiendo como obvios, inevitables o fuera de su competencia factores de índole social. Cree que no conciernen a los médicos. Es así como se orienta a diagnosticar y prescribir medicamentos. Con tales límites justifica y acota sus responsabilidades profesionales —ya rebasadas por la realidad.

Actualmente el “profesionalismo” se entiende como sinónimo de “competencia clínica individual” y el compromiso social —como si lo social fuera sinónimo de ‘público’— se delega a los epidemiólogos, a los investigadores cuyo profesionalismo se orienta al cumplimiento de la metodología científica para analizar las poblaciones. A su vez, es frecuente que los investigadores reduzcan sus análisis a indicadores que técnicamente denominan factores de riesgo, aún cuando a menudo se refieran a ellos como “determinantes sociales de la salud”.

Estos conjuntos de indicadores pasan a ser denominados “estilos de vida” sin comprender las causas últimas estructurales que los determinan. Castañeda hace una nítida descripción etnográfica del contexto en que los mineros vivían, del desgaste humano cotidiano y la patología que los lleva inevitablemente a una muerte precoz. Además, sistematiza la incidencia de las patologías, de sus interrelaciones, describe sus causas inmediatas (“factores de riesgo”), su cadena causal y sus determinantes. Los análisis que expone atraviesan —o más bien, rasgan— los órdenes, de la escala micro social y microbiológica hasta la escala macro social y política.

Desde una perspectiva histórica este trabajo es un clásico de la salud pública. A Gonzalo Castañeda también se le atribuye el mérito de haber identificado al organismo causante de la anemia entre los mineros, el parásito Anquilostoma duodenalis (1904). Sin embargo esto no fue así. Ahora sabemos que los egipcios ya lo reconocían en un papiro desde 1600 aC. En 1843 Angelo Dubini describió y denominó al organismo y a finales del siglo XIX Arthur Loss describió su ciclo de vida: larva que penetra por la piel, usualmente a través de los pies, que pisan heces fecales de personas que padecen la enfermedad. Que Castañeda haya identificado independientemente este organismo es posible, y si ocurrió así fue después de haber escrito el documento que aquí presentamos, donde refiere que los barreteros se quejaban constantemente de la llamada anemia minera y describe con especial detalle el gravísimo problema sanitario de los excrementos en las minas: “…noto en sus trabajos tantas deficiencias desde el punto de vista higiénico, que adivino fácilmente las peores condiciones en que vivirán los operarios de otros centros mineros del país”.

Desde el siglo XIX la minería había alcanzado progresos técnicos espectaculares. Existían equipos de perforación, ademe, iluminación y ventilación de tiros y túneles totalmente mecanizados que se movían a base de vapor. Muchas operaciones riesgosas se ejecutaban a control remoto. Ahora existen técnicas y equipos aún más eficaces y seguros, así como normas de seguridad personal que los mineros de hace 120 años jamás hubieran imaginado.

El problema de entonces no era la tecnología ni la seguridad mineras, sino la aplicación de tales estándares del progreso en las minas del país. Ciertamente, las inversiones para instalar ese tipo de maquinaria y los sistemas de protección de los mineros constituyen un obstáculo. Pero la resistencia de los empresarios mineros a modificar sus prácticas de extracción mineral sin dejar de implicar la explotación humana, es todavía mayor. Antes faltaban conocimientos, tecnología y normatividad. Ahora los hay, pero se les pasa por alto. Al menos en México, prácticamente no existe mejora material gratuita en las minas; la gran mayoría surgieron como conquista laboral, lo cual implicó largas luchas sindicales y tensiones entre los intereses de los mineros y sus patrones. Otras mejoras han surgido de los escándalos cuando los medios documentan accidentes en las minas y surge la presión pública, las más de las veces paliativa y temporal.

Antes de dar paso a la lectura del memorial del doctor Gonzalo Castañeda conviene citar unos cuantos ejemplos de lo ocurrido en las minas de México a partir de 1896, el año de este estudio, para contar con una mínima perspectiva histórica.

1906: Las minas de cobre de Cananea empleaban a seis mil mineros mexicanos y alrededor de seiscientos norteamericanos. A los mexicanos les pagaban la mitad de lo que ganaban los extranjeros. En protesta, el 31 de mayo los mineros del tercer turno pararon labores. La respuesta de la empresa y de las autoridades gubernamentales fueron la represión, el asesinato de líderes y el cerco de hambre a la población. Por algo esa huelga cuenta entre los antecedentes de la Revolución de 1910. En un caso de estos, en búsqueda de justicia y mejoramiento para el minero, Abraham Castañeda Hidalgo, un ancestro nuestro, perdió su vida después de haber sido golpeado y dejado a su propio destino en los cerros del Real del Monte.

No obstante, interesa destacar un paso adelante de los mineros: su toma de conciencia y la articulación de sus motivos, como lo revela la carta que José Ma. Carrasco, vecino de Cananea, dirigió al gobernador Rafael Izábal, el 4 de junio de 1906, al cuarto de huelga:

“Respetando su alto lugar que guarda me concreto a decirle a usted en nombre del pueblo lo que sigue. Sr., acordaos de la desnudes, del ambre y de otras necesidades que sufre toda la gente umilde de pocas proporciones y de poco ynteligencia, hay días que solamente dos veces comen porque tienen numerosa familia o algún enfermo. 3 pesos es un miserable sueldo para comprar leña a 16 pesos y una casa pocilga de una pieza a 15 pesos, doctor a 3 pesos, agua a 5 pesos, un mal calsado a 6 pesos… y otras tantas cosas que sería imposible enumerar. Ah, pero tenemos que humillarnos los mexicanos porque si levantamos la voz nos la calla nuestro gobierno con sus ballonetas sostenidas por su mismo pueblo. Ved, alzad la vista y bereos la desnudes en todo el pueblo. Procurad contentar al pueblo de alguna manera y no tratarlo mal porque el pueblo tiene ambre y más tarde más y si no se proporciona algo tendrá que arrojarse contra las despensas y almacenes de este lugar resueltos a morir. Que bien cierto de que no ará Ud. aprecio de esto, pero tendrá más tarde que lamentarlo”.

1920. 10 de marzo. Al darse cuenta que la mina El Bordo se había incendiado, J. F. Berry, John B. Silbert y Alan Ross, clausuraron la boca de los tiros de El Bordo y La Luz con planchas de madera, acero y concreto para sofocar el fuego. Les importó más su inversión que la vida de alrededor de 80 mineros que quedaron sepultados.

El Bordo, al norte de Pachuca, formaba parte de la Compañía Santa Gertrudis. Para clausurar los túneles, los señores empresarios contaron con la anuencia de Ernesto Castillo, gobernador interino; de Ignacio Segovia, alcalde de Pachuca, y del Juez de Distrito.

Foto Mina Santa Gertrudes, Pachuca, Hidalgo, México por el fotógrafo José Bustamante Valdés

Las minas El Bordo y La Luz estaban interconectadas con las de Santa Úrsula y Santa Ana, pero la Compañía Real del Monte y Pachuca también ordenó tapar esos túneles. La presión social hizo posible que una brigada de salvamento destapara Santa Ana. Hallaron a tres mineros, muertos por asfixia.

Los tiros permanecieron sellados seis días. Al reabrirlos hallaron más de 68 cadáveres en distintos niveles. Quienes consiguieron llegar hasta los accesos taponados dejaron signos de desesperación: uñas y dedos clavados sobre las tapas de madera. Lo demás era, según un testigo, “barbacoa humana”. Diez días después descubrieron siete sobrevivientes en un túnel cercano a Sacramento.

1934. Fundación del Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana (SNTMMSRM). El sindicato minero se afilió a la naciente Confederación de Trabajadores de México (CTM).

1935. 17 de noviembre. Los mineros al servicio de The Cananea Consolidated Copper Company S.A., entonces agrupados en el Gran Sindicato Mártires de 1906, se adhirieron a la organización nacional y formaron la sección 65 del Sindicato Industrial de Trabajadores Mineros Metalúrgicos y Similares de la Republica Mexicana, hoy sindicato nacional.

1965. En la mina Purísima de Real del Monte, el 8 de mayo a las 2 de la tarde con 10 minutos una jaula —llamada ‘calesa’— con 30 mineros a bordo se precipitó del nivel 400 al 550. Era sábado. Los trabajadores del nivel 400 que habían laborado el primer turno se acomodaron en los dos pisos dela jaula que habría de llevarlos a la superficie. En vez de subir, de repente comenzaron a descender a gran velocidad. La caída dio en el fondo del tiro. 27 mineros murieron ahogados, tres sobrevivieron. A pesar de las piernas fracturadas, lograron asirse al travesaño de la calesa. Los rescataron horas después.

19 (2)

Foto Hacienda de Beneficio, “Purisima Grande”, Pachuca, Hidalgo, México por el fotógrafo José Bustamane Valdés

El desastre se debió a una distracción del calesero. Descuidó el ascenso y en cuestión de segundos, la velocidad descendente fue incontrolable. Los perros, ganchos dispuestos en los costados de la jaula que en la emergencia debieron abrirse y aprisionar las guías de madera por donde se desliza la jaula, tampoco se activaron.

1969. El 31 de marzo de 1969 en el poblado de Barroterán, municipio de Múzquiz, Coahuila, se produjeron dos explosiones. El pueblo escuchó las fuertes detonaciones debidas a la acumulación de gas metano en las minas dos y tres de Guadalupe. Decenas de trabajadores que se encontraban laborando en el segundo turno quedaron atrapados. 153 murieron.

Las explosiones de Barroterán cuentan entre las mayores tragedias mineras en la historia, no sólo de la región carbonífera de Coahuila, sino del mundo.

2006: El 19 de febrero, en un pocito de Pasta de Conchos, una de las 600 minas de la región carbonífera coahuilense, 63 mineros murieron sepultados tras una explosión. Nuevamente la causa fueron las precarias condiciones de seguridad: la detonante fue una chispa surgida de los arreglos eléctricos improvisados y/o de equipos de soldadura impropios para un ambiente gasificado y lleno de polvo de carbón, tan explosivo como la pólvora. En cuestión de horas, la empresa hizo desaparecer bitácoras, planos, estudios geológicos y mediciones de gas que hubieran puesto en evidencia la criminal irresponsabilidad del Grupo México.

En 120 años la higiene en las minas ha cambiado radicalmente; también las condiciones de seguridad subterránea. Hay normas que rigen la minería. El problema es que hay minas donde no se aplican o que aparentemente se aplican.

He aquí gracias a Rafael Rodríguez Castañeda, la ponencia transcrita con la ortografía vigente y en una tipografía fácilmente legible.

Higiene Minera por el Dr. Gonzalo Castañeda Escobar

Bibliografía

Infante-Castañeda Claudia. Clásicos en Salud Pública. Presentación. Higiene que debe observarse en los Trabajos Mineros Subterráneos. Gonzalo Castañeda. Salud Pública de México 1990; 32 (3): 364-365.

Más fotos por el fotógrafo J. Bustamante Valdés pueden ser vistas visitando https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2013/10/21/fotos-antano-pachuca-hidalgo-mex/

 

Claudia Infante Castañeda

Rafael Rodríguez Castañeda

Ricardo Castañeda Guzmán

 

 

[1]. ‘e-book’ sintetiza dos palabras: electronic y book (libro electrónico).

[2]. Blog es el compuesto de dos palabras también en el idioma inglés, web y log (bitácora digital).

[3]. Salud Pública de México. Jul-Ago de 1990. Vol. 32, Núm. 3. Pp. 366-372

http://bvs.insp.mx/rsp/articulos/articulo.php?id=001749.

[4]. Este documento se complementa con el artículo biográfico que publicó este blog el 19 de marzo 2013, y que es posible encontrar en el siguiente enlace:

https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2011/05/09/dr-gonzalo-castaneda-ecobar-1869-1947/

Aunque este trabajo esté antecedido por otras notas introductorias, en esta publicación lo relacionamos con la vida personal y profesional de su autor.

[5]. El nombre original del roedor es ‘tuza’, pero el léxico deportivo lo ha generalizado como sustantivo masculino.

[6]. Foucault, Michel. Historia de la medicalización. Educación Médica y Salud 1977; 11 (1).

[7]. La actitud de los mineros y de la población que el doctor Castañeda conoció en Real del Monte a fines del siglo XIX contrasta con la que existió dos siglos atrás, según el siguiente antecedente histórico: “En el verano de 1766 los mineros de Real del Monte… desarrollaron una importante huelga industrial sin sindicato ni ideología política que los sostuviera. Fue la primera huelga en la historia laboral mexicana y la primera huelga en América del Norte. La palabra ‘huelga’ fue reconocida oficialmente en los diccionarios del español hasta 1884 y los trabajadores de Real del Monte nunca la utilizaron. Sus esfuerzos representaron luchas que implicaban su trabajo, su modo de vida y sus decepciones… Fue posible que se inconformaran así gracias al consejo y las medidas que tomó gente amistosa y con reconocimiento social en el pueblo”. Doris M. Ladd. The making of a Strike. Mexican Silver Workers’ Struggles in Real Del Monte 1766-1775. University of Nebraska Press. 1988.

[8]. ‘Cascado’ era la denominación coloquial para quienes padecían silicosis.

[9]. Los metales preciosos se obtenían mediante la mezcla del mineral pulverizado con agua, sal, mercurio y otros compuestos. El azoguero determinaba la proporción de sustancias en la mezcla, según las propiedades de una muestra del mineral por beneficiar.

 

 

 

Jesús Castañeda Escobar (1907-1989)

Jesús Castañeda Escobar (Zagal)

Partida en desventaja

 

A varios ancestros de la familia Castañeda les tocó vencer condiciones adversas durante su infancia, pero tal vez a nadie como a Jesús, quien dejó atrás abandono, orfandad, desolación familiar, cambio de identidad, escasa escolaridad y maltrato para fugarse a otro lugar; adquirir un oficio, independizarse, fundar un negocio, y luego, un matrimonio de más de cincuenta años y una familia de cuatro hijos.  Estos son méritos considerables.

Su nombre original fue Francisco Blas, y su apellido materno, Zagal. Varios años después lo llamaron Jesús Castañeda Escobar.

Jesús —o Francisco Blas— Castañeda Zagal fue el quinto de los ocho hijos que tuvieron Bernardino Castañeda Escobar y Guadalupe Zagal Caballero. Esta afirmación es, al mismo tiempo, cierta e inexacta. Jesús no conoció a Alfredo, el primogénito de la pareja, quien murió dos años antes que él naciera, ni a Erminio y Marcos, los gemelos que siguieron.   Marcos murió a temprana edad y Erminio salió rumbo a Orizaba, cuando Guadalupe Jaso de Castañeda, la esposa legal de Bernardino, lo adoptó, y al adoptarlo, le cambió el nombre. De manera que en la práctica, Jesús fue el segundo hijo. Nació el 7 de agosto de 1907 en Tezicapán, municipio de Zacualpan, estado de México. Antes que él nació Esperanza; después, llegaron Bertha, Francisca y Soledad.

Jesús tenía aproximadamente ocho años cuando su madre los abandonó y al poco tiempo murió su padre. Nunca perdonó el abandono materno. Pero además, los sufrimientos de su infancia guillotinaron de su garganta la voz a todo intento de contar esa etapa de su vida. Hasta donde sabemos, nunca habló de su niñez a nadie.

“Y ahora, ¿qué hacemos con estos niños?”. Un concilio de adultos, sus familiares cercanos, tomó decisiones drásticas. La primera fue suprimirles el apellido de quien no merecía que lo llevaran. En cambio, les pusieron el apellido materno de su padre. La segunda fue enviar a los cinco huérfanos a Orizaba, con Guadalupe Jaso, quien probablemente ofreció hacerse cargo de ellos. Llegaron a alterar la vida de doña Guadalupe, de Lupita, su hija, joven profesora de veintisiete años, y de Erminio, el hijo adoptivo, a quien ella rebautizó como Leopoldo en memoria del segundo hijo que tuvo con Bernardino y que perdió veintisiete años atrás. Así se llamó aquel niño durante sus dos meses de vida[1].

Los cambios de nombre fueron comunes entre la mayoría de los hermanos Castañeda Zagal. De los gemelos, a uno lo registraron como ‘Erminio’, y al año siguiente lo bautizaron como Juan Aurelio, de modo que ‘Leopoldo’ fue el cuarto nombre que recibió —y el definitivo. A Marcos le ocurrió algo similar: lo bautizaron como Ricardo Adulfo.

Ignoramos en qué momento Francisco Blas pasó a llamarse ‘Jesús’, su nombre conocido el resto de su vida. Para la hermana que le siguió, el primer nombre fue Susana. La misma semana del registro civil la llevaron a bautizar como Susana Bertha Margarita. De esos tres nombres, se le quedó ‘Bertha’. Finalmente, a la hija menor la registraron como Ninfa y la bautizaron como María Ninfa Soledad Juana. Cuatro nombres, de los cuales prefirió —o eligieron— Soledad. Únicamente Esperanza y Francisca tuvieron un nombre consistente.

Después del concilio familiar, Esperanza, Jesús, Bertha, Francisca y Soledad partieron de Tezicapán rumbo a Orizaba bajo la custodia de alguna tía cuyo nombre ignoramos. El viaje a Zacualpan, y de Zacualpan, a Toluca, fue un camino largo a lomo de bestia; experiencia a la cual los niños no estaban acostumbrados. Durante el trayecto lloraban con frecuencia. Una forma de acallar su llora consistió en asustarlos con los rostros desfigurados y lenguas de fuera de los colgados en las ramas de los árboles que encontraron en diversos tramos del camino. Esto ocurrió hacia 1916, cuando las facciones revolucionarias luchaban con encono y se daban muerte entre sí.

No existen registros del recibimiento que tuvieron en Orizaba. Sabemos que Guadalupe, hija mayor de Bernardino Castañeda y por ende, media hermana de los huérfanos, era tan —o más— enérgica que su madre. Era doce años mayor que Esperanza. A Jesús le llevaba catorce años. Leopoldo era solamente cuatro años mayor que él, pero la diferencia no radicaba tanto en la edad como en la actitud: Leopoldo se empeñaba en restregar en cara de los recién llegados su condición de hijo de familia y su engreimiento. Acaso no sabía que Esperanza, Jesús, Bertha, Francisca y Soledad eran sus hermanos porque a él lo apellidaron Castañeda Jaso, igual que a Lupita.

Suponemos que doña Guadalupe y Lupita se dieron cuenta desde un principio que el carácter y la edad de Esperanza, la mayor —rondaba los doce años—, resultaban demasiado problemáticos para intentar someterla, porque pronto hubo un arreglo para que fuera a vivir a Pachuca con sus medios hermanos. Es probable que Austreberto o Rosario solicitaran que así fuera. El asunto es que fue la primera que radicó en Pachuca, donde cursó estudios que años después culminaron con la carrera de profesora.

Sabemos que la suerte de Jesús y de Bertha fue distinta a la de su hermana mayor y a las menores, quienes se avinieron a su nueva circunstancia sin mostrar signos de rebeldía; además, al poco tiempo las internaron en un colegio de monjas. En cambio, Jesús y Bertha plantearon a su madrastra y a su media hermana una relación conflictiva. En consecuencia, los trataron con el rigor disciplinario en boga por aquellos años. Los castigos que recibieron fueron atroces, entre ellos, la combinación del físico con el psicológico: a cualesquiera de ellos le ordenaban ir a la tienda a comprar las varas de membrillo que después les romperían sobre las piernas.

Sobre la vida emocional de estos hermanos podemos suponer la angustia durante el castigo; el dolor y la depresión; sus rencores y sus sueños, sus añoranzas en medio de la tristeza. Tal vez se preguntaban por qué eran huérfanos o bien, cuál era la suerte de Esperanza, la hermana mayor que fue a dar a Pachuca. Bajo esas condiciones — aproximadamente cinco años— cruzaron por su tercera infancia e ingresaron a la adolescencia.

 

Conjeturas sobre una fuga

 

La rebeldía de Bertha fue castigada con una crueldad que le dejó huellas perennes en la piel. Jesús no soportó más y a los catorce años huyó. Su propósito fue dirigirse a Pachuca. Suponemos que se subió a un tren y que entre las horas de espera en las estaciones y las lentas travesías, llegó a su destino dos o tres días después. No sabemos si llevaba dinero para comprar comida; lo seguro es que cargaba con el sentimiento de culpa por la insubordinación y la huida. Ignoraba cuál sería la reacción de sus medios hermanos, sus tíos y demás parientes establecidos en Pachuca ante la escandalosa noticia de que había escapado.

Al llegar a Pachuca, su primer impulso le recomendó no buscar de inmediato a sus parientes, sino reconocer el terreno. El azar llevó a Jesús al panteón civil, donde consiguió trabajo y vivienda como simple mozo, de manera que empezó a convivir entre sepultureros y aguadores. No sabemos cuánto tiempo llevaba trabajando allí el día en que su destino dio un giro inesperado.

Era administrador del panteón civil don Luis Rodríguez Raz Guzmán, cabeza de una de las familias zacualpenses que emigraron a Pachuca en los decenios anteriores. Don Luis, más su esposa, tres hijos y el padre viudo vivían en la casa construida para el Administrador, a la entrada del propio cementerio. Enriqueta Berdeja Porcayo, su esposa, era media hermana del general Austreberto Castañeda, de manera que allí llegaba de visita el militar revolucionario cuando iba a Pachuca. Don Luis era su compadre.

El azar quiso también que allí el General encontrara a su medio hermano. Un mediodía Jesús se apareció en el patio donde don Luis agasajaba a su cuñado y compadre. Austreberto y Jesús se reconocieron. Jesús echó a correr.

––Traigan a ese muchacho ––ordenó el militar. Mozos y sepultureros salieron a perseguirlo. Don Luis quedó azorado y Austreberto explicó:––Compadre: ese muchacho es mi hermano.

Jesús llegó a rastras o casi, muerto de miedo. No sabía qué iban a hacer con él. Se sentía culpable sin serlo. El encuentro entre los hermanos fue estrujante. Don Luis comprendió todo sin mayores palabras y con la solemne autoridad que solía ejercer sobre su familia mandó llamar a Rafael, Enriqueta y Miguel, sus tres hijos.

––Chucho, óiganlo bien, es su hermano. A partir de ahora lo tratarán así, como hermano.

 

El oficio de impresor

 

Austreberto Castañeda, integrante de la facción obregonista del ejército y uno de los ocho medios hermanos que Jesús tuvo por la rama paterna, redimió a Jesús de la orfandad. Austreberto era diecinueve años mayor. Vivía la plenitud de su madurez y de su carrera; de manera relevante destacaban su jerarquía militar y don de mando. Esos factores influyeron para que el General se convirtiera a partir de entonces en una figura paterna para Jesús.

De esta manera Austreberto guió sus pasos y le abrió puertas a su siguiente empleo. Del panteón civil pasó como aprendiz a los Talleres Gráficos del Estado, donde su habilidad lo llevó a dominar en poco tiempo todas las funciones de la imprenta: desde la lava de rodillos y platinas de las prensas hasta la impresión, cuando ésta se realizaba manualmente, metiendo con la diestra el papel en blanco mientras la siniestra sacaba el pliego anterior. Ante las cajas tipográficas pasó de la distribución de caracteres móviles a la composición de textos para un nuevo impreso. Aprendió también el arte de la encuadernación, ahora casi extinto. Finalmente, allí cultivó amistades con jóvenes del gremio que perdurarían toda su vida.

Tras sus años de aprendizaje, Jesús decidió ser impresor. Hacia 1930 alcanzó el rango de oficial en los talleres gráficos, cuando ya había madurado la idea de independizarse. Nuevamente recurrió a su hermano y Austreberto lo ayudó a comprar una prensa, así como lo esencial para que montara su propio taller.

Empezó su trayectoria de impresor independiente en un local próximo a la cuchilla que forman las calles de Las Cajas y Agustín del Río, a espaldas de los ventanales que permitían ver y escuchar las prensas de los talleres gráficos estatales y cerca de donde Austreberto alquiló una casa para doña Margarita, su madre, antes de que le comprara casa en el callejón de Río de la Loza. La imprenta quedaba también a pocos pasos de la calle de Carpio, donde por entonces vivía el General con Ana María Rivera, su esposa, y sus primeros ocho hijos. La imprenta ocupó el mismo inmueble en que estaba la tienda del señor Barranco. La zona era conocida como El caballito.

 

APC (1) Ana Austreberto y  Jesus

Ana María Rivera, Austreberto y Jesús Castañeda circa 1930. Los niños probablemente sean Blanca y Gonzalo Castañeda Rivera.

Jesús tuvo una juventud enamoradiza. Entre las muchachas más significativas para su corazón estuvieron Gertrudis, de quien no sabemos nada más que su nombre, y Piedad, una veinteañera, tercera hija de una familia de siete que vivía dos callejones cerro arriba, en Rafael Lavista. Con Piedad Carrasco formalizó el noviazgo; pidió su mano y planeó el matrimonio.

A Austreberto le compró la parte sur del predio de Río de la Loza, donde sólo quedaban sus hermanas tras la muerte de doña Margarita, y trabajó con entusiasmo para construir su casa. Jesús encargó el proyecto a un ingeniero, quien propuso una edificación vertical de dos o tres plantas, para superar la irregular pendiente del cerro, pero durante los fines de semana él mismo cogía pico y pala para cavar cimientos y conformar terraplenes. Le entusiasmó la idea de sacar la cabeza en medio de aquella hondonada del callejón y tener un gran ventanal en la planta alta para ver enfrente la panorámica del cerro de San Cristóbal y la ciudad al sur.

Inexplicablemente Piedad cambió de parecer, fue impía con Jesús y rompió el compromiso matrimonial. Tan abrupta decisión lo lastimó profundamente. Pero como reza el refrán, un clavo saca a otro clavo: Jesús sufría ese nuevo abandono cuando a Pachuca llegó Bertha —quien para entonces era ya bailarina de teatros de revista— a visitar a sus hermanos, con una encantadora compañera de tablados. Los atractivos de esta mujer deslumbraron a Jesús, ella correspondió sus requiebros y él dejó todo, inclusive la imprenta, para irse con la amiga de Bertha en un viaje de despecho que se prolongó hasta que agotó sus ahorros para la fallida boda con Piedad.

Mientras tanto la imprenta entró en crisis. Los empleados no tenían idea de cómo suplir la ausencia del patrón y administrarla; por el contrario, se quejaron con todo mundo de que no recibían su salario. Corrían los primeros años del decenio de 1930; tiempos en que la crom[1] —organización obrera que antecedió a la ctm[2] atendía y respaldaba cualquier reclamo de los trabajadores, y los empleados de Jesús plantearon una demanda laboral. El caso merecía la requisa y remate de la imprenta para indemnizarlos. Como la ausencia de Jesús se prolongaba, Austreberto intervino y habló con los trabajadores:

Jesús Castañeda (izq.) y Onofre Azpeitia, impresor amigo suyo, ante la fachada del taller, recién establecido en la calle de Allende.

 

–– Yo no soy dueño de la imprenta.  Mi hermano es el que ordena––les dijo, y desactivóel conflicto laboral con los arreglos indispensables.  Cuando Jesús estuvo de vuelta, afrontó la situación y tomó nuevamente las riendas del taller, Austreberto completó su intervención, dáandole una buena reprimenda.

Fundación de El Arte Gráfico

 

Jesús se recuperó de aquella crisis emocional y en corto tiempo consolidó su pequeña empresa. Hacia 1933 pensó en la conveniencia de ubicarse en un lugar céntrico y alquiló un local sobre la acera poniente del primer tramo de Allende, calle cercana al mercado Benito Juárez por el norte y a la plaza Independencia por el sur. Allí quedó instalada la imprenta que subsiste hasta nuestros días. En 1989, tras la muerte de su padre, Jesús Alejandro. y Rolando, los hijos mayor y menor de Jesús Castañeda, se independizaron entre sí y ahora, sobre la misma calle existen dos imprentas frontales. La de Rolando se quedó con el local; la de Jesús Alejandro, con el nombre.

Jesús rompió la convención en boga —al menos en Pachuca— de bautizar con su apellido la imprenta que fundó.

 

Fundación de la familia

 

Tras un discreto y firme noviazgo, María Camerina Téllez Girón, una muchacha pachuqueña, y Jesús Castañeda Escobar se presentaron en la parroquia de la Asunción acompañados de los padres de ella y los testigos de ambos, para formalizar su intención de casarse. Esto ocurrió el 2 de agosto de 1935, a tiempo para que corrieran los trámites eclesiásticos de rigor. Cuando el párroco indagó por el consentimiento de paterno, don Abundio Téllez Girón y doña María Espinosa Herrera asintieron. Jesús declaró ser originario de Tezicapán, hijo de Bernardino Castañeda y de Margarita Porcayo, ambos difuntos. Una declaración creíble. Todo mundo sabía que era hermano del general brigadier Austreberto Castañeda Porcayo y que su domicilio era Río de la Loza 10, domicilio donde también vivían Rosario Castañeda Porcayo y Esperanza y Francisca, sus hermanas, más Leonor Berdeja, hija soltera de doña Margarita.

Jesus y Esperanza circa 1931

Por parte de la novia atestiguaron su identidad, religión y celibato los abogados Luis Pérez Reguera y Horacio Ramírez Reyes. Como testigos, acompañaron al novio Armando Madariaga, tipógrafo, quien declaró conocerlo desde que fueron compañeros de taller, y Rafael Rodríguez Berdeja, uno de sus tres hermanos por decreto cordial, quien declaró que conocía a Jesús “hacía cerca de veinte años, con motivo de haber vivido juntos desde Tezicapán”. Otra mentira creíble.

La boda se efectuó mediante las ceremonias civil y religiosa el 21 de agosto de 1935, día en que la novia cumplía 25 años. En el Registro Civil, Jesús declaró sus antecedentes en los mismos términos que lo hizo 19 días antes en la iglesia. La novedad más significativa fue el hecho de que sumara como testigos a Porfirio del Castillo, a Francisca Islas Vda. de Castañeda, su tía, a su primo Carlos Toribio Castañeda Islas; así como al doctor Gonzalo Castañeda Escobar, hermano de su padre y a su esposa, María Luisa Olea de Castañeda.

Austreberto, quien había acompañado a su hermano a pedir la mano de María Camerina, no estuvo presente en la boda. Se lo impidió una misión militar distante de Pachuca. Compensaron esta ausencia sus hermanas Soledad y Bertha quienes viajaron desde Orizaba y México, respectivamente. A Soledad la acompañaron Antonio Arana, su esposo, y su pequeña hija, María Teresa. Presumiblemente en esa ocasión Bertha llegó sola. Francisca, también presente, radicaba en Pachuca desde hacía cuatro años. Esperanza no sólo asistió: esa mañana vio salir a su hermano en traje de novio de la casa donde convivieron varios años.

Con motivo de la boda de Jesús, los hermanos Castañeda Zagal se reunieron en Pachuca nuevamente, alrededor de veinte años después. Sobre la escalera, en el plano intermedio, Bertha, Jesús y Esperanza; al frente, Soledad y Francisca. Al fondo, en el corredor de la casa de Río de la Loza 108, tras las flores de una maceta se aprecia a Camerina, a la sazón novia de Jesús, quien sostiene en brazos a María Teresa Arana, la primogénita de Soledad y de Antonio Arana —de corbata y saco blanco—, quien espera que fotografíen a los cinco hermanos.

Jesús y María Camerina fundaron una familia de cuatro hijos: Jesús Alejandro, Sergio, Hilda y Rolando, quienes nacieron entre 1936 y 1942. Durante casi veinte años la familia vivió en la casa que Jesús edificó en Río de la Loza, y en 1953 se mudó a las plantas superiores construidas en el mismo predio donde fundó El Arte Gráfico.

Desde un principio, El Arte Gráfico reflejó no sólo las inquietudes estéticas del impresor, sino también del grupo de amigos que la frecuentaba. Entre ellos, los poetas Bibiano Gómez Quezada, Genaro Guzmán Mayer y Rogelio Meraz Rivera; los periodistas David López y López y Ernesto R. Ahumada; Adrián Guerrero, editor de El Observador; Rafael Rodríguez Berdeja, impresor y periodista; Medardo Anaya Armas, pintor; Tomás Fonseca y el profesor Salvador Salgado.

Todos compartían un ambiente festivo y bohemio donde también hacían efervescencia inquietudes sociales y políticas. No es extraño, por tanto, que tres años después de fundar El Arte Gráfico surgiera el proyecto de hacer un periódico. Al respecto, en agosto de 2005 Anselmo Estrada Alburquerque, periodista pachuqueño, publicó un artículo que describe el nacimiento de Renovación: [1]

 

En 1936 nació en Pachuca un nuevo periódico con maquinaria más moderna que el vespertino El Observador. [Con] el empuje de combatientes revolucionarios y la técnica tipográfica de un entusiasta impresor: Jesús Castañeda Escobar, el coronel Porfirio del Castillo, el diputado constituyente de 1917, Rafael Vega Sánchez y Luis Ramírez Cruz crearon el periódico Renovación que, en sus inicios, fue dirigido por el último de los citados, autor del lema romántico digno de la época: “Acallad a la prensa y habréis amordazado al heraldo de la conciencia pública”.

Renovación

Los voceadores de Renovación

 

El lunes 6 de julio de 1936 apareció la primera edición de Renovación que, de semanario, se convirtió en pocos años en bisemanario y trisemanario, con seis v ocho páginas, secciones de información general, sobre todo política, así como de artículos editoriales y trabajos de poesía. La nota roja[2], que en ese tiempo no era tan prolífera como ahora, ocupaba en casos excepcionales la primea plana.

 

Hace 20 años, en entrevista, don Jesús Castañeda reveló que e! nombre de Renovación fue escogido porque en la década de 1930 no podían expresar libremente las ideas. Meses antes del nacimiento de Renovación había cerrado el periódico El Yunque, que dirigían Rafael Vega Sánchez y el coronel Porfirio del Castillo, un tanto porque resultaba incosteable y otro por las presiones políticas que ejercían funcionarios del gobierno del Estado y algunos caciques.

 

Por esa razón, los colaboradores de Renovación se afanaron por mejorar el periodismo informativo…

 

Los principales redactores en la etapa inicial fueron los integrantes de ese grupo. La función de gerente la alternaron varios de ellos y Jesús Castañeda fungió la mayor parte del tiempo como director y editor.

Renovación se formaba a mano. Tres o cuatro empleados levantaban —es decir, componían con tipos móviles de 8 y 10 puntos— los textos de noticias y columnas. Durante muchos años, el formador fue Vicente Ruiz Guijarro, El Loro. Federico Pérez fue uno de los cajistas. Multitud de originales informativos, literarios y de opinión salieron de la única máquina mecanográfica de que dispuso la redacción de El Arte Gráfico durante mucho tiempo: un regalo de Francisca, hermana de Jesús, quien la adquirió con el primer pago de sus salarios acumulados como secretaria de los Servicios Coordinados de Salubridad.

Al principio, los pliegos del periódico fueron producto de las prensas que soportaban el ramal donde cabían dos planas. Conforme la imprenta progresó, Jesús adquirió una prensa horizontal donde era posible imprimir cuatro planas a la vez.

Hacia 1940 Jesús compró el predio que le había alquilado a la señora Ángela Jiménez Cornejo Vda. de Mejía. Sólo durante un año pasó el taller a un local en la acera de enfrente, donde trabajó mientras edificó la planta baja, destinada a la imprenta, con sólidos cimientos y columnas, previstos para edificar después la casa familiar Castañeda Téllez Girón.

 

Madurez y estabilidad

 

Asombra la consistencia con la cual Jesús Castañeda fue alcanzando las metas que se propuso, sobre todo, si se toman en cuenta sus desventajosas circunstancias iniciales. Uno a uno, dio pasos que consolidaron el rumbo de su vida, su economía, su familia y su personalidad misma. Fue impresor porque se lo propuso. Pudo conformarse con eso, pero pronto cambió su condición de empleado para emprender su negocio. Su matrimonio fue para toda la vida, lo mismo que sus afectos y amistades.

La pobreza de sus primeros años fue material, no moral; luego, tuvo bases para ser esencialmente un constructor. La carencia de afecto durante su infancia no canceló su capacidad de dar y recibir amor. La falta de escolaridad no derivó en limitaciones; supo aprovechar las oportunidades que tuvo. El abandono y el maltrato no amargaron su carácter; mostró siempre un talante festivo y sonriente, pleno de ingenio y sentido de humor para convivir con familiares y amigos. La dureza disciplinaria no lo curtió; si bien fue un padre y un patrón estricto, a la postre revelaba su empatía y su disposición a comprender.

Un día apareció por Pachuca una mujer que tuvo noticias de que allí vivían Esperanza, Jesús y Francisca, y fue a buscarlos. Se llamaba Guadalupe Zagal. Ignoramos los pormenores; sólo sabemos que Jesús fue el primero en negarse a verla. Lo mismo hicieron sus hermanas. Este rechazo fue congruente con una renuncia previa en lo profundo de su corazón y con su silencio absoluto sobre todos los episodios de su infancia.

En el curso de su vida, Jesús Castañeda se sobrepuso a otros tragos amargos. La inundación que sufrió la ciudad de Pachuca el 24 de junio de 1949 fue uno de ellos. Ese día, la familia Castañeda Téllez Girón andaba de paseo por Puebla para celebrar el onomástico de Jesús, fiesta movible que coincidió con el día de San Juan.

Hacia las cinco de la tarde comenzó el aguacero. Durante varias semanas Pachuca había sufrido una acusada sequía, de manera que parecía una bendición la lluvia que derivó en tromba. En los cerros del norte se generó un caudal cuyo cauce debió ser el río de las Avenidas, convertido entonces en un ducto acanalado que cruzaba la ciudad de norte a sur. Nadie se dio cuenta que el cauce estaba obstruido con la lenta acumulación de basura y desperdicios arrojados desde el mercado Benito Juárez, punto donde se desbordaron las aguas. La corriente borrascosa se encauzó por las calles aledañas, Hidalgo y Allende, principalmente.

A cincuenta metros de la zona oriente del mercado, los empleados de El Arte Gráfico vieron cómo el nivel del agua comenzó a subir; bajaron la cortina metálica y ascendieron por la rampa que utilizaban los albañiles. Desde la planta alta observaron cómo la calle de Allende se convirtió en río que arrastró personas y puestos aledaños al mercado.

Los Castañeda Téllez Girón estaban en pleno festejo cuando Jesús recibió la noticia. Regresó de inmediato. La imprenta sufrió serios daños. Quedaron averiados los motores de las máquinas impresoras que estaban a ras del piso. De esta forma, el acontecimiento que en Renovación debió ser la gran noticia, fue la causa que anuló las condiciones materiales para publicar el periódico.

El hueco informativo que Renovación dejó, lo ocupó al día siguiente El sol de Hidalgo, cuyo primer número, impreso en México, apareció al día siguiente con textos e imágenes sobre el desastre.                                                                                                                              

Renovación luchó por mantener su sitio en la preferencia de los lectores, pero la competencia fue avasalladora. Con ánimo de modernizar la imprenta y continuar en competencia, Jesús adquirió un linotipo; recurso que dotó al periódico de mayor inmediatez entre los hechos y la publicación de las noticias. Para ello, Gabriel Castelán, el linotipista, ponía todo su empeño, pero con el tiempo Renovación fue decayendo. Después de haber sido diario, volvió a ser bisemanario, luego semanario y publicación irregular. Los propios colaboradores decían que terminó siendo un periódico religioso porque salía cuando Dios quería. La edición postrera apareció en 1970.

 

Los frutos otoñales

 

El paso del tiempo consolidó a El Arte Gráfico como imprenta para todo orden de publicaciones. Por otra parte, fue la escuela donde aprendieron el oficio los hijos y varios sobrinos de don Jesús.

Entre las decenas de miles de impresos que ha producido es posible destacar un tema recurrente: la difusión sobre la vida y obra de los ancestros Castañeda. Como ejemplos significativos conviene mencionar el folleto in memoriam sobre el licenciado Amador Castañeda Jaimes en su tercer aniversario luctuoso; el obituario sobre el general Austreberto Castañeda; la síntesis biográfica del doctor Gonzalo Castañeda Escobar y en los tres años recientes —2011-2013—, las ediciones progresivas del libro que contiene el manuscrito de don Juan Castañeda Popoca y el Diccionario Castañeda, la primera de las cuales constó de 200 entradas y la más reciente, de 430.

Otro aspecto de la consolidación de su vida consistió en poner en orden su patrimonio. En el caso del predio donde fundó su imprenta y su casa, con todo y haberlo adquirido desde el decenio de los cuarenta, don Jesús formalizó la escritura correspondiente más de cuarenta años después, el 9 de enero de 1985.

Acaso lo hizo porque conforme avanzaban los años sintió minada su salud. Lentamente disminuyeron las manifestaciones de su gusto por la vida, fiestas, comidas y tragos con amigos; bromas, risas y coches. Su primer automóvil lo adquirió en los cuarentas, y una de sus satisfacciones era renovarlo, no tanto porque hubiera caído en el consumismo de poseer últimos modelos, sino porque hubo años en que le gustó un modelo en particular.

Tuvo la satisfacción de ver a sus cuatro hijos casados, así como de convivir con sus nietos y de celebrar sus bodas de oro más tres años adicionales. Sus últimos meses de vida estuvieron afectados por un carcinoma que se le extendió sobre las vías respiratorias.

Jesús Castañeda Escobar [Zagal] murió en Pachuca, el 7 de abril de 1989.

 

Este trazo biográfico se nutre de la historia oral que nos han legado Esperanza Castañeda Zagal (1905-1993) Enriqueta Rodríguez Berdeja (1909-1991), Miguel Rodríguez Berdeja (1912-1990), Francisca Castañeda Zagal (1912-1998), Jesús Alejandro Castañeda Téllez Girón y de manera relevante, Margarita Castañeda Rivera.

Rafael Rodríguez Castañeda

Montaje en ancestroscastañeda: Ricardo Castañeda Guzmán


[1].  Anselmo Estrada Alburquerque 7 de agosto de 2005, Milenio Hidalgo, p. 12.

[2]. Periodismo especializado en dar cuenta de accidentes fatales, delitos y asuntos policiales.


[1]. Siglas de la Confederación Regional Obrero Mexicana.

[2]. Siglas de la Confederación de Trabajadores de México, surgida en 1936.


[1]. Leopoldo Castañeda Jaso (n. Ago. – m. 28 Oct. 1888).

Identificación de diputados Legislatura que acompañó al gobernador del estado de Hidalgo Pedro L. Rodríguez,

El 21 de octubre de 2013 publiqué en este blog un espléndido grupo de fotografías de la antigua Pachuca, Hidalgo. La mayoría de estas imágenes fueron capturadas por el famoso fotógrafo pachuqueño José Bustamante Valdés alrededor de 1910.

El link de ese artículo es https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2013/10/21/fotos-antano-pachuca-hidalgo-mex/  Ahí explico la forma en que conseguí estas valiosas imágenes.

Cuando uno se embarca en una investigación o empieza hacer preguntas, en muchos casos surge la oportunidad de conocer y conversar con especialistas de varias profesiones cuyo conocimiento y buena voluntad hacen la búsqueda aun más interesante y enriquecen los resultados. Esa feliz experiencia me ocurrió con el abogado pachuqueño Raúl Arroyo. Presidente de la Comisión estatal de los Derechos Humanos del Estado de Hidalgo. 

Soy de la opinión de que solamente una persona que mantiene en gran estima a la gente de su pueblo merece ocupar un puesto que contiene las palabras “Derechos Humanos”.

Por razones de distancia geográfica todavía no lo conozco personalmente. No obstante, gracias a la amistad que lleva con mis familiares y a la correspondencia vía Internet he tenido el placer de tratarlo.  Mientras llega el día en que tengamos oportunidad de estrecharnos las manos, hemos dialogado sobre un interés común: la historia del estado de Hidalgo, en particular, la de Pachuca, y los personajes que le han dado lustre a través de los siglos.

Hace unos días, Raúl Arroyo me hizo llegar una lista que identifica a los personajes que aparecen en una de las fotografías que publiqué, y que ocuparon un sitio en la Legislatura del estado de Hidalgo con el gobernador  Pedro L. Rodríguez.  La foto a la cual me refiero es la siguiente.

 

Pachuca, Hidalgo. Primera Legislatura del gobierno del Sr. Pedro L. Rodríguez

 

De pie, de izquierda a derecha:

 

1.  Dip. Jesús Rodríguez

2.  Dip. Luis Hernández

3.  Dip. Lic. Enrique Barredo

4.  Dip. Lic. Miguel Lara

5.  Dip. Bernabé Bravo

6.  Dip. Lamberto Revilla

7.  Dip. Fortunato Andrade

8.  Dip. Ing. Eduardo Fernández

9.  Sr. Ramón Rosales, oficial mayor del Congreso.

 

Sentados,  de izquierda a derecha:

 

10. Dip. Ing. Carlos F. de Landero

11. Lic. Francisco Hernández, secretario general de gobierno

12. Sr. Pedro L. Rodríguez, gobernador del estado

13. Dip. Lic. Ignacio Durán

14. Dip. Lic. Carlos Sánchez Mejorada.

 

El licenciado Raúl Arroyo mantiene su propio sitio de red www.raularroyo.com el cual he visitado varias veces.  Cuando navegué por allí, encontré artículos que me llamarón la atención.  Uno titulado; El General Frijolito y otro,  Luis F. Rodríguez Raz Guzmán, administrador del cementerio.  El cementerio al cual se refiere este artículo no es otro que el panteón municipal de Pachuca, Hidalgo, cuya fachada fue motivo de otra de las fotografías de Bustamante, tomadas en 1910.

Por ahora no agregaré detalles de esas historias, solo daré un dato que indirectamente se asocia a Luis F. Rodríguez Raz Guzmán: Miguel, el menor de los hijos de don Luis se casó con Francisca Castañeda Zagal, un ancestro Castañeda.

Ricardo Castañeda Guzmán

Editor: Rafael Rodríguez Castañeda

 

Fotos antaño Pachuca, Hidalgo, Mex.

Ricardo Castañeda Guzmán

21 octubre, 2013

En muchos casos, cuando se busca se encuentra.

Durante los últimos dos o tres años he llegado a reconocer que a partir de la invención de la fotografía y los consecuentes años, a muchos de mis ancestros les gustaba ir a estudios con el propósito de retratarse.  Uno de los estudios fotográficos de  Pachuca que frecuentaban era el de José Bustamante Valdés.  La cámara captaba su imagen en sus mejores vestiduras y  sin hacer sonrisas.  Después mandaban hacer copias, y dedicándolas con cariño se las enviaban u obsequiaban a sus amistades, seres queridos o familiares.

La foto o retrato era montada dentro de  un cuadro de cartón que tenía la siguiente información impresa en bajorrelieve; Fotografía Artística  J. Bustamante Valdés, 4a de Matamoros Número 1, Pachuca.  Algunas de las veintisiete fotos y retratos que serán presentadas más adelante exhibirán este detalle.  Conforme pasó el tiempo, José Bustamante Valdés tuvo descendencia porque se añadieron dos palabras en los marcos: … e hijo.

En el proceso de  saber más sobre este fotógrafo Pachuqueño, me enteré que por descendencia tuvo  una nieta llamada Josefina Bustamante Paz cuya situación o paradero desconozco.  Aparte de desear el privilegio de conversar con ella,  me gustaría saber si nos pudiera decir algo sobre la vida y trabajo de su abuelo José Bustamante Valdés.  Hay pocas publicaciones con pedacitos de historia sobre este gigante de la fotografía Mexicana, pero en mi opinión, están ligeramente escritas y al mismo tiempo no se encuentran muy disponibles al público.  Sí algún lector nos pudiera dirigir hacia una biografía llena de buena y substantiva información sobre él, pido que comparta esta información dejando un comentario.

Es posible que José Bustamante también tuvo un estudio en Puebla porque en mi posesión tengo un retrato de mi tío tatarabuelo, el Dr. Gonzalo Castañeda Escobar la cual tiene una dedicatoria a su esposa Teresa.  En la parte trasera está impreso un logo que dice: Fotografía Americana, Bustamante, Calle de La Independencia Núm. 2, Puebla.

Las veintisiete fotos a las cuales me refiero están dentro de la Nettie Lee Benson Latin American Collection, Universidad de Texas en Austin, U.S.A.  En esta biblioteca se encuentra la colección titulada Photographs of  Pachuca, Hidalgo, México y la marcan circa 1910.  Las fotos son de 8 X 10, en blanco y negro y montadas.  Estas fotos fueron tomadas por varios fotógrafos, pero en gran parte se le da crédito a José Bustamante Valdés (fotografía artística).  Los varios fotógrafos pudieron haber sido sus empleados.  A través del tiempo estas fotos llegaron a ser del dominio público y así es como las adquirí, sin ningún costo.  Siendo éste el hecho, ahora las comparto con quien llegue a visitar este blog.

Las imágenes son de edificios de gobierno, monumentos, haciendas de beneficio, minas y vistas panorámicas.  La resolución en estas fotos es excelente debido a que están en formato TIFF, dándonos la oportunidad de magnificación para poder leer  rótulos en las paredes de ciertos edificios y acercarnos más hacia los rostros de los personajes y ver ciertas cosas en más detalle.  Siendo muy pesado el formato TIFF, WordPress solo me dejo montarlas en JPEG, pero aún así, con su sistema de HD (Alta Definición) la resolución es excelente.

La información que se puede adquirir sobre estas fotos es limitada.  Solo conseguí las fotos.  Lo único más que llegué a saber sobre este archivo, es que la lista fue compilada el 26 de agosto, 1980 y la información básica reescrita en octubre de 1995.

Para mí estas fotos son muy representativas de un Pachuca que yo conocí hace más de sesenta años y me trasladan a una ciudad de la cual durante mi niñez solo conocía diez cuadras.  Cuando soplaban los vientos de esta ciudad conocida como La Bella Airosa, tenía que cubrirme la boca para no respirar  el polvo, pues existían más terrenos que edificios.

Ahora el cemento no solo corre hacia Tizayuca, sino también  hacia los cerros dando la impresión que los está ahogando.  En esos cerros buscaba chilitos de cacto, camaleones y lagartijas.  Hablando de “animalitos”, tengo recuerdos de cuando se venían las numerosas lluvias y yo encontraba cantidades de “ranitas” dentro de los charcos en los terrenos donde ahora se encuentra el Palacio de Gobierno.  En esos campos de tierra y piedra también jugaba el Club de Fútbol Pachuca.

Cuando las lluvias se volvían aguaceros y todavía corrían las aguas por las calles de Guerrero, las banquetas estaban muy altas, desde estas alturas dejaba flotar mis barcos hechos de papel, pues mi padre ocupaba un portal en el Mercado de Barreteros donde vendía telas, rebozos, ropa y zapato minero[1].

Dejando los recuerdos a un lado, las fotos están tituladas:

1       Pachuca. Vista al noroeste.

2       Pachuca. Vista de norte a sur.

3       Pachuca. Vista: sur-suroeste.

4       Pachuca. Vista al oeste.

5       Pachuca. Vista al norte y parte del este.

6       Palacio de Gobierno, Pachuca.

7       Diez miembros de la Primera Legislatura del Estado de Hidalgo.

8       Primera Legislatura del Gobierno del Sr. Rodríguez, Pachuca.

9       Palacio de Justicia: entrada.

10    Monumento a Hidalgo, Pachuca. “Al benemérito Miguel Hidalgo, que proclamó que proclamó la independencia de México el 16 de setiembre de 1810.”

11    Banco “Hidalgo.” Pachuca.

12    Teatro Bartolomé de Medina, Pachuca. Fachada.

13    Torre Del Centenario.

14    Parque “Porfirio Díaz.” Entrada.

15    Instituto Literario, Pachuca. [Fondo: “Observatorio Meteorológico”]

16    Portada del Panteón Municipal, Pachuca.

17    Hacienda de Beneficio “La Blanca.”

18    Hacienda de Beneficio “Guadalupe.”

19    Hacienda de Beneficio “Purísima Grande.”

20    Hacienda de Beneficio “San Francisco.” Pachuca.

21    Hacienda de Beneficio “Sta. Gertrudis.” Pachuca.

22    Mina “Barrón.” Pachuca.

23    Mina “S. Juan La Blanca.” [Con la fecha, 28 abril 1910.]

24    Mina “La Dificultad.” Real de Monte. Hidalgo.

25    Mina “El Pabellón.” Pachuca.

26    Mina “Sta. Gertrudis.” Pachuca.

27    Mina “El Xotol.” Pachuca.

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 Usando el mouse  la foto  se puede aislar magnificar y desplazar.

Pachuca. Vista al Noroeste

En esta foto podemos ver hacia centro, cargado hacia la derecha el Instituto Científico Literario y Autónomo con su torre de Climatología, parte del cerro de San Cristóbal y La Torre del Centenario (Reloj de Pachuca), ambos también hacia el lado derecho.

Pachuca. Vista de Norte a Sur

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Pachuca. Vista Sur, Sureste

El domo del Convento de San Francisco y parte del valle de Tizayuca son muy visibles en esta foto.

Pachuca. Vista al Oeste

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Pachuca. Vista al Norte y parte del Este

Mejor vista hacia el cerro de San Cristóbal.

Pachuca. Palacio de Gobierno

Desfile ante el Antiguo Palacio de Goberno, Pachuca, Hidalgo

Primera Legislatura del Estado de Hidalgo

Gracias al Licenciado en Derecho Raúl Arroyo, Presidente de la Comisión de Derechos Humanos, podemos saber que esta foto es de 1869 donde se pueden ver los diputados federales por el Estado de México que integraban la legislatura que erigió el estado de Hidalgo. Entre ellos están los que después serían sus dos primeros gobernadores, Antonio Tagle y Justino Fernández, y el principal precursor, don Manuel Fernando Soto.

Pachuca. Primera Legislatura del gobierno del Señor Rodríguez.

Nuevamente dando gracias al Licenciado en Derecho, Raúl Arroyo, encontramos a los diputados integrantes de la legislatura local antes de la Revolución, con el gobernador Pedro L. Rodríguez.  Sentados están, de izquierda a derecha el diputado Ingeniero Carlos F. de Landero y Castaños, director también de la Compañía de Real del Monte y Pachuca; Licenciado Francisco Hernández, secretario federal de gobierno; el gobernador; y en el extremo el Diputado Licenciado Carlos Sánchez Mejorada Sr.  De pie, en el extremo derecho, don Ramón Rosales, oficial mayor del Congreso.  Los demás en la fila son Diputados.

Pachuca. Palacio de Justicia

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Pachuca.  Monumento a Hidalgo

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Pachuca. Banco de Hidalgo.

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Pachuca. Teatro Bartolomé de Medina

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13 (2)

Pachuca. Torre del Centenario (Reloj de Pachuca).

El reloj de Pachuca, es mi favorito monumento de Pachuca.  Este acompañante que ha sido símbolo del centro de Pachuca por muchos años está siendo puesto a un lado de la misma conforme ella crece.  Pero como si tuviera alma yo la siento mucho en mi corazón, pues yo jugaba en sus pisos de mármol durante mi infancia.

Pachuca. Parque Porfirio Díaz

El Licenciado en Derecho Raúl Arroyo también nos dice que el parque se construyo en las huertas del convento de San Francisco a mediados del siglo XIX, luego se le puso el nombre del presidente, pero al triunfo de la Revolución se le cambio por el de Hidalgo, el nombre que conserva hasta hoy.

Pachuca. Instituto Literario

Este instituto ahora es nombrado La Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, UAEH.

Pachuca. Portada del Panteón Municipal

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Pachuca. Hacienda de Beneficio La Blanca.

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Pachuca. Hacienda de Beneficio “Guadalupe”

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Pachuca. Hacienda de Beneficio “Purisima Grande”

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Pachuca. Hacienda de Beneficio “San Francisco”

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Pachuca. Hacienda de Beneficio “Santa Gertrudis”

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Pachuca. Mina “Barrón”

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Pachuca. Mina “San Juan La Blanca”

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Real del Monte. Mina “La Dificultad”

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Pachuca. Mina “El Pabellón”

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Pachuca. “Mina Santa Gertrudis”

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Pachuca. Mina “El Xotol”

Espero que estas fotos hayan sido de agrado para el lector tanto como son para mí.

Doy gracias a la Biblioteca Nettie Lee Benson, Universidad de Texas en Austin, USA por esta colección, el Licenciado en Derecho Raúl Arroyo por su valiosa información y a mi primo Rafael Rodríguez por aclarar unos detalles.

Ricardo Castañeda

 

Continuación Fotos antaño Pachuca, Hidalgo, México.

Septiembre 2016

 

Fotógrafo José María Bustamante Valdés

 

Gracias al comentario en Word Press fechado 2 septiembre 2016 de Eduardo Bustamante Ramos, Fotos antaño Pachuca, se nos facilita saber más sobre su bisabuelo, el famoso fotógrafo Mexicano José Bustamante Valdés quien nos rindió muchas de las fotografías previamente vistas.

 

El acta de bautizo 9 Marzo1860 de la iglesia de San Miguel, Orizaba, Veracruz, México, nos informa que su nombre cristiano fue José María de Jesús Bustamante Valdés y que sus padres fueron don Antonio Bustamante y doña María De Jesús Valdés.

 

Cortesia familysearch.org

Cortesia familysearch.org

 

Don Antonio y Doña María tuvieron dos hijos; José (1860-    ), y Francisco (1864-1917) quien también fue un pionero de la fotografía Mexicana. Después de que ambos ganaran un primer premio en fotografía en Francia, 1900, los hermanos decidieron partir camino; uno a Pachuca y otro hacia Puebla

 

Dentro de su información, Eduardo nos dice que José contrajo matrimonio con Rutila Huerta García y tuvieron un hijo por nombre de David Bustamante Huerta, quien como su padre también fue fotógrafo y continuó con el estudio Bustamante en la calle de Matamoros.

 

David nació en 1891 y a su crédito inventó el equipo para tomar fotos instantáneas (9 Diciembre 1932) de 5 imágenes en tira. Conforme los censos de México 1930 se pueden notar los nombres de sus hijos cual tuvo con Josefina Paz Díaz originaria de Cuba. Vivían en la calle de Matamoros numero 9 donde los estudios se ubicaban.  Igualmente aparece el nombre de Rutila Huerta viuda de Bustamante.

 

Cortesia Familysearch.org

Cortesia Familysearch.org

 

Carlos Bustamante Paz, hijo de David y Josefina, y padre de Eduardo Bustamante fue dibujante desde niño en Pachuca, publicista en varias empresas, y se cuenta con numerosos dibujos de él. Se dedicó más a filmar películas de 8mm y súper 8 cual material esta en manos de sus descendientes. También fue representante de Walt Disney en México desde 1956 hasta su fallecimiento en 1980.

 

Eduardo Bustamante orgullosamente es el poseedor de una pintura original por su bisabuelo José María De Jesús Bustamante Valdés quien también fue pintor. La imagen puede ser vista cuadro #48 dentro del archivo .pptx que Eduardo fue tan amable de enviarme, el cual me ha permitido compartir con los lectores de esta publicación.

 

fotos-fam-bustamante-a-julio-2010

Favor hacer clic.

 

Diapositiva correspondiente:

 

#10 En la parte trasera junto al general quien al lado de la rueda esta David Bustamante Huerta.

 

#11 y 12 pirámide Teotihuacán y banda musical, tomados por David Bustamante.

 

#30 Familia Bustamante Paz, David Bustamante Huerta avanzado de edad.

 

#34 y 35 Titulo de España correspondiente a la familia Bustamante Paz.

 

#53 a 58 Carlos Bustamante Paz.

 

#64 Carlos y Graziella, padres de Eduardo Bustamante

 

#67 Eduardo en playera anaranjada con sus hermanos.

 

El resto de imágenes representan información y extensión familiar.

 

 

 

Ricardo Castañeda Guzmán

[1] Zapato nombrado con el minero en mente

New Mexico, (Nuevo México)

 

Cinco días en New Mexico

Ricardo Castañeda Guzmán

 

2 de Abril de 2013

Prólogo

Mi esposa Virginia y yo compartimos el interés por saber quiénes fueron nuestros ancestros y de dónde vinieron. Igual que yo, ella se ha dedicado a investigar su propia genealogía. Mientras mis búsquedas me han llevado principalmente hacia Zacualpan, estado de México, las suyas esta vez la atrajeron hacia el estado de New Mexico, EE.UU.

Virginia planeó un viaje de dieciséis días para hacer un recorrido de investigaciones ancestrales y visitas a familiares que tiene en diferentes lugares de ese estado.  Debido a mis obligaciones solamente pude acompañarla cinco días.

Mis días de visita fueron durante la semana santa, del jueves 28 de marzo al 1º de abril de este 2013.  Hice el viaje pensando solamente en que disfrutaría unos días de relajación.  Pero con todo lo que llegué a saber y conocer, ¡qué sorpresas me llevé!

Primer día, jueves 28

Bandera de New Mexico

Llegamos a Albuquerque, New Mexico hacia la una de la tarde. Nos alojamos en el Hotel Albuquerque porque aparte de su comodidad está situado a cinco cuadras de un antiguo centro nombrado “Old Town”.[1] Una vez instalados en el hotel y bien alimentados, decidimos pasear por los alrededores.

Como en muchas plazas antiguas, hay un kiosco (pabellón) en el centro del jardín.  Hacia una dirección se pueden ver astas con varias banderas. Recuerdo tres de ellas: las Estados Unidos, New Mexico y México.

Sabemos que la bandera de los Estados Unidos tiene cincuenta estrellas y trece barras que representan los cincuenta estados y las trece colonias.

La tricolor bandera mexicana, verde, blanco y rojo, representa la esperanza, la unidad, y la sangre de los héroes nacionales o, la gloria, la paz y la guerra en ese mismo orden. Sobre el lienzo blanco aparece el escudo nacional: un águila sobre un nopal, devorando una serpiente, señal donde los aztecas debían fundar su ciudad, que encontraron tras un largo peregrinaje, en medio del lago que existió en el valle de México, en 1325.

La bandera de New Mexico es rojo sobre amarillo. Estos colores eran representativos de España en el nuevo mundo. En el centro vemos un círculo con cuatro rayos sobresalientes. Estos, a su vez, irradian cuatro rayos cada uno.  Los Zia, originarios de esta región, eran o son del pensamiento que su donador les daba todo en grupos de cuatro. El número cuatro era muy significativo para ellos.  Cada uno de los cuatro regalos principales entraña cuatro regalos:

Bandera del estado de New Mexcio, U.S.A.

Los cuatro puntos cardinales: norte, sur, este y oeste.

Las cuatro estaciones: primavera, verano, otoño e invierno.

Las cuatro partes del día: amanecer, mediodía, tarde y noche.

Las cuatro partes de la vida: niñez, juventud, madurez y viejez.

El círculo en el centro representa vida, amor y eternidad sin principio y sin fin.  Este mismo cuerpo esférico sostiene los cuatro regalos principales del donador.

Nota: New Mexico es el único estado en los E.E.U.U. que reconoce el español y el inglés cómo lenguas oficiales.

Iglesia San Felipe de Neri

Por tres calles alrededor de esta plaza, existen establecimientos comerciales orientados hacia el turista y restaurantes que sirven comida típica de esta región. Al atravesar la cuarta calle hacia el norte está la iglesia católica San Felipe de Neri.

En 1706 Francisco Cuervo y Valdés fundó Albuquerque. Así abrió el camino para la construcción de esta iglesia, que se completó en 1719.  La iglesia original estaba situada al noroeste de la plaza.  El material principal para construir en esos tiempos, como aún ocurre, era el adobe.  Esto  explica por qué las lluvias torrenciales y las inundaciones debidas al desbordamiento del Rio Grande la destruyeron en 1792.  La nueva construcción de la iglesia empezó en 1793 en el sitio donde ahora se encuentra.

Iglesia católica San Felipe de Neri

Aparte de lo interesante que resultan esta iglesia y su historia, me llamó la atención un pequeño detalle: su nombre. Mis sextos abuelos, Alejandro Marcos de Castañeda de Labra y María Antonia Josefa Popoca Sáez, tuvieron cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres: María Guadalupe, n. 1808; María Tomaza, n. 1810; Juan Francisco, n. 1816, y Juan Felipe Neri, 1820.  Todos, originarios de Zacualpan.

Rotulo iglesia católica San Felipe de Neri fundada 1706

El siguiente link muestra la descendencia de Juan Francisco Castañeda Popoca, uno de mis ancestros, quien nació en 1816:

https://ancestroscastaneda.wordpress.com/2012/10/

Juan Francisco fue el hermano de Juan Felipe Neri y mi re tatarabuelo. De él muestro también un daguerrotipo.

Interesado en saber más sobre San Felipe de Neri encontré este artículo en Wikipidea en español.  Facilito el link:

http://es.wikipedia.org/wiki/Felipe_Neri

Recorrido fantasmal

Una de las atracciones turísticas que ofrece este pueblo viejo es un recorrido en grupo para visitar ciertos lugares donde según la leyenda, se han manifestado fantasmas y espectros.

Como que si hubiéramos recibido una invitación personal de Drácula, después que se metió el sol y salió la luna, Virginia y yo nos unimos con otras personas en el sitio designado para empezar este viaje espantoso.  Tenía  toda la intención de tomar fotos, pero el narrador empezó a desarrollar sus cuentos macabros con tal amenidad que atrapó mi atención como polilla atraída por la luz.  Solamente tomé una foto.

El guía nos enseñó los sitios donde los disgustados del otro mundo se aparecían.  En orden de aparición, estos fueron:

Un cowboy que era muy ratero y surgía en forma transparente con un hoyo grande en su abdomen.

Una tienda donde había fuerzas paranormales  que descombraban toda la mercancía, pero colocaban ciertas cosas formadas en línea recta y a distancia uniforme.

Una tienda que era cantina y burdel, donde una bella pelirroja ofrecía sus servicios. La belleza de esta mujer no sólo atrajo los deseos de los hombres, sino también los celos de otras mujeres igualmente interesadas en hacer su dinerito.  Una noche mientras esta hermosura descendía las escaleras, una de sus compañeras de profesión sacó un cuchillo y casi la rebanó en mitad.  Dicen que esta pelirroja se ha dejado ver desnuda en el porche, arriba de la tienda.  ¡Tristemente no hubo fotos comprobantes!

Un árbol donde colgaron a un enterrador por haberse robado el reloj del difunto que iba a enterrar. Dentro de una tienda que esta junto a este árbol, se oían pasos en la noche, hasta que cortaron la rama donde ahorcaron a este individuo.  La justicia era veloz en esos tiempos.

En una capillita (a la que me referiré más adelante) que está dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe, y cerca de la iglesia de San Felipe, corre palabra que salía una figura negra vestida como monja, especialmente cada vez que había un desastre en los Estados Unidos.  Por ejemplo, el once de septiembre 2001.

Un establecimiento que era restaurante durante la época de los gangsters, donde un individuo de mala reputación balaceó a su novia que trabajaba ahí.  Esta rata le borró la vida simplemente porque la maltrataba y ella le dijo que lo dejaría. La desafortunada era muy meticulosa y limpia. Los empleados decían que de vez en cuando encontraban los trastes limpios y todo muy acomodado. Nadie sabía quién hacía la limpieza.  Hmm… ¡cómo me gustaría tener uno de estos fantasmas!

En el área donde estaban unos establos, los novios acostumbraban echarse cómodamente sobre la paja a besarse.  Una vez una señorita encontró a su infiel besando a otra.  Descontrolada por su furia, los atacó con hacha en mano.

En la siguiente, donde saqué la única foto, podemos ver una puerta.  La charla dice que en ese lugar los hombres de alta sociedad tocaban la puerta para entrar a un prostíbulo.  Era una entrada discreta, situada en un callejón oscuro. Una noche dos jóvenes andaban con sus tablas de patín.  Cuando pasaron por ahí ¡Kabum!, la puerta se abrió explosivamente y salió una mujer por el aire a gran velocidad hacia ellos. El rostro de esta mujer era cadavérico, con carne transparente.

Puerta fantasmal

Al volver al sitio donde empezamos nos dijeron que estábamos parados sobre lo que era el antiguo panteón. Cuando llovía mucho y el rio se derramaba, sus aguas se llevaban mucha tierra.  En las aguas residuales se podían ver dedos, cráneos y partes de cuerpos y esqueletos sobresaliendo de la tierra.

Al fin del recorrido pregunté si la llorona, el cucuy, y la mano negra habían llegado por estas partes. Me dijeron que no, ¡mala suerte!  De todas maneras este tour valió cada centavo de los quince dólares de admisión que pagamos por cabeza.  Después de un buen café de Starbuck y una sopaipilla poco caliente con canela y almíbar de fresa, se me calmaron los nervios y olvidé todos los sustos. Estaba listo para el siguiente día.

Segundo día, viernes 29

Madrid

Madrid está 45 millas al noreste de Albuquerque. El estado de New Mexico reconoce al pueblo de Madrid por su nombre como palabra grave (no aguda). Al pronunciarlo enfatizan la primera sílaba: MAD-rid.

En este pueblo nació Alejandro Gonzales Leal, padre de Virginia. Camino hacia Madrid notamos que el paisaje cambiaba de un momento a otro entre arena, piedra y cepillo sabio a unos sitios hermosos donde existen valles llenos de enebro.  Sobre estos valles se ven montañas que están a gran distancia.  Gracias a la altitud y a lo retirado que nos encontrábamos de las ciudades, respirábamos aire más limpio y ligero.

Alejandro nació en Madrid, New Mexico el 19 de julio de 1930, y fue bautizado el 3 de agosto del mismo año en la iglesia de Guadalupe, en Peña Blanca, New Mexico.  Le pusieron por nombre Alejandro Gonzales Leal, hijo legitimo de Herminio Gonzales y Petra Leal.

Alejandro Gonzales Leal (1930-1951)

Herminio, su padre, trabajaba en las Jones mines donde extraían carbón que utilizaba el tren de pasajeros.  El tipo de carbón extraído de esas minas hacía combustión con mayor limpieza.  Podemos verlo siendo el tercero hacia izquierda, esquina superior derecha.

Herminio Gonzales at Jones mines

Como todo en la vida, nada rinde para siempre: las minas se agotaron, cerraron y la gente tuvo que buscar otra manera de vivir.  La familia Gonzales buscó otra actividad en Los Ángeles, California, donde Alejandro conoció a Mary Fraijo. Contrajeron matrimonio en 1951 y Virginia nació en 1952.

Tristemente, padre e hija nunca cruzaron vista. Alejandro perdió su vida en el conflicto entre los E.E.U.U. y Corea del Norte el 20 de septiembre 1951.

Hotel Castañeda, Las Vegas, New Mexico

Satisfechos de haber visitado y visto el pueblo donde nació el padre de Virginia, seguimos nuestro curso hacia el este. Nuestro siguiente destino era el Hotel Castañeda, en Las Vegas, New Mexico.

Tuve noticia de este hotel a través del internet, pero ¡que coincidencia! que después de haber sido espantado en Old Town, los espectros me iban a seguir a Las Vegas.

http://www.sgha.net/nm/lasvegas/hcas.html

En realidad, mi interés principal era saber cómo este hotel llegó a ser nombrado Castañeda.  Llamé a la Cámara de Comercio de Las Vegas, y una amable secretaria  me mandó links que contenían más información, pero aún con toda su ayuda, mi pregunta todavía no obtenía respuesta.

Al llegar a nuestro destino, la vista inmediatamente me dijo que éste hotel está prácticamente a un paso de ser completamente abandonado.

Decidí caminar por sus alrededores y empecé a tomar fotos.  Escuchaba voces que procedían de una puerta abierta. Quise investigar. En el interior econtré no con fantasmas, sino con unas damas que hacían un tipo de limpieza.  Les pregunté si sabían cómo es que este hotel se llamaba Castañeda. Una señora me dijo que lo bautizaron en honor a Pedro de Castañeda, principal historiador de la expedición de Coronado, ocurrida en 1540.  El siguiente link amplía lo que me dijo:

http://hdl.handle.net/1903.1/14126

El hotel abrió sus puertas en 1899 y las cerró en 1948. Ahora está en venta por el precio de Dlls. $ 1.5 m.

Pregunté si podía sacar fotos del interior. Me dijo que no. Le di las gracias, y procedí hacia la estación de ferrocarriles Amtrac, adyacente al hotel.

Hotel Castañeda,Las Vegas, NM 1

   Hotel Castañeda,Las Vegas, NM 2

Hotel Castañeda, Las Vegas, NM

Excursión Hotel Castañeda

 

 

Estación Amtrac, ferrocarriles de Santa Fe, Las Vegas, NM

Esta estación fue construida en 1899 y renovada en 2003.  Todavía ofrece  servicios de transporte, y no muestra señales de estar al paso del olvido.

Estación ferrocarril, Las Veg

Estacion ferrocarril, Las Veg

Se nos estaba acabando el día y decidimos regresar al hotel, no sin antes parar en Santa Fe con el propósito de comer en un buen restaurante mexicano.

En Santa fe no encontramos algo inmediato que nos llamara la atención. Pregunté a un señor que fue amable en recomendarnos Maria’s de Santa Fe, un restaurante Mexicano ubicado cerca de la esquina de Córdova Road y Saint Francis Road.

No mintió cuando me dijo que servían buena comida mexicana y excelentes margaritas. Siempre he sido parcial hacia el “New Mexico chili”. Ordené unas enchiladas rojas.  El chile fue servido sobre dos tortillas de maíz azul  que tenían pollo deshebrado en medio, junto con frijoles de olla y arroz al lado. Aunque para mi gusto el arroz estuvo un poquito pegajoso, recomiendo este restaurante a quien ande por estos rumbos. El guacamole estuvo exquisito.

Tercer día, sábado 30

Juan de Oñate

Este día decidimos caminar por los lugares culturales.  Sin noticia previa de su existencia y por tropiezo, encontré un monumento que conmemora a un individuo llamado Juan de Oñate. Tomando en cuenta que en esta región de norte América existían otras civilizaciones antes que llegaron los españoles, Juan de Oñate mereció un monumento por la hazaña de haber llegado por estos rumbos a la cabeza de otras personas de diferentes profesiones. Entre los expedicionarios, algunos llevaban a sus familias.

El título de este concepto artístico es titulado “La Jornada – 1598”.

Placa La Jornada 1598

El forcejo y la lucha que esos exploradores tuvieron que afrontar para llegar a su destino es evidente en la representación que los artistas plasmaron. La Historia nos dice que estos segundos pobladores no solo entraron por el sur, sino también por el este.

Tres ingredientes son necesarios para conquistar y subyugar a una civilización.  Matar al hombre, raptar a la mujer y adoctrinar al niño.  Por los siglos de los siglos en todas partes de este mundo, varios grupos de seres humanos han cometido este tipo de atrocidades sobre otros.

En el caso del europeo, nada fue diferente cuando su ávido olfato guió su apetito de amasar gloria y riqueza, principalmente durante el siglo XVI. Cruzó el océano Atlántico hacia territorios desconocidos que más tarde llamó “las Américas”. Espada y religión le sirvieron para doblar las rodillas de sus habitantes al mismo tiempo que extraía de la naturaleza cuanto encontró en su beneficio.

Como comprendo que por estas regiones y por otras partes de América las heridas históricas son muy profundas, no glorifico el comportamiento que exhibieron esos “conquistadores”.

Lo triste es que, en muchos casos, es casi imposible corregir las injusticias del pasado.  Lo dichoso de este episodio es que los mismos eventos no se repetirían.

En lo personal, me satisface que por lo menos en mi fuero interno puedo discernir y aceptar que el daño que los humanos se causan unos a otros no es bueno, y soy capaz de concluir esto sin tener que recurrir a una religión.

Satisfecho de haber observado las estatuas, procedí a leer las placas que están alineadas en una pared que flanquea este monumento.

Son numerosas las listas de las expediciones. Cada una de ellas presenta la relación de sus exploradores. En todas he encontrado el apellido Castañeda. En el caso de esta expedición y conforme quien los anotó, solo encontré dos con este apellido: Juan de Castañeda, cuyo origen se desconoce, y Francisco Martínez de la Castañeda, originario de Álava, España. ¿Tendré algún parentesco con alguno de ellos?  Por ahora no lo sé.  Lo que sí puedo decir es que mi linaje paterno me lleva al pueblo de Zacualpan, Edo. De México, México, y que éste se remonta alrededor del año 1750.

Francisco Martínez de la Castañeda con Oñate 1598

Juan de Castañeda con Oñate 1598

Después de la invasión y conquista de México (1519-1521), los invasores no perdieron tiempo en llegar a Pachuca en 1528, sitio donde mataron al gobernador azteca Ixcóatl.

Conforme leía, tres exploradores llamaron mi atención, aunque no se apellidaran Castañeda, porque las placas especifican que procedían de mi tierra natal. Nunca me imaginé que pachuqueños de ese tiempo hubieran sido exploradores en la jornada que llegó a Nuevo México.  Sus nombres son Mateo Montero, Juan de Ortega e Isabel Olivera.

Mateo Montero con Oñate 1598

Isabel Olivera y Juan de Ortega con Oñate 1598

Cuarto día, domingo 31

Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe

Capilla Nuestra Señora de Guadalupe, Old Town, NM 31 Marzo 2013

A primera vista, esta capilla y su nombre dan la impresión de ser un retiro o refugio católico. En realidad no es oficialmente aceptada por la Iglesia católica debido a que no satisface ciertos requerimientos que impone.

En 1970 el Vaticano dio permiso para construir centros donde artefactos religiosos pudieran ser artísticamente construidos y vendidos.  Una hermana de la orden religiosa por nombre de Giotto Moots se valió de esta oportunidad para conceptualizar y construir este centro artístico y religioso.

Pasó el tiempo y la construcción no resultó como negocio lucrativo. Ahora este grupo de edificios se han vuelto tiendas con el turista en mente, pero este pequeño lugar de  reflexión todavía existe hacia el fondo de este complejo artístico.

Las fotos demuestran que este edificio está bien mantenido. No sé si es el gobierno o la Iglesia Católica quien está a cargo de cubrir los costos, pero puedo decir que el público la respeta.

Cuando uno está dentro de los dos únicos cuartos destacan los aspectos artístico y filosófico de esta hermana religiosa.  Sea por su color o su funcionalidad, lo que más me atrajo, fue el calendario lunar que determina la fecha de las fiestas a la Santa Virgen en cualquier año, conforme dan vuelta sus discos incrustados.

Calendario lunar capilla Nuestra Señora de Guadalupe, Old Town, NM 31 Marzo 2013

En el siguiente video podemos ver en el suelo el árbol de la vida, los altares y la virgen, la puerta donde entraba el padre para oír confesiones, el hoyo por donde el pecador decía sus pecados, las bancas de espera para el resto de los pecadores y el calendario lunar.  No tengo información sobre el significado del par de zapatos que se pueden ver.  Nadie los molesta.

Si andan por estos rumbos, vale la pena que visiten esta capilla.

Chimayó

Una vez más nos dirigimos a Santa Fe, después, hacia el norte, hasta que llegamos al pueblo de Chimayó.

Tenía poca idea de lo que nos esperaba.  Como era domingo día de Pascua, lo primero que vi fue mucha gente, pero no en multitudes. La atmosfera era de feria, pero con menos puestos.

Conforme entraba hacia la iglesia, mis oídos me alertaban con el sonido de tambores. El siguiente video nos revela el origen de este redoble.  Era un grupo de intérpretes que profesaban su fe con una danza ritual al Santo Niño de Atocha.

Después de haber ejecutado su interpretación, los grupos posaron para ser retratados.  Aquí están los dos grupos.  Fallé en el intento de registrar la rendición de los rojiblancos.

Grupo 1  interpretadores danza Sto. Niño de Atocha, Chimayó, NM 2013

Grupo 2  interpretadores danza Sto. Niño de Atocha, Chimayó, NM 2013

Conforme pasaban los minutos me informé más sobre este santuario. Comprendí lo famosa que es esta iglesia católica.  Este sitio e iglesia son reconocidos como puntos de referencia histórica para esta nación.

Cuando caminaba rumbo a la iglesia, noté que tendría que esperar mi turno para entrar.  Ahora entiendo que la línea en la cual yo esperaba no era tan larga como la del previo jueves y viernes santo. Miles de peregrinos vienen de todas partes del estado, del país y de otros países durante todo el año, pero en especial durante la semana santa.

Entrada Santuario Chimayó 31 marzo 2013

No podré ilustrar la parte interna de esta iglesia porque estaba claramente escrito No fotos, No videos. En cambio, lo que puedo decir es que después de atravesar  hacia el altar y unos cuartos a la izquierda, uno encuentra un pozo pequeño que solamente contiene tierra.

A esta tierra le atribuyen propiedades santas.  Venden bolsitas para que los fieles se lleven su tierra santa.  Unos oran a esta tierra mientras otros se la frotan en partes afligidas o simplemente la mantienen cerca para que los proteja.  Al salir, en el último cuarto se veían fotos de los socorridos y bendecidos. También había muletas suspendidas hacia el techo.

Hay mucho más que saber sobre Chimayó, más de lo que yo pueda relatar en este blog.  Para el beneficio del lector aquí están dos links.  No encontré versiones de ellos en español.

http://en.wikipedia.org/wiki/El_Santuario_de_Chimayo

http://www.newmexicohistory.org/filedetails.php?fileID=505

Santo Niño de Atocha

Cuando era niño, escuché a un adulto exclamar ¡Ay, Santo Niño de Atocha! Nunca supe el significado de esta plegaria y no me acuerdo quién fue el adulto. Tampoco supe quién era ese santo niño.

Muchas veces vi estatuas y tarjetas de un niño a quien veneraban,  pero ignoraba quién era.

Muchos años después, en este viaje, finalmente me enteré quién es este Niño de Atocha. Como existen muchas versiones sobre él, decidí buscar mi respuesta en el internet.

Adjunto un link para que el lector lea lo que satisfizo mi curiosidad sobre este niño.

http://www.ninoatocha.com/history_spanish.html  El artículo está escrito en español.  Lo que concluyo sobre este niño es que es representativo del niño Jesús.

Igual que en la iglesia de Chimayó, en el templo/capilla del Santo Niño de Atocha no permiten tomar fotos ni videos. La réplica de este niño tiene muchos zapatitos a su alrededor.  Supongo que el propósito es ayudarlo simbólicamente con mucha suela para proteger sus pies mientras él peregrina en ayuda de la gente destituida, enferma, y sin recursos.

 Bienvenida capilla Santo Niño de Atocha, Chimayó, NM, 2013

Capilla Santo Niño de Atocha, Chimayó, NM, 2013

Las horas de visita a esta tierra de encanto se me acababan y como a Virginia y a mí se nos hacía tarde, regresamos al hotel, no sin antes visitar la piedra Cabeza de camello.

Piedra Cabeza de camello

Nuestra ruta de regreso era la carretera 84, para tomar la salida número 175. En las proximidades de la piedra encontramos estacionamiento fácilmente.

Este desarrollo natural que a través de los siglos el viento, la lluvia y otras fuerzas naturales fueron configurando, tiene la forma de una cabeza de camello junto con una joroba.

La piedra está protegida por un alambrado, el cual sólo me permitió tomar fotos a la distancia.

Me hubiera gustado contemplarla un poco más de los pocos minutos que estuvimos ahí, pero teníamos hambre y sed.

Foto 1 Piedra Cabeza de Camello, NM, 31 marzo 2013Foto 2 Piedra  Cabeza de Camello, NM, 31 marzo 2013

Foto 3 Piedra Cabeza de Camello, NM, 31 marzo 2013

Con la certeza de que pasaríamos otra vez por Santa Fe, paramos en el restaurante Maria’s a comer.  Sin dificultad, pedí unas enchiladas rojas, guacamole y dos margaritas. ¡Ah, qué vida!

Ahí conversé con un mesero, quien era de Chihuahua, México.  Me platicó de un pachuqueño que trabajaba ahí, guardó sus centavitos, regresó a México y ahora es pequeño empresario, poseedor de tres camiones.

Al día siguiente salí de regreso mientras mi esposa se dirigió hacia Las Cruces, New Mexico donde visitó a más familia.

Conclusión

Mis cinco días en New Mexico fueron maravillosos.  Ahora entiendo por qué se refieren a este estado como Land of enchantment. (Tierra de encanto).

 

Edición;  Rafael Rodríguez Castañeda


[1] Pueblo Viejo o Pueblo Antiguo

Dr. Gonzalo Castañeda Escobar 1869-1947

2a   Edición y revisión, 19 marzo 2013,

Ricardo Castañeda Guzmán

 

El doctor Gonzalo Castañeda Escobar es el integrante de la familia que alcanzó mayor fama profesional en el siglo XX. Fue reconocido como médico y como académico de la Medicina lo mismo en la Universidad que en las instituciones donde ejerció su profesión.

En el ámbito familiar, lo que puedo agregar sobre él es fruto de mi investigación genealógica.  Tengo la íntima satisfacción de haber sido el descendiente que primero dio con su acta de nacimiento; documento que pone fin a una larga disputa entre Temascaltepec y Zacualpan. Ambos pueblos se atribuían el orgullo de ser el lugar de nacimiento del doctor Castañeda.

Ahora tenemos pruebas fehacientes de que nació en Temascaltepec, y por solo hacer clic en el link, pueden ver este registro civil.  https://familysearch.org/pal:/MM9.3.1/TH-1942-21766-37567-47?cc=1916244&wc=12874672

El mérito de haber sido el pueblo donde se crió y al que volvió de visita toda vez que pudo fue Zacualpan, cuna de sus padres.  Gracias a la generosidad de Claudia Infante Castañeda, nieta de Gonzalo podemos ver las siguientes fotos que fueron tomadas cuando el visito Zacualpan en 1928.  Las fotos son de tamaño chico y con poca resolución, pero es lo que tenemos.  Traté de mejorarlas lo más posible.  De ahí, se empiezan a distorsionar.

Zacualpan, Edo de México 1928-1Gonzalo Castañeda fue hermano menor por la línea paterna de Manuel Castañeda, mi tatarabuelo.

Zacualpan, Edo de México 1928-2

Nuestro ancestro común es Juan Francisco Castañeda Popoca, su padre. El doctor Castañeda fue, por tanto, tío del licenciado Amador Castañeda Jaimes, mi bisabuelo. La madre de Gonzalo fue María de Jesús Gabina Escobar.

Mi afán por descubrir la genealogía familiar me deparó la suerte de conocer y dialogar con algunos de sus descendientes, principalmente con Carmen Castañeda Olea    hf102b   (1914–2012) su hija, y Claudia Infante Castañeda, la menor de sus nietas.

La autobiografía del doctor Gonzalo Castañeda que aquí presento es un documento poco divulgado.Apareció en una revista médica en los años ‘40 del siglo anterior. La complementan el editorial de la misma publicación, escrito por un colega suyo; una posdata con datos familiares, que escribió Rafael, uno de sus sobrinos-nietos, y un episodio de las memorias de su padre, que él mismo subtituló:  Cómo comenzó mi hijo Gonzalo sus estudios.

Zacualpan, Edo de México 1928-3

Confío en que estos documentos arrojen más luz sobre la vida de este Ancestro Castañeda.

 

Zacualpan, Edo de México 1928-4

 

 

 

 

 

 

Nota Autobiográfica del Dr. Gonzalo Castañeda

Publicada bajo el título de Datos biográficos del Maestro Castañeda en la revista Cirugía y Cirujanos, Órgano oficial de la Academia Mexicana de Cirugía, Año 9, número 1, el 31 de enero de 1941.[1]

                                                                                                                                                                                                                                      México, D. F., enero 28 de 1941

Sr. Dr. Rodolfo González Hurtado

Presente.

 

Estimado Rodolfo:

 

Para complacer su amable deseo de conocer algunos hechos o acontecimientos de mi vida íntima o privada que hubieran, quizá, trascendido en mi actuación pública o externa, en forma de charla o de conversación sencilla y natural, paso a escribir las siguientes notas, a medida que acudan a mí recuerdo. Las expondré con brevedad y sin presumir, escogiendo las que tengo más clavadas y que, aunque no tienen importancia para un extraño, en mí han sido decisivas.

Cuando yo nací, mi madre me encomendó al Patriarca Señor San José, después, ella le rezaba a este Santo, pidiéndole bienes y favores, para mí; suplícale que te haga bueno y te ilumine, me decía. Su fe y sus oraciones me impresionaron tanto, que a su influjo, creo yo, me hice cristiano.

A los ocho años era yo todavía un salvajito, no conocía las letras porque no había aún pisado la Escuela; mi tierra era un pueblo apenas semi-civilizado. Cuando mi padre me llevó con el maistro, por primera vez, sentí vergüenza y tristeza al ver que unos niños menores que yo, pronunciaban palabras que no entendía, decían decámetro, hectómetro, miriámetro; esto me estimuló para apurarme y alcanzarlos. Después de un tiempo ocupé los primeros lugares.

De jovencito era yo acólito y cantor en el coro de la iglesia; les gusté para sacerdote, a unos Padres misioneros que fueron por allá; yo encantado porque me iban a traer al Seminario de México; pero sobrevino un hecho que cambió mi destino y salvó a las gentes de un curita malo.

En los exámenes de ese fin de año escolar, obtuve como premio una beca o pensión para ir a estudiar al Instituto Científico Literario de Toluca; pero esa designación no tuvo efecto porque las Autoridades del Municipio prefirieron a otro escolar, hijo de un influyente del pueblo; mi familia era pobre y no figuraba. Sentido y molesto mi padre por esa alcaldada, me expatrió y me llevó a Cuernavaca con unos tíos, con la idea de que estudiara allí para maestro de Escuela. Tal vez notó en mi cara que eso me parecía poco, porque agregó: sí, hijo, pero de una Escuela grande.

En un Colegio de esa ciudad conocí y traté a muchos niños principales que de ese Plantel salían para continuar sus estudios en la Escuela de San Ildefonso, la Preparatoria. Al volver de vacaciones me platicaban de cosas nuevas; me animé a hacer lo mismo. Sabedor mi padre de mis deseos, me dijo: pero Gonzalo, yo no tengo dinero para eso; —no importa, papá; yo veré cómo la paso, mientras me consigo una beca.

La suerte me deparó un protector que me dio un rincón en su casa; apúrese muchachito, me dijo; y si sale bien, yo le conseguiré una beca del Gobierno. Ese año lo doblé, cursé el primero y segundo, obteniendo tres Perfectamente Bien en cada materia. El certificado que acredita ese hecho lo tengo en un cuadrito que está a la vista en mi Consultorio. Cuando mi tutor vio esta hazaña, dicen que dijo: esto es serio. Con mis calificaciones en la mano fue a ver al Ministro Baranda y obtuvo para mí la pensión con la que continué la carrera. Mi vida escolar la dominó el temor de perderla.

En la Preparatoria sostuve mi puesto, fui además líder y un poco inquieto y agitador; allí conocí y trabé amistad con compañeros que después figuraron y fueron próceres, como: Balbino Dávalos, Manuel Calero, Jesús Urueta, Lorenzo Elizaga, José Covarrubias y otros; fui amiguito y me distinguieron Profesores como el Dr. Urbina, José María Vigil, Emilio G. Baz, Damián Flores, Justo Sierra, y un consentido del Director Castañeda y Nájera. En un periódico que fundamos algunos entusiastas, yo fui al mismo tiempo secretario, redactor, repartidor, cobrador.

Como estudiante de Medicina sufrí mucho por el temor de una baja calificación que me hiciera perder la beca, mi único sostén; en cada examen me atormentaba la idea de que fuera el último día de mi vida estudiantil; pero caminé con fortuna y la buena suerte no me abandonó. La Anatomía Topográfica era un puente difícil de pasar porque el Profesor D. Francisco de P. Chacón era un ogro, un gran reprobador; le tenía yo un miedo cerval; momentos antes de mi examen con él, hojeé por distracción el Tilleaux y me detuve en la lámina de los tendones, nervios y arterias de la palma; a la hora de la prueba me tocó palma de la mano; estaba de Dios que fuera médico. Yo le temía mucho a los exámenes de Clínica porque había visto reprobar a buenos alumnos; en uno de esos Cursos me examinó D. Ramón Macías, que era muy pesado para preguntar; a ver, muchachito, hágame el diagnóstico diferencial entre las fiebres palustres y las fiebres urinosas; para bienquistarme con él y librarme de la embestida de su toro, le respondí: ¡Ay, señor, eso sólo Dios!; se sonrió y conquisté su benevolencia. A don Manuel Carmona y Valle que era inaccesible tuve que hacerle mucho la barba; Don Francisco Hurtado me dio un revolcón, pero me perdonó; con D. Luis E. Ruiz me lucí en Higiene. En el Anfiteatro le di muy fuerte a las operaciones en el cadáver en compañía con Julián Villarreal; en general, fui muy puntual y aplicado, todo para no ir a perder la pensión, pues la ley relativa era exigente. Me salvé hasta llegar al Puerto.

Ya recibido me fui a mi tierra, después me salió un empleo en Guerrero, y aún me sorprende hoy, cómo a pesar de mi ignorancia e inexperiencia pasaba por buen médico. Después, un señor poderoso: D. José Landero y Cos que me había conocido de estudiante, me llamó de Pachuca para nombrarme médico-cirujano de las minas de Real del Monte, con un buen sueldo; allí me hice riquito y ya con dinero se me ocurrió y decidí irme a Europa.

Era mi sueño, mi ilusión. Permanecí allá cerca de tres años; me inscribí en las Universidades, y como me consideraba atrasado me apliqué con exceso. Tomé la costumbre de escribir la relación de las operaciones que había presenciado en el día, recogí como dos mil. En Londres conocí a Hutchinson; en el Hospital de San Bartolomé conocí las salas donde trabajaron Harvey, Bright y Parcival Pott; en París escuché a Dieulafoy en el Hotel Dieu; a Pozzi en el Broca; a Tuffier en el Beaujon; en Berlín seguí a Augusto Beer y a Oishaussen; en Viena estuve cerca de Schauta y Wertheim.

En las vacaciones me vivía en los Museos; conocí a Eduardo vii, rey de Inglaterra; a Guillermo ii, Emperador de Alemania; al de Austria-Hungría Francisco José; a Alfonso xiii, rey de España y besé el anillo del Pescador en la mano del Pontífice Pío x. En Londres le pedí permiso a Lord Lister, para conocerlo; contemplé en Westminster las tumbas de Newton y Shakespeare, y en la catedral de San Pablo, los sarcófagos de Nelson y Wellington. En Postdam puse mis pies en el mismo sitio donde los posó Napoleón Bonaparte para mirar la tumba de Federico el Grande; en Viena, en la iglesia de los Capuchinos, vi el ataúd broncíneo que guarda el cuerpo embalsamado de Maximiliano, Emperador de México; en Roma, visité la casa que habitó San Ignacio de Loyola; en Florencia conocí las moradas del Dante y de Miguel Ángel; en Nápoles visité la celda de Santo Tomás de Aquino; en el Escorial me senté en el lugar que ocupaba el rey Felipe ii para oír misa; en París, en la Sainte Chapell, vi el sitial donde oraba San Luis, rey de Francia, etc.

Cuando volví a México, comencé de nuevo; al llegar no tenía casa, ni dinero, ni trabajo; pronto entré a la Academia y al Profesorado, pronto también fui nombrado Director, Cirujano y Ginecólogo, del Hospital de Jesús; al cumplir allí 25 años, el Patronato le puso mi nombre a la Sala de Ginecología, yo correspondí a esa distinción renunciando a mi sueldo mensual, que desde entonces dono al Establecimiento; en treinta años, como jefe allí del servicio quirúrgico he practicado miles de operaciones, la mayoría del vientre. En mi ejercicio tuve una época de intensa actividad, daba cuatro cátedras, llenaba el Sanatorio de Jesús y trabajaba en tres Hospitales. He escrito cinco libros, he presentado como treinta trabajos médicos en Sociedades y Congresos.; tratando asuntos de Clínica, que es mi arma.

En esta relación o anecdotario de las cosas mías, sólo he estampado lo que me favorece, omito naturalmente lo que me deprima o desdore, así son las autobiografías. Como el asunto es interminable, aquí concluyo. Pero antes de terminar, como soy un hombre del siglo pasado, tengo recuerdos e impresiones de cosas desconocidas para los jóvenes médicos; no quiero que algunas se queden en mi lápiz. Como cosa extra-médica me permito referir algo de interés puramente subjetivo y que llevo grabado en mí memoria. Por curiosidad, casualidad o intención, me fue dable conocer a muchos personajes históricos ya desaparecidos. Conocí a los ministros de Juárez: D. José María Iglesias, General Ignacio Mejía, General Miguel Blanco y a D. Blas Balcárcel, inmaculados del Paso del Norte; a los soldados vencedores de Querétaro D. Mariano Escobedo, Ramón Corona, Gerónimo Treviño y Sóstenes Rocha; de los héroes del 5 de Mayo conocí a D. Miguel Negrete, a D. Felipe Berriozábal y a Porfirio Díaz; y de los del 2 de abril, a los Generales Ignacio Alatorre y Carlos Pacheco. Del mundo de las Letras conocí a Altamirano, Riva Palacio, Guillermo Prieto, Gutiérrez Nájera y otros; en una procesión cívica vi cuando era yo preparatoriano al Dr. Rafael Lucio.

Y como final, voy a contar algo inédito por si a alguno le interesa, se lo oí últimamente en una conversación al Lic. Nemesio García Naranjo. Dirigiéndose éste una vez al General Naranjo, su pariente e ilustre soldado republicano, luchador contra el Imperio, refiriéndose a él y aludiendo a otros sus compañeros de armas le dijo: ”¿Cómo es que ustedes que son unas fieras y unos hombres valientes e indomables se han dejado domesticar por el General Díaz?” —”La explicación es muy clara, le respondió: Mira, al Gral. Manuel González que es más soldado que Porfirio, más hombre y con más tamaños que él, le gustan mucho las mujeres, frente a unas faldas ya no es nada; el terrible General Sóstenes Rocha, ese invicto maestro de estrategia y la táctica es muy afecto a las copas, el cognac lo amasa y lo ablanda; a Gerónimo, se refería al Gral. Treviño, lo domina el dinero, los negocios lo cambian; a mí Naranjo, me domina el juego, frente a una sota ya nada me importa. Ahora bien: Porfirio no enamora, no juega, no bebe, ni tiene amor al dinero. Esa es la explicación”.

Editorial

 

El ilustre Maestro don gonzalo castañeda acaba de cumplir sus 25 años de Profesor Titular en nuestra Facultad de Medicina y Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Tal acontecimiento fue celebrado por la H. academia mexicana de cirugía en su Sesión solemne de Clausura efectuada la noche del viernes 29 de noviembre próximo pasado, en la que se rindió al sabio Maestro un fervoroso homenaje que tuvo tas proporciones de una apoteosis.

La academia mexicana de cirugía, en pleno, el señor Rector de la Universidad Nacional Autónoma, representantes de la Academia Nacional de Medicina, de la Sociedad de Cirujanos del Hospital Juárez, del Sindicato de Médicos Cirujanos del D. F., de la Sociedad de Esposas de Cirujanos Académicos, así como de otras sociedades científicas y numerosos médicos y discípulos del Maestro Castañeda, congregados en el Salón de Actos de la Facultad de Medicina, honraron a nuestro sabio, en un cálido y cordial homenaje de admiración, de gratitud y de cariño, conquistados por él en sus 25 años de noble, generosa y fecunda labor docente. Sencilla, pero pletórica de emoción, fue la ceremonia, y el viejo y querido Maestro recogió con lágrimas en los ojos las frases de ternura y los abrazos de sus viejos condiscípulos, de sus hijos espirituales —sus discípulos— y de sus amigos presentes. Cuando su voz se alzó para agradecer el homenaje, varias veces hubo de interrumpir su discurso, lleno de dulces recuerdos y de anécdotas de su vida, porque la emoción le ahogaba.

Noble y justo tributo el que el Maestro Castañeda recibió aquella noche, y honra para aquellos que se lo otorgaron, porque como decía Martí: “Honrar, honra”; pero, lo más noble y lo más justo estriba en que tal homenaje haya sido hecho en vida y gozado por él, rompiendo la absurda costumbre de esperar a que un hombre ilustre muera para glorificarlo, para ir a decir sobre su tumba la oración laudatoria cuando ya sus oídos no pueden escuchar la frase que arranca el cariño, ni sus ojos mirar las lágrimas que nacen de la gratitud.

“cirugía y cirujanos” dedica este número en honor del consagrado y sabio Maestro don gonzalo castañeda.

 

 

Posdata *

Salvo una mención a su madre y dos a su padre en los párrafos iniciales de su apunte autobiográfico y la emotiva referencia que hizo de ellos al final del discurso que pronunció el 24 de noviembre de l940 en el homenaje que la Academia Mexicana de Cirugía dedicó a sus bodas de plata como profesor de la Facultad de Medicina, el doctor Gonzalo Castañeda tendió un velo de discreción sobre su vida personal, no obstante el orgullo y la gratitud que por él sentían familiares y coetáneos; sentimientos análogos a los que abrigan sus descendientes.

Cuando yo nací, mi madre me encomendó al Patriarca Señor San José…

Gonzalo Castañeda Escobar nació en Temascaltepec,  Estado de México, el 9 de enero de 1868. Fue el segundo hijo de Juan Castañeda y de Gabina Escobar. A diferencia de Bernardino, su hermano mayor, quien dedicó su vida a sucesivas aventuras en la minería, Gonzalo empeñó un esfuerzo total en estudiar.

Cuando mi padre me llevó con el maistro, por primera vez…

Gonzalo Castañeda ingresó a la escuela elemental en 1877 y se graduó como médico en 1893, a la edad de 25 años. Para romper el cerco de la pobreza dedicó 16 años al estudio intensivo, acuciado por el temor de perder las becas.

Él mismo nos cuenta que inició su ejercicio de la Medicina en Temascaltepec, aunque no precisa por cuanto tiempo. Siguió un breve empleo en Guerrero, donde “…a pesar de mi ignorancia e inexperiencia pasaba por buen médico”. Ignoramos si esta afirmación surgió de la autocrítica o de la modestia; lo cierto es que contrasta con la relevancia del cargo de médico-cirujano que le confió la Compañía Real del Monte y Pachuca, donde llegó en las postrimerías del siglo xix.

La minería estaba en auge. Las empresas se concentraban en extraer plata y poco les importaban las condiciones de trabajo de los mineros. El joven doctor Castañeda, quien también atendía a los trabajadores de la mina de San Rafael, se preocupó no solo por curar sino por investigar el origen de las enfermedades. Fue el primer médico en México en escribir sobre la higiene minera subterránea. Descubrió el anquilostoma duodenal como causa de la anemia de los mineros.

Durante su estadía en Hidalgo, el doctor Castañeda se unió con Luisa Osorio, con quien procreó un hijo. Ángel Castañeda Osorio nació en Pachuca, en 1904.

En 1908, gracias a sus ahorros se costeó un viaje a Europa. Sabemos que estuvo en Londres, París, Berlín y Viena donde “se aplicó con exceso” al perfeccionamiento de su profesión y desarrolló el hábito de escribir la relación de las operaciones que presenciaba en el día. Si registró cerca dos mil en poco menos de tres años —quizás menos de mil días—, eso significa que en los días que dedicó a la observación quirúrgica asistía tal vez a cuatro intervenciones diarias, considerando que también dedicó tiempo a hacer turismo cultural por Alemania, Austria, España, Inglaterra e Italia.

Cuando volví a México, comencé de nuevo; al llegar no tenía casa, ni dinero, ni trabajo…

¿En qué mes de 1910 volvió de Europa el doctor Castañeda? A la distancia de casi un siglo, México y 1910 nos evocan el estallido revolucionario que convulsionó al país durante un decenio; idea que eclipsa cualquier otra. No obstante, en una fecha cercana al 20 de noviembre de aquel año, es preciso imaginar al médico de 41 años en busca de empleo, exhibiendo los diplomas de sus recientes estudios.

La Revolución puso en crisis a la economía, alteró las costumbres y canceló el desempeño de muchas actividades, mas por otra parte, aumentó la demanda de otras, entre ellas, la atención médica para un gran número de heridos, resultante de los enfrentamientos y batallas, frecuentes en muchos lugares de la República y constantes en el centro del país. Gonzalo Castañeda fue nombrado director y primer cirujano del Hospital de Jesús.

Durante el decenio 1910-1920 el doctor Castañeda contrajo tres matrimonios dentro de una misma familia. Casó con Teresa Olea, quien murió al poco tiempo. Al enviudar, casó con Carmen Olea, hermana de Teresa, con quien en 1914 tuvo una hija, Carmen Castañeda Olea.

María Luisa Olea se convirtió en la tercera esposa del doctor Castañeda mediante la conjunción de dos circunstancias fortuitas: la muerte del señor Gómez Daza, su esposo, y la de su hermana Carmen. De esta forma fue ella quien se hizo cargo de la crianza de Carmen, su sobrina.

Cinco años después de ingresar de lleno al ejercicio de la medicina en el Hospital de Jesús, el doctor Castañeda comenzó a dar clases en la Facultad de Medicina. Inicialmente fue profesor de Clínica Quirúrgica, pero su docencia se amplió con otras materias, como Terapéutica Quirúrgica.

El 15 de marzo de 1917 se inauguraron los cursos de la Escuela Constitucionalista Médico Militar, donde el doctor Castañeda impartió Clínica Quirúrgica del Abdomen. Ocupó también los cargos de jefe del Centro Quirúrgico y subdirector. Con el tiempo fue, además, cirujano-jefe del Hospital de Jesús, cirujano externo del Hospital General y del Hospital Militar; teniente coronel del Cuerpo de Sanidad Militar y jefe del Servicio de Ginecología del Hospital Español.

Por otra parte, el trabajo en el Hospital de Jesús, donde permaneció durante más de 30 años, propició el conocimiento entre el doctor Castañeda y Rosa Castaño, una enfermera con quien también tuvo descendencia. De esta unión nacieron tres hijos: Rosa, Raquel y Gonzalo Castañeda Castaño, quien fue contador público.[2]

A la muerte de su hermano Bernardino, ocurrida hacia 1920, el doctor Castañeda asumió el papel de padre y protector de sus sobrinos huérfanos. Por temporadas sus sobrinas vivieron bajo el cobijo de la familia Castañeda Olea, donde les dispensaron amor y cuidados semejantes a los que disfrutaba Carmen, la niña.

He practicado miles de operaciones, la mayoría del vientre.

Para completar la síntesis de su biografía profesional, conviene agregar que la sapiencia y habilidad quirúrgica del doctor Castañeda lo llevaron a posiciones de eminencia que hicieron trascender su fama y autoridad más allá de las fronteras del país. Presidió la Asociación Mexicana de Obstetricia y Ginecología a partir de su fundación; fue miembro fundador y primer presidente de la Academia Mexicana de Cirugía; presidió la Academia Nacional de Medicina; fue miembro honorario de la Sociedad de Traumatología, presidente de la Sociedad Médica Mexicana y del Capítulo del Colegio Internacional de Cirujanos.

Presentó numerosos trabajos en academias y sociedades médicas y publicó regularmente artículos en revistas profesionales. Escribió varios libros de texto que fueron clásicos en la Facultad de Medicina, como Clínica Quirúrgica, Clínica General y Clínica Interpretativa. Su obra póstuma fue el Ideario clínico en aforismos y frases breves.[3] También publicó un libro de gran interés práctico en la medicina: El arte de ejercer, recientemente reeditado.

Recibió condecoraciones de la Cruz Roja del Japón, la Cruz del Mérito Militar, medalla del Mérito Civil de la Asistencia, medalla de la Facultad de Medicina, venera de Profesor-decano, medalla que le otorgaron los alumnos de la Facultad de Medicina y venera de miembro honorario del Colegio Internacional de Cirujanos. Como lo revela su discurso del 24 de noviembre ante la Academia Mexicana de Cirugía, fue un maestro querido que formó varias generaciones de médicos.

Fue declarado Hijo predilecto del Mineral de Zacualpan, Estado de México, donde vivió su niñez, y la ciudad de Pachuca, donde ejerció la medicina e inició investigaciones que lo llevaron a descubrir la uncinariasis en los mineros, lo honró con un reconocimiento análogo.

Murió a los 78 años de edad, el 14 de enero de 1947 en la Ciudad de México.

23 de agosto de 2007

Addendum [4]

Cómo comenzó mi hijo Gonzalo sus estudios

Era muy travieso y muy llorón. Porque no molestara a su mamá y a mí con sus travesuras y llanto a cada momento, dispuse se lo llevara mi hijo Bernardino con él a la escuela, no con el objeto de leer pues todavía era muy pequeño para eso.

Pero a los dos o tres días me mandó decir don Miguel Ocampo (el Preceptor) con Bernardino, que ya no se lo mandara yo, que era muy travieso, y muy chiquito para la escuela; que nomás iba a quitarles el tiempo a los demás, y que por su tierna edad no se lo podía reprender.

Con este recado que recibí ya no volvió. Pasó algún tiempo, y cuando vi que ya debía ponerlo en la escuela, comencé a decir a su mamá que lo mandara a ella, y cada vez que esto reclamaba yo, la respuesta de la mamá era:

—No quiere ir, ¿qué crees?, ¿que no se lo mando?

Conque una vez le dije:

—¡Marche para la escuela! —(Entonces era maestro un don Mariano Sotelo).

Y comenzó a llorar. Lo tomé de un bracito y colgando de él por la calle, y delante la gente lo llevé al maestro. Se lo recomendé. Pero a poco rato ya se había huido, y viéndolo yo, lo volví a traer como la primera vez.

Después, dándole tlaco y ofreciéndole cuanto podía, comenzó a ir y le perdió el miedo [a la escuela].

Luego le tuvo afición a las letras y comenzó a tener empeño en adelantar, y como en efecto lo tenía; el maestro lo consideró mucho. Y decía que él, Gonzalo, era su caballo de batalla, porque le ayudaba a enseñar en la escuela; lo nombraba de comisión en cabeza de otros discípulos, como por ejemplo, a felicitar en nombre de su maestro y demás condiscípulos, al señor Jefe político, al señor Gobernador, etcétera.

Recuerdo y recordaré, que en una visita de felicitación que hizo a este último, en un discurso que pronunció Gonzalo (escrito), entre otras cosas dijo al señor Gobernador:

“Ojalá, Señor, que usted tuviera a bien darme un lugar en el Instituto Literario”. Y tal déspota Gobernador no se dignó responder en su favor siquiera con dar una esperanza, para cumplir con el deber de moralidad y educación; cosa que recibieron muy mal algunas de las personas entendidas de Zacualpan.

En los exámenes que hubo en la escuela, [Gonzalo] siempre tuvo sus calificaciones buenas, y se le daban carpetas o papeles con moños y algunos décimos o quintos de moneda de plata.

Y en una de esas veces, cuando yo menos pensaba, vi en la puerta de mi casa al señor don Jesús Lechuga. alcalde municipal en ese tiempo, y a un Regidor, saludándome muy gustosos, y les dije que pasaran —como era natural decirles. Pasaron.

Entre tanto estaba yo sorprendido y queriendo adivinar qué negocio los llevaría conmigo, pero casi en el mismo momento, me dijo el primero:

—Hemos pasado a felicitar a usted por el adelanto que tiene su niño Gonzalo en la Escuela. Ha sido examinado por el Comisionado nombrado por el Ayuntamiento, y tanto el Ayuntamiento como todas las personas que al examen concurrieron hemos quedado muy satisfechos de sus operaciones y respuestas, por lo que repetimos: felicitamos a usted y deseamos que [Gonzalo] siga con la aplicación y entusiasmo que manifiesta para que algún [día] llegara a ser el báculo en que me apoyara en mi vejez.

Yo, conmovido, con un nudo en la garganta, sin poder pronunciar una palabra en ese momento; hice un esfuerzo, y les dije:

—Yo les doy a ustedes, lo mismo que al H. Ayuntamiento, las mas expresivas gracias por el honor que tanto a mi hijo como a mí se nos hacía.

Y que al recibir aquella felicitación, no podía menos que llenarme de satisfacción como era natural que la tuviera un padre cuando viera honrar hasta tal grado a un hijo suyo, agregando que Dios quisiera que mi joven siguiera con el empeño que hasta entonces tenía, y que acaso llegaría el día que fuera útil no solo a sus padres, sino a su patria, y por fin, a la sociedad.

Se despidieron de mí dichos señores, y yo y mi esposa quedamos llenos de placer.

Don Mariano Sotelo, que era en esa época —como ya dije— Preceptor en la Escuela municipal, emprendía comedias y sainetes, representados por sus alumnos, y a Gonzalo lo prefería siempre con el principal papel, y en una comedia que hizo en no recuerdo qué festividad, quise verla.

Pero luego que vi que Gonzalo salió gritando con enfado: “¡Claudia, Claudia!”, incomodándose no sé por qué, y vi que Claudia era su novia y que Gonzalo, lo mismo que ella, tendrían nueve años de edad, no me pareció que delante de mí, aunque en comedia, tuviera una novia. Y dije para mí: “Esta comedia para niños parece inmoral; pero su maestro lo ha dispuesto. Quizás seré yo muy preocupado”, sin embargo ya no quise continuar mirando la representación y me separé.

En otra comedia en que tuvo que hacer su papel, que ya su vestido y demás, estaba arreglado, el zapatero no cumplió con hacer los zapatos [para Gonzalo] que le mandé hacer, y que a las siete de la noche dijo no los había hecho. Yo no sabía determinar.

El caso era comprometido y muy mortificado, y más viendo a Gonzalo llorar. Éste me dijo:

—Lolita, la [hija] del compadre de usted, don Zenón, debe tener dos pares de zapatos, no menos. Vaya usted a suplicarle le preste unos para que salga yo a la comedia, que esos zapatos me vienen bien.

El cielo vi abierto con ese acuerdo pues estaba yo seguro que el negocio quedaba arreglado.

Luego me dirigí a suplicar a mí compadre me prestara dichos zapatos; pero no encontrándolo en su casa, a la niña Lolita le dije el asunto que llevaba, quien me respondió:

—Si señor, con mucho gusto, voy a traérselos a usted.

—Pero primero —le respondí—, es necesario que yo le hable a él.

—No Señor, me dijo, no es necesario. —Yo le respondo.

—¿Pues qué no son usted y él amigos y compadres?

Y luego se fue a traerlos, con los que me volví a mi casa muy contento. En la casa me recibieron también con mucho gusto, porque el caso era para estar todos mortificados, pues Gonzalo no quería salir con los [zapatos] que usaba, porque aunque no estaban rotos, eran viejos.

En esta comedia, recuerdo se dio al publico y éste le palmoteaba y más cuando bailó jarabe, que lo requería la comedia o sai[ne]te.

Cuando solía Bernardino, mi hijo, llevar a su mamá a algún baile, llevaba por supuesto ella y a Gonzalo, y como algunos de los concurrentes lo habían visto bailar en la comedia, hacían que Gonzalo bailara un jarabe. Con quien salía las mas veces era con la niña Lolita Suárez, y decían que no lo hacían mal los dos.

*

Estando en una época yo sin destino, me ocupaba, como por no estar de ocioso en ir a encargar un alfalfar que tenía, o a levantar alguna parte de la cerca. Y Gonzalo, que estaba en la Escuela, pedía licencia para llevarme el almuerzo o desayuno, y la comida. Y mientras [yo] almorzaba, y en la comida, toda la conversación, suscitada por él era preguntarme:

—¿Cuánto es lo que se paga en un colegio porque entre uno a estudiar?, ¿qué pasos se dan para entrar en un colegio? ¿Cuánto se pagará en un navío por ir a Francia o a España o a otra parte que vaya uno en un navío?

A las primeras preguntas yo respondía:

—En los colegios que paga el Gobierno no se paga nada y se enseña; pero estos necesitan de tener proporción para poder sus padres subsistir en México, y si sus padres viven fuera, necesitan tener para mantenerlos y vestirlos.

También necesitan vencer algunas dificultades, para conseguir la entrada al Colegio, porque sin embargo que el Gobierno paga, se necesitan no sé qué requisitos más.

Lo que estudian primero es lo mismo que les enseñan en la Escuela de primeras letras: Gramática Castellana, Aritmética, etcétera; de suerte es que si un joven va al Colegio, y no sabe eso, eso es lo que le enseñan: los pasos que se dan en las municipalidades o distritos, conque cuando se tiene que mandar un joven al Instituto, se trabaja por que sea remitido.

Que casi nunca es el que remiten el de más aplicación e inteligencia tiene, sino el hijo del Alcalde, del mas rico o del de mas influencia, aunque éste, por quien dan su voto, sea un burro. [Así proceden], menospreciando al pobre aunque, sea más adelantado e inteligente que los demás.

Lo que se paga por la embarcación a España, Francia e Inglaterra, no sé; lo que sé es que hay camarotes en que van los acomodados; otros camarotes en los que van los pobres; y como van otros más pobres, no pagan nada. Estos van de lastre, es decir, cuando el navío no tiene el peso suficiente que se necesita, estos se mantienen sirviéndoles a los ricos o a los conductores del navío. Compran muy barato a los cocineros la comida que sobra a los acomodados. Estos, que son los más pobres, no tienen cuartito. Duermen y viven encima del navío.

Yo muy bien comprendía que Gonzalo deseaba entrar a un colegio y también deseaba embarcarse. Y por fin, sus pensamientos eran grandes; pero no me atrevía a preguntarle si tales cosas quería, porque bastante era ya su conversación de casi siempre que me llevaba de comer:

Todo esto, que yo conocía en él, me mortificaba, me dolía el corazón; y me decía yo mismo: “Mi hijo tiene altos pensamientos; pero yo soy pobre, no tengo ningún valimiento; no tengo influencia ninguna, en México no conozco a nadie: no tengo más a quien pedir que es a Dios”.

 


[1]. Cinco de los seis artículos que integraron este número de la revista, más el editorial, fueron dedicados a rendir homenaje al doctor Gonzalo Castañeda. Ese editorial de Cirugía y Cirujanos aparece al final de esta nota biográfica.

*  Esta nota integra información que aportaron Carmen Castañeda Vda. de Infante, Gonzalo Castañeda Castaño, hijos del doctor Gonzalo Castañeda, así como numerosos sobrinos, nietos y sobrinos-nietos. La fecha de nacimiento de Julián Gonzalo de Jesús consta en la respectiva acta del Registro Civil de Temascaltepec. La información curricular procede de la nota biográfica que editó El Arte Gráfico, imprenta de Jesús Castañeda Zagal, sobrino del doctor Castañeda, en homenaje a su memoria, en 1947.  R.R.C.

[2]. El c.p. Gonzalo Castañeda Castaño murió el 27 de mayo de 2007.

[3]. Editorial Cicerón, 1946

[4]. Extracto del Manuscrito de don Juan Castañeda.  Ed. Imprenta Castañeda, Pachuca, Hgo.  Segunda edición. 2012. pp. 60–67.

 

 

 

 

 

 

 

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