Just another WordPress.com site

Entradas etiquetadas como ‘Miguel Schultz’

CARMEN CASTAÑEDA OLEA (1914-2012)

Entre la familia y los libros

Homenaje a Carmen Castañeda Olea (1914–2012)

el 22 de abril de 2013,

a noventa y nueve años de su nacimiento.

En el trance de la segunda viudez, su padre comprendió que la vida le duplicaba responsabilidades: debía guiarla y protegerla, conducir su desarrollo, acompañarla y procurar su compañía. Carmen no sólo era su única hija; era la única que había sobrevivido a la primera infancia. Con su primera esposa tuvo varios hijos, pero todos murieron a temprana edad. La propia Teresa Olea Gómez Daza murió también y años después, en 1912, el doctor Gonzalo Castañeda Escobar se casó con Carmen Olea Gómez Daza, viuda como él, quien primero había sido su cuñada.

Carmen Castañeda Olea con padres Dr. Gonzalo Castañeda Escobar y Carmen Olea Gómez Daza

Carmen Castañeda Olea con padres Dr. Gonzalo Castañeda Escobar y Carmen Olea Gómez Daza.

“En mi niñez fui muy consentida y mimada por él, pues en su anterior matrimonio tuvo varios hijos, pero todos murieron, y al crecer yo me cuidaron mucho, pues siempre temían que muriera al igual que mis hermanitos, pero Dios quiso que viviera y fui su gran alegría”.

A la muerte de su madre, Carmen tenía trece años y estudiaba en el Colegio Francés. Introvertida y reservada como era, trató de atenuar esa soledad y ese duelo frente a un caballete, paleta de colores y pinceles en mano. Su padre no permanecía tranquilo si se quedaba sola. Cuando no era posible dejarla en familia, entre sus primos, la llevaba consigo a sus clases, conferencias y reuniones. Así fortalecieron un vínculo donde el amor filial fue correspondido con una devoción más allá del natural cariño al padre y la admiración al médico eminente.

Carmen Olea había muerto durante el invierno de 1928. El verano siguiente el doctor Castañeda organizó un viaje al pueblo de su infancia. Fue la primera vez que Carmen visitó Zacualpan, Edo. de México, México en un viaje cuya última etapa fue a caballo. Una aventura que recordaría toda la vida. “Fuimos a llevar [un] cargamento de dulces y juguetes para repartirlos entre los niños del pueblo y pueblitos aledaños. Fue una gran alegría para todo el pueblo. Mandó hacer castillos de luces, ensayar danzas de los indios, música, baile, en fin: el pueblo pasó unos días de alegría…”

La medida en que el doctor Castañeda, aún viudo, consiguió hacer de su casa un hogar, la da el testimonio de las primas paternas de Carmen, huérfanas de padre y madre, quienes eran invitadas a acompañarla los meses de diciembre en estancias que culminaban con la celebración de la Navidad, fiesta de encanto donde las primas visitantes miraban a Carmen como si fuera Clara, el personaje del Cascanueces. El año comenzaba con una gran fiesta el 10 de enero, día de san Gonzalo. Preparaban comida para varios días, durante los cuales la familia Castañeda asistía a celebrar a su integrante más ilustre.

Pero aquella gran casa de la colonia San Rafael no sólo era hospitalaria y cálida durante la temporada decembrina. En opinión de Carmen, constantemente “…era hotel, banco, hospital y refugio para familiares y amigos”.

“Después de un tiempo de la muerte de mi madre, [mi padre] contrajo matrimonio con María Luisa Olea, viuda de Gómez Daza. Yo lo recibí con beneplácito. Fue para mí una segunda madre, pienso yo que mi madre no hubiera hecho más por mí de lo que ella hizo…”  Carmen llamó a la tercera de las hermanas Olea y tercera esposa de su padre como tía Lila. Luis Gómez-Daza Olea, hijo de tía Lila, más que un hermano para Carmen, fue un ser fundamental durante toda su vida.

Con el temperamento discreto que la caracterizaba, Carmen participaba primero y después ella misma organizaba reuniones y fiestas con familiares y amistades de su edad, donde no le faltaron pretendientes, aunque hasta ahora no haya ningún vestigio de estos. Conforme creció, Carmen se convirtió para su padre en soporte emocional e interlocutora permanente. “hablábamos el mismo idioma” ––decía. Sabía cómo apoyarlo en cada momento, hasta en el papel de secretaria. “Se le acercaba sin molestar ––apunta Lilia Weber ––, para sacarle la punta a los lápices con los que Don Gonzalo escribió varios libros e innumerables conferencias…”

Además, lo observaba atentamente: “Siempre recuerdo a mi padre en su biblioteca, escribiendo. Escribía a lápiz con una letra inglesa redondilla muy bonita. No le gustó nunca dictar, todo era manuscrito. A veces le decía: papá, ven a cenar al comedor con nosotros, y me respondía: «Está la caldera caliente. No me interrumpas» y seguía escribiendo”.

Años después, cuando el gobierno de la ciudad decidió modificar la traza de la colonia San Rafael, biblioteca y hogar tuvieron que abandonar la casa que existió en la calle de Miguel Schultz y mudarse a la colonia Roma. Esa casa desapareció bajo la picota.

Carmen no sentía la necesidad de ir a la escuela, entre otras razones, porque la escuela iba a su casa. Las visitas de los amigos de su padre eran frecuentes. De esta manera ella conversaba con personajes como Alfonso Pruneda, Aquilino Villanueva, Conrado Zukerman, Darío Fernández, Fernando Ocaranza, Gustavo Baz, Ignacio Chávez, José Álvarez Amézquita, Manuel Gea González, Nemesio García Naranjo y Teófilo Olea (uno de los Siete Sabios, tío y padrino suyo), quienes con frecuencia le daban, acaso sin proponérselo, cátedras de diversos temas, a partir de la especialidad de cada quien.

Carmen Castañeda Olea alrededor de 27 años de edad.

Carmen Castañeda Olea alrededor de 27 años de edad.

Este mundo singular donde el padre era la figura estelar y el ambiente de academia era pan de todos los días concluyó el 14 de enero de 1947. A la edad de 79 años murió el doctor Castañeda. La casa se convirtió en el ámbito vacío donde solo hay objetos que evocan la presencia reciente de quien no volverá. Pero de toda la casa, Carmen, en particular, se prendó de la biblioteca. Se convirtió en celosa, amorosa guardiana de los manuscritos de su padre y del manuscrito de don Juan Francisco Castañeda Popoca, su abuelo.  Esta gavilla de hojas acompañó al joven estudiante de Medicina que había sido su padre durante el periplo de sus estudios por Londres, París, Berlín y Viena, y volvió con él, después de haber habitado en cuartos de hotel, buhardillas, casas de estudiante y camarotes.

Carmen y tía Lila mitigaron el vacío inllenable del doctor con una estancia en Nueva York. Meses después emprendieron un recorrido por Europa. En varios países fue atendida por las amistades del doctor Castañeda y de ella misma. En Francia se sintió como pez en el agua. Llevaba en su bagage la cultura gala y el dominio perfecto del francés. La Ciudad Luz la sedujo. No fue difícil que pensara en radicar allí por algún tiempo. Acordó tomar un trabajo, no sin antes completar el itinerario que habían trazado ella y su tía, cuya última escala fue Alonsótegui, cuna de don Bonifacio Olea, abuelo materno de Carmen y padre de tía Lila. Ese encuentro familiar debió ser particularmente grato para Carmen. Cuando sus familiares vascos la instaron a recorrer al menos las ciudades señeras de España, decidió prolongar su estancia antes de volver a París.

“Todo encuentro casual es una cita”, dice Borges. Carmen Castañeda Olea y Martiniano Infante Martínez se conocieron en Sevilla cuando ella aún luchaba por salir de la depresión de la orfandad. Él recién había salido de la cárcel, donde fue preso político.  Era riojano, republicano y ex combatiente de la Guerra Civil. España vivía los años feroces del franquismo y la libertad de Martiniano estaba sujeta a restricciones: tenía prohibido salir del país. Pero el amor lo puede todo: de acuerdo con el plan que la pareja trazó, el primer paso consistió en que Martiniano se fugara. Se mezcló entre un grupo de esquiadores que participarían en un concurso con el fin de utilizar la ruta de los Pirineos y Andorra. Luego cruzó al lado francés solo y a pie, hasta que encontró medios para llegar a París. El segundo paso fue la boda en París, precisamente el 22 de abril de 1948, 34º cumpleaños de Carmen. El tercero fue el viaje a México ––luna de miel en el Queen Mary de por medio–– para comenzar su nueva vida.

La vida nueva fructificó con el nacimiento de María del Carmen, Gonzalo Juan y Claudia Begoña, y el matrimonio de la pareja Infante Castañeda duró veinte años. En 1968 una súbita embolia cerebral segó la vida de Martiniano.

i. a d. Hijos Claudia, Maricarmen y Gonzalo Infante Castañeda

i. a d. Hijos Claudia, Maricarmen y Gonzalo Infante Castañeda

Carmen tuvo que replantear su vida: sus hijos transitaban la adolescencia y ella no estaba dispuesta a dejarse consumir por el desaliento ni la cotidianidad doméstica. Tampoco discernía con claridad la ruta que debía seguir. Como había ocurrido cuando murió su padre, viajó a Europa para estar consigo misma y reflexionar. Durante el trayecto, el destino le deparó a una voluntaria como compañera de cuarto, quien le habló del altruismo hospitalario; algo cercano a los ámbitos familiares a su padre. Volvió convencida de que había algo por hacer en ese campo.

Alrededor de dos años fue voluntaria en el Hospital de Incurables de Tepexpan y en el Hospital de la Mujer, pero durante su desempeño como voluntaria comprendió que sus penas eran mínimas si se comparaba con los enfermos abandonados y las mujeres al siguiente día del parto, quienes esperaban, sentadas en las escaleras del pórtico con sus mal cobijados bebés en brazos, algún género de ayuda. Múltiples días volvió a su casa con sentimientos contradictorios: conmovida por la brutal realidad de los hospitales y plena de sentirse útil en la entrega a una noble causa.

Esa experiencia la indujo a descubrir su fortaleza interna. Le dio, además, confianza, rumbo y sentido. Despertó su vocación hacia la cultura y su inquietud intelectual. En 1971 se inscribió en la Escuela Nacional de Biblioteconomía y Archivonomía. Una decisión obediente, disciplinada y discreta  para volver a los libros.

Carmen Castañeda Olea frente biblioteca de su padre Dr. Gonzalo Castañeda Escobar

Carmen Castañeda Olea frente biblioteca de su padre Dr. Gonzalo Castañeda Escobar

¿Cuántas personas comienzan a estudiar una carrera a los 57 años, la ejercen y se convierten en una autoridad profesional? En 1976 Carmen Castañeda conoció al doctor Francisco Fernández del Castillo, quien le encargó clasificar la biblioteca histórica de la ex Escuela de Medicina, ubicada en el Antiguo Palacio de la Inquisición, frente a la Plaza de Santo Domingo. De esta manera llegó a encabezar la Biblioteca Nicolás León donde permaneció más de 25 años, entre 1977 y 2003. Durante ese tiempo no sólo clasificó libros y se ocupó de tres mudanzas de la biblioteca por diferentes ámbitos del viejo edificio virreinal:  amó esos libros. Cuidó ese acervo universitario con el mismo celo que los libros de su padre.

Carmen Castañeda Olea Navidad 2009

Carmen Castañeda Olea Navidad 2009

Continuará

Investigación

histórica e icónica:           Claudia Infante Castañeda

Texto:                                  Claudia Infante Castañeda y Rafael Rodríguez Castañeda

Revisión y Montaje:         Ricardo Castañeda Guzmán

Nube de etiquetas